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Cuestiones de lingüística teórica y aplicada

by Maria del Carmen Fumero Pérez (Volume editor) José Juan Batista (Volume editor)
Edited Collection 206 Pages

Table Of Content

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  • Título
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  • Sobre el autor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • Prólogo
  • Clases nominales en lenguas africanas y género en lenguas indoeuropeas: estudio contrastivo de las lenguas mancañá y española
  • Sobre la naturaleza y el uso de los clasificadores en la lengua china
  • Nota semántica sobre las llamadas partículas negativas no, in-, a- (an-), des-, dis-, anti- y contra-
  • La apropiación de la identidad: el caso de sudaca
  • Análisis del uso de gitano como exogentilicio en los medios de comunicación
  • Do entra conducho, no entra pan mucho. Estudio semántico de las formas conducto, conducho y conduto
  • La rección preposicional de los verbos españoles compuestos con preverbio
  • Problemas de etimología y de ortografía de algunos topónimos canarios
  • Sobre los Acuerdos del Cabildo de La Palma: notas fonéticas y morfosintácticas
  • El español en el siglo XVIII. Notas gramaticales sobre Lope Antonio de la Guerra
  • Entre lirismo y exotismo: el reto de traducir a Ernest Pépin
  • Materiales lingüísticos del sur de Marruecos en textos españoles (1940–1970)
  • Estrategias retóricas para la publicación en inglés de artículos de investigación en Medicina
  • Nuevas palabras para nuevos conceptos: El caso de la ELAO (enseñanza de lenguas asistida por ordenador)

María del Carmen Fumero Pérez José Juan Batista Rodríguez (eds.)

Prólogo

Siguiendo una tradición que cuenta ya con dos volúmenes del Instituto Universitario de Lingüística Andrés Bello de la Universidad de La Laguna (INULAB) publicados en esta misma colección, se recogen aquí catorce trabajos sobre lingüística teórica y aplicada: los dos primeros, especialmente interesantes, son de Gustave V. Dioussé y de Xavier Lee Lee, profesores de las universidades Gaston Berger (Saint-Louis del Senegal) y Las Palmas de Gran Canaria (España), respectivamente, a los que se invitó especialmente a colaborar en esta obra y que tan sabia y generosamente han respondido; y los otros doce son de miembros del INULAB.

Para hacer un rápido repaso del contenido de este libro, diremos que las siete primeras contribuciones se engloban en la lingüística teórica y las siete últimas en la aplicada. Empezando por los profesores invitados, ambos se ocupan de categorías nominales propias de sus respectivas lenguas maternas y que desempeñan una función morfosintáctica comparable al género gramatical de las lenguas indoeuropeas, tal y como ha puesto de manifiesto Guy Deutscher (2011) en su obra El prisma del lenguaje (Barcelona: Ariel). Así pues, Gustave Dioussé estudia las clases nominales del mancañá (lengua minoritaria de Senegal) y llega a la conclusión de que su función es categorizar los sustantivos de manera semejante a como lo hace el género gramatical indoeuropeo, con la particularidad de que este nunca pasa de tres miembros (masculino, femenino y neutro), mientras que las clases nominales del mancañá llegan hasta diez en singular (humano, animal, árbol, fruta, objetos, líquidos, etc.), si bien se reducen a la mitad en plural. Por su parte, Xavier Lee se ocupa de los clasificadores nominales del chino y también atribuye su existencia a la necesidad humana de categorizar y el ordenar el mundo circundante. La lengua china se sirve de unos cincuenta clasificadores específicos para señalar, contar y complementar los diversos entes y objetos a que se refieren, al tiempo que informan sobre su aspecto exterior. Estos clasificadores eran, en general, antiguos nombres que han sufrido un largo proceso de gramaticalización. Asimismo, ambos profesores ponen en relación las clases y los clasificadores nominales con los pronombres y la ausencia de artículo en sus lenguas respectivas, algo que resulta tan natural como sugerente. Al interés ← 7 | 8 → intrínseco de sus investigaciones se une, en ambos casos, una exposición clara y muy amena de unas categorías ajenas a nuestras lenguas indoeuropeas y que por ello resultan tan atractivas como instructivas.

Siguen cinco contribuciones del grupo de investigación que dirige Marcial Morera, cuya aportación sirve de obertura. El profesor Morera trata, en esta ocasión, de las llamadas «partículas negativas», empezando por el adverbio de negación no, al que distingue de los prefijos negativos in- y a-, etimológicamente emparentados, todos ellos con significación mostrativa, por lo que se oponen a los preverbios dis-, des-, anti- y contra-, que presentan significación descriptiva; luego, estudia cada uno detalladamente y con muchos ejemplos. Los trabajos de Dolores García Padrón y Juana Herrera se encuadran en un ambicioso proyecto de investigación sobre los gentilicios españoles: la profesora García Padrón estudia la formación léxico-gramatical y la evolución socio-pragmática de sudaca, un pseudogentilicio que, como ocurre con los exónimos, empezó usándose en España para caracterizar negativamente a los emigrantes hispanoamericanos y ha acabado siendo reivindicado como endónimo positivo por algunos grupos; y la profesora Herrera analiza el uso del exogentilicio gitano en los medios de comunicación españoles (y en el DRAE), denunciando la intensa carga negativa que comporta desde el punto de vista socio-pragmático y expresivo. Por último, dos becarias de este grupo de investigación, Kenia Martín Padilla y Leticia González Suárez, se han ocupado de la formación de palabras, y más concretamente de la composición mediante preverbios: así, partiendo del análisis de familias de palabras que ha desarrollado el profesor Morera, Kenia Martín analiza minuciosamente el triplo conducto, conducho y conduto, que, procedente del latín conductum, ha resultado de distintas soluciones fonéticas, las cuales se incorporaron al léxico español en momentos distintos para designar realidades diferentes; y también siguiendo los estudios del profesor Morera sobre preposiciones y preverbios, Leticia González se centra en la rección preposicional de los verbos españoles compuestos de preverbio, la cual suele imponer la misma preposición que refleja el preverbio o, en caso de que no exista en español como preposición libre, obliga a que se elija otra de su mismo subsistema, si bien hay casos en que, por determinadas razones, se selecciona alguna preposición de otros subsistemas.

Las siete aportaciones restantes se engloban dentro de la lingüística aplicada: se abren con tres estudios sobre dialectología, concretamente sobre la variedad canaria del español. En primer lugar, los profesores Gonzalo Ortega, Carmen Díaz Alayón e Isabel González Aguiar realizan un interesantísimo examen de la dificultad que ofrecen algunos topónimos canarios para establecer la motivación que los originó, la cual, a menudo, solo puede averiguarse si se logra esclarecer ← 8 | 9 → con certeza su etimología, factor, a su vez, determinante para su ortografía. Luego, partiendo de las actas del Cabildo de La Palma, la profesora Díaz Alayón realiza un minucioso análisis fonético y morfológico del español hablado en esa isla en el siglo XVI. En esta misma línea, el profesor Francisco Castillo, con su precisión y meticulosidad habituales, ha llevado a cabo otra valiosa aportación al estudio diacrónico del español de Canarias, al estudiar un texto de Lope Antonio de la Guerra, ilustrado canario del siglo XVIII.

La traducción y la llamada literatura de viajes están representadas por las contribuciones de Clara Curell y José Oliver, de un lado, y Marwane Sabir, de otro: Curell y Oliver, expertos en traducción literaria, exponen con sabiduría, claridad y concisión envidiables los diversos problemas que encontraron para traducir un poema del franco-antillano Ernest Pépin, siendo que a las dificultades inherentes a la traducción poética se añadía el reto de verter un lenguaje marcado diatópicamente; por su parte, Sabir, basándose en vastos conocimientos lingüísticos y de realia, realiza un intento de valoración objetiva de algunos textos escritos en castellano sobre palabras y expresiones de la antigua África occidental española.

Las dos últimas aportaciones versan sobre la enseñanza de segundas lenguas: así, los profesores Pedro Martín e Isabel Karely León, haciendo uso de su amplia experiencia docente e investigadora, han elaborado toda una serie de estrategias retóricas para ayudar a los estudiosos de medicina que deseen publicar el resultado de sus investigaciones en inglés; y, por último, el profesor Antonio Cano, buceando en la intrincada terminología de la enseñanza de lenguas asistida por ordenador, pone orden en el actual panorama de los espacios pedagógicos creados digitalmente.

Queremos concluir esta brevísima presentación con un triple agradecimiento: a los autores, por hacer posible la presente obra; al INULAB, por su ayuda financiera para la publicación; y, especialmente, al profesor Gerd Wotjak, por su constante e incondicional apoyo a la Universidad de La Laguna, renovado ahora al acoger un nuevo volumen del INULAB en su colección de Peter Lang. Precisamente al profesor Wotjak dedicamos los editores nuestro modesto trabajo de preparación y corrección de este libro.

En La Laguna, a 30 de mayo de 2014
Los editores
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Gustave Voltaire Dioussé
(Universidad Gaston Berger, Saint-Louis del Senegal)

Clases nominales en lenguas africanas y género en lenguas indoeuropeas: estudio contrastivo de las lenguas mancañá y española

Introducción

La cuestión de cómo las lenguas clasifican los nombres1 siempre ha interesado y sigue interesando a los lingüistas. Así, podemos citar, entre otros estudiosos que han trabajado sobre el tema, a Hockett (1958), Bonvini (1996), Corbett (1991, 2000), Creissels (1999, 2001), Kihm (2002), Brindle (2009) y Deutscher (2011). Según Creissels (1999), hay dos tradiciones que se oponen a este respecto: la lingüística indoeuropea y la lingüística africana. En la primera se habla de género gramatical para aludir al sistema de categorización de los nombres, mientras que en la segunda se prefiere el término de clase nominal.

En este trabajo nos proponemos analizar el sistema de clases nominales en una lengua de Senegal, el mancañá, que pertenece a la llamada familia níger-congoleña. La finalidad última que perseguimos es confrontar aspectos morfosintácticos del género gramatical indoeuropeo con las denominadas clases nominales de las lenguas africanas.

1. Género y clase nominal

En muchas lenguas indoeuropeas la existencia del género gramatical es clara: tal ocurre, por ejemplo, en español (masculino/femenino [y neutro en algunos pronombres]) y en francés (masculin/féminin). Aunque suele decirse que en inglés no existe género, lo cierto es que la tercera persona singular de los pronombres personales (no los nombres, que carecen de moción) opone he (masculino), she (femenino) e it (neutro): con el masculino y femenino se refiere al sexo (macho o hembra) de personas y (algunos) animales y con el neutro a las ← 11 | 12 → cosas2. Por el contrario, cuando se trata de lenguas africanas, la cuestión no siempre parece tan clara. Pero, debido a las diferencias morfológicas que existen entre estas lenguas y las indoeuropeas, se tiende a considerar «inexistente» todo aspecto desconocido, cualquier «desviación» de las lenguas africanas con respecto a los tipos conocidos y descritos en las indoeuropeas. Ello ha provocado que únicamente el tipo de clasificación nominal indoeuropea se considere género, mientras que el modelo que se advierte en la mayoría de las lenguas africanas de la familia níger-congoleña, donde se incluye el mancañá, se denomine clase nominal.

