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Giro cultural de la memoria

La Guerra Civil a través de sus patrones narrativos

by Patricia Cifre-Wibrow (Author)
©2022 Monographs 316 Pages
Series: Romania Viva, Volume 38

Summary

En torno al año 2007 nació en España un poderoso movimiento de reactivación de la memoria histórica que dio lugar a un verdadero giro cultural. Este libro analiza el papel desempeñado por la literatura en relación con este proceso de resemantización de la memoria de la Guerra Civil. En función de las cambiantes formas de representación de las relaciones entre presente y pasado, mito y trauma, historia y memoria desde el 36 hasta la actualidad, se diferencia entre cuatro grandes patrones narrativos − de la vivencia, la experiencia, la conciliación y la reparación −. Los diálogos escondidos entre estos modos narrativos permiten explicar cómo se construyen y deconstruyen los recuerdos de los que depende nuestra identidad colectiva en la obra de autores tan significativos como Max Aub, Luis Goytisolo, Miguel Delibes, Juan Marsé, Javier Cercas, Javier Marías, Isaac Rosa y Rafael Chirbes entre otros.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • Introducción. Giro cultural de la memoria
  • Primera parte: Los marcos de la memoria
  • 1.1. El marco político
  • 1.2. El marco jurídico
  • 1.3. Las exhumaciones
  • 1.4. El marco historiográfico
  • 1.5. Los estudios de la memoria
  • Segunda parte
  • 2.1. La memoria de la Guerra Civil a través de sus patrones narrativos
  • 2.2. Las narrativas de la vivencia y de la experiencia
  • 2.3. Las narrativas conciliadoras
  • 2.3.1. El esfuerzo por crear lugares de memoria compartidos
  • 2.3.2. El mito de las dos Españas
  • 2.3.3. La tercera España como motor de reconciliación
  • 2.3.4. Aspectos problemáticos de la memoria “ejemplar”
  • 2.3.5. El olvido interpretado como expresión de perdón
  • 2.3.6. La historización del pasado
  • 2.4. Las narrativas de la reparación
  • 2.4.1. Validación de las demandas de Verdad, Justicia y Reparación
  • 2.4.2. Deconstrucción de los mitos ligados a la nivelación de memorias
  • 2.4.3. Replanteamiento de las relaciones entre víctimas y victimarios
  • 2.4.4. Reconfiguración de los marcos ficcionales
  • 2.4.4.1. Controversia entre Antonio Muñoz Molina y Erich Hackl en torno a las delimitaciones entre realidad y ficción
  • 2.4.5. Replanteamiento de las relaciones presente-pasado-futuro
  • 3. Tercera parte
  • 3.1. Vivencia y experiencia de la guerra: Max Aub
  • 3.1.1. El modo vivencial en los relatos sobre los campos
  • 3.1.2. Manuscrito cuervo
  • 3.1.3. La componente experiencial en “Campo de almendros”
  • 3.1.4. La experiencia del “turista al revés” en La gallina ciega. Diario español
  • 3.2. Una posguerra habitada por fantasmas: Las afueras de Luis Goytisolo
  • 3.2.1. Sensibilidad antifranquista de Luis Goytisolo
  • 3.2.2. El conflicto de las dos Españas desde el punto de vista de un representante de la tercera España
  • 3.2.3. El conflicto entre las dos Españas desde el punto de vista de los vencidos
  • 3.3. Reelaboración de los recuerdos de guerra: 377A, Madera de héroe (1988) de Miguel Delibes
  • 3.3.1. Elementos de los patrones de la experiencia y de la conciliación en 377A, Madera de héroe
  • 3.3.2. Relativización de la responsabilidad individual a través del determinismo social
  • 3.3.3. La nivelación entre los bandos enfrentados
  • 3.3.4. La desideologización del conflicto
  • 3.4. El destape de la memoria: La muchacha de las bragas de oro de Juan Marsé
  • 3.4.1. Encrucijadas de la memoria
  • 3.4.2. Un país de lotófagos (comedores de la flor del olvido)
  • 3.4.3. El conflicto generacional
  • 3.4.4. La difuminación de las fronteras entre realidad y ficción
  • 3.4.5. Ambigüedad buscada y sostenida
  • 3.5. El boom de la memoria: Soldados de Salamina de Javier Cercas
  • 3.5.1. El epicentro del boom de la memoria
  • 3.5.2. Escenificaciones del olvido
  • 3.5.3. La recuperación de la memoria a través de los testimonios orales
  • 3.5.4. (Des)encuentros entre memorias largo tiempo enfrentadas
  • 3.5.5. La controversia entre Javier Cercas y Arcadi Espada acerca de las delimitaciones entre realidad y ficción
  • 3.5.6. Carácter emocional-sentimental de la rememoración propuesta
  • 3.6. Reacciones críticas encontradas frente a la impostura: Los casos de Enric Marco y Binjamin Wilkomirski
  • 3.6.1. La impostura de Enric Marco
  • 3.6.2. La impostura de Binjamin Wilkomirski
  • 3.7. Controversias dentro y fuera de la obra de Javier Marías
  • 3.7.1. “El artículo más iluso” de Javier Marías
  • 3.7.2. ‘El siglo’ y la historia de su recepción crítica
  • 3.7.3. Microrrelatos autobiográficos incrustados en la ficción
  • 3.8. La ruptura con el pacto transicional: ¡Otra maldita novela sobre la Guerra Civil! de Isaac Rosa
  • 3.8.1. Un texto bicéfalo atrapado en la trampa de una doble grafía
  • 3.8.2. Paratexto
  • 3.8.3. Texto
  • 3.8.4. Metatexto
  • 3.9. La memoria intergeneracional: Rafael Chirbes
  • 3.9.1. Excepcionalidad de Rafael Chirbes
  • 3.9.2. La memoria intergeneracional
  • 3.9.3. Interrelación entre lo público y lo privado
  • 3.9.4. El relato
  • 3.9.5. Discontinuidades intergeneracionales
  • Bibliografía
  • Obras publicadas en la colección

