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El tiempo de la diferencia sexual: figuras, saberes y prácticas

by María José Binetti (Volume editor)
©2026 Edited Collection XX, 274 Pages

Summary

Esta obra colectiva aborda la diferencia sexual en sus múltiples posibilidades de existencia. A tal fin ha reunido a quince pensadoras del ámbito internacional que exploran la potencia de ese diferir esencial en clave filosófica, histórica, científica, estética o autobiográfica. En tiempos de géneros, transgéneros y post-genéros que han perdido la medida humana del ser mujer, la cuestión de la diferencia sexual se impone con mayor urgencia que nunca.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Página de título
  • Página de derechos de autor
  • Índice
  • Prólogo (Rosa María Rodríguez Magda)
  • Introducción (María José Binetti)
  • A. La diferencia sexual en contexto
  • La verdad ausente de la filosofía: la historia viviente (María-Milagros Rivera Garretas)
  • ¿Una metafísica experimental?
  • Las vísceras del alma
  • La historia viviente
  • Bibliografía
  • La diferencia sexual y el género a debate en la neurociencia (Andrea Patricia Kleiman)
  • Descubrimientos y teorías
  • Controversias sobre estos hallazgos
  • Cerebro y epigenética
  • Método científico y sesgos
  • Cerebro y género
  • Palabras finales
  • Bibliografía
  • B. La diferencia sexual y su ontología
  • No «la diferencia», sino «la diferenciación» (Andrea Günter)
  • «A través de la diferenciación sexual»
  • Temporalidad y condicionalidad
  • La fuerza y la diferencia
  • La estructura genealógica de la diferencia
  • La existencia y la sustancia-sujeto
  • Engendrado y nacido: la diferenciación sexual en el ser humano biológico
  • Bibliografía
  • La sexuación de la diferencia ontológica según Luce Irigaray (María José Binetti)
  • Introducción
  • De la representación de la identidad al concepto de la diferencia
  • La sexualidad como autoconciencia y reconocimiento
  • Una teoría mater-real del sujeto
  • Una teoría mater-real del pensamiento, el lenguaje y la cultura
  • Hablar, pensar, filosofar mujer
  • A modo de conclusión: la sexuación de la diferencia ontológica
  • Bibliografía
  • Figurando el estatuto ontológico de la diferencia sexual un peu partout (Begonya Sáez Tajafuerce)
  • El potencial crítico y transformador de la diferencia sexual
  • El cuerpo, la diferencia sexual y las diferencias
  • El cuerpo, la diferencia sexual y el género
  • El cuerpo, la diferencia sexual y el placer
  • Bibliografía
  • C. La diferencia sexual y su psicología: el orden materno
  • La relación madre-hija en el pensamiento filosófico feminista de la diferencia sexual (Rubí de María Gómez Campos)
  • Mujeres en tiempos de oscuridad
  • Suerte, excelencia, autoridad
  • El renacimiento de la Diosa
  • Bibliografía
  • La expulsión de lo libidinal-materno del campo de lo pensable: Una reflexión sobre El género en disputa (Patricia Merino Murga)
  • ¿Y al fin y al cabo qué es el sexo?
  • Lo prediscursivo
  • El sujeto del feminismo
  • Economía libidinal materna y sexualidad no fálica
  • El desplazamiento de la ley paterna y el socialismo fálico
  • La parodia
  • Bibliografía
  • D. La diferencia sexual y su poética
  • «El latido del pulsar / el corazón saliéndoseme del pecho». La poesía, ese lugar original de las mujeres (Nieves Muriel)
  • «Galaxias de mujeres» en la espiral milenaria del tiempo
  • Iniciar, anunciar y visitar. Caminos de la lengua materna
  • La diferencia femenina en la poesía del siglo XX. Notas sobre una relación
  • Lo que vemos, lo vemos / y ver es cambiar
  • «El latido del pulsar / el corazón saliéndoseme del pecho». Deseo, origen y libertad
  • Bibliografía
  • E. La diferencia sexual y su lugar en Latinoamérica
  • El escribir-mujer en la dramaturgia de Griselda Gambaro (Elena Bisso)
  • Griselda Gambaro cuestiona a Ibsen
  • Badiou y el texto dramático como femenino
  • La interpretación sexuada
  • La escritura de las mujeres es múltiple
  • Conclusiones
  • Bibliografía
  • Atopía, utopía y eutopía: la posible ciudad de las damas y su importancia para las mujeres del sur global (Gigliola Mendes)
  • Iniciar la reflexión (feminista)
  • Irigaray y el problema ético y político de nuestro tiempo (patriarcal)
  • Cavarero, el diagnóstico de la atopía y la afirmación/construcción del pensamiento de la diferencia sexual
  • Una Librería feminista en el norte de Italia: la diferencia sexual como proyecto de sociedad de las mujeres
  • Una traducción política: la diferencia sexual como política de lo posible (eutopía) en los tiempos pospandémicos del sur global
  • Una conclusión provisional
  • Bibliografía
  • Alteridades devaluadas: líneas de fuga de la Malinche y Sor Juana Inés de la Cruz (María Cecilia Sánchez )
  • Introducción
  • La alteridad de las mujeres en Levinas
  • Debatir sobre lo humano
  • Políticas de la traición y del callar
  • La Malinche, traductora/“tradditora”
  • Sor Juana Inés de la Cruz: habla y escribe callando
  • Bibliografía
  • F. La diferencia sexual en la praxis: un testimonio
  • Feminismo de la diferencia. Un itinerario intelectual y vital (Victoria Sendón de León)
  • Sobre diosas, amazonas y vestales (1981)
  • Más allá de Ítaca: sobre complicidades y conjuras (1988)
  • Marcar las diferencias (2002) y Mujeres en la era global (2003)
  • Matria. El horizonte de lo posible (2006)
  • La barbarie patriarcal. De Mad Max al neoliberalismo salvaje (2019)
  • Cambios en la agenda
  • Bibliografía
  • Sobre las autoras