El criterio en que suele basarse esta diferencia es de índole referencial: es un criterio externo, no lingüístico, ya que el género se asocia al sexo de la persona o animal que designa el nombre o sustantivo en cuestión (Corbett 1991: 1). Sin embargo, desde una perspectiva interna o lingüística, el género se ve como un rasgo gramatical inherente al sustantivo y no significa sexo. En otros términos, el sexo es un aspecto residual, subsidiario, del género gramatical: basta con atender a los miles de sustantivos que existen y comprobar cuántos de ellos son susceptibles de ser sexuados. Por eso suele decirse que, en el género, la función sintáctica de concordancia es lo más importante, lo que constituye su esencia: el género actúa de «orientador» de las concordancias entre el nombre y otros elementos relacionados con él. Esta concepción la critica así el profesor Morera (2011: 17–18):

[…], nos encontramos ante un problema lingüístico arduo, por el hecho importantísimo de que, junto a su mencionada significación básica, el género gramatical lleve aparejada una función formal de concordancia (de concordancia significante, no semántica), cuyo papel básico es indicar con qué sustantivo concreto se relaciona determinado adjetivo o pronombre. Esta función formal del morfema que nos ocupa hace que pase a segundo plano, o quede sin efecto referencial, su función semántica, cuando la base nominal afectada no formaliza más que una de dos posibilidades que esta categoría gramatical presenta en la lengua española.

Sin embargo, desde hace unos años ofrecen una visión diferente los estudios que versan sobre el sistema de clasificación de los sustantivos en las lenguas africanas, en concreto de la familia níger-congoleña. Ello se debe en gran parte a la labor del lingüista inglés Corbett (1991), quien parte de que el aspecto sexual no es el único criterio semántico-referencial que se debe tener en cuenta a la hora de ← 12 | 13 → establecer el género, pues muchas lenguas atienden a parámetros diferentes. Para este estudioso la característica esencial del género es la concordancia, es decir, que el género sirve para establecer correspondencias morfosintácticas entre el nombre (que lo lleva de forma intrínseca) y sus acompañantes (que lo adoptan para concordar con el nombre del que dependen): así, según los tipos de correspondencias que se manifiesten, los nombres se pueden agrupar en distintas clases. En este sentido, en una lengua como el español, el masculino y el femenino no serían géneros para Corbett (1991: 4), sino clases de nombres, que se distinguen por los tipos de concordancias que implican:

…the determining criteria of gender is agreement; this is the way in which the genders are ‘reflected in the behaviour of associated words’. Saying that the language has three genders implies that there are three classes of nouns which can be distinguished syntactically by the agreements they take.

Dicho de otra manera, Corbett, entre otros estudiosos (entre los que nos contamos), considera que es lo mismo el género de la lingüística indoeuropea que la clase nominal de la lingüística africana, ya que el factor ‘sexo’ resulta mucho menos importante que la razón de existir de ambas formas de clasificar los nombres, que no es otra que la función gramatical de la concordancia. Además, este estudioso recalca que el número de géneros no está limitado a dos o tres, como sucede en las lenguas indoeuropeas, sino que, en casos extremos, puede llegar hasta veinte.

En un trabajo posterior, Corbett (2000: 293) emplea el término género a modo de archilexema, para referirse a todo tipo de clasificación nominal cuya principal característica es la de establecer concordancias:

Gender systems have agreement as their defining characteristic. […] Given this defining feature, the term “gender” covers what in some traditions is called ‘noun classes. […] Gender is not restricted to sex-based classification (‘male/female’): other semantic possibilities include ‘animate’, ‘small’, ‘insect’, ‘non-flesh food’, and so on.

En un trabajo que tiene mucho que ver con el que ahora presentamos, Creissels (1999) trata de las similitudes y diferencias entre género y clase nominal, subrayando, entre otros, los dos rasgos siguientes: a) el amplio número de las clases nominales (unas diez en mancañá, diez en wolof, dieciocho en kimbundu [según Bonvini 1996], quince en yola banyal [según Bassène 2006], etc.)3 frente a los dos o tres miembros de la oposición de género en las lenguas ← 13 | 14 → indoeuropeas; y b) la colocación tras la raíz del nombre del morfema de género (esp. gat-O negr-O / gat-A negr-A), frente a la colocación prerradical del morfema de clase (así, por ejemplo, las palabras mancañá KA-tok KA-halu / I-toh I-halu ‘cas-A nuev-A’ / cas-AS nuev-AS’ presentan los prefijos KA-, de singular, e I-, de plural, antes de la base nominal). Este autor reconoce que el género gramatical y la clase nominal son básicamente lo mismo, ya que ambos sistemas desempeñan la misma función: posibilitar la concordancia entre el nombre y otros elementos que lo determinan. En este sentido, Creissels (1999: 178–179) precisa que la diferencia entre género y clase nominal no es más que una diferencia terminológica, pues la lingüística indoeuropea prefiere el término género, mientras que la lingüística africana suele emplear el término de clase nominal:

Entre les classes nominales au sens des linguistes africanistes et le genre de la tradition grammaticale europénne, il y a une différence importante mais qui tient uniquement à la façon de décrire ces systèmes, et non pas à quelque chose qui les distinguerait de façon intrinsèque. […]
Cette question de terminologie étant éclaircie, la poursuite de la comparaison confirme que, si on se donne la peine de faire abstraction de ce qui tient à des distinctions de description plus qu’à des caractéristiques intrinsèques des langues, il n’y a que très peu de réelles divergences entre ces deux types d’organisation du système nominal.

Y, en un trabajo posterior, Creissels (2001: 2) expresa la coincidencia entre los sistemas de género y los de clases nominales de la siguiente manera: «[…] les systèmes des clases nominales des langues Niger-Congon sont typologiquement à la fois proches des systèmes de genre…».

Otro especialista que ha trabajado sobre los clasificadores nominales es Kihm (2002), quien, además del mencionado aspecto de la concordancia, subraya que los morfemas de género sirven de base al morfema de número: el morfema de número gramatical no puede unirse directamente a la base nominal, sino que tiene que aparecer siempre tras los morfemas de género. Ello puede deberse a que la raíz, cuando es susceptible de distinguirse como tal, no adquiere categoría nominal (o sea, su forma plena) sino cuando va unida a un morfema de género (gat-o-s). En cualquier caso, lo que cabe destacar es la posibilidad de oponer el singular y el plural tanto en los sistemas de género gramatical como en los de clases nominales. Así, por ejemplo, en mancañá, el prefijo nominal es el elemento que indica el número singular o plural: na-hula ‘una persona de la etnia ← 14 | 15 → mancañá’ / ba-hula ‘más de una persona de la etnia mancañá’, b(ë)4-koow ‘cabeza’, i-koow ‘cabeza-S’, u-pi ‘cabra [sin precisar el sexo]’, ŋ(ë)-pi ‘cabras [sin precisar el sexo]’.

Por otra parte, Kihm (2002) destaca que el morfema de género, igual que el prefijo nominal mancañá o el determinante wolof, funciona como un morfema derivativo; en este sentido, Morera (2011: 19) piensa que los femeninos derivan de los masculinos en los siguientes casos: manzano / manzana, banco / banca, músico / música, mozo / moza, etc. Paralelamente, en mancañá tenemos: b(ë)-lemani ‘naranjo’ / p(ë)-lemani ‘naranja’.

Más allá de las coincidencias morfosintácticas entre el género y la clase nominal (dejamos de lado las diferencias por estimarlas muy secundarias), los procedimientos lingüísticos que nos ocupan reflejan, como apunta Kihm (2002: 2), la necesidad fundamental que tiene el ser humano de clasificar las cosas:

The similarities between noun class and gender languages are sufficient; it seems, to warrant the following leading hypothesis: noun classes and genders jointly represent the grammatical expression of a basic faculty/activity of mind, namely classification.

En otros términos, la clasificación es inherente a la existencia misma del nombre: lo de menos es cómo cada lengua la lleva a cabo.

Además, como recuerdan Corbett (1991: 1) y Deutscher (2011: 218), la voz género viene del sustantivo latino genus, el cual es más transcripción que traducción del término gramatical griego γένος, que servía para designar el ‘tipo’, la ‘clase’, la ‘raza’. Y, en este sentido, la distinción entre masculino, femenino y neutro o entre humanos, animales, vegetales y objetos, etc., es una distinción genérica. La diferencia entre el español y el mancañá, por ejemplo, reside en que el género de los nombres españoles incluye dos clases (masculino y femenino), mientras que el género de los nombres mancañá incluye hasta diez clases en singular (humano, animal, árbol, fruta, objeto, líquido, etc.).

2. Clases nominales y géneros en mancañá

La existencia de clases nominales es uno de los rasgos más destacados de la mayoría de las lenguas de la familia níger-congoleña (Creissels 2001, Bernd y Nurse 2004). Por clase nominal se suele entender el hecho de que los nombres se agrupan atendiendo a su referente, o sea, según designen seres humanos, animales, plantas, objetos, etc. Como tales, las clases nominales plantean dificultades ← 15 | 16 → enormes, en la medida en que, contrariamente a lo que piensan algunos estudiosos, no incluyen «valores semánticos evidentes» (Creissels 2001: 6), sino que, a menudo, seres de la misma naturaleza se reparten en diferentes clases. Pongamos algunos ejemplos a propósito: todos los nombres referidos a la clase de los animales llevan, en singular, el prefijo u-, de manera que u-pi designa la ‘cabra [sin distinción de sexo]’, u-wit la ‘vaca’ o el ‘buey’, u-balab la ‘paloma’, u-búuru5 el ‘burro’, u-barëm el ‘mosquito’, u-púla la ‘serpiente’, etc.; sin embargo, en esta misma clase se incluyen también entidades como u-kaaru ‘coche’, u-moota ‘moto’, u-deeb ‘hígado’, u-yook ‘viento’, u-şubal ‘lluvia’, u-bon ‘hambre’, u-limëţ ‘sombra humana’, etc. Lo mismo ocurre con la clase de los vegetales: todos los nombres de plantas llevan el prefijo b(ë): b(ë)-lemani ‘naranjo’, b(ë)-naana ‘platanera’, b(ë)-limoŋ ‘limonero’, b(ë)-kuuku ‘cocotero’, etc.; no obstante, este mismo prefijo aparece también en nombres referidos a entidades no vegetales: b(ë)-laañ ‘pieza amplia de tela, que puede servir de vestido o de sábana’, b(ë)-koow ‘cabeza’, b(ë)-lifi ‘sombra no humana’, b(ë)-ţeem ‘canoa’, b(ë)-jan ‘lanza’, b(ë)-hej ‘machete’, etc. Nos convence la explicación que ofrece Deutscher (2011: 224) al respecto: se trata de «extensiones » metafóricas o metonímicas de las clases originarias. Así, el estudioso judío pone el ejemplo de una lengua australiana que, como el mancañá, incluye las canoas dentro de la clase de los árboles, ya que estos constituían la materia con que se fabricaban aquellas (extensión metonímica); y en esta misma clase se incluye también airplane ‘avión’, préstamo tomado del inglés, ya que los aviones cumplen la misma función de transporte que las canoas (extensión metafórica).

