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Gaspar de Jovellanos

Crítico, reformador y humanista ilustrado

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Angela Gracia Menendez

Este libro explora la aportación crítica y metodológica interdisciplinar a varios dominios humanísticos como la historia, el derecho, la política, la lingüística, la educación, la literatura y, en general, la sociedad del ilustrado español Gaspar de Jovellanos dentro del siglo de la Razón. Lo novedoso de este estudio es que parte de un enfoque hermenéutico como base para una crítica textual que aplicará a la historia y al derecho. Si la filología seguía considerada entonces como instrumento para la historia y el derecho, Jovellanos replantea el método para inventariar el léxico, para lo cual recurre a un enfoque empírico con el fin de obtener el corpus de dicho léxico. Establece pautas para un futuro Diccionario del asturiano que constituye uno de los primeros textos metalexicográficos para el siglo XVIII con lo que hace una aportación a la lingüística y lo sitúa en el cruce de vías entre hermenéutica, filología y lingüística. Sus diversos escritos arrojan luz sobre el estado de las instituciones e infraestructura sobre los que hace recomendaciones innovadoras en el plano político, legislativo, económico y educativo. Su planteamiento pedagógico destaca por aunar las ciencias útiles con las humanidades que ahora concibe dentro de la literatura castellana.
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Capítulo 7: Crítica a la enseñanza en la segunda mitad del siglo XVIII

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Crítica a la enseñanza en la segunda mitad del siglo XVIII

Pedro Rodríguez de Campomanes publicó en 1774 el Discurso sobre el fomento de la industria popular y un año después su Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento, que impuso como libro de obligada lectura en la Iglesia (Robles, 277). Ese escrito sentaría las bases para la política educacional bajo el reinado de Carlos III. Si bien el ilustrado identifica la enseñanza como factor esencial dentro del afán reformador para conseguir un desarrollo de la producción económica, su propuesta para reformar la educación permanece abstracta y no formula un plan general de educación como haría después don Gaspar. Todo indica que es el salón que regentaba el intendente Pablo de Olavide en el Alcázar de Sevilla, donde el recién nombrado juez es expuesto a opiniones sumamente críticas con respecto a diversos aspectos en España, entre ellos la instrucción. El pensador gijonés retoma ese ideario ilustrado a lo largo de su vida y reitera en diversos escritos la idea de que la instrucción es un elemento esencial y previo a los demás, y así lo pone de manifiesto: «Para mí la instrucción es la primera fuente de toda prosperidad» (1986: 547, carta del 23 de julio de 1800). Su afán...

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