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En torno a ‘haber’

Construcciones, usos y variación desde el latín hasta la actualidad

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Edited By Carlota de Benito Moreno and Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta

Este volumen constituye la primera monografía que aborda el haz entero de construcciones en las que, a lo largo de la historia, ha participado el auxiliar más conocido del español, HABERE > haber. Catorce especialistas de universidades europeas y americanas trazan, desde muy diversas ópticas teóricas (lingüística de área, gramática formal, gramática de construcciones, sociolingüística, dialectología o gramaticalización), una perspectiva de conjunto, exhaustiva en los detalles y novedosa en sus hipótesis, sobre los distintos caminos que históricamente ha emprendido el verbo ‘haber’ y hoy caracterizan su comportamiento en español (y otras lenguas románicas aquí abordadas: catalán, francés, portugués...), adentrándose igualmente en aspectos generales de la variación y el cambio morfosintácticos.

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Patrones de variación en la concordancia del participio en español antiguo

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Javier Rodríguez Molina

Universidad de Granada

Patrones de variación en la concordancia del participio en español antiguo1

1. Presentación

La concordancia entre el participio y el objeto en los tiempos compuestos (1a-b) es un fenómeno bien estudiado en la diacronía del español.2

(1) a. Vedada lan conpra dentro en Burgos la caſa [PMC 62].

b. & estas cosas que uos auemos contadas comendo & castigo el Rey uafre a capadoco [GE4, 25v].

La hipótesis más extendida al respecto es que la concordancia es un fenómeno aparentemente libre y no sujeto a restricción gramatical alguna que, a consecuencia de la gramaticalización de los tiempos compuestos, fue decreciendo gradualmente hasta desaparecer por completo en el siglo XVI (Romani 2006). Por el contrario, la hipótesis principal que se defiende en este capítulo es que la concordancia del participio no es un fenómeno inconsistente o aleatorio, sino que puede concebirse como una suerte de concordancia diferencial del objeto que se rige por la interacción de varias jerarquías lingüísticas que determinan la probabilidad de que el participio concuerde o no con el objeto. Así, sugeriré que la concordancia sí está sujeta a restricciones gramaticales, no es, ni mucho menos, aleatoria y puede reducirse a unos patrones de comportamiento gramatical bastante nítidos, que se ajustan a los propuestos por Smith (1995a) para las lenguas romances actuales, revelan semejanzas notables con otros fenómenos de ← 417 | 418 → concordancia observados en otras lenguas (Corbett 2006) y, por último, guardan relación con la configuración de la periferia izquierda del español antiguo, distinta a la actual (Fernández-Ordóñez 2008–2009).

2. Estado de la cuestión

Pocos aspectos de la sintaxis histórica del español resultarán tan poco controvertidos como la idea, firmemente asentada en la bibliografía, de que no existe ningún condicionante gramatical que gobierne la concordancia entre el objeto directo y el participio en los tiempos compuestos auxiliados con haber.3 En líneas generales, el único factor al que se concede crédito en la evolución diacrónica de la concordancia es al tiempo, en el sentido de que la concordancia decrece a medida que avanza la Edad Media. La cronología de este fenómeno puede resumirse de la siguiente manera: la sintaxis concordante, muy frecuente en los siglos XIIXIII, cedió paso a una sintaxis no concordante que se va imponiendo progresivamente a lo largo los siglos XIV y XV, hasta desaparecer casi por completo en la primera mitad del siglo XVI. Desde 1550, los ejemplos de concordancia son testimoniales y, a comienzos del XVIII, se puede dar ya por extinguido este fenómeno gramatical.4 ← 418 | 419 →

Esta recesión se ha ligado a la gramaticalización de los tiempos compuestos, de manera que la explicación más extendida en la bibliografía para dar cuenta de la desaparición de la sintaxis concordante se basa en el grado de gramaticalización de los tiempos compuestos: a mayor grado de gramaticalización, menos concordancia, y viceversa. Bajo este punto de vista, la pérdida de la concordancia no es más que la manifestación morfológica de la actualización del reanálisis, y su persistencia se ve como una rémora del pasado que la lengua tiende a eliminar (Bybee / Perkins / Pagliuca 1994: 68, Posner 1996: 135 Hopper / Traugott 2003: 65 Girón Alconchel 2004: 873–874).

Sin embargo, esta hipótesis ha de hacer frente, por un lado, a la existencia de patrones de concordancia bien definidos en las variedades romances actuales (Smith 1991, 1995a, 1995b), que presumiblemente no son sino la continuación de patrones lingüísticos que ya existían en el pasado y, por otro lado, la regularidad sistemática y recurrente de ciertos patrones de concordancia en diferentes lenguas (Corbett 2006) contraviene, en principio, la hipótesis de que la concordancia en español antiguo fuera aleatoria. Aunque algunos estudios previos (Macpherson 1967, Company 1983, Pountain 1985) ya habían señalado la existencia de ciertos factores gramaticales que condicionan la concordancia en los textos medievales,5 lo cierto es que salvo las investigaciones de Smith (1995a) acerca de la concordancia en una perspectiva románica —y en las que la atención al español antiguo es marginal— no ha habido ningún intento serio por construir un ← 419 | 420 → modelo gramatical que permita evaluar desde una base teórica y empírica firme la existencia o no de factores gramaticales que condicionen la concordancia del participio y el objeto en español antiguo. Además, los estudios precedentes se han visto lastrados por algunas carencias teóricas y metodológicas que han dificultado, a mi juicio, percibir que la concordancia del participio en los tiempos compuestos sí se encuentra condicionada gramaticalmente, como veremos más adelante.

3. La concordancia: aspectos teóricos

Todos los trabajos precedentes sobre la concordancia del participio han analizado este fenómeno como un episodio ancilar de la sintaxis de los tiempos compuestos. El punto de arranque de este trabajo, sin embargo, parte de la hipótesis de que la concordancia del participio no es un fenómeno desligado de la sintaxis general del español antiguo y, en consecuencia, debe ser estudiada en el marco más amplio de las relaciones de concordancia, fenómeno presente en muchas lenguas del mundo. Por lo tanto, voy a adoptar dos modelos teóricos sobre las relaciones de concordancia que, de manera aunada, permitirán dar cuenta del funcionamiento de la concordancia del participio en español antiguo.

3.1 El modelo tipológico de Corbett

Las investigaciones tipológicas recientes han mostrado que la concordancia es un fenómeno complejo que no puede reducirse al ámbito de la morfosintaxis, pues atañe también a la semántica y a la lexicología, e igualmente se entrecruza con factores sociolingüísticos (Corbett 2006). El concepto esencial que sirve para definir la concordancia es el de covarianza formal: esta viene determinada por la interacción entre un controlador (el elemento que induce la concordancia, usualmente de naturaleza nominal) y un controlado (el elemento en el que se manifiesta la concordancia) en un dominio local (esto es, el entorno o contexto sintáctico en el que se observa la concordancia). La concordancia se manifiesta categorialmente en una serie de rasgos de concordancia, tales como el género o el número, que usualmente expresan más de un valor (singular, dual, plural, etc.) y reciben codificación gramatical en el controlador, en el controlado o en ambos. En ocasiones sucede que la concordancia se encuentra condicionada por factores externos que determinan el valor de los rasgos de concordancia, tales como la animación o el orden de constituyentes, por ejemplo.6 ← 420 | 421 →

En el caso de la concordancia entre el participio y el objeto en los tiempos compuestos con haber, el controlado sería siempre el participio, el dominio se ubica en todos los casos en la cláusula y los rasgos de concordancia se reducen a dos: género y número. La pregunta de partida de esta investigación es si, al igual que en otras lenguas y en otros dominios donde opera la concordancia, esta se hallaba o no sujeta en español antiguo a algún tipo de condicionante.

3.1.1 Condicionantes

El concepto de condicionantes alude al hecho de que, en ocasiones, la concordancia se encuentra parcialmente determinada por factores que no se codifican directamente en los rasgos de concordancia, esto es, en las propiedades morfológicas del controlador y del controlado. Así, tipológicamente es frecuente que la concordancia interfiera con otros sistemas o categorías gramaticales (tales como la animación o la definitud, por ejemplo, que pueden constreñir la realización de la concordancia limitando o favoreciendo unas opciones sobre otras siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos; esto es, siempre y cuando operen ciertos condicionantes). Entre los condicionantes mejor estudiados y cuyo efecto sobre la concordancia no cabe duda suelen citarse tres: (a) la animación; (b) la definitud; (c) la posición sintáctica del controlador (Corbett 1979, 1991, 2000, 2006, Lehmann 1982, Moravcsik 1988, Siewierska 2004). Basta citar tres ejemplos bien conocidos de la gramática del español para ilustrar el efecto de los condicionantes en las relaciones de concordancia: el marcado diferencial del objeto (MDO) (Laca 2006), la duplicación clítica y la concordancia sujeto-verbo (Quilis 1983). Así, la posición del objeto en la escala de animación ampliada condiciona de manera decisiva el MDO, ya que los objetos inanimados no reciben la misma marca (Ø) que los animados (una a), como muestra el contraste de (2a); solo los sintagmas nominales definidos y específicos requieren de manera obligatoria la duplicación clítica, como revela el contraste de (2b-2c) y, por último, la posibilidad de no concordar en plural un sujeto formado por dos SSNN singulares coordinados es mayor si el sujeto se encuentra pospuesto al verbo que si lo precede (Quilis 1983: 54–61).

(2) a. Llevaron {la mesa / * Juan} al salón.

b. {café / * este café} no he bebido nunca en mi vida.

c. este café no lo he bebido nunca en mi vida. ← 421 | 422 →

Aunque los condicionantes pueden presentar un efecto categórico, imponiendo o bloqueando la concordancia en el 100 % de los casos en los que se manifiestan, normalmente imponen una serie de restricciones relativas y variables, de modo que la existencia de condicionantes puede dar lugar a opciones en la selección de la concordancia. En algunas lenguas hay controladores que inducen obligatoriamente concordancia en sus controlados, mientras que con otros controladores la concordancia es opcional, se manifiesta solo en unos controladores, depende de las propiedades del controlador e interactúa con condicionantes que pueden solaparse y actuar de forma conjunta, formando jerarquías complejas tales como la jerarquía de animación ampliada. Es sumamente importante no perder de vista esta concepción de la concordancia como un fenómeno variable y no categórico (Corbett 1988, 1991, 2000, 2006, Siewierska 2004: 149).

