La moneda visigoda: un estudio a partir del tesoro de Reccopolis
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Table Of Contents
- Cubrir
- Página de título
- Página de derechos de autor
- Contenido
- A modo de síntesis
- Una obra para la que no existía lugar ni tiempo…
- Y por fin…
- Agradecimientos
- INTRODUCCIÓN El reino visigodo de Toledo y su organización socioeconómica
- CAPÍTULO I La fundación de una nueva ciudad: Reccopolis
- CAPÍTULO II Historiografía del hallazgo del tesoro de tremises de Recópolis
- 1. La aproximación textual a la localización de la ciudad en época Moderna
- 2. El descubrimiento de Recópolis
- 3. El inicio de las excavaciones
- 4. El descubrimiento del tesoro
- 5. La detención de los trabajos: frustraciones, datos incompletos y complejas relaciones personales
- 6. La entrega de los materiales de Recópolis al Museo Arqueológico Nacional. Dudas, realidades y rumores
- 7. La reinterpretación del hallazgo del tesoro: un apunte
- CAPÍTULO III La interpretación crono-tipológica del tesoro: una aproximación sin contexto (con la participación de Ignacio Montero Ruiz, IH-CSIC)
- 1. Las primeras aproximaciones al tesoro (1946-1953)
- 2. La década de los 50 y 60. Nuevos planteamientos
- 3. La década de los 70. La necesidad de un análisis multifocal
- 4. Metrología y metalografía de la amonedación visigoda durante el siglo VI: aspectos centrales de un amplio debate
- 5. La relevancia de las amonedaciones durante el gobierno de Leovigildo (565-586 d. C.). La temporalidad del tesoro de Reccopolis a partir de la cronología de sus piezas: un breve apunte
- 6. El análisis metalográfico del tesoro de Reccopolis: planteamiento general y discusión
- 6.1. Comparación de resultados
- 7. Tipología y ordenación del Tesoro de Reccopolis
- 7.1. Subconjunto a nombre de Justiniano
- 7.1.1. Caracterización tipológica
- 7.2. Subconjuntos a nombre de Justino II
- 7.3. Subconjuntos a nombre de Leovigildo
- 7.4. Otras Series
- 8. Síntesis de las emisiones del Tesoro de Reccopolis
- CAPÍTULO IV El circulante monetario en el siglo VI. Algunos apuntes en torno a la fabricación del tesoro de Reccopolis
- 1. Volúmenes monetarios en circulación y la fabricación monetaria durante la época visigoda
- 2. La falsificación monetaria
- 3. La ceca de Reccopolis: una producción monetaria discontinua
- 3.1. La ceca de Reccopolis: tesoros y hallazgos
- 3.2. Significado de la ceca de Reccopolis dentro de las amonedaciones visigodas
- CAPÍTULO V Contextualización arqueológica y reinterpretación simbólica del tesoro
- 1. La revisión del hallazgo del tesoro
- 2. Simbolismo, ritualidad e identidad en los conjuntos monetarios de época bizantina
- 3. Simbolismo y ritualidad en el tesoro de Reccopolis
- CAPÍTULO VI Más allá del tesoro: los otros hallazgos monetarios de Reccopolis
- 1. Otros Tesoros
- 1.1. Pequeños conjuntos y hallazgos aislados
- 1.1.1. Monedas recuperadas en contextos de época Visigoda
- 1.1.2. El periodo andalusí
- 2. Otros elementos representativos de la actividad económica durante el periodo altomedieval
- 3. La moneda de época medieval castellana y aragonesa
- 4. La Cronología del registro numismático en Reccopolis. Los otros indicadores al margen de los tesoros
- 5. La Espacialidad del registro numismático
- Conclusiones
- Catálogo
- Acuñaciones romanas
- Acuñaciones Visigodas, Merovingias, Suevas y Bizantinas
- Ponderales Bizantinos
- Acuñaciones andalusíes
- Acuñaciones de los Reinos Cristianos
- Acuñaciones Modernas y Contemporáneas
- Apéndice
- Bibliografía
- Fuentes Primarias
- Fuentes Secundarias
- Archivos Consultados
- Índice de figuras
- Índice de tablas
- Índice de gráficos
- Index
- Sobre los autores
A modo de síntesis
Una obra para la que no existía lugar ni tiempo…
La moneda visigoda se convirtió desde el siglo XVIII en objeto de interés para los anticuarios y los historiadores que reinterpretaron la historia nacional dentro de la monarquía borbónica. Las pequeñas piezas de oro que formaban parte de los monetarios institucionales privados, y que de vez en cuando, se encontraban en los campos de todo el país, se convirtieron pronto en una manifestación material significativa de la fase formativa del estado español, que situó uno de sus hitos fundacionales en la conversión del rey Recaredo al catolicismo (589). Su importancia simbólica se ha mantenido en el tiempo. Todavía son piezas deseadas en el mercado de antigüedades donde existe una visión tradicional de la historia nacional. Esta situación no es exclusiva de los tremises y sólidos emitidos entre los siglos VI y VIII por la monarquía visigoda, sino que se ha extendido durante largo tiempo a otros conjuntos monetarios medievales que forman parte del registro arqueológico de nuestro país, considerado como un material que era posible analizar sin contexto, dados sus valores «intrínsecos».
