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«Artes manticae» y geomancia en las literaturas francesa y española altomodernas

François Rabelais y Francisco de Quevedo

by Hannah Schlimpen (Author)
Thesis 364 Pages
Series: Trierer Studien zur Literatur, Volume 51

Summary

Este libro es una (re)lectura crítica de la ficcionalización de la geomancia en el Pantagruel y Tiers Livre de François Rabelais y los Sueños y discursos de Francisco de Quevedo. La autora enfoca el fenómeno geomántico desde una perspectiva tanto filológica como de la historia intelectual. La primera parte del estudio está dedicada a la tradición geomántica en Occidente, en especial a los manuales impresos altomodernos, mientras que la segunda aborda la censura de este arte adivinatorio por parte de la tratadística antisupersticiosa contemporánea. La tercera y última parte expone en qué medida Rabelais y Quevedo se apropian de ambas tradiciones, transformándolas estéticamente y, muchas veces, en virtud de los mismos modelos y principios literarios.

Table Of Content

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Agradecimientos
  • Índice
  • 0. Introducción
  • Primera Parte: La Tradición Geomántica en Occidente
  • I.1. Antecedentes clásicos: las artes manticae elementales y su recepción
  • I.2. La geomancia o ars punctorum en la tradición escrita medieval
  • I.2.1. La introducción de la geomancia árabe en las culturas occidentales
  • I.2.2. Los manuales geománticos medievales más difundidos
  • I.2.2.1. Los principales manuales geománticos medievales latinos
  • I.2.2.2. Geomancias medievales en lengua vernácula: El Libro de los juysios de calatarrama (s. XV) y su lectura en la España renacentista
  • I.3. La geomancia medieval en letras de molde
  • I.3.1. Della geomantia di Pietro d’Abano (1542)
  • I.3.2. La geomantia di Bartholomeo Cocle (1550) y Della geomantia dell’eccellente filosofo Gioanni Geber (1550)
  • I.3.3. Gerardi Cremonensis geomantiae astronomicae libellus (¿1545–1555?)
  • I.4. Manuales geománticos altomodernos: textos y contextos
  • I.4.1. La géomance du seigneur Christofe de Cattan (1558)
  • I.4.2 Poetas geomantes: Jean de La Taille y Guillaume de La Taissonnière
  • I.4.2.1 La géomance abrégée (1574) de Jean de La Taille
  • I.4.2.2. La géomance (1575) de Guillaume de La Taissonnière
  • I.4.3. Un manual geomántico latino: el Opus geomantiae completum (1625) de Henricus de Pisis
  • I.4.4. Un compendio de paraciencias: La chiromance, la physiognomie et la géomance (1657) de Sieur de Peruchio
  • Segunda Parte: Censura de la Geomancia
  • II.1. Voces medievales en contra de la geomancia
  • II.1.1. El Tratado de la divinança (ca. 1450) de Lope de Barrientos
  • II.2. La tratadística antisupersticiosa en la temprana modernidad
  • II.2.1. Pedro Ciruelo – la censura de la geomancia de un matemático teólogo
  • II.2.2. Agrippa von Nettesheim, defensor y detractor de la magia
  • II.2.3. Jean Bodin, un jurista contra la geomancia
  • II.2.4. Martín del Río y la condena jesuita de la adivinación y la astrología
  • Tercera Parte: La Geomancia en Rabelais y Quevedo
  • III.1. François Rabelais frente a los saberes ocultos
  • III.1.1. El autor astrólogo y su narrador alquimista
  • III.1.2. En busca del secretum secretorum: el ‘debate por señas’
  • III.1.3. Las mil y una maneras de (no) predecir el futuro
  • III.2. La carcajada de Quevedo ante las adivinaciones astrológicas
  • III.2.1. ¿Quevedo, lector de Rabelais?
  • III.2.2. El lucianismo y la detracción del ocultismo: Rabelais, Tyard y Quevedo
  • III.2.3. Los Sueños y discursos: astrólogos y adivinos oníricos
  • Conclusiones
  • Bibliografía
  • Obras publicadas en la colección

