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Personennamen im Spanischen / Nombres de persona en español

Geschichte, aktuelle Situation und Laienonomastik / Historia, situación actual y onomástica popular

Lidia Becker

Die Monographie bietet einen Überblick über den Forschungsstand, die historische Entwicklung, den aktuellen rechtlichen Rahmen für die Namengebung, die häufigsten Personennamen (in getrennten Kapiteln zu Ruf- und Familiennamen) sowie über Fragen der Benennungsmotivation und Laienonomastik in einer Reihe spanischsprachiger Länder (Spanien, Méxiko, Argentinien usw.).

La monografía ofrece una visión sintética del estado de la investigación, la evolución histórica, el marco legislativo de la atribución de nombres, los nombres personales más frecuentes (en capítulos separados dedicados a nombres de pila y apellidos) así como de cuestiones de la motivación de los nombramientos y onomástica popular en una serie de países hispanohablantes (España, México, Argentina, etc.).

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3. Nombres de persona desde la Baja Edad Media hasta hoy

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3. Nombres de persona desde la Baja Edad Media hasta hoy

Con la aparición de los apellidos hereditarios a partir del siglo XII, comenzó a producirse la separación entre nombre y apellido que corresponde, en sentido amplio, a la percepción moderna de estos conceptos.

3.1. Nombres de pila

3.1.1. Evolución y etimología

Desde el siglo XI (en el área lingüística vasca y, anteriormente, en el centro norte), debido a la aparición de «nombres de moda» sumamente frecuentes y a la creciente influencia de los nombres cristianos —entre ellos los nombres bíblicos y santos—, el conjunto de nombres existentes comenzó a reducirse. Poco a poco, nombres como Pedro, Domingo, Juan, María, Martín, Miguel o Pascual, que en parte ya se habían difundido excepcionalmente durante los siglos anteriores (como Pedro), llegaron a desempeñar un papel dominante, al igual que en el resto de Europa occidental (Kremer 1992: 463–464). La omnipresente influencia de la iglesia católica se reflejó, especialmente tras el Concilio de Trento (1545–1563), mediante la limitación del conjunto de nombres a los nombres del santoral. Entre otras influencias que afectaron a la formación de nuevos «nombres de moda» cristianos pueden mencionarse «las reformas de los monasterios procedentes de Francia, la peregrinación a Santiago, la gradual Reconquista con el asentamiento masivo de “extranjeros” (Sevilla, Jerez, Murcia, Valencia, etc.)» (Kremer 1992: 463, traducción de L. B.). Por contra, los antiguos nombres tradicionales como García, Pelayo, Muño, Bermudo, Gonzalo, Nuño, etc., perdieron popularidad (Kremer 1992: 463). Entre los nombres de mujeres, esta evolución fue menos acusada: además del popular nombre cristiano par exellence María se han podido mantener los tradicionales Elvira, Xemena, Sancha, Urraca, etc. (Kremer 1992: 464).

A partir de finales del siglo XV, el idioma y los nombres españoles se transmitieron al Nuevo Mundo. Mediante un análisis de los nombres de 40.000 colonos españoles en América en el siglo XVI, Boyd-Bowman (1970: 12) llega a la conclusión de que una clara mayoría de las personas estudiadas llevaba alguno de los pocos nombres populares con origen en el Nuevo Testamento (Juan, Pedro, Francisco, Antonio, Baltasar, Gaspar, Melchior): en comparación con los siglos XII–XIII, la situación apenas había cambiado. Durante los primeros siglos ← 18 | 19 → de la colonización, las fuentes escritas oficiales no permiten identificar ninguna diferencia entre los nombres hispanoeuropeos y los hispanoamericanos. Los conquistadores españoles y los primeros «criollos», es decir, los americanos con ascendencia española, llevaban lógicamente nombres españoles típicos. Así, entre los nombres de pila más frecuentes en los registros parroquiales de la catedral de México se encuentran entre 1540 y 1660: Juan, Diego, Francisco, Pedro, Antonio, Alonso y Luis, así como María, Juana, Isabel, Ana, Catalina y Beatriz (Boyd-Bowman 1970: 16).

La población indígena y, posteriormente, también los «mestizos», los esclavos africanos y los «mulatos» se mencionan en las fuentes predominantemente por los nombres cristianos obtenidos tras el bautismo. Conforme a uno de los principales objetivos de la expansión española en el Nuevo Mundo —la cristianización de la población nativa—, la conversión al cristianismo se acompañó de la adopción de un nuevo nombre cristiano, por lo general un nombre santo (García Gallarín 2014: 29); un ejemplo fue la princesa azteca Tecuichpotzin, quien tras el Bautismo se denominó Isabel Moctezuma (García Gallarín 2009: 85). De forma paralela al planteamiento de la conversión forzada de los musulmanes al cristianismo en el transcurso de la Reconquista, se aplicaron las prácticas onímicas de aniquilación de nombres «paganos» indígenas (García Gallarín 2007a: s. p.).

A partir del siglo XVII, los nombres de pila múltiples adquirieron mayor importancia, de los cuales uno de los elementos era un nombre muy frecuente, por ejemplo: Juan Francisco, Juan Gerónimo, Juan Manuel, María Casilda, Ana María, María Clara, María Gregoria y María Madalena, sacados del registro de bautizos de la parroquia madrileña de San Sebastián (1600–1630) (García Gallarín 2009: 77). Los nombres del Antiguo Testamento, como por ejemplo Abraham e Isaac, que en la Edad Media llevaban tanto judíos como cristianos (véase Becker 2009a: 62) y que con la aparición de nombres de moda cristianos muy frecuentes poco a poco se convirtieron en un rasgo distintivo de las designaciones judías, han desaparecido totalmente del repertorio de nombres españoles (García Gallarín 2009: 87–89).

El incremento de las advocaciones marianas, es decir, «el título advocativo de las representaciones de María en forma de imagen o en forma de representación plástica» (Hafner 2004: 21, traducción de L. B.), data del siglo XVII. La mayoría de las advocaciones se refieren bien a una festividad o un lugar de aparición de la Virgen, o bien al lugar donde se encontró la representación (Hafner 2004: 21). Ya en el siglo XVI, la Orden de las Carmelitas implantó la advocación geográfica Carmen; le siguieron la Orden de los Franciscanos (Ángeles, Inmaculada Concepción), de los Agustinos (Consolación), de la Merced (Mercedes) y de ← 19 | 20 → los Dominicos (Rosario) (Hafner 2004: 23). Como consecuencia de las contrarreformas, los nombres marianos alcanzaron una amplia difusión en los siglos XVII, XVIII y XIX. En la segunda mitad del siglo XIX, aumentó la formación de nombres advocativos dobles y múltiples (Hafner 2004:). Mientras que dichas advocaciones impulsadas por las órdenes abarcaban todo el territorio español, existía un conjunto de imágenes milagrosas regionales y locales, como Pilar para Aragón (especialmente Zaragoza), Camino para León, Candelaria para las Islas Canarias, Guadalupe para Extremadura, etc. (Hafner 2004: 27–28). Los nuevos avances en la península ibérica llegaron a las colonias de ultramar con retraso, como constata Boyd-Bowman (1970: 20), ya que las advocaciones marianas aparecen en Nueva España en 1675 y llegan a su esplendor a principios de la primera mitad del siglo XIX. En México, junto a la apreciada María de Guadalupe (la aparición de la madre de Dios en Ciudad de México data de 1531), se extendieron las siguientes advocaciones: Dolores, Soledad, Concepción, Luz y Carmen (Boyd-Bowman 1970: 20). La tendencia de poner a los recién nacidos los nombres de varios santos y, de este modo, obtener su favor, se popularizó en México progresivamente a partir de 1700; véanse: Joseph María de Jesús, María Guadalupe Josefa de Jesús, José María Ponciano Bruno Juan Nepomuceno Luis Gonzaga y María de la Concepción Manuela Josepha Joachina Ana Rafaela Ramona Cleofas Demetria Francisca de Paula Luisa Gonzaga de la Santísima Trinidad (Boyd-Bowman 1970: 24).

Las obras literarias de los Siglos de Oro aportan indicios esporádicos de los nombres contemporáneos no oficiales, por ejemplo Cervantes menciona los siguientes seudónimos o apelativos de actores y amantes que también se documentan en fuentes históricas: Amarilis, Filis, Silvia, Diana, Galatea, Fílida (García Gallarín 2009: 103–104). El uso de diminutivos en la literatura apunta a una gran difusión de las variantes de los nombres con sufijos en la vida diaria: Alonsillo, Catalinilla, Juanilla, Marica, Ynesica, Ysabelica, Tristanico, Gonzalvico, Ginesillo, Minguillo, Periquillo, Tomasillo, Sanchica (García Gallarín 2009: 81).