Afortunadamente, a finales de la pasada centuria esta visión comenzó a mostrar importantes lagunas y, en el caso de la moneda visigoda de manera considerablemente más profunda que otros conjuntos numarios. En ese momento, frente a la escasez de la documentación en excavaciones arqueológicas y el reducido tamaño de las colecciones en museos nacionales e internacionales, existió un importante “afloramiento” de nuevos tipos, asociados a numerosísimos cuños, que evidenciaban la necesidad de una reinterpretación de la moneda visigoda y especialmente del papel social como objeto de riqueza e intercambio que jugó en la Alta Edad Media peninsular (Metcalf, 1999). A esta necesidad de afrontar una revisión en su caracterización contribuyeron también las primeras publicaciones en torno a los posibles “cobres visigodos” que comenzaban a conocerse (Crusafont i Sabater, 1994). Nuevos interrogantes que prometían nuevas líneas de investigación que, sin embargo, no se veían acompañados por el registro arqueológico, envuelto todavía en más sombras que luces.
A principios de este siglo, Carmen Alfaro Asíns, entonces conservadora jefe del Gabinete Numismático del Museo Arqueológico Nacional nos animó a uno de nosotros -Manuel Castro-Priego- a la realización de una tesis que intentara realizar una aproximación a las cuestiones mencionadas, focalizándose en la compleja relación entre moneda visigoda y contextualización arqueológica. Sin embargo, las circunstancias personales por ambas partes obligaron a que la investigación nunca se finalizara, a pesar del siempre motivante impulso de la profesora Alicia Arévalo, dispuesta a recoger el testigo de la dirección del trabajo tras la muerte de Carmen. Uno de los temas centrales del trabajo debía girar en torno al tesoro hallado en la ciudad de Recópolis en el año 1945—denominado en la historiografía como Tesoro de Zorita de los Canes o Recópolis—, y en cuyos trabajos de excavación participábamos en ese momento. Sorprendentemente, casi 50 años después de su descubrimiento, seguía siendo uno de los pocos conjuntos monetarios visigodos con una cierta integración en una secuencia arqueológica, conservándose en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid desde 1947.
Desde entonces se habían realizado algunos avances en la investigación que podían aportar nueva información sobre el hallazgo. Las excavaciones sistemáticas dirigidas por el profesor Lauro Olmo-Enciso desde mediados de la década de los 80 en el yacimiento, se habían interesado especialmente por las fases constructivas de la iglesia, el lugar donde había aparecido el conjunto monetario. Las excavaciones que el propio Olmo-Enciso emprendió ya en la segunda mitad de la década de los 90, subrayaron también que la situación estratigráfica del hallazgo publicado por el arqueólogo Juan Cabré no era coincidente con la información proporcionada por los operarios que participaron en los trabajos, ni por la secuencia que comenzábamos a conocer en el sector meridional del exterior de la iglesia. De manera más concreta, a mediados de los 90 tuvimos ocasión de entrevistar varios de los obreros que participaron en el hallazgo de septiembre de 1945. El conjunto de los datos reflejaba dos aspectos: la aparición del tesoro en una habitación anexa a la basílica que la investigación había identificado como baptisterio, y la localización del tesoro por debajo del pavimento de la construcción, lo que resultaba contradictorio en gran medida con lo publicado por Cabré en 1946. Todos estos datos nos condujeron a elaborar una hipótesis que sugirió el carácter fundacional del tesoro de Zorita (Castro-Priego, 2014).
En el periodo comprendido entre el año 2004 y 2012 nuestras aproximaciones a la moneda visigoda, centradas en la identificación de conjuntos a nivel regional y el interés por los hallazgos monetarios de la Vega Baja (Castro-Priego, 2020) siguió profundizando de alguna manera en la caracterización del hallazgo, pero nuestros derroteros académicos e investigativos se dirigieron en otras direcciones.
