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Expresión del tiempo en el lenguaje

Propuestas para una pragmática del tiempo- Estudio contrastivo español-alemán

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Judith Scharpf Staab

La temporalidad lingüística, a diferencia del tiempo inmovilizado en los paradigmas verbales y en el tiempo dinámico vivencial, está condicionada por el soporte cognitivo que de hecho la genera. No refiere a los sucesos ni a los momentos en que tuvieron lugar, sino a los procesos psico-memorísticos que producen las entidades que se formalizan en el lenguaje. En consecuencia, en el presente libro se estipulan dos modos de edición: el «modo de edición en directo» y el «modo de edición en diferido». En diferido se construyen contenidos no comprobables, de ficción o prospección; el oyente queda eximido de responsabilidad comunicativa más allá de un puro procesamiento lingüístico. En la edición en directo, en cambio, se producen contenidos compartidos en mutua colaboración comunicativa. La teoría se ejemplifica en varios textos contrastivos en español y alemán.

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Capítulo II. Sobre el concepteo ‘tiempo’:un breve recorrido histórico

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45 Capítulo II. Sobre el concepteo ‘tiempo’: un breve recorrido histórico Entre lector y autor no hay más que idioma, Palabras y palabras y palabras Que siempre se trascienden a sí mismas: Transportan nuestra mente, nuestro mundo, Lo que somos, tenemos y queremos. Jorge Guillén46 1 ¿Qué es el ‘tiempo’? El tiempo ha sido objeto de reflexión desde antiguo, sin que hasta hoy –que sepa- mos– haya sido posible “explicarlo” de forma satisfactoria. Ninguna de las teorías formuladas por la física, la filosofía, la psicología u otra ciencia cualquiera ha podido elucidar su naturaleza esquiva. Sin embargo, tampoco podemos negar que todos lo percibimos como algo natural, algo de que están imbuidas nuestras vidas, nuestra existencia entera y, desde luego, nuestro pensamiento y nuestro lenguaje.47 Hay indicios prehistóricos –los más remotos datan de unos 50 000 años atrás–48 que sugieren una temprana toma de conciencia del fenómeno temporal por parte del hombre, probablemente al observar en la naturaleza la existencia de ciclos y movimientos regulares y advertir la finitud de su propia vida. En paralelo a la aparición y evolución de las capacidades cognitivas de la especie pudo surgir así, tal vez, un primer concepto de tiempo, presumiblemente de carácter cíclico. (C. Haase, 2002:86). Este elemental “sentir” del tiempo, fácilmente rastreable en las mitologías y religiones de casi todos los pueblos, inevitablemente habrá influido en la g...

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