En el siglo XIX, además de los nombres santos y las advocaciones marianas tradicionales y muy frecuentes, surgió la moda de los nombres de pila literarios procedentes de óperas italianas y francesas: Adolfo, Augusto, Adalgisa, Adelaida, Emma, Leticia, Violeta (García Gallarín 2010: s. p.); Alicia, Amalia, Matilde, Alfredo, Amadeo, Arturo, Armando, Eduardo, Gustavo (García Gallarín 2014: 35). Los nombres germánicos como Álvaro y Rodrigo, muy extendidos en la Edad Media y en desuso entre los siglos XVI y XVII, recobran importancia en la época del romanticismo (García Gallarín 2014: 34). En Hispanoamérica, las designaciones de pila destacan por la formación de hipocorísticos característicos ← 20 | 21 → (Lola, Charo, Pancho), acrónimos, compuestos y anglicismos (García Gallarín 2014: 35). En el año 1800, a más del 90 % de las niñas recién nacidas en Ciudad de México se les puso el nombre de María (Boyd-Bowman 1970: 28). A partir de 1890, Boyd-Bowman (1970: 27) registra una alta frecuencia de nombres masculinos germánicos en Ciudad de México: Adolfo, Alberto, Alfredo, Carlos, Eduardo, Enrique, Fernando, Ricardo, Roberto. En Argentina, la inmigración masiva procedente de Europa, sobre todo de Italia, deja su rastro en el repertorio antroponímico a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Rossebastiano / Tonda (2012: 4–5) y Cacia (2012: 26:27) identifican una serie de nombres de pila italianos o piamonteses en los descendientes de los inmigrantes italianos en la provincia de Santa Fe, entre ellos: Primo, Bautista / Baptista, Juan Bautista y Margarita.9

En el siglo XX, a ambos lados del Atlántico las designaciones destacan por una creciente secularización que se traduce en una orientación «exótica» y nombres melodiosos, así como el nombramiento en honor a personas destacadas (véase Boyd-Bowman 1970: 35). En este contexto renacen los nombres de origen hebreo (Esther, Judith, Raquel, Rebeca, Sara; Benjamín, Daniel, David, Jacobo, Rubén, Samuel) y griego / latino (Artemisa, Sofía; Alejandro, César, Augusto, Darío, Héctor, Horacio). Simultáneamente, también aumenta la popularidad de los nombres de etimología germánica en todo el mundo hispanohablante, véase Alfonso, Armando, Arnoldo, Bernardo, Ernesto, Federico, Francisco, Gerardo, Gilberto, Guillermo, Gustavo, Humberto, Raimundo, Ramón, Raúl, Rodolfo y Waldo en México (Boyd-Bowman 1970: 32). La cantidad de nombres múltiples disminuye en favor de los nombres simples. En México, la influencia de la revolución (1910–1920) en la elección de los nombres fue limitada. Llama la atención la moda de los nombres femeninos terminados en -ina, -elia/-ilia y -eta: Albertina, Alejandrina, Angelina, Carolina, Catalina, Clementina, Ernestina, Evangelina, Georgina, Joaquina, Josefina, Justina; Amelia, Aurelia, Celia, Delia, Emilia, Eulalia, Fidelia, Lilia, Natalia, Ofelia; Antonieta, Enriqueta, Julieta (Boyd-Bowman 1970: 32). Asimismo, entre los antropónimos hispanoamericanos son características numerosas construcciones nuevas con -ilda/-ilde: Abegailda, Amtilde, Anatilde, Crimilda, Emilda, Eresmilda, Isilda, Romilda, Silda, Zunilda, etc. (García Gallarín 2010: s. p.).

El aprecio oficialmente propagado por la historia precolombina de México no se refleja de ninguna manera en el ámbito lingüístico y onomástico: el corpus ← 21 | 22 → de Boyd-Bowman no contiene ni un solo nombre de pila de origen indígena (Boyd-Bowman 1970: 31). Es a partir de finales del siglo XX que se empiezan a poner en México nombres de etimología náhuatl (por ejemplo: Cuahtémoc, Tonatiuh y Xóchitl) con cierta regularidad (Aguilar Salas 1988: 100). En el corpus de López Franco 2010 de nombres propios en el municipio de Tlalnepantla de Baz durante el siglo XX el primer nombre masculino de origen indígena aparece en el año 1960 (Roberto Axayacatl Nahuyotl, con los dos últimos nombres de etimología náhuatl) y el primer nombre femenino, en el año 1975 (Claudia Itzel, con el segundo nombre de etimología maya) (López Franco 2010: 90).

En la España post-Franco, además de los populares nombres tradicionales, los préstamos del mundo de habla inglesa (Christopher, Deborah, Jennifer, Jessica) así como de los idiomas eslavos (Ígor, Iván) tienen cabida en el conjunto de nombres existentes (García Gallarín 2007b: capítulo 3.4, s. p.). Mientras que el repertorio de nombres españoles sigue creciendo continuamente, a finales del siglo XX y principios del XXI los grandes grupos poblacionales utilizaban un número reducido de nombres: en el corpus de nombres de recién nacidos de Madrid entre 1996 y 2006 de García Gallarín 2010 (Capítulo III.1, s. p.), el 75 % de los 304.565 recién nacidos llevan únicamente 328 nombres de un total de 38.750 tipos de nombres distintos. Algunos de los nombres populares en la primera mitad del siglo XX también fueron elegidos con frecuencia en Madrid entre 1996 y 2006, son: Carmen, Enrique, Cecilia, Clara, Félix, Héctor, Ignacio, Lara, Laura, Ramiro, Raúl, Rubén, Rebeca, Sara, Sandra, Silvia, etc. Otros anteriormente favoritos, como Juana, Concepción, Dolores, Francisca, Gustavo, Immaculada, Loyola, Rafaela, Socorro y Úrsula, por el contrario, han disminuido definitivamente desde finales del siglo XX (García Gallarín 2010, capítulo III.2, s. p.). Llama la atención la difusión de nombres propios individuales con un marcado carácter de origen regional, por ejemplo Aitor, Iker y Ainhoa, de origen vasco, o Yaiza, de origen canario, en otras regiones de España (García Gallarín 2010, capítulo III.3, s p.). Algunos nombres propios que hace solo unas décadas se habrían percibido como préstamos de otras zonas lingüísticas pasan a principios del siglo XXI a ser de los más frecuentes en Madrid, como: Brian, Cristian / Christian, Érik, Iván, Jennifer / Yénifer, Jessica, Kevin, Sheila y Vanesa / Vanessa (García Gallarín 2010, capítulo III.3.1, s. p.).

3.1.2. Situación actual

3.1.2.1. Marco legal

Las disposiciones legales sobre los nombres y apellidos se han liberalizado en los últimos años en diversos países de habla hispana, mientras que en otros con ← 22 | 23 → normativas anteriormente liberales se han implantado restricciones, en parte en ámbitos regionales.

3.1.2.1.1. España

En España, las disposiciones legales sobre los nombres se recogen en el capítulo I «Inscripción de nacimiento», sección 2.a «Contenido de la inscripción de nacimiento», artículos 49–57 del Registro Civil actualizado en 2011. En el artículo 51, se regula la elección de los nombres como sigue:

Artículo 51. Principio de libre elección del nombre propio.

El nombre propio será elegido libremente y sólo quedará sujeto a las siguientes limitaciones, que se interpretarán restrictivamente:

1. No podrán consignarse más de dos nombres simples o uno compuesto.

2. No podrán imponerse nombres que sean contrarios a la dignidad de la persona ni los que hagan confusa la identificación.

3. No podrá imponerse al nacido nombre que ostente uno de sus hermanos con idénticos apellidos, a no ser que hubiera fallecido. (Agencia Estatal, Gobierno de España 2011)

Solo se conservan tres restricciones del artículo 54 del Registro Civil de 1957, en vigencia hasta hace poco: la prohibición de nombres formados por más de dos elementos simples o uno compuesto, que atenten contra la dignidad de su portador o dificulten la identificación del mismo, o que sean idénticos a los de hermanos vivos con los mismos apellidos. Se anulan el resto de prohibiciones, como la utilización de diminutivos y variantes familiares o coloquiales, los nombres que no permitan una clara diferenciación de género y la traducción de los nombres de hermanos a otros idiomas (Ministerio de Justicia (ed.), Ley del Registro Civil de 8 de junio de 1957). Asimismo, se incorpora por primera vez en el artículo 50 el «Derecho al nombre», que dicta: «Toda persona tiene derecho a un nombre desde su nacimiento». El pasaje de la modificación legislativa de 1977 (actualizada en 1999) que estipula la «sustitución del nombre por un equivalente en uno de los idiomas del Estado español» se incorporó al artículo 50 sin alteraciones: «A petición del interesado o de su representante legal, el encargado del Registro sustituirá el nombre propio de aquél por su equivalente en cualquiera de las lenguas españolas» (Agencia Estatal, Gobierno de España 2011).

3.1.2.1.2. México

A nivel federal, en el Código Civil Federal mexicano de 1928, cuya última modificación tuvo lugar en 2013, no se regulan explícitamente los nombres y apellidos: ← 23 | 24 →

Artículo 58. El acta de nacimiento se levantará con asistencia de dos testigos. Contendrá el día, la hora y el lugar del nacimiento, el sexo del presentado, el nombre y apellidos que le correspondan […] (Cámara de diputados (ed.): Código Civil Federal)

No obstante, el Código Civil mexicano contiene diversas indicaciones indirectas sobre lo que se debe entender por «nombre y apellidos»; además, existen reglas consuetudinarias correspondientes (Arce Gargollo 1991: 34).