En el año 2015 tuvimos la oportunidad de celebrar una reunión con Paloma Otero y Carmen Marcos, en ese momento responsables del Departamento de Numismática y Medallística del Museo Arqueológico Nacional (MAN), para relanzar de nuevo un estudio sobre el tesoro. El marco adecuado que planteamos en esta esta ocasión debía ser una monografía que aunara un estudio numismático clásico, con una aproximación historiográfica sobre las circunstancias del hallazgo, incluyendo la intrahistoria de los participantes y las vicisitudes posteriores que impidieron una publicación extensa de las excavaciones desarrolladas entre 1944 y 1945. Además, era necesaria una mayor integración del tesoro en la secuencia temporal del yacimiento y una presentación del resto de los contextos numismáticos, que permitieran ahondar en la diacronía y pluriestratificación del asentamiento entre los siglos VI-XVII d. C. Parte de esos nuevos datos han sido recogidos en una publicación reciente (Castro-Priego et al., 2023), aunque la obra que presentamos es una más que significativa profundización teniendo como objeto principal el tesoro numismático de Zorita de los Canes o Reccopolis.
Entre esos nuevos datos destacan las metalografías realizadas por I. Montero bajo la iniciativa del MAN que indican una caracterización heterogénea de los tremises que forman parte del tesoro, con una fuerte disparidad en los pesos y en los contenidos auríferos. Una cuestión que ya había sido sugerida por Cabré (1946) y Tomasini (1964) pero que seguía sin resolverse de manera definitiva. Prueba de la confusión, son los primeros análisis en torno a los porcentajes metálicos realizados a finales de los 90 de los tremises de Reccopolis, que sugerían una fuerte homogeneidad con valores por encima del 85%. Hemos añadido a la discusión dos pesajes que realizamos mediante gravedad específica en el verano de 2015 y el invierno de 2021 y que permanecían inéditos.
El trabajo definitivo, sin embargo, avanzó lentamente desde entonces y era necesario reflejar los avances de nuevas propuestas y revisiones. La investigación en torno a la moneda visigoda ofreció novedades entre 2009 y 2020. Ruth Pliego Vázquez había publicado su monografía sobre la moneda visigoda (2009) que supuso un aumento de los tipos conocidos y una profunda y acertada revisión, al igual que el trabajo de Andrew Kurt (2020). Incluso Peter Bartlett llevó a cabo un primer pesaje del tesoro de Recópolis mediante gravedad específica (Bartlett et al., 2017), que coincide en gran medida con nuestros resultados. Además, el número de contextos arqueológicos en los que estaba presente la moneda visigoda ha ido aumentando paulatinamente ofreciendo nuevas posibilidades de estudio dentro de su relación con diversos materiales arqueológicos, o sobre los usos monetarios.
Finalmente, en el año 2022, y vinculado, primero, a la concesión de un proyecto de investigación autonómico focalizado en el estudio de la cultura material de Recópolis y, después, a una serie de proyectos de ámbito nacional, pudimos emprender un trabajo de mayor calado, aunando los datos dispersos o publicados parcialmente con la propia contextualización arqueológica. A ella le sumamos, además nuevos elementos a partir de un mayor conocimiento de la semiótica y simbología de la moneda en el Mediterráneo de los siglos VI y VII d. C.
Y por fin…
La obra que presentamos se ha dividido en seis capítulos. En el primero de ellos, se plantean elementos generales los que consideramos como elementos clave de la estructura socioeconómica del Reino Visigodo de Toledo, remarcando la excepcionalidad del hallazgo, y que puede permitir una cierta introducción para el lector menos conocedor del periodo.
A continuación, se hace un breve balance de los datos aportados por las excavaciones arqueológicas de las últimas dos décadas (Capítulo I). Hoy es innegable que, el conjunto de los datos aportados por la investigación en Recópolis, supone hasta la fecha la información más amplia y notable sobre el urbanismo ex novo de época visigoda en la Península Ibérica. Las condiciones particulares de la fundación de la ciudad permitieron a la monarquía visigoda desarrollar un programa propio y sin ataduras previas, que le permitieron imitar y reinterpretar los modelos urbanísticos mediterráneos de finales del siglo VI.
