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Patrimonio Filológico: Contribuciones y Nuevas Perspectivas

by Aurelio Pérez Jiménez (Volume editor)
©2021 Edited Collection 330 Pages

Summary

El volumen subraya la importancia de la filología como instrumento de salvaguarda y recuperación del patrimonio cultural lingüístico y literario. Consta de 18 capítulos distribuidos en cuatro secciones, en los que, tras unas reflexiones teóricas sobre el concepto de patrimonio literario actual, autores de distintas áreas filológicas de la Facultad de Letras de la Universidad de Málaga abren nuevas perspectivas de estudio para la conservación y difusión del patrimonio lingüístico y una mejor comprensión de la historia y la sociedad de las culturas reflejadas en el patrimonio literario de Europa. Se cierra la obra con tres estudios que demuestran cómo además los textos literarios, mediante el análisis filológico que acentúa su valor testimonial de épocas pasadas, son documentos indispensables para un mejor conocimiento del patrimonio etnológico, social y artístico transmitido o condicionado por ellos.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el editor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • Introducción. La Filología como instrumento de recuperación y transmisión del Patrimonio Cultural (Aurelio Pérez Jiménez)
  • Sección Primera: Filología y Patrimonio cultural. Precisiones teóricas
  • Capítulo I Clasicidad, Modernidad y Postmodernidad. Indagaciones para una teoría contemporánea del patrimonio literario (Enrique Baena Peña)
  • Sección Segunda: La lengua, patrimonio cultural de los pueblos
  • Capítulo II Desgaste dialectal y patrimonio lingüístico regional. Prestigio e identidad cultural en la formación de la variedad coinética andaluza (Matilde Vida Castro)
  • Capítulo III El patrimonio lingüístico de los oficios en las Ordenanzas de Baeza (1536) (Salvador Peláez Santamaría)
  • Capítulo IV Culturemas y patrimonio: el caso de los términos culturales gastronómicos en coreano y su tratamiento lexicográfico en español (Sara Robles Ávila y Jin Park)
  • Capítulo V Anglicismos ortográficos y ortotipográficos, y algunas dificultades de puntuación en textos museísticos traducidos: un estudio basado en un corpus paralelo inglés-español (Jorge Leiva Rojo)
  • Capítulo VI La recreación de textos del universo jurídico-administrativo para el aprendizaje del español en el siglo XVIII: aproximación al diálogo sexto de F. Sobrino (Diana Esteba Ramos)
  • Capítulo VII El uso de materiales auténticos mediante el enfoque comunicativo y AICLE en las clases de ELE para realzar el Patrimonio Cultural (Salomé Yélamos Guerra)
  • Capítulo VIII El relativismo lingüístico y sus implicaciones para la traducción (Patricia Álvarez Sánchez)
  • Capítulo IX Ideologías en torno al plurilingüismo de España a través de dos manifiestos (Amina El-Founti Zizaoui y Francisco M. Carriscondo Esquivel)
  • Sección Tercera: La filología, inStrumento de salvaguarda y de renovación del patrimonio literario
  • Capítulo X Los manuscritos en lengua vernácula inglesa de las Colecciones Hunteriana y Ferguson de la Universidad de Glasgow (Laura Esteban-Segura & Javier Calle-Martín)
  • Capítulo XI Aethiopum Terris Venit : la Biografía sin Tiempo de Juan Latino (Silvia Pilar Castro Borrego)
  • Capítulo XII William Shakespeare y la cuestión del patrimonio en Stratford y Londres (Sofía Muñoz Valdivieso)
  • Capítulo XIII Reorientación del patrimonio a través de la ficción literaria y audiovisual (Miguel Ángel González Campos)
  • Capítulo XIV Sobre la herencia del escritor: Patrimony (1991) de Philip Roth (Juan Antonio Perles Rochel)
  • Capítulo XV Roland Barthes en su devenir narrativo (Francisco Estévez)
  • Sección Cuarta: Filología y patrimonio social y artístico (Mª Belén Molina Huete)
  • Capítulo XVI La Ciudad de Málaga en Desagravio del Santísimo Sacramento (1635–1636): Nueva contribución a la Fiesta Barroca
  • Capítulo XVII Patrimonio y ocultismo: recuperación y puesta en valor de la figura de la mujer en comunidades espiritistas españolas y en relación con el ámbito europeo (1840–1920) (Rosario Arias)
  • Capítulo XVIII La Vida de Rómulo de Plutarco en la colección de tapices de la Catedral de Sigüenza (Juan Francisco Martos Montiel)