En este sentido y como se puede observar, la clase nominal, entendida como una unidad semántico-referencial, es un verdadero «cajón de sastre» y, por tanto, difícil de abordar. Por nuestra parte, después de probar diversas clasificaciones, hemos optado por emplear un criterio morfosemántico, basándonos en el postulado de que, para existir, toda diferencia en el plano del significado tiene que ofrecer un reflejo en el plano del significante. De aquí nuestro intento de dividir todos los sustantivos del mancañá en dos clases principales, a saber: a) la clase de lo ‘humano’, que abarca los nombres referidos a personas y se caracteriza, en el singular, por la presencia de los prefijos a- o na- (y ñ-, probablemente con la misma etimología) y, en el plural, por el prefijo ba-6; y b) la (macro)clase de lo ‘no-humano’, que incluiría ← 16 | 17 → todas las demás entidades, insertas en varias subclases (algunas con un prefijo diferenciado en singular), cuyo deslinde resulta más difícil.

Hay dos trabajos fundamentales sobre las clases nominales en mancañá: pionero fue el de Trifkovic (1969), autora que distingue diez clases nominales7; el más reciente es el de Gaved (2013), quien también establece diez clases nominales. A continuación reproducimos estas diez clases8:

ClaseSingularEjemploPluralEjemploTraducción españolaValor semántico-referencial
1a-a-hin
a-buk
ba-ba-hin
ba-buk
marido(s)
hij@(s)
FAMILIA
2na-na-poţ na-lëtba-ba-poţ ba-lëtniñ@(s) sastre(s) HUMANO
3u-u-buuş u-jahŋ-ŋ-buuş ŋ-jahperr@(s) estrella(s)ANIMALES; PARTES DEL CUERPO; ASTROS; NOCIONES ABSTRACTAS
4ka-ka-ñen ka-toki-i-ñen i-tokmano(s) casa(s)MIEMBROS DEL CUERPO; OBJETOS
5p(a)-p-dunk pa-ŧendai-i-dunk i-ŧendacántaro(s) tejido(s) 
6b(a)-b-laañ ba-tanii-i-laañ i-tanisábana(s) rebaño(s) 
7p-p-maŋa p-laakm-m-maŋa m-laakmanga(s) piedra(s)FRUTOS Y NOCIONES DIVERSAS
8b-b-maŋa b-kom-m-maŋa m-komango(s) árbol(es)ÁRBOLES ← 17 | 18 →
9m(a)-9m-nlilan m-eel Ø Øalegría agua COSAS NO CONTABLES (abstractos, líquidos, etc.).
10 d- d-koi-ØlugarLUGARES Y PRÉSTAMOS DE OTRAS LENGUAS

Este cuadro nos ayudará a comprender lo difícil que resulta definir el concepto de clase nominal atendiendo exclusivamente a criterios semántico-referenciales, pues, con la única excepción de los seres humanos, el valor semántico-referencial asociado a cada clase no se limita a un solo dominio de la realidad, sino que suele proyectarse a varios.

A medida que los estudios de lingüística africana han ido avanzado, la clase nominal se ve menos como una clase semántico-referencial que como una categoría gramatical (lo mismo que el género de las lenguas indoeuropeas): su significante es el prefijo de clase, cuya función principal consiste en hacer concordar el nombre con los verbos y adjetivos que lo acompañan. Tanto es así que algunos estudiosos, como Bonvini (1996), han hablado de «clases d’accord »: literalmente, «clases de concordancia». Y, de hecho, Gaved (2013) sigue esta línea en su clasificación, porque hace hincapié no en la naturaleza semántico-referencial de los nombres, sino en su aspecto formal y, sobre todo, en los prefijos, usados, como el género gramatical de las lenguas indoeuropeas, para establecer la concordancia. Partiendo, pues, del trabajo de Gaved (2013) y convencidos de que género y clase nominal son lo mismo, podríamos decir que, formalmente, en macañá se aprecian siete (como máximo) géneros en singular y cinco en plural. Así, en un primer momento, solo se muestran distintos a-, na-, u-, ka-, p-, b-, m- y d-, en singular, y ba-, ŋ-, i,- m- y k-, en plural. Por otra parte, el término clase quizá pueda seguir siendo útil si lo reservamos para los referentes, los cuales se corresponden con lo que Geved (2013: 4) denomina «valor semántico». En todo caso, lo que sí se puede establecer es una primera oposición entre el género (o, si se quiere, la clase) ‘humano’ y el género (o clase) de lo ‘no-humano’. ← 18 | 19 →

Abordar el estudio de la clasificación nominal desde el punto de vista formal tiene la ventaja de facilitar la distinción de los distintos tipos, pues, al basarnos en los prefijos y las concordancias que provocan, estamos partiendo de un hecho objetivo. En este sentido y a nuestro juicio, para establecer los géneros siempre hay que tener en cuenta la función gramatical de concordancia que impone el prefijo y siempre hay que procurar reflejar al menos una de las concordancias que implica. Así se evita que el nombre aparezca solo y, por tanto, sin ejercer rección. Veamos algunas concordancias que puede provocar el género ka- (típico de algunos miembros del cuerpo humano y de determinados objetos e instrumentos):

  1. concordancia con el posesivo:
    ka-toh ki Ana
    casa de Ana
  2. concordancia con el demostrativo:
    ka-toh ki  ka-tohku-ŋ  o  ka-tohku-ndii /ka-toh k
    casa esta  /    casa      esa                             /casa aquella
  3. concordancia con el pronombre indefinido:
    ka-toh ka-lo-ŋ = alguna casa
  4. concordancia con el pronombre relativo:
    ka-tok ki Ana a-nuguŋ
    casa que  Ana ella comprado ha
  5. concordancia con el pronombre interrogativo:
    ka-toh   ka-hoŋ?
    ¿casa   cuál?
  6. concordancia con el numeral :
    1. 1. con el cardinal: ka-toh ka-loolan
      casa una
    2. 2. con el ordinal: ka-toh ka-ŧeek
      casa primera
  7. concordancia con el sujeto pronominal:
    ka-toh   ka-joti
    la-casa   ella-derrumbado se ha
  8. concordancia con el objeto pronominal:
    Ana a-núg ka-tok / Ana a-núg ka
    Ana ella-ha-comprado casa / Ana ella-ha-comprado la [casa] ← 19 | 20 →
  9. concordancia con el adjetivo-verbo de estado10:
    ka-toh   ka-nuura
    la-casa     ella-bonita.

En la tabla que sigue presentamos las distintas concordancias que imponen los distintos géneros11:

GÉNERO (singular)+ posesivo+ demostrativo+ indefinido+ interrogativo+ numeral+ adjetivo- verbo de estado+ pronombre de 3ª per. sing.+ relativo
a-i-i-a-a-a-a-12a-a-
b(ë)-bi-bi-b(ë)-b(ë)-b(ë)-b(ë)-ba-bi-/ba-
ba-bi-bi-b(ë)-b(ë)-b(ë)-b(ë)- bi-/ba-
d(ë)-di-di-d(ë)-d(ë)d(ë)-d(ë)-da-di-/da-
da-di-di-d(ë)-d(ë)-d(ë)-d(ë)-da-di-/da-
ka-ki-ki-ka-ka-ka-ka-ka-ki-/ka-
m(ë)-mi-mi-m(ë)-m(ë)-ø13m(ë)-ma-mi-/ma-
na-i-i-a-a-a-na-a-i-/a-
ñ-i-i-a-a-a-na-a-i-/a- ← 20 | 21 →
p(ë)-pi-pi-p(ë)-p(ë)-p(ë)p(ë)-pa-pi-/pa-
u-ui-14ui-u-u-u-u-u-ui-/ua-

En esta clasificación, como contiene variantes, aparecen en singular once géneros en vez de los diez que proponía Gaved (2013). Pero, si tenemos en cuenta que, en el plural, coinciden algunos de los géneros que se diferenciaban en singular, la variación se reduce a nueve géneros.

A continuación, intentaremos ofrecer una descripción detallada del sistema de géneros en mancañá, la nuestra, valiéndonos precisamente de los prefijos nominales, de los que ya hemos tratado en un trabajo anterior (Dioussé 2012), precisando que los nombres comunes del mancañá presentan, en general, una estructura bimembre: prefijo + lexema15. Insistimos ahora en cómo se comporta este prefijo.

3. El prefijo de género

El prefijo de género mancañá tiene relevancia para la morfología flexiva y para la morfología derivativa. Dentro de la morfología flexiva, permite expresar la oposición singular/plural, adoptando formas diferentes. He aquí un ejemplo: ka-toh ‘casa’ frente a i-toh ‘casas’16. Como se observa, en singular el prefijo es ka- y el lexema es -toh: este último es invariable. En cambio, el prefijo cambia al pasar del singular al plural, de manera que la forma ka- es la marca del singular y la forma ← 21 | 22 → i-, la del plural. Dentro de la morfología derivativa, se emplean los prefijos para crear distintos derivados (Trifkovic 1969, Kihm 2002, Maggie y Gaved 2013), de manera que, por ejemplo, el prefijo b- en b-naana sirve para designar ‘el árbol de la platanera’, mientras que el prefijo p-, en p-naana, designa la fruta: ‘el plátano’, expresando una oposición genérica semejante a la de manzano / manzana en español. Por otra parte, anteponiéndole el prefijo ka- a esta misma raíz léxica -naana, obtenemos ka-naana, que tiene el significado colectivo de ‘platanal’, ‘terreno plantado de plataneras’; pero, si le anteponemos el prefijo u-, creamos el sustantivo u-naana, que tiene un valor aumentativo, con lo que obtenemos el significado de ‘platanazo, plátano grande’; y, si le anteponemos el prefijo m-, que también sirve para expresar una pluralidad difusa, a modo de los llamados «sustantivos incontables»17, se obtiene el sustantivo m-naana con el significado de ‘montón [sin precisar la cantidad] de plátanos’; si le anteponemos el prefijo de pluralidad concreta ŋ-, parecido al de los sustantivos contables18, obtenemos ŋ-naana con el significado de ‘un número concreto (x, el número que sea) de plataneras’; y, por último, con el prefijo k(ë)-, que acompaña al plural de los numerales, obtenemos el sustantivo k(ë)-naana, que significa un ‘número reducido de plátanos’, ‘una mano de plátanos’.