El capítulo II es uno de los más extensos y se centra en el descubrimiento del tesoro. Este último sería difícilmente comprensible sin las circunstancias que impulsaron las excavaciones en el denominado como Cerro de la Oliva entre 1944-1945. Aunque el redescubrimiento de Recópolis se inicia en el siglo XVIII, con la descripción de las primeras monedas con ceca «Reccopolis», existía un largo intento de identificación a partir de fuentes textuales medievales que se venía produciendo desde finales del siglo XVI. Habrá que esperar, no obstante, a finales del siglo XIX, cuando Juan Catalina García López, a través de la relectura de las Relaciones Topográficas de Felipe II, fuese capaz de precisar el lugar concreto donde se situaba la fundación visigoda que el rey Leovigildo mandó levantar en el año 578. El estudio del Cerro de la Oliva (Zorita de los Canes, Guadalajara) y las ruinas que existían en él no fue considerado por Catalina como una mera noticia, sino como una indiscutible realidad arqueológica. En su discurso de acceso a la Real Academia de la Historia (1894), subrayará su hipótesis sobre la localización. Sin embargo, Reccopolis volverá a caer en el olvido hasta que, en la década de los 30 del pasado siglo, cuando Francisco Layna Serrano, en sus visitas a Zorita de los Canes con motivo de la redacción de la primera edición de su obra Castillos de Guadalajara (1933), defendió las aseveraciones mantenidas por García López.
Pese a que el deseo de unas posibles excavaciones arqueológicas comenzó a gestarse probablemente antes de la Guerra Civil, habrá que esperar al periodo inmediatamente posterior, cuando un cúmulo de circunstancias permitieron emprender por fin los trabajos. En este sentido, la dirección de la arqueología española en la década de los 40 por Julio Martínez Santa Olalla, y el nombramiento de Layna Serrano como comisario provincial de excavaciones de la provincia de Guadalajara, impulsaron definitivamente el proyecto, al que se sumó Juan Cabré como deseo/imposición del propio Santa Olalla (Olmo-Enciso, 2004).
A lo largo del Capítulo II descubrimos la intrahistoria de los primeros trabajos arqueológicos que se concentraron entre 1944 y 1945 y que no estuvieron exentos de desacuerdos, desplantes, informes incompletos e, incluso, desavenencias entre las partes implicadas. A todo ello se sumó la repentina muerte de Cabré en agosto de 1947, que significó la detención de los trabajos arqueológicos.
Santa Olalla, conocedor de la importancia del yacimiento, pero al mismo tiempo consciente de la limitada información que Cabré había aportado sobre la excavación arqueológica que se había llevado a cabo hasta el momento, intentó todavía, a principios de la década de los 50, volver a impulsar un nuevo proyecto. Su defenestración política (1955) hizo que el yacimiento sufriera un nuevo periodo de abandono hasta finales de la década de los 70, pese a que con anterioridad el Instituto Arqueológico Alemán, e incluso de la Diputación de Barcelona habían intentado reanudar los trabajos, aunque sin éxito.
Afortunadamente, fruto de las primeras excavaciones quedan expuestos en el Museo Arqueológico Nacional un reducido conjunto de objetos entre los que destaca el cancel recuperado en el interior de la Iglesia y, especialmente, el tesorillo de 90 tremises que es objeto de esta obra.
El Capítulo III, representa propiamente una profundización en las monedas y tipos que componen el tesorillo, donde cobra una especial importancia el estudio tipológico y metalográfico. Somos conscientes que no somos los primeros que realizamos una aproximación numismática al conjunto. En el pasado ha recibido interés por parte del propio Cabré (1946), Barral i Altet (1974) y recientemente por Bartlett, Yoon y Pliego (2017), que merecen una revisión crítica por su trascendencia en la comprensión de la estructura del conjunto monetario. En nuestro caso hemos focalizado nuestro interés en la variabilidad metrológica y metalográfica, comparando dos mediciones de gravedad específica (una propia), con nuevos datos a partir de análisis recientes de espectrometría de fluorescencia de rayos X. Esto nos ha permitido revisar la clasificación de los tipos, un aspecto complejo, que sigue sin resolverse de manera definitiva. A pesar de ello, es posible distinguir de manera segura algunas series y establecer cronologías que permiten subrayar la clasificación defendida hasta ahora para algunos subconjuntos, e incidir en cómo su acuñación coincide con la fundación de Reccopolis (578). La revisión del tesoro de la calle Cuna depositado en el Museo Arqueológico de Sevilla, permite incidir todavía más en esta cuestión, que subraya la formación del conjunto de Zorita de los Canes/Reccopolis con ejemplares que, en ningún caso, podemos considerar anteriores al 550 siendo la mayoría posteriores posiblemente al 568, cuando Leovigildo y Liuva I alcanzan el poder.
