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Viajeros, diplomáticos y exiliados

Escritores hispanoamericanos en España (1914–1939) – Vol. III

by Carmen de Mora (Volume editor) Alfonso García Morales (Volume editor)
Edited Collection 536 Pages

Summary

Tras un largo desencuentro con los países hispanoamericanos desde las luchas independentistas, hubo en España un período de intensa actividad americanista en el que se fortalecieron los lazos culturales entre ambas orillas: fue el comprendido entre fines del siglo XIX – unos años marcados por la celebración del Cuarto Centenario del descubrimiento y el Desastre del 98 – y la Guerra Civil. Los estudios aquí reunidos constituyen una primera entrega de un Proyecto de Investigación de Excelencia, coordinado desde la Universidad de Sevilla y con participación internacional, sobre las relaciones culturales y literarias que mantuvieron escritores e intelectuales hispanoamericanos con sus homólogos españoles con motivo de la presencia de aquellos en España entre 1914 y 1939. Prestigiosos especialistas examinan sus producciones, indagan sobre cómo y en qué círculos se integraron, de qué manera interactuaron e influyeron en el ambiente intelectual y literario, qué grado de participación tuvieron en la vida social a través de cargos, posicionamientos políticos, redes intelectuales y literarias o escritos de opinión; y, cuando estalló la Guerra Civil, en qué medida se implicaron en el conflicto y qué repercusiones tuvo éste en sus obras. En ese contexto, se entiende el marco transatlántico como un espacio de reflexión, debate e intercambio del que se beneficiaron tanto latinoamericanos como españoles.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor/el editor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • Primera parte. Caribe COordinador: Rosa Pellicer
  • Intelectuales cubanos y puertorriqueños en España (1920-1939). De la euforia intelectual al compromiso político
  • Quince años de euforia intelectual (1920-1935)
  • Solidaridad con la España que defiende la República (1936-1939)
  • Bibliografía
  • La cultura hispánica, puente entre orillas. La España de Pedro Henríquez Ureña
  • Estado de la cuestión
  • En la orilla de España
  • A modo de conclusión
  • Bibliografía
  • Balseiro en Madrid. De joven hacendado puertorriqueño a intelectual cosmopolita
  • La autobiografía de un intelectual de ambos mundos
  • Balseiro ensayista y crítico literario
  • Un intelectual de la generación del treinta
  • Bibliografía
  • Instantáneas españolas y tarjeteros cubanos. El periodismo literario de supervivencia de Lino Novás Calvo en la Segunda República española
  • Galicia-Cuba: viajes de ida y vuelta
  • La realidad intelectual española: Chacón y Calvo y el Ateneo de Madrid
  • Las revistas españolas. La huella en Revista de Occidente y La Gaceta Literaria
  • Crónicas de la guerra civil
  • Bibliografía
  • Alejo Carpentier y sus viajes a España
  • Bibliografía
  • “Con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos”. Pablo de la Torriente Brau en la Guerra Civil Española
  • Pablo de la Torriente y sus relaciones político-intelectuales en España
  • Publicaciones españolas en torno al escritor de “naturaleza solar”
  • Homenajes literarios a “aquel gigante alborozado”
  • La guerra desde dentro
  • Bibliografía
  • Unamuno, Marinello y Mañach. Encrucijadas martianas
  • Bibliografía
  • Segunda parte. Colombia Y Venezuela Coordinador: Daniel Mesa Gancedo
  • Vargas Vila en España. Preparativos para la inmortalidad
  • Bibliografía
  • Ramón Vinyes y los retos de la nueva crítica latinoamericana en la revista Voces (1917-1920)
  • Del “extranjero incómodo” al sabio catalán. Vinyes y los nuevos derroteros de la crítica colombiana
  • Voces, una revista que se reinventa. De la solemnidad del obituario al desparpajo publicitario
  • Bibliografía
  • La España de Rufino Blanco-Fombona. Patria o Exilio
  • Madrid y el placer de dirigirse en su lengua nativa
  • Escritor americano, periodista español
  • En España terminaré mis días
  • Bibliografía
  • Jorge Zalamea, diálogo con Federico García Lorca
  • La travesía de Zalamea
  • Zalamea ante la vanguardia política de los años veinte y treinta
  • Zalamea y Federico García Lorca: dos posturas poéticas
  • Las cartas de Lorca: testimonio de una intensa amistad
  • Viaje de vuelta: de la política a la literatura
  • Bibliografía
  • Vivencias españolas de Rómulo Gallegos
  • Primeros viajes
  • Residencia en España
  • Relaciones con la España peregrina
  • Bibliografía
  • Tercera parte. Ecuador Coordinador: Francisca Noguerol
  • “España no está sola”. Del localismo a la fraternidad hispánica en las letras del Ecuador (1914-1939)
  • Primera etapa: el tropiezo de los ismos. Rechazo y transculturación
  • Segunda etapa: Fervor socialista y sensibilidad internacional
  • Bibliografía
  • César E. Arroyo y su tránsito por España (1912-1937)
  • Llegada a España
  • La revista Cervantes (1916-1920)
  • José Brisa, “su” Parnaso ecuatoriano y una aclaración obligatoria
  • Mirando a España
  • Bibliografía
  • “España, luz del mundo”. Jorge Carrera Andrade y la guerra civil
  • El viajero y su crónica
  • Nuestra España
  • Carta al General Miaja
  • Bibliografía
  • La legibilidad del mundo vanguardista de Humberto Salvador
  • ¿De qué vanguardia se escribe?
  • Metáforas que no migran
  • Biografía e ideas
  • Bibliografía
  • Demetrio Aguilera Malta en España. Realidad y ficción de la guerra civil
  • Lección y tragedia: una guerra ni civil ni española
  • Aguilera Malta en España
  • Escrito en Madrid: ¡Madrid! Reportaje novelado de una retaguardia heroica
  • El regreso a Ecuador y España leal
  • Experimento en el ensayo ficcional: La revolución española a través de dos estampas de Antonio Eden
  • Bibliografía
  • Cuarta parte. Perú Coordinador: Inmaculada Lergo Martín
  • Escritores peruanos en España (1914-1939)
  • 1914-1918. Entre la institución literaria y la diplomacia
  • 1919-1930. Exiliados y residentes. El movimiento Colónida y los primeros vanguardistas en la vida literaria española
  • 1931-1939. Primacía de la vanguardia republicana y marxista
  • Bibliografía
  • Un peruano inverosímil, Felipe Sassone (Lima, 1884 – Madrid, 1959)
  • Bibliografía
  • Obras de Felipe Sassone
  • Novela
  • Novela corta
  • Crónica de viaje y crítica literaria
  • Taurología
  • Ensayo
  • Biografía
  • Poesía
  • Aforismos
  • Memorias
  • Teatro
  • La triangulación del sentimiento nacional en el Diario de Alberto Hidalgo
  • Perú: el “sentimiento de patria”
  • Argentina: ese “país impersonal”
  • España: “esa sangre pequeña”
  • Bibliografía
  • Egocentrismo y literatura. La linterna de Diógenes (1921), de Alberto Guillén
  • Bibliografía
  • Peregrinaciones de una Palma. Angélica Palma (Perú, 1878 – Argentina, 1935)
  • Bibliografía
  • Un Maelstrom urbano. Reflexiones sobre vanguardia y modernidad en la narrativa de Rosa Arciniega
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • Bibliografía
  • De Puno a Guadarrama, la “geografía sentimental” de Oquendo de Amat
  • Un poeta y Cinco metros para la vanguardia
  • 1a. Geografía: Lima, la ciudad de la locura
  • 2a. Geografía: ciudades “encendidas como flores”
  • 3a. Geografía: la amada, un “mapa de música”
  • 4a. Geografía: frente al puerto, el mar
  • Paisaje final: la geografía no vivida
  • Bibliografía
  • César Vallejo y la Guerra Civil española (Para una poética trasatlántica)
  • Bibliografía
  • Índice general de la obra
  • Collección Trans-Atlántico
  • Literaturas
  • Comité científico

