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La pasión por dudar

Escepticismo y Probabilismo en los Dramas Seculares de don Pedro Calderón de la Barca

by Eduardo Muratta Bunsen (Author)
Thesis 639 Pages

Summary

En esta vida todo es verdad y todo mentira, La dama duende, El pintor de su deshonra, Luis Pérez el gallego, El alcalde de Zalamea y La vida es sueño son algunos dramas calderonianos que Eduardo Muratta Bunsen analiza en estas páginas siguiendo el derrotero de la duda. Esta nueva valoración revela que en esas obras se esconde una pasión por dudar que siembra la sospecha y enseña a desconfiar, además de constituir una actitud disidente que, por sus efectos, es subversiva para un orden que, interpretado sub specie ideologiae, parecía únicamente legitimar, cuando en realidad los dramas seculares también pueden ser leídos con ambigüedad. En esta consideración Calderón se inscribe en una tradición discursiva dubitativa que asume y supera.

Table Of Content

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Summas Tibi gratias ago
  • Índice
  • Abreviaturas y modo de citar
  • Introducción
  • Primera Parte
  • 1. La esencia dubitativa
  • 1.1 La tradición discursiva del escepticismo: Dubium speculativum
  • 1.1.1 El aprovechamiento humanista del escepticismo en Juan Luis Vives
  • 1.1.2 El consecuente radicalismo dubitativo de Francisco Sánchez
  • 1.1.3 Empirismo y escepticismo en Gómez Pereira
  • 1.1.4 Exégesis y escepticismo en Francisco Vallés
  • 1.1.5 La recepción de los Academici libri en Pedro de Valencia
  • 1.1.6 La difusión del escepticismo en Juan Huarte de San Juan
  • 1.2 La teología política del probabilismo: Dubium practicum
  • 1.2.1 La base aristotélica del probabilismo
  • 1.2.2 La tradición jurídica y la teología moral
  • 1.2.3 La lucha por la libertad
  • 1.2.4 La renovatio de los maestros salmantinos
  • 1.2.5 El ardid de los padres jesuitas
  • 1.2.6 El doblez en la crítica pascaliana
  • 1.3 La reinvención estética de la suspicacia: Dubium litterarum
  • 1.3.1 Desconfianza en la Respublica litterarum de Saavedra Fajardo
  • 1.3.2 La ratio dubitante en Lopes da Veiga
  • 1.3.3 Trampantojo y libertas conscientiae en Cervantes
  • 1.3.4 Subversividad en Tirso de Molina
  • 1.3.5 La arrogancia escéptica de Quevedo
  • 1.3.6 Desconfianza y prudencia en Gracián
  • Segunda Parte
  • 1. Paradigmas en la recepción calderoniana
  • 1.1 El paradigma fundacional: Las caras de Jano
  • 1.2 El paradigma ortodoxo: La exaltación ideológica del romanticismo alemán
  • 1.3 El paradigma heterodoxo: La ambivalencia y el poder
  • 2. Disensos heterodoxos en el drama calderoniano
  • 3. El sistema comunicativo calderoniano
  • 4. ¿Leyendo al Calderón secular?
  • 5. La duda en la dramaturgia calderoniana
  • Tercera Parte
  • 1. El escepticismo en la dramaturgia calderoniana
  • 2. La duda en la realidad: La vida es sueño
  • 3. La duda en las apariencias: La dama duende
  • 4. La duda en el criterio de verdad: En la vida todo es verdad y todo mentira
  • Cuarta Parte
  • 1. El probabilismo en la dramaturgia calderoniana
  • 2. La duda en el orden legal: Luis Pérez el gallego
  • 3. La duda en la costumbre: El pintor de su deshonra
  • 4. La duda en el sistema: El alcalde de Zalamea
  • La pasión por dudar (a modo de consideración final)
  • Bibliografía
  • Anexo
  • Edición crítica de la comedia Luis Pérez el gallego

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Abreviaturas y modo de citar

En general sigo un modelo de cita abreviada, cuya referencia completa se hallará en la bibliografía. Para los autores clásicos me ciño a las siglas convencionales. Empleo los números romanos para indicar el tomo, los arábigos para la paginación y letras para distinguir columnas o anverso y reverso de una página, incluso en citas complejas, tras punto, añado la línea en cuestión. De no ser necesario evito el llamado de página o verso, mas no de su numeración. En el caso de obras con varias ediciones indico con el nombre del editor citado. Las obras de consulta se refieren solamente mediante la entrada.

