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El pensamiento basura

Transitoriedad, materia, viaje y mundo periférico

by Claudio Canaparo (Author)
Monographs XVI, 368 Pages

Table Of Content

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor/el editor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice analítico
  • Parte Primera
  • Introducción: El pensamiento basura
  • Parte Segunda
  • Capítulo 1: Paraísos artificiales y patrias imaginarias
  • Capítulo 2: La cosa como esto en Heidegger
  • Capítulo 3: La naturaleza de la basura y los desechos
  • Capítulo 4: El objeto de la basura y los desechos
  • Parte Tercera
  • Capítulo 5: La basura en su forma
  • Capítulo 6: Los objetos como basural
  • Capítulo 7: La basura en su aspecto
  • Capítulo 8: Metafísica de la basura
  • Parte Cuarta
  • Capítulo 9: Transitoriedad y movimiento
  • Capítulo 10: El paradigma High-Frequency Trader
  • Capítulo 11: Reciclaje, construcción, sensibilidad
  • Capítulo 12: La basura especulativa
  • Capítulo 13: Union Carbide, Monsanto y el efecto Glencore
  • Parte Quinta
  • Capítulo 14: La basurización
  • Capítulo 15: La memoria destructiva
  • Capítulo 16: La basura sentimental
  • Parte Sexta
  • Capítulo 17: Cinematografía, arquitectura, basura
  • Capítulo 18: La basura visual
  • Capítulo 19: Logística de lo invisible
  • Capítulo 20: La desmaterialización
  • Parte Septima
  • Capítulo 21: La escritura sucia
  • Capítulo 22: La basura perimetral
  • Capítulo 23: Solid Waste Management
  • Capítulo 24: Basura/desecho y Natural Philosophy
  • Parte Octava
  • Capítulo 25: Basura/desecho y epidemiología
  • Capítulo 26: Basura/desecho y pensée noir
  • Parte Novena
  • Capítulo 27: La basura/desecho movilizada
  • Parte Ultima
  • Conclusión: Basura/desecho y evolucionismo
  • Índices y Referencias
  • Índice de nociones
  • Material visual y gráfico
  • Referencias
  • Index

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PARTE PRIMERA

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El pensamiento basura

En el mundo actual la basura y los desechos superan en volumen y cantidad a la producción de bienes y manufacturas, situación ésta que aun no ha sido analizada en todos sus aspectos y alcances. Que se generen más basura y desechos que bienes tiene así un impacto sobre el medio ambiente y la manera en que se lo percibe, pero, más relevante, esta situación llega a modificar la noción misma de percepción y experiencia que poseen los habitantes de dicho medio ambiente. Bajo estas condiciones, la relación entre naturaleza e intelecto en sentido especulativo ya no puede entonces concebirse de manera tradicional, es decir, sea como (i) una complementariedad entre dos dominios, (ii) como una encuesta del intelecto a lo natural o (iii) un descubrimiento de lo natural por parte del intelecto. La modificación más relevante en relación a la basura y desechos se halla menos en su evidencia física –lo cual no deja, claro, de constituir un problema– que en la manera radical en que interpelará las concepciones tradicionales de conocimiento, percepción y experiencia. Todo ello a partir no sólo de la desaparición de una noción tradicional de naturaleza, sino del modo en que los principios conceptuales en general –y de conceptualización de la materia en particular– se establecerán. En este sentido, una constatación se impone: la re-conceptualización de la materia no es ya suficiente para explicar los alcances que la basura y los desechos poseen en términos especulativos.

El gran cambio de nuestra época consiste en que la basura, los desechos en general, es impuesta como un a priori indeterminado de toda forma de especulación o percepción. En el pensamiento clásico, la basura constituía una cuestión que escapaba a las teorías, a los principios o, de manera más genérica, a los comienzos de todo análisis o especulación. La basura era una cuestión de evolución histórica, de decantación, de selección. En el mundo contemporáneo la basura constituye una imposición –logística, analítica ← 3 | 4 → y cultural– de primer orden, mayormente por tres razones: (i) por una cuestión de espacio y poblamiento, (ii) por una cuestión de densidad y de masa y (iii) por una cuestión de diseño y estructura.

