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Las relaciones de sucesos sobre seres monstruosos durante los reinados de Felipe III y Felipe IV (1598–1665)

Análisis discursivo y edición

by Ana Mancera Rueda (Author) Jaime Galbarro García (Author)
©2015 Others 304 Pages

Summary

Todos los hombres del siglo XVII que sabían leer tuvieron alguna vez una relación de sucesos en sus manos. El XVII fue el siglo de esplendor de estos impresos noticiosos que gacetilleros de todo tipo escribieron, y a los que muy diversos impresores dieron forma en su taller. Portaban siempre nuevas «verísimas», como las bodas de una princesa extranjera, o el portentoso parto de un niño monstruoso, que el pueblo consumía con ansia, y hasta los escritores más reputados – Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Francisco de Quevedo – aludían a ellas en sus obras. ¿Qué hizo que estos textos, generalmente anónimos, fueran tan populares durante el reinado de Felipe III y Felipe IV? ¿Qué procedimientos se utilizaban para otorgar verosimilitud a este tipo de discurso? ¿Constituyen las relaciones de sucesos una tradición discursiva? ¿Qué tienen en común el Corlisango, el peje Nicolao, el grifo de Loyes y los hermanos Coloreto? El estudio edita catorce relaciones de sucesos españolas sobre seres monstruosos, que fueron impresas durante los reinados de Felipe III y Felipe IV y analiza los principales recursos lingüísticos utilizados para otorgar verosimilitud a los contenidos, mostrar la subjetividad del enunciador, reflejar la polifonía o manifestar la modalidad enunciativa.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el Autor
  • Sobre el Libro
  • Esta Edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • Presentación
  • Capítulo 1. Las relaciones de sucesos: un género editorial entre la literatura y el periodismo
  • 1. La atracción por maravillas y prodigios de la naturaleza
  • 2. “Venga noticia de todos…”: pliegos sueltos portadores de nuevas
  • 3. “Dase cuenta del número…”: las relaciones de sucesos durante los Siglos de Oro
  • Capítulo 2. Las relaciones de sucesos sobre seres monstruosos: análisis discursivoz
  • 1. “Relación verdadera de un monstruoso…”: ¿una tradición discursiva?
  • 2. “Hoy, si me prestan silencio/ y auditorio a mis palabras…”: huellas de la subjetividad en el discurso
  • 2.1 Introducción
  • 2.2 Aproximación al concepto de deixis
  • 2.3 La deixis de persona
  • 2.4 La deixis social
  • 2.5 La deixis espacial
  • 2.6 La deixis temporal
  • 2.7 La deixis textual
  • 3. “Mejores voces y acentos…”: la polifonía enunciativa
  • 4. “…será de tanta eficacia/ mi obra que dará al mundo/ crédito por ser tan clara”: manifestaciones de la modalidad lingüística
  • 4.1 Consideraciones previas
  • 4.2 La atenuación argumentativa
  • 4.3 Procedimientos de intensificación
  • 4.4 Operadores modales
  • 5. “Mas yo no cuento novela,/ ni aventuras inventadas”: literatura, periodismo e ideología
  • Capítulo 3. Los monstruos de los Austrias
  • 1. Repertorio de engendros
  • 1.1 Presentación
  • 1.2 Repertorio
  • Bibliografías y repertorios tradicionales
  • Catálogos y bibliotecas digitales
  • 2. Nuestra edición
  • 3. Edición de las relaciones
  • 3.1 El parto de Hernando de la Haba
  • 3.2 El ferocísimo Corlisango
  • 3.3 El peje Nicolao
  • 3.4 El monstruo profeta de Bengala
  • 3.5 El niño de Bayona
  • 3.6 Los hermanos Coloreto de Génova
  • 3.7 La fiera asesina de Tralos montes
  • 3.8 El pez del reino de Polonia
  • 3.9 El niño nacido en Ostraviza
  • 3.10 El monstruoso niño de Lisboa
  • 3.11 Los siete hijos de Brunete
  • 3.12 Los siameses de Tortosa
  • 3.13 El grifo de Loyes
  • 3.14 El heptacéfalo del Empurdá
  • Referencias bibliográficas

