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La neología en las lenguas románicas

Recursos, estrategias y nuevas orientaciones

by Joaquín García Palacios (Volume editor) Goedele De Sterck (Volume editor) Daniel Linder (Volume editor) Nava Maroto (Volume editor) Miguel Sánchez Ibáñez (Volume editor) Jesús Torres del Rey (Volume editor)
Edited Collection 384 Pages

Table Of Content


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A modo de Prefacio

Afirmar que hay pocos textos nuevos no es ninguna novedad. Tampoco lo es señalar la dificultad de encontrar un texto en el que no se hallen huellas de aquellos que lo precedieron, de los textos con los que se conecta en una intrincada red de relaciones explícitas e implícitas. El texto que ahora estamos presentando no es ninguna excepción. Es más, nace con el orgullo de ser prolongación de otros dos libros que tuvieron su origen en Barcelona y São Paulo, respectivamente. Aquellas dos obras fueron frutos tangibles que perduraron tras sendos congresos sobre neología en las lenguas románicas que se celebraron en esas dos ciudades en 2008 y 2011. Esta que ahora tienen ante sus ojos se originó en el congreso que sobre el mismo tema se celebró en Salamanca en octubre de 2015.

No queremos por tanto plantear como original un tema que ya ha sido el eje articulador de otros libros anteriores y que, además, va teniendo un recorrido importante en la investigación sobre neología no solo por las tres primeras ediciones de ese congreso, sino también por otras muchas actividades que han tenido lugar en los países de lenguas neolatinas en los últimos cuarenta años1. Tampoco es nuestra intención abonarnos sin más a lo que es diferente amparándonos en el escudo de la novedad.

Los estudios sobre los neologismos y la neología nos conducen irremediablemente a determinados asuntos relacionados con las palabras nuevas que llevan planteándose desde siempre, en todos los lugares y en todas las lenguas. Porque todas las lenguas vivas, en todos los momentos de su historia, tienen que renovarse para poder responder a los retos denominativos que les plantea la evolución de la sociedad y el avance del conocimiento. Con el fin de responder a los retos de la innovación que en el período renacentista significaron los avances en la ciencia aplicada, y de afianzarse también como lengua para la comunicación científica frente a la anterior exclusividad del latín, el español tuvo que activar todos sus recursos para la renovación de su léxico. Ya fuese en tratados de arquitectura, hidrografía, navegación o geometría, por poner unos cuantos ejemplos2. Y lo hizo ← 7 | 8 → valiéndose en unos casos de los recursos propios para la formación de nuevas unidades léxicas, en otros traduciendo términos de otras lenguas, en algunos más recurriendo a la importación y adaptación de términos venidos de otros sistemas lingüísticos.

Todas las lenguas han de responder también a la creación y a la modificación consciente, se realice esta o no, con voluntad de perdurar. Todas se ponen a disposición de sus hablantes para ser el cauce que posibilite sus ansias de expresión, que les permita acometer con garantías lo que quieren decir, transmitir o sugerir.

Parece por tanto muy adecuado poner nuestro esfuerzo al servicio de una obra más que va a servir de vehículo para la comunicación de lo que se está trabajando en estos momentos en torno a los neologismos, especialmente en las lenguas románicas. Y procede hacerlo también en un contexto de orden extralingüístico que afecta sobremanera a la neología. Las palabras de las editoras del volumen del primer CINEO cobran un vigor especial en unos momentos como los actuales, que son una vez más de movimientos de personas y de pueblos; nos sirven también para ubicar el entorno en que queremos movernos con este libro. Por eso las hacemos nuestras y nos atrevemos a traducirlas desde el catalán:

Queremos que nuestro acercamiento a la neología se entienda también desde esa perspectiva de respeto y comprensión de las realidades lingüísticas. Neología relacionada con el mestizaje, con el necesario intercambio fruto del contacto entre los pueblos y entre las lenguas. Neología que es fruto así mismo de ese multilingüismo, de ese contacto necesario entre lenguas que normalmente lleva a su enriquecimiento, que amplía el caudal de las lenguas respectivas, que amplifica las posibilidades de quienes son sus hablantes.

La selección de artículos que hemos realizado para este libro se ha basado en la interrelación de dos criterios, el de la calidad de su contenido, en primer lugar, y además en el hecho de que fuesen fieles representantes de la variedad de aproximaciones que se hacen al estudio de la neología en el momento actual. Desde las corrientes de índole teórica a los planteamientos más prácticos acerca de la detección de neologismos, desde los estudios de orientación diacrónica a ← 8 | 9 → los de corte más bien sincrónico y orientación gramatical, desde una perspectiva monolingüe a los que hacen gala de un planteamiento globalizador, o desde los enfoques más tradicionales a los que tienen como base la innovación. La unión de todos ellos en este libro nos permite pensar en haber conseguido un volumen variado en el que van enlazándose todos esos enfoques. Un amplio abanico de aproximaciones que, sin embargo, en ningún momento ha pretendido ser un catálogo de todas las orientaciones que existen en los estudios sobre la neología.