A nivel regional, en los últimos años se ha ido restringiendo la regulación liberal de los nombres propios en múltiples estados mexicanos. En el estado federal de Sonora, la Ley de Registro Civil de 2013 (artículo 46), prohíbe los nombres peyorativos, discriminatorios, indecorosos, difamatorios y sin significado; los nombres que contengan símbolos o abreviaturas, y llevar más de dos nombres (s. a. 2014a). El padrón municipal de Hermosillo, la capital del estado federal de Sonora, incluso instauró una lista de nombres prohibidos que contiene, entre otros, los siguientes: Aceituno, Anivdelarev, Batman, Burger King, Caralampio, Cheyenne, Christmas Day, Circuncisión, Email, Escroto, Facebook, Fulanito, Harry Potter, Hermione, Indio, James Bond, Lady Di, Robocop, Rolling Stone, Sol de Sonora, Twitter, Virgen (s. a. 2014b). Sin embargo, a consecuencia de las protestas de la población, el Congreso de Sonora anuló la nueva ley el 16 de mayo de 2014 (s. a. 2015a). Restricciones similares, aunque sin mencionar ejemplos concretos, se implantaron en los estados federales de Querétaro (2013) y Michoacán (2010) (s. a. 2015a).

3.1.2.1.3. Argentina

El 1 de agosto de 2015 entró en vigor en Argentina el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación de 2014. En el capítulo 4 «Nombre», artículos 62–72, se regulan los nombres. Las siguientes directrices del artículo 63 se aplican a los nombres propios:

Artículo 63. Reglas concernientes al prenombre. […]

b. no pueden inscribirse más de tres prenombres, apellidos como prenombres, primeros prenombres idénticos a primeros prenombres de hermanos vivos; tampoco pueden inscribirse prenombres extravagantes;

c. pueden inscribirse nombres aborígenes o derivados de voces aborígenes autóctonas y latinoamericanas. (Sistema Argentino de Información Jurídica 2014)

Únicamente se mantienen cuatro restricciones de la Ley N.º 18.248 «Nombre de las personas» de 1969: la prohibición de llevar más de tres nombres de pila, de llevar apellidos como nombres de pila, de llevar nombres idénticos a los de hermanos vivos y de llevar nombres «extravagantes». A partir de este momento. pierde vigencia la prohibición de llevar nombres «ridículos, contrarios a nuestras ← 24 | 25 → costumbres, que expresen o signifiquen tendencias políticas o ideológicas, o que susciten equívocos respecto del sexo de la persona a quien se impone», así como «extranjeros» (Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires (ed.): Ley N.º 18248 Nombre de las personas). En el Código Civil argentino también se recoge, en el artículo 62, el derecho y la obligación de utilizar los nombres y apellidos asignados. Un significado simbólico mucho mayor posee el permiso explícito incluido en la modificación de 1984 de otorgar nombres indígenas o derivaciones de lexemas de los idiomas indígenas argentinos y latinoamericanos. Esta modificación muestra una reorientación programática de la política lingüística argentina a partir de los años 80 del siglo XX hacia la multiculturalidad y el plurilingüismo. Se ratificó en las provincias de Tierra del Fuego, Misiones y Formosa, y en la provincia de El Chaco se recopiló una lista de nombres indígenas (Zamborain s. a. a).

3.1.2.2. Nombres frecuentes

Con el fin de ofrecer una visión de los nombres de pila que por su actual difusión se consideran típicamente españoles, mexicanos o argentinos, a continuación se analiza una serie de datos estadísticos. En cualquier caso, a la vista de la heterogeneidad de estos datos, la comparación directa entre los porcentajes en los países indicados debe ser solamente parcial. En el marco de la sinopsis en cuestión solo es posible analizar de cada vez entre 10 y 20 de los nombres más frecuentes.10

3.1.2.2.1. España

El Instituto Nacional de Estadística (INE) español proporciona en su sitio web tablas de frecuencia diferenciadas para nombres masculinos y femeninos. Entre los 20 nombres más frecuentes entre toda la población española se encontraban en el año 2014 los siguientes: ← 25 | 26 →

Tabla 2: los 20 nombres simples y compuestos masculinos más frecuentes en España a nivel nacional (fecha: 1.1.2014).

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Tabla 3: los 20 nombres simples y compuestos femeninos más frecuentes en España a nivel nacional (fecha: 1.1.2014).

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← 26 | 27 →

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Otra tabla con los datos sobre la media de edad de los portadores de dichos nombres explica la diferencia en la dinámica de desarrollo de los nombres particulares: compárense por ejemplo José, con una edad media 59,6 años, Francisco (55,5) y Juan (54,6) con Alejandro (23,7), Daniel (25,1) y David (27,6); por otra parte están Josefa (65,8), Dolores (65,0) y Francisca (62,7) frente a Lucía (22,5), Laura (25,3) y Cristina (30,4).

La comparación de los 10 nombres más frecuentes entre la población general según las provincias individuales arroja muy pocas irregularidades (por ejemplo, la preferencia por María Pino en Las Palmas), y muestra una alta homogeneidad proporcional entre los nombres de pila de las últimas décadas, como puede verse en las siguientes recopilaciones de seis provincias seleccionadas en el centro, norte, sur y sureste de España, así como en las Islas Canarias:

Tabla 4: los 10 nombres masculinos más frecuentes en seis provincias españolas en 2015.

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Tabla 5: los 10 nombres femeninos más frecuentes en seis provincias españolas en 2015.

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Los 10 nombres más frecuentes entre la población general de las provincias seleccionadas en las regiones autónomas multilingües de España muestran, asimismo, un patrón de distribución similar con pocas peculiaridades: Antonio, José, Francisco, Manuel, Juan, David, Jordi, Marc, Daniel, Carlos / María, Montserrat, María Carmen, Carmen, Marta, Laura, Nuria, Josefa, Isabel, Cristina en Barcelona; José Luis, Javier, Francisco Javier, José Antonio, José María, Jesús, Antonio, Aitor, David, José / María Carmen, María Pilar, María Teresa, María, María Ángeles, Ana María, María Jesús, María Isabel, María Luisa, Isabel en Araba / Álava y Manuel, José, José Manuel, Antonio, José Antonio, Jesús, José Luis, Francisco, David, Pablo / María Carmen, María, Carmen, María Dolores, Josefa, María Pilar, María José, María Teresa, Ana María, Manuela en A Coruña. Esta alta homogeneidad proporcional (con excepción de Jordi, Marc, Montserrat y Nuria en Barcelona y Aitor en Araba / Álava) se debe sobre todo a una alta proporción de personas mayores en la estadística. ← 28 | 29 →

Mediante la lista de los 20 nombres más frecuentes entre los recién nacidos del año 2014 (datos provisionales del 22.6.2015) se reconoce un cambio en los nombres del siglo XXI:

Tabla 6: los 20 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos en España en 2014.

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Las discordancias más relevantes con respecto a los 20 nombres más frecuentes de la población general española (Tabla 2) es la ausencia de nombres compuestos y advocaciones marianas.11 Entre los nombres masculinos, además de una serie de nombres de popularidad continua desde hace décadas, como Alejandro, Javier, ← 29 | 30 → Manuel, David, Daniel, Pablo, Álvaro, etc., se encuentran varias novedades de la década del 2010, como Hugo, Leo, Izan y Álex. Entre los nombres femeninos, además de los tradicionales María, Carmen y Ana aparecen como novedades en la lista de los 20 primeros del año 2010: Noa, Valeria, Daniela y Adriana.

La comparación de los 10 nombres más frecuentes entre los recién nacidos en las regiones autónomas monolingües muestra, al igual que los nombres de la población general (Tablas 4 y 5), una alta correlación:

Tabla 7: los 10 nombres masculinos más frecuentes en seis provincias españolas en 2014.

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Tabla 8: los 10 nombres femeninos más frecuentes en seis provincias españolas en 2014.

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes. ← 30 | 31 →

Por el contrario, el conjunto de los nombres de los recién nacidos en las regiones autónomas multilingües se diferencia claramente en el caso del País Vasco: Markel, Iker, Jon, Ibai, Aimar, Ander, Oier, Julen, Unai, Mikel / Ane, June, Nahia, Irati, Uxue, Laia, Noa, Haizea, Nora, Lucía. En Cataluña, los 10 nombres masculinos más frecuentes actualmente presentan una marca regional algo más fuerte que los nombres femeninos: Marc, Àlex, Pol, Èric, Martí, Jan, Biel, Hugo, Pau, Arnau / Martina, Júlia, Laia, Maria, Paula, Lucía, Carla, Emma, Noa, Aina. La situación en Galicia (Martín, Mateo, Hugo, Pablo, Daniel, Nicolás, Manuel, Diego, Adrián, Leo / Noa, Daniela, Sara, Martina, Lucía, Sofía, Paula, Alba, Carla, María) apenas se aleja de los 10 nombres más frecuentes del conjunto de las regiones monolingües.12

3.1.2.2.2. México

El Instituto Nacional Electoral (INE) mexicano publica en su sitio web listas de los nombres personales más frecuentes a nivel nacional y también en los 32 estados federales, donde las cadenas onímicas completas de los hombres y de las mujeres se incluyen en las estadísticas. Las combinaciones más frecuentes a nivel nacional en el año 2015 se producen con los nombres Juan, Juana, María, José y Francisco, y los apellidos Hernández Hernández. El nombre Juan Hernández Hernández se registró en total 2.943 veces. La siguiente tabla muestra los nombres personales más frecuentes correspondientes a cada estado federal mexicano:

Tabla 9: los nombres completos más frecuentes en los estados federales de México (fecha: 15.4.2015).