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PRIMERA PARTE
CARIBE

COORDINADOR: ROSA PELLICER

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Intelectuales cubanos y puertorriqueños en España (1920-1939)

De la euforia intelectual al compromiso político

Carmen ALEMANY

Universidad de Alicante

Las estadías de los intelectuales cubanos y puertorriqueños en España desde la década de los veinte hasta el final de la Guerra Civil no fueron, en su mayoría, prolongadas. Sin embargo, las relaciones de estos con sus homónimos españoles sí fueron intensas; una intensidad que se calibraría en amistades que contribuyeron a que escritores de aquellas latitudes tuviesen su espacio en las publicaciones españolas y cierta resonancia en los cenáculos literarios madrileños. Asimismo, y a medida que el siglo XX avanzaba, el paso de aquellos intelectuales por España fue aumentado debido al respaldo que muchos de ellos ofrecieron a la causa republicana durante la Guerra Civil española. En cualquiera de los casos, la presencia cubana siempre fue más numerosa que la puertorriqueña.

Los intelectuales cubanos y puertorriqueños que pisaron tierras españolas en el período de entreguerras se encontraron con un país reinado por Alfonso XIII (entre 1902 y 1930) en el que, como muestra de modernidad, se inauguró el metro de Madrid y se vivieron intensas huelgas en La Canadiense de Barcelona, todo ello en 1919. Durante este reinado se implantó la dictadura de Primo de Rivera (entre 1923 y el 28 de enero de 1930), aunque algunas escaramuzas tuvieron lugar –la más notable fue la Sanjuanada de 1926– para derrocar al dictador. El gobierno de Primo de Rivera se cerraría con la Exposición Universal de Barcelona y la Iberoamericana de Sevilla.

La salida del rey del poder acabó sin remisión con el inicio de la Segunda República el 14 de abril de 1931 y con Niceto Alcalá Zamora como Presidente. Durante su mandato se concedió el voto a las mujeres, se aprobó el estatuto catalán, se realizó una Reforma Agraria y fracasó el golpe de Estado del general José Sanjurjo. Alcalá Zamora fue sustituido por Alejandro Lerroux en 1933; fecha en la que Primo de Rivera fundó la ← 13 | 14 → Falange Española y la CEDA ganó las elecciones. Un año después, tuvo lugar la Revolución de Asturias, que conmovió tanto a los intelectuales españoles como a los latinoamericanos que residían en la convulsa España de aquellos días.

Tras estos acontecimientos, el 18 de julio de 1936 dio comienzo la sangrienta Guerra Civil entre las llamadas dos Españas; una encabezada por el general insurgente Francisco Franco, y otra por el gobierno que ganó legítimamente las elecciones. Los intelectuales latinoamericanos se decantarán por la España republicana y muestra de ello fue su activa participación en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (1937). El desenlace ya es conocido. España, a partir del 1 de abril de 1939 –año en el que comenzó la Segunda Guerra Mundial–, vivirá una larga dictadura de consecuencias irreparables: confinamientos, asesinatos, exilios, autarquía y autoritarismo.

Dado que la presencia de estos intelectuales en la península no fue continua y, como anunciábamos antes, la Guerra Civil propició sus estadías y contactos en nuestras tierras; marcaremos dos momentos temporales para el análisis de la labor que estos artistas y escritores cubanos y puertorriqueños realizaron en España. En primer lugar nos ocuparemos de su presencia desde los años 20 hasta el comienzo del conflicto civil, y un segundo momento que se ubicaría entre el inicio y el final de la Guerra española.