0. Introducción

«Die bilderkunst gehet aus der magica» (1922–1933: XIII, 364) –‘el arte de las imágenes procede de la magia’– escribe Theophrastus Bombast von Hohenheim, llamado Paracelso (1493–1541), en su Liber de imaginibus,3 en el que el médico suizo concilia las ciencias naturales con la iconografía astrológica y las artes mágicas.4 Por las mismas fechas, en 1526, Alberto Durero (1471–1528) retrata, con su habitual primor, al comerciante Johann Kleeberger (1485?-1546)5 de Núremberg, «le bon allemand» o «l’homme de la Roche»,6 como se le sigue ←11 | 12→recordando por una calle y una estatua en Lyon.7 Es la efigie ‘cesariana’ de un hombre humilde quien murió, sin embargo, como benefactor de jóvenes menesterosas de la capital del Ródano, de manera que según la leyenda, el alemán ‘casaba a todas las chicas’.8 En el retrato que le hizo el autor del misterioso cuadrado mágico (de su grabado saturnal Melancolía I, 1514),9 en la parte de arriba, en el rincón izquierdo, aparece una pequeña figura, resaltada en amarillo y compuesta de seis estrellas, que abrazan al signo astrológico del león. Los estudiosos del maestro renacentista, al asociar esta ‘configuración estelar’ de manera general con el ideario astrológico por desconocer que representa un signo geomántico ←12 | 13→concreto llamado amissio, han subestimado habitualmente la rica iconografía y el complejo simbolismo que alberga subrepticiamente este detalle.10

Amissio es una de las dieciséis figuras geománticas, consistentes en cuatro líneas binarias de puntos,11 aunque a veces se representen, como en el cuadro de Durero, con estrellas, por reflejar, supuestamente, la constelación estelar en el momento de su formación. Las restantes figuras geománticas se denominan acquisito, fortuna maior, fortuna minor, laetitia, tristitia, puer, puella, albus, rubeus, via, populos, coniunctio, carcer, caput draconis y cauda draconis.12 Todas estas figuras se acompañan de determinadas características y calidades como bueno o malo,13 estable o inestable, femenino o masculino, etc. Asimismo, su significado se suele relacionar, entre otros aspectos, con los cuatro elementos de la naturaleza y las complexiones humanas, aunque también con los planetas y los signos del zodiaco.14

Las figuras se combinan en un tema o tabla geomántica dentro de la cual adquieren una función que varía según la posición que ocupan, siendo las doce primeras posiciones análogas a las doce mansiones o casas astrológicas, cada una de las cuales tradicionalmente corresponde a un determinado ámbito significativo de la vida humana: vita, lucrum, frates, genitor, nati, valetudo, uxor, mors, pietas, regnum, benefacta y carcer.15

En el proceso de construcción de una tabla geomántica normalmente están involucrados dos actores, el geomante y el quaerens o consultante, aunque gracias a la relativa sencillez de la técnica (en comparación con la práctica astrológica), estos pueden coincidir en un solo agente, lo cual probablemente fue parte del gran atractivo de esta técnica. Se establece una tabla geomántica para cada ←13 | 14→cuestión concreta e inequívoca, que puede atañer o bien al ámbito privado, como puede ser la fortuna amorosa, o bien al ámbito social o político, como recientemente ha demostrado la historiadora Ulrike Ludwig (2015) a partir de los manuscritos geománticos del príncipe elector Augusto de Sajonia (1526–1586).16

Para establecer una tabla de figuras,17 en primer lugar se generan las cuatro figuras básicas, las madres, que, como sugiere el nombre, constituirán el punto de partida para la creación de los demás signos. Para ello, el geomante tiene que centrar toda su atención en la pregunta y marcar, en papel u otro soporte y, tradicionalmente, de derecha a izquierda, para cada figura cuatro líneas o filas de puntos sin contarlos.

Después, se verifica si las primeras cuatro filas constan de un número par o impar de puntos, suprimiendo, de derecha a izquierda, los puntos de dos en dos. De esta manera al final de cada hilera van sobrando uno o dos puntos, los cuales se colocan unos debajo de otros, obteniendo así la primera figura geomántica. Dicho procedimiento se repite tres veces con el fin de obtener un total de cuatro figuras madres, organizadas de derecha a izquierda.

En un tercer paso, se forman las cuatro figuras siguientes, llamadas hijas, aplicando la primera ley de derivación o ‘transposición’. Según esta, la posición horizontal de los puntos se cambia a una vertical, de modo que las primeras líneas de puntos de las cuatro madres se utilizan para formar los cuatro niveles de la primera figura hija. Siguiendo el mismo método, cada línea se utiliza para crear cada una de las tres hijas restantes, organizadas, siempre de derecha a izquierda, junto con las cuatro madres, con lo cual queda terminado el primer nivel de la tabla.