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Introducción. Giro cultural de la memoria

“Las cosas no son como son, sino como se las recuerda.”

Juan Marsé (2006: 117)

“Es un viaje más largo regresar a tu propio pasado que a cualquier país lejano”

Julio Llamazares (Obiol, 1990: 4)

En 1998 el juez Baltasar Garzón promovía el procesamiento del exdictador Augusto Pinochet, erigiéndose en portavoz de las víctimas de la dictadura chilena. Asumía dicho papel como representante de la justicia de un país, España, que fundó su proceso democratizador en una ley de amnistía que garantizaba la impunidad de los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el Franquismo. La orden de detención, firmada por Garzón el 16 de octubre de 1998 por los presuntos delitos de genocidio, terrorismo y torturas, suscitó en España un intenso debate entre quienes estaban a favor de la actuación del magistrado por considerar que contribuía a la reactivación de las iniciativas legales contra los crímenes y abusos cometidos durante la dictadura chilena y quienes opinaban que el acoso internacional a Pinochet ponía en peligro el proceso de transición chilena, amenazando con desestabilizar al gobierno y crispar la vida pública. En lo que apenas nadie pareció reparar era en lo inadecuada que resultaba la asunción de dicho papel por parte del representante de la justicia de un país que inició su propia andadura democrática con una ley de amnistía que antepuso la estabilidad del sistema a la necesidad de justicia y reparación de las víctimas de la dictadura; un país en el que seguían enterrados en las cunetas miles de desaparecidos asesinados durante la Guerra Civil y la posguerra. El que a finales de los noventa no se estableciera dicha conexión revela hasta qué punto había sido interiorizado el pacto de olvido institucionalizado a raíz de la muerte del dictador y, asociado a él, el relato de la transición democrática como una victoria de la concordia frente a los resentimientos del pasado. El distinto tratamiento que se hacía del pasado en España, Argentina y Chile era justificado aludiendo al tiempo transcurrido desde la Guerra Civil y dando por hecho –erróneamente– que las dictaduras del Cono Sur habían tenido un carácter incomparablemente más sanguinario que la dictadura franquista.1

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Y sin embargo tan solo dos años más tarde, en torno al cambio de siglo, nacía en España un poderoso movimiento de reactivación de la memoria histórica que dio lugar a un verdadero giro cultural: en tan solo unos pocos años se crearon multitud de asociaciones que comenzaron a trabajar en favor de la recuperación de la memoria2 y los partidos políticos de izquierdas incorporaron a sus programas la reivindicación de la dignificación pública de las víctimas de la Guerra Civil. En 2007 se promulgó la así llamada Ley de Memoria Histórica, que dio lugar a la proliferación de multitud de exhumaciones de fosas, proceso que puso de manifiesto el desamparo oficial sufrido por los represaliados del Franquismo. Al amparo de la Ley de Memoria Histórica, el juez Baltasar Garzón abrió la primera causa contra los crímenes del Franquismo, siendo más tarde acusado de prevaricar en dicha investigación, sometido a juicio y absuelto.3 Las exhumaciones tuvieron una fuerte repercusión mediática a través de infinidad de noticias, crónicas, artículos, columnas, documentales4, películas, libros y debates que ponían el presente de nuevo en relación con el pasado. De repente, no solo se hablaba de las exhumaciones de las fosas, sino también de las 49.272 víctimas de la represión en la zona republicana (Ledesma, 2010), de las 130.199 que tuvieron lugar en la zona franquista (Espinosa, 2010: 78), del medio millón de españoles ←12 | 13→que tuvieron que exiliarse (Moradiellos, 2019: 273), de los más de 400.000 presos internados en cárceles y campos de concentración en condiciones infrahumanas para fines de clasificación o depuración (Moradiellos, 2019: 277), de los niños de la guerra, de los niños robados, de las maestras de la II República, del maquis, de los topos y todas las demás víctimas de la Guerra Civil.

