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Borges ante el fascismo

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Annick Louis

Si la oposición de Borges al fascismo es conocida, la forma que tomó su condena no había sido estudiada hasta ahora. La apuesta estética e ideológica del Borges de los años 1930 y 1940 se diferencia de la de sus contemporáneos antifascistas por cuanto interroga la realidad a partir de una estrategia oblícua. La ensayística y la ficción borgeanas se proyectan contra una serie de paradigmas de época – la teoría del complot, el cine de Hollywood, la conversión ideológica, la noción de heroísmo, etc., sin tematizar explícitamente los acontecimientos socio-políticos. Así, asistimos a una dispersión sistématica de referencias, desvinculadas de su contexto, que retoman una serie de cuestiones de época, presentes en diferentes formas de arte y de discurso. Concibiendo la relación entre la realidad y la literatura en términos de competencia, Borges explora en Ficciones y El Aleph las posibilidades de un relato anti-pedagógico, en el que sus primeros lectores no pudieron reconocer el mundo contemporáneo. La estética oblícua de Borges propone una concepción renovadora de la relación entre literatura, relato e historia.

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Borges va a la guerra(nuestros aliados, héroes y enemigos)

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Borges va a la guerra (nuestros aliados, héroes y enemigos) Hacia el final de los años 1920 Borges empieza a interesarse en el cine, forma de arte que antes lo aburría1. En 1929, el séptimo arte hace irrupción en la ensayística de Borges como artefacto narrativo moderno2: “El cinematógrafo, el biógrafo”, su primer texto sobre cine, muestra el carácter simultáneo del nacimiento de su interés por el cine y por el relato. En el cambio que se produce al final de los años 1920, en Argentina, en cuanto al nombre que recibe este arte, Borges percibe una transformación estética que modifica su estatuto: el “biógrafo” se vuelve “cinématógrafo”3. Porque percibe el nombre “biógrafo” (que reenvía sin duda al estudio de Hollywood) como un modo de designar un arte que se dedica al relato de vidas, Borges opone una “escritura de la vida” a la de una “escritura del movimiento”, evocada por la palabra “cinematógrafo” para reivindicar la primera. El cambio de nombre va entonces en el sentido opuesto al de las transformaciones del cine puesto que, para Borges, la idea de relato no está contenida en la de movimiento sino en la del destino de un héroe. Un desplazamineto paralelo se produce en su propia escritura. Si los primeros intentos de incorporar una dimension narrativa a su poesía datan de este período, no hay una verdadera...

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