Otro ejemplo de formación de palabras mediante prefijos nos lo ofrece el lexema (inexistente por sí solo) *-yeh (algo así como el español *cant-, que tampoco existe solo, sino unido a sufijos), con el que, anteponiéndole prefijos, obtenemos p-yeh ‘cant-ar’, que es verbo, y los siguientes sustantivos: u-yeh ‘[arte del] cant-o’, na-yeh ‘cant-ante, músico’ y ka-yeh ‘can-c-ión’.

Y, por último, el prefijo rige la concordancia entre el sustantivo y los elementos que lo acompañan y lo determinan, a saber: verbos, adjetivos y pronombres, los cuales adoptan por fuerza el prefijo del sustantivo. Así, se dice, por ejemplo: ka-toh ki-naan (lit. la casa de mí = ‘mi casa’), ka-toh ki (lit. casa esta = ‘esta casa’), i-toh i-tëb (lit. casas dos = ‘dos casas’), ka-toh ka-hoŋ? (lit. ¿casa cuál? = ‘¿cuál casa?’), ka-toh ka-week (lit. casa es-grande = ‘casa grande’). ← 22 | 23 →

Esta situación lingüística es común a otras lenguas de Senegal, por lo que, en su estudio sobre el yola banyal, Bassène (2006: 12) escribe:

La plupart des catégories des mots (adjectifs, pronoms, démonstratifs, interrogatifs et verbes) sont soumis à l’accord imposé par le substantif. Cet accord se manifeste par la répétition du préfixe de clase devant chaque élément en état de dépendance syntaxique avec ce dernier.

Pero el prefijo no solo entra en la formación de los verbos y los distintos determinantes del nombre, sino que también aparece con los pronombres personales tanto en función de sujeto como de complemento, circunstancia que resalta Kihm (2002: 69):

The assumption that we are dealing with pro-nominal roots is strongly supported by the fact that in Manjaku and most noun class languages of the Niger-Congo family, noun class exponents also appear in the function of subject or object clitic pronouns. The evidence is especially clear in Mankanya.

Pongamos unos cuantos ejemplos que sirvan para ilustrar lo dicho: ba-poţ ba-daan (niños ellos-beben = ‘los niños beben’); ka-toh ka-joot-i (casa ella-derrumbado se-ha = ‘la casa se ha derrumbado’); dë nug ka-koopa / dë nug ka (yo comprado un vaso = ‘he comprado un vaso’/ yo comprado lo = ‘lo he comprado’); etc.

Por otra parte, desde el punto de vista puramente fonético, podemos distinguir, tanto en singular como en plural, dos tipos de prefijo: a) los constituidos por una vocal, como la u- de u-wit ‘la vaca’, u-guk ‘el pollo’ o u-kaaru ‘el coche’; y b) los constituidos por una consonante, como la ka- de ka-toh ‘la casa’, ka-hoţ ‘la pierna / el pie’, ka-yoori ‘la garganta’, lit. ‘con lo que se traga’; etc. o la b(ë)- de b(ë)-lemani ‘naranjo’, b(ë)-laañ ‘pieza grande de tela’, b(ë)-ko ‘el árbol / la medicina’, etc.

Y, al describir estos prefijos, nos encontramos con que constituyen clases cerradas (Maggie y Gaved 2013), pues, por ejemplo, hay solo dos prefijos vocálicos en singular: el prefijo a-, que aparece en nombres referidos a humanos, como a-bab19 Pedro ‘el nieto de Pedro’, a-buk Ana ‘el hijo de Ana’, a-hin María ‘el marido de María’; y el prefijo u-, que aparece en nombres referidos a animales, como u-pi ‘la cabra’, u-kaŧ ‘el pájaro’, astros, como u-jah ‘la estrella’, órganos corporales, como u-deeb ‘el hígado’, objetos o fuerzas móviles, como u-kaaru ‘el coche’ o u-yook ‘el viento’, etc. Y, en singular, no pasan de siete los prefijos formados por una consonante ← 23 | 24 → seguida de una vocal, a los que hay que restar los que son meras variantes y los préstamos, como veremos enseguida. Las consonantes que se unen a una vocal para formar un prefijo en singular son, por orden alfabético, las siguientes: b, d, k, m, n, ñ y p. De aquí resultan, en principio, nueve clases nominales en el singular, que son por orden alfabético: las clases 1) a- y 2) u-, como prefijos vocálicos; y las clases 3) b-20, 4) d-21, 5) k-, 6) m-, 7) n-, 8) ñ- y 9) p- como prefijos consonánticos.

Así pues, como las vocales no presentan problemas por constituir sílaba por sí mismas, a continuación expondremos las posibilidades combinatorias de las siete consonantes citadas:

  • 1) la consonante b- puede aparecer combinada con la vocal /a/ o con la vocal /ë/ (que suena como la llamada e muda del francés), como en ba-luk ‘pago, reembolso’, ba-lúgúm ‘alma (de los muertos)’, ba-daaj ‘plato típico cuyo ingrediente principal es el arroz’, ba-ţi ‘cielo’, b(ë)-ko ‘árbol, medicamento’, b(ë)-ţeem ‘canoa’, -koow ‘cabeza’. Téngase en cuenta que en la categoría del prefijo b(ë)- entran todos los nombres referidos a vegetales, lo cual parece obedecer al hecho de que el hiperónimo para ‘vegetal’ es b(ë)-ko ‘árbol, planta’, caracterizado precisamente por el prefijo b(ë)-. Según el Manual de la Nueva gramática de la RAE (2010: 33), algo parecido sucede en español, donde algunos nombres referidos a marcas llevan el género del archilexema correspondiente: así, por ejemplo, Mercedes, Toyota, Peugeot, Renault, Seat, Honda, etc., son masculinos cuando se refieren a ‘coches’, ya que coche es de género masculino, mientras que Yamaha, Kawasaki, etc., son femeninos porque se refieren a motocicletas, siendo que la palabra moto es de género femenino. Así, el género de Honda, por ejemplo, será masculino o femenino dependiendo de si nos referimos a un coche o a una moto, respectivamente.

La regularidad que manifiestan los nombres referidos a los vegetales es parecida a la que reflejan los que sirven para designar los animales que, como dijimos supra, contienen todos el prefijo vocálico u-, lo cual podría deberse lógicamente también a que el archilexema para ‘animal’ lleva el prefijo u-: u-limaaria.

En plural este sistema se simplifica considerablemente, ya que las nueve clases del singular (las dos vocálicas y las siete consonánticas) se reducen a cinco:

En la siguiente tabla se reflejan las correspondencias entre las formas singulares y plurales de los prefijos de género27:

  • 1) Primera clase de plural, plural en ba-, que abarca tres clases de singular, todas ellas referidas a seres humanos:

fig1.jpg

  • 2) Segunda clase de plural, plural en i-, que abarca tres clases de singular referida a objetos o partes del cuerpo:

fig2.jpg

← 27 | 28 →

fig3.jpg

fig4.jpg

fig5.jpg

4. Algunas hipótesis sobre la relación entre el género y la sustancia semántica en la lengua mancañá

Como dijimos anteriormente, no siempre es evidente la relación entre género y sustancia semántica28 en mancañá. En este sentido, nombres de entes inanimados seres que comparten un mismo prefijo pueden referirse a objetos muy diferentes: ← 28 | 29 → así, sustantivos que designan objetos mecánicos, como u-kaaru ‘coche’, astros, como u-jah ‘estrella, partes del cuerpo, como u-deeb ‘hígado’, llevan el mismo prefijo u-. Y, además, se da la curiosa circunstancia de que este prefijo u- es, además, el prefijo característico de los nombres que se refieren a animales (recordemos, por ejemplo, u-pi ‘cabra’, u-daalu ‘gato’, etc.). Sin embargo, en virtud de lo que se ha expuesto más arriba, formularemos a continuación varias hipótesis acerca de la relación entre género y sustancia semántica en mancañá, hipótesis que, a nuestro juicio, presentan un elevado grado de verosimilitud:

Conclusiones

Muy rápidamente podemos concluir que:

  1. El morfema de género en español y el prefijo de las clases nominales del mancañá coinciden desde el punto de vista de su función morfosintáctica. ← 29 | 30 →
  2. El género y las llamadas clases nominales tienen la misma función: ambos sirven para establecer concordancias entre el nombre y otros elementos de la oración (como, por ejemplo, determinantes, adjetivos y verbos).
  3. Tanto el estudio del género en las lenguas indoeuropeas como el de las clases nominales de las lenguas africanas deben centrarse en el significado morfosemántico, o sea, en aspectos formales con reflejo en el significado, dejando la designación y la referencia en un segundo plano, ya que la sustancia semántica no obedece a ningún sistema.
  4. Más allá de las coincidencias morfosintácticas y semánticas entre el género y la clase nominal (las diferencias son muy secundarias), ambos procedimientos lingüísticos reflejan una necesidad fundamental propia del ser humano: la necesidad de clasificar, esto es, de establecer un orden dentro de la multiformidad y variedad del mundo que lo rodea.
  5. Y, en este sentido, aunque reciben denominaciones diferentes por obedecer a tradiciones lingüísticas distintas (indoeuropea versus africana), tanto el género como las clases nominales son meros clasificadores de los nombres.

Referencias bibliográficas

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TRIFKOVIC, Mirjana (1969): Le mancagne: étude phonologique et morphologique, Dakar: IFAN. ← 31 | 32 →

← 32 | 33 →

                                                   

  1 Aunque conocemos la distinción clásica entre nombres sustantivos y nombres adjetivos, a continuación con el término nombres nos referimos a los sustantivos, de modo que emplearemos indiferentemente los términos de nombre y sustantivo.

  2 Por supuesto, hablamos en general y ya se sabe que siempre hay excepciones: así, es ya un tópico que el pronombre femenino she se usa para designar gatos (en principio independientemente de su sexo) y barcos.

  3 Mientras que el kimbundu es una lengua autóctona de Angola, que se incluye en la familia níger-congoleña, el yola banyal y el wolof son dos lenguas de Senegal, como el mancañá, que es el idioma que consideramos en el presente estudio. En lo posible, hemos adaptado al español los nombres de estas lenguas africanas, a las que suele aludirse en su transcripción francesa: mancagne, diola banjal, etc.

  4 El signo (ë) nota una vocal oscura, apenas pronunciada: vid. a este respecto, y en general para la fonética del mancañá, Dioussé 2012.

  5 El acento sobre esta u, que notamos ú, sirve para advertir de su glotalización: así, en mancañá la ú es una vocal glotalizada y, por ello, distinta a la u (cf. al respecto Dioussé 2012).

