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Vocabulario del ingenio erótico en la poesía española de los Siglos de Oro

Eros&logos

by Javier Blasco (Author) Cristina Ruiz Urbón (Author)
Edited Collection 296 Pages

Summary

Este Vocabulario ofrece a los lectores un recurso para la lectura equívoca de un número importante de poemas eróticos del Siglo de Oro español en los que se podría hablar –lato sensu– de "un lenguaje cifrado". Reunimos aquí varios centenares de voces de la lengua cotidiana que, colocadas por el poeta en un contexto determinado, adquieren un significado nuevo, un valor erótico o incluso sexual, que no es el que los diccionarios reflejan.
Cada una de las voces registradas en nuestro Vocabulario recoge la definición equívoca del término; la pone en relación con la significación propia que registran los repertorios lexicográficos de la época; y la ilustra con textos poéticos de los autores del momento.

Table Of Content


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PRÓLOGO

Un antilinaje léxico de palabras viles

Tomemos uno de aquellos dos viejos y prometedores rombos con que la televisión en blanco y negro avisaba de los programas subidos de tono, según aseveraba curiosa metáfora, a medias musical, a medias —no sé— anatómica. También dos mitades se observan en un rombo cuando, cortado por su diagonal menor, conforma dos triángulos, uno de ellos invertido. Diagonal que funciona como base compartida de ambos. Traslademos esta enseñanza a una geometría cultural, que por fuerza ofrecerá una dimensión léxica y otra literaria.

En el primer cuarto del siglo XV, el axioma de que “La buena mugier e honesta mas quiere morir que bevir deshonesta”, era autorizado en el Libro de los exemplos por A. B. C. con un caso famoso, aquí espigado en la agustiniana De civitate Dei: “ovo una dueña en Rroma que avia nonbre Lucrescia, muy noble en costunbres e en linaje […]”. Situemos ahora cada término de este par honesta / deshonesta, fijado como dramática dialéctica por Clemente Sánchez de Vercial, en los respectivos vértices superior e inferior de nuestro rombo cultural. Y notemos que el adoctrinador sólo menciona las ideas (buena mujer, [nobles] costumbres, noble linaje) y el paradigma (Lucrecia) que conforman el área del triángulo superior del rombo: la que corresponde al campo de la moral (costumbres) que se pretende regido por una ejemplaridad emanada de la cúspide de la jerarquía social (linaje). Plegado por el eje de su diagonal horizontal, el rombo deviene en especularidad. O en una fotografía y su negativo. Y precisamente en el cuarto oscuro, o sin palabras, dejaba Sánchez de Vercial, según acto instintivo muy de moralista, el área correlativa del triángulo inferior, que, en cuanto invertido, no en vano servirá, dentro de cinco siglos o en 1977, como logotipo de la afamada colección de literatura erótica La sonrisa vertical.

En el horizonte de expectativas del que una entre mil posibles documentaciones resulta ser el Libro de los exemplos por A. B. C., la mujer constituía el vórtice o centro del torbellino, el foco del conflicto o el impulsor de la dialéctica, una de cuyas síntesis probables era la muerte, según mostraba el paradigma Lucrecia: en la mujer o, más en concreto, en su cuerpo y sus relaciones sociales, se libraba la batalla entre las dos mitades del rombo cultural. Del que por designar quedan sus vértices izquierdo y derecho. Los no menos instructivos que breves Castigos y doctrinas que un sabio daba a sus hijas, también del siglo XV, aconsejaban “que seays onestas, ca no basta a la muger que sea casta mas que sea onesta, ni le basta ←9 | 10→que sea buena, mas que vse en tal manera que las gentes la tengan por buena ca la que no es onesta, da causa que se crea della que no es buena, y muchas vezes haze sospechoso a su marido, y a las que la ven, y por esta manera queda ella disfamada, y su marido desonrrado”. Donde la gradación “no basta a la muger que sea casta mas que sea onesta, ni le basta que sea buena”, dibuja el lado izquierdo del triángulo superior, formado por la línea que del vértice honesta viaja hasta el vértice casta; y el derecho, trazado por la línea honesta-buena. Por tanto, los límites del triángulo inferior son establecidos por las correlativas laderas lujuriosa-deshonesta y mala-deshonesta.