Para forjar las figuras restantes, la geomancia se vale de una segunda ley de derivación, la ‘transposición por adición’ o ‘suma’. Según esta, cada vez se añaden dos madres y, después, dos hijas, para formar las cuatro sobrinas, sumando los ←14 | 15→puntos de cada una de las cuatro líneas de ambas figuras y marcando los resultados impares con un punto y los pares con dos. Las cuatro sobrinas así formadas completan el segundo nivel de la tabla geomántica, yendo siempre de derecha a izquierda.

A partir del mismo procedimiento aritmético, las cuatro sobrinas se conjugan para generar los dos testigos, que forman el tercer nivel de la tabla. Finalmente, a través de este mismo método los testigos engendran la figura del juez o ‘resultado’, que en el caso del retrato de Johann Kleeberger habrá sido amissio. El juez resume en sí los significados de todos los signos anteriores,18 formando el cuarto y último nivel de la tabla, la cual muchas veces se lleva al esquema representativo de la astrología.19

De esta manera queda finalizada la tabla geomántica o, al menos, una plantilla básica de la misma, para cuya interpretación en un proceso de lectura –ahora sí, bastante complejo y, según el manual que se consulta, variado– es preciso tener en cuenta una serie de factores que incluye, en primer lugar, las distintas calidades de las figuras, la posición que las figuras ocupan dentro del sistema y, en la mayoría de los casos, sus correspondencias con las nociones astrológicas.20

Si autores como François Rabelais (Les faits et dits héroïques de Gargantua y Pantagruel, 1532–1564) y Francisco de Quevedo (Sueños y discursos, 1627) hacen ‘aparecer’ a un geomante ridículo en sus obras, desplegando incontestables conocimientos sobre esta técnica, y hasta usando, en el caso de Quevedo, los términos más específicos de la misma, es con el fin de que en estas representaciones literarias se haga visible la crítica contra una disciplina que en tiempos de estos dos autores gozaba de una difusión y desarrollo tan indiscutibles como problemáticos.

Efectivamente, desde su recepción temprana en el Occidente latino a través de la cultura árabe en el siglo XII, circuló una cantidad –al menos desde nuestra perspectiva ‘moderna’– sorprendente de instrucciones prácticas sobre la geomancia, primero en forma de manuscritos –que presentamos en el capítulo I.2–, algunos de los cuales se llevaron más tarde a la imprenta y que estudiaremos en el capítulo I.3. Pero en la temprana Edad Moderna también aparecieron ←15 | 16→manuales originales en letras de molde, escritos o editados por autores de muy diversa procedencia (militares, teólogos, médicos y poetas) y entusiásticamente recibidos entre los eruditos contemporáneos. Investigadores como Corsetti (1992: 183–187) han demostrado en qué medida el Humanismo presta, en términos generales que habrá que precisar en cada caso, su atención a todos los ámbitos del saber y de la cultura antiguos, inclusive la adivinación.21 El interés por los saberes ocultos se incrementa, a pesar de las continuas condenas, tanto eclesiásticas como intelectuales, en aquel período histórico de recurrentes epidemias, guerras continuas y luchas religiosas.22 Este fenómeno no puede separarse, al mismo tiempo, de las influencias del neoplatonismo florentino y sus nociones de correspondencia universal: ‘el mundo se concibe como una red de correspondencias secretas, de simpatías y aversiones ocultas, como un juego de espejos que se responden, como un diálogo de estrella a estrella, y entre las estrellas y el hombre’.23

Abarcamos el estudio de los manuales geománticos altomodernos,24 casi por completo inexplorados hasta la fecha, en el capítulo I.4. Consideramos que, para entender los textos literarios en el momento de su producción, resulta imprescindible analizar este corpus y delimitar las dimensiones conceptuales, religiosas y filosóficas de la geomancia según aquellos que la practicaron y textualizaron. Este enfoque nos ayuda a entender mejor los modos de la transmisión y difusión de estas obras25 que, a veces, nos permiten hacernos una idea de las dimensiones ←16 | 17→prácticas de la geomancia por ofrecer ejemplos concretos de lecturas geománticas ilustradas que proporcionan evidencia de la implementación de la técnica y los temas por los que fue consultada en los siglos XVI y XVII.