Quince años de euforia intelectual (1920-1935)

Como inicio de estos años de euforia intelectual, convendría recordar las palabras de Jorge Domingo Cuadriello sobre cómo se inició la amistad entre los intelectuales cubanos y los españoles:

Los libros, los folletos y las revistas literarias impresos en España circulaban casi de inmediato en Cuba y las obras de autores cubanos comenzaron a conocerse de un modo más amplio en la ex-Metrópoli. Como continuación de aquellos vínculos tan beneficiosos para las dos partes vamos a encontrar poco después el surgimiento de relaciones recíprocas entre los integrantes de un nuevo movimiento poético conocido como la Generación del 27 y Cuba. (2008: 100)

Estas relaciones de índole intelectual se complementaron con otras de corte político como que “en 1929, las dictaduras de Primo de Rivera y Gerardo Machado llegaron a un insólito acuerdo. En Cuba, se creó una comisión pro-monumento al soldado español; y, en España, otra pro-monumento a Cuba y al General Machado, como presidente de la República”; sin embargo, tras la caída de Primo de Rivera y la proclamación de la Segunda República, “en mayo de 1931, por iniciativa ← 14 | 15 → de Marinello en una carta a Luis Jiménez de Asúa, los cubanos enviaron un manifiesto a sus amigos españoles para pedirles que movilizaran a la opinión pública y evitaran la terminación de un monumento de homenaje a un dictador cubano, en la Plaza del Salvador, Parque del Retiro” (Cairo, 2008: 168-169).

Uno de los primeros intelectuales, en este caso un poeta, que más intensamente vivieron aquellos años de euforia intelectual entre España y Cuba fue Mariano Brull (1891-1956). Nacido en Camagüey, donde estaba destinado su padre, un oficial del ejército español, pasó su infancia en Ceuta y en Málaga. Asimismo, su primer libro, La casa del silencio, salpicado de ecos juanramonianos, fue publicado en Madrid, en 1916, en la Imprenta de M. García y Galo Sáez. Será a mediados de la década de los 20, entre 1925 y 1926, cuando el poeta decida residir en la capital de España. Aquí, “Brull entró fugazmente en contacto con el ambiente cultural madrileño y se vio especialmente influido por la poesía de los jóvenes que con el tiempo se conocerían como generación o grupo del 27”; relación que fue especialmente decisiva para el cambio de la poesía del cubano: “en 1926 y al contacto con la poesía española, Brull confirma el cambio de orientación de su estética” (García, 1991: 184). No es extraño que la sensibilidad poética de Brull fuera muy afín a los del 27, ya que tanto uno como otros pretendieron fusionar pureza y vanguardia; pretensiones que se fueron sedimentando en las reuniones de los cafés literarios frecuentados por muchos de los mejores poetas españoles del siglo XX: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre y otros (Müller-Bergh, 2000: 46). Un ejemplo más de coincidencia estética lo encontramos en que tanto el poeta cubano como Jorge Guillén fueron traductores de Le cimetière marin de Valéry1. Asimismo, Mariano Brull, en este tiempo madrileño, fue uno de los miembros del efímero grupo SIC.

Estas relaciones siguieron presentes también desde París, ciudad en la que el poeta se instaló entre 1927 y 1934, y desde donde realizó algunos viajes a la capital española. Por ello no es extraño que Federico de Onís lo incluyese en su antología de 1934, o que su libro esencial, Poemas en menguante (publicado en París en 1928), fuese reseñado posteriormente por Benjamín Jarnés en Ariel disperso (1946) (Bonet, 1995: 120).

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Al igual que algunos poetas de la generación del 27, y otros próximos como Miguel Hernández, Mariano Brull escribió un poema a raíz de la muerte del que fuera icono artístico de esta generación, el torero Ignacio Sánchez Mejías; esa composición, “Duelo por Ignacio Sánchez Mejías”, fue incluida en Poèmes (1939) y reeditada en Solo de rosa, un libro del año 41 que fue publicado en La Habana en la imprenta La Verónica, fundada por Manuel Altolaguirre en su exilio cubano.

Otro poeta contemporáneo de Mariano Brull, considerado cubano pero oriundo de Madrid, es Eugenio Florit (1903-1999). Al igual que el autor de Poemas en menguante, pasó su infancia y su adolescencia en España; vivió en Barcelona y en Port Bou hasta que se trasladó a La Habana en 1918. Las vinculaciones que este escritor mantuvo con los poetas españoles coetáneos fueron fundamentalmente de amistad y de referencias literarias. La presencia de algunos poetas del 27 –fundamentalmente Lorca, Alberti y Guillén– son palpables en las décimas de su poemario Trópico (1930), y de destacar es la relación de afecto intenso que mantuvo con Juan Ramón Jiménez durante la estancia de este en Cuba; una relación que, entre otras cosas, se vio plasmada en el prólogo que el andaluz escribió para su libro Doble acento de 1937. Con posterioridad, compartió la dirección de la Revista Hispánica Moderna de New York junto a Federico de Onís y Ángel del Río, hasta que la asumió totalmente en 1962.

De otro cariz fue la relación de Emilio Ballagas (1908-1954) con España. El escritor purista, quien asumió no pocos hallazgos de la vanguardia y cultivó la llamada poesía negra, tendrá entre sus referentes poéticos a algunos escritores del 27, los mismos que Eugenio Florit: Jorge Guillén, Federico García Lorca, Rafael Alberti, además del siempre presente Juan Ramón Jiménez (Fernández, 2007: 16-17). Su admiración por la poesía española del momento le llevó a establecer relaciones que se materializaron en la publicación, en el año 31, del poema “Comparsa habanera” en La Gaceta Literaria de Madrid.

