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Paisaje lingüístico: cambio, intercambio y métodos

by Mercedes de la Torre García (Volume editor) Francisco Molina Díaz (Volume editor)
©2022 Edited Collection 210 Pages
Series: Studia Romanica et Linguistica, Volume 70

Summary

Esta obra está formada por seis contribuciones dedicadas al estudio del paisaje lingüístico. Sus autores abordan territorios (Sevilla, Cádiz, Huelva, Valencia, Roma, Génova y Lausana) y temas diversos, además de presentar algunas cuestiones metodológicas novedosas y de interés en este tipo de investigaciones. El resultado es un compendio imprescindible para profundizar en los avances de esta área de conocimiento.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el editor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Índice
  • Prólogo. Las calles sí tienen nombre (Lola Pons Rodríguez)
  • Capítulo 1 El español en el paisaje lingüístico italiano. Contexto, metodología y análisis de datos (Rosana Ariolfo / Laura Mariottini)
  • Capítulo 2 Time-lapse del paisaje lingüístico de Lausana en español (2013–2021) (Mónica Castillo Lluch)
  • Capítulo 3 «Triana, puente y aparte»: el paisaje lingüístico sonoro de un arrabal (Francisco Lorenzo)
  • Capítulo 4 El paisaje lingüístico marcado por la COVID-19 (Francisco Molina-Díaz)
  • Capítulo 5 Paisaje lingüístico y transformación social (Ricard Morant-Marco)
  • Capítulo 6 Los ictiónimos en el paisaje lingüístico gaditano (Mercedes de la Torre García)
  • Obras publicadas en la colección

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Lola Pons Rodríguez (Universidad de Sevilla)

Prólogo
Las calles sí tienen nombre

Una canción famosa lanzada en los años 80 por el grupo U2 declaraba como manifiesto su deseo de vivir en un lugar donde las calles no tuvieran nombre: where the streets have no name. La petición es tan poética como inalcanzable: nuestro mundo tiene, como efecto inmediato de su urbanización, espacios públicos rotulados y etiquetados, y hasta la casa más alejada de un núcleo urbano y muy aislada, si quiere ser identificada y reconocida por los demás, esto es, si pretende ser reconocida y no solo encontrada, tiene una placa en la puerta en que es denominada. Es la paradoja del nombre en el paisaje: en el avispero de la ciudad occidental basta llamar a los pisos con una mera letra o un número en la puerta para bautizarlos, pero en el campo, tanto más cuanto menos urbanizado se está, las edificaciones se llaman Finca María o Villa Goda o nombres aún más sonoros y largos.

Vivimos, sí, en un espacio tan urbanizado como colonizado visualmente por letras. Y esto no es nuevo ni una marca de la Edad Contemporánea. Cierto es que el siglo XX, sobre todo en su etapa final, ha propiciado, entre migraciones, turismo y globalización, un paisaje lingüístico característico, con signos que, por internacionalismos, se comparten en todos los territorios y con otros que, por reacción a esa globalización o por el propio curso de la vida y la convivencia social, son específicos de un lugar. Pero vivir escribiendo la calle o leyendo la calle es una constante, al menos en el mundo occidental y muy posiblemente por una huella constitutiva de nuestra civilización: la impronta romana. El historiador húngaro Géza Alföldy (1935-2011), que dedicó su vida investigadora al estudio de la epigrafía clásica latina, subrayó cómo en la historia social de Roma la epigrafía pública tenía un papel crucial en la simbolización del poder. Para la época del emperador Augusto, este autor databa un periodo de «explosión epigráfica». En esa época se dio la construcción de equipamiento urbanístico de primer orden, que sigue siendo aun todavía hoy en algunos casos la red primera de muchos de nuestros enclaves urbanos (ejes axiales de ciudades, murallas, foros, acueductos y redes de abastecimiento, termas, anfiteatros…) al tiempo que se humanizaba la ciudad con una doble capa de estatuas e inscripciones. Vivir dentro del Imperio Romano, al menos entre los siglos I a III, era vivir entre epigrafía pública. Incluso entre los no alfabetizados, también expuestos a otros modelos ←7 | 8→de lengua a través de espectáculos como el teatro, este paisaje lingüístico de latín escrito debió de dejar una lección de, como mínimo, la relevancia y la trascendencia de la escritura en la cultura romana, tan fundacionalmente europea. La explosión epigráfica de ayer es un precedente de la explosión verbal paisajística de hoy.