Los manuales geománticos, y especialmente sus paratextos, dialogan intensamente con aquellos escritos de fines de la Edad Media y principios de la Modernidad que, como los escritos de índole teológica o tratados antisupersticiosos principalmente, presentan una mirada crítica sobre la geomancia a causa del determinismo en el que, según estos textos, esta técnica se fundamenta, poniendo en duda el dogma del libre albedrío. En Francia contemporáneamente se siguen alzando las voces en contra de la geomancia y, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, se multiplican los manuales geománticos impresos, toda vez que la astrología y las prácticas adivinatorias nunca dejaron de disfrutar de prestigio hasta en la Corte. Recuérdese que Catarina de Medici, por ejemplo, hizo venir a famosos astrólogos como el florentino Cosimo Ruggieri o, en 1555, al provenzal Michel de Nostradamus.26 Incluso en la España postridentina, los textos geománticos, en particular los impresos franceses, siguen gozando de una enorme popularidad, aunque quedasen explícitamente prohibidos a finales del Seiscientos. En el umbral del siglo XVII, teólogos como Martín del Río siguen viendo la necesidad de centrar su mirada crítica en las artes aludidas. Los escritos demonológicos y antisupersticiosos constituyen la base textual del estudio que emprendemos en los capítulos II. 1 (Edad Media) y, sobre todo, II.2 (temprana Edad Moderna), junto con otros textos como los difícilmente clasificables escritos de Agrippa von Nettesheim.

Es a partir de este corpus heterogéneo desde donde nos acercamos, finalmente, al análisis de las ficcionalizaciones de la geomancia y artes afines en la pentalogía renacentista de François Rabelais (capítulo III.1) y los Sueños y discursos barrocos de Francisco de Quevedo (capítulo III.2), sin olvidar el contexto histórico-cultural, religioso y político específico de cada uno de los dos autores. De acuerdo con Kellner et al. (2011), partimos de la idea de que los textos literarios no solo representan una suerte de ‘archivo’, en el que se conserva el saber de un momento dado y que puede adquirir hasta un valor enciclopédico; también ←17 | 18→entendemos la literatura en su dimensión dinámica, que no solo ‘absorbe’ distintos conocimientos, sino que también los transforma, tanto estética como conceptualmente, por ejemplo, confirmando o refutándolos. En este sentido nos centraremos tanto en la función narrativa de la ficcionalización de las prácticas mánticas y las estrategias literarias empleadas como en la motivación, la función y el alcance de las censuras literarias de la geomancia. El estudio de esta técnica y sus distintas textualizaciones y ficcionalizaciones reúne, por lo tanto, multitud de disciplinas distintas como pueden ser la historia de la religión, la historia de la filosofía, la historia de la ciencia y la historia de la literatura,27 siendo el enfoque filológico el principal en el presente trabajo interdisciplinario y comparatista.

Ilustración 1: Las dieciséis figuras geománticas, según Cattan (1577: 14v). Forschungsbibliothek Gotha, Universität Erfurt, Math 4° 559/2

Ilustración 2: Las figuras geománticas y sus signos zodiacales, según Cattan (1577: 37v). Forschungsbibliothek Gotha, Universität Erfurt, Math 4° 559/2

Ilustración 3: Las doce casas astrológicas, según Cattan (1577: 39v). Forschungsbibliothek Gotha, Universität Erfurt, Math 4° 559/2

Ilustración 4: La construcción de las figuras madres, según Cattan (1577: 11v). Forschungsbibliothek Gotha, Universität Erfurt, Math 4° 559/2

Ilustración 5: Tabla geomántica ‘simple’ o convencional, según Cattan (1577: 14r). Forschungsbibliothek Gotha, Universität Erfurt, Math 4° 559/2

Ilustración 6: Figura geomántica astrológica, según Cattan (1577: 40r). Forschungsbibliothek Gotha, Universität Erfurt, Math 4° 559/2

←23 | 24→←22 | 23→←21 | 22→←20 | 21→←19 | 20→←18 | 19→←24 | 25→

3 Citamos de la clásica edición de Sudhoff (1922–1933) de las obras completas de Paracelso, disponible en línea: https://nbn-resolving.org/urn:nbn:de:gbv:084-11033015194 (consultado el 27.11.19). Esta edición del Liber de imaginibus es reproducida también en Möseneder (2009: 196–208).