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← 31 | 32 →

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Fuente: Instituto Nacional Electoral (ed.): Estadísticas Lista Nominal y Padrón Electoral.

Según esta tabla, estos son los componentes correspondientes a los nombres de pila más frecuentes en México: los nombres masculinos José Luis, José de Jesús, José, Juan, Alejandro, Jesús y Manuel, y los nombres femeninos Guadalupe, María Guadalupe y María del Carmen.

Las listas de los 20 nombres completos más frecuentes en los estados federales mexicanos (Instituto Nacional Electoral (ed.): Estadísticas Lista Nominal y Padrón Electoral) dan como resultado la siguiente sinopsis de los nombres más frecuentes en Ciudad de México, así como en estados seleccionados en el centro, noroeste, norte y sureste de México: ← 32 | 33 →

Tabla 10: nombres masculinos y femeninos más frecuentes como componentes de los nombres completos más frecuentes en la capital y en cincos estados mexicanos.

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Fuente: Instituto Nacional Electoral (ed.): Estadísticas Lista Nominal y Padrón Electoral. ← 33 | 34 →

Tanto en la capital como en los cinco estados seleccionados, José Luis y (María) Guadalupe corresponden claramente a los nombres más frecuentes. Es reseñable la gran coincidencia entre los nombres masculinos más frecuentes de la población general española y mexicana (José Luis, Juan, Antonio, Francisco, Alejandro, Miguel Ángel). Por el contrario, las listas de los nombres femeninos más frecuentes en España y México muestran más desviaciones entre sí.

Los datos del Registro Nacional de Población de México (RENAPO) con respecto a la frecuencia de nombres de pila solo pueden obtenerse de manera indirecta a partir de los artículos en línea, como la siguiente lista de los 30 nombres masculinos y femeninos más frecuentes en México entre 1930 y 2008:

Tabla 11: los 30 nombres masculinos y femeninos más frecuentes en México entre 1930 y 2008 según los datos del RENAPO.

 Nombres masculinosNombres femeninos
1José LuisMaría Guadalupe
2JuanMaría
3Miguel ÁngelJuana
4JoséMaría del Carmen
5FranciscoMargarita
6JesúsVerónica
7AntonioElizabeth
8AlejandroAlejandra
9PedroLeticia
10Juan CarlosMaría Elena
11ManuelGabriela
12RicardoMaría de los Ángeles
13DanielPatricia
14FernandoJosefina
15JorgeMaría de Jesús
16RobertoRosa María
17CarlosRosa
18Francisco JavierAlicia
19EduardoTeresa
20JavierFrancisca
21MiguelAdriana
22MartínYolanda
23RafaelMartha
24Marco AntonioMaría Isabel
25José AntonioSilvia ← 34 | 35 →
26RaúlAna María
27ArturoMaría del Rosario
28DavidGloria
29GerardoAraceli
30Juan ManuelMaría Luisa

Fuente: Babycenter.com (ed.): Los nombres más frecuentes en México desde 1930.

Entre los nombres propios más frecuentes de los recién nacidos en el año 2013 se encuentran, según el RENAPO, los siguientes nombres masculinos y femeninos:

Tabla 12: los 10 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos en México en 2013 según los datos del RENAPO.

 Nombres masculinosNombres femeninos
1SantiagoXimena
2MateoMaría José
3DiegoValentina
4Miguel ÁngelMaría Fernanda
5EmilianoValeria
6SebastiánSofía
7LeonardoCamila
8José ÁngelRegina
9JesúsRenata
10AlejandroMaría Guadalupe

Fuente: s. a. 2014c.

Al contrario que en España, los nombres propios compuestos y las advocaciones tradicionales siguen siendo populares en México. Junto con los tradicionales Miguel Ángel, Jesús, Alejandro, María José y María Guadalupe se incluyen entre las principales novedades del siglo XXI Santiago, Mateo, Diego, Emiliano, Sebastián, Leonardo, Ximena, Valentina, Valeria, Sofía, etc. El nombre femenino Ximena probablemente debe su ortografía con <x> (para el fonema /x/) a una marca regional característica de México (o al menos inusual en España),13 véase México, Oaxaca, etc. ← 35 | 36 →

3.1.2.2.3. Otros países hispanohablantes

Las instituciones argentinas como el Instituto Nacional de Estadística y Censos y los registros civiles propios de cada provincia no disponen de ninguna lista de frecuencia de nombres y apellidos en sus sitios web. En la prensa en línea pueden encontrarse, entre otras cosas, datos del Registro Civil de Buenos Aires con respecto a los nombres más frecuentes de los recién nacidos en el año 2014, donde se estiman los registros de nacimientos de los primeros 11 meses del año:

Tabla 13: los 10 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos en Buenos Aires en 2014 según los datos del Registro Civil de Buenos Aires.

 Nombres masculinosNombres femeninos
1ThiagoSofía
2BenjamínMartina
3JuanValentina
4SantinoMía
5MateoIsabella
6JoaquínMaría
7BautistaZoe
8SantiagoCatalina
9TomásEmma
10FelipeAlma

Fuente: Castro 2015.

El nombre de Sofía ocupa el primer puesto de las listas de frecuencia ya desde 2010. El nombre de Thiago, procedente de la abreviatura de Santiago en portugués (véase: Becker 2009a: 585), fue otorgado a 1.140 niños (el 3,36 % de los recién nacidos en Buenos Aires, y Sofía a 1.031 niñas (el 3,42 % de las recién nacidas) (Castro 2015).

El Registro Civil central de Chile publica en su sitio web listas de los 50 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos entre el 2000 y el 2010. A continuación, se ofrecen las listas de los 10 primeros nombres del año 2010: ← 36 | 37 →

Tabla 14: los 10 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos en Chile en 2010.

 Nombres masculinosNombres femeninos
1BenjamínMartina
2VicenteSofía
3MartínFlorencia
4MatíasValentina
5JoaquínIsidora
6AgustínAntonella
7CristobalAntonia
8MaximilianoEmilia
9SebastiánCatalina
10TomásFernanda

Fuente: RegistroCivil.cl (ed.): Nombres más comunes.

En el sitio web de la Registraduría Nacional de Colombia hay, entre otras, listas de los 10 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos entre los años 2000 y 2010:

Tabla 15: los 10 nombres masculinos y femeninos más frecuentes entre los recién nacidos en Colombia entre los años 2000 y 2010.

 Nombres masculinosNombres femeninos
1SantiagoValentina
2SebastiánMariana
3AlejandroDaniela
4NicolásNatalia
5SamuelValeria
6DanielIsabella
7MateoSofía
8AlexanderManuela
9EstebanJuliana
10DavidAlejandra

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil 2010.

La comparación de las listas de los 10 primeros nombres entre los recién nacidos demuestra que únicamente pocos nombres reflejan un carácter regional, como Santino y Bautista en Argentina, Isabella en Argentina y Colombia y Antonella en Chile; todos de origen italiano. Una serie de nombres son muy populares en ← 37 | 38 → al menos tres países: Alejandro (España, México y Colombia), el nombre «hispánico» par exellence María (España, México y Argentina), Martina (España, Argentina y Chile), Sofía (España, México, Argentina, Chile y Colombia), Valeria (España, México y Colombia) y Valentina (México, Argentina, Chile y Colombia). La inmensa mayoría de los nombres anteriormente mencionados son de la etimología latino-romana, griega y semítico-bíblica. Las excepciones son Hugo, Álvaro, Leonardo, Carla y Fernanda, de etimología germánica, además de Diego y Ximena, probablemente de etimología prerromana.

3.1.2.3. Motivación de los nombramientos y onomástica popular

En la era de la libertad de imposición de los nombres (Nübling et al. 2012: 115–116), por regla general los padres toman la decisión de qué nombre(s) llevará su hijo/a recién nacido/a. Sobre los criterios de elección del nombre, en la literatura científica se adoptan con frecuencia presunciones que, en ausencia de investigaciones empíricas, no se pueden demostrar. Parece plausible, por ejemplo, que el nombre de Leonardo (en séptima posición en la lista de los 10 primeros nombres entre los recién nacidos en México en 2013, véase la Tabla 12) se elija debido sobre todo a su presencia mediática (véase Leonardo DiCaprio). No obstante, mientras que no existan datos empíricos, queda por determinar si otros factores (como la percepción del nombre como eufónico, típicamente italiano o internacional; el nombramiento por Leonardo da Vinci; el gusto por la etimología germana y la historia del nombre o los relatos correspondientes, etc.) juegan, en muchos casos concretos, un papel al menos igual de importante. Pueden obtenerse datos directos sobre los motivos de la elección y la percepción de los nombres simples mediante entrevistas a los impositores y portadores de los nombres, aunque metódicamente hablando sería complejo y laborioso (Nübling et al. 2012: 118, véase Aldrin 2014 y el estudio a largo plazo Das Image von Namen de Bielefeld 2014). Entre las posibles fuentes de investigación onomástica todavía por descubrir se encuentran numerosas discusiones en línea de acceso público que revelan el proceso de búsqueda de los nombres para los bebés o las diversas opiniones sobre los nombres. A continuación, se analizan, a modo de ejemplo, comentarios seleccionados de la sección de foros del portal internacional aufemenin.com con contenido metaonímico con el fin de destacar el potencial de estos datos primarios para análisis cualitativos.