3.1.2 Conflictos de concordancia

A pesar de que en muchas lenguas la concordancia es obligatoria en determinados contextos y se manifiesta de forma categórica, en casi todas las lenguas (por no decir en todas) se producen conflictos de alguna clase en la asignación de la concordancia (agreement mismatches Corbett 2006), similares a los que manifiestan los ejemplos de (3a-b).

(3) a. Esta clase de plantas no {necesita / necesitan} apenas agua.

b. Tiene una habilidad y un talento {innato / innatos}.

Lo interesante de todos estos datos es que se repiten en un buen número de lenguas, en el sentido de que la concordancia se encuentra condicionada por factores como la coordinación de controladores de distinto género o número, la posición del controlador o su proximidad al controlado (Corbett 2006). Desde un punto de vista interlingüístico, la resolución de los conflictos de concordancia tiende a favorecer las soluciones menos marcadas tipológicamente: el masculino en el género (Corbett 1991: 203–216, Croft 2003: 156) y el singular en el número (Corbett 2000: 178–188, Croft 2003: 156).7 ← 422 | 423 →

3.1.3 La función de la concordancia

En opinión de muchos autores, la concordancia tiene como función ligar referentes discursivos que comparten una serie de propiedades semánticas con el fin de mantener constante y activa la identidad de dichos referentes a lo largo de la progresión del discurso. Así las cosas, la concordancia no es sino una mecanismo gramatical más al servicio de la topicalidad discursiva que busca maximizar la persistencia y la accesibilidad referenciales mediante la codificación de unos mismos rasgos morfológicos en los elementos concordados (Croft 1988, Smith 1991, Barlow 1991, 1999, Siewierska 2004: cap. 5). De acuerdo con Croft (1988: 167–168), Siewierska (2004: 148–162) y Corbett (2006: 176–205), la concordancia se manifiesta con mayor fuerza en aquellos argumentos que puntúan más alto en las escalas de topicalidad y animación. Así, para estos tres autores la función principal de la concordancia consiste en ligar, mediante referencia cruzada, los referentes discursivos más prominentes o salientes, que se identifican regularmente con los más animados y definidos; en suma, con un grado de topicalidad elevado. Existiría, pues, una jerarquía universal de concordancia que, en líneas generales, coincide con la jerarquía de animacidad ampliada (Croft 2003: 130), en el sentido de que la concordancia es tanto más frecuente en los elementos situados más a la izquierda de las siguientes subescalas que conforman la jerarquía de animacidad ampliada.8

HUMANO > ANIMADO > INANIMADO > ABSTRACTOS

PRIMERA, SEGUNDA > TERCERA PERSONA

PRONOMBRE > NOMBRE PROPIO > NOMBRE COMÚN

DEFINIDO > ESPECÍFICO > INESPECÍFICO > GENÉRICO / NO REFERENCIAL

La hipótesis que ve en la concordancia una manifestación gramatical de la jerarquía de topicalidad parece bien fundada empíricamente, pues existen una serie de datos que avalan las conclusiones a las que llegan Croft, Siewierska y Corbett. ← 423 | 424 → Uno de los más conocidos alude al hecho de que, tipológicamente, la concordancia con los pronombres se encuentra más extendida que la concordancia con los SSNN y, en situaciones de pérdida de categorías gramaticales, se sabe que esta se produce siempre antes en el nombre que en el pronombre (Corbett 1991: 259, Aikhenvald 2000: 398–399).9

Por otra parte, la relación entre definitud y concordancia se explica por las restricciones que la topicalidad impone sobre la referencialidad, pues como es sabido solo las expresiones referenciales pueden ocupar la posición de tópico (Lambrecht 1994: 150–160). Si, como defienden Barlow y Croft, la función de la concordancia es coindizar los referentes más topicales, no debe resultar extraña la asociación entre definitud y concordancia, que permite explicar por qué interlingüísticamente la concordancia se encuentra sujeta a restricciones basadas en la definitud y en la topicalidad: en muchas lenguas, la concordancia se manifiesta solo en los argumentos definidos o referenciales, pero no en los indefinidos o no referenciales. Para Lehmann (1982: 240), la relación entre definitud ← 424 | 425 → y concordancia tiene causas históricas: la concordancia es más frecuente en los pronombres porque usualmente estos son la fuente última de las marcas de concordancia y, como es sabido, estos son inherentemente definidos, de suerte que las restricciones de concordancia impuestas por la definitud del controlador se derivan, en última instancia, de la tendencia tipológica y diacrónica a reanalizar como marcas o afijos de concordancia antiguos pronombres.

En diversos estudios se ha señalado que la posición lineal de los constituyentes determina también (parcialmente) la concordancia, en el sentido de que en algunas lenguas los controladores que preceden a sus controlados presentan unos porcentajes de concordancia superiores a aquellos que los siguen (Greenberg 1966: Universal 33, Corbett 2006: 180). Es indudable que en casos como este existe una relación evidente entre precedencia y topicalidad, pues muchas lenguas codifican esta última mediante la ubicación de los constituyentes topicalizados en primera posición.

Lo interesante de los datos de la jerarquía de animación ampliada es que, en líneas generales, se ajusta perfectamente a los datos tipológicos disponibles sobre la manifestación de la concordancia. Como ha demostrado Corbett (2006) a lo largo de tres décadas de trabajo y acopio de datos procedentes de lenguas muy diversas, la realización de la concordancia suele manifestarse de forma variable y se ajusta a unos patrones claros que se repiten lengua tras lengua, coincidencia que no puede ser casual (Corbett 2000: 217–218). Así las cosas, si la concordancia es un fenómeno sujeto a las mismas restricciones lingüísticas en lenguas diferentes con sistemas de concordancia muy distintos, resultaría esperable que la concordancia entre el objeto y el participio en los tiempos compuestos en español antiguo se ajustara a estos principios generales, pues de lo contrario esta lengua constituiría una rareza tipológica.10

3.2 El modelo románico de Smith

A partir del comportamiento de la concordancia en las variedades romances que actualmente presentan este fenómeno (catalán, francés, italiano), Smith observó que la concordancia no se manifiesta de forma aleatoria, sino que se halla condicionada ← 425 | 426 → por el entorno sintáctico y la categoría gramatical del controlador.11 En síntesis, los patrones de variación de la concordancia en las lenguas romances actuales son los siguientes:

Cuadro 1: la concordancia de objeto en las lenguas romances actuales

illustration

Dejando de lado las estructuras con verbos intransitivos, en las que además de la concordancia hay variación en la selección del auxiliar (Posner 1996, Rosemeyer 2014), y las problemáticas estructuras con verbos reflexivos y recíprocos, el patrón de concordancia de las lenguas romances actuales tiende a concordar el objeto si ← 426 | 427 → este es un clítico (tanto en (4a) como en (4b) el objeto que controla la concordancia es un clítico); en francés pueden, además, concordar los pronombres relativos e interrogativos que funcionan como objeto (4c) y, por último, ninguna variedad romance estándar actual concuerda los objetos léxicos pospuestos (4d).12

(4) a. Els he vists

b. La Núria l’he vista aquest matí

c. quels romans avez-vous écrits?

d. Marie a monté les escaliers

A partir de la observación de los datos presentados en el Cuadro 2, Smith (1991, 1993, 1995a, 1995b, 1997, 1999, 2001) diseñó un modelo de jerarquías implicativas que pretendía sistematizar y dar cuenta, tanto sincrónica como diacrónicamente, de los patrones de variación en la concordancia entre el objeto y el participio en las lenguas romances. El modelo de Smith es el siguiente:

Cuadro 2: el modelo teórico de Smith

illustration

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Estas jerarquías implicativas deben interpretarse de la siguiente manera: si en una lengua o dialecto el participio concuerda con un objeto directo del tipo X, entonces este debe concordar también con un objeto directo del tipo Y dada la jerarquía X > Y (esto es, la concordancia con X implica la concordancia con Y, pero no viceversa). Por ejemplo, si hay concordancia con un OD que sigue al verbo, también hay concordancia con un OD que precede al verbo (OD consecuente > OD precedente). Para explicar la mayor persistencia de la concordancia en determinados entornos sintácticos (o lo que es lo mismo, la pérdida de esta en los contextos situados a la izquierda de las jerarquías antes que en los situados a la derecha) Smith (1991, 1993, 1995a, 1999, 2001) propuso una serie de explicaciones de tipo funcional basadas en estrategias de procesamiento y en la facilidad de recuperación discursiva del referente al que representa el objeto directo, cuya exposición detallada reservo para el apartado 6.

En relación con el modelo de Smith, la hipótesis de partida de mi trabajo es que si este modelo permite explicar la distribución de la concordancia en las lenguas romances actuales que todavía conservan este fenómeno, parece sensato suponer que la concordancia del español antiguo pudo presentar un patrón de distribución gramatical acorde con este modelo.

4. Revisión crítica del estado de la cuestión

Una vez expuesto el modelo teórico que voy a seguir, me encuentro en condiciones de ofrecer un contrapunto a las hipótesis previas sobre la concordancia del participio en español antiguo y presentar alegaciones pro domo mea. Pese al riesgo que conlleva toda generalización, no creo equivocarme al afirmar que en prácticamente todos los trabajos realizados hasta el presente sobre la concordancia en español antiguo concurren uno o más (y en muchas ocasiones todos) de los siguientes defectos: (a) selección inadecuada de las fuentes; (b) ausencia de reflexión sobre las diferentes clases de controladores; (c) olvido sistemático de los condicionantes; (d) omisión de los posibles conflictos de concordancia y su influencia sobre los análisis de frecuencias; (e) ausencia del respaldo de una teoría sintáctica.

4.1 Selección inadecuada de las fuentes

La concordancia entre el participio y el objeto directo es un fenómeno sujeto a modificación en el proceso de transmisión y copia de los textos medievales (5a-c). Si los copistas podían alterar la terminación del participio dejándolo invariable o haciéndolo concordar, modificando así la lección del original, resulta evidente que el recurso a fuentes textuales no originales puede distorsionar completamente cualquier recuento y análisis sobre los porcentajes de concordancia en un texto ← 428 | 429 → dado y oscurecer, por tanto, la correcta apreciación de los patrones de concordancia que, como pretendo mostrar, sí fueron propios del español antiguo.13

(5) a. touioron que auie: de Dario presa soldada (Alex 870b O) auie de Dario preso (ms. P)

b. de los que he provados aqui son señalados / en quales estrumentos vjenen mas asonados (LBA 1515c, 82v, ms. G) he provado (ST).

c. […] estando doliente de la Emfermedat que de ssuso auedes oyda [Alfonso X, EE1, 130v] auedes oydo (CQBNO).

