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Borges ante el fascismo

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Annick Louis

Si la oposición de Borges al fascismo es conocida, la forma que tomó su condena no había sido estudiada hasta ahora. La apuesta estética e ideológica del Borges de los años 1930 y 1940 se diferencia de la de sus contemporáneos antifascistas por cuanto interroga la realidad a partir de una estrategia oblícua. La ensayística y la ficción borgeanas se proyectan contra una serie de paradigmas de época – la teoría del complot, el cine de Hollywood, la conversión ideológica, la noción de heroísmo, etc., sin tematizar explícitamente los acontecimientos socio-políticos. Así, asistimos a una dispersión sistématica de referencias, desvinculadas de su contexto, que retoman una serie de cuestiones de época, presentes en diferentes formas de arte y de discurso. Concibiendo la relación entre la realidad y la literatura en términos de competencia, Borges explora en Ficciones y El Aleph las posibilidades de un relato anti-pedagógico, en el que sus primeros lectores no pudieron reconocer el mundo contemporáneo. La estética oblícua de Borges propone una concepción renovadora de la relación entre literatura, relato e historia.

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El relato, el caos y las cosas(Borges ante las ficciones del mundo)

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El relato, el caos y las cosas (Borges ante las ficciones del mundo) En su célebre introducción a Los Protocolos de los Sabios de Sión de 1937, Julius Evola afirma que el problema que plantea este libro no es el de la autenticidad sino el de la veracidad. También señala que los enemigos del antisemitismo han cometido el error de concentrarse en el problema de su autenticidad: probaron que el texto era un plagio y, por ende, una falsificación creyendo solucionar así la cuestión y destruir su credibilidad (1938: 13). Cuando los procesos de Berna (1934 y 1935) demostraron que este panfleto era una falsificación, la mayoría de los antisemitas se orientaron hacia nuevos argumentos en defensa ya no del texto sino de su “contenido”, tendencia que, de hecho, se encuentra en la introducción de Sergyei Nilus de 1905 (Los Protocolos… 1984: 32). Hubo también antisemitas que discutieron la autenticidad del panfleto mediante argumentos que pueden suscitar la nostalgia de sus defensores, como el zar Nicolás II que, violentamente antisemita y propenso a dejarse impresionar, se habría negado a creer en Los Protocolos cuando le fue presentado el manuscrito, alegando que las buenas causas no deben ser defendidas mediante métodos viles1. Evola, en cambio, busca un modo sutil de defender “la verdad de los Protocolos”, llegando a sostener que la divulgación misma del documento atenta contra su autenticidad: si se tratara realmente de las actas...

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