Así configurado, este rombo cultural puede contemplarse desde una perspectiva léxica. Ocuparán el área del triángulo superior las palabras que pueden ser dichas, y que asimismo fueron llamadas honestas, esa insistencia. Correlativamente, las demás voces serán relegadas a la oscuridad del triángulo inferior e invertido: el área del tabú. Lo que podrá verificarse —de nuevo, uno entre mil casos— con la caracterización que a principios del XIV pergeñó el Libro del caballero Cifar cuando mencionaba que “el infante Roboán con la Infanta” estaban “hablando en solaz, pero no palabras viles, mas muy onestas & sin villanía & sin torpedad”. Con lo que muy de acuerdo estará el sabio de los mencionados Castigos y doctrinas, que recomendó a sus hijas que “aveys de guardar” “para ser onestas que no vos pagueys de oyr palabras suzias ni de puterias avnque las digan otras mugeres ni menos las digades vosotras”. El léxico deshonesto, por tanto, contiene las voces viles o sucias, plenas de puterías, de torpedad y de villanía. Un animado antilinaje que, por opuesto al ejemplar linaje de Lucrecia, debía ser proscrito. O al menos condenado al ostracismo del silencio. En un juego de observar y callar, que por ejemplo enunciaba por 1589 Juan de Castellanos: “Paréceme ver […] / […] gentes en un vicio tan osceno / que por su fealdad no lo señalo” (Elegías de varones ilustres de Indias). Juego sin palabras asimismo practicado habitualmente en los diccionarios estándares, de Covarrubias hasta Autoridades. Y más allá. Y que incluso, si el flashback historiográfico y lexicográfico hubiera de fijar como punto de partida el año 1975, ejecutaba el por otra parte magnífico y crucial “Glosario” de la Poesía erótica del Siglo de Oro de Alzieu, Jammes y Lissorgues, con la variante erudita de cifrar en latín la formulación de las acepciones.

Esta prolongada historia de ocultación léxica explica lo necesario que sigue siendo abordar con rigor la tarea lexicográfica de desvelar una parte nada ínfima, sino en constante crecimiento, del idioma de nuestros antepasados. Tarea que ahora ofrece el excelente fruto, alcanzado por el equipo dirigido por Javier Blasco y Cristina Ruiz Urbón, de este Vocabulario del ingenio erótico en la poesía española de los Siglos de Oro, herramienta que será imprescindible para interpretar ←10 | 11→muchos miles de textos. Porque fue en el área del cultural y léxico triángulo inferior, donde se explayó la literatura española de asunto sexual. Y lo hizo con un vocabulario instrumental procedente tanto de una veta popular marginada por todo linaje, como de una tradición de poesía clásica alzada, entre otros, por Catulo, por Ovidio, por Marcial. Ambas trayectorias convergieron en la dedicación de un estamento, el de la culta clerecía, que desde la poesía cazurra medieval había estado catalizando, en sinuosos alambiques, el proceso de síntesis entre las palabras viles y las del prestigioso y universitario latín que de sexo trataba en dicho triángulo. O que en el superior decía sin decir. Catálisis prolongada en la biodiversidad temática de los cancioneros del XV, tan reducida luego por el monotemático petrarquismo, esa corriente que, en parangón con una diríase que infinita Carretera Panamericana, nunca estuvo a salvo de que la selva talada y libre del sexo con humor, creciera de continuo para agrietar el rígido e industrioso asfalto del amor sin sexo.