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Introducción

There is a tide in the affairs of men,/ which, taken at the flood, leads on to fortune:/ omitted, all the voyage of their life/ is bound in shallows and in miseries./ On such a full sea are we now afloat:/ and we must take the current when it serves,/ or lose our ventures.

SHAKESPEARE1

So eine Arbeit wird eigentlich nie fertig, man muss sie für fertig erklären, wenn man nach Zeit und Umständen das Möglichste getan hat.

GOETHE2

Es grandísimo el riesgo al que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeren.

CERVANTES3

La dernière chose qu’on trouve en faisant un ouvrage est de savoir celle qu’il faut mettre la première.

PASCAL4

En compañía de William Shakespeare y Molière se encuentra el busto de don Pedro Calderón en el paramento exterior izquierdo, desde la perspectiva del espectador, en el Burgtheater de Viena. Bajo ellos, reposando sobre los salmeres de sus respectivos arcos ventanales, se encuentran personajes protagónicos de sus dramaturgias. Por el poeta inglés están Hamlet y Ofelia, por el francés Harpagón y Frosina y, como no podía ser de otro modo, por Calderón se encuentran Rosaura y Segismundo. Los bustos continúan con una previsible serie de poetas germanos. Las esculturas realizadas por Viktor Tilgner, según el plan de Gottfried Semper y Carl von Hasenauer, hacia la segunda mitad del siglo XIX, revelan una concepción en la cual la presencia de Calderón no es fortuita, invitando a pasar de su puro deleite a la búsqueda de su sentido.

Los dramas seculares no pertenecen al ámbito religioso como sí los autos sacramentales o las comedias religiosas. Por secularidad entiendo aquí una emancipación del contenido religioso, propio del discurso medieval, que constituye el umbral de los tiempos modernos5. Si bien en los dramas seculares el discurso teológico-medieval ← 13 | 14 → está presente, éste va progresivamente desapareciendo hasta casi extinguirse por momentos, pero siempre constituye el trasfondo a partir del cual se articulan estos dramas6, que pese a tener estructuras conceptuales e instituciones similares, su enfoque y modo de configuración son diferentes. En ellos la presencia de la duda expresa la pretensión de emanciparse del discurso determinado por el ordo religioso y su statu quo político, cuya antípoda más decisiva fue la autoafirmación de la conditio humana mediante la libertad del individuo7.

La producción secular es un continuum del drama calderoniano, pues empieza con Amor, honor y poder y se extiende hasta su última composición, de 1680, Hado y divisa de Leonido y Marfisa8, pese a que hacia el año 1650 el poeta renunció formalmente a seguir componiéndolas9. En ellos hay una tensión entre un discurso ← 14 | 15 → hegemónico y su subversión, pues aunque permanentemente haya una recomposición del orden resquebrajado, si se acepta el valor del recorrido, entonces también puede interpretarse como una forma de disidencia, pues aquellas resoluciones terminan siendo contingentes.

El marco conceptual para analizar las comedias elegidas parte de la reconstrucción del milieu del poeta, lo cual permite no sólo contextualizar, sino además explicar su pensamiento y sus referentes, pues como anotó Menéndez Pidal: «El examen de las fuentes ha de servir precisamente … para ver cómo el pensamiento del poeta se eleva por encima de sus fuentes, cómo se emancipa de ellas, las valoriza y las supera»10. Las he visitado directamente evitando el llamado a fuentes secundarias, que no pocas veces las transmiten de modo insuficiente o mutilado.

La tesis que defiendo en esta investigación es que, por el modo particular de emplear y aplicar la duda, los dramas seculares se alejan de la ortodoxia de su tiempo y contribuyen a promover la sospecha tanto a nivel teórico cuanto práctico, cuyos efectos además son decisivos para una dramaturgia disidente del discurso oficial y, por sus efectos, subversiva. Aquí no se trata de querer alojar a Calderón en un determinado nicho, sino de mostrar cómo en la dinámica de la dramaturgia secular hay elementos que se alejan de aquel discurso.