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Aurelio Pérez Jiménez

introducción. la filología como
instrumento de recuperaciín y
transmisión del patrimonio cultural

1. Texto y Sociedad

Llegó entre tanto el heraldo conduciendo al leal aedo, del que se prendó la Musa y le otorgó un bien y un mal: lo privó de la vista, pero le dio un dulce canto. A este entonces Pontónoo le puso en medio de los comensales un sillón tachonado de plata, apoyándolo junto a una alta columna; y colgó de un clavo una sonora forminge sobre su cabeza y le enseñó a cogerla con sus manos el heraldo (Hom., Od. 8.42–69)

En los Poemas Homéricos los aedos, como el Femio que amenizaba los desmanes de los pretendientes de Penélope en Ítaca (Od. 1.154, etc.) o, como en los versos que traduzco arriba, el Demódoco hecho venir por el rey Alcínoo a su banquete en honor del náufrago Odiseo, solían cantar por los palacios de los señores las historias de dioses y héroes antiguos; o, en las veladas y banquetes, los hacían disfrutar con relatos de hazañas panhelénicas, como la Guerra de Troya donde combatieron los dioses y los hijos de estos por causa de una hermosa mujer; o asombrarse con monstruos, hechiceras y pueblos extraños como los que Odiseo en aquella misma velada describía ante los feacios: Polifemo, Circe, las Sirenas, los lotófagos, los vientos que controlaba Eolo y otras muchas maravillas. Pero esos aedos y cuentacuentos no eran conscientes de que con sus cantos plantaban el frondoso árbol de la historia de la Humanidad. Sobre los mismos principios, pero ya olvidando el nomadismo de los bardos homéricos, otro gran poeta, Hesíodo, fue el primero que, con una experiencia personal, casi mística, asumió el protagonismo humano en la organización y transmisión de la cultura. Nos contaba él, a su modo y sirviendo a los intereses de su pequeña comunidad, los mismos mitos inspirados por la Musa a su, tal vez, antecesor o coetáneo y contrincante poético: con la Teogonía el poeta beocio puso orden en las leyendas antiguas de los dioses y con los Trabajos y Días reflejó la situación social, geográfica y económica que abriría las puertas al nacimiento de la polis. De este modo, después del aedo homérico, que contaba el pasado, surgió ahora la poesía ←9 | 10→didáctica, destinada a ser un semillero de nuevas tradiciones, pero sin olvidar las antiguas.

Pues bien, sin saberlo ni pensarlo, estos primeros poetas, — un nombre ficticio como Homero y un individuo real como Hesíodo, que en los Trabajos discutía el sentido del término eris utilizado por él mismo en la Teogonía —, corrieron los cerrojos de la filología (aquí en forma de oralidad poética) para abrir la conciencia de un patrimonio cultural, el lingüístico y literario, en el que se iba a cimentar la identidad de Occidente.

Después de ellos vinieron ya las comunidades políticas organizadas, las póleis con sus luchas por el poder entre nobles, tiranos, reyes y clases sociales inferiores, asociadas por intereses comunes, económicos, culturales, técnicos, religiosos, políticos, etc. Y de todo esto no sabríamos nada o muy poco, si sus conflictos e inquietudes no hubieran sido registrados por individuos conscientes de la importancia de una misión común: convertir la fragilidad de la vida humana —‘como las hojas de los árboles son las generaciones de los hombres’, decía Homero y comentaba un par de siglos después Mimnermo en una elegía que podría pasar por el primer ejercicio filológico que nos ha dejado la cultura griega— en un patrimonio cuya permanencia se debe a la inmortalidad del recuerdo. Así lo percibió Tucídides cuando se disponía a poner por escrito la tercera guerra mundial de los griegos, así concebida en la segunda mitad del siglo V a.C.:

El ateniense Tucídides escribió la guerra de los peloponesios y atenienses, según la llevaron a cabo entre ellos, desde el momento mismo de su inicio y convencido de que iba a ser importante y la más digna de contarse de las que la han precedido; pues tenía pruebas de que ambos iban a ella en su plenitud de poder con toda clase de medios y veía que el resto de los griegos se iba alineando con unos y otros, algunos al punto y otros pensándoselo (Thuc., I1).