Tres modos ha desarrollado la literatura para tratar asuntos sexuales. Transitando por las seculares vías paralelas del eros platónico y del naturalismo aristotélico, dos de ellos se oponen radicales: el afín al triángulo regido por el vértice de la honestidad consiste, como en la lírica petrarquista o en los libros de pastores, en poblar los textos de elipsis, sugerencias y silencios, pues “aunque todos estos nombres [del amor] son infames, peores son los que les dan sus mesmos aficionados, nombrándolo fuego, furor y muerte; y al amar llamando arder, destruirse, consumirse y enloquecerse” (Gaspar Gil Polo, Diana enamorada, 1564). Por el contrario, el segundo modo, propio del área triangular de la deshonestidad, trabaja abiertamente con las palabras viles, que han sufrido —y lo siguen haciendo— multiseculares sanciones por parte de los moralistas de todo pelaje y de todo peaje. Entre estos dos modos se sitúa el tercero, que, aprovechando la mencionada propiedad que el rombo tiene de plegarse por su diagonal menor, trasvasa palabras honestas hacia el área deshonesta, cargando esos signos con significados prohibidos y ocultados. Esta recurrente fuerza eufemística es consecuencia de la potencia del tabú que rige al sexo; asimismo, como producto de la capacidad adaptativa de las lenguas naturales, es un procedimiento que multiplica el vocabulario y amplía sus acepciones. Por fin, en cuanto mecanismo de conmutación, es la base de un conceptismo que, en auge durante el siglo XVII —pero ni mucho menos exclusivo de ese período—, propone no renunciar a la difícil conquista de elaborar mensajes que generen dos (o más, si el autor fuere muy perito o artista) sentidos simultáneos.

A mi modo de ver, los modos segundo y tercero constituyeron las dos poéticas que explican el discurrir de la literatura sexual española. Sus producciones, así como su antilinaje léxico, han sido agrupados bajo cambiantes marbetes. ←11 | 12→Echemos un vistazo al CORDE para esbozar su genealogía, cuyos orígenes se sitúan, con lujurioso y deshonesto, por el siglo XIII, y que se prolonga con obsceno a partir del XV. Con referencia al modo primero de expresión, erótico cobra vida entre el siglo XVIII (“en el género erótico y florido podrá adquirir [Meléndez Valdés] una justa celebridad”, L. de Moratín, Cartas) y finales del XIX (“muchos versos buenos y malos, por lo regular pertenecientes al género tristón, erótico y elegiaco”, Pardo Bazán, El cisne de Vilamorta). Las dos categorías hoy más extendidas son asimismo decimonónicas: del uso genérico actual de erótico hay atisbos entre 1840-1862 (“Y en pago tú de mi entusiasmo erótico, / con dulce afán y con franqueza impávida, / me vas a dar, para las noches frígidas, / todas tus sábanas”, Nápoles Fajardo, Poesías completas; “Acaso en el nido de amores se celebre este erótico ayuntamiento”, Valera, Correspondencia) y 1884-1885 (“[…] aquel contraste […] del elegante pesimismo con el oculto fervor erótico, un si es no es romántico!» Si en vez de la Historia de la prostitución Paquito hubiese leído ciertas novelas de moda, hubiera sabido que don Álvaro no hacía más que imitar […] a los héroes de aquellos libros elegantes”, Clarín, La Regenta); y, por idéntica sincronía, en 1882-1883, pornográfico (“Si Zola fuese únicamente el autor pornográfico que hace arremolinarse a la multitud con curiosidad y dispersarse con rubor y tedio, […] no tendría más público que el vulgo”, Pardo Bazán, La cuestión palpitante). Dicho de otro modo: a la literatura y al vocabulario sexuales los llamamos hoy como nuestros bisabuelos desde mediados del XIX, queriendo decir más o menos lo mismo que los más remotos tatarabuelos medievales y áureos.

