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La recepción de Nietzsche en España

Nuevas aportaciones desde la literatura y el pensamiento

by Sergio Antoranz López (Volume editor) Sergio Santiago Romero (Volume editor)
Edited Collection 390 Pages

Table Of Content

  • Copertina
  • Titolo
  • Copyright
  • Sull’autore/sul curatore
  • Sul libro
  • Questa edizione in formato eBook può essere citata
  • Índice
  • Prólogo
  • Este volumen
  • Bloque I: la Literatura
  • Nietzsche como interlocutor de Baroja y Azorín (Sergio Antoranz)
  • 1916: La recepción española de Friedrich Nietzsche en el contexto de la Gran Guerra (Arno Gimber)
  • Nietzsche, Einstein y Juan Ramón Jiménez: esbozo para una episteme novecentista (Carlos Andrés Gil)
  • Tres trágicos dionisíacos: Valle-Inclán, Nieva y Arrabal (Sergio Santiago Romero)
  • Nietzsche en la poesía del Veintisiete (Encarna Alonso Valero)
  • «Crear algo mejor que el hombre»: la tragedia del devenir o la vida como obra de arte en el teatro de Jacinto Grau (Violeta Catalina Badea)
  • Vivencia nietzscheana de la divinidad en la poesía de posguerra (Lucía Cotarelo Esteban)
  • Sinécdoque: Benet o las «Regiones» nietzscheanas del estilo (Eduardo Valls Oyarzun)
  • Bloque II: el Pensamiento
  • El Nietzsche de Pérez de Ayala: de la divulgación a la creatividad (Ana María Leyra)
  • Arte y metafísica en Zambrano y Nietzsche (Diego Sánchez Meca)
  • La locura de Nietzsche en la imaginación creadora de María Zambrano (Mariano Rodríguez González)
  • Un Nietzsche para cristianos progresistas (1963–1975) (Francisco Vázquez García)
  • Las sombras de Jean-Paul Marat: Nietzsche, Artaud y Sade en la cultura española del tardofranquismo (Sandra Santana)
  • La investigación histórico-filológicamente fundada de la filosofía de Nietzsche en España desde 1980 (Marco Parmeggiani)
  • La recepción contemporánea de Nietzsche en el mundo hispano: la edición completa en castellano de los Fragmentos póstumos, la Correspondencia y las Obras completas (Kilian Lavernia)
  • Nietzsche Arquero (Teresa Oñate)
  • Los autores
  • Obras publicadas en la colección

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Prólogo

EL FIN DE SIGLO ESPAÑOL coincide con su apertura a la cultura germánica. Desde la publicación de la revista La abeja (1862), los autores alemanes cruzan los Pirineos en un goteo constante que, poco a poco, borró la mácula de varios siglos de desconocimiento. El furor por la cultura germánica, alimentado por la fuerte polarización política que acarreó la I Guerra Mundial y la imperante galofobia española llevarían a algunos intelectuales patrios a lamentar la existencia de esa contraproducente extensión de tierra entre Barcelona y Berlín comúnmente conocida como Francia. Los autores alemanes, Nietzsche incluido, llegarán en primer lugar a través de traducciones francesas, muchas de ellas imperfectas, pero no tardarán en aparecer traducciones españolas que, si bien no siempre exactas, ofrecen soluciones de no poco interés. En cualquier caso, como bien expone la magna obra de Gonzalo Sobejano, Nietzsche en España, el influjo del filósofo acompañó ideológicamente a todos los movimientos estéticos renovadores de la Edad de Plata. Debe sentirse su influjo en la raíz pagana y dionisíaca del modernismo de Rubén Darío y Valle-Inclán, y también en el revisionismo moral del llamado noventayocho. Ortega trajo a Nietzsche también a colación de la vanguardia y del arte puro y deshumanizado, al decir que la pretensión de la nueva estética rupturista era «eliminar los elementos humanos, demasiado humanos» del arte. Pero Nietzsche también acompañó al movimiento de rehumanización que trajo de la mano la llamada promoción poética del 36, recuperadora de una noción mística de la palabra poética. Sobejano consideró, sin embargo, que el influjo se frenó con la Guerra: «Las promociones jóvenes españolas están muy lejos de Nietzsche»1. Fue sin ← 11 | 12 → duda la falta de distancia crítica la que llevó al maestro a este silencio, pues hoy en día contamos ya con algunos acreditados estudios sobre los ecos del filósofo en la literatura española de la segunda mitad del XX, muchos de ellos publicados en las páginas de este volumen. El caso de la recepción en la poesía, y aún más en el teatro, es un terreno aún muy virgen. Nietzsche en España es un volumen insuperable en todo lo relativo a las traducciones de Nietzsche, y a la recepción del autor en la Generación del 98 y del 14, pero desarrolla muy pocas reflexiones acerca de los dramaturgos —alguna apreciación sobre Benavente, Grau, y algún apunte sobre Valle-Inclán— y sobre los poetas de vanguardia, incluyendo la promoción del 27, sobre cuya poesía apenas se dice nada. Han sido los trabajos de Alonso Valero (2003, 2008) los que han venido a completar este espacio que Sobejano dejó sin tratar.