En la primera parte estudio la naturaleza de la duda y distingo entre un dubium speculativum afín al escepticismo y un dubium practicum propio del probabilismo. Ambas dimensiones dubitativas son aprovechadas estéticamente en lo que denomino dubium litterarum. En esta parte considero los aportes escépticos en Juan Luis Vives, Francisco Sánchez, Gómez Pereira, Francisco Vallés, Pedro de Valencia y Huarte de San Juan. Ellos, que son médicos su mayoría, privilegian el empirismo y rechazan los argumentos de autoridad. El correlato práctico de esta actitud se encuentra en el probabilismo, que al ser una respuesta a situaciones inciertas, es una manifestación de la duda, que además eleva a su máximo tenor la conditio possidentis del individuo, esto es, su libertad. Esta versión se remite al probabilismo antiguo de origen trágico y aristotélico, se prolonga a través de la tradición jurídica civilista y canónica, y llega a las doctrinas legales y teológico-morales de padres salmantinos y jesuitas. Fue gracias al impulso humanista de Petrarca, Pico della Mirandolla, la controversia entre Erasmo y Lutero, la impronta de Maquiavelo y sus consecuencias, que las prácticas dubitativas se plasman en la obra de Rabelais, Montaigne y Shakespeare, así como en la de Rojas, Saavedra, Lopes, Cervantes, Tirso, Quevedo, Gracián y, muy especialmente, en la de don Pedro Calderón de la Barca. Ellos oscilan entre una propagación de elementos escépticos y una actitud ← 15 | 16 → fideista. Recorrer estos lugares en la obra de unos es necesario para ubicar esas tendencias en la obra de los otros, que en su conjunto forman el Zeitgeist del que se embebió Calderón.

La segunda parte empieza con un examen de las interpretaciones que ha recibido Calderón. A grandes líneas distingo tres paradigmas. El primero ubica a Calderón en su contexto inmediato con una obra sesgada entre la ortodoxia del poeta cortesano y sus autos sacramentales, y el díscolo heterodoxo poeta de los dramas seculares. Estas dos caras de Jano marcó el rumbo que tomaría la interpretación de Calderón. El paradigma ortodoxo se consolida con un mos germanicus impuesto por los románticos alemanes. Ellos ideologizaron a Calderón reduciéndolo a la personificación de lo nacional y religioso, una imagen que calzó con la necesidad de buscar emblemas nacionales. Pero afortunadamente la apertura de enfoques literarios permitió consolidar el paradigma heterodoxo que reconoció a un poeta cuya obra era igualmente portadora de un mensaje subversivo, disidente y revolucionario.

Esta constatación permite revalorar la obra secular calderoniana desde otro prisma como el de la duda. Para ello es necesario considerar el sistema dramático basado en la comunicación implícita basada en un decir sin decir, que es la transmisión de un mensaje que sin ser enunciado es sugerido, y cuya decodificación o desciframiento dependen del lector-espectador idóneo.

Esta revaloración se enfrenta a la cuestión de leer obras de teatro, pero afortunadamente la misma obra calderoniana ofrece sus claves hermenéuticas intrínsecas para su intelección. En ella destaca la aplicación y, por ende, la propagación de la duda, no sólo como figura alegórica, sino como recurso dramático que enseña a dudar. De este modo la dramaturgia calderoniana se inscribe en una tradición discursiva dubitativa que participa del escepticismo y del probabilismo.

El escepticismo calderoniano lo estudio en la tercera parte. Allí parto del tratamiento de los topoi escépticos en la obra calderoniana y seguidamente examino la duda en La vida es sueño, La dama duende y En la vida todo es verdad y todo mentira. En estas obras la duda se aplica a la realidad, a la percepción sensorial y al criterio de verdad, impugnándose así la posibilidad de resolver los conflictos, razón por la cual se opta por una solución escéptica consistente en la suspensión del juicio.

El probabilismo calderoniano lo tematizo en la cuarta parte, para a continuación analizar los dramas Luis Pérez el gallego, El pintor de su deshonra y El alcalde de Zalamea. En estas obras el conflicto dramático se resuelve por una decisión individual cuyo único asidero es el de la propia certeza, vale decir, el de una opinio probabilis que permite quebrar la ley, contravenir la costumbre e introducir un estado de excepción en el sistema.