El presente Vocabulario del ingenio erótico en la poesía española de los Siglos de Oro ordena y autoriza el léxico honesto o eufemístico y el léxico deshonesto con que algunos de tales tatarabuelos, los poetas áureos españoles, trataron sobre el sexo con doble codificación: abierta, y cerrada o conmutadora. La obra es producto de la rigurosa planificación y la exitosa ejecución de proyectos que implica Eros&Logos (erosylogos.com), la plataforma construida por el equipo dirigido por Javier Blasco y Cristina Ruiz Urbón desde la Universidad de Valladolid. Su base de datos, que ha contribuido a este Vocabulario con más de 900 textos y más de 100 poetas de los siglos XVI y XVII, configura una realidad abierta al plural estudio filológico del objeto de investigación que es la poesía áurea “de sustrato erótico”. A esa tarea, acometida con el instrumental de las humanidades digitales, están dedicados en los últimos años el profesor Blasco y sus colaboradores, que trabajan incansables asimismo en lo que por alguna página llamé filología aplicada: la empresa de base tecnológica Agilice Digital, enfocada hacia la edición, la agencia literaria, el peritaje lingüístico y el análisis estilométrico, entre otros terrenos. Ambas realidades, Agilice Digital y Eros&Logos, muestran un ←12 | 13→precursor y prometedor camino para que las humanidades cumplan satisfactoriamente con la tercera y más reciente misión universitaria, la transferencia, que encarna, por lo que se refiere a los resultados de la investigación lexicográfica, en la generación de conciencia histórica. Yendo más allá del quehacer filológico, tal objetivo proyecta una dimensión indispensable para que la comunidad se asiente, segura y sin complejos, en su propio tiempo.

Haciéndose, por ejemplo, y gracias ahora también a este Vocabulario del ingenio erótico en la poesía española de los Siglos de Oro, heredera y depositaria de la variada y rica tradición de literatura sexual española.

Gaspar Garrote Bernal (Universidad de Málaga)

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INTRODUCCIÓN

“La primorosa equivocación es como una palabra de dos cortes y un significar a dos luces. Consiste su artificio en usar de alguna palabra que tenga dos significaciones, de modo que deje en duda lo que quiso decir” (Baltasar Gracián, Agudeza y arte de ingenio, Discurso XXXIII)

“Una vez que te pones a hablar de sexo explícitamente –escribió C. S. Lewis–, te ves obligado a escoger entre la lengua de la guardería, la de los bajos fondos o la de clase de anatomía”. Puesto que el sexo sigue siendo materia de escándalo en muchas culturas (entre las que desde luego se encuentra la católica), los nombres propios de las cosas asociadas con la ordinariez se evitan o se visten con el ropaje “honesto” del tecnicismo, del eufemismo. Y al hacerse así, la expresión se torna ambigua y equívoca. El lenguaje del erotismo, si tomamos como referencia la poesía de la segunda mitad del siglo XVI o todo el siglo XVII, es el de las medias palabras, en ciertos casos, y el de los dobles sentidos, en la mayoría de las ocasiones.

Con este Vocabulario del ingenio erótico en la poesía española de los Siglos de Oro lo que pretendemos es poner en manos de los lectores un recurso para esa lectura equívoca de la que hablaba Baltasar Gracián en el discurso XXXIII de su Agudeza y arte de ingenio (“De los ingeniosos equívocos”), donde se define el equívoco como “una palabra de dos cortes y un significar a dos luces”. Esto es, el equívoco, en un texto, permite una lectura desde el significado propio que recoge el valor de las palabras en el diccionario y una lectura más o menos velada y oculta, que es la que iluminan ciertos términos del texto al significar otra cosa ajena a lo que recoge el diccionario.

Hasta cierto punto, al afrontar la lectura de la poesía erótica de los Siglos de Oro se podría hablar –lato sensu– de “un lenguaje cifrado” en el que las voces (en casi su totalidad) son exactamente las de la lengua cotidiana, pero su significado no es el que los diccionarios reflejan. Esta característica es la que justifica una recolección de voces convertidas en vehículo de doble significado, así como de textos que ejemplifican esas voces y de mecanismos puestos en marcha para ese ←15 | 16→significar “a dos luces” con el que se burla la necesidad de elegir entre la palabra “de los bajos fondos”, la “de la clase de anatomía” o la “de la guardería”.

