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La muerte y la máscara en Pablo Picasso

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Enrique Mallen

En 1901, deprimido por el suicidio de su íntimo amigo, Carles Casagemas, Picasso se sumerge en los lienzos austeros y melancólicos del Período Azul. Con sólo veintidós años de edad y desesperadamente pobre, decide restringir su paleta a colores predominantemente fríos, sugerentes de la nocturnidad, el misterio y la muerte. Su creciente obsesión con estos temas alcanza su punto culminante con La vie, un lienzo emblemático de la relación del pintor con la muerte, considerada una fuerza maléfica con la que uno debe enfrentarse mediante el poder del exorcismo que le ha sido otorgado como artista/chaman. Esta pintura se ha interpretado como una referencia al ciclo de la vida, existiendo en ella referencias autobiográficas inequívocas. Los bosquejos preliminares muestran sin la menor duda que la figura masculina es un autorretrato del artista. Picasso posteriormente reemplazaría su imagen con la de Casagemas. El crítico John Richardson ha sugerido que «al sustituir la imagen del suicida por la de un autorretrato, Picasso se conmemora a si mismo, disfrazado como el amigo muerto». Al igual que todas las máscaras, la que Picasso coloca sobre el propio rostro en La vie tiene una función metamórfica, revelando al mismo tiempo que oculta. En la carrera artística picassiana, la máscara se constituye en un objeto que de forma intencionada desestabiliza la identidad del sujeto: llevar una puesta, literal o simbólicamente, significa dejar de ser uno mismo; despojarse de ella supone mostrar una verdad potencialmente más profunda. El libro analiza el concepto de la máscara desde una perspectiva lacaniana y describe diferentes periodos en la carrera artística de Picasso con el fin de definir, en lo posible, la compleja personalidad del artista.

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CAPÍTULO 5

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En agosto de 1904 Picasso conoce a Fernande Olivier (1881–1966), una modelo y amiga de Benedetta, la amante de Ricard Canals.1 Conocida en esos círculos como “la belle Fernande,” llegaría a convertirse en el primer amor real del artista hasta aproximadamente 1910.2 Poco después de este importante encuentro, Picasso comienza la acuarela Le nu endormi (Medita- tion) [83], que completaría en el otoño. Esta es la primera obra en la que apa- rece Fernande. El pintor observa a la modelo de ojos almendrado y bella complexión mientras ella duerme desnuda, en una postura sensual. Las tona- lidades comienzan a iluminarse. Fue precisamente Ricard Canals quien en septiembre de este año le instruye en la técnica del grabado con la ayuda de una aguja ordinaria. Es resultado es la famosa obra Le repas frugal [80], y como indica Daix, “el resto de su vida, el grabado, con todas sus posibilida- des técnicas, sería su actividad favorita, provocando una libertad imaginativa sin igual. También ofrecía nuevos retos que sobrepasar y desafíos tanto para la vista como para el pulso, iguales a los que pudiera presentar la pintura o la escultura.3 El grabado continúa la temática del Período Azul, mostrándonos a un hombre y una mujer famélicos y demacrados, sentados a una mesa cubier- ta con un mantel, sobre la que se hallan una botella, un vaso, un plato vacío y un trozo...

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