En primer lugar, cada nuevo objeto o aparato se convierte en un agregado a lo ya existente, es decir, en una reducción del espacio circundante y, por tanto, en una obligación de planear su emplazamiento. En este sentido, como veremos, el diseño y la urbanística tienen un rol relevante en la producción y no sólo, como aun creen no pocos analistas, en la localización/deslocalización de las usinas de producción. El poblamiento es un aspecto básico de los objetos, aparatos y máquinas. Contrariamente a lo que sucedía en la demografía clásica, que se ocupa mayormente de la población y sus derivados en términos de seres vivientes, en la actualidad aquello que la tecnología ha impuesto es justamente lo opuesto: una demografía de los aparatos, las máquinas y los objetos por encima de los fenómenos de las poblaciones de seres vivientes. En una especie de darwinismo revertido, los humanos y las especies vivientes se hallan forzadas continuamente a adaptarse al hecho tecnológico por llamarle de manera genérica. La lógica, la dinámica y la evolución de lo humano –y sobre todo de lo social humano– no tendrá ya carácter exclusivamente humanístico, lo cual presenta un desafío, cuanto menos, a los análisis conceptuales de raigambre filosófica o de ciencias sociales entendidos de manera tradicional.

En segundo lugar, los comportamientos especulativos y el sentido de lo perceptible se modifican de manera radical según la densidad de descarte y de tránsito de objetos, aparatos y máquinas en un espacio determinado. La idea misma de masa, de presencia de materia, se ha modificado de forma radical del momento que la misma no se vincula sólo a la materialidad o dimensión física de algo. La masa en este sentido posee tres formulaciones: (a) la formulación clásica en donde es sinónimo de fisidad (“materialidad crasa”), (b) la formulación física donde es sinónimo de concepto y (c) la formulación que llamaremos imaginaria donde la masa aparece como especulación y proyección. La basura en este sentido recorre, atraviesa, la materia, los conceptos y el imaginario del presente.

En tercer lugar, la estructura y diseño de objetos, conceptos, aparatos, máquinas, teorías y situaciones imaginarias se halla determinada por un significado de estructura que va a situarse en un mundo predeterminado y ← 4 | 5 → es este sentido de arquitectura ya establecida aquello que tiene un impacto determinante en la producción de materia y en sus formulaciones conceptuales. La funcionalidad de aparatos, objetos y máquinas no está sólo determinada por el propósito mecánico, electrónico o maquínico, sino también por el ensamblaje del mismo a un sistema más general ya existente y, asimismo, por la pre-lectura que dicho objeto, aparato o máquina tiene de la durabilidad y dimensión de su existencia, de su período estimado de vida útil.

Por otra parte, una cuestión asimismo irreversible es el momento en que se superó el umbral a partir del cual la tecnología y la industria comenzaron a emplear materiales cuya durabilidad e impacto ambiental estaban ya determinados antes que el conjunto de elementos empleados o elegidos conformasen un aparato, instrumento o estructura. Este conocimiento, por llamarle de una manera genérica, ha significado un cambio epistemológico radical más allá de cuanto la mayoría de los analistas han querido aceptar. Por cuanto da lugar a una determinación acerca del porvenir bajo la forma de horizonte de expectativa –material, simbólico, imaginario– que antes no existía de modo tan significativo o determinante. De manera que el presente, en cuanto lugar donde la dinámica y el funcionalismo de aparatos, máquinas y estructuras, se desenvuelve, está significado en gran medida por estimaciones, expectativas y proyecciones acerca de aquello que aun no ha sucedido de forma fehaciente –al punto que la semántica de los objetos y aparatos está determinada más por eso que los mismos pueden ser o hacer que por la composición estricta de sus materiales y partes. Esta perspectiva, que de alguna manera menguada ya existía bajo el nombre de funcionalismo, tiene ahora sin embargo un signo completamente novedoso: es la substancia misma de los aparatos, objetos y estructuras, la que adquiere su significado específico de ese horizonte de espera y expectativa. Es también por ello que se comprende el alcance que tiene la noción de arquitectura ya establecida en el pensamiento del medio ambiente como tal. Y justamente una de las áreas donde esta situación es visible de manera clara es en el desarrollo y planeamiento urbano.

