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Viajeras de élite

Experiencias, recorridos, textos. Siglos XIX y XX.

by María Luisa Candau Chacón (Volume editor)
Edited Collection 282 Pages

Summary

Este volumen embarca al lector en un viaje a través de las experiencias y emociones de cinco mujeres de élite que, en tiempos de cambio, fueron protagonistas de sus vidas y escribieron sobre ellas, regalando al interesado su memoria convertida en textos. Todas ellas tuvieron oportunidades, convirtieron la posibilidad en una necesidad, y su necesidad en una realidad, y contribuyeron, con el relato de sus vivencias en España y América, a lo que más tarde llegaría a conformar un género literario. Algunas viajaron gracias a la profesión de sus cónyuges (Caroline E. Cushing y Lady Louisa Tenison). Otras buscaron en los viajes y la escritura una vía de escape a sus problemas sentimentales (Baronesa de Wilson o Isabella Bird), o a sus necesidades intelectuales (María de Maeztu). En todas, sin embargo, el viaje constituiría mucho más: una verdadera pasión.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • List of Contributors
  • Introducción: los viajes, el relato, los sentimientos y las mujeres de élite. La “cuestión femenina” (María Luisa Candau Chacón)
  • Estas mujeres, ¿viajeras de élite? (María Luisa Candau Chacón)
  • El viaje español de Caroline Elizabeth Cushing (y su marido Caleb): 1829–1830 (Manuel José de Lara Ródenas)
  • Los recuerdos de una dama británica sobre España: Lady Tenison, elitismo y progreso (María Losada Friend)
  • El viaje como terapia: Isabella Bird en las Montañas Rocosas (María José Álvarez Faedo)
  • El viaje emocional de Emilia Serrano, Baronesa de Wilson (ca. 1834–1923) (María Luisa Candau Chacón)
  • María de Maeztu, viajera por las Américas. El periplo intelectual de una mujer comprometida (Rosario Márquez Macías)
  • Obras publicadas en la colección

List of Contributors

María Luisa Candau Chacón

Universidad de Huelva

Manuel José de Lara Ródenas

Universidad de Huelva

María Losada Friend

Universidad Pablo Olavide

María José Álvarez Faedo

Universidad de Oviedo

Rosario Márquez Macías

Universidad de Huelva

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María Luisa Candau Chacón

Introducción: los viajes, el relato, los sentimientos y las mujeres de élite. La “cuestión femenina”

Viajes, textos, mujeres, élites. Varios conceptos que, aunados, habrán de referirse esencialmente a la Edad Contemporánea. Los siglos XIX y XX posibilitaron, gracias a la revolución de los transportes y a la denominada “democratización de la lectura” (por el incremento de la prensa periódica y la edición de textos y libros baratos), ciertas e importantes novedades literarias1. Tratamos así, en primer lugar, del relato de viajes, un género en el que confluyen otros muchos, y que amplía su visión temática. Porque el viaje narrado –fuese fruto de una experiencia real o producto de la ficción– se intercala en el siglo XIX con los nuevos gustos, en gran parte heredados del movimiento ilustrado. Era el amor a la naturaleza, en sus versiones paisajísticas, pero también sensibles, el que atrapaba a los lectores de su tiempo; y a sus intérpretes; como paisaje y como camino del conocimiento de hábitats y de hombres. Atraía su belleza, que se teñirá de romanticismo, y conquistaban sus enigmas que interesarán a los naturalistas y científicos. Gustaba a los simples viajeros y enamoraba a los aventureros. El mundo se abría sobre todo para Occidente y los países avanzados, y los espacios visitados y explorados se convertían en escenarios donde vivir nuevas experiencias. Porque si en algo se parecían viajes y viajeros era en la óptica con la que solían mirar: lo que se observaba se hallaba en mundos en teoría menos civilizados, aunque cautivase. Europeos y europeas viajaban hacia América, África o espacios de Asia; ingleses en el Mediterráneo o en la católica y tradicional España. Americanos que se acercaban a la vieja Europa. El siglo XIX, sobre todo en su segunda mitad, conservaba el espíritu colonialista que hacía, de estas experiencias viajeras, vivencias de altura.←11 | 12→