Hemos optado por mantener la clasificación defendida por Tomasini que ofrece algunos elementos discordantes. Lo cierto es que la escasez de nuevos ejemplares similares a los de Reccopolis documentados en estratigrafía arqueológica, nos obliga a mantener su catalogación.
Sin embargo, tanto lo defendido por P. Bartlett (Bartlett, Yoon y Pliego, 2017) y lo presentado en esta obra, permite tener una visión suficientemente precisa de la caracterización de las distintas series e, incluso, profundizar en la posibilidad de que alguna de ellas fuera producida incluso en la propia ciudad de Reccopolis (JII3). En cualquier caso, el panorama de las series indica que existió una producción monetaria descentralizada en la segunda mitad del siglo VI, con una primera red de cecas oficiales y un conjunto de centros secundarios. La mayoría de ellos debían encontrarse en proceso de homogeneización entre el 574 y el 578. Durante ese periodo es posible que se esté produciendo la conformación de una red de acuñación de manera estable en distintas ciudades. Los datos numismáticos y arqueológicos permiten señalar que la hipótesis que se defendió hace varias décadas en torno a la que la ceca se desplazaba con la corte de época visigoda (Reinhart, 1941), es poco compatible con la estructuración de una burocracia estatal, que necesita de una cierta capacidad organizativa a nivel local y que es lo que se observa para el último tercio del siglo VI en la Hispania visigoda.
La cuestión de los volúmenes de producción monetaria durante la época visigoda sigue siendo difícil de resolver. El propio tesoro lo demuestra, con un número de cuños muy elevado (Capítulo IV), que impide establecer cadenas productivas y relaciones temporales dentro de cada uno de los subconjuntos en los que se divide el depósito. Es un error comparar la producción monetaria visigoda con la que contemporáneamente se está produciendo en el Mediterráneo oriental, promovida por el imperio bizantino. Hendy (1985) ya demostró hace décadas la enorme distancia entre los volúmenes que se manejan en Oriente, frente a producciones monetarias en Occidente que son mucho más pequeñas. Que Bizancio era el principal proveedor de metales explica las dificultades para mantener el stock aurífero a partir de 620-630 por algunos estados occidentales como el visigodo, pero especialmente el merovingio (Blet-Lemarquand, 2010). En ambos casos sus políticas monetarias fueron víctimas de la situación de cambio de ciclo en el poder en Oriente. Las guerras contra los persas y las derrotas frente a un islam en expansión a partir del 640, impusieron restricciones en las acuñaciones y la definitiva quiebra de sistemas monetarios interconectados, tanto en la producción, circulación, como en la fiscalidad y las relaciones entre las élites a lo largo del Mediterráneo.
La cuestión de la posible presencia de una ceca en Reccopolis parece fuera de toda duda por la existencia de ejemplares emitidos durante el siglo VI, de manera esporádica a lo largo del VII e incluso a inicios del VIII. Lo que es evidente que la importancia se fue reduciendo desde finales del VI, ya que los volúmenes de producción que conocemos son muy limitados. Las emisiones debieron jugar un papel simbólico de carácter dinástico y vinculante con la creación de la monarquía visigoda, pero desde época de Recaredo debieron manejarse cantidades de acuñación pequeñas. La limitada actividad de la oficina monetaria no supuso una quiebra de la actividad económica de la ciudad. La documentación de espacios artesanales de vidrio y orfebrería, la importancia en la configuración urbana de la actividad comercial o la localización de ponderales, demuestran que la moneda jugó un papel importante dentro de las relaciones sociales y económicas y también de poder, que explican la llegada de materiales anfóricos de todo el Mediterráneo, así como el hallazgo de tremises al margen de tesoro.
Details
- Pages
- 400
- Publication Year
- 2026
- ISBN (PDF)
- 9783631935712
- ISBN (ePUB)
- 9783631935729
- ISBN (Hardcover)
- 9783631935705
- DOI
- 10.3726/b23098
- Language
- Spanish; Castilian
- Publication date
- 2026 (February)
- Keywords
- Numismática Arqueología Recópolis tesoro tremís Hispania Visigoda Visigodo Zorita de los Canes Edad Media
- Published
- Berlin, Bruxelles, Chennai, Lausanne, New York, Oxford, 2026. 400 p., 50 il. en color, 32 il. blanco/negro, 42 tablas.
- Product Safety
- Peter Lang Group AG