Su afán por difundir la poesía negra cubana, pero también la que sobre esa temática se escribió en Hispanoamérica, se plasmó en la publicación de la Antología de poesía negra hispanoamericana, que fue editada en Madrid, en la editorial Aguilar, en 1935. En ella se incluían diecisiete poetas, trece de ellos cubanos y un español, Federico García Lorca y su conocido “Son”, composición que fue escrita durante su estancia en Cuba y publicada por primera vez allí, en Musicalia. Su relación con España se dilataría durante la Guerra Civil española como ya veremos en páginas posteriores.

De poetas relevantes a un narrador imprescindible, Alejo Carpentier (1904-1980), que desde París –ciudad en la que residió entre 1928 y 1939 (sin contar con otras estancias posteriores)– visitaría en ocasiones nuestro país. Carpentier era corresponsal para Caretas y Social, y en la primera de ← 16 | 17 → ellas editó una entrevista a Rafael Alberti, en el año 1931; pero además, estas dos publicaciones le sirvieron de plataforma para reflexionar en más de una ocasión sobre la cultura en la España republicana como lo hizo también a través de la emisora “La Poste Parisien”, en la que comenzó a trabajar en otoño de 1932. Poco tiempo antes, y como nos recuerda Juan Manuel Bonet, tradujo en 1929 al francés un texto de Ramón Gómez de la Serna sobre el cante jondo (1995: 141).

Entre 1933 y 1934 frecuentó la capital de España, y como nos dice el propio autor: “allí trabé amistad con Lorca, Salinas, Marichalar, Pittaluga y muchos otros” (Leante, 1977: 64). En este tiempo madrileño, el autor de La consagración de la primavera

festejó la caída de la tiranía de Machado en Madrid, donde estaba residiendo el poeta y narrador cubano Félix Pita Rodríguez. Se encontró con Luis Araquistain y Julio Álvarez del Vayo, quienes junto a Juan Negrín dirigían la Editorial España. Araquistain decidió publicarle su primera novela, Ecue-Yamba-ó (1933, aunque circuló en 1934). Escribió “Retrato de un dictador” para la revista Octubre. (Cairo, 2008: 169)

Como nos amplía Carmen Vásquez, “El viaje a Madrid fue inolvidable para Carpentier. Allí se encontró con un amigo de los días de Montparnasse: John Dos Passos. Sobre todo, allí alternó con los más grandes poetas de su generación: con Alberti y Altolaguirre, con Federico García Lorca, José Bergamín, Antonio Marichalar. Al año siguiente [1934] también viajó a España, en diciembre, trasladándose a la capital por invitación del propio García Lorca, para el estreno de Yerma en el Teatro Español” (1980: 182).

Otro narrador, y también periodista, Lino Novás Calvo (1903-1983), nacido en una aldea de A Coruña, tras fijar su residencia en Cuba en 1912 regresó a España en 1931 como corresponsal del semanario gráfico Orbe. Desde sus páginas contó para aquel país y para el resto de América Latina la situación política y social (el teatro, los toros, la vida capitalina) de la España republicana. Entrevistó a figuras relevantes como Fernando de los Ríos, Antonio Marichalar, Eugenio D’Ors o Carmen de Burgos; pero su llegada a tierras españolas no fue fácil, y así se mostraba de crítico en una carta no fechada a Fernández de Castro sobre el ambiente literario español: “El problema del escritor nuevo es bastante difícil aquí, tanto o más que ahí. Los mismos ‘consagrados’ no están muy bien. ¿Dónde está el ‘ambiente’ literario que nos figurábamos desde ahí? Nada; se reduce a unas cuantas intriguillas. No hay espacio. No hay dónde publicar un mal –tiene que ser malo, porque si no es peor– cuento” (Novás). Sin embargo, no tardó en colaborar con relatos y reseñas de libros en la Revista de Occidente, convirtiéndose en el escritor latinoamericano más representado en esa publicación. Asimismo, la editorial Espasa-Calpe ← 17 | 18 → le encargó para la colección “Vidas extraordinarias” una autobiografía novelada de Pedro Blanco el negrero que fue elogiada por Miguel de Unamuno. A comienzos de 1936 se trasladó a Barcelona y allí publicó la novela Un experimento en el barrio chino. El inicio de la guerra lo sorprendió en Asturias, donde hacía un reportaje sobre el sistema penitenciario; regresó a Madrid para colaborar con el ejército republicano como oficial de enlace de la tropa comandada por Valentín González, El Campesino.

Relacionada con la figura de Alejo Carpentier está la del pintor vanguardista Carlos Enríquez Gómez (1901-1957), miembro también de la generación de revista de avance. Residió en España en los años treinta y fue el propio Alejo Carpentier quien relató en una de sus crónicas la relación del pintor con Alberti, María Teresa León o Altolaguirre (Bonet, 1995: 218). Desde Madrid, y por influencia de pintores de antaño como El Greco y Goya, pero también coetáneos como Salvador Dalí, Carlos Enríquez dio un giro en su obra pictórica acercándose al expresionismo y al surrealismo; tal como se pudo comprobar en la exposición que tuvo lugar en 1933 en el Salón del Patronato español de Turismo de Madrid.

Asimismo, en la década de los 30, el pintor Mario Carreño (1913-1999) residió en España. Fue en el 34 cuando comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y tempranamente entabló amistad con Alberti y con el poeta chileno Pablo Neruda, que en esas fechas residía en la capital. Sin embargo, entre los pintores cubanos residentes en el Madrid de aquellas décadas resalta la presencia del principal pintor vanguardista cubano, Wilfredo Lam (1902-1982). Estudiante, al igual que Carreño, de la Academia de San Fernando, permaneció en nuestro país desde 1923 hasta 1938, fecha en la que se trasladó a París y entró en contacto con el pintor español Pablo Picasso, con quien sostuvo estrecha amistad y quien le abrió las puertas a un amplio círculo de artistas y escritores: Michel Leiris, Henri Matisse, Fernand Léger, Benjamín Péret o el español Joan Miró.