Otro problema radica en la visión reduccionista que subyace a muchos de estos estudios, pues pretender que del análisis de uno o dos textos por siglo es posible obtener datos representativos sobre la concordancia del participio resulta un tanto ilusorio, máxime cuando frecuentemente no se tienen en cuenta los factores de corrección que sobre el uso lingüístico introducen las tradiciones discursivas y la variación dialectal debida a la diversa procedencia geográfica de los autores y copistas medievales por lo que, a mi juicio, los estudios previos requieren mayor sustento empírico.14 En mi opinión, una de las razones fundamentales que explican la incapacidad de la bibliografía precedente para detectar patrones de concordancia consistentes en los textos medievales se deriva directamente de la exigüidad del material textual analizado, que rara vez sobrepasa el arco de uno a tres textos por siglo. Un corpus reducido, en suma, no permite vislumbrar patrones de concordancia claros y lleva a conclusiones sesgadas sobre la cronología del fenómeno. En este trabajo, sin embargo, se parte de un corpus no solo más amplio, sino también filológicamente controlado, con el objeto de minimizar ← 429 | 430 → los devastadores efectos de la transmisión manuscrita sobre el fenómeno de la concordancia (Rodríguez Molina 2006, 2016).

4.2 Indistinción de diversos tipos de controladores

El modelo de análisis que se ha aplicado a los datos medievales consiste en cuantificar los porcentajes de concordancia por textos y etapas cronológicas y proyectar los resultados en un gráfico (Romani 2006). Sin embargo, este modelo es muy poco predictivo y apenas nada explicativo, pues solo atiende a la difusión cronológica del fenómeno, pero no computa las posibles restricciones lingüísticas que usualmente acompañan a la difusión de los cambios.

Aunque algunos trabajos (Company 1983, Pountain 1985) parten de un modelo de análisis más refinado y aquilatado gracias al control de la variable de la concordancia en función no solo de la cronología, sino también de la categoría del controlador que induce la concordancia (pronombres frente a objetos léxicos pospuestos y objetos léxicos antepuestos, por ejemplo) es evidente que antes de aplicar un modelo similar a este es preciso contar con una teoría previa sobre el fenómeno en cuestión, pues solo el hecho de considerar que en la Edad Media el participio de los tiempos compuestos concordaba con el objeto directo implica ya una serie de asunciones teóricas de partida sobre el concepto de objeto directo, por ejemplo.

Ningún estudio que yo conozca se ha planteado hasta el momento si en español antiguo algún constituyente sintáctico distinto del objeto directo, como un objeto partitivo o el objeto indirecto, podía controlar la concordancia en el participio. Claro que tampoco se ha establecido con precisión qué tipo de constituyentes pueden considerarse objetos directos, lo cual constituye un grave problema a la hora de interpretar las estadísticas que figuran en la bibliografía sobre la pérdida de la concordancia. Y es que las estadísticas pueden verse notablemente alteradas si uno se inclina por no computar como objetos directos los complementos de medida (complementos-M), como (6a-b), o los verbos que regían dativo, como (6c).15 ← 430 | 431 →

(6) a. […] & dalli adelante fue el regno de los Ostrogodos destroydo & astragado el que auie ya durado assi como cuenta ell Obispo don Jordan; dos mill & quatrocientos annos [Alfonso X, EE1, 160v].

b. […] era modigisilo rey de los Vuandalos. & auie regnado treynta annos. & andaua el su regno en treynta & uno [Alfonso X, EE1, 127v].

c. El rey pues que sopo quién eran preguntóles que por qué mester vivién, e ellos respusieron assí cómo ell hermano les avié castigado [Alfonso X, GE1, 109v].

¿Cuál es la causa de que el participio no concuerde con el objeto dos mill & quatrocientos annos en (6a)? ¿se trata de un caso de ausencia de concordancia o deriva del posible hecho de que en la gramática del compilador alfonsí los complementos-M (6a-b) no computaban a efectos de la concordancia porque no eran objetos directos? ¿Hay realmente falta de concordancia (y leísmo) en (6c) o simplemente no hay concordancia porque les no constituye un caso de leísmo sino que su presencia se debe a la variación pronominal del verbo castigar como heredero del régimen de doble acusativo latino de CASTIGĀRE? (Matute 2004: 453) A la vista de estos datos, no creo que quepa ninguna duda acerca de la necesidad de partir de una teoría sobre la transitividad y los objetos, así como de una taxonomía de estos últimos, antes de emprender análisis alguno sobre la concordancia en español antiguo.

4.3 Olvido de los condicionantes

En la bibliografía precedente se han identificado al menos dos condicionantes que pueden potencialmente influir sobre la elección de la concordancia: la categoría gramatical del controlador y su posición sintáctica; si bien, como hemos visto, la hipótesis dominante es que ninguno de estos dos factores condiciona la realización de la concordancia (Romani 2006). Sin embargo, creo que estos factores se han analizado de manera muy superficial en algunos estudios, pues no se ha tenido en cuenta que en el caso de ciertos controladores su posición sintáctica viene dictada por su categoría gramatical, caso de los pronombres relativos, por ejemplo, que necesariamente se encuentran siempre antepuestos al verbo. Con todo, los estudios precedentes no han tenido en cuenta otros dos posibles condicionantes que parecen intervenir de manera activa en la realización de la concordancia en las lenguas del mundo: la animación y la definitud (Corbett 2006); condicionantes que sí se tendrán en cuenta en este trabajo.

4.4 Omisión de los conflictos de concordancia

Otra circunstancia que ha enturbiado la correcta apreciación de los patrones de concordancia ha sido, a mi juicio, no haber tomado en consideración la existencia de posibles conflictos de concordancia, tales como los que muestro en (7a-c). ← 431 | 432 →

(7) a. Dexado a Saragoça τ alas tierras duca [PMC, 1088].

b. E quando ouieron andada Pamphipolim e Apollonia, llegaron a Tessalonica [NT, Hch, 17, 1, 278v].

c. […] ca segund cuenta la estoria auien ya tomado a grecia. & a Asia [Alfonso X, GE4, 181v].

d. Dioles bendictiones la miſſa a cantado [PMC, 2240].

Creo que casos como estos deberían aislarse del resto de los datos y computarse en una categoría aparte pues, dada su frecuencia en las lenguas del mundo, no constituyen propiamente un ejemplo de pérdida de la concordancia, sino la manifestación de un fenómeno, el de los conflictos de concordancia (en este caso por coordinación de sustantivos de diferentes géneros y/o números), muy extendido tipológicamente y que puede obedecer a motivos distintos que los que explican la pérdida de la concordancia en entornos como (7d), en los que no existen tales conflictos. Aunque en algún trabajo (Carmack 1997) se han estudiado estructuras del tipo ejemplificado en (7a-c), o se mencionan de pasada sus posibles efectos sobre la concordancia, lo cierto es que está por ver qué incidencia tienen estos datos en las tablas de porcentajes que ofrecen autores como Romani (2006).

4.5 Ausencia del respaldo de una teoría sintáctica

En la bibliografía se ha manejado un concepto de anteposición del objeto que, en general, solo atiende al orden lineal de este constituyente, pero no a las diferentes configuraciones estructurales que puede ocupar el objeto directo que, además, puede encarnarse en categorías distintas. Así, se equiparan como ejemplos de objetos antepuestos casos similares a como (8a) y (8b) (Macpherson 1967, Azofra Sierra 2005: 1216), si bien desde la moderna teoría sintáctica habría que matizar que en (8a) el objeto no es el SN esta estoria, sino el pronombre la, por lo que solo los ejemplos como (8b), pero no (8a) podrían interpretarse como objetos antepuestos.16

(8) a. & esta estoria dicha la auemos nos ya ante desto [Alfonso X, GE4, 247r].

b. E quando las sus oueias a sacadas, ua ant ellas, e las oueias siguen le, ca entienden la su uoz [NT, Jn, 10, 4, 261r]. ← 432 | 433 →

Por otra parte, hay que considerar que los objetos pronominales jamás pueden aparecer pospuestos al complejo haber + participio en español medieval, por su carácter enclítico, ya que sus únicas posibilidades de distribución sintáctica eran he lo dicho, dicho lo he (interpolado, en ambos casos) y lo he dicho (antepuesto).17

Por último, una de las explicaciones que más fortuna ha hecho en la bibliografía liga, a partir del estudio de Kayne (1989) sobre el francés, la concordancia del objeto a su movimiento sintáctico, en el sentido de que solo los objetos que se desplazan desde el interior del SV a posiciones sintácticas superiores, como los pronombres personales o los relativos, son susceptibles de recibir concordancia, frente a los objetos léxicos pospuestos, única categoría que no recibe concordancia en francés, italiano o catalán estándares porque, según este análisis formal, este constituyente no se desplaza a ninguna posición sintáctica.18 La hipótesis de Kayne tiene la ventaja de que permite subsumir bajo un mismo mecanismo de movimiento todos los contextos en los que el participio concuerda con el objeto en francés e italiano (9a-d) y proporciona, por tanto, una explicación sencilla y elegante para un fenómeno complejo (los ejemplos en Fuß 2005: 87). Sin embargo, la propuesta de Kayne deja sin explicar por qué en algunas variedades románicas (Smith 1995a, 1995b, Loporcaro 1998) y, fundamentalmente, en las lenguas romances medievales la concordancia también se produce con objetos pospuestos (9e), dato que rompe, aparentemente, la relación entre concordancia y movimiento. ← 433 | 434 →

(9) a. Marie a fait / *-e la robe. (ausencia de movimiento)

b. Le robe a été fait-e. (movimiento de SD)

c. Marie l’a fait-e. (movimiento de clítico)

d. Combien de tables Paul a repeint-es? (movimiento-Q)

e. E quando Ihesus ouo acabadas estas palauras castigando a sos doze diciplos, passo a preigar a las ciudades dellos [NT, Mt, 11, 1, 213r]

Una solución a este problema pasaría por adoptar para el español antiguo un análisis similar al de Poletto (2006) para el italiano antiguo y suponer que todas las configuraciones sintácticas que presentan concordancia en español antiguo observan este fenómeno porque en todas ellas el objeto se ha desplazado en la sintaxis. Así, además de las semejanzas con los datos de (9b-e), hay que considerar que los objetos léxicos interpolados son también objetos desplazados (10a), así como los objetos léxicos pospuestos, estructura que presenta dos configuraciones sintácticas diferentes: con concordancia y movimiento de objeto (10b), sin concordancia y, por tanto, sin movimiento de objeto (10c).19

(10) a. [ST [T ovieron [SFoco [Espec SFoco muchos escarniosj [F fechos] [Sv [Espec Sv hj] [v hi] … [SV [V hi] [hj]]]]].

b. [ST [T auien [SFoco [Espec Foco [F fechosi] [Sv [Espec Sv conciliosj] [v hi] … [SV [V hi] [hj]]]]].

c. [ST [T auie [SFoco [Espec Foco [F] [Sv [Espec v] [v hi] … [SV [V fecho] [muchos buenos fechos]]]]].