Presentación

Las páginas que tienes, discreto lector, en tus manos son, en cierta medida, como el Corlisango. Es este un ferocísimo animal que protagoniza la relación más extraña de cuantas se incluyen en nuestro catálogo. Creemos que este libro a él se asemeja, no tanto por ser un “juguete de ingenios” –pues no es mucha la agudeza de sus autores–, como porque, de un modo similar a él, está compuesto por muy diversos ingredientes. Al igual que el Corlisango, tiene “brazos de mar y muñecas de Flandes” que le permitirán navegar por el ancho océano editorial, aunque no creemos que solo con ello “comer y beber pueda”. Su mano derecha es también “de papel”, pero en la izquierda porta una suave pluma, no un “mortero”, ya que no quiere nuestro monstruo imponer las ideas que atraviesan sus “blancos dientes de sierra”, y que pregona su lengua “de agua clara”. Son sus pestañas “de raso”, suaves, como las páginas de un periódico, y tras ellas esconde supuestas noticias que quién sabe si realmente un día fueron, o serán. Algunas de estas nuevas han sido olfateadas por sus “narices de navío”, y en ellos han corrido los mares del Gran Turco formando parte de cartas de relación. Aunque otras han sido captadas por sus orejas “de viejo abad” en calles y plazas. No en vano, “de copla” tiene el pie izquierdo.

Pero dejemos por un momento a nuestro monstruo con el “pie quebrado”, para recordar las sabias palabras de A. Rodríguez Moñino (1968: 55), quien mediado el siglo pasado puso en duda el hecho de que la crítica hubiera realizado una labor constructiva “al historiar la poesía de los siglos de oro y deducir consecuencias de tipo general, por haberse basado en un panorama documental que no refleja[ba] lo que conocieron los contemporáneos: a veces, por exceso; a veces, por defecto”. Por fortuna, hoy son cada día más los investigadores interesados en el estudio de lo que a finales de la pasada centuria M. C. García de Enterría (1983) denominaba literatura marginada. Entre ella se han incluido por demasiado tiempo las relaciones de sucesos, pero esto va dejando poco a poco de ser así, gracias a los coloquios organizados por la Sociedad Internacional ← 9 | 10 → para el Estudio de las Relaciones de Sucesos (SIERS)1, a los volúmenes donde se han ido plasmando los frutos de tales encuentros y a las cada día más numerosas monografías que tienen a este género editorial (V. Infantes, 1996) como objeto central de estudio.

El surgimiento de nuevos catálogos –tanto impresos como electrónicos– ha tenido también mucho que ver en el hecho de que cada vez poseamos un conocimiento mayor sobre esta literatura de consumo popular. Destaca de manera notable el Catálogo y Biblioteca Digital de Relaciones de Sucesos (siglos XVI-XVIII) –BDRS– elaborado por el Grupo de investigación que trabaja en la Universidade da Coruña (España) sobre las Relaciones de sucesos (1500-1800) en la Península Ibérica, bajo la dirección de S. López Poza. Esta constituye la mayor fuente de información bibliográfica sobre relaciones de sucesos en español, de ahí que se haya convertido en una referencia indiscutible en nuestro campo.

Precisamente la búsqueda en este catálogo nos permitió advertir cómo durante los años que transcurren entre 1598 y 1665, es decir, a lo largo de los reinados de Felipe III y Felipe IV, se dan los índices más elevados en la producción relacionera en España. Es verdad que esto ya había sido puesto de manifiesto por H. Ettinghausen (1984) hace casi treinta años. Sin embargo, como quiera que su investigación se basaba en gran medida en los catálogos realizados por M. Agulló (1966, 1975) ‒que abarcan solo el período de tiempo transcurrido entre 1477 y 1626–, pensamos que gracias a BDRS en la actualidad podemos contar con un corpus de referencias bibliográficas mucho más completo y, por ende, más representativo.