También el ensayista Jorge Mañach (1898-1981) estudió pintura en Madrid unos años antes, entre 1908 y 1913, y su relación con la vida cultural española la tomaremos de las palabras de Juan Manuel Bonet:

Su Glosario (La Habana, Cervantes, 1925) revela, desde su título mismo, influencia orsiana. Jarnés reseñó en su momento Estampas de San Cristóbal (La Habana, Minerva, 1926) –impreso en los Talleres Espasa-Calpe– y su conferencia Indagación del choteo (1929); ambos textos fueron recogidos en Ariel disperso (1946). Colaboró en el Almanaque de las Artes y las Letras para 1928 y en Tierra Firme. Escribió una biografía de Goya y publicó, en la colección “Vidas españolas del siglo XIX”, otra en torno a José Martí, el apóstol (Madrid, Espasa-Calpe, 1933). En el Nueva York de la posguerra ← 18 | 19 → escribió con Francisco García Lorca la comedia inédita Consonancias peligrosas o el triunfo del Hispanismo. Muchos años después publicó Visitas españolas (Madrid, Revista de Occidente, 1960). (1995: 397-398)

Otro notable ensayista cubano, y también poeta, Juan Marinello (1898-1977), miembro de la redacción de la revista de avance, estudió en la ciudad catalana de Vilafranca del Penedés (Barcelona), de donde procedía su padre, durante los años 1910-1912; regresaría a España, a Madrid, en 1921 y hasta 1922, para realizar estudios de derecho en la Universidad Central de Madrid, actual Complutense. Como señala Juan Manuel Bonet:

Colaboró en Almanaque de las Artes y las Letras para 1928, Bolívar y La Gaceta Literaria. Aquí vieron la luz sus libros Liberación (Madrid, Mundo Latino, 1927) y Poética. Ensayos en entusiasmo (Madrid, Espasa-Calpe, 1933). En 1928 Ledesma Ramos reseñó en La Gaceta Literaria su conferencia Juventud y vejez; también escribió sobre ella Jarnés un texto posteriormente recogido en Ariel disperso (1946), al igual que el que dedicó a Liberación (1995: 399).

Sin embargo, sus relaciones con la intelectualidad española tuvieron lugar en la isla de Cuba. Cuando García Lorca llegó a La Habana el 6 de marzo de 1930 procedente de Nueva York le esperaban, entre otros, José María Chacón y Calvo, el periodista Rafael Suárez Solís y Juan Marinello como representante de la Institución Hispano-Cubana de Cultura, de la que era secretario. Recordemos que el poeta granadino fue invitado por esta institución para dictar conferencias en algunas ciudades cubanas. Conviene asimismo recordar que esta institución, creada en el año 26, se encargó de intensificar los nexos con la intelectualidad española de ideas progresistas. Como subraya Ana Cairo, “sociedades regionales españolas le brindaban cierto apoyo económico y los periodistas le garantizaban una adecuada propaganda” (2008: 168). Fueron huéspedes de honor de la Institución, entre otros, Luis Jiménez de Asúa y Luis Araquistain.

Cinco años después de que Federico García Lorca visitara La Habana, le secundó Rafael Alberti, quien visitó a Marinello, preso en el Castillo del Príncipe por su militancia comunista; a él “y a todos los escritores antiimperialistas de América” dedicó 13 bandas y 48 estrellas (1935). Durante la Guerra Civil, Marinello se alineó con la República y su presencia en el Congreso de Escritores fue notoria.

El erudito cubano José María Chacón y Calvo (1892-1969), entre 1918 y 1936, con algunas interrupciones, residió en Madrid desempeñando un cargo diplomático en la Legación de Cuba y entabló amistad, entre otros, con García Lorca y Gregorio Marañón, y publicó sus Ensayos de literatura española (1928) o La experiencia del indio (1934). Vivió el comienzo de la guerra y sus opiniones sobre el conflicto distan de la tónica general de sus compatriotas tal como veremos en páginas posteriores.

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Menos significativa fue la presencia en estos años de los intelectuales puertorriqueños, y los nombres los podemos reducir a tres: Ricardo Pérez Fonseca (1892-1950), Evaristo Ribera Chevremont (1896-1976) y Emilio R. Delgado (1901-1967). El primero de ellos, crítico de arte y poeta del “postumismo” puertorriqueño, colaboró en la Gaceta de Arte, y en 1934 participó en una monografía sobre Julio González publicada en Madrid (Bonet, 1995: 471-472). El también poeta Evaristo Ribera Chevremont durante su estancia en España, entre 1919 y 1924, entró en contacto con los poetas ultraístas, una influencia que hizo cambiar su estética marcadamente modernista por otra más afín al citado movimiento de vanguardia, tal como puede comprobarse en La hora del orífice (1929) y en obras posteriores. Por su parte, Emilio R. Delgado –poeta, prosista y periodista–, escritor muy afín a la vanguardia puertorriqueña, le sorprendió la Guerra Civil en nuestras tierras y en ella participó junto a otros escritores como ya relataremos.

En este entramado de relaciones, hay que tener en cuenta la participación que los intelectuales, sobre todo cubanos, tuvieron en las principales revistas españolas del momento. En La Gaceta Literaria publicaron Emilio Ballagas, Mariano Brull, Eugenio Florit, Juan Marinello y Manuel Navarro Luna; Lino Novás Calvo editó el cuento “Un encuentro singular” (113, septiembre de 1931), relato que más tarde fue incluido en su libro Maneras de contar (1970).

En la última revista colectiva de la generación del 27, Los Cuatro Vientos, de la que solo se publicaron tres números, en su última entrega (junio de 1933) colaboró el cubano Lino Novás Calvo con el relato “Por qué se supo”. Junto a él, editaron sus textos Vicente Aleixandre, José Bergamín, Miguel Pérez Ferrero, Jorge Guillén y Federico García Lorca.