En suma, la hipótesis generativa que liga la concordancia y el movimiento del objeto es atendible, pero debe reformularse en términos diferenciales, ya que la primera, al menos en español antiguo, no puede considerase categórica, pero sí se puede postular que los porcentajes de concordancia serán más elevados en aquellos casos en los que el objeto se ha movido que en los que no se desplaza. Además, la aplicación de un modelo sintáctico a los datos permite aquilatar la noción de ‘objeto antepuesto’ y discriminar en el corpus los ejemplos similares a (8a) de los de (8b), distinción que no siempre se ha practicado en la bibliografía. ← 434 | 435 →

5. El corpus

El corpus empleado para esta investigación consta de 63 textos medievales divididos en cinco etapas cronológicas, que abarcan desde el siglo XIII al XV. El corpus se ha construido mediante una cautelosa labor de control sobre el grado de representatividad y fiabilidad de los textos, porque clasifica los testimonios en función de su calidad textual, minimiza la posibilidad de acoger testimonios espurios y es lo suficientemente extenso como para garantizar que cada etapa cronológica queda representada por al menos ocho textos. La nómina completa de los textos despojados para este estudio se encuentra en el Anexo I situado al final, donde se consigna la fecha de redacción de cada texto, el autor, el título del texto, el manuscrito o impreso concreto del que se han extraído los datos, la fecha de copia o impresión de estos últimos y la clave que permite identificar cada texto en las tablas y gráficos que utilizo a lo largo de este artículo.20

6. La concordancia: los datos medievales

6.1 Hipótesis de partida

Solo debido al deficiente enfoque teórico y metodológico que han adoptado los estudios anteriores puede seguir sosteniéndose, frente a toda evidencia comparativa procedente del ámbito de las propias lenguas romances (Smith 1991, 1993, 1995a) y del panorama más amplio de la tipología lingüística (Corbett 1991, 2000, 2006), que la concordancia en español antiguo medieval no se ajusta a ningún patrón de comportamiento gramatical. Mi hipótesis, por el contrario, predice que la concordancia del objeto y el participio en los tiempos compuestos no es sustancialmente diferente a otras relaciones de concordancia que se manifiestan en otras lenguas y, por tanto, está sujeta a las mismas restricciones gramaticales que aquellas. Como trataré de poner de manifiesto en este apartado, la concordancia medieval se ajusta a los parámetros de un modelo teórico como el siguiente: ← 435 | 436 →

Cuadro 3: modelo teórico de la concordancia de objeto en español antiguo

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Así, mi hipótesis defiende que la concordancia entre el participio y el objeto en español antiguo se ajusta a una serie de jerarquías implicativas que expresan la mayor o menor probabilidad de que el participio concuerde con el objeto en un corte sincrónico determinado (debe interpretarse que los controladores situados más a la derecha presentan siempre porcentajes de concordancia superiores a los situados a la izquierda). Estas jerarquías no solo coinciden sustancialmente con las jerarquías de concordancia identificadas en la bibliografía tipológica y con la jerarquía de concordancia del modelo de Smith, sino que también pueden motivarse apelando a factores funcionales relacionados con las estrategias de procesamiento, las propiedades inherentes de los controladores y la función que la concordancia desempeña en un buen número de lenguas.

6.2 El análisis de los datos

El análisis de los datos del corpus parte de un modelo de análisis más complejo que el presentado por los estudios precedentes, modelo donde se discriminan diferentes tipos de controladores así como diversos condicionantes y en el que se aíslan, de añadidura, los posibles conflictos de concordancia. El modelo de análisis es el siguiente: ← 436 | 437 →

Cuadro 4: modelo de análisis de la concordancia

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Para cada etapa cronológica del corpus se contabilizaron todos los casos de haber + PTCP de cada texto, con los que se elaboró una base de datos apta para la aplicación de análisis estadísticos sobre los datos. En primer lugar, eliminé de la base de datos todos los controladores defectivos que siempre inducen concordancia en –o en el participio, tales como los objetos léxicos masculinos singulares (11a), los pronombres y demostrativos neutros (11b) o los casos en los que el objeto se encarna en una oración (11c) o en un infinitivo (11d). Tampoco tuve en cuenta los ejemplos en los que el predicado es intransitivo (computo aquí los predicados inacusativos e inergativos), como (11e) o presenta transitividad absoluta (11f).

(11) a. En eſte caſtiello grand aver avemos preſo [PMC, 617].

b. pues que ouo fecho tod esto tomo su prea muy grand de omnes & dotras cosas [Alfonso X, GE4, 6r].

c. Y esto farie lo uno porque auie dicho que los deffendrie. lo al por uengar muerte desso padre [Alfonso X, EE1, 16r].

d. que yo te he oydo dar consejos vanos a calisto [Rojas, CEL, 52r].

e. Tornan ſe con las dueñas a Valençia an entrado [PMC 2247]

f. Et desque ouioron comido los caualleros de la uentura caualgaron en los cauallos et venieron uer al rey et los caualleros de la vanda [Cr. Alf. XI., 131v col. a]

Respecto a la clase de controlador, bajo la etiqueta de objetos canónicos se subsumieron los objetos pronominales, léxicos y relativos, mientras que en la clase de objetos no canónicos se incluyeron los objetos partitivos (12a), los objetos internos (12b) y los complementos de medida (12c). ← 437 | 438 →

(12) a. et aurie […] d aquella agua beuido [Alex, 1127d O].

b. si est ifançon faç creaturas de uillana que no aya peytado peyta non prendiendo algo de partes de la madre deyla ni heredat ni mueble las creaturas deyla seran ifançones por todo logar [FGN, 30v].

c. & auie durado drimiden en tierra de egypto […] tres annos & seys meses [Alfonso X, GE4, 27v].

En cuanto a los condicionantes, el modelo contempla seis clases: (a) categoría gramatical del controlador (pronombre personal / relativo, interrogativo, exclamativo / objeto léxico / complemento-M / objeto partitivo / objeto interno;21 (b) posición sintáctica del controlador: antepuesto / pospuesto / interpolado; (c) animación: animado / inanimado / abstracto; (d) definitud: definido / universal / indefinido / sin determinante; (e) rasgos de género y número (solo en pronombres personales y relativos): femenino singular (F SG) / femenino plural (F PL) / masculino plural (M PL) ; (f) persona (solo en pronombres personales): 1 / 2 / 3.

Para cada una de las etapas del corpus se tabularon los datos de acuerdo con este modelo en tablas similares a las que aparecen a continuación, donde a título de ejemplo se ofrecen los datos del periodo 1253–1295, para el que se computaron tanto los datos en bruto como los porcentajes de frecuencia. Los datos que figuran en los siguientes apartados proceden de tablas como las que se muestran a continuación; las tablas completas pueden encontrarse en Rodríguez Molina (2010: capítulo 8). ← 438 | 439 →

Tabla 1: Casos de concordancia 1253–1295

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Tabla 2: Porcentajes de concordancia 1253–1295 (global)

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6.3 Concordancia, categoría gramatical y posición del objeto (jerarquías a-c)

Como puede apreciarse en el siguiente cuadro (adaptado de Rodríguez Molina 2010: 1885), la categoría gramatical del objeto y su posición sintáctica son factores que condicionan el porcentaje de concordancia que presentan los textos medievales, pues en todas las épocas la concordancia es mucho más elevada con los objetos pronominales (PRN) y con los objetos léxicos antepuestos (OD A) o interpolados (OD I) que con los objetos léxicos pospuestos (OD P) o los relativos (REL).

Gráfico 1: concordancia, categoría gramatical y posición sintáctica

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Los datos del Gráfico 1 arriba citado obligan a revisar la hipótesis sostenida por aquellos autores que juzgan que no es posible aislar ningún factor lingüístico o extralingüístico como condicionante de la concordancia (§ 2). Pues bien, la categoría del controlador sí influye, ya que como puede claramente apreciarse en el Gráfico arriba citado la pérdida de la concordancia es un fenómeno diferencial que afectó antes y con mayor fuerza a unos controladores que a otros, como ya sugirió Smith (1991, 1995a). Aunque a primera vista puede apreciarse que la categoría del controlador es un factor relevante en la realización de la concordancia y que la pérdida de esta es diferencial, creo conveniente someter los datos globales de concordancia y no concordancia al test estadístico del chi cuadrado, con el ánimo de establecer cuán significativa es esta asociación. El resultado no deja ← 441 | 442 → lugar a la duda, pues existe una mínima probabilidad, bastante inferior a 0.01, de que la categoría del controlador y la concordancia no guarden ninguna relación.22

Tabla 3: Concordancia y clase de controlador (1140–1499)

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La distribución de los datos que refleja el Gráfico antes citado, entonces, permite dibujar la siguiente jerarquía de pérdida de la concordancia:

OD pospuesto > relativo > OD antepuesto > pronombre > OD interpolado

La existencia de esta jerarquía puede motivarse apelando a varios factores que ayudan a entender por qué la pérdida de la concordancia es un fenómeno diferencial y lingüísticamente condicionado: (a) La concordancia persiste por más tiempo y con mayor frecuencia en aquellos controladores con los que, por sus propiedades gramaticales inherentes, esta es más funcional, como sucede con los pronombres;23 ← 442 | 443 → (b) La concordancia persiste por más tiempo y con mayor frecuencia en aquellos controladores que presentan un mayor grado de transparencia morfológica, como son los pronombres personales frente a los relativos y los nombres;24 (c) La ← 443 | 444 → concordancia persiste por más tiempo y con mayor frecuencia en aquellos controladores que se sitúan en la parte superior de la jerarquía de accesibilidad / topicalidad, hecho que refrenda la visión de la concordancia participial como un mecanismo gramatical al servicio de la topicalidad discursiva; (d) La concordancia persiste por más tiempo y con mayor frecuencia en aquellos controladores que se han desplazado en la sintaxis (pronombres, relativos, objetos léxicos interpolados y antepuestos), hecho que refrenda la relación entre concordancia y movimiento del objeto (§ 4.5) y es, además, consistente con los estudios tipológicos de la concordancia que identifican la posición del controlador como uno de los condicionantes de la concordancia (§ 3.1.1). Así, las cosas, los datos que acabo de presentar muestran la pertinencia de las jerarquías de concordancia b y c del Cuadro 3 en español antiguo.