  6 Ejemplos: na-pot / ba-poţ (‘niño’/’niños’); na-jukan ‘docente [sin especificar sexo]’; a-bab María ‘nieto o nieta de María’; etc.

  7 El trabajo de esta autora nos parece de suma importancia, pues se basa en aspectos formales para abordar el estudio del sistema de clasificación nominal en mancañá. Así, distingue las clases na-, a-, u-, ka-, p- (pa-), b- (ba-), ŋ-, i- y m-.

  8 Téngase en cuenta que, como veremos infra, como máximo hay diez clases en el singular, algo que resulta discutible si consideramos que na- y ñ- tienen el mismo origen y que las cuatro clases que suman la quinta y la séptima, por un lado, y la sexta y la octava, por otro, son reducibles a dos: quedarían, así, a lo sumo siete clases en el singular. En cuanto al plural, solo se observan cinco clases diferentes: ba-, ŋ-, i-, m(ë)- y k(ë)-.

  9 Como este prefijo no tiene plural por aparecer siempre en nombres no contables, representamos su plural por Ø.

 10 En mancañá, como en algunas lenguas semíticas, se usan una suerte de verbos de estado en lugar de adjetivos, de manera que, por ejemplo, la casa bonita se dice katoh kanuura (literalmente: la-casa ella-es-bonita).

 11 A continuación ofrecemos, siguiendo un orden alfabético, el singular de las distintas variantes genéricas que se documentan en mancañá. Contrariamente a lo habitual, preferimos, por motivos de claridad y precisión, hablar de clases de prefijos concretos (a-, u-, ka-, etc.), y no asignarles arbitrariamente un número, llamándolas clase 1, clase 2, etc.

 12 Aquí puede aparecer a- o na-, según el adjetivo sea calificativo o predicativo, cosa que solo ocurre con los humanos. Así, por ejemplo, na-poţ na-nuura equivale a niñ@ bonit@; pero, si decimos na-poţ a-nuuraa, entonces sería el/la niñ@ es bonit@.

 13 Aquí puede aparecer el prefijo m(ë)-, pero no con significado de ‘plural’, sino con un sentido de comparación, del tipo de español ‘el mismo que’, porque el mancañá utiliza el numeral ‘uno’ con el sentido de ‘el/la/lo mismo’; por ejemplo, m(ë)-ntow mi na muŋ mawo m(ë)nloolan, que, literalmente, sería: leche (m(ë)-ntow) esta (mi) y (na) esa (muŋ) ellas-son (ma-wo) una (m(ë)nloolan) = ‘esta leche y esa son iguales’.

 14 Preferimos esta forma a wi-, que suele aparecer en los manuales del mancañá, porque nos parece más regular desde el punto de vista morfofonológico.

 15 Los nombres propios no presentan tal estructura, en la medida en que aparecen como un conjunto no susceptible de segmentarse en «prefijo + lexema». He aquí algunos ejemplos de nombres de pila: Paaju, Naala, Kamala, Kwaadi. La cosa es que los nombres propios no admiten la oposición ‘singular/plural’ que los nombres comunes expresan por medio del prefijo, el cual adopta una forma diferente, varía, según el nombre aparezca en singular o en plural.

 16 Separamos artificialmente mediante un guión el prefijo ka del lexema que le sigue para reflejar la estructura bimembre de los sustantivos del mancañá de la manera más clara posible, aunque, en la ortografía normativa del mancañá, ambos elementos se escriben juntos formando una palabra única.

 17 En este caso el prefijo expresa un plural colectivo, esto es, un conjunto que no distingue individualidades.

 18 Esta forma denota el plural no como un colectivo o una masa, sino como un grupo en el que los elementos destacan como unidades individuales. Esta forma es la que responde al pronombre de cantidad hum? ‘¿cuánto?’, para expresar un número, una cantidad determinada: ŋ(ë) -naana hum? significa literalmente ¿plataneras cuántas?, es decir, ‘¿cuántas plataneras?’. Y a ello se responde con un número determinado, el que corresponda.

 19 Estos nombres suelen aparecer solo como núcleos de un sintagma nominal, al que se añade un complemento del nombre o un pronombre posesivo. Así, cuando se dice abab ‘nieto’, por ejemplo, se espera que este nombre sea complementado por otro nombre o por un posesivo de la siguiente manera: abab Mario ‘el nieto de Mario’ o abab naan ‘mi nieto’.

 20 Este prefijo ofrece dos posibilidades combinatorias: se une directamente al lexema que le sigue o se une a él mediante la vocal a.

 21 Como el anterior, este prefijo presenta también dos posibilidades combinatorias: se une directamente al lexema que le sigue o se une a él mediante la vocal a.

 22 Sin embargo, en algunos nombres contables muy concretos como ñiinţ ‘varón’ y ñaaţ ‘mujer’ (así como también en neegani ‘chica joven’ y algunos otros) también se da esa fusión de prefijo (en este caso, el na- de los seres humanos) y lexema, que hace imposible una separación gráfica entre ambos, empleando el guión, como hemos venido haciendo normalmente.

 23 Se trata de un préstamo a partir del portugués anel: se observa que, en este caso, el prefijo de la voz mancañá es la consonante p- sin más, a la que sigue la vocal a- de anel. Casos curiosos resultan otros portuguesismos claros como, por ejemplo, pa-daaş ‘pedazo’, pa-şaaja ‘pasaje’y pa-taka ‘moneda de cinco francos CFA’, que corresponden, respectivamente, a pedaço, passagem y pataca, sustantivos portugueses, que, si bien en mancañá, se segmentarían tal y como lo hemos hecho, no cabe duda que presentan una primera sílaba que pertenece a la raíz del préstamo y nada tiene que ver, por tanto, del prefijo mancañá p(ë)-. En cuanto al franco CFA (siglas que se suelen pronunciar /sefa/), se trata de la moneda en curso de 14 países, la mayoría de las antiguas colonias del África occidental francesa (de ahí las siglas originales: Colonias Francesas de África, luego entendidas como Comunidad Francesa de África y, actualmente, como Comunidad Financiera de África), como Senegal, Costa de Marfil, Mali, Burkina Faso, Gabón, etc. En la actualidad también se emplea esta moneda en otros dos países que no pertenecieron a Francia: Guinea-Bissau, antigua colonia portuguesa, y Guinea Ecuatorial, antigua colonia española.

 24 En concreto, se usa para nombres contables, pues es el prefijo que aparece con los numerales, pero también sirve para expresar cantidades reducidas de esos mismos nombres contables. Diferenciamos este plural contable o concreto del que llamamos plural colectivo, que aparecerá más tarde.

 25 El numeral se pone detrás del sustantivo porque necesita repetir su prefijo: por la misma razón se ponen también detrás del sustantivo otros determinantes suyos, como son los adjetivos, pronombres y verbos.

 26 El contacto del prefijo m(ë)- con la l- inicial del lexema -lemani provoca esta epéntesis de -n-.

 27 No se incluyen las formas que no disponen de plural.

 28 Siguiendo la terminología de la llamada Escuela Semántica de La Laguna, en cuyo seno hemos llevado a cabo nuestra Memoria de Investigación del Máster y nuestra Tesis Doctoral, entendemos por sustancia semántica la referencia externa al lenguaje, la designación y, en suma, la realidad: cf., por ejemplo, al respecto García Padrón 1997: 112–113.

 29 Por eso presentan este prefijo casi todas las frutas y algunos bulbos.

Xavier Lee Lee
(Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)

Sobre la naturaleza y el uso de los clasificadores en la lengua china

1. Introducción

Categorización lingüística

El estudio del fenómeno de los clasificadores chinos y de los clasificadores en general está estrechamente ligado a las teorías relativas a la categorización. Este término hace referencia a la capacidad y necesidad inherente a los seres humanos de ordenar en su mente la información relativa a las realidades que conforman el mundo que los rodea. Es este un proceso de reconocimiento, también denominado aprehensión, que permite abstraer un ente concreto de la realidad para asignarle una correspondencia mental de acuerdo a determinados rasgos propios del objeto que lo hacen similar o diferente a otras representaciones que puedan existir en el conocimiento enciclopédico compartido de una comunidad hablante. Este proceso cognitivo es, evidentemente, también una cuestión lingüística en tanto que la lengua es la vía de concretización de dicha operación mental. La pregunta sobre cómo tiene lugar exactamente dicha operación sigue siendo objeto de debate entre los lingüistas, pero todo indica que se han superado los modelos clásicos que entendían la ordenación del lexicón mental como una operación puramente lógica basada en taxonomías semánticas constituidas por compartimentos delimitados de forma nítida. La lingüística cognitiva ha aportado un conjunto de argumentos que contradicen este enfoque objetivista1.

Así, cognitivistas como Langacker (1991:1) entienden que la asimilación mental del mundo es el resultado de la experiencia, entendida como vivencia humana, en que intervienen factores físicos, psicológicos, sociales, culturales y comunicativos, cuya interacción –si bien se trata de circunstancias universales, en tanto que compartidos o semejantes a todos los colectivos humanos– da lugar a diferentes maneras de conceptualizar la realidad. Pero aunque puedan ← 33 | 34 → existir diferentes criterios o técnicas de conceptualización, el procedimiento mental que subyace a estas operaciones responde a una estrategia reduccionista consistente en la fijación de una serie de arquetipos léxicos para un número extenso de realidades que, siendo diferentes, comparten rasgos comunes. Los criterios aplicados para el establecimiento de esos arquetipos tienen en cuenta ciertas características de una realidad determinada y el uso repetido y extensivo de esas características hace que ellas mismas se conviertan en «quintaesencias» (Luque Durán 2004: 349) compartidas por todos los elementos que surgen de esta aprehensión, convirtiéndose en lo que llamamos categorías gramaticales, entendido este concepto en el sentido más amplio que le confiere la lingüística moderna, la cual incluye dentro de este término rasgos como el género, el número, el tiempo, etc.

2. Relevancia relativa de las categorías gramaticales

Las técnicas de clasificación aplicadas para el proceso referido anteriormente varían según las lenguas. Tomemos como ejemplo la categoría gramatical del género: la clasificación de los sustantivos en muchas lenguas indoeuropeas obedece a este criterio, si bien es frecuente que el proceso de gramaticalización de muchas lenguas ya no permita reconocer, sin más, el porqué de una asignación de un sustantivo dado a un género determinado; por otro lado, también varían las estrategias para realizar esa asignación. Como explica Luque Durán (2004: 361), las causas de la adjudicación del género son más perceptibles en lenguas con «un sistema semánticamente vivo», es decir, donde la categorización gramatical refleja una particular visión del mundo de una manera más evidente: así, suele citarse el ejemplo del dyirba, lengua en que la palabra que designa ‘ave’ se incluye en la categoría de los ‘seres animados femeninos’ porque se entendía que las aves eran espíritus de mujeres difuntas.