Mucha mayor y mejor atención ha merecido hasta la fecha la recepción del pensamiento nietzscheano en la filosofía española, como prueba la constante vigencia intelectual de algunos de los herederos inmediatos de su pensamiento —Unamuno, Ortega, Zambrano— y también los autores del conocido como «neonietzscheanismo español», tal como lo ha denominado Francisco Vázquez en su imprescindible obra Hijos de Dionisos (2014): Eugenio Trías, Fernando Savater o Xavier Rubert de Ventós.

Hoy en día, después de haber transcurrido más de un siglo de la primera recepción de Nietzsche en España, tal y como muestran los trabajos aquí publicados, el pensamiento español continúa dialogando con Nietzsche con cierta jovialidad. Pareciera que su obra debiera actualizarse continuamente para entender nuestra propia cultura. Nietzsche ha sido un interlocutor constante entre nuestros intelectuales, desde la escritura literaria hasta la producción filosófica y académica. En los diferentes registros en los que ha aparecido el diálogo con Nietzsche nos hemos reflejado y debatido, acaso para asumir nuestra propia actualidad, especialmente, la relación entre hacer y pensar, la lucha entre tradición y actualidad. Por ello, todas las recepciones nietzscheanas en España han gozado de cierto interés social. A diferencia de otros filósofos, Nietzsche ha asumido un papel público más allá de la endogamia de los círculos intelectuales, es decir, Nietzsche ha tenido cierto impacto sobre los diferentes contextos sociales de su recepción.