A partir de esta base de datos, de la publicación de H. Ettinghausen (1995) –en la que por primera vez se recoge una antología facsimilar de relaciones de sucesos naturales y sobrenaturales– y del catálogo de pliegos sueltos sobre temática religiosa elaborado por G. Gil (2001), así como del rastreo por los diversos metabuscadores de la Red, hemos po ← 10 | 11 → dido confeccionar nuestro propio catálogo de relaciones de seres monstruosos impresas entre 1598 y 1665.

Suele incluirse a las relaciones que abordan esta temática dentro de la categoría general de “sucesos de carácter prodigioso”. Así lo hacen, por ejemplo, H. Ettinghausen (1995), A. Redondo (1996), G. Gil (2001), P. Bégrand (2004) o C. Carranza (2007), entre otros. Solo cuando se han llevado a cabo acercamientos más ceñidos a la idea del monstruo –como el de E. del Río (2003) o el de M. Insúa (2009)– se ha recurrido a obras impresas en una horquilla temporal muy amplia. Sin embargo, este importante bagaje de investigaciones previas nos ha llevado a plantearnos que ya era hora de intentar un acercamiento más delimitado tanto tipológica como cronológicamente. De ahí que nos hayamos limitado al período de tiempo que transcurre durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, centrándonos en el análisis de aquellas que tienen al monstruo como elemento referencial central. Y es que, aunque lo monstruoso puede encontrarse en muchas relaciones de la época –o incluso en gacetas–, en nuestra selección solo hemos escogido aquellos seres que por su especial relevancia en el pliego o bien aparecen grabados en él, o bien son mencionados en el título de manera destacada. Todos nuestros monstruos son, en definitiva, protagonistas de sus textos.

Decíamos al iniciar esta presentación que la heterogeneidad de nuestro estudio lo asemejaba en cierta medida al Corlisango. Y es que quizás el aspecto más novedoso que aporta la monografía que tienen en sus manos es la pluralidad de perspectivas tomadas en cuenta. Así, al comienzo del primer capítulo nos servimos de la consulta de varias obras lexicográficas de referencia para precisar el significado del lema ‘monstruo’, diferenciándolo de los conceptos más abarcadores de ‘prodigio’ o ‘milagro’. Pero, dado que el sentido de tales términos no permanece constante, sino que va modificándose con el correr de los siglos, fue precisa también la revisión de una copiosa bibliografía sobre teratología.

Por otra parte, la adecuada caracterización de las relaciones de sucesos que conforman nuestro corpus no podía llevarse a cabo al margen de los estudios sobre historia social de la escritura –M. Chevalier (1976), F. Bouza (2001 [2002]), A. Castillo (2006), R. Chartier (2012)– y literatura popular –M. C. García de Enterría (1973), P. Harvey (1975), A. Egido (1988), M. Frenk (1997), P. M. Cátedra (2002), etc.–. Además, al ser la función informativa una de las predominantes en este tipo de textos, suele considerarse a las relaciones de sucesos uno de los géneros que dan ← 11 | 12 → origen al periodismo. Esto nos exigía tener en cuenta también la óptica de los historiadores de la comunicación –A. Pizarroso (1994), J. Guillamet (2004), C. Espejo (2008a, 2008b, 2012) o F. Baena (2008), entre otros–.

Muy diferentes son las perspectivas tomadas en consideración para elaborar el segundo capítulo. Así, sirviéndonos del paradigma de las Tradiciones discursivas (TD) –cfr. P. Koch (1997), W. Oesterreicher (1997), R. Wilhelm (2001), H. Aschenberg (2003), J. Kabatek (2005, 2007), etc.– hemos intentado crear lazos de unión que permitieran establecer un vínculo entre actualización y tradiciones textuales analizando, por ejemplo, la influencia que las cartas de relación o de nuevas y los sermones pudieron tener en nuestras relaciones. Además, decidimos continuar la línea de investigación desarrollada ya por P. Bégrand (2004), M. Borreguero y O. de Toledo (2004, 2006, 2007), E. Méndez (2008), E. Leal (2011) o E. Leal y E. Méndez (2012), quienes han aplicado los principios del Análisis del discurso al estudio de este tipo de textos. En este punto quisiéramos advertir de que lo que el lector encontrará en estas páginas no es un estudio exhaustivo de los mecanismos fóricos de referencia, o de los procedimientos de conexión interoracional y extraoracional. Y es que, en aras de la claridad expositiva, hemos decidido “sacrificar” la consideración de este tipo de elementos –que no descartamos analizar en investigaciones futuras– para centrarnos exclusivamente en el estudio de la deixis, la polifonía y ciertos procedimientos de modalización del discurso con los que se hace patente la “ideologización” de las relaciones sobre monstruos.

