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Las relaciones de sucesos sobre seres monstruosos durante los reinados de Felipe III y Felipe IV (1598–1665)

Análisis discursivo y edición

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Ana Mancera Rueda and Jaime Galbarro García

Todos los hombres del siglo XVII que sabían leer tuvieron alguna vez una relación de sucesos en sus manos. El XVII fue el siglo de esplendor de estos impresos noticiosos que gacetilleros de todo tipo escribieron, y a los que muy diversos impresores dieron forma en su taller. Portaban siempre nuevas «verísimas», como las bodas de una princesa extranjera, o el portentoso parto de un niño monstruoso, que el pueblo consumía con ansia, y hasta los escritores más reputados – Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Francisco de Quevedo – aludían a ellas en sus obras. ¿Qué hizo que estos textos, generalmente anónimos, fueran tan populares durante el reinado de Felipe III y Felipe IV? ¿Qué procedimientos se utilizaban para otorgar verosimilitud a este tipo de discurso? ¿Constituyen las relaciones de sucesos una tradición discursiva? ¿Qué tienen en común el Corlisango, el peje Nicolao, el grifo de Loyes y los hermanos Coloreto? El estudio edita catorce relaciones de sucesos españolas sobre seres monstruosos, que fueron impresas durante los reinados de Felipe III y Felipe IV y analiza los principales recursos lingüísticos utilizados para otorgar verosimilitud a los contenidos, mostrar la subjetividad del enunciador, reflejar la polifonía o manifestar la modalidad enunciativa.
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Capítulo 2. Las relaciones de sucesos sobre seres monstruosos: análisis discursivoz

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1. “Relación verdadera de un monstruoso…”: ¿una tradición discursiva?

En el capítulo anterior nos hicimos eco de la consideración que tiene V. Infantes (1996) de la relación de sucesos como género editorial, en virtud de su condición impresa. Sin embargo, desde la perspectiva lingüística que vamos a adoptar en las siguientes páginas preferimos decantarnos por el paradigma de las Tradiciones discursivas (TD)54. Es este un concepto que, como reconocía ya en 2005 J. Kabatek, “desde hace algunos años […] viene siendo empleado con frecuencia cada vez mayor en la lingüística románica” (J. Kabatek, 2005: 151). Y que ha dado lugar a diversas propuestas definitorias55 que se han aplicado en numerosos estudios sobre sintaxis histórica del español. No en vano, como reconoce A. Narbona (2009: 87), “en lingüística histórica, no disponer en todos los casos de una clara y convincente definición de un concepto no impide que resulte explicativamente fecundo”.

El paradigma de las TD procede de la romanística alemana, que parte para su definición de la distinción que hace E. Coseriu entre los tres niveles del habla –universal, histórico e individual–, ampliándola y precisando algunos de sus aspectos, para lo cual se tienen en cuenta también los postulados de los estudios sobre lingüística del texto y pragmática que venían desarrollándose ya hacia la segunda mitad del ← 43 | 44...

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