La distribución de los datos del corpus permite asegurar también la viabilidad de la jerarquía a del Cuadro 3 como factor condicionante de la concordancia, ya que los porcentajes de concordancia de los objetos canónicos (pronombres, relativos, objetos léxicos) se encuentran siempre muy por encima de los porcentajes de concordancia que presentan los objetos no canónicos (complementos-M, objetos internos, partitivos), diferencia que es, además, estadísticamente significativa, como muestra la siguiente tabla:

Tabla 4: Concordancia y objetos canónicos (1140–1499)

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Estos datos revelan que la concordancia persistió por más tiempo y con mayor frecuencia en aquellos controladores que más se ajustan al prototipo de objeto ← 444 | 445 → directo, mientras que desaparece antes en aquellos controladores que no se comportan como objetos canónicos (los complementos-M, por ejemplo).25

En definitiva: tanto la categoría gramatical del controlador (el objeto) como su posición sintáctica condicionan de manera decisiva la concordancia, pues esta no se distribuye de manera homogénea con todas las clases de controladores, sino que se ajusta a una serie de jerarquías que determinan el mayor o menor porcentaje de concordancia en función de la categoría gramatical del controlador, de su posición sintáctica y de la variable ‘tiempo’.

6.4 La concordancia en los pronombres (jerarquías d-e)

En este apartado voy a presentar los datos relativos a dos condicionantes que parecen influir en la realización de la concordancia pronominal: la distinción entre las personas 1/2 y 3, por un lado, y la distinción del género y número del pronombre. Computo solo los datos relativos a los períodos 1253–1295, 1296–1369 y 1370–1454, porque en la primera y en la última etapa del corpus la realización de la concordancia pronominal es casi categórica y no variable, de modo que no es posible detectar los patrones de covariación que me interesa estudiar en este apartado. Veamos primero cómo se distribuyen los datos de la concordancia pronominal en función de la jerarquía de persona:

Gráfico 2: Concordancia pronominal y jerarquía de persona

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Los datos del Gráfico 2 muestran que, al menos en el período 1253–1369 la realización de la concordancia en el participio cuando el objeto se encarna en un pronombre personal se halla condicionada por la persona gramatical del pronombre, en el sentido de que esta es siempre más frecuente con los pronombres de tercera persona que los de la primera y segunda personas. Esta relación es, además, estadísticamente significativa, tal y como refleja la tabla 5.

Tabla 5: Concordancia pronominal y jerarquía de persona

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La jerarquía de persona 1/2 > 3 se ajusta a las predicciones del modelo de Smith y su trayectoria diacrónica, plasmada en la mayor persistencia de la concordancia con los pronombres de tercera persona. La motivación de esta jerarquía se explica debido a factores relacionados con la funcionalidad y la menor transparencia morfológica de los pronombres de tercera persona, pues los de primera y segunda persona presentan formas genéricamente invariables (me, te, nos, vos) que solo distinguen número y persona, pero no el género. De acuerdo con Smith (1995a, 2001: 213), la interpretación referencial de la tercera persona (salvo en los pronombres reflexivos) presenta un mayor grado de ambigüedad que la interpretación de las dos primeras personas, pues estas últimas son fácilmente identificables (siempre se identifican con el ‘yo’ y el ‘tu’), no así la tercera persona, que puede referirse a cualquier entidad del discurso.26 Por ello, la concordancia persiste con mayor intensidad en los pronombres de tercera persona que en los de primera, segunda y en los reflexivos, porque solo en aquellos la referencia del pronombre no puede recuperarse pragmáticamente. Por otra parte, desde un punto de vista tipológico la jerarquía de Smith puede apoyarse en la bien documentada existencia de splits ← 446 | 447 → entre las personas 1/2 y la persona 3 en muchos fenómenos lingüísticos, como las marcas de caso, el sincretismo en los pronombres o la morfología (Siewierska 2004). La jerarquía de pérdida de la concordancia 1, 2 < 3 propuesta por Smith se ve respaldada también por el universal 44 de Greenberg, en el que se establece que si una lengua tiene distinciones de género en la primera persona, tiene siempre distinción de género en las personas segunda y/o tercera.27 Esta es la jerarquía universal de asignación de género (3 > 2 > 1), de acuerdo con Corbett (1991).28

Consideremos ahora la realización de la concordancia en función del género y el número del pronombre, variables que deben computarse aparte para los pronombres personales y para los relativos.

Gráfico 3: Concordancia pronominal género y número

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Los datos de concordancia con los pronombres son mucho menos concluyentes que en el caso de la variable ‘persona del pronombre’, no solo porque en el período 1370–1454 no se puede apreciar ninguna diferencia significativa en la realización de la concordancia basada en el género y el número de los pronombres, ← 447 | 448 → sino también porque los datos de los períodos 1253–1295 y 1296–1369 resultan contradictorios entre sí.

Solo los datos de la segunda mitad del siglo XIII se ajustan a las predicciones del modelo de Smith, y responden por tanto a la jerarquía MASC PL > FEM PL > FEM SG.29 Smith explica la mayor persistencia de la concordancia en femenino singular que en plural en francés y en italiano debido a que cuando en estas lenguas el clítico acaba en una vocal, es muy frecuente que dicha vocal se elida cuando el pronombre es proclítico al auxiliar avere / avoir, lo cual origina una estructura opaca en la que una misma realización morfológica puede interpretarse como correspondiente a varios referentes de distintos géneros y números. En ese caso «it will often be valuable to have some additional indication of the referent of the clitic pronoun, and participial agreement, by indicating the number and gender of this referent, will fulfil this role» (Smith 1995a: 167). Sin embargo, la concordancia es redundante en el plural, porque en este último el género se manifiesta de forma evidente al no haber elisión, lo que según Smith explica la mayor persistencia de la concordancia en el singular que en el plural.30 ← 448 | 449 →

Por último, Smith explica la mayor persistencia de la concordancia con objetos pronominales femeninos plurales frente a los objetos masculinos plurales a partir de la asimetría que se produce en el singular, ya que la concordancia en femenino singular entre un objeto femenino y el participio es inequívoca, mientras que en el caso de un objeto masculino singular no es posible determinar si la terminación en –o del participio indica concordancia o ausencia de esta. Por ello, Smith (2001: 214) juzga que es posible que la concordancia perdurara por más tiempo en femenino que en masculino en el plural bajo el influjo de la mayor persistencia de esta en el femenino singular.31

Sin embargo, los datos de la siguiente etapa cronológica del corpus (1296–1369) reflejan una jerarquía de realización de la concordancia completamente opuesta.32 Tampoco la tabulación global de los datos ayuda a esclarecer este panorama, porque no arroja resultados estadísticamente significativos, tal y como se observa en la tabla 6 y, en todo caso, solo permite entrever que, quizá, la concordancia ← 449 | 450 → en masculino plural es la menos resistente de todas. Y ni siquiera la agrupación del singular (73 % de concordancia) frente al plural (67 % de concordancia), con independencia del género, permite extraer conclusiones claras, pues el margen diferencial no es lo suficientemente estrecho. En suma: la jerarquía de género y número en los pronombres se muestra menos robusta que las restantes jerarquías analizadas hasta el momento, pues solo en el período 1253–1295 coincide con la jerarquía que postula el modelo de Smith.

Tabla 6: Concordancia pronominal, género y número

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Los datos de concordancia con los pronombres relativos muestran también una distribución que permite asegurar la existencia de una jerarquía de concordancia en función del género y el número del antecedente del relativo, pero esta tampoco coincide con la jerarquía de género y número del modelo de Smith. De acuerdo con mis datos, la concordancia del participio con los pronombres relativos se pierde antes en el singular que en el plural y, en este, en el femenino antes que en el masculino en el siglo XIII, pero a la inversa en los siglos XIV y XV. No tengo una respuesta clara para este comportamiento.33 ← 450 | 451 →

Gráfico 4: Concordancia pronominal género y número

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6.5 Concordancia, definitud y animacidad (jerarquías f-g)

El condicionante de la definitud del objeto solo puedo aplicarse a los objetos léxicos, ya que los pronombres personales son inherentemente definidos. En el Gráfico 5 proyecto los datos de la realización de la concordancia con los objetos léxicos en función de la posición que ocupa el objeto en la escala de definitud, escala que forma parte de la jerarquía de animación ampliada.34 ← 451 | 452 →

Gráfico 5: Concordancia y definitud

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La distribución de los datos no deja lugar a la duda: la posición de los objetos léxicos en la jerarquía de definitud condiciona de manera significativa la realización de la concordancia, pues esta es tanto más frecuente cuanto más hacia la derecha se ubique el objeto en esta jerarquía. De hecho, el porcentaje de concordancia medio de los objetos definidos y/o universalmente cuantificados dobla al porcentaje de concordancia de los objetos indefinidos y/o sin determinantes. Como se muestra en la tabla 7, esta relación resulta estadísticamente significativa.

Tabla 7: Concordancia y jerarquía definitud

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Esta jerarquía de concordancia es coherente con la distribución interlingüística de la concordancia, pues se ha señalado que en muchas lenguas la definitud es un factor que condiciona la realización de la concordancia, apunte consistente con la idea de que la concordancia es un mecanismo gramatical al servicio de la topicalidad y accesibilidad referencial. Además, este dato casa bien con la distribución de la marcación morfológica de los objetos en las lenguas del mundo, pues ← 452 | 453 → son muchas las lenguas que imponen algún tipo de marca diferencial de objeto al argumento O en función de su posición en la escala de definitud.

Respecto a la animación del objeto, aquí sí se pueden deslindar los datos correspondientes a los objetos léxicos y a los objetos pronominales, catalogados en función de si su referente es una entidad animada, inanimada o abstracta. Los datos correspondientes a los objetos léxicos son los siguientes:

Gráfico 6: Concordancia animación objetos léxicos

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Como puede observarse en el Gráfico 6 y en la Tabla 8, parece haber una distribución significativa de los datos pero, en contra de los resultados teóricamente previstos por la jerarquía de animación ampliada, son los objetos léxicos inanimados los que a lo largo de las cuatro etapas del corpus que he tomado en consideración presentan mayores porcentajes de concordancia.