La basura, el desecho, ya no es un resto, un descarte, sino una forma alternativa de materialidad, de conceptualización, de teoría o de imaginación: la evidencia de una modificación radical de la especulación. En ← 5 | 6 → el mejor de los casos es un elemento disfuncional en términos materiales, semánticos o simbólicos. En el peor de los casos es una alternativa, una contraposición en toda regla, a un tipo de materialidad, a una forma de conceptualización, a una noción de teoría o a una concepción de imaginación. La basura, los desechos, no constituyen supresión alguna, desaparición o pérdida, sino que generan una deriva constante, un sentido regular de bifurcación, de variedad, de alternativas. No hay un mundo de productos y otro de restos o ruinas, sino una variedad de mundos alternativos, intermedios, derivativos, intermitentes. Los productos son híbridos del mismo momento que son manufacturados, poseen en sí un sentido de basura y desecho que está planificado, incorporado, significado. No hay tampoco perición establecida, sino fechas aproximativas en torno a funcionamientos específicos. Un aparato, un objeto, una máquina pueden funcionar de muchas maneras, tener muchas formas de vida: que haya un modo privilegiado de funcionamiento es una realidad financiera, mercantil, que aspira a significar sólo por esa razón, es una dimensión auto-referencial. Compramos un producto por una funcionalidad primaria pero en el curso de su existencia material, conceptual e imaginaria esa funcionalidad sufre innumerables modificaciones. Un lector de DVD en seis meses se transforma en adorno, luego en sostén de mueble, en mesa de noche, en aparato depositado en una garaje, en objeto preciado en el mercado del usado, en instrumento de material memorioso o en partes electrónicas para chatarra y reventa.

El surgimiento de la basura/desecho como materia primera coincide con la creación de la misma en cuanto mercadería, es decir, en cuanto objeto material que tiene un tratamiento, un precio y un valor. Las políticas de reciclaje (papel, plástico, metal, etc.) iniciadas como proyecto por algunos países nórdicos europeos en los años setenta del siglo XX y continuadas más tarde por la Comunidad Europea en los países de dicha unión no constituyen, sino una confirmación de esta valorización. Menos que como incentivos a una conducta ciudadana eco-ambiental este tratamiento de la basura/desecho –o, de modo similar, la ignorancia despreciativa del mismo– confirma un profundo cambio cultural: la existencia de una nueva materia/materialidad que afecta desde la situación poblacional en su conjunto hasta el mismo el diseño urbano. En los países periféricos del planeta ya existían entonces formas primitivas de reciclaje, mejor dicho, de consideración de la basura como ← 6 | 7 → mercadería, sobre todo referida a objetos elaborados tecnológicamente y de un alto valor de adquisición para los habitantes locales: desarmaderos de automóviles, acopiadores de cartón, recicladores de botellas, fundiciones de plomo extraído de piezas mecánicas, comercio con recargadores de baterías usadas, productores de caños de desagües a partir de botellas plásticas de agua vacías, fundidores de cobre extraído de demoliciones, acaparadores de latas de bebidas gaseosas, etc. Como ya argumentamos en Geo-Epistemology. Latin America and the Location of Knowledge (2009) los espacios periféricos exacerban las consecuencias urbanas, tecnológicas y poblacionales que se generan en el colonialismo ínsito con el cual operan las economías centrales –lo cual, en el caso que nos ocupa, puede entenderse como que los eventos radicales y marginales, que caracterizan y modifican la concepción ambiental de las culturales coloniales centrales, aparecieron antes como vanguardia en la periferia. De manera que la idea clásica, en los ámbitos periféricos, de estudiar las culturas centrales para comprehender y emular un itinerario y una serie de experiencias sociales, cuanto menos en este particular dominio de las basura y los desechos, funciona de modo contrario y revertido.