Las preguntas que guían la interpretación de este corpus son: ¿existo yo?, ¿existen los otros?, ¿existe el mundo?, ¿qué valor epistémico tienen las percepciones sensoriales?, ¿hay un criterio de verdad?, ¿hay que obedecer las leyes injustas e incluso las justas?, ¿quién decide si las normas están bien dadas, cuál es su alcance y su pertinencia?, ¿cuándo es lícito romper las reglas?, ¿qué valor tiene la autoridad?, ¿se es responsable por sus pensamientos y obras y, de ser el caso, ante quién y por qué? ← 16 | 17 →

Con esta investigación busco dar respuesta a esas interrogantes en el drama secular calderoniano que, como el de Shakespeare o Molière, no sólo es amor, honor, poder e intriga, sino principalmente es duda y pensamiento convertidos en teatro, una pasión por el discurso dramático anfibológico, un gusto por la ambigüedad, que con razón coloca a Calderón entre los dramaturgos de talla universal. ← 17 | 18 →


1 Julius Caesar, 4.2.270-276 (Works, p. 621a).

2 Italienische Reise, Caserta, 16 de marzo de 1787 (Werke XV.1, 225.7-9).

3 Don Quijote II, 3.

4 Pensées, núm. 63.

5 Blumenberg desestima la idea de secularización como el rasgo esencial de la Modernidad porque no encuentra ningún conflicto entre lo religioso-medieval y lo racional-moderno, sino más bien una continuidad en la cual únicamente se opera una re-ocupación (Umbesetzung) de los vacíos conceptuales del discurso teológico medieval por contenidos mundanos y mundanizantes cuyo proceso constituye una re-ocupación y no una ruptura: «Umbesetung vakant gewordener Positionen von Antworten … deren zugehörige Fragen nicht eliminiert werden konnten. … Das als Säkularisierung gedeutete neuzeitliche Phänomen der Umbesetzung ist also nicht an die Spezifität der geistigen Struktur dieser Epoche gebunden. Christliche Rezeption der Antike und neuzeitliche Übernahme von Erklärungsfunktionen des christlichen Systems sind strukturell weitgehend analoge historische Prozesse» (Die Legitimität der Neuzeit, p. 75, 79). Por su parte Löwith concibe a la secularización como la terminación de un proceso que ha seguido el discurso bíblico, según la interpretación de la moderna filosofía de la historia, y concluye con la relativización de la vida póstuma: «daß die moderne Geschichtsphilosophie dem biblischen Glauben an eine Erfüllung entspringt und daß sie mit der Säkularisierung ihres eschatologischen Vorbildes endet» (Weltgeschichte und Heilsgeschehen, p. 11 s.).

6 El referente más antiguo de esta denominación se remite a los ludi saeculares como hiperónimo de los ludi scaenici usual en la Roma imperial. El empleo del sintagma dramas seculares con relación a la dramaturgia calderoniana ha sido empleado en el calderonismo de habla inglesa. Por ejemplo, Robert ter Horst (Calderón: The Secular Plays. Lexington: The University Press of Kentucky 1982) y Cruickshank (Calderón de la Barca: Su carrera secular. Madrid: Gredos 2011 [traducción del libro de 2009]), aunque antes había sido preconcebido por el calderonismo alemán mediante los términos drama mundano (weltliches Drama) de Benjamin (Ursprung des deutschen Trauerspiels, p. 62) o teatro mundano (weltliches Theater) de Schulte (Buch- und Schriftwesen in Calderóns weltlichem Theater). No obstante, el término en todos estos casos es empleado con un sentido impreciso.