En este sentido, y sobrevolando el arco de la primera recepción de Nietzsche en España hasta la actualidad, nos gustaría señalar cuatro ← 12 | 13 → contextos paradigmáticos que ofrecen cuatro recepciones con diferentes matices ideológicos y metodológicos. En un primer momento, las tres primeras décadas del siglo XX, aparece el pensamiento de Nietzsche novelado y teatralizado, pero también encontramos un intento de politizar a Nietzsche por medio del género ensayístico. El segundo contexto lo situamos durante la Guerra Civil española y el exilio de muchos intelectuales. Aquí aparece el pensamiento de Nietzsche considerado ya como filósofo con el que discutir, adversario y cómplice, esto es, ya no se presenta meramente como un pretexto literario capaz de activar las fuerzas creativas, sino como un interlocutor que pone a prueba la legitimidad del motor de la filosofía: la metafísica. Este es el caso por ejemplo de Ortega y Gasset, en ocasiones injusto por las escasas menciones que hace del pensador, no obstante la importante incorporación del pensamiento de Nietzsche en su obra. Más honesta será, por el contrario, la apropiación que hizo Zambrano del pensamiento nietzscheano. En este contexto histórico, la figura de Nietzsche también aparecerá en obras poéticas, así como en el teatro y en la narrativa. El tercer paradigma, por su parte, surge en el tardofranquismo. En este periodo Nietzsche aparece como apertura del contexto académico en paralelo a la demanda social de una regeneración de la cultura y de la vida española. Así, Vázquez García, en su obra Hijos de Dionisio y en su contribución en este volumen nos muestra una apropiación de Nietzsche por parte de los cristianos progresistas, y la visibilidad de Nietzsche a partir de dos figuras populares en el panorama cultural español: Savater y Trías. Ambos ofrecerán una visión de Nietzsche unida a la creatividad de la escritura y la reivindicación de introducir su obra en los contextos académicos dinamitados por una filosofía que había permanecido dócil al régimen. Así, el interés por Nietzsche y la traducción de sus obras aparecerá con renovado énfasis, dando lugar al último contexto paradigmático que podríamos denominar la inclusión de Nietzsche en el ámbito universitario. De dicho contexto destacamos la constitución de la SEDEN (Sociedad Española de Estudios sobre Friedrich Nietzsche), dirigida por Diego Sánchez Meca, que ha agrupado a numerosos profesores de distintas universidades españolas que comparten la vocación investigadora por el pensamiento de Nietzsche. Por un lado, todos ellos han contribuido notablemente a la introducción del pensamiento de Nietzsche en el ámbito académico con libros y publicaciones especializadas. Por otro lado, el ← 13 | 14 → grupo de investigación asumió la tarea de traducir la obra completa de Nietzsche, de su correspondencia y de los fragmentos póstumos. El grupo además cuenta con la edición anual de la revista Estudios Nietzsche en la que publican especialistas internacionales, así como la organización de congresos y jornadas que ha situado a España como interlocutor sobre Nietzsche en el ámbito internacional. En este contexto, y con una labor de divulgación en torno al pensamiento nietzscheano, también aparece el grupo SNC (Seminario Nietzsche Complutense) dirigido por Mariano Rodríguez y Oscar Quejido que dará visibilidad al pensamiento de Nietzsche por medio de diversas instituciones en Madrid.

Todos estos paradigmas de la recepción de Nietzsche en España aparecen en el volumen que presentamos, diferenciados en dos bloques que a veces no delimitan con claridad el límite entre la literatura y el pensamiento. A pesar de esta división formal, muchos de los autores se ubican en un territorio de frontera, semejante al propio carácter español, que ha solido hacer de la filosofía una forma literaria, y de la literatura una forma de pensar filosófico.

El primer bloque, dedicado a la literatura, reúne ocho trabajos que recorren la influencia del pensador de Röcken en la literatura del siglo XX. Es relevante que los capítulos reunidos exploren la totalidad de la influencia nietzscheana tanto cronológica como tipológicamente. La totalidad cronológica, porque este bloque abarca desde la mal llamada Generación del 98 y el periodo de la I Guerra Mundial —artículos de Sergio Antoranz, Arno Gimber y Carlos Andrés Gil— hasta la novelística experimentalista de los años 60 y 70 —artículo de Eduardo Valls—. Y también amplitud o transversalidad tipológica porque, frente a la marcada superioridad numérica de los estudios de recepción de Nietzsche dedicados a novela, ofrecemos cinco trabajos dedicados al género poético y al drama. Los tres deliciosos artículos dedicados a la impronta de Nietzsche en la poesía española —redactados por Carlos Andrés Gil, Lucía Cotarelo y Encarna Alonso—, y los dos que abordan la recepción en el teatro —firmados por Sergio Santiago y Catalina Badea— amplían y redondean el panorama crítico de nuestra materia.