También el propio peso del género como categoría gramatical puede variar: como es sabido, existen lenguas que no recurren al género como rasgo clasificador de sus sustantivos: es el caso del inglés, pero también el de muchas lenguas asiáticas. Centrándonos ya en la lengua china2, podemos afirmar que ciertas categorías gramaticales elementales en muchas lenguas europeas, tales como el género y el número, no son rasgos gramaticales relevantes de sus sustantivos. Y, asimismo, esta menor relevancia del género gramatical en chino ← 34 | 35 → se refleja en la ausencia de artículo definido, como se observa en el siguiente ejemplo:

老师今天不来。   (lǎo shī jīntiān bù lái) profesor hoy no venir
> El / la profesor/a no viene hoy.

Como adelantábamos, tampoco la expresión del número gramatical es obligatoria en chino: habitualmente se infiere del contexto sin necesidad de recurrir –igual que con el género– a mecanismos morfológicos, como muestra la siguiente oración, en que la idea de pluralidad semántica viene aportada por el adverbio chino (dōu) mientras el sustantivo conserva la misma forma que vimos en el ejemplo anterior: 老师 (lǎo shī), que carece de cualquier tipo de marca de pluralidad:

老师都来了。   (lǎo shī dōu lǎi le3) profesor todos venir ya [partícula perfectiva]
> Todos los profesores han venido ya.

3. Sintaxis y función de los clasificadores chinos

Nos ocuparemos a continuación de los clasificadores, que son los mecanismos de que se sirve el chino cuando necesita complementar, señalar o contar algún referente. El núcleo del sintagma nominal chino puede complementarse de diferentes maneras; así, por ejemplo, mediante una relación posesiva:

我的老师来了。   (wǒ de4 lǎo shī lǎi le) de [part. posesiva] yo profesor venir ya
> Mi profesor ya ha venido.

Algo análogo sucede cuando un adjetivo complementa a un sustantivo:

好玩的老师来了。   (hǎo wán de5 lǎo shī lǎi le) gracioso [part. adjetiva] profesor venir ya
> El profesor gracioso ha venido ya.

En ambos casos –exceptuando quizás la incorporación de la partícula (de)– la construcción es relativamente fácil de asimilar en tanto que el pronombre ← 35 | 36 → personal o el adjetivo modifican al sustantivo de manera similar a como sucede en las lenguas occidentales.

Pasemos ahora a los casos en los que es prescriptivo emplear un clasificador. De una manera muy resumida y refiriéndonos a su función, podríamos definir los clasificadores chinos como aquellos elementos que expresan unidades de un objeto (Guo 2005: 31) y que, además, pueden informar del «aspecto por el que se diferencian entre sí las porciones de la misma cosa o los conjuntos de la misma clase de cosas» (Xu y Zhou 1997: 51). En cuanto a su posición sintáctica, si bien existen excepciones, las gramáticas didácticas hacen hincapié en que son «aquellas palabras que deben aparecer obligatoriamente en las construcciones en las que hay un determinante (principalmente un numeral o demostrativo) y un nombre» (Rovira Esteva 2009: 205). Dependiendo de los manuales y los investigadores, la terminología para designar los diferentes tipos de clasificadores puede variar, así como sus subdivisiones en categorías más específicas6. Aquí, por razones de espacio, nos limitaremos a comentar las categorías más generales de los clasificadores nominales, esto es, aquellos que acompañan a los sustantivos, pero hemos siquiera de mencionar que la lengua china posee, además, otro grupo de clasificadores –si bien en un número menor–, que son los llamados clasificadores verbales y sirven para enumerar acciones.

3.1 Clasificadores «prestados» o vicarios y clasificadores de colectivos

Por ser su empleo más parecido a lo que ocurre en las lenguas europeas comenzaremos aquí con los clasificadores que algunas gramáticas chinas denominan prestados, en el sentido de vicarios o subrogados (para no llamarlos espurios o pseudoclasificadores), pues actúan a modo de clasificadores. Como ejemplo nos sirve el sustantivo ‘botella’ (píng), que, como ‘vaso’, ‘copa’ o ‘jarra’, sirve para clasificar al sustantivo agua (shuǐ):

我买一水。   (wǒ mǎi yī píng shuǐ) yo comprar uno botella agua
> Yo compro una botella de agua.

我买这水。   (wǒ mǎi zhè pǐng shuǐ) yo comprar este botella agua
> Yo compro esta botella de agua.

Ambos ejemplos nos muestran como el clasificador (píng) se emplaza entre el numeral o el demostrativo, respectivamente, y el sustantivo. Y en este caso ← 36 | 37 → coincide con construcciones similares existentes en las lenguas europeas, en concreto con aquellas construcciones en que se trata de cuantificar una porción determinada de un referente designado por un sustantivo no contable. Las gramáticas chinas suelen agrupar estos clasificadores bajo denominación común de clasificadores prestados o clasificadores-contenedores, puesto que se trata de palabras con valor léxico propio, pero que, en ciertos momentos, pueden ejercer de clasificadores por denotar referentes que pueden ‘contener’ o incluir a otros referentes: así, en el ejemplo citado, una botella puede contener agua.

Junto a este primer grupo de clasificadores, existe un segundo grupo cuyo uso también es similar al de las estructuras lingüísticas correspondientes en las lenguas europeas: son los llamados clasificadores de conjuntos o clasificadores de colectivos, cuya función consiste en agrupar un número determinado o indeterminado de referentes bajo un clasificador común porque su característica más destacada (o, al menos, la que se quiere destacar) es el hecho de que estos referentes forman un conjunto. Como ejemplos de estos clasificadores de colectivos sirven los siguientes, que equivalen al español par/pareja (un par de pendientes) o rebaño (un rebaño de ovejas):

耳环。   (yī shuāng ěr huán) uno [clasificador shuāng] pendiente
> Un par de pendientes.

羊。   (yī qún yáng) uno [clasificador (a continuación abreviado clas.) qún] oveja
> Un rebaño de ovejas.

3.2 Clasificadores individuales

Frente a estos dos tipos de clasificadores más generales (y con paralelos en las lenguas europeas) se encuentra el grupo de los llamados clasificadores nominales de individuos (Xu y Zhou 1997: 53) o clasificadores nominales individuales, a los que las gramáticas menos específicas consideran los clasificadores nominales propiamente dichos (Guo 2005: 31–32). Su empleo suele resultarle particularmente llamativo a los hablantes de lenguas europeas: en primer lugar, por constituir una estructura sintáctica que les es desconocida; y, en segundo lugar, por la heterogeneidad de los referentes que pueden incluirse en la misma categoría de clasificadores, lo cual suele resultarles aún más sorprendente (Rovira Esteva 2002: 373).

Veamos, primero, el comportamiento sintáctico de estos elementos. Por regla general, aquellas lenguas que contemplan el número como una categoría gramatical suelen hacer coincidir los sustantivos poseedores de una forma plural con los sustantivos contables, de tal manera que, en el momento de cuantificarlos, se indica el numeral y el sustantivo –con la marca de plural cuando el numeral es ← 37 | 38 → mayor que uno– sin necesidad de que medie ningún otro elemento: un hombre > dos hombres; una casa > dos casas. Ahora bien, en chino, como ya vimos, no se expresa el rasgo de ‘pluralidad’ de forma morfológica, de manera que, cuando se enumera, se siente la necesidad de individualizar un referente dado, es decir, segregar una parte del concepto abstracto y convertirlo en una porción concreta, en una unidad individual, que permite ser cuantificada:

我有一朋友 。   (wǒ yǒu yī ge péng yǒu) yo tener uno [clas. ge] amigo
> Yo tengo un amigo.

我有两朋友。   (wǒ yǒu liǎng ge péng yǒu) yo tener dos [clas. ge] amigo
> Yo tengo dos amigos.

Ambos ejemplos nos muestran cómo, sintácticamente, la presencia de un numeral exige, para evitar construcciones agramaticales, la aparición de un clasificador: en este caso ge. Y lo mismo sucede cuando concurre un pronombre demostrativo, como vemos en el siguiente ejemplo:

这个朋友是美国人。
(zhè ge péng yǒu shì měi guó rén)

este [clas. ge] amigo ser Estados Unidos persona
> Este amigo es estadounidense.

El clasificador puede, además, desempeñar una especie de función anafórica, actuando como un clítico pronominal, pues su aparición evita la repetición de un nombre ya mencionado en el cotexto y acompañado por el mismo clasificador, como vemos en el siguiente ejemplo:

我有两弟弟, 他只有一
(wǒ yǒu liǎng dì di, tā zhǐ yǒu yī )

yo tener dos [clas. ge] hermano menor, él solo tener uno [clas. ge]
> Yo tengo dos hermanos más pequeños, él solo tiene uno.

Esto sería, de manera muy sucinta, lo que nos dice la gramática normativa sobre la sintaxis del clasificador7. Ahora bien, si en los ejemplos considerados el ← 38 | 39 → clasificador actúa como elemento individualizador, ¿en qué consiste su función clasificadora, de la que recibe el nombre? Ante todo hay que decir que el chino dispone de un inventario relativamente numeroso de clasificadores: algunos diccionarios exhaustivos llegan a recopilar más de 900, si bien otros, más centrados en el chino actual, recogen en torno a los 175. Además de que los clasificadores ocupan la posición sintáctica que hemos visto, cada sustantivo debe ser contado o señalado por el clasificador que le corresponde8. Y, a diferencia de los clasificadores prestados o vicarios, cuya principal característica consiste en posibilitar la cuantificación de un referente no contable (pero sin guardar, más allá de esto, una relación semántica con él), la adjudicación de un clasificador individual a un sustantivo determinado obedece a diferentes criterios como pueden ser la forma, la función, el hecho de ser una persona o un animal, el que algo sea flexible o rígido, etc. Así, el clasificador (ge) puede usarse con personas y, por ende, también es válido para el referente 朋友 (péng you ‘amigo’), como mostraba el ejemplo anterior.