Y así, antes que él, lo entendió Píndaro, cuando puso en el oficio de los poetas la pervivencia de los grandes hombres de la historia:

A Néstor y al licio Sarpedón, que están en boca de los hombres, los conocemos gracias a sonoros versos, tales como los engarzaron inspirados artesanos. La virtud perdura en gloriosos cantos, pero a pocos les es fácil obtenerlos” (Pi., P- 3.110-).

De este modo la literatura, destinada a lectura pública o privada, durante siglos fue creando, y sigue haciéndolo, formas diferentes de expresión. Con ellas nos informa sobre las vivencias de un pueblo o de un individuo, las estructuras sociales, las categorías religiosas y humanas, los modelos de referencia, capaces de conformar la idiosincracia de distintos grupos étnicos y sociales, e incluso formas de hablar y pensar tan particulares como para que se cree una conciencia ←10 | 11→uniforme entre los individuos que los han heredado y diferenciadora respecto de otros grupos de su entorno. Pero los verdaderos artesanos (me apropio el término usado por Píndaro) de todo eso que llamamos patrimonio cultural de un pueblo o de la Humanidad en su conjunto han sido los genios de la literatura que dieron a sus conciudadanos esas señas de identidad forjadas con el cincel de la memoria. Así es y gracias a ellos tenemos ese inmenso tesoro: los cantos de los aedos homéricos; las historias de los pueblos contadas por Heródoto, Tucídides, Jenofonte, Diodoro, Plutarco, Tito Livio, Suetonio o Tácito; las aventuras glosadas por los bardos del romancero; las ficciones con que nos hacen sentir los novelistas y dramaturgos; y las descripciones de pueblos exóticos y personajes históricos con que nos maravillan los cronistas de la edad media y moderna. Pero todo ese caudal de tradiciones, que nos permiten hablar de europeos, americanos, asiáticos, árabes, etc., y un gran porcentaje de las joyas de arte que disfrutamos junto a los caminos, en las calles y plazas de las ciudades o en los museos, quizá no existirían o no tendríamos noticia de por qué existen y por qué son como son, si el saber registrado desde como mínimo el siglo VIII a.C. hasta el que circula hoy, hablado, escrito, oído y visto, se hubiera perdido. Y como eso no ha ocurrido, resulta que somos lo que somos y pensamos como pensamos precisamente por ello.

2. Filología y patrimonio literario

Es aquí donde reclamamos a la sociedad su deuda con la Filología, entendida en el sentido amplio que tiene el término para nosotros, esto es: la búsqueda, fijación, edición, análisis, estudio comparativo e interpretación de los textos orales y escritos. En esa tarea entra sin duda la disección escrupulosa que, como forenses del cuerpo literario, practican los filólogos sobre las fibras, nervios y flujos textuales, intratextuales o intertextuales de ese cuerpo que es la obra escrita; pero también de las corrientes neuronales que la enchufan en doble dirección (ida y vuelta) con su contexto. Este (la obra literaria) es en primer lugar el patrimonio que la filología pone al servicio del hombre. Tal vez a alguien ajeno a nuestra disciplina le pueda resultar extraño que de continuo sigan apareciendo ediciones de las obras de Shakespeare, de Cervantes, de Dante, Montaigne, Chaucer, William Faulkner o Thomas Mann, por no mencionar las numerosas ediciones recientes de los clásicos griegos y latinos. El más lego en la materia podría entender la abundancia de traducciones de una misma obra a diferentes lenguas o a una sola lengua de las obras más significativas de cada ámbito literario. Pero ¿para qué tantas ediciones distintas de una sola pieza dramática o de una novela, por ejemplo? La pregunta, que es lógica tratándose de obras contemporáneas, o incluso ←11 | 12→posteriores a la invención de la imprenta, —pues un premio Nadal, por ejemplo, o una obra que ha merecido el Cervantes o el Nobel es como se edita por primera vez y, salvo pequeñas correcciones de erratas, admite poca discusión con respecto a la forma de su texto—, tiene más fácil respuesta para nosotros, los filólogos, según nos alejamos hacia atrás, hacia la época de los incunables y los códices. En efecto, la competencia filológica hace indispensables nuevas ediciones de textos antiguos, cuando la obra literaria nos llega con una tradición manuscrita más o menos larga. En este caso, rescatar el patrimonio conservado, que es lo que hace la Filología, requiere, como acabo de decir, esa tarea editorial continua; pues cada edición de un texto griego, latino, árabe o hebreo, por citar los más comunes, comporta diferencias, a veces de gran importancia, que dependen de la mayor o menor perspicacia, acribía diríamos nostros, del editor. Lo dicho es importante para los textos escritos; pero lo es más, si cabe, para productos literarios de tradición oral y que en un momento determinado han adquirido esa condición literaria (en sentido etimológico), haciéndose merecedores del soporte escrito. Aquí los filólogos se esfuerzan por recuperar el original partiendo de manuscritos que, en ocasiones, copian la copia escrita primera, pongamos por ejemplo, de un romance popular o de poemas épicos como el castellano Poema de Mío Cid, el anglosajón Beowulf o los edda que derivaron en el germánico Los Nibelungos. En estos casos, como ocurre con cualquier texto copiado, modifican el original errores de atención o alteraciones voluntarias fruto de la formación cultural, los intereses religiosos o políticos o los gustos estéticos del que hace la copia. Y si esto podemos decir de la edición formal de un texto, no hablemos del comentario, estudio lingüístico, búsqueda de fuentes e influencias extratextuales, etc. de esa obra literaria, que son parte igualmente considerable de la praxis filológica. En suma, la filología no sólo rescata del olvido o de la manipulación o de la incompetencia el patrimonio literario, sino que ella misma se convierte en patrimonio, pues ofrece a la cultura de un país y a la historia de un texto concreto claves nuevas para la lectura de las obras que conforman ese patrimonio. En muchos casos el filólogo, como resultado de su cohabitación con los textos y con las imágenes que estos sugieren al talento creativo, descubre nuevos géneros y hace posible la proyección al futuro de los modelos que le son habituales con orientaciones y estructuras propias, que convierten su experiencia en un crisol donde se con-funde la huella heredada con el paso firme hacia el progreso. De esta forma el filólogo rescata, pero a la vez aporta fórmulas originales que se convierten en patrimonio. Analiza textos, busca en ellos referencias a objetos, imágenes, edificios que de cuando en cuando ponen en su contexto los descubrimientos de la arqueología y ayudan a entender la creación artística. Sin su auxilio, la pintura desde el Renacimiento — sobre todo la de tema mitológico, ←12 | 13→religioso, histórico y simbólico—, que con frecuencia tiene por fuente de inspiración la literatura, se nos antojaría enigmática e incomprensible.