7 Cf. Blumenberg: «Theologischer Absolutismus und humane Selbstbehaupttung», Die Legitimität der Neuzeit, p. 135 ss.

8 Sigo la cronología ofrecida por Hilborn (A Chronology, p. 73 s., 114) y Cruickshank (Don Pedro Calderón, p. 401 s.).

9 En un Papel de don Pedro Calderón de la Barca al Patriarca (¿1651?) el poeta anunció su retiro de la escena teatral de los corrales debido a su ordenación sacerdotal: «existen hoy razones, que no sin dolor me obligan a suplicarle … tenerme esta vez por excluído» (Docu., p. 136). Este Papel está lleno de peticiones de benevolencia y excusas por su obra secular en un contexto en el que Felipe IV, quien tanto simpatizó con el teatro: «Philip was obviously an incurable theater-goer» (Brown y Elliott: A Palace for a King, p. 213), formalmente quería cancelarlo, según una carta del 7 de marzo de 1646 para sor María de Jesús, una influyente monja de Ágreda: «Quanto puedo hago para evitar ofensas públicas y escandalosas de Nuestro Señor, pues reconozco verdaderamente que cuanto mas le ofendamos mas armas damos a nuestros enemigos; y ahora actualmente se han dado órdenes para reformar los trajes en las mujeres y en los hombres, y para que cesen las comedias» (ap. Shergold: A History of Spanish Stage, p. 521. Mi cursiva).

10 De Cervantes y Lope de Vega. Buenos Aires: Espasa-Calpe 19453, p. 26.

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Primera Parte

1.   La esencia dubitativa

διὰ γὰρ τὸ θαυµάζειν οἱ ἄνθρωποι καὶ νῦν καὶ τὸ πρῶτον ἤρξαντο φιλοσοφεῖν [pues por el asombro <vel: la duda> antes como ahora los hombres filosofaron]

ARISTÓTELES1

Nasce per quello [sc. il desiderio di raggiungere la verità], a guisa di rampollo,/ a piè del vero il dubio; ed è natura/ ch’al sommo pinge noi di collo in collo.

DANTE2

Philonous: Whether does doubting consist in embracing the affirmative or negative side of a question?/ Hylas: In neither; for whoever understands English cannot but know that doubting signifies a suspense between both.

BERKELEY3

Natur ist Sünde, Geist ist Teufel/ Sie hegen zwischen sich den Zweifel/ Ihr mißgestaltet Zwitterkind.

GOETHE4

Zweifeln ist nur die Ungewißheit, ein entgegengesetzter Gedanke gegen etwas Geltendes, Unentschlossenheit, Unentschiedenheit. Zweifel enthält leicht Zerrissenheit des Gemüts und Geistes, er macht unruhig; es ist Zweiheit des Menschen in sich, er bringt Unglück.

HEGEL5

La duda invade y corroe, siembra la sospecha en todo lo que toca y destruye las certezas más básicas. El poder de la duda consiste en su capacidad autoregenerativa tras haber sido sembrada. De modo que su erradicación resulta imposible, por lo que solo queda su suspensión como medida mitigadora de su poder. Ya desde su enunciación se escucha la división que ella misma porta. La voz duda proviene de dubium, ← 19 | 20 → dubare y dubitare que, desde antiguo, introducen una división en la certidumbre6. La duda es síntoma de indecisión e indigencia epistemológica, un estado de vilo, un ir y venir de un lado a otro, un modo intermitente e itinerante que nunca llega a tomar posición alguna. Esta permanente vacilación en que la duda sume concuerda con esa división que genera al partir la certeza y que constituye su esencia.

Analizando la naturaleza de la duda señala Aristóteles que ella resulta del reconocimiento de que dos o más puntos de vista diferentes tienen la misma posibilidad de acierto, colocando al sujeto en una situación de perplejidad en la que no hay certeza para actuar de tal o cual manera:

La igualdad de razonamientos contrarios (ἐναντίων ἰσότης λογισµῶν) parece ser productora de la incertidumbre (ἀπορία): pues cuando, razonando en ambos sentidos [sc. pro et contra], nos parece que todo resulta de manera semejante en uno y otro caso, dudamos sobre qué haremos (ἀπορεῦµεν ὁπότερον πράξωµεν)7.

Esta caracterización de la duda como expresión de incertidumbre, que al cuestionar divide, se asentó y conservó tanto en su morfología cuanto en su semántica en la tradición occidental (διαβάλλειν, διστάζειν o ἀµφιβολία, dubium o dubitatio, doubt, doute, dubio, duda, dúvida, Zweifel). Un ejemplo meridiano en la Modernidad temprana lo ofrece el padre jesuita Francisco Suárez, quien se refirió a esta naturaleza añadiendo que se trataba de una ambigüedad de la mente, cuyo correlato era la suspensión del juicio: «Dubium consistit in quadam mentis ambiguitate, et voluntaria judicii suspensione, non solum quoad exercitium: hoc enim non est satis ad dubitandum: nam circa res certissimas possumus considerationem, vel judicium suspendere»8.