Recurrir a los rasgos fenomenológicos de las cosas para clasificarlas es algo que tienen en común muchos clasificadores chinos y, desde la perspectiva del hablante occidental, puede resultar particularmente llamativo. Para una mejor ilustración de cómo funciona esto, nos serviremos a continuación del clasificador (tiáo), que en el chino actual es usado para acompañar a sustantivos que designan realidades alargadas, estrechas y flexibles:

绳子 (yī tiáo shéng zi)
皮带 (yī tiáo pí dài)
围巾 (yī tiáo wéi jīn)
 uno [clas. tiáo] cuerda > Una cuerda
uno [clas. tiáo] cinturón > Un cinturón
uno [clas. tiáo] bufanda > Una bufanda

El modo de adjudicar un grupo de referentes a un clasificador, sin embargo, no ha de entenderse como una organización sistemática de conceptos semánticamente relacionados en términos de taxonomía científica, sino más bien como el resultado de un proceso guiado por las convenciones de un colectivo de hablantes, quienes a través del uso han plasmado lingüísticamente su forma de percibir el mundo, optando precisamente por unos rasgos en vez de otros para referirse a la realidad. De ahí que un mismo clasificador pueda englobar referentes que, para un miembro de otra comunidad lingüística que desconozca el común denominador de ese clasificador, pueden parecer faltos de cualquier vínculo semántico. De ello dan fe los siguientes ejemplos, también pertenecientes a la categoría definida por el citado clasificador (tiáo): ← 39 | 40 →

一条蛇   (yī tiáo shé) uno [clas. tiáo] serpiente > Una serpiente
一条河   (yī tiáo hé) uno [clas. tiáo] río > Un río
一条路   (yī tiáo lù) uno [clas. tiáo] camino > Un camino

Ahora bien, la correspondencia de los rasgos formales de un referente con los criterios de su clasificador no siempre tiene que reflejar el mismo grado de coincidencia: así, junto a los representantes prototípicos o centrales de la categoría (en este caso, /tiáo/, que, como hemos visto designa realidades alargadas, estrechas y flexibles, como muestran los ejemplos anteriores), existen otros cuya correspondencia formal resulta más periférica. Tal sucede cuando (tiáo) es el clasificador de nombres como los siguientes:

法律
新闻
 (yī tiáo fǎ lǜ)
(yī tiáo xīn wén)
 uno [clas. tiáo] ley >
uno [clas. tiáo] noticia >
 Una ley
Una noticia

Sin embargo, la asignación de estos sustantivos al clasificador (tiáo) se vuelve comprensible para el que sepa que, antiguamente, los textos chinos se escribían en tablillas de bambú o madera, que eran de forma alargada y contenían siempre una columna de caracteres que se leían de arriba abajo: tales tablillas y la imagen de la columna de caracteres se ajustan a los rasgos formales de ‘objeto largo y estrecho’ que caracterizan al clasificador (tiáo), si bien, en este caso, carecen del tercer rasgo, el ser ‘flexibles’, que sí comparten los referentes anteriores9, por lo que, en estos dos últimos casos (las ‘leyes’ y ‘noticias’ escritas en tablillas), tendríamos que hablar de elementos periféricos de la categoría. Y, precisamente en estos dos últimos casos, observamos que la asignación del clasificador se ha debido a un procedimiento de metonimia, y más en concreto a una sinécdoque por cuanto el formato o la apariencia física del referente –en este caso, la tablilla o la columna de caracteres de un texto– sirve para representar, en términos de categoría, el contenido mismo del texto –una ley o una noticia–, que, por supuesto, es físicamente menos tangible.

Los mecanismos que rigen la asignación de un nombre a un clasificador o categoría determinados son, por tanto, diversos: así, además de los que se deben a una compatibilidad, más o menos clara a primera vista, de los rasgos formales, los hay de otra naturaleza. El postulado de Lakoff (1993: 205), según el cual la asociación metafórica es un procedimiento indispensable para hablar sobre conceptos abstractos, se evidencia también en algunos procesos de adjudicación ← 40 | 41 → de nombres a determinados clasificadores10. Así, siguiendo con el clasificador (tiáo), tenemos el siguiente ejemplo:

一条命  (yī tiáo mìng) uno [clas. tiáo] vida > Una vida

Muchas culturas, para hablar de la ‘vida humana’, de la ‘trayectoria vital de una persona’, que no es un concepto tangible, recurren a la metáfora de un trayecto relativamente dilatado a lo largo de un camino que no siempre es recto, sino que puede ser sinuoso por sus rodeos y recovecos. Y esto ocurre también en el acervo metafórico del colectivo chino, lo que hace posible la asignación de ‘vida humana’ al clasificador (tiáo) que, como vimos, es también el de ‘camino’. Lingüísticamente no deja de ser interesante que toda la extrapolación metafórica se active, precisamente, mediante los clasificadores.

En lo referente a la asignación del clasificador nos parece destacable señalar otro procedimiento que, a nuestro juicio, es de carácter gramatical. Recurramos otra vez al clasificador (tiáo), que, en el siguiente ejemplo hace de clasificador de la palabra 裤子 (kù zi ‘pantalón’), cuyo referente tiene, sin duda, una forma estrecha, alargada y flexible:

裤子  (yī tiáo kù zi) uno [clas. tiáo] pantalón > Un pantalón

Todo parece indicar que aquí la adjudicación de clase se ajusta a los rasgos definitorios del clasificador. Consideremos, sin embargo, ahora los dos casos siguientes:

一条内裤  yī tiáo nèi kù uno [clas. tiáo] calzoncillo > Un calzoncillo
一条短裤  yī tiáo duǎn kù uno [clas. tiáo] short > Un short

A diferencia de los ejemplos anteriores, observamos aquí que los rasgos formales de los referentes de ‘calzoncillos’ y ‘short’ no cumplen el requisito de ‘alargado’, rasgo prototípico en el clasificador (tiáo). Sin embargo, según las normas de uso del chino, ambas estructuras son correctas. Para Zhang (2007: 47), esto se explica porque algunas palabras o morfemas chinos pueden convertirse en «términos de clase», de tal manera que encabezarían una taxonomía lexicológica (una suerte de hiperónimos formales) y todas las palabras compuestas a partir de ese morfema (hipónimos, en este sentido) se verían obligadas a llevar el clasificador del término de clase, en este caso (tiáo), por ser el clasificador del término léxico primigenio o lexema primitivo, en este caso 裤子 (kù zi ‘pantalón’). Se podría ← 41 | 42 → argumentar que estamos ante una gramaticalización del uso del clasificador, pues su empleo parece obedecer a una necesidad de concordancia, de índole netamente gramatical, entre el morfema (, presente tanto en kù zi como en nèi kù y duǎn kù) y el clasificador (tiáo), toda vez que las características físicas de los referentes ‘calzoncillos’ y ‘short’ no solo carecen de compatibilidad con el rasgo de ‘alargado’, prototípico de su clasificador, sino que incluso lo contradicen.

4. Valor semántico de los clasificadores

En los apartados previos se han definido los clasificadores del chino como elementos estructurales que, por un lado, permiten segmentar una realidad o unos referentes percibidos como un todo en unidades individuales y, por otro, funcionan como indicadores de rasgos que deciden la pertenencia de un sustantivo a una clase nominal determinada, y no a otras. Ante este hecho surge la cuestión de cuál es exactamente el valor semántico de los clasificadores en el discurso. O, dicho de otra manera: ¿son los clasificadores simples morfemas, elementos puramente gramaticales, o son lexemas y, por tanto, poseen también una carga léxica?

El corpus de textos chinos antiguos demuestra que los clasificadores tuvieron casi siempre una carga semántica propia –como sustantivos que fueron muchos en origen–, pero que, en el curso de la evolución del idioma, perdieron esa calidad y se convirtieron en unidades de índole más bien gramatical11. Así, la mayoría de los actuales clasificadores son antiguos nombres que perdieron su capacidad referencial propia para convertirse en una suerte de marcas o indicadores de clases de nombres. Ahora bien, si admitimos que el clasificador es una marca abstracta de ciertos rasgos compartidos por un conjunto de referentes, de eso cabría concluir que resulta semánticamente redundante por no añadir al nombre información alguna. De hecho, en los ejemplos que hemos visto todo indica que sucede así:

一条绳子  (yī tiáo shéng zi) uno [clas. tiáo] cuerda > Una cuerda

La información semántica de que se trata de un objeto alargado y flexible ya está presente en el propio sustantivo shéng zi ‘cuerda’, de manera que el clasificador tiáo no aporta, efectivamente, ningún dato nuevo: a lo sumo se podría percibir como una palabra que subraya y pone de relieve un rasgo que, por lo demás, ya se conocía. ← 42 | 43 →

Sin embargo, existen casos en los que el clasificador sí es portador de valor semántico propio porque su aparición origina un significado determinado en el discurso. Sin ánimo de tratar detalladamente sobre los matices relacionados con la carga semántica del clasificador, aportamos a continuación algunos ejemplos en los que, de diferentes maneras, se hace evidente el valor léxico del clasificador. En este sentido, en chino hay nombres cuyo significado se concretiza o desambigua mediante el uso de clasificadores. La concretización léxica de los nombres mediante el empleo de determinados clasificadores la observamos, por ejemplo, en la palabra 房子 (fáng zǐ), cuyo significado más general es ‘casa’, pero que también puede referirse a otras realidades concretas dependiendo del clasificador que lo acompañe, según vemos en tres ejemplos tomados de Xu y Zhou (1997: 51):

En el primer ejemplo aparece la palabra (jiàn)12, cuyo significado como lexema pleno es similar a la preposición española entre, mientras que como clasificador designa las partes de que se compone una edificación (ya sea una vivienda privada o un edificio público): habitaciones, aulas, etc. Así, el clasificador jiàn no forma parte, lexicológicamente, de la palabra 房子 (fáng zǐ ‘casa’), pero le proporciona un significado diferente. En el segundo caso nos encontramos con el clasificador (zuò), que, normalmente, acompaña a objetos percibidos como de gran tamaño e inmóviles, como montañas, islas, edificaciones de cierta envergadura, estatuas, etc.), pero que, en este caso, aporta a la palabra 房子 (fáng zǐ ‘casa’) un matiz semántico nuevo, pues indica que se trata de un ‘bloque de viviendas’. En el tercer ejemplo la diferenciación semántica se debe a la elección del clasificador (tào), el cual, normalmente, acompaña a nombres que designan objetos que conforman un conjunto, un equipo o una serie, como son un mobiliario, un traje, un equipamiento, una colección, etc. La aparición de este clasificador activa, por tanto, en la mente de los hablantes chinos la imagen de una vivienda, esto es, de un piso o apartamento, que se encuentra dentro de un edificio mayor y cuyas dependencias están listas para ser habitado como morada, de manera que este clasificador también concretiza semánticamente la noción más general que expresa la palabra casa. ← 43 | 44 →

La desambiguación es el segundo fenómeno en que se materializa la carga semántica del clasificador: se diferencia claramente de la concretización semántica de los ejemplos anteriores porque la aparición del clasificador no supone un enriquecimiento semántico del nombre mediante la aclaración, diferenciación o matización de su referencia, sino que la interpretación de un enunciado en un sentido o en otro depende, precisamente, de la aparición del clasificador, como vemos en el siguiente ejemplo, donde aparece el clasificador zhī:

你给我一枪。  (nǐ gěi wǒ yī zhī qiāng) tú dar yo un [clas. zhī] arma
> Dame un arma / rifle.

