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La edificación de la conciencia femenina en la poesía de Carmen Conde

by Anna Cacciola (Author)
©2023 Monographs 178 Pages
Series: Romania Viva, Volume 52

Summary

Además de un himno pacifista, en el que la mujer y la madre adquieren un papel protagónico al cuestionar el orden patriarcal y nefasto de la guerra, Mientras los hombres mueren (1953) es un poemario trascendental y apenas conocido de Carmen Conde. Su análisis, de hecho, permite arrojar luz sobre Mujer sin Edén (1947), obra magna que la consagró definitivamente y que se considera representativa del proceso subversivo del lenguaje bíblico en la lírica escrita por mujeres en la primera mitad del siglo XX. El objetivo prioritario del presente trabajo es llevar a cabo un examen comparativo de ambas colecciones para demostrar, merced a los paralelismos simbólicos, estilísticos y temáticos, que la primera no sólo puede considerarse cámara germinadora de motivos poéticos y recursos retóricos de la segunda, sino también pieza clave para comprender la edificación de la conciencia femenina de la autora.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor/el editor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • ÍNDICE
  • 0. INTRODUCCIÓN
  • 1. Estrategias revisionistas femeninas: un marco teórico
  • 1.1. Variaciones de los mitemas cristianos desde la perspectiva ginocrítica
  • 1.2. Hacia una etopeya de la mujer: la mitología bíblica
  • 1.2.1. La dicotomía anagramática Ave/Eva
  • 1.2.2. La creación de una genealogía femenina
  • 1.2.3. La maternidad trágico-profética y el tema cainita
  • 2. Mientras los hombres mueren: la tragedia humana
  • 2.1. La gestación de la obra y el problema editorial
  • 2.2. El hibridismo del libro
  • 2.3. Conciencia individual y colectivización del dolor: mesianismo profético y estética existencialista
  • 2.4. Propagandismo y pesimismo: una clausura problemática
  • 2.5. Mater y passio: maternidad dolorosa y subversión de la iconografía mariana
  • 2.6. Una propuesta ética: el retorno a la Naturaleza
  • 2.7. Angelismo y simbología equina
  • 3. Mujer sin Edén: la tragedia femenina
  • 3.1. Redacción, censura y publicación
  • 3.2. El binarismo del libro
  • 3.3. La recepción de la obra y la cuestión del feminismo
  • 3.4. La alteración del esquema bíblico y la reelaboración del mito de la culpa
  • 3.5. La maternidad trágica en el tema cainita y la dramatización polifónica
  • 3.6. «Ave, Eva»: la superación de la dicotomía anagramática
  • 3.7. La mujer moderna
  • 3.8. Angelismo y simbología apocalíptica
  • 4. CONCLUSIONES
  • BIBLIOGRAFÍA

0. INTRODUCCIÓN

Con una producción inmensa, y respaldada por el prestigio y la notoriedad acumulados en los casi noventa años que alcanzó a vivir, Carmen Conde (1907–1996)1 es considerada hoy no solo una figura fundamental y de gran envergadura en la lírica de posguerra, sino también referencia imprescindible en estudios de género relacionados con la poesía y la literatura de autoría femenina. En efecto, en el contexto cultural de la primera mitad del siglo XX, cuando la inclusión de las escritoras en el canon y en las nóminas generacionales se consideraba una empresa quimérica, el caso de Conde cobra cariz extraordinario por la visibilidad de que gozó desde la publicación de Mujer sin Edén (1947), un libro cuya trascendencia y originalidad reconoció de inmediato la crítica, que situó a su autora «en el primer lugar de la poesía femenina española» (Luis, 1947: 48).

A partir de 1947, la poeta vivió dos décadas de alto crédito literario. Sin embargo, los cambios de paradigma estético de finales de los sesenta provocaron un descenso en su producción artística —a los que pudieran no ser ajenas ciertas circunstancias biográficas personales— e incidieron en el estancamiento creativo de la escritora. Desde entonces, la progresiva desatención de críticos y editores provocó una merma en la repercusión de su obra, y pareció condenarla al panteón de los valores amortizados.

Con la llegada de la democracia, el aperturismo político se concretó culturalmente en un afán por enmendar las componendas de casi cuarenta años de dictadura, lo que afectó tanto a los exiliados, en un tiempo en que resultaba ya imposible una reabsorción normalizada, como a los escritores del interior, entre quienes resulta imposible establecer una postura homogénea en relación con las pautas culturales del franquismo. La nueva situación cultural y política terminó por afectar al mundo de la Real Academia Española, que, después del indecoroso rechazo a María Moliner en 1972, se rindió a las peticiones de quienes solicitaban incorporaciones femeninas a la docta casa. Lo mismo en este que en otros ámbitos, y lo mismo dentro que fuera de España —no se excluye aquí a la Academia sueca—, la condición de representatividad en relación con la literatura española pesaba tanto, y a veces acaso más, como los valores específicos de quienes recibían premios o distinciones.

Por su compromiso con la cultura republicana, cuyos representantes comenzaban a regresar del exilio por esas fechas, y por ejemplificar un caso de resistencia interior, la preferencia de los académicos vino a parar en Conde, quien pasó a la historia por ser la primera mujer que franqueó el umbral de la RAE, en 1979. A partir de ese momento, la escritora se convirtió en un personaje: «[…] pasó de un casi aislamiento literario, una injusta indiferencia, a la primera línea del interés público. Se revisó y se acudió a su obra, recibió toda suerte de honores, pregonó fiestas y dio su nombre a numerosos centros escolares, casas de cultura y colectivos femeninos y feministas» (Ferris, 2007b: 194).