En el estudio que abre nuestro libro, firmado por uno de los que esto escribe (Sergio Antoranz), revisitamos desde una perspectiva nueva uno de los campos que más ha horadado la crítica desde Sobejano, a saber, la impronta nietzscheana en las llamadas grandes novelas de ← 14 | 15 → fin de siglo. Retomando lo más sustancioso del criticismo existente —pensemos en los ya clásicos estudios de Imann Fox de los años 60 sobre Baroja o Maeztu—, nos centramos en el análisis de La voluntad y de Camino perfección para detectar el impulso transformador del nietzscheísmo más allá de los tradicionales estudios tematológicos al respecto. Los intelectuales del 98 no se limitaron a incorporar determinados motivos nietzscheanos a su producción, sino que asumen como propios mecanismos propios del filósofo —véase, por ejemplo, en el análisis que desarrollamos sobre la transvaloración, en la novela de Baroja, del hipotexto teresiano que le sirve de referente. Nuestro análisis busca explicitar, apoyándose en el discurso de estas novelas, la «lucha entre instintos y cultura, lo irracional de la razón, la relación entre individualidad y vida pública, la creatividad relacionada como síntoma de libertad personal, deseo inconsciente y adecuación moral o egoísmo y compasión». La orientación de todas estas dicotomías hacia la consecución de «el Gran Estilo», tan perseguido por los noventayochistas —hace tiempo que sabemos que es el estilo, en puridad, su principal preocupación estética— demuestra la naturaleza corporal de dicho estilo, es decir, la liminaridad congénita que para Nietzsche y esto autores se da entre el arte y la vida orgánica.

En el segundo capítulo, Arno Gimber nos presenta las resonancias de las ideas nietzscheanas en el argumentario empleado por los intelectuales españoles a propósito de sus respectivas posiciones ante la Gran Guerra. Es bien sabido que, a pesar de la neutralidad de España, el conflicto mundial desató una enconada discusión de papel entre aliadófilos y germanófilos. Conocido sobradamente es el caso de Valle-Inclán, opuesto en su francofilia a la postura pro-alemana de los carlistas; el dramaturgo llegó a sobrevolar la batalla de Verdún y a dejar constancia de esta experiencia de la Guerra en el apólogo Visión estelar de un momento de guerra. El profesor Gimber analiza la presencia de ideas y temas nietzscheanos en algunos discípulos institucionistas de Giner de los Ríos, como Bartolomé Cossío, o en Los cuatro jinetes del apocalipsis, novela de Blasco Ibáñez en la que el autor hace suyos todas las invectivas de Nietzsche contra el desmesurado orgullo germano. Anudan el artículo, por un lado, unas breves reflexiones nietzscheanas de Cansinos Assens en Estética y erotismo de la pena de muerte. Estética y erotismo de la guerra y, por otro, en la novelística de Ricardo León, ← 15 | 16 → a cuyo nietzscheísmo ya había dedicado Gimber algunas reflexiones en trabajos anteriores. Resulta bien interesante que, como demuestra el autor del capítulo, novelas leonescas tan comerciales y leídas como Los caballeros de la Cruz presenten influencia nietzscheana, puesto que esto significa que el pensamiento del filósofo no solo sobrevoló el interés de la intelectualidad, sino que penetró por vía indirecta en capas más mundanas de la sociedad.

El siguiente capítulo, de Carlos Andrés Gil, está titulado «Nietzsche, Einstein y Juan Ramón Jiménez: esbozo para una episteme novecentista». Su autor nos ofrece una interpretación del poema «Vino, primero, pura», de Juan Ramón Jiménez, a la luz de la influencia nietzscheana, concretamente, del aforismo «Historia de un error» donde Nietzsche pretende deshacer la milenaria herencia del dualismo platónico entre mundo verdadero y mundo aparente. Para ello Carlos Andrés se servirá de la expresión orteguiana de sensibilidad nueva que aparece en El tema de nuestro tiempo. En dicha obra Ortega comenta que la teoría de la relatividad de Einstein ha prefigurado un nuevo modo de interpretar el mundo que, al igual que el pensamiento nietzscheano, radica en el fin de la concepción de un saber absoluto y universalista. No obstante, dicho cambio de paradigma o el advenimiento de esta nueva sensibilidad se encuentra ante diversos momentos y resistencias que aparecen secuenciados en el poema «Vino, primero, pura» y en el aforismo «Historia de un error» de Nietzsche.