Prólogo

Rosa María Rodríguez Magda

Me encuentro en el pórtico de este libro, El tiempo de la diferencia sexual: figuras, saberes y prácticas, invitada a redactar unas palabras previas. En primer lugar, quiero decir que esta es una obra que te interpela aún antes de franquear sus páginas; e incluso tras su lectura una vuelve al comienzo, al título, al problema. Siempre lo relevante es saber por qué un texto es necesario, y este lo es; por qué los problemas planteados requieren de nuestra urgente indagación. Para ello es necesario dar un paso a atrás y tomar perspectiva, contemplar cuál ha sido el desenvolvimiento de la cuestión de la diferencia, no solo desde el punto de vista feminista, y por qué es acuciante repensarla hoy, reto que este libro asume.

Permítaseme comenzar para ello con mi experiencia filosófica personal, pues creo que refleja los cambios culturales que han rodeado al tema; muestra cuál era la problemática hace años y cuál ha sido el desarrollo hasta el momento actual; cómo los conceptos utilizados entonces han cambiado radicalmente de significado, volviéndose a veces contra lo que pretendíamos defender. Por una parte, el feminismo de la diferencia siempre se vio desde la filosofía de la diferencia como algo periférico o menor y, por otra, las críticas del feminismo de la igualdad dieron una imagen esencialista de él. Ahora, cuando la diversidad aspira a ser el crisol de todas las diferencias, cuando la mujer corre el riesgo de ser borrada, es más necesario que nunca profundizar en la teoría de la diferencia sexual, liberarla de todas las trampas que se le tendieron y mostrarla cual camino privilegiado para recuperar el sujeto mujer.