El contenido de estos dos primeros capítulos –de los que se ha encargado Ana Mancera– se apoya en el catálogo y la edición del corpus ‒realizados por Jaime Galbarro–. Se ha editado y anotado un total de veintiuna relaciones –que se corresponden con los catorce monstruos “individualizados”– impresas durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, en ocasiones con varias ediciones, textos o versiones sobre un mismo monstruo.

De esta amalgama de ópticas diferentes puede deducirse que, al igual que el Corlisango, nuestro monstruo pretende tener también unos “ojos grandes de puente”, para poder divisar mejor el horizonte relacionero cuando camina a lomos de gigantes como los que hemos mencionado en los párrafos precedentes. Sin embargo, hay algo que lo diferencia del verdadero Corlisango, y es que el nuestro no ha nacido “monstruo ← 12 | 13 → fiero”. Al contrario, es una fierecilla domada que cuenta entre sus amigos a numerosos “hombres [y mujeres] de prendas”. En cierto modo, a ellos debemos su existencia. Por eso, para concluir, quisiéramos dar las gracias a todos aquellos investigadores que nos brindaron su apoyo y nos socorrieron en el trabajoso parto de esta monstruosidad bibliográfica. A Pedro Ruiz Pérez, que cuando este proyecto arrancaba nos permitió debatirlo con amigos y enriquecerlo de ideas. A Sagrario López Poza y a Nieves Pena Sueiro, a las que agradecemos el denodado esfuerzo llevado a cabo en el Catálogo y Biblioteca Digital de Relaciones de Sucesos y su generosidad para socorrernos con los duendes de la digitalización. A Inmaculada Osuna Rodríguez, que se nos apareció un día en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia para darnos una portentosa pista bibliográfica. A Aude Plagnard, que rescató para nuestro catálogo a la fiera de Tralos montes, y a Cipriano López Lorenzo, que se entrevistó en Nueva York con el pez polaco impreso en Montilla. A Antonio Valiente Romero, por hacernos ver la ciencia de la historia. A Begoña López Bueno, que nos ayudó a capturar algunos de los monstruos que se escondían en la Real Academia de la Historia, y a Joaquín Garrido Medina, que franqueó el viaje de estas criaturas a tierras helvéticas. Y, finalmente, queremos dar las gracias a la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo de la Junta de Andalucía por la subvención concedida para la publicación de este libro, así como al señor de Valmalo por su nihil obstat.

Sevilla, ferragosto de 2013

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1No nos resistimos a recoger aquí el título de la interesante relación con la que M. C. García de Enterría recuerda la historia de la SIERS: “Relación verdadera en la que se cuenta cómo en diversos lugares del mundo aparecieron unas personas extrañas que se fueron interesando por el estudio de las Relaciones de sucesos, y quiso la suerte que se encontraran y que se hicieran amigos y así lograron poner de acuerdo sus intereses para seguir trabajando sobre ellas, como lo verá y oirá el curioso lector. Narrado todo por un testigo de los hechos…”. Disponible en: <http://www.bidiso.es/SIERS/historia.html>. Última consulta: 27-08-2013.