El portal aufemenin.com ofrece desde 1999 más de 40 sitios web y blogs sobre las temáticas: moda y belleza, amor y psicología, maternidad, horóscopo, etc., dirigidos al público femenino. En marzo de 2015, con la incorporación de múltiples idiomas, entre ellos francés, italiano, español, alemán, inglés, etc., el portal ← 38 | 39 → registró 42 millones de visitas por mes (Aufemenin.com (ed.), Accueil). En la sección abierta al público de la página web en español pueden encontrarse bajo la palabra clave «nombres» numerosos hilos con los siguientes títulos (fecha: mayo de 2016): «Leo o Leonardo» (6 respuestas), «¿qué os parece el nombre de niño aimar?» (13 respuestas), «Nombres clásicos pero poco oídos» (18 respuestas), «Son gemelas … 2 nombres!!» (28 respuestas), «Nombres que nos han conquistado por la tele o libros» (28 respuestas), «Nombres raros, originales, poco comunes de distintos idiomas para niños» (33 respuestas), «¿tan feo es mi nombre? icon» (36 respuestas), «Nombres unisex» (45 respuestas), «¿qué os parece noa/noah para niña?» (79 respuestas), «Nombres canarios…» (90 respuestas), «Pongan sus favoritos 5 nombres de niña e niños» (223 respuestas), «Nombres y significados» (335 respuestas), etc. Los títulos de los hilos mencionados manifiestan la amplia paleta de temas del discurso popular metaonímico en el portal estudiado. Los cuatro comentarios siguientes confirman la presuposición de que las fuentes y los métodos de la «netnografía» observante (véase Janowitz s. a.) pueden proporcionar una profunda perspectiva del proceso para encontrar un nombre:

Figura 1: comentario «Grimanesa» en el hilo «Nombres canarios» (Enfemenino.com (ed.): foro: Nombres canarios).

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Figura 2: comentario «Izam» en el hilo «Ayuda con estos nombres…ethan/izan, irune/istar» (Enfemenino.com (ed.): foro: Ayuda con estos nombres…ethan/izan, irune/istar).

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Figura 3: comentario «Mi nombre es genial» en el hilo «¿tan feo es mi nombre? icon» (Enfemenino.com (ed.): foro: ¿tan feo es mi nombre? icon).

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Figura 4: comentario inicial del hilo «Leo o Leonardo» (Enfemenino.com (ed.): foro: Leo o leonardo).

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Mediante estos ejemplos se puede determinar que un análisis de las conversaciones metaonímicas en línea14 puede responder empíricamente muchas de las preguntas abiertas hasta ahora sobre la motivación de los nombramientos, la onomástica popular y, cuando sea oportuno, de la pragmática de los nombres, por ejemplo:

¿Qué papel juega la etimología en la asignación de los nombres? La usuaria con el apodo «alhendin» (Figura 2) determinó, tras una búsqueda de nueve meses, que Ethan, nombre del que deriva la forma Izam, debe ser «un nombre inglés típico» de etimología hebrea con el significado de «poderoso, vigoroso». En cualquier caso, la búsqueda de la etimología surgió porque a la usuaria le gustó el nombre de un protagonista de una serie de televisión.

¿Qué conocimientos poseen los usuarios sobre la historia de los nombres simples? La usuaria «aurembiaix» menciona varios personajes históricos y figuras literarias con el nombre Grimanesa (Figura 1) y se muestra crítica con el significado de «amanecer gris» proporcionado por otras usuarias del foro. ← 41 | 42 →

¿Qué nombres se consideran «inapropiados para un bebé»? La usuaria con el apodo «pejipiji» (Figura 3) informa sobre la reacción negativa de su madre a la iniciativa en solitario de su padre, quien registró a una hija recién nacida con el nombre de Rebeca. A la madre este nombre le pareció «muy fuerte para un bebé». Según «pejipiji», un bebé evoca «un nombre dulce y suave»; no obstante, se debe pensar en que el bebé también va a tener que llevar ese nombre de adulto.

¿Qué actitudes muestran los usuarios hacia ciertos hipocorísticos de nombres particulares? Según la usuaria «pejipiji» (Figura 3), Rebe, Keka y Becky son hipocorísticos frecuentes de su nombre, Rebeca. Ella prefiere Rebe, tiene una actitud neutral hacia Keka y negativa hacia Becky.

¿A qué figuras literarias o protagonistas cinematográficos se deben las denominaciones? La usuaria «alhendin» (Figura 2) menciona el título español de la serie de televisión estadounidense «Thirtysomething» como fuente de inspiración para el nombre de su hijo. Izam sería una traducción al español del nombre Ethan.

¿Qué especificidades regionales deben tenerse en cuenta en el análisis de la motivación del nombramiento? En el hilo «nombres canarios» se clasifica como «canario» el nombre de pila Grimanesa (Figura 1) junto con otros nombres varios.

¿Por qué motivo se modifican los nombres corrientes de manera creativa? La usuaria «alhendin» (Figura 2) modificó la forma del nombre de niño ampliamente extendido Izan (posición 10 en la estadística española de los nombres más frecuentes entre los recién nacidos en 2014) a Izam tras haber comprobado que al invertir el orden de las letras se obtiene la palabra «nazi». De esta manera quería evitar a su hijo posibles problemas en la escuela.

¿Qué nombres se consideran internacionales en las familias binacionales? La usuaria «zznnbb» (Figura 4) está buscando un nombre internacional para su hijo porque su pareja es un «extranjero con apellido alemán» y quiere un nombre que resulte fácil de pronunciar «en todas las lenguas». Desde su punto de vista Leo o Leonardo son aptos para este fin.

¿En qué fases consiste el proceso de nombramiento y qué acciones caracterizan cada una de ellas (véase Aldrin 2014)? El comentario inicial del hilo «Leo o Leonardo» (Figura 4) proporciona un claro ejemplo de la fase de prueba del proceso de nombramiento: «a phase of testing when parents test how well the name suits the child or explore others’ reactions to the name» (Aldrin 2014: 394). La usuaria explica la problemática de la elección del nombre para su hijo (Leo le parece demasiado corto, así que prefiere el nombre Leonardo) y pide la opinión de las otras usuarias del foro. ← 42 | 43 →

3.2. Apellidos

3.2.1. Evolución y composición etimológico-semántica

Desde comienzos del siglo V, la mayoría absoluta de los ciudadanos del imperio romano llevaban un solo nombre individual (Kajanto 1990: 61). También en el período de transición entre la Antigüedad y la Alta Edad Media (siglos V–VI) y en la Alta Edad Media (siglos VI–IX) predominó en Europa occidental esta costumbre, que fue la norma en la península ibérica hasta los siglos XI–XII. A partir de la documentación medieval más temprana, que se restablece a finales del siglo VIII en el transcurso de la Reconquista, las personas podían ser identificadas de manera precisa a través de los datos de filiación o parentesco, localización o propiedad inmobiliaria, actividad profesional y clase social. Véanse los siguientes documentos en los que las personas con el mismo nombre se definen con mayor precisión: Rudesindus diaconus de Mendunendo sede … item Rudesindus filius Guterri a.919; domna Gutina … alia domna Gutina filia Albaro a.985; Pelagio Cidiz … alio Pelagio Cidiz de Asturias a.1068. La utilización continuada de estos datos junto con el nombre personal pudo convertirlos en sobrenombres fijos.

La mayoría de los apellidos hispánicos actuales se remontan a adiciones onímicas medievales. Los datos de filiación, el tipo de adición onímica más frecuente en la Edad Media, evolucionaron hasta dar lugar al tipo más extendido de apellido, véase García, Martínez, Fernández, González, Rodríguez, López, Sánchez, Pérez, Gómez, etc. (Kremer 2004: 19). Además del sufijo patronímico -´iz, muy frecuente en cualquier época, con sus variaciones -z, -oz, -zu, -eiz, -oiz, hoy en día -´ez, -oz (Rodericus Fernandiz a.915, Alvaro Garceiz a.971, domna Anderegoto Semenoitz a.1105), se podía posponer los nombres paternos al nombre (Dominico Christoforo / Dominico Christoforiz a.1065, Alvaro Didaz a.1013 / Alvaro Didaco a.1029), utilizar el genitivo latino (Adefonsus Auellini a.905, Didaco Azenari a.1076) o añadir la fórmula precedente filius / proles (Doretea filia Gundisalui a.1045, Gundisaluo prolis Luz a.1091) (Becker 2009a: 38–39).