El amor a la naturaleza, la inmersión del nuevo imperialismo y una mirada a veces condescendiente conectaban con el género de la literatura de viajes del XIX. Hallaba seguidores entre la élite. Pero tratamos, aquí, no solo de élite, sino de mujeres. Necesariamente debieron verse influidas –en una u otra dirección, consciente o inconscientemente– por la debatida “cuestión femenina” o “de la mujer”. Más tarde, según sus vidas y sus tiempos, por el feminismo. En mayor medida, por lógica, quienes escribieron avanzado el siglo y a comienzos del XX. Y en mayor medida, también, en función de sus “estados”, ya que no era igual viajar acompañando al marido en sus salidas profesionales, que vivir, viajar y escribir en solitario. O hallar en ello posibilidades de mantenimiento como escritoras profesionales. Así, la cuestión femenina, su práctica y su entendimiento serán concebidos de manera particular y diferente entre las escritoras de viajes. Aunque el hecho mismo de escribir, publicar y ser leídas, ya hubiera demostrado los avances en el reconocimiento de su capacidad, como de la importancia de su educación, incluso en el marco de los modelos ideológicos tradicionales.

Siendo evidente que las jóvenes de grupos acomodados seguían financiando su educación, también lo es que, pese a los elevados porcentajes de analfabetismo, tanto más en las mujeres del sur de Europa, la población femenina se convertía en objeto de interés en los planes pedagógicos de los gobernantes; casi siempre en relación con su funcionalidad y con los intereses políticos del Estado. Comencemos por el principio: el aprendizaje de la lectura y la escritura. Con diferencias según los países. Porque si bien las mujeres francesas e inglesas partían con ventaja en referencia a los niveles de alfabetización2, no ocurría así en el resto de Europa (Rusia, Italia, España, Portugal o los Balcanes). En efecto, en 1830 cerca del 45 % de las inglesas sabía leer y escribir, acercándose al 90 % a finales de la década de 1870, en porcentajes semejantes a los hombres; ello en clara dependencia con la expansión de escuelas ←12 | 13→públicas para niñas3. En España, como veremos, marco del que partirá o al que llegará un buen número de viajeras de la élite, a comienzos del siglo XX tan solo un 25 % de las mujeres habría salido del analfabetismo. Los historiadores de la educación relacionan tales proporciones con el retraso en la expansión de las escuelas públicas, así como en la institucionalización de planes de instrucción muy poco exigentes para las niñas y marcadamente orientados a la utilidad doméstica. Veamos algunos rasgos que lo ratifican, dependientes en gran medida de los problemas sociopolíticos del siglo XIX español. Por comenzar en los primeros años, recordaremos que el decreto correspondiente a la enseñanza pública del 7 de marzo de 1814 proyectaba el establecimiento de escuelas públicas para enseñar a las niñas a leer y escribir, añadiendo “y a las adultas las labores y habilidades propias de su sexo”4. Habiendo sido ignoradas en la Constitución de 1812, la inclusión de las mujeres en los planes gubernamentales de los años inmediatamente posteriores diferenciaba, siguiendo el espíritu de la época en el país, los objetivos según el género. Como bien expresa Fernández Valencia, la instrucción femenina posible distinguía dos facetas, la literaria (accediendo a la lectura y la escritura) y la moral, esta última tan conocida e identificada con su papel doméstico de madres de familia. La llegada de Fernando VII resaltaría tales modelos, volviendo a las escuelas conventuales según el real decreto de 18165. “El dignísimo objeto de la educación pública” por medio de la cual se pretendían inculcar “en los tiernos ánimos de los jóvenes de ambos sexos aquellos sanos principios” que les habrían de defender de “los sofismas del error… origen de la perversidad de las costumbres”6 se apoyaría en los conventos de monjas, al no contar con medios suficientes ←13 | 14→del erario público. Tales medidas extensibles, también, a América, bien que, por las circunstancias políticas, por poco tiempo, dejaban en manos religiosas la instrucción general; sobre todo de las mujeres. En realidad, los proyectos educativos españoles del XIX incurrieron en la misma visión: por ejemplo, en la denominada Ley Moyano de 1857 –en donde se mantenían unas distinciones de género marcadas por la educación, y estas por su proyectada y diferente funcionalidad social– se primaba la instrucción de maestras, pero el problema vendría precisamente por la falta de instructoras con capacidad; un vacío que en España vendrían a ocupar las fundaciones conventuales femeninas7 pero que no resolvería en los pueblos su formación profesional. A mediados del siglo XIX (1860), la tasa de analfabetismo en España alcanzaba a más del 90 % de las mujeres, frente al 62 % de los hombres8. Aún a comienzos del siglo XX, según quedó citado, dicha tasa se mantenía en un 75 %, marcando una distancia entre el aprendizaje, según el género. De modo que en torno a 1900, solo una de cada cuatro mujeres estaría alfabetizada, sin precisar, por lógica, niveles de comprensión; a su vez, casi uno de cada dos hombres habían recibido educación (42,5 %)9. A estas mujeres se les dio una enseñanza basada en cuestiones domésticas, que contenía, en los centros privados para las mujeres de élite, las denominadas “enseñanzas de adorno” que completaban su instrucción según su estatus: baile, música, dibujo, idiomas y otras labores “primorosas” que las preparaban para su entrada en sociedad10.