En el cuarto capítulo de este bloque (Sergio Santiago), analizamos la influencia que Nietzsche pudo tener en la carnavalización del género trágico en España a lo largo del siglo XX. Este proceso cuenta con varios momentos destacados en la centuria, de los cuales se seleccionan como paradigmáticas las dramaturgias de Ramón del Valle-Inclán, Francisco Nieva y Fernando Arrabal. Una buena parte del trabajo está dedicada a entresacar las negativas ideas que sobre la puesta en escena realista decimonónica tenía el filósofo, y a clarificar que, para él, la tragedia griega —y, por ende, la nueva tragedia contemporánea que había de renacer— había tenido una puesta en escena claramente estilizada, expresionista y, de acuerdo con lo expuesto en La visión dionisíaca del mundo, carnavalesca. El resto del capítulo se dedica a analizar diferentes elementos dionisíacos o nietzscheanos de la dramaturgia de los tres autores seleccionados. ← 16 | 17 →

La profesora Alonso Valero es, quizás después de Sobejano, la persona que más criticismo ha generado a propósito de la recepción de Nietzsche en nuestra literatura, por lo que su voz no podía quedar de ningún modo ausente de este volumen que presentamos a los lectores. Desde la publicación de Solo necios. Solo poetas (Nietzsche en la joven literatura) (Universidad de Granada, 2003), han sido varias las aproximaciones de la autora a la recepción del filósofo en la poesía de la Edad de Plata, especialmente en el caso de Federico García Lorca. En el capítulo que firma para este libro, «Nietzsche y la poesía del Veintisiete», Alonso ofrece, en primer lugar, algunas calas sobre la presencia del filósofo en el ultraísmo y en la obra de Gómez de la Serna, un asunto, sobre todo el del ultraísmo, inexplorado hasta la fecha. Después se ocupa de la presencia de Nietzsche en el concepto trágico que evidencia la poesía de Aleixandre —se basa, sobre todo, en textos de La destrucción o el amor— y en García Lorca. En este último caso, la autora comenta algunas conocidas citas explícitas que Lorca hace de Nietzsche, y también analiza en clave nietzscheana algunos textos de Poeta en Nueva York, cuestión está también francamente novedosa.

Catalina Badea construye su estudio «“Crear algo mejor que el hombre”: la tragedia del devenir o la vida como obra de arte en el teatro de Jacinto Grau» con una sólida apoyatura crítica, puesto que desde Sobejano se habían desarrollado ya algunas calas indirectas en el nietzcheísmo de este autor, que es uno de los pocos que acostumbraba a citar al pensador alemán en sus ensayos y entrevistas. Badea analiza tres obras del canon grauiano — El señor de Pigmalión, El burlador que no se burla y La señora guapa— para rastrear en ellas la idea nietzscheana de la confusión del arte con la vida —enunciada por el filósofo en El nacimiento de la tragedia y desarrollada como constante a lo largo del resto de su producción— y para tematizar a ciertos personajes del dramaturgo —Pigmalión, Don Juan de Carillana o La Señora— como modelos de ultrahombre o ultramujer, respectivamente. A pesar de que muchos críticos han señalado y explicitado las referencias de Grau al filósofo de Röcken, estaba pendiente de desarrollarse una interpretación de las obras del dramaturgo en clave nietzscheana, y el trabajo de Badea es un primer y significativo paso en ese trabajo aún en ciernes.

Lucía Cotarelo asume un arriesgado objeto de estudio en su artículo «Vivencia nietzscheana de la divinidad en la poesía de posguerra», a ← 17 | 18 → saber, la cristianización de Nietzsche desarrollada no pocas veces en su recepción española, desde Unamuno en adelante. Esta cuestión, no por esperada en un territorio arraigadamente católico como España, deja de ser polémica. Cotarelo sigue la estela de trabajos pioneros en la materia, como el apasionante de Agustín Andreu, El cristianismo metafísico de Antonio Machado (Pre-textos, 2004) para rastrear los ecos de Nietzsche en los autores de la llamada primera promoción de posguerra. Es quizás en ellos donde mejor se puede ver este proceso de cristianización del filósofo, puesto que la radical conflictividad que alberga para ellos la relación con Dios posibilita la irrupción de vectores de correlación semántica con el autor de El Anticristo. La demostración, brillante y calibrada, de todas estas resonancias convierte el trabajo de la profesora Cotarelo en una de las primeras aportaciones a un campo de estudio que aún ha de dar numerosos frutos poéticos —Nietzsche en la poética vitalista del Grupo Cántico o del vanguardismo postista, Nietzsche en la poesía novísima de Leopoldo María Panero, etc.—.