La situación espacial –la noción misma de espacio– es uno de los aspectos que más se ha modificado en sentido especulativo y que explica asimismo en gran medida la radicalidad del concepto actual de desecho/basura. El fin de la idea de espacio abierto, el fin de la ausencia de confines, el agotamiento de lugares desconocidos, son sólo algunos de los aspectos por los cuales toda manufactura contemporánea y toda generación de basura/desecho se realiza en un dominio determinado, en un espacio cerrado, donde tampoco el aire es indeterminado, sino reglado, evolutivo y sujeto a un sinnúmero de predicciones. Es así entonces que los mismos rasgos tradicionales de la basura/desecho se hallan bajo una perspectiva diferente: (i) ya no hay manera de hacer desaparecer la basura/desecho, aunque no la veamos siempre sabemos dónde está, (ii) no hay manera de evitar la contaminación con olores o productos tóxicos, puesto que los mismos no desaparecen, sino que permanecen bajo formas diversas, (iii) no hay manera de esconder los elementos que componen la basura/desecho puesto que los mismos están expuestos por largos períodos de tiempo, (iv) la basura/desecho viaja largas ← 7 | 8 → distancias y su condición y estatus está en constante transformación, (v) la basura/desecho adquiere una condición de historicidad, aun cuando sea bajo la forma de ruina.

Esta situación nos lleva a considerar que, en primer lugar, la desaparición, mejor dicho, la pérdida de eficacia heurística del concepto de temporalidad ha dejado un gran número de ideas filosóficas inoperantes aunque sin duda ha incrementado la historia de la filosofía Occidental con nuevas etapas y épocas en su haber.

En segundo lugar, a considerar también que el surgimiento del espacio como concepto relevante en la especulación humana no puede ser escindido de la relevancia que la construcción del medio ambiente tiene en esta actividad especulativa. En este sentido toda filosofía actual, toda forma de análisis o especulación, es de alguna manera constructivista en términos epistemológicos –es decir, en los términos con que el conocimiento ha sido planteado por autores como por ejemplo Jean Piaget (1896–1980), Ernst von Glasersfeld (1917–2010) o Humberto Maturana (n. 1928). A saber, en líneas genéricas: (i) que existe una relación de entanglement entre la noción de conocimiento, la dimensión conceptual como tal (la producción de conocimientos, su sentido operatorio) y la escritura, (ii) que el espacio local y el pensamiento poseen una relación recíproca e inevitable, lo cual supone una situación particular del observador, (iii) que el conocimiento es inseparable de la perspectiva heurística y pedagógica a partir de la cual el mismo fue en origen constituido, (iv) que la actividad especulativa –sus condiciones, sus elementos, sus características– define toda noción de conocimiento, (v) que el conocimiento, como la tecnología, es autopoiético (véase por ejemplo Maturana/Varela, 1979) y deriva de manera constante, (vi) que los conceptos se forman con los problemas que plantean, de manera que no es posible separar unos de otros (para una visión de conjunto, véase por ejemplo Glasersfeld, 1995).

Por último, en tercer lugar, a destacar que tampoco puede escindirse de esta relevancia espacial el hecho que los espacios periféricos del planeta presentan situaciones que anticipan o expanden pensamientos y/o condiciones de las culturas coloniales centrales –siendo éste, por su dimensión y por las condiciones tecnológicas actuales, un fenómeno sin precedentes ← 8 | 9 → y cuyos alcances, sea para los mismos espacios periféricos como para las culturas coloniales centrales, aun no han sido determinados.

Biographical notes

Claudio Canaparo (Author)

Claudio Canaparo es Licenciado en Ciencia Política y Máster en Ciencias. Realizó estudios de postgrado en la Universidad de Bologna y obtuvo su doctorado en el King’s College de Londres en 2000. Entre 1993 y 1995 fue investigador en el King’s College de Londres; y de 1995 a 2009 enseñó en la Universidad de Exeter, donde creó el Centro de Estudios Latinoamericanos. Desde 2009 es profesor visitante en el Birkbeck College de Londres y profesor asociado a la investigación en la Universidad de Louvain-la-Neuve. Es autor de varios libros y artículos, entre los que destacan Ciencia y escritura (2003), Muerte y transfiguración de la cultura rioplatense (2005), Geo-Epistemology. Latin America and the Location of Knowledge (2009), El imaginario Patagonia (2011) y El mundo Ingaramo (2015).

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