Dentro del campo de la historiografía se estaba produciendo asimismo un cambio de ciclo. Los problemas conceptuales anteriormente evitados o descuidados pasaban a primer plano y se abordaban preguntas nuevas. Ya no eran cuestionadas las profundas diferencias existentes entre la violencia ejercida en el bando sublevado y la que se desató en la zona republicana tras el golpe de estado del 17 y 18 de julio de 1936. Lejos de poner el acento en las diferencias entre el Franquismo y el Fascismo alemán o italiano, se debatía si había que atribuirle un carácter genocida a la violencia fundacional de la dictadura.5 Y en lugar de referirse al Franquismo como un régimen blando o acomodaticio, se comenzaba a hablar de un “Holocausto español”.6

Lo más llamativo de este proceso de resignificación de la memoria de la Guerra Civil es que se iniciaba justamente en el momento en que se estaba completando el relevo generacional en virtud del cual la memoria parecía condenada a convertirse en historia. En lugar de venir a perpetuar el olvido institucionalizado desde la Transición, la desaparición de los últimos testigos parecía estar dando lugar a una reactivación de la memoria, quizás porque la desproveía de su anterior peligrosidad, dejando a las generaciones siguientes en libertad para replantearse la cuestión de qué hacer con las memorias heredadas, una vez desvinculadas de sus protagonistas. Debido a ese relevo generacional, los recuerdos ←13 | 14→comenzaban a flotar libremente, convirtiéndose en responsabilidad de las generaciones siguientes y pasando a depender de procesos de rememoración cultural aún por determinar. De ahí la importancia atribuida en relación con el movimiento de recuperación de la memoria histórica a la así llamada “generación de los nietos”, que se mostraba mucho más combativa que la segunda generación, adoptando una posición muy crítica frente a las políticas de la memoria transicional o incluso frente a la propia Transición. Ello no solo se debía al hecho de que la democracia ya no corría peligro, sino también al enorme prestigio internacional de los estudios de la memoria surgidos en el entorno de la Shoah, coincidentes en subrayar el papel de la memoria en el procesamiento de los traumas colectivos.

La fuerza con la que irrumpe esta posmemoria en el espacio público a partir del año 2000 es indicativa de la pervivencia del trauma durante las décadas anteriores en las que apenas se aludía a la Guerra Civil, a no ser para declararla superada o para invocar la necesidad de reconciliación. Esta reactivación demuestra que en las familias que lucharon en defensa de la República persistía la necesidad de dignificar a sus víctimas, puesto que a diferencia de los vencedores, que pudieron llevar a cabo sus procesos de duelo al amparo de la cultura oficial del régimen, los vencidos se vieron forzados a silenciar su dolor y su resentimiento. Durante cuatro décadas el relato familiar fue el único espacio en el que pervivía el recuerdo de las injusticias y las humillaciones padecidas. Y con frecuencia ni esto, pues, a fin de asegurar el futuro de los hijos, en muchos casos se renunció a transmitir la propia memoria. De esta manera se facilitó la integración de las generaciones siguientes dentro del sistema, aunque a costa de permitir que crecieran con una sola interpretación de la guerra, desvinculadas de los referentes identitarios familiares, completamente expuestas al adoctrinamiento de un régimen decidido a erradicar todo pensamiento crítico.

Una encuesta realizada en 1972 por López Pintor y Ricardo Buceta muestra hasta qué punto fue efectivo el adoctrinamiento ideológico del Franquismo. Partiendo de una muestra de 1000 individuos de cada género en poblaciones de más de 50.000 habitantes, indica que en 1972 la mayor parte de los encuestados manifestaban un marcado desinterés por la política, adoptando una actitud conformista, marcada por la adhesión al régimen y por una ideología radicalmente conservadora. Únicamente entre personas menores de 35 años de clases medias y altas urbanas se detectaba la aparición de una subcultura de ideas moderadas (Gallego, 2008: 160). En base a tales resultados, López Pintor y Ricardo Buceta concluían que la mitad de la nación estaba constituida por una “mayoría ausente”, mientras que el Franquismo militante representaba un máximo del 15 % de la población (Ibid., 163). Así y con todo, a partir de 1975 se produjeron ←14 | 15→cambios sociológicos importantes de manera muy rápida. Muy revelador resulta en este sentido el fuerte contraste observable entre dos encuestas de respuestas múltiples de 1973 y 1975 respectivamente. En la primera, el 37 % de los encuestados aún responde que no considera necesario realizar ningún cambio en el país y el 24 % no responde; dos años más tarde, en 1975, un 24 % ya considera que el principal problema es la “falta de libertad”, aunque siguen siendo mayoría quienes se muestran convencidos de que lo más problemático son las “movilizaciones sociales” (29 %), la “pérdida de valores morales” (30 %) o un “cambio demasiado rápido” (12 %) (Ibid., 161). Es decir que en 1975 la base social del Franquismo es aún muy amplia, pero está abriéndose rápidamente a la opción de modernización institucional defendida tanto por la oposición como por los sectores más moderados del propio Franquismo.