Con estas características, el jesuita asume el vínculo implícito entre la duda y una disposición escéptica, pues subraya que la indefinición es del sujeto cognoscente ya que se trata de un estado mental, pero al emplear el término ambiguitas deja prever que se trata también de la relación entre sujeto y objeto posibilitada por el pensamiento y, consiguientemente, por el lenguaje, ya que esa anfibología es una tipicidad del lenguaje, dejándose fuera la posibilidad de que el objeto pueda jugar un rol decisivo. Esta diferenciación calza con la distinción escéptica entre sujeto (κρίονοντος), objeto (κρινοµένου) y medio (ἀνφοῖν) en la cual el sujeto es la última instancia judicativa dentro de un modelo gnoseológico en el cual se impone la ← 20 | 21 → autoridad de la primera persona9, privilegiándose de este modo a la más contingente de las criaturas.

A grandes rasgos se puede distinguir entre duda real y ficticia. Emile Cioran ha escrito que la genuina duda es nociva para la salud: «le scepticisme qui ne contribue pas à la ruine de notre santé n’est qu’un exercice intellectuel»10. El mismo juicio se aplica a la duda. Cuando ella es genuina incluso llega a tener un correlato biológico, estropeando la salud física o mental o ambas. Cuando se trata de una duda artificial, esto es, fingida o propedéutica, simplemente se trata de un entrenamiento mental. Pese a esta naturaleza tan distinta, de una y otra, ambas pueden terminar trocándose y hacer que la duda que empezó afectando la salud se disuelva de pronto y termine aceptándose como fútil y vano el padecimiento propiciado o también puede ser que la duda artificial se potencie al punto de hacerse irreductible. Este último caso es al que enfrenta la meditación cartesiana y el empleo de ésta en la literatura, cuyos fines estéticos tienen, desde la perspectiva de la recepción, serias consecuencias.

En un experimento mental que recorre un camino que va desde una duda global hasta la certeza de la autoconciencia, Descartes buscaba prevenirnos sobre el engaño generalizado que se resumía en la duda sobre la existencia del mundo externo. El proyecto cartesiano estaba imbricado en la búsqueda de una certeza absoluta: «omnis scientia est cognitio certa & evidens»11. Para ello optaba Descartes por una sospecha propedéutica que examinaba todo aquello que no era claro y distinto, esto es, indubitable para el entendimiento12. El problema es que tanto los sentidos que proveían de datos al entendimiento, cuanto el entendimiento mismo que analizaba y juzgaba, podían ser objeto del engaño sistemático de un genius malignus13, que ← 21 | 22 → ponía en tela de juicio la facticidad del mundo externo: «putabo coelum, aerem, terram, colores, figuras, sonos, cunctaque externa nihil aliud esse quam ludificationes somniorum, quibus insidias credulitati meae tetendit»14.

Descartes resuelve la duda en la capacidad cognoscitiva del ser humano en el marco de un proyecto fundacionalista a partir del cual se yergue una certeza propia, a saber, la conciencia de la propia facticidad como res cogitans: «Nempe dubitans, intelligens, affirmans, negans, volens, nolens, imaginans quoque, & sentiens»15. Desde esta apercepción procede a inferir la existencia del propio cuerpo y seguidamente la del mundo externo cuya existencia finalmente estaba garantizada por la Divinidad: «omnis scientiae certitudinem & veritatem ab una veri Dei cognitione pendere»16. De este modo Dios suspendía la duda y garantizaba la certeza y la verdad.

Empero, la duda que Descartes había introducido se le podía volver a aplicar incluso a esa última constatación, convirtiéndose así la inicial duda artificial en un dudar radical que no se detiene, cobrando una naturaleza semejante a la que gana el experimento del aprendiz de brujo en la balada del mismo nombre de Goethe, donde el aprendiz sin dominar la magia logra dar vida a una vieja escoba que lo divierte y exime de tareas domésticas, pero luego se sale de control, cobrando autonomía y empezando a generar desastres17.