También en otra revista efímera, Octubre, dirigida por Alberti y María Teresa León, colaboraron Alejo Carpentier y el puertorriqueño Emilio R. Delgado. En el mes de junio de 1933 salió el primer número (solo se publicaron seis, más el “Adelanto de la revista de Octubre”, 1/5/1933), con una tirada de 2000 ejemplares. Antonina Rodrigo nos da las pautas de la revista y los nombres sobresalientes que participaron en ella:

En 1933 María Teresa León y Alberti, influidos por su viaje a la Unión Soviética fundan la revista Octubre (órgano de escritores y artistas revolucionarios). El primer número es de junio-julio y ellos mismos la venden y vocean por las calles de Madrid, al precio de una peseta. En la célebre publicación aparecerán las firmas de Antonio Machado, Alejo Carpentier, Emilio Prados, Luis Cernuda, Máximo Gorki, Arturo Serrano Plaja, Pedro Garfias, Antonio Olivares, César M. Arconada, Luis Buñuel y Herrera Petere. (Rodrigo, 2002: 100)

Por último, el cubano Félix Pita Rodríguez –poeta, narrador, ensayista, autor teatral y periodista– fue, como nos recuerda Trinidad Barrera, el ← 20 | 21 → único cubano que participó en Caballo Verde para la Poesía (2005: 23); y lo hizo en el número 3 (diciembre de 1935), con una composición titulada “Poema”. El escritor ya era conocedor de nuestras tierras porque en 1933 estuvo en España –su hermano Fernando residía aquí–, y a nuestro país regresaría en el 37 para participar en el II Congreso de Escritores; sin embargo, desde París, y como nos recuerda Nicolás Guillén: “servía a la causa española con verdadera devoción, y a la cual prestó su talento y cultura” (Guillén, 1982: 310). Sus vínculos se estrecharon durante la Guerra Civil porque “entre 1938 y 1939 fue jefe de redacción de La Voz de Madrid en la capital francesa” (Barrera, 2005: 23).

Solidaridad con la España que defiende la República (1936-1939)

El momento crucial de las relaciones entre España y Cuba fue durante el Congreso de Intelectuales por la Defensa de la Cultura (1937) con la presencia de Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Juan Marinello, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Sánchez. Sin embargo, otros intelectuales y escritores participaron de forma activa en la guerra desde sus comienzos y, como aquellos, al lado del bando republicano. El caso más notorio fue el del cubano de origen puertorriqueño Pablo de la Torriente Brau, asesinado en Majadahonda, Frente de Madrid, en diciembre de 1936; tres meses después de haber llegado a tierras españolas. Su presencia en el conflicto bélico comenzó el 24 de septiembre del 36 cuando llega a Madrid procedente de su exilio en Nueva York. Al día siguiente de su llegada conoció a Rafael Alberti y a José Bergamín quienes “probablemente le informaran, para su trabajo de corresponsal de prensa, sobre la actualidad literaria española” (Martín, 2010: 383). De esta forma comunicó a sus amigos su voluntad de enrolarse en la “revolución española” el 6 de agosto de 1936:

He tenido una idea maravillosa: me voy a España, a la revolución española. Allá en Cuba se dice, por el canto popular jubiloso: “No te mueras sin ir antes a España”. Y yo me voy a España ahora, a la Revolución española, en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos. La idea hizo explosión en mi cerebro y desde entonces está incendiado el gran bosque de mi imaginación. (Cartas)

A finales de septiembre se incorporó a la compañía de Francisco Galán en la sierra de Guadarrama. Será en el mes de noviembre cuando Valentín González, El Campesino, le proponga el cargo de comisario político de su batallón; tal como se nos dice en Peleando con los milicianos, libro compuesto por ocho cartas y seis crónicas, escritas entre agosto y octubre de 1936 que se publicaron después de su muerte: “en estos momentos había que abandonar toda posición que no fuera la más estrictamente ← 21 | 22 → revolucionaria” (Torriente, 1962: 70). Fue a finales del mes de noviembre cuando conoció a Miguel Hernández y lo incorporó a su batallón como comisario de cultura. El poeta oriolano recordará en la entrevista que Nicolás Guillén le hiciera pocos meses después de la muerte de Pablo de la Torriente aquel encuentro:

Conocí a Pablo en Madrid, una noche en la Alianza, esperando yo a María Teresa León, que no venía. Recuerdo que fue en septiembre del año pasado. Esa noche, recién amigos, bromeamos como antiguos camaradas. El sentido humorístico de Pablo era realmente irresistible. Quien estaba a su lado tenía que reír siempre, siempre, porque él sabía encontrar como pocos el estado grotesco de las cosas más solemnes. Y lo hacía con una originalidad y una fuerza… (Guillén, 1988: 87)

Miguel Hernández y Pablo de la Torriente se pusieron a la tarea de “publicar el periódico de la brigada y la creación de uno o dos periódicos murales, así como la organización de la biblioteca y el reparto de la prensa” (Torriente, 1962: 88). La figura del cubano quedó plasmada en la “Elegía segunda (A Pablo de la Torriente, comisario político)” que Miguel Hernández leyó en el cementerio de Chamartín de la Rosa, ante el cuerpo del amigo y que fue incorporada en Viento del pueblo (1937). También en su obra de teatro Pastor de la muerte da voz a un personaje, El Cubano; se trata de un homenaje a la figura y la acción de Pablo de la Torriente en las trincheras, incluso le otorga en esas páginas un papel decisivo en la defensa de Madrid.

Otros escritores españoles homenajearon al cubano, Antonio Aparicio publicó “Elegía a un comisario” en El Mono Azul, el 24 de junio de 1937, en su número 21; en esa misma revista, el 11 de febrero del 37, había publicado otro texto, “Elegía (A Pablo de la Torriente, comisario político)”. Asimismo, la portada del número 1 de Al Ataque, del 9 de enero de 1937, fue enteramente ocupada por un “Homenaje a Pablo de la Torriente”, también firmado por Aparicio; esta publicación, Al Ataque, había sido proyectada por el propio Pablo de la Torriente.