Tabla 8: Concordancia y animacidad objetos léxicos

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← 453 | 454 →

Sorprendentemente, la distribución de los porcentajes de concordancia con los pronombres personales también registra una mayor incidencia de la concordancia con los objetos inanimados y abstractos que con los animados, tal y como se refleja en el Gráfico 7.

Gráfico 7: Concordancia animación objetos pronominales

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De acuerdo con los datos de la Tabla 9, puede afirmarse que existe una relación estadísticamente significativa entre la realización de la concordancia con pronombres personales y la posición del referente del pronombre en la jerarquía de animación ampliada: aquella es tanto más frecuente cuanto más bajo se encuentre este en la jerarquía, de suerte que la concordancia se pierde antes en los pronombres animados que en los inanimados y abstractos.

Tabla 9: Concordancia y animacidad objetos pronominales

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← 454 | 455 →

Estos datos son intrigantes, no solo porque contravienen la jerarquía de animación ampliada, sino porque también contradicen muchas de las observaciones que, desde una perspectiva tipológica, se han realizado sobre el fenómeno de la concordancia, pues en muchos estudios se ha observado que en algunas lenguas solo los controladores animados inducen concordancia, mientras que en otras lenguas los controladores animados presentan mayores índices de concordancia que los inanimados y/o abstractos (§ 4.2.1). Sin tener una respuesta clara para el comportamiento de los datos de mi corpus en este aspecto, sí que me atrevo a sugerir algunas posibles vías de análisis. En primer lugar, es preciso advertir que la mayoría de los estudios tipológicos sobre la concordancia se han centrado en la concordancia sujeto-verbo o, en otras palabras, en la concordancia entre los argumentos A / S y el verbo. Sin embargo, en el caso de la concordancia entre el participio y el objeto en los tiempos compuestos con haber el controlador no es el argumento A ni el argumento S, sino O. Y, mientras que prototípicamente A se encarna en entidades humanas y/o animadas, O lo hace en entidades inanimadas.

Quizá por ello la concordancia en los tiempos compuestos se pierde antes en los controladores animados que en los inanimados, puesto que el objeto prototípico o no marcado es inanimado: no hay que perder de vista que la concordancia en los tiempos compuestos es concordancia de objeto, no de sujeto. Esta explicación puede relacionarse también con el hecho de que en los pronombres personales la concordancia se pierda antes en las personas 1/2 que en la tercera persona: típicamente la primera y la segunda persona se definen como entidades animadas y/o humanas (puesto que se corresponden con el yo y el tú, el hablante y el oyente), mientras que en la tercera persona no se establece una relación tan estrecha entre los rasgos de persona y los rasgos de animación. Quizá pudo influir en este comportamiento el hecho de que los objetos animados se encuentren más cerca de los dativos que del objeto directo prototípico lo que, unido a la existencia del MDO (precisamente restringido a los objetos animados), pudo dificultar la percepción de la relación de concordancia entre el participio y aquellos objetos animados que se acercaban a los dativos o presentaban las marcas de estos, como el ya citado MDO. Sea como fuere, lo cierto es que la mayor resistencia de los objetos inanimados y abstractos a perder la concordancia es un hecho sobre el que merecería la pena investigar con más detalle.

7. Conclusiones

Este trabajo desafía una de las hipótesis más sólidamente establecidas en la gramática histórica del español, a saber, que la concordancia entre el participio y el objeto en los tiempos compuestos medievales era un mero residuo diacrónico no ← 455 | 456 → sujeto a ningún parámetro lingüístico. El hecho de que algunas lenguas romances actuales conserven la concordancia participial y que en ellas esta se encuentre gramaticalmente condicionada, como ha mostrado Smith, constituye un primer argumento que milita en contra de esta hipótesis, que se puede reforzar mediante la observación de los fenómenos de concordancia en una perspectiva tipológica, ya que en muchas lenguas la concordancia se halla sujeta a una serie de condicionantes gramaticales que determinan su realización, tales como la definitud o la animación, como dejan bien claro las investigaciones de Corbett. Partiendo de la aplicación a un amplio corpus textual de un modelo teórico de análisis que combina el modelo románico de Smith con los estudios tipológicos sobre la concordancia creo haber mostrado que el estado de la cuestión heredado no puede sostenerse.

La concordancia no es un mero residuo diacrónico ni un fenómeno lingüístico no sujeto a restricción gramatical alguna, sino que se manifiesta en los textos de forma coherente y organizada, ya que los mismos patrones de comportamiento gramatical se repiten una y otra vez, de manera regular y sistemática, afectan a las mismas variables, muestran estabilidad diacrónica y siguen la misma trayectoria. Así, he propuesto que la concordancia entre el participio y el objeto en los tiempos compuestos medievales se ajusta a una escala de concordancia que encuentra condicionada por la categoría gramatical del objeto, su posición sintáctica, los rasgos morfológicos de los controladores (género, número) y su posición relativa en la escala de animacidad ampliada (definitud, animación). En suma, la concordancia medieval en los tiempos compuestos no es un fenómeno privativo del español antiguo, sino que debe considerarse como un subtipo dentro de las relaciones generales de concordancia y, como tal, se encuentra sujeto a las mismas restricciones lingüísticas que gobiernan la concordancia en las lenguas del mundo.

En cualquier caso, tengo por cierto que nos encontramos ante un fenómeno sumamente complejo que jamás podrá ser comprendido cabalmente si queda reducido a un cambio a la zaga de la gramaticalización de los tiempos compuestos o a la consideración de un mero residuo diacrónico, pues tanto los datos medievales como las posibles vías de análisis teórico que he ensayado invitan a modificar de raíz el estado de la cuestión heredado, con el que no puedo concordar.

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9. Anexo I: Nómina textual35

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1 Este trabajo se ha financiado con cargo al proyecto del MINECO “Procesos de cambio en la sintaxis del español peninsular” (FFI2012-31972). Agradezco a Inés Fernández-Ordóñez, Álvaro S. Octavio de Toledo y Carlota de Benito los comentarios que me hicieron sobre una versión previa de este trabajo, así como a los dos revisores anónimos que evaluaron el artículo.

2 Entre los estudios dedicados de forma específica sobre la concordancia del participio y el objeto en español antiguo cabe destacar, entre otros, los de Macpherson (1967), Company (1983), Pountain (1985), Hurtado González (1998), García Martín (2001: 119–130), Arias Álvarez / Quaglia Arduino (2001, 2002), Azofra Sierra (2005, 2006: 154–156) y Romani (2006, 2012).

3 Valga un breve recorrido por las principales referencias bibliográficas sobre este tema (cursiva mía): “La concordancia arriba expuesta no es totalmente obligatoria” (Company 1983: 246); “Attempts to formulate watertight rules on the basis of medieval attestations have not succeeded” (Posner 1996: 258), “[…] no observamos ninguna tendencia clara; en efecto, la evolución muestra a cada paso vacilaciones y discontinuidades” (Hurtado González 1998: 534–535), “[…] la concordancia se da independientemente de la posición relativa de cada uno de los elementos constituyentes de la construcción” (García Martín 2001: 127); “both auxiliary switch and past participle agreement were inconsistent” (Zagona 2002: 7), “su distribución no es sistemática, sino que se aprecian muchas vacilaciones” (Azofra Sierra 2005: 1226) “Debido a que no es posible identificar factores sintácticos particulares que influyen en la concordancia participial, supondremos que la sintaxis concordante del participio y la no concordante alternan libremente en el español medieval” (Romani 2006: 302–303); “En el periodo en que el participio variable coexiste con el invariable, su alternancia no está determinada por ningún factor sintáctico, como la posición del objeto directo respecto a la perífrasis, o la realización léxica o pronominal del complemento, razón por la cual hay que concluir que el participio concordado con el objeto directo y el no concordado alternan libremente en la sintaxis del español medieval” (Romani 2006: 331).

4 Contamos con varios estudios que han cuantificado y analizado el curso de la pérdida de la concordancia, entre los cuales cabe señalar los de Macpherson (1967), Company (1983) y Romani (2006) por ser los más detallados y completos.

5 Tanto Macpherson (1967) como Company (1983) y Pountain (1985) apuntaron que en español antiguo la propensión a la falta de concordancia del participio es menos evidente cuando el objeto precede al participio que a la inversa, pues los objetos pospuestos pierden la concordancia con más frecuencia. No obstante, hay que tener en cuenta que, como todos estos autores indican, la mayor persistencia de la concordancia en el caso de los objetos directos antepuestos se trata más de una tendencia que de una regla gramatical de aplicación clara, pues el margen diferencial en los porcentajes de concordancia en los entornos sintácticos considerados (anteposición / posposición) es mínimo en casi todos los textos manejados por Macpherson y Pountain. Por ejemplo, en el Poema de mio Cid y en los Milagros de Berceo la concordancia se manifiesta en un 80 % y 90,6 % de los casos cuando el objeto precede al participio, pero en un 85 % y un 100 % respectivamente cuando es el participio el que precede al objeto, según el ya mencionado conteo de Macpherson (1967: 242–243, 247). No sucede así en los textos utilizados por Company (1983: 248), pues las cifras que esta autora registra sí que muestran diferencias muy significativas en la concordancia dependiendo de si el objeto directo se encuentra pospuesto al verbo, en cuyo caso el participio concuerda en un 35 % de los ejemplos, o antepuesto, supuesto este último en el que la concordancia asciende hasta el 66 % de las ocasiones.

6 Hago mía la terminología de Corbett (2006: 4–5), quien discute otras propuestas terminológicas y debate sobre la distinción entre agreement y concord, por un lado, y agreement y government, por otro. Traduzco controller por ‘controlador’, target por ‘controlado’, domain por ‘dominio’, features por ‘rasgos’ y conditions por ‘condicionantes’. Dada la implantación secular del término ‘concordancia’ en la gramática española, he resuelto mantener este término para referirme a lo que Corbett (2006) y otros tipólogos califican como agreement.

7 La catalogación de ejemplos como (3a-c) como conflictos de concordancia no debe llevar a inferir que la concordancia sintáctica sea la concordancia por excelencia y la concordancia semántica la que crea conflictos: concordancia semántica y concordancia sintáctica son en realidad dos opciones diferentes dentro del fenómeno de la concordancia, sin que quepa calificar a una como correcta y a la otra como desviante, tal y como ha sucedido en la tradición gramatical española, que siempre ha identificado la concordancia sintáctica con la norma y ha calificado la concordancia semántica como desviante (llamándola silepsis, barbarismo, idiotismo y otras lindezas). Si estos conflictos se manifiestan también en español antiguo a propósito de la concordancia entre el participio y el objeto en los tiempos compuestos, cabría plantearse si entonces deberían o no considerarse casos de ausencia o falta de concordancia.