Este clasificador (zhī) puede enumerar diferentes clases de nombres, en los que están aquellos que se refieren a ‘objetos largos y rígidos’: de esta manera, el nombre (qiāng) acompañado del clasificador (zhī) designa armas largas y rígidas, que pueden ser punzantes, como una lanza, o de fuego, como un rifle. Sin embargo, si en esta oración suprimimos el clasificador nominal, obtenemos la siguiente construcción:

你给我一  (nǐ gěi wǒ yī qiāng) tú dar yo uno [clasificador verbal qiāng] tiro
> Dame un tiro.

Sin querer incidir en una cuestión que puede resultar difícil para los que desconozcan totalmente la lengua china y no sepan que una palabra aislada puede servir tanto de sustantivo como de verbo (lo mismo que, en cierto modo, ocurre en inglés, donde phone funciona como sustantivo en the phone y como verbo en to phone), en este último ejemplo se observa que la ausencia del clasificador nominal y el mantenimiento del numeral cardinal hacen que la voz (qiāng), que actuaba como sustantivo en función de objeto directo en la oración anterior, funcione ahora como un clasificador verbal, el cual –dicho muy sucintamente– sirve para enumerar las veces que se produce la acción designada por el verbo. Pero lo que más nos importa es que, en este caso, la ausencia del clasificador nominal origina un significado completamente distinto.

Concluiremos este apartado sobre el valor semántico del clasificador con un breve comentario sobre su papel como recurso estilístico, ilustrado con un ejemplo, que nos muestra cómo un mismo sustantivo puede venir acompañado por diferentes clasificadores sin que de ello resulte modificación alguna de su significado léxico, aunque sí de sus valores estilísticos, como son el grado de formalidad del mensaje o el nivel de respeto que el hablante manifiesta hacia el referente. Así, el chino dispone de diversos clasificadores para aludir a las personas, siendo de ← 44 | 45 → uso frecuente (), (míng) y (wèi), cada uno de los cuales cuenta con matices pragmáticos propios, que resultan difíciles de traducir:

a) 他是一老师。 tā shì yī lǎo shī
> Él es un profesor
   él ser uno [clas. ] profesor
b) 他是一老师。 tā shì yī míng lǎo shī
> Él es un profesor
   él ser uno [clas. míng] profesor
c) 他是一老师。 tā shì yī wèi lǎo shī
> Él es un profesor
   él ser uno [clas. wèi] profesor

La traducción al español de estas tres frases sería, en principio, la misma: «Él es un profesor»13. Ahora bien, el hablante chino percibe en cada una de ellas un matiz diferente, siendo el matiz del primer ejemplo seguramente el más opaco, pues el clasificador () es el más general de los que permiten la catalogación de personas, como veremos en el último apartado: aparece en situaciones comunicativas informales (como la comunicación verbal coloquial), aunque también pueda hacerlo en textos escritos, especialmente cuando no se refiere a una persona en particular. Por su parte, el uso del segundo clasificador, (míng), pertenece al registro lingüístico propio de los textos escritos formales y también se le encuentra en todas las situaciones de comunicación verbal que requieren un grado de mayor formalidad, como pueden ser las presentaciones o entrevistas en los medios públicos. Como es bien sabido, las normas sociales tienen un peso significativo en las sociedades confucianas: el respeto a la posición social, la manera correcta de dirigirse a alguien o de hablar sobre alguien también pueden incidir en el uso del clasificador. Y, en este sentido, la diferencia entre el segundo y el tercer ejemplo refleja este fenómeno: en el tercer ejemplo, el hablante chino no solo trata de ajustarse al mayor grado de formalidad exigido por una situación comunicativa determinada, sino que, además, el uso del clasificador (wèi) responde a un deseo de mostrar cortesía, respeto e, incluso, admiración hacia la persona a la que acompaña, algo que no ocurre en el caso de (míng), el cual, aun cumpliendo con el grado de formalidad que exige el registro lingüístico, es neutro por lo que respecta a la actitud del hablante. ← 45 | 46 →

5. Proceso de generalización de los clasificadores

Los ejemplos citados en el apartado anterior, además de ilustrar el grado de semanticidad de los clasificadores, indican que, en ocasiones, un nombre es susceptible de ser acompañado por diferentes clasificadores: así, si bien son numerosos los nombres que tienen asignado un clasificador específico y no admiten ningún otro, también son frecuentes aquellos que, además de un clasificador de carácter más específico, se pueden combinar con otro(s) clasificador(es) de carácter más general; y asimismo, por último, existen nombres que carecen de clasificador específico y vienen siempre acompañados por un clasificador general: el caso de () muestra cómo el clasificador de naturaleza más general es también aquel que menos aportación semántica añade al discurso. En este sentido, se puede decir que cuanta menor sea la carga semántica del clasificador mayor será su grado de gramaticalización, pues, como ocurre en el caso de (), la aparición del clasificador responde más a la necesidad de cumplir con las exigencias sintácticas de la lengua que a cualquier otra necesidad de carácter léxico-semántico.

La tendencia a la gramaticalización de los clasificadores chinos es un fenómeno ampliamente debatido: hay opiniones que predicen e incluso abogan por una simplificación drástica del inventario de clasificadores, mientras que otras propugnan una postura más conservadora en el uso y la interpretación evolutiva de la lengua china (Wang 2000: 49). Lo cierto es que los análisis de corpora del chino actual constatan una tendencia hacía el uso generalizado de ciertos clasificadores (Tian 2013: 38), de los que, a continuación, vamos a comentar el caso de (), llamado también de manera coloquial «el clasificador omnipotente» (万能量词 [wàn néng liàng cí], Tian 2013: 39), por ser el más extendido, y que bien puede servir de ejemplo de las susodichas «extensiones genéricas».

El significado primigenio de () era el de ‘tallo de bambú’ y también se utilizaba para referirse a la planta en sí, al ‘bambú’. La ampliación de su campo de uso se constata ya en el llamado «Periodo de Primaveras y Otoños» (722–481 a. C.), cuando se emplea como clasificador de algunos otros referentes concretos como las ‘flechas’, por ser el bambú o la madera el material de que se hacían. También para esa época está ya recogido su uso como clasificador de la ‘piel de ciervo’, objeto concreto sin relación evidente con su significado inicial. En el «Periodo de las Seis Dinastías» (220–589 d.C.) se produce una mayor generalización, pues () aparece ya clasificando a otros animales y plantas, y comienza, además, a acompañar a nombres que designan ‘personas’. Luego, en siglos posteriores, se extendió su empleo a sustantivos que denotan ‘espacio’ y conceptos abstractos como ‘tiempo’ o ‘sentimientos’. A partir de la dinastía Song (960–1279 .C.) ← 46 | 47 → y conservando las propiedades anteriores, experimentó una modificación cualitativa al poder funcionar también como partícula auxiliar en determinadas estructuras verbales con complemento, lo que significaba un paso más hacia su gramaticalización. Así pues, la evolución de () ejemplariza la trayectoria de otros clasificadores, que se han gramaticalizado por su propensión a ser usados de manera general: en efecto, () pasó de ser un nombre concreto a convertirse en un clasificador, primero de referentes relacionados semánticamente y, después, de otros objetos concretos sin relación semántica con su significado originario; y, por último, llegó a usarse como clasificador de referentes abstractos.

En el chino actual, la comentada tendencia de () se observa especialmente en el lenguaje hablado, donde, con independencia del nivel de educación del hablante, se opta por el clasificador general en perjuicio de otros posibles clasificadores más específicos (Erbaugh 1986). Es evidente que a los estudiantes de chino como lengua extranjera la existencia de clasificadores generales como () les supone una gran ayuda en el proceso de aprendizaje. Sin embargo, los gramáticos insisten en que el uso de un clasificador general en lugar de otros más específicos supone una merma del estilo y que no todos los clasificadores permiten ser sustituidos por (), por ejemplo. Así, aunque es difícil concretar las normas de uso que sancionan dicha sustitución, esta no es posible, por regla general, cuando los referentes en cuestión son de tipo gaseoso como ‘aire’ o ciertos hiperónimos como ‘verdura’ (Tian 2013: 39). Por otra parte, también se advierte de casos en que la sustitución altera el significado del enunciado: en este sentido, Wang (2002: 51) señala que esto ocurre cuando se trata de clasificadores que pueden ejercer tanto de clasificador individual como colectivo o de conjunto, según se aprecia en el siguiente ejemplo:

钥匙  /钥匙
yào shi uno [clas. ] llave/ yào shi uno [clas. ] llave
> Un manojo de llaves   /> Una llave

El clasificador () se emplea con referentes susceptibles de ser ‘asidos, cogidos o agarrados con la mano’, ‘apuñados, ‘empuñados’, pero también puede indicar ‘cuantía aproximada’, del tipo de ‘puñado’, ‘manojo’, cosa que no denota (), de manera que, en el ejemplo anterior, si sustituimos () por (), cambia el sentido del enunciado de ‘un manojo de llaves’ a ‘una llave’, lo cual no es lo mismo. Aquí la diferencia es pertinente y depende de lo que quiera comunicar el hablante. ← 47 | 48 →

Conclusiones

El breve esbozo que hemos trazado sobre las características formales y semánticas de los clasificadores nominales refleja algunos aspectos básicos de la estructura interna de la lengua china: en particular, que la organización de su repertorio nominal no se articula a través de las categorías gramaticales más habituales en las lenguas occidentales, como pueden ser el género o el número, sino mediante otro tipo de rasgos, que, lingüísticamente, se concretizan en los llamados clasificadores nominales. Como elementos sintácticos, su presencia es prescriptiva cuando un nombre está determinado por pronombres numerales o demostrativos. Pero, al margen de esta propiedad más gramatical, frecuentemente conservan una importante carga semántica. Y, por otra parte, en el chino hablado se puede constatar una tendencia hacía el uso de clasificadores de carácter general –especialmente, del clasificador ()– en detrimento de otros clasificadores más específicos.

Details

Pages
206
ISBN (PDF)
9783653042443
ISBN (ePUB)
9783653992816
ISBN (MOBI)
9783653992809
ISBN (Book)
9783631646892
Language
Spanish
Publication date
2014 (November)
Published
Frankfurt am Main, Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Wien, 2015. 205 p., 11 tablas

Biographical notes

Maria del Carmen Fumero Pérez (Volume editor) José Juan Batista (Volume editor)

María del Carmen Fumero Pérez es profesora del área de Filología Inglesa en la Universidad de La Laguna (España). Su investigación se ha centrado fundamentalmente en análisis del discurso y más recientemente en la gramática léxico-construccional, como miembro del proyecto de investigación: Aplicación en los sistemas de recuperación de la información en entornos multilingües. José Juan Batista Rodríguez es profesor de Filología Griega de la Universidad de La Laguna (España) y ha sido durante muchos años profesor visitante en la Universidad de Leipzig (Alemania). Entre sus líneas de investigación se cuentan la formación de palabras, la diacronía del español, la traducción y la literatura de viajes. Es autor de más de cien trabajos de su especialidad.

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Title: Cuestiones de lingüística teórica y aplicada