Hace ya una década publiqué el libro El paisaje lingüístico de Sevilla. Lenguas y variedades en el escenario urbano hispalense. En ese momento, el estudio del paisaje lingüístico aún necesitaba ser explicado y fundamentado programáticamente, todavía resultaba oportuno remitir al término inglés del que emanaba (linguistic landscape) y anclar su origen en la sociolingüística del francés en Canadá y los estudios de planificación lingüística. Hoy las circunstancias son muy otras, y hay que felicitarse por ello: la disciplina ha avanzado con la rapidez propia de este tiempo, hay ya publicaciones periódicas internacionales que versan específicamente sobre este asunto y jornadas sobre la materia. Me gustaría resaltar el protagonismo de las universidades andaluzas en este sentido; así, el primer proyecto de investigación español dedicado expresamente al paisaje lingüístico se desarrolla dentro del programa de incentivos a la investigación de excelencia sufragado por la Junta de Andalucía: me refiero al proyecto planeo (Paisaje lingüístico andaluz: exploración y observación cartográfica) que dirijo desde la Universidad de Sevilla y del que forman parte en su núcleo investigador compañeros de seis universidades andaluzas: Huelva, Sevilla, Jaén, Almería, Granada y Pablo de Olavide. Por otro lado, en Andalucía, en concreto en la Universidad Pablo de Olavide, se han desarrollado ya, y pese a las circunstancias pandémicas, dos jornadas internacionales específicamente dedicadas al paisaje lingüístico, en ambos casos bajo el liderazgo de los dos editores de este volumen, Francisco Molina-Díaz y Mercedes de la Torre, integrantes también de planeo. Trabajar desde Andalucía sobre paisaje lingüístico nos permite una mirada tan interesada como poco apasionada sobre la convivencia de lenguas en los espacios públicos, ámbito donde las comunidades autónomas con lenguas cooficiales miran inevitablemente con menor neutralidad.

Los editores de este libro, Mercedes de la Torre y Francisco Molina-Díaz, profesores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, han reunido en este libro un interesantísimo conjunto de estudios sobre paisaje lingüístico que nos ofrecen una fotografía contemporánea de la investigación internacional sobre esta materia. Celebramos que esta investigación se publique en español, lengua que empieza a ser desplazada injustamente en algunos ámbitos de investigación, y celebramos que la obra sepa reunir a autores y temas diversos en geografía. Participan cinco universidades distintas, tres de ellas extranjeras, y siete autores que dan lugar a seis capítulos que abordan aspectos del paisaje lingüístico ←8 | 9→actual desde prismas muy distintos. El lector interesado en conocer cómo se está trabajando en esta disciplina tiene a su disposición trabajos de distinto enfoque descriptivo y teórico. En todos ellos hay un importante aporte de descripción empírica y sobre el terreno, pero ese terreno es distinto geográficamente: fuera de España, Italia y Suiza; dentro de España, Valencia, Cádiz, Sevilla y Huelva. El enfoque es diverso también: lexicológico para el caso de los ictiónimos estudiados por la Dra. De la Torre; sociodiscursivo en el trabajo sobre el paisaje lingüístico pandémico analizado por el Dr. Molina-Díaz; diacrónico en el estudio de la catedrática de la Universidad de Lausana Mónica Castillo; metodológico en el estudio de las profesoras Ariolfo&Mariottini; sociolingüístico en el capítulo de Morant-Marco.

El libro cumple además con lo que se espera de toda investigación que se fundamenta en un método científico: hay que describir los hechos y forzosamente, pero siempre en segundo lugar, hay que interpretarlos. Por perogrullesco que parezca, conviene insistir en ello: hacer paisaje lingüístico no es solo decir lo que hay y cuantificarlo, sino también interpretarlo. Y la interpretación va desplegándose aquí capítulo a capítulo. Veamos algunas muestras.

El foco puede ser eventual, en el sentido de derivado de un evento que provoca una alteración temporal del paisaje. El estudio de ese paisaje lingüístico, deliberadamente concebido para ser más efímero aún que otros signos paisajísticos, se ha solido centrar en las huellas festivas sobre el paisaje lingüístico común. Ejemplos de este tipo pueden verse en el trabajo de Morant-Marco. Pero un paisaje lingüístico eventual y sobrevenido con urgencia puede no ser festivo: es el caso de los signos de paisaje lingüístico que se han gestado a partir de la situación pandémica por covid; estos signos, recopilados, descritos y jerarquizados en el trabajo de Molina-Díaz, son para nosotros, en el momento en que escribo este prólogo, paisaje lingüístico rutinario. La urgencia con que fueron instalados y la premura con que inicialmente fueron concebidos dio paso a una mayor elaboración de esta cartelería pandémica, hoy tristemente generalizada y quizá dentro de unos años ya obsoleta. El trabajo de Molina localiza todas las funcionalidades que se han ido asociando a esta clase de signos: preventiva, informativa pero también, de alguna forma, anímica en tanto que algunos mensajes suman la implicación emocional en los signos. La atinada identificación de un carácter rector en estos signos y la tripartición interna que se practica entre ellos ejemplifica por la vía práctica cómo la mirada del observador científico del paisaje puede y debe trascender la mera captación de signos que es evidente para la población con su estudio y catalogación interna.

Details

Pages
210
Year
2022
ISBN (PDF)
9783631876367
ISBN (ePUB)
9783631876374
ISBN (Hardcover)
9783631865248
DOI
10.3726/b19620
Language
Spanish; Castilian
Publication date
2022 (May)
Published
Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2022. 210 p., 120 il. blanco/negro, 6 tablas.

Biographical notes

Mercedes de la Torre García (Volume editor) Francisco Molina Díaz (Volume editor)

Mercedes de la Torre García es profesora de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, vinculada al área de Lengua española. Su dilatada vida como investigadora se desarrolla en el ámbito de la variación lingüística en español (ictionimia, lenguaje juvenil y paisaje lingüístico). Francisco Molina-Díaz es profesor del área de Lengua española de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. Su investigación se centra en el estudio de la incidencia de la subjetividad humana y de la sociedad en la toponimia, lexicografía y paisaje lingüístico, tanto en una perspectiva diacrónica como sincrónica.

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