4 El propósito de Paracelso es el de demostrar el ‘poder y la virtud y el efecto maravilloso de las imágenes’ («kraft und tugent und wunderbarlichen wirkung der bilder», 1922–1933: XIII, 361), capaces de revelar todas las cosas ocultas, futuras, presentes o pasadas («durch bilder ist müglich alle ding zu lernen, propheceien und weissagen, von vergangnen, gegenwertigen und zukünftigen dingen, alein durch bilder und figuren, 1922–1933: XIII, 364). De ahí la necesidad de enseñar todas las artes tanto por imágenes como por los textos escritos («also mag man auch alle künste lernen und anzeigen durch bilder, als wol als durch schriften und bücher», 1922–1933: XIII, 364). Para ‘Paracelso y las imágenes’ véase Möseneder (2009), para el Liber de imaginibus en particular (2009: 71–162). Como señala Möseneder (2009: 71), este breve tratado fue redactado como muy temprano en 1529 y durante un periodo en el que Paracelso se hallaba en Núremberg, aunque la obra no fue publicada hasta tres décadas después de la muerte del autor, en 1572, y como parte del compendio Archidoxorum: Deß Hochgelehrten vnd weit berümptesten Herren D. Theophrasti Paracelsi X. Bücher (Basilea: Pietro Perna). Como recoge el citado Möseneder (2009: 79), según Paracelso las pinturas sirven para demostrar que solo un buen astrónomo o ‘mago’ es capaz de interpretar rectamente las imágenes como fue el caso también de los alquimistas medievales como Hermes Trismegisto y Geber.

5 La inscripción del retrato reza: «E[FFEGIES] IOAN[N]I KLEEBERGERS NORICI AN[N]O AETA[TIS] SVAE XXXX». El retrato se conserva en la actualidad en el Museo de Historia del Arte de Viena: www.khm.at/de/object/eb6fdc36b2/ (consultado el 26.11.19). Véase para este retrato Jacobsen & Burdell Thurman (1991).

6 Para ‘la historia y la leyenda’ de Johann Kleeberger (o ‘Jean Cleberger’), véanse Vial (1914) y las notas biográficas de Kellenbenz (1977), disponibles en línea: https://www.deutsche-biographie.de/pnd135806046.html#ndbcontent (consultado el 26.11.19).

7 Se trata de la ‘rue Cléberg’ y una estatua situada en la antigua ‘Place de l’Homme de la Roche’, en la ‘Pierre Scize’, un barrio del ‘Vieux Lyon’ o casco medieval y renacentista de la ciudad. Esta estatua de piedra data de 1849 y sustituye a la inicial de madera, que fue destruida con el tiempo y que hacía llevar al representado una bolsa como símbolo de su beneficencia. Véase al respecto Vachet (1902: 142–144).

8 Así leemos en La Petite revue lyonnaise, ou Fanchon la vielleuse à Lyon, comédie-vaudeville impromptu en 1 acte (1811) del dramaturgo francés Emmanuel Dupaty (1775–1851), que fue representada en Lyon, en el ‘Théâtre des Célestins’ en noviembre de 1811 e impresa en el mismo año en París (M.me Masson): «(La Vieille) Si vous voulez absolument vous marier, allez trouver l’Homme de la Roche, c’est lui qui marie toutes les filles» (1811: 62).

9 Para los cuadrados mágicos, de los cuales también se ocupaba el médico y filósofo alemán Agrippa von Nettesheim, uno de los ‘protagonistas’ del presente trabajo, véase Sallman (2006: 165–168), quien explica: «Objets d’études pour les mathématiciens et puissants vecteurs pour les magiciens, les carrés magiques sont, strictu sensu, des carrés dans les cases desquels se succèdent des nombres entiers choisis de façon que la somme de chacune des lignes, de chacune des colonnes et des deux diagonales principales soit identique. […] Dès l’origine, les carrés magiques furent étroitement liés à la volonté des hommes d’apprivoiser les forces surnaturelles ou de se donner accès au monde secret. […] Carrés magiques et planètes étaient associés […], les tares et les qualités de chacune d’entre elles leur étant attribuées. Les carrés planétaires ainsi constitués étaient utilisées en tant qu’amulettes […]. Selon Agrippa, le “carré de Jupiter” permettait, lorsque la tablette sur des lamelles d’argent, d’obtenir richesses, amour, paix et concorde, honneurs et prestiges enfin». Y, respecto al grabado Melancolía I, señala: «Albrecht Dürer ne s’expliqua jamais sur la présence de ce carré. Peut-être faut-il y voir une allusion au fait que Jupiter était censé combattre l’influence de Saturne, traditionnellement associé l’humeur mélancolique» (Sallman 2006: 169). En cuanto a la creencia en las correspondencias astrológicas por parte de Paracelso y Dürer, entre otros, véase Rebel (1990: 51): «Wenn Dürer, Agrippa von Nettesheim, Paracelsus oder sogar Melanchthon von astralen Einflüssen sprechen, denken sie an kein konkurrierendes, sondern synthetisches Verhältnis zwischen göttlichen und astralen Prägemächten».