La sospecha inminente en el ejercicio del dudar mina cualquier orden establecido, cuestionándolo desde sus cimientos. De allí su peligrosidad. Por eso el dudar encarnaba, antes como ahora, una actitud disidente, pues no aceptaba un estado de cosas acríticamente, tampoco lo negaba, sino únicamente al cuestionarlo lo ponía en tela de juicio y por eso rompía con el statu quo. Los resultados de esta actitud dubitativa ← 22 | 23 → pueden ser altamente subversivos. Pero esta subversividad es solo una consecuencia derivada del ejercicio del dudar, que no está, por su propia naturaleza, contenida en la duda, que se manifiesta verbalmente o en silencio, a veces en forma de pregunta o en el lenguaje dramático incluso mediante un gesto u otro signo comunicativo.

Hay dos clases de duda según su ámbito de aplicación: la duda especulativa y la práctica, mientras ésta está referida al terreno de la acción y se compendia en la pregunta qué hacer, aquélla se refiere al campo del conocimiento y se condensa en la cuestión de qué puedo saber, cuyos ámbitos están tan íntimamente imbricados que en un determinado momento llegan a confundirse, porque en determinadas circunstancias dependerá de lo que pueda saber el modo en que decida actuar, por lo cual la duda práctica siempre podrá estar albergada dentro de una duda especulativa, mas no al revés. Esta distinción en el tipo de duda era presentada ejemplarmente por Alfonso Maria de’ Liguori:

Divitur dubium in speculativum et practicum. – Speculativum est, quo quis dubitat de rei veritate, v.g. an bellum aliquod sit justum, vel injustum … – Practicum autem dubium est, quo dubitatur de rei honestate, v.g. an licet mihi, in tali bello dubie justo, militare. Semper itaque distinguendum verum a licito. Dubium speculativum respicit verum, practicum autem rescipit licitum18.

Más allá del contexto teológico-moral en que se formulaba esta diferenciación entre los dos campos en que se plantean dudas, importante aquí es el modo en que Liguori ilustraba los casos. El dubium speculativum concierne a la verdad y el dubium practicum a la licitud. Por verdad hay que entender, de acuerdo a la concepción epistemológica dominante, una correspondencia entre un enunciado y su correlato expresado en la fórmula adaequatio rei et intellectus19, ésta tiene lugar cuando esa correspondencia es insegura o genera desconfianza, como en el caso de la percepción del mundo, la consistencia o facticidad de lo real. Mientras que la licitud no sólo se refería a la permisibilidad jurídica, social, según la costumbre, sino que también afectaba al sistema de creencias que constituyen las disposiciones para actuar. Así cuando se quebraba esa correspondencia mediante una fisura en la solidez de la certeza real o hipotética, se instalaba la duda a perennidad. ← 23 | 24 →

1.1   La tradición discursiva del escepticismo: Dubium speculativum

πὰντα ἐστὶν ἀκατάληπτα
[nada puede ser aprehendido]

PIRRÓN20

dubitatio nihil aliud est, quam suspensio animi circa aliquam affirmationem aut negationem, quam affirmaret aut negaret, nisi occurreret aliquid, quo ignoto cognitio eius rei debet esse imperfecta.

SPINOZA21

Wer an allem zweifeln wollte, der würde auch nicht bis zum Zweifel kommen. Das Spiel des Zweifelns selbst setzt schon die Gewissheit voraus. … Zweifeln heißt denken.

WITTGENSTEIN22

El escepticismo consiste en hacer de la desconfianza un principio rector. Si desconfío, dudo, y si dudo, no creo. Esta descreencia puede ser terapéutica o sistemática. En el caso de la duda escéptica se trata de una prevención terapéutica ante el engaño de los fenómenos y el modo en que son recibidos por los sentidos y decodificados por la mente, cuya única resolución posible, también escéptica, consiste en suspender la duda. Debido a esta peculiaridad, como subrayaba Hegel, sería un desatino identificar sin más la duda con el escepticismo, pese al íntimo vínculo que guardan entre sí23.

La duda promovida por los escépticos podía ser radical o moderada, en un caso dio lugar a la corriente pirrónica y en el otro originó la tendencia académica, sus nombres provienen de sus respectivos orígenes, de un lado Pirrón de Elis y de otro los de la Academia media de Arcesilao de Pitane y la Academia nueva de Carneádes de Cirene o Filón de Alejandría.

