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Storytelling in the Spectators / Storytelling dans les spectateurs

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Edited By Klaus-Dieter Ertler, Yvonne Völkl, Elisabeth Hobisch, Alexandra Fuchs and Hans Fernández

The Spectators, also known as Moral Weeklies, were an important magazine genre which came into being in the early 18th century and which shaped European identity by developing the strategies of critical journalism and by popularizing the ideas and values of the Age of Enlightenment. Investigating modes of storytelling in the Spectators is an important starting point for a paradigmatic investigation of our historical, cultural and philosophical evolution since the Enlightenment and the impact of these magazines on issues of identity in today’s Europe. In this collection on ‹Storytelling in the Spectators›, we present a series of contributions which study English, French, Spanish, Italian, German, Dutch, Czech, Polish and Danish-Norwegian periodicals.

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Historias y relatos en El Corresponsal del Censor (1786–1788)

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Un espectador singular

En el novedoso universo periodístico de los “espectadores”, tan ligado al proyecto ilustrado, uno de los más originales es El Corresponsal del Censor, que publicó quincenalmente en Madrid —con alguna irregularidad— desde mayo de 1786 hasta junio de 1788 Manuel Rubín de Celis, un militar de profesión, luego diplomático y funcionario del entorno de Campomanes, y ya para entonces con una larga y variada trayectoria de escritor (Urzainqui 2009). Alcanzó un total de 51 “cartas” o números, cada uno de alrededor de dieciséis páginas1.

Y original, principalmente, por dos motivos: por estar planteado como una correspondencia con otro espectador, El Censor (1781–1787), la gran revista crítica promovida por Luis García del Cañuelo y Luis Marcelino de Pereira, ya para entonces con más de un centenar de números en su haber2; y por el perfil ambiguo y desconcertante del personaje que sustenta la voz expresiva, “Ramón Harnero”, que si unas veces se presenta como un botarate egoísta y frívolo, pagado de su nobleza, inculto y de ideas anticuadas, en otras es un hombre observador y reflexivo, de genio mordaz y un tanto pesimista, amante de la verdad, devoto de Feijoo (“autoridad para mi tan recomendable”), sensible, buen lector y muy crítico con las ideas y costumbres del tiempo; en fin, el carácter que razonablemente cabría esperar en un “espectador”.

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