La “cuestión femenina”, que se conectaba necesariamente con el acceso a la instrucción, se haría visible en función, por tanto, de los niveles de educación literaria de las mujeres, un camino algo más avanzado en Inglaterra en sus niveles primarios y que, de nuevo en España, el liberalismo del XIX había restringido, consolidando su ←14 | 15→discriminación, pero institucionalizándo, por así decir, cierta “sensibilización oficial”11. Décadas después, el último cuarto de siglo vería aparecer la Institución Libre de Enseñanza (1876–1939), y diferentes congresos pedagógicos (1882, 1888, 1892) entre cuyos objetivos se encontraría, no sin dificultad, el de la igualdad de oportunidades formativas y profesionales para las mujeres, contemplando su coeducación12.

De este modo, en la España de finales del XIX y comienzos del XX, la cuestión femenina se identificaba con los debates nacidos al calor de los mencionados Congresos Pedagógicos, de la Institución Libre de Enseñanza y de las herencias del krausismo. ¿Influyeron tales principios en las escritoras de élite? Es evidente que, entre ellas, la “cuestión femenina”, por sus implicaciones en el derecho a la instrucción de las mujeres, venía implícita. En las españolas, nacidas en ambientes medios y distinguidos, diplomáticos e intelectuales, desde luego. Una de ellas (María de Maeztu) fundó la conocida “Residencia de Señoritas” en 1915. Pero ¿podremos aplicar a todas las escritoras, europeas o no, el concepto más amplio de feminismo, incluso en tiempos en los que tal término ni existía ni se identificaba con su significación política? De considerar su estricto significado –la valoración de la igualdad de ambos sexos, independientemente de sus funciones– la cuestión de la estimación de las mujeres se retrotrae, en lo que aquí interesa, al menos hasta el Humanismo, siendo apreciación defendida en muchos casos por hombres13. De valorar únicamente su versión política y la defensa activa de los derechos de las mujeres en pro de su liberación, no. El movimiento feminista, ←15 | 16→de aparición tardía y vinculado a procesos sociopolíticos de mediados del XIX, toma forma y se consolida, al menos en Francia a fines de siglo, pese a las teorías que atribuyen la invención del término a Charles Fourier y a tratados médicos anteriores14. De este modo, si los términos –feminismo y feminista– se instalan en Europa continental e insular entre 1895 y 1900, y saltan hacia la América hispana por entonces, difícilmente podría aplicarse “in stricto sensu” a autores de uno u otro sexo con anterioridad. Otra cosa es que, en siglos precedentes, se escribiese en pro o en contra de la capacidad de las mujeres o de su naturaleza, reivindicándose hoy en día el papel de quienes escribieron en los tiempos de la Ilustración, al margen de los más conocidos que definiríamos anacrónicamente como “antifeministas”, Rousseau entre ellos. Valoraremos, entonces, la posición de las autoras contenidas aquí en función de sus actitudes, y allí donde ellas se autodefinan como tales –obviamente desde fines de siglo– resaltaremos el sentido subjetivo del término y sus compromisos.