Los datos de localización, entre ellos los nombres de ciudades, pequeñas localidades y bienes inmuebles, se utilizaban por regla general con la preposición de: Nunno Alvaro de Castella a.1016, Uela Fierez de Burgos a.959, Daniel presbiter de Coianka a.941, Alvaro Fortunez de villa Afovare a.1051 (Becker 2009a: 42–43). Los datos de localización y gentilicios originan la segunda categoría de los apellidos hispánicos, es decir, los apellidos toponímicos: Español, Aragonés, Toledo, Sevilla, Almagro, Aranjuez, Barrio, Villa, Villar, Torres, Castro, Corral, Iglesia, Barranco, Fuentes, Monte, Valle, Roca, Perales, Manzanares, Fresneda, etc. (Faure et al. 2001: XXIV–XXV). ← 43 | 44 →

A partir de los datos de actividad profesional y clase social que en la tradición medieval definían a los representantes de los estratos superiores (Cagido presbiter a.773, Iuniz notarius a.864, Furtun Cite alcalde a.1036), se desarrolló la categoría semántica de los apellidos formados por títulos profesionales: Abad, Sacristán, Conde, Hidalgo, Alférez, Escribano, Herrero, Molinero, Sastre, Pastor, Vaquero, Caminero, Pedrero, etc. (Faure et al. 2001: XXVII). Los oficios artesanales (Kezino carpentario a.942, Gonzalvo piscatore a.1044) y las características del portador del nombre (Maria cognomento Redonda a.1059, Belasco Calvo a.1034, Petro Esquierdo a.1197, Pelagius Millesolidos a.1150) aparecen raramente en relación con los nombres propios en la tradición medieval, lo cual con toda seguridad se explica debido a la reducida presencia de los no aristócratas en la comunicación jurídica (Becker 2009a: 45). Desde el siglo XII, los sobrenombres delexicales, es decir, extraídos del vocabulario cotidiano, son cada vez más visibles y de ellos deriva una gran cantidad de apellidos actuales. Entre las categorías semánticas más importantes de los sobrenombres delexicales que se convirtieron en apellidos extendidos cabe mencionar las siguientes: características corporales o personales (Curto, Chico, Gordo, Izquierdo, Crespo, Hermoso, Blanco, Rojo), designaciones de partes del cuerpo (Barba, Barriga, Cabeza), vestimentas (Zapata, Correa), objetos (Cuchillo, Machado, Espada, Carro), animales (Abeja, Gallina, Perro, Porco, Toro, Zorro), plantas (Cebolla, Hinojo, Puerro) y alimentos (Harina, Leche, Pimienta) (Kremer 1992: 470–471).

La herencia de sobrenombres, entre ellos sobrenombres delexicales, data de los siglos XII–XIII. La moda de nombres específicos que condujo a un empobrecimiento del repertorio antroponímico, la explosión demográfica (véase Kremer 1970–1982: §1, A.10; Kremer 1980: 102–103 y Kremer 1992: 463), la creciente importancia de la línea de sucesión y la afiliación familiar y otros cambios sociopolíticos como la creciente feudalización (Bourin 2002: 13) se encuentran entre las principales causas del cambio onímico radical: la formación de apellidos hereditarios. Sin duda, la necesidad —debida al desarrollo del sistema administrativo— de registrar a las personas en documentos de manera precisa, también jugó un papel (Brendler / Kouznetsova 2007: 730). Los casos de tradiciones familiares claras surgen al principio de manera esporádica, véase Pero Fernandez fijo de Pero Fernandez a.1253 (Kremer 1992: 466), mientras que la formación espontánea de patronímicos todavía era posible: Martin Perez fiio de don Pero el couo a.1262, don Diego Lopez fijo de Lope Dias el Chico a.1342 (Kremer 1992: 465). En algunos casos, en el listado de varios miembros de la familia, solo el hijo mayor lleva un sobrenombre: ego Uelascus una cum filiis meis, scilicet Iohannes de Sancta Marta, Bartholomeus, Lupus, Columba a.1226 (Kremer 1992: 466). ← 44 | 45 →

La causa de la aparición del sistema español de nombres dobles, es decir, la combinación de los apellidos del padre y de la madre, se debe aparentemente a la necesidad de «conservación de la correspondiente casa ancestral o tradición familiar en el nombre del heredero principal» (Kremer 1992: 467, traducción de L. B.). Entre otras causas posibles, se mencionan la homonimia de numerosos patronímicos con -ez y la influencia árabe-semítica (Moreu-Rey 1989, citado en Kremer 1992: 460).

El decreto del Concilio de Trento con respecto a la enumeración de los nombres en el registro parroquial en el momento del matrimonio y del bautizo dio lugar a una «solidificación del sistema característico del apellido doble» a partir del siglo XVI (Kremer 1992: 460, traducción de L. B.). No obstante, puesto que no se establecieron formas exactas de los nombres, el uso fluctuó fuertemente hasta la primera regulación legal (1879), por lo que el orden de sucesión de los apellidos no era fijo; los hijos de una misma familia podían tener apellidos distintos y los apellidos de dos generaciones no tenían que coincidir, por ejemplo: Pedro Martin Xuarez, hijo de Pedro Martin y Elbira Xuarez, frente a Francisco Hernandes y Ana Garçia, hijos de Francisco Garçia y Teresa Hernandes a.1586, Adam Perez fiio de Miguel Domingo a.1326 (Kremer 1992: 467).

En los primeros siglos después de la colonización, numerosos apellidos españoles se expandieron por el Nuevo Mundo. Las personas de ascendencia indígena a menudo posponían su nombre original al nombre cristiano otorgado en el bautismo, por ejemplo: Baltasar Fanchafue, Francisco Callajui y Diego Viltipoco, nombres de caciques indígenas en el noroeste de Argentina en el siglo XVII (Bustos Argañarás 2014: 18). En Perú, el uso oficial de los nombres y los sobrenombres se reguló en el Concilio de Lima de 1583 de la siguiente manera:

Para que se eviten los yerros… totalmente se les quite a los yndios el usar de los nombres de su gentilidad e ydolatría y a todos se les ponga nombres en el baptismo cuales se acostumbran entre christianos […] Mas los sobrenombres para que entre sí se diferencien, procurense que los varones procuren los de sus padres, las mugeres los de sus madres. (Capítulo 11: «De los nombres de los yndios», cita de Medinaceli 2003: capítulo «Lectura desde la historia», s. p.)

Tales sobrenombres servían, por tanto, explícitamente, el propósito de la identificación precisa de las personas con el mismo nombre, donde hombres y mujeres llevaban respectivamente el nombre de sus padres y madres como sobrenombre. No obstante, en la mayoría de los casos, la herencia de los mismos no ocurría ya que las siguientes generaciones adoptaban apellidos españoles. Por ejemplo, en un documento de 1732 en Córdoba (Argentina) una persona se llama tanto Agustín Macacotabi, con un sobrenombre indígena, como Agustín de Peralta, y ← 45 | 46 → sus hijos llevan en el mismo texto únicamente el sobrenombre de Peralta (Bustos Argañarás 2014: 19). En la segunda mitad del siglo XVIII, los sobrenombres de origen indígena como Cabiltuna, Chilote, Ucucha, Calilián, Yanguerca, Chiquillán, Tulián, Miebiec, etc., constituyen una excepción en la documentación jurídica centroargentina, mientras que en el noroeste del país se desarrolla una serie de apellidos hereditarios: Sigampa, Campillay, Chanampa, Millicay, Aballay, Alive, Tarcaya, Chancalay, Chaile, Samaya, etc. (Bustos Argañarás 2014: 19). En Bolivia y Perú se han empleado hasta hoy en día los siguientes apellidos de origen indígena (quechua y aimara): Quispe, Vilca, Huanca, Condori, Apaza, Mamani, Ayaviri, Caquiaviri, etc. (Bustos Argañarás 2014: 20). En Bolivia, algunos apellidos de etimología aimara se hispanizaron, por ejemplo Wituya se transformó en Bedoya, Quispe en Gisbert y Guarachi en Guachalla (Medinaceli 2003: capítulo «Lectura semántica», s. p.).

En la tradición, los esclavos llevan por lo general un nombre bautismal cristiano que, normalmente, suele ir seguido de un sobrenombre, por ejemplo, los esclavos Agustín Tutu, Antonio Alcaldero, Juan Pandy, Juan Canbundo, Antón Zuqui, Antonio Moncholo, Francisco de Cala e Isabel Mesra en un testamento de 1633 en Córdoba (Argentina) (Bustos Argañarás 2014: 21). Tales sobrenombres, convertidos en ocasiones en apellidos, estaban compuestos en el Perú colonial por etnias (angola, mandinga, carabalí, lucumí, etc.), lugares de origen (Biafra, Congo, Lima, Chiclayo, etc.), denominaciones de procedencia o residencia (limeño, panameño, chiclayano), razas (negro, mulato, zambo, pardo, etc.) y otros datos identificativos (Cuba Manrique 2002: s. p.). Desde mediados del siglo XVIII, en Argentina los esclavos comenzaron progresivamente a llevar el apellido del propietario, por ejemplo: José Tomás Baigorrí, «mulato azambado», vendido en 1744 por su propietario Gabriel de Baigorrí (Bustos Argañarás 2014: 21).

Desde el siglo XVIII, se estableció en España el uso del primer apellido por parte del padre y la madre respectivamente. Pero sólo con la implantación del Registro Civil en el año 1870 y de la penalización legal por la utilización de un apellido no registrado, se excluyeron totalmente las excepciones del sistema de doble nombre (Brendler / Kouznetsova 2007: 734).

En el siglo XIX, en varios países de Hispanoamérica el repertorio de apellidos se amplió debido a la inmigración procedente de Europa. En Argentina, una proporción considerable de la población lleva apellidos de procedencia italiana. Cacia 2012 esboza, por ejemplo, la historia de varios apellidos de origen piamontés en la provincia de Santa Fe desde los años 80 del siglo XIX hasta hoy en día: Balbi, Barbero, Baroni, Beltran, Costamagna, Ferrari, Ferrero, etc. ← 46 | 47 →

3.2.2. Situación actual

3.2.2.1. Marco legal

3.2.2.1.1. España

En España, la imposición del apellido se regula en el capítulo I «Inscripción de nacimiento», sección 2.a «Contenido de la inscripción de nacimiento», artículos 49–57 del Registro Civil actualizado en 2011 de la siguiente manera:

Artículo 49. Contenido de la inscripción de nacimiento y atribución de apellidos.