8 Estas escalas deben entenderse en el sentido de que las lenguas del mundo tienden a codificar gramaticalmente las distinciones semánticas que se encuentran en la parte alta de la jerarquía (a la izquierda) y a establecer fronteras gramaticales o puntos de corte (cut-off) entre los miembros de la izquierda y los situados más a la derecha. En general, las lenguas del mundo manifiestan una tendencia universal a establecer un mayor número de distinciones gramaticales en la parte alta de la jerarquía que en sus niveles más bajos (Croft 2003).

9 De hecho, los pronombres suelen ser la fuente de gramaticalización de los afijos de concordancia en muchas lenguas. Tal y como notó Greenberg en su Universal 43, los pronombres desempeñan un papel esencial en la gramaticalización y preservación de las categorías gramaticales, dato que en lo que a la concordancia respecta bien puede interpretarse en relación con el concepto de marca, como hace Moravcsik (1988: 99), para quien la concordancia con el pronombre resulta menos marcada que la concordancia con el nombre; bajo un análisis alternativo, este mismo dato puede explicarse por las propiedades referenciales inherentes a los pronombres, como quiere Croft (1988: 175). Para este autor, la función de la concordancia es mantener constante la identidad de los referentes pero, dado que las capacidades de memoria y procesamiento son limitadas, usualmente la continuidad referencial mediante referencia cruzada (concordancia) solo puede aplicarse a un número reducido de referentes. Naturalmente, suelen ser los referentes más topicales o prominentes discursivamente los que mantienen su referencia constantemente marcada mediante la concordancia, y como es sabido estos tienden a identificarse con los referentes más animados y definidos. Dado que los pronombres personales ocupan la posición más alta de las jerarquías de animación, definitud y topicalidad, ello explica, según Croft, por qué la concordancia se encuentra tipológicamente más extendida en el pronombre que en el nombre y por qué, en situaciones de pérdida de categorías gramaticales, se pierde más tarde en el primero que en el segundo. Otra posible explicación, sugerida por Aikhenvald (2000: 381), atribuye la mayor persistencia de la concordancia con los pronombres al hecho de que en estos la categoría de género sea más transparente, porque los pronombres refieren prototípicamente a entidades animadas y en estas el género suele estar semánticamente motivado, al coincidir normalmente género y sexo, mientras que en los nombres no hay una motivación semántica tan fuerte y la asignación de género se efectúa de manera más arbitraria.

10 Opción que, lógicamente, no es ni descartable ni imposible, pero en el juego de las reconstrucciones lingüísticas, como en cualquier otro, las posibilidades de triunfar aumentan si uno apuesta desde el principio a la carta ganadora, y solo si las hipótesis más probables no se cumplen hay que pasar a considerar las improbables. Como ya he dicho y veremos luego, la literatura sobre la concordancia del participio en español antiguo no ha tenido en cuenta nunca los estudios tipológicos sobre la concordancia y, en consecuencia, ha construido sus hipótesis de espaldas a estos.

11 Para una visión descriptiva de conjunto sobre la concordancia románica resultan imprescindibles los trabajos de Loporcaro (1998, 2010) y Smith (1991, 1993, 1995a, 1995b, 1997, 1999, 2001). Desde un planteamiento generativista, es muy aconsejable la consulta de los trabajos fundacionales de Kayne (1989), el estado de la cuestión esbozado por Belleti (2005) y la reciente propuesta de D’Alessandro y Roberts (2008). El cuadro abajo citado constituye una simplificación del fenómeno modelada sobre las variedades estándar de las lenguas citadas, ya que dialectalmente existen diversos sistemas de concordancia en la Romania (Loporcaro 1998, 2010).

12 Prescindo también del análisis detallado de la concordancia en las estructuras con infinitivo y con el pronombre en / ne. Respecto de estas últimas, hago notar que frente a la ausencia de concordancia en catalán que consignan algunos trabajos, uno de los informantes anónimos de este trabajo certifica que en catalán oraciones como Només n’he llegida la meitat, de la novel·la o De la novel·la, només n’he llegida la meitat son perfectamente gramaticales.

13 Sorprende, por tanto, que este factor no se haya tenido en cuenta en los estudios realizados hasta el momento, que mezclan indiscriminadamente testimonios de diversa calidad textual y recurren a menudo a textos conservados en manuscritos muy posteriores a la fecha de redacción del texto, como el Conde Lucanor o el Calila y Dimna. En el estudio de Macpherson (1967), por ejemplo, llama poderosamente la atención la enorme divergencia en los porcentajes de concordancia del Calila y otros textos del siglo XIII, como la Estoria de España o los poemas de Berceo: ¿es atribuible esta disimilitud al estado lingüístico original del Calila o es fruto de la modificación lingüística del original debido al proceso de transmisión manuscrita?

14 El corpus de Macpherson (1967) se nutre de 12 textos, de 7 consta el de Company (1983), Azofra (2005, 2006) recurre a 12 textos y, por último, Romani (2006) emplea 11 textos; textos que a veces se analizan fragmentariamente y no de manera completa. Los textos más utilizados en estos estudios son el Poema de mio Cid, el Calila, la Primera Crónica General, el Poema de Fernán González, el Libro de buen amor, el Lucanor, el Corbacho, los Claros Varones de Castilla y la Celestina; textos que en un 70 % no se han conservado en manuscritos originales sino en copias tardías bastante intervenidas.

15 La adscripción categorial de los complementos de medida resulta problemática porque, por un lado, presentan propiedades en común con los objetos directos canónicos pero, por otra parte, muestran algunos comportamientos morfosintácticos divergentes respecto de estos últimos (Bosque / Masullo 1998). En español antiguo los objetos de naturaleza partitiva cuyo referente es un nombre masa o incontable se marcaban formalmente de modo diferente a los objetos directos canónicos, ya que podían estar introducidos por la preposición de (Sánchez Lancis 2008). Sobre los verbos que regían dativo en español antiguo véase Lapesa (1968) y Matute (2004).

16 La razón estriba en las diferentes posiciones estructurales que ocupa los SSDD esta estoria y las sus oueias en (8a) y en (8b). En el segundo caso, interpreto que el objeto sí es el SN las sus oueias, constituyente que se aloja en una posición de Foco, mientras que en el primer caso el SD esta estoria se ubica en una posición diferente y externa a la oración, esto es, en la posición de Tópico, de manera que el objeto directo es propiamente el pronombre la (Benincà 2004, Fernández-Ordóñez 2008–2009).

17 No obstante, otras variedades romances peninsulares, como el navarro y el aragonés medievales sí documentan ejemplos de pronombres enclíticos en el participio, del tipo he dicholo, como atestigua el siguiente ejemplo de Fernández de Heredia: Desque hercules huuo perseguido a cayo & echadolo de espanya assistio a Rayz de moncayo & fizo una çiudat (Gran Crónica I, 63r). Construcciones similares pueden encontrarse en los siglos XVI y XVII, en las que estas se cruzan con las estructuras de participio con objeto directo, a cuyo conocimiento tanto deben los trabajos de González Ollé (1983, 1995).

18 Kayne (1989) propuso la existencia de una proyección funcional Sconc-O o Sintagma de concordancia de objeto para alojar los objetos desplazados y con concordancia explícita con el participio; proyección que se encontraría entre el Sintagma Tiempo (ST) y el Sintagma Verbal (SV). Kayne adoptó un análisis de movimiento para la posición de los clíticos, hipótesis que no todos comparten. Sin embargo, a partir de Chomsky (1995) se descartó totalmente la proyección funcional Sconc-O (Eguren / Fernández Soriano 2004: 190–191)

19 Poletto (2006) reconstruye para el italiano antiguo una proyección de Foco débil (distinta del Sintagma Foco de la periferia izquierda que se encuentra por encima del Sintagma Tiempo y por debajo del Sintagma Tópico) entre el Sintagma de concordancia de sujeto (AgrsS) y el Sintagma de concordancia de objeto (AgrOP); puesto que estas proyecciones han sido descartadas y reformuladas, ubico esta posición de Foco débil entre el Sintagma Tiempo (ST) y el Sintagma uve pequeña (Sv). Adapto los ejemplos de (10a-c) de Poletto (2006), para quien una frase como quando il notaio ha letta la proposta presenta la siguiente estructura:. [CP quando [AgrS[SpecAgrS il notaio] [AgrS°ha] [FocusP [Focus° lettai] [AgrOP[SpecAgrO la propostaj] [AgrO ti] …[V P[V° ti] [tj]]]]]. Para una justificación de esta posición de foco débil en español véase Ordóñez (2007).

20 La mayoría de los textos son castellanos, pero también hay textos navarros, aragoneses, leoneses y gallego-portugueses. La nómina de textos se corresponde con la que utilicé en mi tesis doctoral (Rodríguez Molina 2010), de manera que allí puede encontrarse información detallada sobre cada texto y sus testimonios, así como acerca de las ediciones utilizadas para extractar los datos (generalmente, transcripciones paleográficas o ediciones solventes basadas en manuscritos fiables), que no consigno aquí por falta de espacio. Respecto de las fechas de redacción y copia, téngase en cuenta que por fuerza son provisionales y sujetas a revisión, habida cuenta de la dificultad que supone datar muchos manuscritos carentes de data.

21 Dejo fuera del análisis aquellos ejemplos aislados en los que cuando el objeto se encarna en una oración de infinitivo el participio del tiempo compuesto de la oración principal concuerda con el clítico acusativo que ejerce como controlador del infinitivo (esto es, su “sujeto”) o con el objeto del infinitivo, tal y como sucede en el siguiente caso: “E pues que fallaron las artes de los saberes e las ovieron acabadas de componer e escrivir e emendarlas e endereçarlas metieron mientes cómo labrarién la tierra pora aver las miesses” [Alfonso X, GE1, 118v].

22 He omitido de este análisis los datos relativos a los objetos no canónicos (otros pronombres, complementos-M, objetos internos y partitivos), porque no muestran un comportamiento diacrónico estable, fruto de su alejamiento del prototipo de objeto directo.