No deja de resultar significativo el hecho de que ya en democracia no se hicieran encuestas del CIS encaminadas a calibrar la huella dejada por la guerra y la dictadura. Ni en 1986, al cumplirse el 50 aniversario del inicio de la Guerra Civil, ni en 1989, a los 50 años de su final, ni tampoco en 1996 o 1999. Por este motivo hay que recurrir a otras encuestas como la realizada por el semanario Cambio 16 durante el verano de 1983, que mostraba que para el 50 % de los encuestados la Guerra Civil era un tema de gran interés, mientras que para el 30 % era una cuestión olvidada. El 21 % se consideraba bien informado al respecto, el 76 % no (Reig Tapia, 2007: 84). Otras informaciones se pueden deducir de una encuesta elaborada en 1995 por el CIS sobre la aceptación de la transición política a la democracia. Las respuestas son indicadoras de la persistencia de una profunda división social: mientras que el 48 % declara haber olvidado los traumas de la Guerra Civil, otro 41 % responde en sentido contrario (Reig Tapia, 2007: 85). Las encuestas realizadas durante los años siguientes siguen reflejando un altísimo porcentaje de población que no rompe con la dictadura: en 1995 la mitad de los entrevistados aún considera que gracias a Franco España ha vivido 40 años de paz (Juliá, 2006: 203).

La complejidad del panorama político y cultural de los primeros años de democracia atrajo todas las energías sobre el presente, de tal manera que no fue más que a partir de los años noventa cuando comenzaron a abrirse espacios públicos para la articulación de la memoria republicana. Hasta hoy persisten, sin embargo, una gran cantidad de anomalías impropias de una democracia consolidada, anomalías como que a muchos españoles no les resulta problemático postularse a favor de la democracia sin condenar la anterior dictadura; como que el 14 de septiembre de 1999 el Partido Popular aún rechazara una moción del Congreso de los Diputados para condenar formalmente el golpe militar contra la Segunda República; como la existencia de cientos de fosas en las que ←15 | 16→siguen yaciendo decenas de miles de personas asesinadas, desaparecidas desde hace más de ochenta años; como la persecución del juez que pretendió investigar los crímenes del Franquismo; como el mantenimiento de la tumba de estado de Franco en el Valle de los Caídos hasta el año 2019 o la financiación pública concedida a la Fundación Franco, encargada de la “difusión de la memoria y obra” del dictador como estipulan sus estatutos, o los fondos públicos destinados a otras fundaciones como la de José Antonio Primo de Rivera; la de las Hijas de Millán Astray y Capitán Cortés; la Fundación Blas Piñar; la Fundación ProInfancia Queipo de Llano. Aún más grave resulta, si cabe, el hecho de que la Guerra Civil y la dictadura sigan siendo temas casi ausentes en la educación primaria y secundaria, no siendo abordados más que al final de la etapa secundaria, y esto haciendo gala de una neutralidad impropia de un sistema democrático.

Details

Pages
316
Year
2022
ISBN (PDF)
9783631861417
ISBN (ePUB)
9783631861424
ISBN (Hardcover)
9783631855461
DOI
10.3726/b18634
Language
Spanish
Publication date
2021 (December)
Keywords
Literatura como lugar de memoria Novela Max Aub Luis Goytisolo Memoria cultural España Miguel Delibes Javier Cercas Juan Marsé Rafael Chirbes Javier Marías
Published
Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2022. 316 p., 1 il. blanco/negro, 2 tablas.

Biographical notes

Patricia Cifre-Wibrow (Author)

Patricia Cifre-Wibrow es Profesora Titular del Departamento de Filología Moderna de la Universidad de Salamanca. Su investigación gira en torno a la obra literaria en tanto que medio de articulación de la memoria cultural, ocupándose tanto de temas y autores españoles como alemanes. Es miembro del Consejo editorial de la Revista Memoria y Narración. Revista de Estudios sobre el pasado conflictivo de sociedades y culturas contemporáneas.

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