Capítulo 1. Las relaciones de sucesos: un género editorial entre la literatura y el periodismo

1. La atracción por maravillas y prodigios de la naturaleza

Un ferocísimo animal llamado Corlisango, dos siameses nacidos en Génova, el tritón al que los marineros de las costas de medio mundo conocen por el nombre de Nicolao y que proporciona recetas para convertir “en mozas a las viejas”, o un recién nacido con treinta y tres ojos repartidos por todo el cuerpo que solo habla en latín son algunos de los seres que habitan entre los pliegos sueltos analizados en esta monografía. La mayoría de ellos son presentados como prodigios, portentos, maravillas y, en algunos casos, se los identifica simplemente como monstruos. El diccionario de J. Corominas y J. A. Pascual (1981) recoge la etimología latina de ‘prodigio’, prodĭgĭum, que traduce como sinónimo de ‘milagro’2, mientras que ‘portento’ procede de portentum, es decir, ‘presagio, monstruo, prodigio’. Llama la atención la equivalencia que dichos autores establecen entre estos tres sustantivos. No en vano, del término latino monstrum –que significa ‘prodigio’– surgirá a su vez ‘monstruo’, como derivado de mŏnēre, ‘avisar’. En cambio, ‘maravilla’ es un descendiente semiculto del término latino mīrabĭlĭa, que viene del adjetivo mirabilis, o sea, ‘extraño, notable’, y se emplea ya en el Cantar de Mio Cid. Hasta 1734 no recoge la Real Academia Española esta lexía, que en su Diccionario de Autoridades se define como un “suceso extraordinario que causa admiración y pasmo” (Real Academia Española, 1734: 495)3. Gran similitud guarda dicha proposición con la utilizada en este mismo tomo ← 15 | 16 → pocas páginas antes para caracterizar a un ‘portento’ como “cualquier singularidad o grandeza, que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror [la cursiva es nuestra], dentro de los límites de la naturaleza” (Real Academia Española, 1734: 332). Y el ‘monstruo’ es considerado un “parto o producción contra el orden regular de la naturaleza” (Real Academia Española, 1734: 598). Tres años después, se incorporará también al Diccionario de Autoridades el término ‘prodigio’, con una definición que guarda evidente semejanza con las de los sustantivos anteriormente mencionados: “Suceso extraño que excede a los límites regulares de la naturaleza” (Real Academia Española, 1737: 393).

De estos cuatro términos solo ‘monstruo’ aparece en el vocabulario de E. A. de Nebrija (1516: 141), si bien bajo el lema ‘monstrum’, definido en el cuerpo del artículo como “el milagro que significa algún mal”. Por tanto, vemos aquí que se le atribuye ya un valor ostensivo, similar al que subyace en las relaciones de sucesos que conforman nuestro corpus, en las que la aparición del ser monstruoso se percibe como vaticinio de algún infortunio. Aunque, sin duda, la definición que más nos recuerda a los tipos textuales objeto de nuestro estudio es la de S. de Covarrubias (1611) que, por su interés, reproducimos a continuación casi de manera íntegra:

MONSTRO [en mayúsculas en el original] es cualquier parto contra la regla y orden natural, como nacer el hombre con dos cabezas, cuatro brazos y cuatro piernas; como aconteció en el Condado de Urgel, en un lugar dicho Cerbera, el año 1343, que nació un niño con dos cabezas y cuatro pies: los padres y los demás que estaban presentes a su nacimiento, pensando supersticiosamente pronosticar algún gran mal, y que con su muerte se evitaría, le enterraron vivo. Sus padres fueron castigados como parricidas, y los demás con ellos. He querido traer solo este ejemplo por ser auténtico y escribirle nuestros coronistas […].

Details

Pages
304
Year
2015
ISBN (PDF)
9783035107166
ISBN (ePUB)
9783035198751
ISBN (MOBI)
9783035198744
ISBN (Softcover)
9783034313575
DOI
10.3726/978-3-0351-0716-6
Language
Spanish
Publication date
2015 (January)
Keywords
Verosimilitud Subjetividad Modalidad enunciativa Prodigio Maravilla
Published
Bern, Berlin, Bruxelles, Frankfurt am Main, New York, Oxford, Wien, 2014. 304 p.

Biographical notes

Ana Mancera Rueda (Author) Jaime Galbarro García (Author)

Ana Mancera Rueda es doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, donde desarrolla sus investigaciones acerca de la sintaxis descriptiva del español y el lenguaje de los medios de comunicación. Jaime Galbarro García es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Ha realizado diversas investigaciones sobre literatura del Siglo de Oro, y pertenece al Grupo de investigación PASO (Poesía del Siglo de Oro).

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