La posición de Pirrón partía de la constatación de que la evidencia de los fenómenos era únicamente válida para el sujeto, su validez era individual, más no colectiva, objetiva o intersubjetiva, comprobando que para todo argumento había otro de igual valor epistémico, por lo cual optaba por suspender el juicio para así alcanzar un estado de imperturbabilidad en el cual residía la felicidad. Así definía Pirrón al escepticismo según informa Sexto Empírico: ← 24 | 25 →

Es la capacidad de establecer la antítesis (δύναµις ἀντιθετική) en los fenómenos y en los juicios, según cualquiera de los tropos; gracias a la cual nos encaminamos en virtud de la equivalencia (ἰσοσθένεια) entre las cosas y las proposiciones contrapuestas primero hacia la suspensión del juicio (ἐποχή) y después hacia la imperturbabilidad (ἀταραξία)24.

Asimismo, los pirrónicos disponían de un catálogo de razonamientos o tropos conducentes a sembrar la duda (τρὸποι τῆς ἀπορίας) conducentes a suspender el juicio o entrar en reserva mental (τρὸποι τῆς ἐποχής). La versión más amplia de la lista consta de diez tropos agrupados según la causa de la desconfianza originada en el sujeto (κρίνοντος), en el objeto (κρινοµένου) o en la relación entre ambos25.

Cuando el sujeto es el origen de la indeterminación de la naturaleza de las cosas se tienen los siguientes tropos: (1) El primer tropo según la diferencias de los seres vivos (διαφορὰς τῶν ζώων) considera que las representaciones sobre las mismas cosas varían según las criaturas. Por ejemplo, un halcón tiene una vista muy aguda o un perro el olfato; hay elementos que nocivos para unos y para otros no, el agua de mar es propia para peces y dañina al ser humano, para éste el aceite no es mortal, pero sí para las abejas. Por eso solo se puede establecer cómo algo aparece para alguien y no en general. (2) El segundo tropo considera las diferencias entre los seres humanos (διαφορὰς τῶν ἀνθρώπων), pues todos difieren mental y corporalmente, por eso no todos perciben las cosas del mismo modo cuya variedad está sujeta al género, la edad o el estrato. (3) El tercer tropo concierne a las diversidades de los sentidos (διαφορὰς τῶν αἰσθήσεων) cuestionando cualidades intrínsecas a las cosas, en el caso de una misma manzana que aparece amarilla para la vista, dulce para el gusto y aromática para olfato e incluso una misma forma difiere según los espejos, por eso lo que se muestra no es más de un modo que de otro. (4) El cuarto tropo toma en cuenta las circunstancias (παρὰ τὰς περιστάσεις), pues según el estado de sueño, vigilia, ebriedad, sobriedad, salud, enfermedad o ayuno varía la percepción, según la edad también o el movimiento, sea reposo o sea velocidad y el sentimiento por el amor o el odio alteran la percepción26.

Cuando el objeto es el causante de la indeterminación de las cosas concurren los tropos a continuación: (7) El séptimo tropo se refiere a las cantidades y composiciones de los objetos (παρὰ τὰς ποσότητας καὶ σκευασίας τῶν ὑποκειµένων) ya que la apreciación se afecta por una bebida alcohólica o la percepción de la arena depende de su cantidad. (10) El décimo tropo toma en cuenta las diferentes formas ← 25 | 26 → de pensar, las leyes, creencias míticas u opiniones dogmáticas que varían según las coordenadas históricas y geográficas, es decir, las costumbres (πρὸς τὰ ἠθικά)27.

Details

Pages
639
ISBN (ePUB)
9783631695234
ISBN (PDF)
9783653071603
ISBN (MOBI)
9783631695241
ISBN (Hardcover)
9783631676875
Language
Spanish
Publication date
2016 (August)
Tags
drama dramas calderonianos tradición discursiva dubitativa la duda discurso ortodoxo oficial
Published
Frankfurt am Main, Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Wien, 2016. 639 p.

Biographical notes

Eduardo Muratta Bunsen (Author)

Eduardo Muratta Bunsen estudió filosofía, lingüística y literatura. Es Doctor por la Freie Universität Berlin, Magister Artium por la Humboldt Universität zu Berlin y Bachiller en Humanidades por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido profesor en la Europa-Universität Viadrina Frankfurt (Oder) y en la Universität Potsdam. Actualmente enseña en la Technische Universität Berlin.

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Title: La pasión por dudar