23 Smith (1999: 207) explica el hecho de que la pérdida de la concordancia se inicie antes con los tópicos, interrogativos y exclamativos que con los relativos debido a que en el caso de los primeros el referente del objeto directo se encuentra siempre dentro de la misma cláusula que contiene al participio, mientras que en el caso de los relativos (francés y español que, italiano che), la posibilidad de que existan múltiples antecedentes y se produzca, por tanto, una posible ambigüedad para identificar el referente del objeto da lugar a una mayor resistencia frente a la pérdida de la concordancia en este entorno sintáctico. Smith (1995a: 167) supone que la mayor persistencia de la concordancia con los pronombres personales en francés e italiano que con otras clases de controladores obedece a una motivación funcional, pues en estas dos lenguas la enclisis de los pronombres en el verbo provoca su coalescencia y dificulta la recuperación del referente del pronombre. Debido a estos factores, los clíticos resultan más difíciles de procesar que los sintagmas nominales y, además, la frecuencia de la elisión en las terceras personas (l’ho visto/a) complica aún más la identificación del referente. En español, sin embargo, no se produce ningún fenómeno fonético similar, pues los pronombres plurales los, las acaban en consonante (-s) y no en vocal como en italiano (-i). Tampoco los pronombres objeto singulares (lo, la) experimentan apócope en contacto con el auxiliar ni se fusionan con este. Según Smith, la mayor perceptibilidad e independencia fonotáctica de los pronombres objeto españoles, a diferencia de sus homólogos franceses e italianos, hace innecesaria la realización de la concordancia, pues la referencia del pronombre queda perfectamente clara a partir de la morfología del propio pronombre, sin necesidad de que sus rasgos de concordancia tengan que ser copiados en el participio.

24 Estimo que la concordancia con los pronombres personales es morfológicamente más transparente que la concordancia con los relativos y con nombres, porque los primeros presentan una morfología transparente que coincide con la morfología concordante del participio (la, las, los son terminaciones inequívocas), mientras que en los segundos esta relación es opaca y no transparente. El relativo romance, a diferencia del latino, no presenta variación de género y número, de modo que una misma forma invariable, que, puede tomar antecedentes masculinos y femeninos, singulares y plurales. E incluso el relativo romance qui, que podía tomar antecedentes masculinos y femeninos, no era morfológicamente transparente, pues la –i final no se asocia ni a la terminación de género masculino en –o (recordemos que no hay apenas relativos compuestos como el que en los textos medievales, relativos que sí son transparentes morfológicamente por la presencia del artículo). Es posible que esta opacidad morfológica de los relativos determinara la menor incidencia de la concordancia con los relativos que con los pronombres personales. En cuanto a los nombres, exceptuando los sustantivos que distribuyen las marcas de género según el patrón –o (masculino) / –a (femenino) y tienen un plural regular en –s, estos constituyen una categoría morfológicamente heterogénea, de modo que en los sustantivos terminados en –tud (virtud), –ad (piedad), -or (dolor, humor, honor, sabor, color), –e (arte, parte, leche, fe, puente, valle, infante) o en consonante (sol, mar, pasión, faz, señor, que todavía en el siglo XIII era invariable), por ejemplo, la asignación de las marcas de género dentro del Sintagma Determinante no es morfológicamente transparente, de modo que la realización de la concordancia se presta a mayores índices de ambigüedad, por lo que es posible que esta circunstancia influyera en que la concordancia se perdiera antes en los nombres que en los pronombres. Además, hay sustantivos masculinos que terminan en –a (centinela, guarda, espía, camarada, que adoptan tanto artículos masculinos como femeninos en la lengua medieval y clásica) y, a la inversa, femeninos que terminan en –o (nao, virgo). Por otra parte, es sabido que en la lengua medieval existía cierta fluctuación en la asignación de género en determinados grupos de sustantivos, como aquellos que procedían de neutros latinos o de la tercera declinación (alternaban el puente ~ la puente, el val ~ la val, etc.), de modo que esta fluctuación pudo tal vez influir en alguna medida en las mayores cotas de no concordancia que presentan los nombres frente a los pronombres.

25 Este hecho es consistente también con los patrones de variación gramatical propios de la codificación de la transitividad, pues los objetos no canónicos presentan un mayor grado de variabilidad e inconsistencia en la asignación de las marcas formales que típicamente se asignan al argumento O de una cláusula transitiva (Hopper / Thompson 1980).

26 Además, al referirse normalmente las personas 1 y 2 a entidades humanas, el hablante y el oyente, cuyo género gramatical suele ser icónico al coincidir con el sexo (al menos en las lenguas europeas) la concordancia resulta más redundante y menos informativa que la concordancia con la tercera persona; salvo en el caso de los pronombres reflexivos de tercera persona, que son siempre correferenciales con el sujeto y por tanto no presentan ambigüedad alguna, hecho que motiva su inclusión en la jerarquía c de Smith (1995a) en pie de igualdad con los pronombres no reflexivos de primera y segunda persona.

27 Esta jerarquía puede ilustrarse, por ejemplo, con la pérdida de la morfología verbal en inglés, lengua que solo retiene marcas flexivas de concordancia en la tercera persona del singular, pero no en las personas 1 y 2 (I sing / you sing / he sing-s): históricamente, la pérdida de los rasgos de concordancia se inició primero en las personas 1/2 y solo después afectó a la persona 3, si bien únicamente en el plural (Gelderen 2000).

28 Nótese, sin embargo, que la jerarquía propuesta por Smith contraviene la subjerarquía de persona (1, 2 > 3) dentro de la jerarquía de animación ampliada (Croft 2003: 130).

29 Esta apreciación es importante, porque el siglo XIII marca un punto de inflexión en la diacronía de la concordancia, ya que es la única etapa donde los datos muestran coherencia como sistema. A partir de 1300 la concordancia no se manifiesta de manera coherente, sino que hay textos en los que es operativa y textos en los que es residual, lo que apunta a diferentes sistemas de concordancia geográficamente condicionados (Rodríguez Molina 2010: cap. 8). Por ello no he sometido los datos a un análisis multivariado, pues al mezclar datos de diversas diacronías y variedades dialectales a partir de 1300 se distorsionarían los resultados.

30 Esta explicación podría hacerse extensiva al español medieval, porque debido a los efectos de la apócope y/o la sinalefa un pronombre femenino proclítico al verbo podía perder su morfema de género. La época de mayor apogeo de la concordancia en español antiguo (1100–1300) coincide con la época de mayor vigencia de la apócope extrema, de modo que puede no ser casualidad que el español concordara los pronombres en los tiempos compuestos precisamente cuando estos podían apocoparse. No obstante, cabe hacer dos importantes matizaciones a esta hipótesis: (a) la apócope de los pronombres se produce generalmente solo en el masculino y solo en el singular (lo > l’; pero los > *l’ y tampoco *las > l’, la apócope de la es muy rara); (b) de acuerdo con los estudios más rigurosos sobre la apócope, parece que esta era privativa de le (le > l’) y no de lo (Fernández-Ordóñez 2001, Matute Martínez 2004). Además, hay que recordar que no hay apócope en los objetos plurales (a diferencia del italiano, el español conserva la –s en los/las) y que los casos más frecuentes de apócope son los de le y lo, formas que justamente no inducen concordancia en el participio. Por ello, ligar la existencia de la concordancia a la apócope y a las ventajas de procesamiento que conlleva ante la dificultad de identificar el referente de un pronombre apocopado, como sostiene Smith para el francés y el italiano no resulta una hipótesis fuerte en el caso del español antiguo, porque los pronombres la, los y las podían controlar la concordancia a pesar de que los dos últimos jamás se apocopaban, y en contadas ocasiones lo hacía el primero.

31 Cabe ofrecer en este caso una explicación alternativa y complementaria a la de Smith: el género es un rasgo de concordancia inherente de los controladores y, usualmente, presenta un mayor o menor grado de motivación semántica (en los nombres animados), hecho que lleva a Corbett (2006: 126) a considerar que el rasgo de concordancia más básico o menos marcado es el género. Por el contrario, el número es generalmente un rasgo de concordancia contextual y no inherente (salvo en algunas clases de nombres, como los colectivos del tipo pueblo y hueste, o nombres del tipo tijeras y pantalones). Quizá esta diferencia entre el género y el número permita explicar por qué la concordancia persiste durante más tiempo en el femenino singular que en los restantes contextos, según Smith. El carácter no marcado del singular frente al plural es una constante en las lenguas: véanse los Universales 35, 37 y 45 de Greenberg.

32 Debo señalar que la jerarquía propuesta por Smith tampoco casa bien con los datos que ofrece Company (1983: 248) para el español antiguo. Y es que esta investigadora afirma que «La disminución de la sintaxis concordante afecta en primer lugar y en todos los textos a aquellas construcciones con objeto directo femenino singular». Company explica esta asimetría en función del carácter marcado de los objetos plurales frente al singular, circunstancia que los hace más resistentes al cambio. Empero, habría que analizar con más calma los datos de Company a la luz de una tipología de las distintas clases de objeto, pues bien pudiera ser que estas diferencias en la realización de la concordancia entrecrucen no solo el género y el número, sino también la categoría gramatical del objeto y/o su posición sintáctica. La jerarquía de Smith afecta solo al género y número de los pronombres, mientras que Company computa los efectos de estas dos variables con todo tipo de objetos, pronominales y no pronominales.

33 Quizá, se me ocurre, el comportamiento de los relativos y de los pronombres en singular en el siglo XIV (que contradice la escala de Smith) se vea influido por el factor +/- animado del objeto. Quizá tenga también que ver con la difusión progresiva del MDO en español, que se extendió con más dificultad a los objetos plurales, y por ello estos concuerdan en mayor medida que los objetos singulares.

34 Dada la dificultad de analizar en los textos el carácter específico/inespecífico de las expresiones nominales, he optado por computar los datos en función del tipo de determinante morfológico que presentan: definido (SSNN introducidos por artículos, demostrativos, posesivos), indefinido (SSNN precedidos de artículo indefinido, numerales, cuantificadores indefinidos), universales (SSNN introducidos por cuantificadores universales como todo) y sin determinantes (SSNN escuetos). Analizo solo los datos relativos a las etapas comprendidas entre 1140–1454 porque en la última fase del corpus no hay datos suficientes como para poder extraer conclusiones significativas.

35 Abrevio la Biblioteca del monasterio de El Escorial como Esc., la Biblioteca Nacional como BNE, la Biblioteca de la Universidad de Salamanca como BUSAL, el Archivo Histórico Nacional como AHN, la Biblioteca Nacional de Francia como BNF, la Biblioteca del Archivo del Monasterio de Silos como AMS, la Biblioteca de la Real Academia Española como RAE, la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York como NYHS y la Biblioteca Apostólica Vaticana como VAT.