1. En la inscripción de nacimiento constarán los datos de identidad del nacido consistentes en el nombre que se le impone y los apellidos que le correspondan según su filiación. Constarán asimismo el lugar, fecha y hora del nacimiento y el sexo del nacido.

2. La filiación determina los apellidos.

Si la filiación está determinada por ambas líneas, los progenitores acordarán el orden de transmisión de su respectivo primer apellido, antes de la inscripción registral. […]

El orden de los apellidos establecido para la primera inscripción de nacimiento determina el orden para la inscripción de los posteriores nacimientos con idéntica filiación. En esta primera inscripción, cuando así se solicite, podrán constar la preposición «de» y las conjunciones «y» o «i» entre los apellidos, en los términos previstos en el artículo 53 de la presente Ley. (Agencia Estatal, Gobierno de España 2011)

El orden de los dos componentes del apellido se estableció por primera vez en el artículo 194 del Reglamento del Registro Civil de 1958: «apellido paterno es el primero del padre; materno, el primero de los personales de la madre aunque sea extranjera» (Fernández Pérez 2015: 28). Desde 1999 (Ley 40/1999), se permitió cambiar el orden de los apellidos a los padres o al portador del nombre mayor de edad (Fernández Pérez 2015: 28). Desde 2011, la madre y el padre pueden decidir libremente el orden antes de registrar el nacimiento en el padrón municipal; de este modo, la asignación tradicional del apellido paterno en primer lugar quedó definitivamente anulada. No obstante, todos los niños de un mismo linaje deben llevar apellidos idénticos, que se otorgarán tras el nacimiento del primer hijo. La posibilidad de las mujeres de conservar el apellido de soltera se estableció en el artículo 137 del Reglamento del Registro Civil de 1958 y permanece vigente hasta hoy: «La mujer casada se designará con sus propios apellidos, aunque usare el de su marido. La extranjera que, con arreglo a su ley personal, ostente el apellido de su marido, será designada con éste, pero se hará referencia, además, al apellido de nacimiento» (Agencia Estatal, Gobierno de España 2015). ← 47 | 48 →

3.2.2.1.2. México

En el Código Civil Federal mexicano de 1928, con su última modificación en 2013, se requiere la asignación obligatoria del primer apellido del padre («apellido paterno») en primer lugar, seguido del primer apellido de la madre:

Artículo 58. El acta de nacimiento se levantará con asistencia de dos testigos. Contendrá el día, la hora y el lugar del nacimiento, el sexo del presentado, el nombre y apellidos que le correspondan […]

En los casos de los artículos 60 [Para que se haga constar en el acta de nacimiento el nombre del padre de un hijo fuera del matrimonio…] y 77 [Si el padre o la madre de un hijo natural, o ambos, lo presentaren para que se registre su nacimiento…] de este Código el Juez pondrá el apellido paterno de los progenitores o los dos apellidos del que lo reconozca. (Cámara de diputados (ed.): Código Civil Federal)

Hasta el momento no se han permitido de facto desviaciones de este orden. En junio de 2014, la Asamblea Legislativa de México aceptó la siguiente modificación del artículo 58, la cual permite a los padres determinar el orden de los apellidos:

El orden de los apellidos será designado por acuerdo entre los padres y/o madres según sea el caso, y dicho acuerdo regirá para los demás hijos del mismo vínculo; en caso de desacuerdo, el orden se determinará bajo la regla general. (Reyes / Mejía 2015)

Sin embargo, esta modificación fue rechazada por una instancia superior (Consejería Jurídica y de Servicios Legales). Como justificación del rechazo se indicaron problemas inminentes en la expedición de certificados y del número de identificación personal (Clave Única del Registro de Población), así como de los carnés de identidad y de votante (Reyes / Mejía 2015). Sin embargo, en el año 2015 una jueza federal dictaminó un proceso judicial a favor de los padres, quienes tras el rechazo en el padrón municipal del distrito capital de Distrito Federal pudieron asignar a sus hijas el primer apellido de la madre seguido del primer apellido del padre (Reyes / Mejía 2015). Durante el transcurso del proceso judicial, el artículo 58 del Código Civil Federal se declaró anticonstitucional (Reyes / Mejía 2015). Las correspondientes modificaciones legislativas regionales que ceden a los padres la elección del orden de los apellidos ya se adoptaron en el distrito capital de Distrito Federal en el año 2014 (Ramírez 2014) y en Ciudad de México en el año 2015 (s. a. 2015b).

El derecho al nombre tras el casamiento no está regulado a nivel federal en México. Cada estado federal impone mediante su propia Ley del Notariado (LN), en la sección «De los documentos / instrumentos notariales», distintas reglas para el derecho al nombre de las mujeres casadas. En los estados federales de ← 48 | 49 → México (LN 2001) y Chiapas (LN 2012), entre otros, se prohíbe la modificación oficial del nombre de las mujeres tras el matrimonio: «Al expresar el nombre de una mujer casada, incluirá su apellido materno» (Secretaría de Gobernación (ed.), Ley del notariado del Estado de México; Procuraduría general de justicia del Estado (ed.), Ley del notariado para el Estado de Chiapas). En el Distrito Federal capitalino (LN 2000), las mujeres casadas pueden, en asuntos oficiales, añadir a sus dos apellidos originales el primer apellido o los dos apellidos del marido: «Sólo que la mujer casada lo pida, se agregará a su nombre y apellidos, el apellido o apellidos paternos del marido» (Colegio de notarios de Ciudad de México (ed.), Ley del notariado para el Distrito Federal). Esta última posibilidad no implica ninguna modificación oficial del nombre. Según el derecho consuetudinario, las mujeres casadas se designan a menudo con el primer apellido del marido y la preposición «de» antepuesta (Arce Gargollo 1991: 36).

3.2.2.1.3. Argentina

En Argentina, con el Código Civil y Comercial de la Nación de 2014 (artículos 64–67) entraron en vigor las siguientes regulaciones sobre los apellidos:

Artículo 64. Apellido de los hijos.

El hijo matrimonial lleva el primer apellido de alguno de los cónyuges; en caso de no haber acuerdo, se determina por sorteo realizado en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas. A pedido de los padres, o del interesado con edad y madurez suficiente, se puede agregar el apellido del otro.

Todos los hijos de un mismo matrimonio deben llevar el apellido y la integración compuesta que se haya decidido para el primero de los hijos.

Artículo 67. Cónyuges.

Cualquiera de los cónyuges puede optar por usar el apellido del otro, con la preposición «de» o sin ella.

La persona divorciada o cuyo matrimonio ha sido declarado nulo no puede usar el apellido del otro cónyuge, excepto que, por motivos razonables, el juez la autorice a conservarlo.

El cónyuge viudo puede seguir usando el apellido del otro cónyuge mientras no contraiga nuevas nupcias, ni constituya unión convivencial.

En comparación con la Ley 18248 de 1969, ambos padres, incluidas las parejas de un mismo sexo,15 están equiparados con respecto a la imposición del apellido: el hijo recién nacido recibe el primer apellido de uno de los padres. La ← 49 | 50 → anterior imposición obligatoria del apellido paterno se anuló también en el caso de discrepancia de elección entre los padres. Además, se brinda la oportunidad de añadir el apellido del otro progenitor. Todos los hijos de un mismo matrimonio deben llevar los mismos apellidos. En el artículo 67 también se regula la posibilidad de modificar el apellido al casarse: un cónyuge puede, por deseo propio, tomar el apellido del otro cónyuge, con o sin la preposición «de». Esta modificación también tiene por objetivo la igualdad entre parejas heterosexuales y homosexuales, así como entre hombres y mujeres, véase el pasaje correspondiente de la Ley 18248 de 1969: «Será optativo para la mujer casada, añadir a su apellido el del marido, precedido por la preposición “de”» (Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires (ed.): Ley N.º 18248. Nombre de las personas). En cambio, se retira la posibilidad de conservar el mismo apellido de casada tras el divorcio. Se elimina el pasaje sobre la posibilidad de una adaptación gráfica y fonética al español de los nombres no argentinos «de difícil pronunciación» (Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires (ed.): Ley N.º 18248. Nombre de las personas).

3.2.2.2. Apellidos frecuentes

Para la siguiente síntesis se tendrán en cuenta, exclusivamente, los datos directos de los institutos nacionales de estadística. Numerosos artículos en línea disponibles en portales de prensa (s. a. 2015c) o en la Wikipedia (artículo «Apellidos más comunes en España e Hispanoamérica») citan datos estadísticos del «portal genealógico» forebears.io, que, según sus propias declaraciones, desde 2012 agrupa y proporciona una gran cantidad de fuentes genealógicas en línea como Ancestry o FindMyPast. Sobre la base de estas fuentes, el portal ofrece listas de los 200 apellidos más frecuentes en diversos países. No obstante, los métodos de cálculo para estas estadísticas son totalmente opacos, lo cual inutiliza este material para las investigaciones onomásticas. No queda claro, por ejemplo, qué fuentes, períodos y combinaciones de nombres (por ejemplo ambos apellidos o solo el primero) concretos se analizan en el cálculo de los apellidos más frecuentes en el año 2014 en España (García con 1.489.445 resultados, González, Rodríguez, Fernández, López, etc.), México (Hernández con 2.534.379 resultados, García, López, Martínez, González, etc.) o Argentina (González con 369.119 resultados, Rodríguez, López, Fernández, García, etc.) (Forebears.io (ed.), España, México y Argentina) ← 50 | 51 →

3.2.2.2.1. España

A continuación, se extraen las primeras 20 entradas de la lista de los 100 primeros apellidos más frecuentes entre la población general española en el año 2015 según el cálculo del Instituto Nacional de Estadística español:

Tabla 16: los 20 primeros apellidos más frecuentes entre la población general de Espala (fecha: 1.1.2015).