3. Filología y recuperación del patrimonio cultural perdido

Más aún, la Filología permite conocer cómo fue el patrimonio perdido, lo rescata de la nada e incluso ofrece a los artistas, poetas, prosistas y músicos recrearlo. Algunos ejemplos: Si los filólogos no hubieran fijado los textos de Pausanias, el primer gran guía turístico de nuestra Era, no tendríamos noticia de las muchas maravillas que admiraban los viajeros del Peloponeso y del Ática en época grecorromana. La selección que los filólogos hicieron de los Idilios de Teócrito nos permite asombrarnos con las siracusanas ante los ricos tapices del palacio de los Tolomeos en Alejandría (Teoc., XV 78–86) que no me resisto a compartir aquí:

Gorgo: Praxínoa, ven aquí volando. Echa una mirada primero a los tapices y mira qué finura y gracia tienen. Dirás que son labor de diosas.

Praxínoa: Venerable Atenea, ¡qué mágníficos artistas los trabajaron! ¡Qué pintores trazaron tan perfectas imágenes! ¡Con qué realismo están unas quietas y con qué realismo dan vueltas otras! ¡Están vivas, no tejidas! Sabia cosa es el hombre. Pero él mismo, ¡qué admiración produce recostado en su lecho de plata, mientras deja salir de sus sienes una incipiente barba!, el tres veces amado Adonis, que incluso en el Aqueronte es objeto de amor.

Details

Pages
330
Year
2021
ISBN (PDF)
9783034341943
ISBN (ePUB)
9783034341950
ISBN (MOBI)
9783034341967
ISBN (Softcover)
9783034340434
DOI
10.3726/b17577
Language
Spanish
Publication date
2021 (January)
Published
Bern, Berlin, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2021. 330 p., 25 il. blanco/negro, 4 tablas.

Biographical notes

Aurelio Pérez Jiménez (Volume editor)

Profesor Emérito de la Universidad de Málaga, donde ha ejercido como Titular y Catedrático de Filología Griega desde 1984 hasta su jubilación (2019). Además de otras actividades docentes e investigadoras, cuenta con numerosos artículos, libros y capítulos de libros relativos a sus principales líneas de investigación, el Mito, Plutarco y la Astrología Grecorromana.

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