Base textual del Vocabulario

Los términos que componen el vocabulario que ahora editamos proceden del corpus que recoge la base de datos Eros&Logos (textos de naturaleza erótica que se inscriben en un período temporal que abarca la literatura hispánica de los siglos XVI y XVII)1. La mayor parte de los poetas de estos siglos está representada en nuestro vocabulario: Baltasar del Alcázar, Alonso Álvarez de Soria, los dos Argensola, Gaspar de Ávila, Jerónimo de Barrionuevo, Miguel Barrios, Cristóbal Bravo, Brahojos, Quevedo, Melchor de la Serna, Liñán de Riaza, Burguillos, Jerónimo Camargo y Zárate, Francisco Trillo y Figueroa, Rodrigo Carvajal y Rojas, Cristóbal de Castillejo, Diego Hurtado de Mendoza, Miguel de Cervantes, Gutierre de Cetina, Cornejo, Marchante… y un largo etcétera, hasta un total de 105 autores, cuya actividad literaria se inscribe en los límites temporales referidos.

En su intención, este trabajo es deudor de los de Alzieu, Jammes y Lissorgues (1984), de McGrady (1984), Huerta Calvo (1983), Herrero Diéguez, Martínez Deyros y Sánchez Mateos (2018) y Garrote Bernal (2020)2, y está agradecido ←16 | 17→a todos ellos. Siguiendo el camino que ellos franquearon y desbrozaron con indudable acierto, pretendemos ensanchar el territorio lexicográfico del erotismo aurisecular con el fin de mostrar el cambio de paradigma que, respecto al petrarquismo imperante, alumbra una parte de la poesía de los siglos XVI y XVII; sustituyendo neoplatonismo por aristotelismo; recuperando cierta corriente a la que el Cancionero general (Macpherson, 1998) había prestado atención con el Pleito del manto; y dando cabida en la cultura escrita a las manifestaciones populares más arraigadas en un folclore que no entendía de moralidades (Victorío Martínez, 1985). Una poesía, en definitiva, que se constituye como resistencia frente a la voluntad dirigista y normativa que la Iglesia y el poder (perdónenos el lector el pleonasmo) intentaban imponer a través de la producción artística y literaria. La fuerza y vitalidad de esta corriente antipetrarquista, así como su bienhumorado impulso, queda evidenciada por la continuidad de la misma en el siglo XVIII3.

Details

Pages
296
ISBN (PDF)
9783631825549
ISBN (ePUB)
9783631825556
ISBN (MOBI)
9783631825563
ISBN (Hardcover)
9783631810699
Language
Spanish
Publication date
2020 (September)
Tags
Erotismo Léxico Equívoco Sexualidad Petrarquismo Antipetrarquismo Poesía
Published
Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2020. 296 p., 2 il. blanco/negro, 3 tablas.

Biographical notes

Javier Blasco (Author) Cristina Ruiz Urbón (Author)

Javier Blasco (Luesma, Zaragoza, 1954). Es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Zaragoza (1977) y doctor por la Universidad de Salamanca (1981), con una tesis sobre la poética de Juan Ramón Jiménez. Desde 1988 es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Valladolid. Investigador Español, experto en el Siglo de Oro y en Literatura Española del Modernismo. Ha sido profesor invitado de la Universidad de Montreal, de la Universidad de Cincinnati, y de la Universidad de California en Davis. Cristina Ruiz Urbón (Valladolid, 1981). Es licenciada en Filología Hispánica (2004) y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (2010), con Premio Extraordinario de Licenciatura, por la Universidad de Valladolid. Ha cursado un Máster Universitario en Lingüística Forense (2014) en la Universidad Pompeu Fabra. Posee el Diploma de Estudios Avanzados (2014) y ha publicado varios trabajos de investigación sobre literatura Española del Siglo de Oro. En la actualidad es profesora asociada del Departamento de Literatura Española y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Valladolid.

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