10 Véase Rebel (1990: 62–67), quien explica la iconografía de este ‘enigma geomántico’ y propone una lectura de este acudiendo a los escritos de Agrippa von Nettesheim.

11 Cabe destacar que, desde un punto de vista combinatorio, el número total de las figuras geománticas no puede superar el de dieciséis figuras (42 = 16), doce de las cuales son gráficamente simétricas dos a dos y tienen significados opuestos, mientras que las cuatro restantes presentan significados más bien complementarios. Para un análisis ‘formal’ de las figuras y las probabilidades de su combinación dentro del sistema cuya formación explicaremos enseguida, véanse los trabajos de Jaulin (1966), (1968) y (1971).

12 Véase la ilustración 1: Las dieciséis figuras geománticas, infra.

13 Esta característica en ocasiones se deduce fácilmente del nombre de la figura; tristita, por ejemplo, generalmente significa tristeza, dolor, enfermedad, derrota, pérdida, luto, pena y dificultades de todo tipo.

14 Véase la ilustración 2: Las figuras geománticas y sus signos zodiacales, infra.

15 Véase la ilustración 3: Las doce casas astrológicas, infra.

16 Augusto se servía excesivamente de la geomancia como técnica que le ayudaba a tomar decisiones estratégico-políticas, sobre todo a partir de los años 1570. En la ‘Sächsische Landesbibliothek – Staats- und Universitätsbibliothek Dresden’ se conserva un número considerable de aproximadamente 50 manuscritos geománticos del Príncipe elector.

17 Puesto que los procedimientos técnicos básicos de la geomancia son más o menos “universales”, seguimos aquí la excelente síntesis que nos ofrece Villuendas Sabaté (2012: 2–6) al introducir su estudio de los tratados geománticos judeo-árabes de la Gueniza de El Cairo. No es menester recordar que a la hora de profundizar en los manuales geománticos altomodernos señalaremos las particularidades que presenta cada uno ellos y que, más que a los aspectos técnicos de creación de una tabla o un tema geomántico, atañen a su lectura o interpretación.

18 Con todo, no se le debe atribuir el ‘papel revelador’ completo porque resume la respuesta de una manera muy general y sin indicación de los factores o detalles que deben considerarse para entenderla.

19 En casos dudosos, se forma una decimosexta figura, el superjuez o ‘resultado del resultado’, conjugando los puntos del juez y los de la primera madre.

20 Véanse las ilustraciones 5 (tabla geomántica ‘simple’ o convencional) y 6 (figura geomántica astrológica), infra.

21 Obviamente, habrá que diferenciar entre las distintas disciplinas (astrológicas y adivinatorias) porque la actitud que muchos humanistas adoptan hacia ellas es muy equívoca: «many humanists (including Ficino and Pico, both ambivalent in their attitudes toward astrology) denounced divination, astrology, and other occult practices, in part due to pressure from the Church» (Zegura 2017: 610).

22 Véase Pearl (1982: 541).

23 Delumeau (1967: 489).

24 Aunque pueda sorprender, hasta hoy día se siguen publicando manuales geománticos, muchos de los cuales se hallan en una ‘zona gris’, combinando instrucciones técnicas e interpretativas con estudios de los textos transmitidos. Señalemos solo algunos de estos textos contemporáneos: la Geomancia castellana de Néstor Genta (1980), los manuales ingleses de John Michael Greer (1999), (2005) y (2011), así como las geomancias francesas de Rémy T. Hounwanou (2012), Michel Jaccard (2013) y Guy Michel Arend (2016).

Details

Pages
364
ISBN (PDF)
9783631831298
ISBN (ePUB)
9783631831304
ISBN (MOBI)
9783631831311
ISBN (Hardcover)
9783631818503
Language
Spanish
Publication date
2020 (September)
Tags
Geomancia saberes ocultos heterodoxia literatura altomoderna sátira menipea
Published
Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Warszawa, Wien, 2020. 364 p., 1 il. en color, 8 il. blanco/negro.

Biographical notes

Hannah Schlimpen (Author)

Hannah Schlimpen estudió Filología Hispánica y Francesa en la Universidad de Trier, donde posteriormente realizó su Tesis doctoral en Filología Románica (Literatura Española y Francesa), en el marco de un proyecto financiado por la Fundación Alemana para la Investigación Científica (DFG) y en cotutela con la Universidad de Salamanca.

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