En 1987 publiqué el libro La seducción de la diferencia. Allí proponía no un retorno al esencialismo de los sexos, no buscar la verdadera mujer u hombre por debajo de lo patriarcal, sino asumir esa carencia de sustancia, la construcción social de la naturaleza, como un espacio de libertad. Tras la lucha por la igualdad frente al poder represivo, tras el desmantelamiento de los discursos que nos conforman desde el poder-saber, un espacio creativo y liberador se ofrecía, a cuyo acercamiento denominé estrategia del simulacro: «La simulación, la representación, la teatralización del sexo, la máscara, la seducción, una proliferación de gestos, muecas y papeles que nos libere del destino de nuestros cuerpos, de la biología como condena»1.

Soy consciente de cómo suena esto leído hoy. Quiero reseñar que partía de las aportaciones de la filosofía postestructuralista, de la crisis del sujeto tematizada por Foucault, de la noción de diferencia desarrollada por Derrida, Deleuze y Luce Irigaray, de la visión de hiperrealidad y transexualidad de Baudrillard…, por señalar alguna de las lecturas más determinantes. Expuse la teatralización del sexo tres años antes que Judith Butler, pero sin duda no desde el lugar y el medio apropiados para su difusión, y, sobre todo, con un sentido distinto, en modo alguno encaminado al desarrollo queer que el planteamiento de Butler provocó. Mi propuesta, explicitada después en El placer del simulacro2, en modo alguno pretendía diluir al sujeto mujer, sino utilizar esa carencia, producida a causa de la heteronormatividad por la que siempre hemos sido definidas, como un espacio abierto de autoexploración y creatividad; de libertad, en suma, y apertura a la diferencia, sin necesidad de buscar una identidad esencial, pero partiendo de la propia encarnadura. Si aceptamos el aserto existencialista de que «la existencia precede a la esencia», no existe una identidad a descubrir y por la cual indagar; la identidad se construye. No obstante, no es una construcción sobre la nada, abierta en exclusiva a nuestro deseo o voluntad; se gesta, en el caso de la mujer, desde su realidad y circunstancia. Todo esto desarrollaba en La seducción de la diferencia, precisamente para afirmar el sujeto mujer, en un momento en que la denominada filosofía de la diferencia (Derrida, Deleuze …) y la tópica de la «feminización de la cultura» invisibilizaba y usurpaba el lugar de la mujer, solo desde estas corrientes defendidas por Luce Irigaray. Mi propuesta de teatralización del sexo se alejaba de los dos excesos que la perfomatividad butleriana y su desarrollo queer han propiciado: el constructivismo radical y el identitarismo.

En 1999 publiqué la que había sido mi tesis doctoral: Foucault y la genealogía de los sexos3, una aplicación de la filosofía foucaultiana a la teoría feminista: su concepción de arqueología, enfocada a la historia de las mujeres; su genealogía, a una genealogía feminista; su analítica del poder, a la indagación del poder/saber sobre las mujeres y la subjetivación, y una revisión de su reflexión del cuidado de sí. Este acercamiento posible rescata las aportaciones foucaultianas sin caer en las derivaciones con las cuales ahora se le pretende convertir en progenitor (¿gestante?) del queerismo. Sin embargo, mi perspectiva chocaba con las lecturas críticas habituales desde el feminismo sobre el autor. Y, además, otra desazón se cernía sobre el título de mi libro: ¿cómo hablaba de sexo, un concepto que empezaba a estar proscrito en la academia?, ¿cómo no lo había sustituido por «género»? En primer lugar, porque en el tiempo de mi investigación en la tradición francesa, y aun en la española, no era un término al uso ni, en modo alguno, obligatorio, como sí lo sería después. Lo que en ese momento parecía una carencia se ha manifestado, a la larga, un acierto reconfortante, pues la ocultación del sexo por el género, más allá de una mera cuestión terminológica, es una agenda de negación y sustitución.