El último capítulo de este bloque está firmado por Eduardo Valls, que ha sido otro de los pioneros en los estudios de recepción de Nietzsche y, sobre todo, en el empleo de la filosofía del alemán como paradigma crítico del análisis de la cultura. Aunque se ha ocupado hasta la fecha del paralelismo entre la ideología nietzscheana y la que pone en evidencia cierto sector de la literatura victoriana, nos ofrece aquí un sustancioso estudio comparado entre Nietzsche y el novelista Juan Benet. Valls parte de la preocupación de ambos autores por la noción de estilo para hacer a Benet partícipe de una idea de la escritura muy similar a la que encierra el concepto nietzscheano de Gran Estilo. Valls se centra en un corpus amplio de novelas, aunque presta especial atención a Volverás a región, para explorar la estructura profunda de este «estilo», y rastrea en ella ecos de una concepción mítico-dionisíaca del mundo y, también, de una concepción del tiempo que evoca el eterno retorno.

El segundo bloque, dedicado a la recepción de Nietzsche en el pensamiento español, se abre con el capítulo de Ana María Leyra titulado «El Nietzsche de Pérez de Ayala: de la divulgación a la creatividad», que realiza un recorrido a través de la obra literaria y ensayística de Pérez de Ayala, en la que aparecen referencias directas e indirectas al pensamiento de Nietzsche. Encontramos en la escritura de Pérez de Ayala ← 18 | 19 → no solo cierta admiración hacia el pensamiento nietzscheano, también, y acaso sea el punto crucial de este trabajo, un intento por incorporar su misma vocación, a saber, el cuidado de la escritura como forma de vida creativa que, al mismo tiempo, involucra al lector en la búsqueda de llegar a ser lo que se es. En este sentido, la escritura de Pérez de Ayala posee una doble misión, por un lado, asume la tarea histórica de incorporar el pensamiento de Nietzsche al público español, por otro lado, asume que dicha tarea debe consistir en una escritura que sea capaz de inspirar las fuerzas creativas de los lectores o espectadores.

En el segundo capítulo, «Arte y metafísica en Zambrano y Nietzsche», escrito por Diego Sánchez Meca, encontramos un análisis en torno a la actitud que Zambrano y Nietzsche tuvieron hacia el arte; concretamente, la influencia del Romanticismo les aúna en la visión de que es necesario recuperar un cierto tipo de metafísica por medio del arte. En el caso de María Zambrano, será por medio de la razón poética; en el caso del joven Nietzsche, por medio de la música. No obstante, ambos autores desarrollarán su obra a modo de denuncia y resistencia ante los altos vuelos de una razón que ha cosificado el mundo, y para ello manifestarán que el lenguaje metafórico posee un alcance mayor que el conceptual cultivado por la metafísica tradicional. A lo largo del texto de Sánchez Meca observamos cómo el pensamiento nietzscheano variará en su madurez, concretamente, separándolo de los compromisos adquiridos con el Romanticismo y la filosofía de Schopenhauer, esto es, la música ya no capta la esencia del mundo, porque el mundo no posee esencia, tan solo un interrelacionarse entre instintos que intentamos fijar mediante la palabra. Tal postura se encuentra en las antípodas del pensamiento de Zambrano, puesto que nuestra filósofa considera que lo poético nos aproxima al sentir originario y a lo sagrado.

Biographical notes

Sergio Antoranz López (Volume editor) Sergio Santiago Romero (Volume editor)

Sergio Antoranz López es profesor asociado de la Universidad Complutense. Doctor Mención Internacional con una tesis titulada Descubrir e inventar. Sintonías y discordancias entre arte y ciencia en la obra de Friedrich Nietzsche. Entre sus publicaciones sobre Nietzsche destacamos «El cuerpo como laboratorio moral». Sergio Santiago Romero es investigador contratado en la Universidad Complutense. Miembro del Instituto del Teatro de Madrid. Su investigación versa sobre la recepción de Nietzsche en el teatro y la poesía española del siglo xx.

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