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Únicamente dos apellidos de esta lista no son de origen patronímico: Moreno, sobrenombre originario con el significado «de piel oscura» y Romero, con el significado originario «peregrino a Roma».

La siguiente recopilación de los 20 primeros apellidos más frecuentes en seis provincias seleccionadas en el centro, norte, sur y suroeste de España, así como en las Islas Canarias, ilustra algunas características regionales específicas: ← 51 | 52 →

Tabla 17: los 20 primeros apellidos más frecuentes correspondientes a seis provincias seleccionadas de España (fecha: 1.1.2015).

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes.

Si bien las combinaciones de los 20 apellidos más frecuentes en las provincias mencionadas arrojan patrones de distribución distintos, deben marcarse como regionales únicamente dos apellidos de esta lista, ya que fuera de las provincias correspondientes apenas aparecen: Cánovas, de origen catalán, para Murcia (Faure et al. 2001: 204) y Marrero, de etimología desconocida, para Las Palmas y las Islas Canarias en conjunto (Faure et al. 2001: 499). Las diferencias entre los apellidos más frecuentes según el lugar de residencia y la provincia de nacimiento carecen de importancia en las provincias examinadas. Junto a los omnipresentes apellidos patronímicos como García, González, Fernández, Rodríguez, Martínez, López, Sánchez, Pérez, Álvarez, etc., los toponímicos Ortega, Peña, Iglesias, Molina, Cabrera, Vega, Quintana, Medina, Morales, Santamaría y Santana se encuentran entre los apellidos más frecuentes en las regiones mencionadas. ← 52 | 53 →

3.2.2.2.2. México

El Instituto Nacional Electoral mexicano restringe su acceso público a los datos estadísticos a los cinco apellidos paternos y maternos más frecuentes en México:

Tabla 18: los cinco apellidos paternos y maternos más frecuentes en México (fecha: 15.4.2015).

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Fuente: Instituto Nacional Electoral (ed.): Estadísticas Lista Nominal y Padrón Electoral.

Como en España (García, González y López entre los cinco primeros, Martínez en sexto lugar y Hernández en decimotercer lugar), los apellidos más frecuentes de México corresponden a los patronímicos.

Como ya se mencionó anteriormente, Hernández Hernández es, como se esperaba, la combinación más frecuente de los apellidos paterno y materno en México. La Tabla 8 anterior contiene los nombres propios más frecuentes en los 32 estados federales, incluidas las cadenas onímicas completas de hombres y mujeres en la estadística. Junto con las diferentes combinaciones de los patronímicos más difundidos como Martínez Martínez en Aguascalientes, García García en Baja California, López Hernández en Campeche o Pérez Pérez en Chiapas, llaman la atención Ceseña Ceseña en Baja California Sur (8 personas), Carrillo de la Cruz en Nayarit (13 personas), Valenzuela Valenzuela en Sonora (33 personas) y Chan Chan (11 personas) en Yucatán.

La siguiente sinopsis de los 18 apellidos paternos más frecuentes en estados federales seleccionados del centro, noroeste, norte y suroeste de México toma los datos del Instituto Nacional Electoral:

Tabla 19: los 18 primeros apellidos más frecuentes en seis estados federales seleccionados de México.

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Fuente: Instituto Nacional Electoral (ed.): Estadísticas Lista Nominal y Padrón Electoral.

Junto a los apellidos más difundidos del conjunto hispánico, como Hernández, García, López, Pérez, Martínez, Sánchez, González, etc., aparecen entre los 18 apellidos más frecuentes otros ampliamente extendidos en muchos estados mexicanos que en España se registran, en general, raras veces e indican, en ocasiones, un carácter regional: Flores (posición 60 en la estadística española de 2015), Cruz (posición 53 en España, 36 en Las Palmas), Reyes (69 en España, 27 en Santa Cruz de Tenerife, 32 en Córdoba, 34 en Cádiz, 37 en Las Palmas, 41 en Huelva y 41 en Sevilla), Chávez (no aparece en la lista de los 100 apellidos más frecuentes de España y los correspondientes 50 apellidos más frecuentes de las provincias individuales), Mendoza (49 en Las Palmas), Bautista (falta en las listas españolas, según Faure et al. (2001: 131–132) se encuentra a menudo en las Islas Canarias), Trejo (falta), Vargas (86 en España, 48 en Granada, 26 en Almería, 46 en Sevilla), Juárez (falta), Rojas (100 en España, 48 en Toledo como provincia de nacimiento). La amplia difusión de los apellidos actualmente característicos del sur de España y las Islas Canarias señala quizás a las huellas del «español atlántico»16 en los apellidos. Otras investigaciones cuantitativas podrían apuntar al posible vínculo histórico entre las regiones individuales de México, la España continental y las Islas Canarias. ← 54 | 55 →

Los apellidos de origen maya como Chan, Pech, Canul, May, Canche, Dzul, etc., en la provincia de Yucatán revelan la existencia de apellidos específicos en la península de Yucatán. Este «subsistema de apellidos» (Mateos 2010: 90) se confirma mediante análisis más amplios creados también para las provincias de Quintana Roo y Campeche. Entre otros de los apellidos mayas extendidos se encuentran: Chi, Poot, Uc, Balam, Caamal, Pool, Ku, Dzib, Cauich, Tun, Uicab, Olan, Moo, Cahuich, Ek, Puc, Huchin, Pat, Ake, Can y Couoh (Mateos 2010: 90). Las primeras encuestas cuantitativas muestran que aproximadamente el 60 % de la población mexicana lleva 548 de los tipos de apellidos más frecuentes (Mateos 2010: 76).

3.2.2.2.3. Colombia

En el sitio web de la Registraduría Nacional de Colombia se establece la siguiente lista de los 15 apellidos más frecuentes en Colombia. Se trata, probablemente, de los apellidos paternos; faltan datos más detallados al respecto.

Tabla 20: los 15 apellidos más frecuentes en Colombia en el año 2010.

 ApellidosFrecuencia absoluta
1Rodríguez707.786
2Gómez537.843
3González531.484
4Martínez530.721
5García524.835
6López509.880
7Hernández454.471
8Sánchez449.750
9Ramírez427.404
10Pérez418.660
11Díaz388.419
12Muñoz293.759
13Rojas286.038
14Moreno265.374
15Jiménez261.391

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil 2010.

El único apellido de esta lista que no se puede considerar como uno de los apellidos más difundidos del conjunto hispánico es Rojas (véase más arriba).


9 En los documentos escritos, prácticamente todos los nombres de los inmigrantes procedentes de Italia se adaptaron a las costumbres antroponímicas hispánicas, lo cual dificulta la identificación de los nombres de pila de origen italiano: Francesco > Francisco, Battista > Bautista / Baptista, Ovidio > Obidio, Giacomo > Santiago, Giovanni > Juan, Giuseppe > José, etc. (Cacia 2012: 26).

10 Con seguridad, una comparación sistemática de los nombres de pila menos comunes daría lugar a resultados muy interesantes.

11 Los nombres compuestos Miguel Ángel, José Antonio, José Manuel y Francisco Javier ocupan las posiciones 84, 88 y 98 de la lista de los 100 primeros, mientras que los nombres advocativos no aparecen.

12 La orientación hacia los nombres con carácter regional se hace patente en las comunidades autonómas plurilingües de España ya desde los años 80 del siglo XX tras la correspondiente modificación legislativa de 1977. Hafner (2004: 216–217) constata que durante el período comprendido entre 1968 y 1982, en el País Vasco y Cataluña van surgiendo nombres vascos y catalanes respectivamente, mientras que en Galicia la situación no se altera.

13 El nombre femenino Jimena se encuentra en el puesto 46 de la lista de los 100 nombres de pila más frecuentes entre los recién nacidos en España en 2014; la variante Ximena no aparece (Instituto Nacional de Estadística (ed.): Apellidos y nombres más frecuentes).

14 Con respecto al análisis de corpus en línea, véase Fraas / Pentzold 2008. Con respecto a las identidades en línea, véase Androutsopoulos 2006 y Döring 2010. Finalmente, con respecto a los métodos de la lingüística del discurso, véase Spitzmüller / Warnke 2011.

15 En la Ley 26618 de 2010 se establece la primera normativa con respecto a los padres homosexuales: «Los hijos matrimoniales de cónyuges del mismo sexo llevarán el primer apellido de alguno de ellos» (Fernández Pérez 2015: 647, nota 1290). En el caso de los padres heterosexuales, se mantiene la imposición obligatoria del primer apellido del padre.

16 Véase Becker en prensa.