Otro de mis planteamientos en los que quiero detenerme es la referencia a la afirmación de Jean Baudrillard, «todos somos transexuales»4, que desarrollé en varios textos5. Pareciera hoy una proclama transactivista, o un reconocimiento avant la lettre de la performatividad butleriana o del régimen farmacopornográfico de Preciado. Lejos de ello, y partiendo de la afirmación de Roland Barthes, «el sexo está en todas partes salvo en el sexo mismo», yo quería constatar una diseminación del significante «sexo», por lo cual todos participaríamos de esa hipertrofia y, a la par, difuminación de sus límites. Baudrillard ponía como ejemplo a Michael Jackson, mutante quirúrgico transraza que preludiaba modelos transgénero actuales. Es esa contaminación social de los significantes la descrita por Baudrillard, con un audaz sentido de la anticipación. Sin embargo, un uso descriptivo no es un uso prescriptivo. Se trataba, y en ese mismo sentido lo tematicé, de un análisis sociológico y epistemológico, de la proliferación de los significantes a costa de los referentes, de una sustitución hiperreal de la realidad, no de su legitimación, y menos de una reivindicación de una supuesta verdadera realidad, de su verdad más oculta. La diferencia entre el propio Jackson o las transformaciones quirúrgicas de la artista Orlan, o incluso los estilos estéticos de un David Bowie, y el queerismo actual es que ninguno de ellos pretendía poner de manifiesto una esencia íntima, sino jugar con los signos, experimentar con sus diversas transformaciones. Quizás Jackson sí buscó una modificación corporal deseada, pero ¿creía ser un blanco en el cuerpo de un negro? Nada nos lo hace pensar; más bien blanqueaba su piel, modificaba sus rasgos por cumplimiento de un deseo.

Estos tres ejemplos de mi pensamiento muestran, es cierto, interpretaciones propias diferentes de la corrientes del momento, pero también evidencian cómo el desenvolvimiento de buena parte de los términos utilizados en esas corrientes filosóficas, gestadas hace treinta, cuarenta años, ha sufrido una implementación delirante, caricaturesca, esperpéntica; una difusión social que traiciona su concepción original y que, englobados en el calificativo «postmoderno», justifica en parte el rechazo suscitado en posiciones neoilustradas o del nuevo realismo.

Si bien debemos denunciar la inconsistencia de un constructivismo desbocado, de su desarrollo espurio; no obstante, una lectura apresurada o la mera ignorancia no pueden justificar el rechazo de las corrientes y autores que suelen agruparse bajo el epígrafe de postestructuralistas, de la denominada en su momento «filosofía de la diferencia», todo ello envuelto hoy en el calificativo peyorativo de «postmoderno».

Si queremos analizar con rigor, resulta preciso aclarar ciertos extremos:

Debemos distinguir «postmodernidad», en cuanto caracterización de una época, del postmodernismo o corrientes teóricas y artísticas que asumieron sus postulados en cuanto propuestas culturales, y en este sentido sólo serán postmodernos aquellos que se reconocieron en la etiqueta.

Ninguno de los filósofos bautizados por la crítica estadounidense con el adjetivo «postmoderno» aceptó esta denominación: ni Foucault, ni Deleuze, ni Derrida, ni Baudrillard, ni siquiera Lyotard, propulsor del término. Parece más apropiado, por tanto, denominarlos «postestructuralistas».

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX vemos surgir en diversos autores textos cuyo eje es la reflexión en torno a la noción de «diferencia»6. Igualmente, la reivindicación de lo otro frente a lo mismo. Esta revuelta ante los criterios de la Modernidad llegó a denominarse «feminización de la cultura». Una feminización sin la mujer, en la cual pensadores varones ocupaban el lugar de lo femenino como lo más cool. No es de extrañar que, hasta la irrupción de Luce Irigaray, la diferencia sexual estuviera ausente, si exceptuamos los conatos de crítica derrideana al falogocentrismo. En paralelo, las aportaciones en torno a la Librería Delle Donne de Milán y el grupo Diotima de Luisa Muraro y Adriana Cavarero, entre otras, o los textos de Helene Cixous o Annie Leclerc quedaban alejados de esa filosofía con mayúscula para ser recluidos en el subgénero de feminismo.