Muy diferente es la actitud de José María Chacón y Calvo respecto a la guerra de España, cuyo inicio le sorprendió en El Pardo. En su Diario íntimo de la revolución española (2009) nos detalla el descontrol que se vive en Madrid y critica duramente los incendios y los cierres de las iglesias que llevaron a cabo los republicanos. A lo largo de estas páginas, junto a notas nostálgicas en recuerdo de su tierra, detalla sus tensiones con el embajador Pichardo y el sufrimiento latente por salvar la vida de todos aquellos que le piden protección. Nos relata asimismo su breve relación con Pablo de la Torriente (ambos coincidieron un mes en Madrid, Torriente llegó a finales de septiembre y Chacón se marchó a comienzos de noviembre), quien le contaba sus experiencias con las ← 22 | 23 → milicias; por su parte, Chacón y Calvo le presentó a Menéndez Pidal y a Gregorio Marañón.

En el conflicto bélico también participó Lino Novás Calvo quien, al igual que Pablo de la Torriente, colaboró en el periódico Ayuda, órgano del Socorro Rojo Internacional. Y fue Novás Calvo el que notificara a José María Chacón y Calvo la muerte de aquel en carta fechada en Madrid el 21 de diciembre de 1936:

Hoy, día 21 de diciembre, me han dado la noticia: nuestro entrañable Pablo ha quedado herido de muerte, en campo enemigo. Prefiero darle así, brutalmente, la noticia. No tengo ánimo para hacerlo de otro modo. Me bastó el tratarle pasajeramente en Cuba, y brevemente aquí, para quererle como a un hermano. Cuba ha perdido a Pablo (lo damos ya por perdido): lo hemos percibido todos físicamente; yo lo llevaré en el corazón mientras viva. Esta guerra terrible se alarga. Yo sigo donde me mandan, con la esperanza de que la sangre vertida por el pueblo no será estéril, y con esperanzas también de que un día volveré a Cuba a recordar entre nuestros amigos al amigo caído. (Romero, 2008: 182)

Novás Calvo también se sumó a los homenajes escritos que le dedicaron a Pablo de la Torriente con el artículo titulado “El entierro de Pablo de la Torriente Brau”, publicado en la revista costarricense Repertorio Americano del 23 de enero de 1937. Su participación en la Guerra Civil se sustantivó en su incorporación al Quinto Regimiento como oficial de enlace de la brigada de Valentín González, El Campesino. Sin embargo, en la Casa de la Cultura de Madrid, ante escritores y artistas reunidos en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, fue acusado de haber publicado varios artículos en contra de los mineros asturianos, lo cual implicaba su fusilamiento inmediato. El acusador fue Carmona Menclares, pero notables escritores e intelectuales como José Bergamín, Pablo Neruda, Rafael Alberti y María Zambrano se alzaron en su defensa. Finalmente, el denunciante no pudo presentar pruebas concluyentes.

Al final de la guerra, pudo traspasar los Pirineos hasta llegar a territorio francés. A su regreso a Cuba en 1939, Lino Novás Calvo publicó numerosos artículos relacionados con sucesos de la Guerra Civil española en el periódico de los comunistas cubanos Noticias de Hoy. En una carta dirigida a Chacón y Calvo, fechada en diciembre de 1942, al hacer una especie de recuento de su vida, le comenta:

De España guardo buenos y malos recuerdos. Cuando salí de allí era un niño y cuando regresé me costó trabajo adaptarme al ambiente literario de Madrid, me era ajeno. Durante la guerra, en la que me vi involucrado en un minuto, tuve la oportunidad de conocer a gente muy valiosa, de intimar con algunos, y estuve muy cerca de nuestro Pablo. También compartí con Miguel Hernández, de cuya grandeza de alma puedo dar fe. Su muerte me ha conmovido y la ← 23 | 24 → veo como otra tragedia más de esa guerra que tantos estragos hizo. Amigo Chacón, la vida da esos golpes y yo tengo los nervios deshechos de ver tanto malo. (Romero, 2008: 184)

De forma activa en el conflicto bélico participó también el pintor vanguardista Wilfredo Lam. En los primeros momentos del estallido, se inscribe en la FUHA, Federación de estudiantes universitarios latinoamericanos de izquierda, y se alista en el 5º Regimiento junto a otros cubanos como el músico Julio Cuevas o el escultor Pablo Porras Gener. Pero su tarea fue más allá de la lucha bélica, realizó anuncios para la película soviética Los marinos de Cronstadt y una serie de carteles propagandísticos en defensa de la República. Más tarde, en Barcelona, trabajaría en la Comisaría de Armamentos y en el Sindicato de Pintores de la UGT, lo que le permitió preparar una escenografía para una obra teatral ofrecida a los soldados convalecientes. Un día antes de la caída de Barcelona, partió rumbo a París. Las obras que mejor representan esta etapa, en la que la pintura se convirtió para Lam en instrumento de combate, son “La guerra civil” (1937), “El desastre” y “Dolor de España” (1938), estas dos últimas realizadas ya en Francia.

También los poetas contribuyeron con sus publicaciones a la causa. Emilio Ballagas participó en el periódico del bando republicano El Mono Azul (nº 32, 9 de septiembre de 1937) con la publicación del poema, escrito en París, “Madrid 1937”, que comenzaba con los siguientes versos: “1936. Soñaban / trincheras de papel, / barricadas de tela y cartón piedra” (Bertrand, 2006: 45). El también escritor cubano Carlos Montenegro (1900-1981) viajó a España entre noviembre de 1937 y marzo de 1938 como corresponsal de la revista Mediodía. Como fruto de esa experiencia escribió el relato “Aviones sobre el pueblo (Relato de la Guerra en España)” en los días del conflicto y a su regreso a Cuba contó sus experiencias en el libro testimonial Tres meses con las fuerzas de choque (División Campesino).