Las mujeres que escriben en los siglos XIX –y parte del XX– deben a “la cuestión femenina” ciertos rasgos que habían sido confirmados en la Ilustración: entre ellos su noción como individuos y su necesidad de desarrollo espiritual, su “reafirmación” de los valores atribuidos a las mujeres, ratificándolos en su estima, y su conciencia de ser útiles a la sociedad15. Serán tales valores, esencialmente vinculados al corazón, los sentimientos y las emociones los que conecten con nuestro cometido, porque (se pensaba) que las mujeres –por ser su naturaleza defendidamente sensible– empatizaban mejor. A veces, también, su mirada a las tierras, habitantes y paisajes se impregnaba de cierto sentimiento maternal que seguirían protegiendo como propio y en exclusividad, porque la defensa de sus capacidades no excluía ni sus posibilidades de crianza ni su identidad. También su condición de madres habría de proyectarse hacia la sociedad: la educación de los hijos e hijas se convertía en algo esencial para el bien común. La maternidad no era entonces una cuestión ←16 | 17→menor, ni privada ni únicamente familiar. Las mujeres madres, y las mujeres de élite, tenían, así, una misión esencial: aportaban, mediante la instrucción adecuada, hombres y mujeres útiles a la sociedad; conectando emociones, sentimientos, razón y utilidad.


1Ferrús Antón, Beatriz. Mujer y literatura de viajes en el siglo XIX: Entre España y las Américas. Valencia. Publicacions de la Universitat de València. 2011. P. 17.

2En Inglaterra, hacia 1750, el 40 % sabía escribir su nombre; en Francia, el 27 % de las francesas. Aunque el saber firmar no es escala fiable de alfabetización, y aún menos de comprensión lectora, nos guiamos inicialmente de tal información, por no contar con otros datos con anterioridad al XIX. Anderson, Bonnie S. y Zinsser, Judith P. Historia de las mujeres: una historia propia. Barcelona. Crítica. 1991. Vol. 2. P. 16.

3Pedersen, Joyce Senders. The Reform of Girls’s Secondary and Higher Education in Victorian England. Londres. Routledge. 2017 (1987) Cap. 1. Canales Esteban. La Inglaterra victoriana. Madrid. Akal. (1999) 2008. P. 200.

4Fernández Valencia, Antonia. “La educación de las niñas: ideas, proyectos y realidades”, en Morant, Isabel (dir.) Historia de las mujeres en España y América latina. III. Del siglo XIX a los umbrales del siglo XX. Madrid. Cátedra. 2006. P. 431.

5Flecha García, Consuelo. Las mujeres en la legislación educativa española. Enseñanza Primaria y Normal en los siglos XVIII y XIX. Sevilla. Universidad de Sevilla. GIHUS, 1997. Pp. 71 y ss.

6Decretos del Rey don Fernando VII. Madrid. Imprenta Real. Tomo 3.1817. Recogido en Flecha García Consuelo. Op. Cit. P. 71.

7Las carmelitas de la Caridad fundadas por Joaquina Vedruna, o las Escuelas Pías debidas a Paula Montal se añadieron a la ya establecida en las tierras gallegas de la Compañía de María.

8Amo del Amo, María Cruz. La familia y el trabajo femenino en España durante la segunda mitad del siglo XIX. Madrid. Universidad Complutense. Servicio de Publicaciones. 2008. Pp. 140 y ss. Tesis doctoral dirigida por R. M. Capel.

9Capel, Rosa María. El trabajo y la educación de la mujer en España (1900–1930). Madrid. Ministerio de Cultura. 1982. P. 362.

10Recogido en Fernández Valencia, Antonia. Op. Cit. P. 444.

Details

Pages
282
ISBN (PDF)
9783034343077
ISBN (ePUB)
9783034343084
ISBN (MOBI)
9783034343091
ISBN (Softcover)
9783034341837
Language
Spanish
Publication date
2021 (June)
Published
Bern, Berlin, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2020. 282 p., 20 il. blanco/negro.

Biographical notes

María Luisa Candau Chacón (Volume editor)

María Luisa Candau Chacón es catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Huelva. Ha liderado diferentes proyectos de investigación internacionales financiados por el gobierno de España, centrados en la historia y la vida emocional de las mujeres,

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Title: Viajeras de élite