Ciertos rasgos presentes en el pensamiento europeo: giro lingüístico, constructivismo, valoración del yo y del deseo, crítica a lo universal, al sistema, al modelo ilustrado, reivindicación de las micrologías, de lo fragmentario, del margen, de la diseminación…, fueron leídos por la academia estadounidense, fusionados con su tradición contestataria: antirracista, feminista, antibelicista…, y finalmente llevados al extremo. Así se crea la corriente cultural hoy tildada de posmoderna, una lectura desmedida, exagerada, acelerada más allá del límite, traicionando la justeza y mesura de los autores a los que dicen seguir.

Lo que en dichos autores era una crítica a ciertas ingenuidades de la Modernidad y de un pensamiento sistémico se convierte en total rechazo al modelo ilustrado, una igualación a Modernidad con colonialismo, a Occidente con razón expoliadora. La consideración de cómo el lenguaje configura nuestra percepción de la realidad se transforma en un constructivismo radical en el que la realidad desaparece, el deseo se convierte en el único criterio de legitimidad, y aquellos rasgos de movimientos contestatarios y alternativos empiezan a confluir con la mercadotecnia del capitalismo financiero.

Todo ello es especialmente sangrante en lo referido al feminismo. El queerismo es la aplicación distópica de todo lo anterior a la diferencia sexual, en un intento de acabar con ella. La perspectiva de género (esto es: las acciones para paliar la desigualdad estructural entre los sexos) se transforma en una teoría de los géneros múltiples; la analítica del poder para mostrar dicha desigualdad se sustituye por un reconocimiento de la diversidad; la mujer deja de ser el sujeto del feminismo y pasa a ser una más de las diversidades; el sexo ―y no solo el género― se convierte en un constructo cultural; el simple deseo modificaría la realidad, no la lucha por superar las desigualdades.

Llegados a este extremo, resulta urgente rescatar la diferencia sexual del falsario intento de aniquilación que sufre. No solo en lo referente al feminismo, sino en cuanto modelo gnoseológico de comprensión de lo real. En el primer caso, debemos constatar que el feminismo de la igualdad, en solitario, no puede hacer frente a la amenaza queer. Por supuesto, no podemos abandonar su eje fundamental: el análisis de las relaciones de poder que pone de manifiesto la desigualdad estructural entre los sexos en el patriarcado, la denuncia y la lucha por la modificación de las condiciones sociales y culturales en pro del logro de una igualdad plena entre los sexos. Nada de esto le importa en realidad al movimiento queer, centrado en el reconocimiento individual de las diversidades y no en la transformación social. No obstante, debemos señalar dos puntos débiles del feminismo de la igualdad en el combate contra el generismo: el postulado de la igualdad de las personas independientemente de su sexo puede sin problemas incluir la igualdad de las personas con independencia de su sexo y de la identificación con el/los géneros (y, por consiguiente, la legitimación de las identidades sentidas); y, por otro lado, la superación del género que desde el feminismo de la igualdad se propugna puede ser igualado al rechazo del binarismo que lo queer anima.

Frente a las identidades sentidas, es necesario volver a afirmar la diferencia sexual en cuanto encarnadura primordial, no simple circunstancia aleatoria y elegible. Únicamente desde la afirmación de la diferencia sexual real se puede desmontar lo ilusorio de la autopercepción y el género sentido. Se es mujer u hombre, y a partir de ahí, en una lucha contra los mandatos del género, contra las desigualdades, el sexismo, la misoginia, construimos nuestra identidad, exploramos nuestra diferencia, sorteamos las trampas de la diversidad. No se elige uno/una desde las brumas de las diversidades o descubre una identidad innata, interior, por debajo de un cuerpo equivocado. Construirse es una tarea existencial, no médico-quirúrgica.