Esta activa participación de los intelectuales cubanos en la guerra de España se enriqueció con la presencia de Juan Marinello, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Félix Pita Rodríguez en II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Al menos Marinello y Guillén recibieron la carta de invitación que Pablo Neruda remitió desde París, con fecha del 9 de abril de 1937, a los principales intelectuales latinoamericanos. En ella se decía: “Querido compañero, la Asociación Internacional ha querido que la representación de nuestra América sea la más importante del Congreso, debido a la honda repercusión que la guerra civil española tiene en nuestros países. He propuesto su nombre tanto por su significación literaria como por la valiente orientación de todas sus actividades” (Aznar, 1987: 140).

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Juan Marinello fue elegido presidente de las delegaciones hispanoamericanas por acuerdo unánime y participó en tres discursos los días 8, 10 y 11 en Madrid, Valencia y Barcelona respectivamente. Además, junto a Nicolás Guillén, fue elegido miembro cubano del Bureau Internacional de la A.I.D.C. De esta forma se manifestó en el discurso pronunciado el 10 de julio:

Todos los hombres de sensibilidad y pensamiento, como lo sean de veras, han de estar junto a este espectáculo inesperado. Pero, digamos enseguida que los hispanoamericanos lo estamos con singular modo de adhesión. No hay que esforzarse demasiado para comprobarlo. Aparte del fortísimo vínculo sanguíneo y actuando sobre él, ha operado en esto el común impulso histórico. Sobre diferencias de raza y de geografía, primó en todo instante la común injusticia de una economía enfeudada. De un largo dolor, de una agonía de siglos y no de otra cosa, viene este entendimiento carnal de ahora. ¿Quién podrá entender mejor la razón del campesino de Andalucía que el indio de Bolivia? ¿Quién podrá saber de agresiones del poder económico mejor que el negro antillano? ¿Quién podrá sentir más de cerca la injuria de un pueblo ofendido y maltratado por castas reaccionarias que quien es maltratado y ofendido por tiranías torpes y crueles? (Aznar y Schneider, 1987: 210)

Asimismo participó en actos efectuados en Nueva York (1937) y en Cuba (1938) a favor del pueblo español. Publicó en París Dos discursos de Juan Marinello al servicio de la causa popular (1937), con viñeta de Gaya; España republicana, también en el 1937; y, en colaboración con Nicolás Guillén, Hombres de la España leal en 1938 en la editorial Facetas de La Habana. Para este último libro, Marinello y Guillén seleccionaron catorce entrevistas a personajes relevantes de la España en guerra. Tras esta, escribió algunos ensayos sobre Juan Chabás y sobre Miguel Hernández; de destacar es su “Miguel Hernández, labrador de más aire”, recogido en un folleto titulado Homenaje a Miguel Hernández (La Habana, 20 de enero de 1943, pp. 33-40). Sin embargo, su adhesión a la causa republicana española fue muy temprana: fue el primer firmante de un manifiesto que la intelectualidad cubana antifascista suscribió el 25 de julio de 1936, y que fue publicado por la revista mexicana Futuro. Otros nombres relevantes que firmaron aquel primer manifiesto fueron José Antonio Portuondo, Mirta Aguirre, Regino Pedroso, Manuel Navarro Luna, entre otros. También en el 36 homenajeó a García Lorca en “Significación de García Lorca”, y un año después preparó una antología del poeta granadino cuya venta se destinó a beneficio del Frente Popular español.

Por su parte, Nicolás Guillén plasmó poéticamente sus experiencias en España. Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937), libro en el que su poesía se vuelve elegía y solidaridad, tal como lo manifestó Antonio Aparicio en una reseña publicada en El Mono Azul (nº 32, 9 de ← 25 | 26 → septiembre de 1937); en este mismo número se editaron un par de poemas de su libro Canto para soldados y sones para turistas (Aznar, 1987: 175). Asimismo, en la revista Mediodía contó algunas incidencias del II Congreso; pero desde el inicio de la guerra esta publicación le sirvió de plataforma para divulgar la solidaridad del pueblo cubano con el español.

Details

Pages
536
ISBN (PDF)
9783035264692
ISBN (ePUB)
9783035299960
ISBN (MOBI)
9783035299953
ISBN (Softcover)
9789052018225
Language
Spanish
Publication date
2014 (October)
Published
Bruxelles, Bern, Berlin, Frankfurt am Main, New York, Oxford, Wien, 2014. 536 p.

Biographical notes

Carmen de Mora (Volume editor) Alfonso García Morales (Volume editor)

Carmen de Mora es catedrática de literatura hispanoamericana en la Universidad de Sevilla. Es autora de numerosas publicaciones sobre narrativa hispanoamericana contemporánea, relato breve y literatura colonial. Entre sus libros figuran: Teoría y práctica del cuento en Cortázar (1982), Las siete ciudades de Cíbola. Textos y testimonios sobre la expedición de Vázquez Coronado (1992), En breve. Estudios sobre el cuento hispanoamericano contemporáneo (2000, 2ª ed.) y Escritura e identidad criollas. El Carnero, Cautiverio feliz e Infortunios de Alonso Ramírez (2010, 2ª ed.). Alfonso García Morales es profesor titular de literatura hispanoamericana de la Universidad de Sevilla. Ha investigado y publicado sobre poesía y ensayo hispanoamericano entre el modernismo y las vanguardias. Entre sus libros: El Ateneo de México (1992), Rubén Darío. Estudios en el Centenario de Los raros y Prosas profanas (1998), José Enrique Rodó (2004), Los museos de la poesía (2007) y la edición española de los poemarios de López Velarde (2001).

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