Yendo más allá de la anécdota de la RAE, lo que verdaderamente impulsó la recuperación de su legado poético y narrativo a aquellas alturas fue el florecimiento de la escritura femenina en la Transición. Durante este peculiar periodo de reformismo, el movimiento feminista cobró auge social, traducido en la creciente participación de las mujeres en el ámbito político, jurídico y cultural. Esta bulliciosa situación quedó reflejada en el medio literario, en el que se asistió no solo a una auténtica eclosión de obras de autoría femenina, sino también, y no menos importante, a una tarea de reivindicación y rescate de la labor artística precedente.

La figura de Conde tuvo un papel destacado en ese proceso, tanto por su implicación en la causa feminista, al haber denunciado la marginación sufrida por las mujeres y al haber procurado paliarla con sus aportaciones críticas, como por el magisterio poético que había ejercido ya en los años cincuenta, hacia el que se volvían los ojos en la definición de las nuevas estéticas.

No obstante, los honores académicos no supusieron para su obra, como habría sido esperable, una afirmación contundente de su categoría literaria. Al contrario, la singularidad de su vida y de su pluma quedó ensombrecida por el celebérrimo suceso de su ingreso en la Academia, cuyos brillos socioculturales terminaron eclipsando casi todo lo demás. La gloria que alcanzó por las circunstancias referidas pareció estigmatizarla para siempre, como si la escritora hubiera quedado definitivamente preterida ante los oropeles, al cabo contingentes, de haber sido «la primera mujer» en ingresar en la RAE.

Es indudable que la obtención del sillón K le proporcionó fama y renombre; pero es igualmente palmario que su figura resultó afectada negativamente por ciertas interpretaciones imprecisas de su filiación política, a veces fue entendida como connivencia, conformidad o necesidad de adaptación al statu quo. Todo ello que generó malentendidos respecto a episodios puntuales de su biografía o de su activismo, ante los que parecía apagarse su relevancia específicamente literaria. Esta situación la situaba en una suerte de tierra de nadie, en que cabían valoraciones diversas y aun opuestas: para unos, según señala Ferris, «la escritora seguía siendo una mujer de ideas francamente izquierdistas; para otros, una conservadora beneficiada por el franquismo, adicta al régimen e, incluso, una falangista […] acomodada a los viejos valores» (2007b: 587).

Sin embargo, la aproximación a su poesía implica, por un lado, reconocer una obra que fue cobrando paulatinamente valor paradigmático en el panorama español de posguerra; por otro, acatar su compromiso cívico, relacionado tanto con la emancipación social y política de las mujeres durante la II República, como con el antimilitarismo adoptado durante la contienda fratricida.

La Guerra Civil, de hecho, supuso un traumatismo nacional del que se hizo eco la literatura, especialmente la poesía. A diferencia de sus compañeros varones, las autoras experimentaron el drama bélico desde la retaguardia, aunque en condiciones no menos siniestras y penosas. Con la salvedad de algunos casos concretos –entre los cuales incluimos el de Lucía Sánchez Saornil y su Romancero de mujeres libres (1937)–, la lírica femenina pergeñada en esos años no es de tipo parenético, sino intimista, vertebrada en el sentimiento de pérdida. Las mujeres que transitan por los poemarios de guerra suelen ser huérfanas, viudas y, en mayor medida, huérfilas, es decir, privadas prematuramente de hijos.

Siguiendo esta senda interpretativa, en la escritura de las autoras es posible observar que el sujeto poético acude al travestismo mitológico, bajo la figura de la Mater Dolorosa y alusiones cristológicas o veterotestamentarias (especialmente la de Caín), para manifestar el desgarro y el sinsentido de una masacre fratricida. Las referencias a la Virgen, de hecho, copan las colecciones de autoría femenina del período2 para significar, en primer lugar, la tragedia de la madre en guerra, quien asiste impotente a la muerte de su hijo; en segundo lugar, la tragedia de la mujer, una vez instaurada la dictadura y asentados los nuevos roles genéricos establecidos por Falange –que propuso a la Madre de Dios como modelo femenino y estandarte simbólico de la nación–. En definitiva, la Guerra Civil dejó su estigma en la cartografía lírica española, dictando nuevas tendencias estilísticas que se encauzaron en el marco de rehumanización y politización estructurado a partir de los años treinta y que alcanzó su clímax después de 1939.

Details

Pages
178
Year
2023
ISBN (PDF)
9783631899748
ISBN (ePUB)
9783631899755
ISBN (Hardcover)
9783631898635
DOI
10.3726/b20696
Language
Spanish
Publication date
2023 (June)
Keywords
Feminism twentieth century Comparative literature
Published
Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2023. 178 p.

Biographical notes

Anna Cacciola (Author)

Anna Cacciola es Doctora Internacional (cum laude y Premio Extraordinario) en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad de Alicante. Ejerce como profesora de Lengua Española en la Universidad de Murcia y en la Universidad Internacional de La Rioja. Su investigación se centra en la lírica femenina española de pre y posguerra, analizándola desde la perspectiva de género. Este ensayo se ha alzado con la segunda posición en el 2022 Peter Lang Emerging Scholars Competition in Women, Gender and Sexuality Studies, en la categoría «Hispanic & Latin American Studies».

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