Por consiguiente, reconocer que estamos en el tiempo de la diferencia sexual, asumir sus retos y sus desafíos, supone, a mi parecer, una serie de tareas. Para empezar, hacer una lectura con perspectiva feminista de la noción de diferencia en los textos teóricos de la segunda mitad del siglo veinte hasta aquí, para así desmantelar la usurpación masculina de la feminidad de la diferencia y retomar, a su vez, los textos de las teóricas del feminismo de la diferencia; mostrar, además, que la diferencia sexual no se reduce a un mero aspecto de la diferencia, sino que es su raíz imprescindible; resignificar el concepto «cuerpo», que ha sido despojado de su sexo (recordemos, por ejemplo, el «cuerpo sin órganos» deleuziano), profundizando en la diferencia sexual para salir de las falacias del queerismo; y, por último, completar la refutación del mismo en todo el amplio sentido donde el feminismo de la igualdad no llega.

Es preciso un feminismo de la diferencia sexual, no esencialista, pero sí de giro materialista, actualizado conforme al desarrollo del pensamiento de las últimas décadas. Resulta necesario el análisis de la dimensión ontológica de la diferencia sexual en cuanto fundamentación gnoseológica básica. Y esta es, a mi modo de ver, la coyuntura teórica en la que surge el libro El tiempo de la diferencia sexual: figuras, saberes y práctica coordinado por María José Binetti.

No pretendo afirmar que el marco perfilado por mí sea totalmente compartido por las autoras, tampoco esperemos encontrar entre ellas una sintonía unitaria. Un libro sobre la diferencia no podría sino albergar en su seno diferencias, pero en su conjunto nos ofrece una serie de acercamientos enriquecedores de la temática tratada. Así, encontramos una aproximación a la poética de la diferencia sexual; o el análisis de la obra de diversas autoras: Christine de Pizan, Griselda Gambaro… La mujer como el otro del otro en el panorama latinoamericano, ejemplificadas en la Malinche y sor Juana Inés de la Cruz por Cecilia Sánchez; reflexiones filológicas y biológicas, el alcance político de la negación de la diferencia sexual, expuesto por Begonya Sáez Tajafuerce; el revelador estudio de María José Binetti de la diferencia sexual en Luce Irigaray; la recuperación de un texto de María Milagros García Garretas, o la autobiografía intelectual de Victoria Sendón de León, la mayor referente del feminismo de la diferencia en España. Un denso conjunto de aportaciones para leer, profundizar, disentir…; en cualquier caso, para poner en la palestra por qué hoy más que nunca, frente al olvido, el borrado y la usurpación, la diferencia sexual es, como afirmó ya hace mucho Irigaray, «la cuestión que se debe pensar en nuestra época».

Rosa María Rodríguez Magda

Details

Pages
XX, 274
Publication Year
2026
ISBN (PDF)
9783034356688
ISBN (ePUB)
9783034356695
ISBN (Softcover)
9783034356640
DOI
10.3726/b22793
Language
Spanish; Castilian
Publication date
2026 (February)
Keywords
feminismo estudios de la mujer filosofía feminista estudios de género relación materno-filial
Published
Lausanne, Berlin, Bruxelles, Chennai, New York, Oxford, 2026. xx, 274 p.
Product Safety
Peter Lang Group AG

Biographical notes

María José Binetti (Volume editor)

María J. Binetti es Doctora en Filosofía, Magister en Estudios de las Mujeres y de Género e investigadora del CONICET - Argentina. Autora de Mater/realismo. Aportes para una filosofía feminista de la diferencia sexual (Buenos Aires, 2018) y El idealismo de Kierkegaard (México, 2015). Cuenta con más de 100 artículos en revistas internacionales.

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