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Políticos en conflicto: una aproximación pragmáticodiscursiva al debate electoral cara a cara

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José Luis Blas Arroyo

Desde hace varias décadas los debates electorales cara a cara han despertado el interés en esferas como la sociología política o el periodismo. Sin embargo, mucho menos es lo que sabemos acerca de los aspectos discursivos e interaccionales de estos enfrentamientos, situación tanto más sorprendente si se compara con la bibliografía considerablemente más amplia en torno a otras formas de la comunicación política. Para llenar esta laguna, en el presente libro se pretende ofrecer respuesta a una serie de interrogantes, que básicamente podrían condensarse en la siguiente tríada: ¿Qué principios interaccionales inspiran este género del discurso político, que tanta importancia puede llegar a tener en la vida pública de una nación? ¿Cuáles son las estrategias discursivas y los recursos formales y retóricos utilizados con más frecuencia por los protagonistas del debate electoral? ¿Qué factores (institucionales, textuales, interpersonales o meramente idiolectales) condicionan los patrones de variación que presentan dichas estrategias y recursos?
Para dar respuesta a estos interrogantes, en la obra se analizan seis debates cara a cara disputados en España desde 1993 – año en el que este país se sumó a la tradición de los debates electorales – hasta 2009.

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7. Persuasión y cortesía. Forma y función del lenguaje políticamente correcto en el debate 239

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239 7. Persuasión y cortesía. Forma y función del lenguaje políticamente correcto en el debate Aunque, como hemos tenido ocasión de comprobar, el formato del combate dialéctico invita claramente a la hostilidad y al conflicto entre las partes, los políticos no pueden limitarse a atacar sin más a sus rivales. Y menos aún en un medio como la televisión, que castiga la dureza excesiva y donde la máxima es no ser demasiado agresivo porque lo contrario puede resultar contraproducente. Así las cosas, los políticos en la escena pública deben moderar su discurso por más cargado de razones que se encuentren. Anteriormente, nos hemos hecho eco ya de algunos casos sonados en los que una alteración de estas normas ha terminado perjudicando las expectativas de estos. A este respecto, recordábamos en otro lugar el error de cálculo cometido en 1988 por el presidente norte- americano George Bush durante una célebre entrevista con el periodista de la televisión estadounidense Dan Rather, cuyas incisivas preguntas soliviantaron al político republicano, que quiso hacer valer sus atributos de poder, lo que terminó afectando negativamente a su imagen pública (Clayman y Whalen, 1988-1989). Tampoco los debates electorales se mantienen al margen de esta máxima. Galasinski (1998) recuerda como el comportamiento inesperadamente agresivo del candidato Lech Wallesa a las elecciones presidenciales polacas de 1995, con ataques y burlas personales a su adversario, Aleksander KwaĞniewski,...

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