Nos contentamos con haber reunido en esta obra una buena muestra de artículos escritos en distintas lenguas sobre lo que se está haciendo en el estudio y el trabajo sobre la neología y los neologismos de las lenguas románicas. Su carácter limitado nos ha impedido añadir otros artículos de investigadores igualmente representativos de este tipo de estudios. Pero creemos que lo que hemos recogido aquí bien vale el trabajo realizado para llegar a esta selección y acometer su publicación.

El libro se inicia con un texto de carácter introductorio que no está relacionado con ninguno de los que le siguen, pero que a la vez lo está con todos ellos. África Vidal entona en su artículo una oda a las palabras como entidades vivas, y por tanto complejas, unidades recubiertas de todos los ruidos y resonancias que les acompañan en cada una de sus existencias, en cada uno de los textos en que aparecen. Esas palabras, nunca inocentes, cargadas de significados y de sugerencias, se convierten en el centro de un artículo que gira en torno al sentido del lenguaje novedoso con que vamos construyendo nuestra realidad.

De signo muy distinto es el artículo con el que comenzamos los estudios propiamente dichos sobre la neología. Teresa Cabré da un paso más en sus reflexiones sobre la construcción de una teoría sobre los neologismos que está pidiendo a gritos un hueco entre las disciplinas científicas de corte semiótico. Desde la experiencia de quien ya ha construido una teoría sobre los términos, plantea los principios y parámetros que deben regir necesariamente cualquier intento de tipo teórico ante un objeto de estudio caracterizado por una extremada complejidad.

Si la ciencia se rige por algo ha de ser sin duda por aceptar el conocimiento ya demostrado, y no seguir simplemente la tiranía de las ideas preconcebidas. En ese sentido el texto de Jean-François Sablayrolles constituye un homenaje al proceder científico, habida cuenta de que en él se cuestionan algunas de las ideas más comúnmente aceptadas como axiomas en neología y se insiste en la necesidad de replantearse el estudio de la neología sin dar por hecho ningún supuesto, por antiguo que sea o aceptado que esté.

La profesora Gloria Guerrero hace a continuación una revisión de los métodos utilizados en el reconocimiento y la detección de neologismos, concluyendo en la necesidad de revisar no solo esos métodos, sino también el propio concepto ← 9 | 10 → de neologismo, que según ella debería basarse en análisis más cualitativos que cuantitativos. En esa revisión señala las limitaciones que tienen los métodos de detección de neologismos basados en un corpus de exclusión, y aboga por las líneas de investigación que vuelven a priorizar el sentimiento neológico tanto de emisor como de receptor.

También siguen Pascaline Dury y Aurélie Picton ese camino del cuestionamiento de lo establecido bajo la lógica del estudio y del sentido común. En su artículo, y desde una perspectiva diacrónica (diachronie courte la llaman), se analiza la capacidad de las instituciones normativas francesas para proponer y difundir neologismos oficiales como alternativas a los préstamos procedentes del inglés. Para entender el comportamiento de las unidades estudiadas siguen un planteamiento que contempla una complejidad que observan tanto en el uso de los hablantes como en la variación terminológica o en el peso de la connotación.

El recorrido por distintos acercamientos a los neologismos y la neología se centra, en el caso de Carmen Varo, en los modelos de procesamiento neurocognitivo de los neologismos formales y semánticos. Insiste además en la necesidad de una formulación dinámica del significado de las palabras que contemple los principales procesos neurocognitivos participantes en el procesamiento de la información léxica por parte del individuo, junto a estrategias como el enriquecimiento pragmático, la focalización dinámica y el análisis frecuencial, implicados en la construcción e interpretación de nuevos significados.

Por su parte Giovanni Adamo y Amor Montané llevan a cabo el análisis y caracterización de un grupo de unidades neológicas que aparecen de manera simultánea en distintas lenguas como consecuencia de la globalización actual. El estudio contrastivo de esos internacionalismos en italiano, español y catalán les lleva a contemplar la importancia del calco léxico en la acuñación de nuevas unidades y a confirmar la validez de las unidades neológicas encontradas en la prensa escrita siguiendo el criterio lexicográfico de exclusión como punto de partida para dar con internacionalismos.

La aproximación a ejemplos concretos lleva a Najet Boutmgharine Idyassner y John Humbley a abordar el estudio de la adopción y la adaptación de «class action», concepto y término procedentes del ámbito jurídico estadounidense, —en cuatro comunidades de lengua francesa (Quebec, Francia, Bélgica y Suiza) y en España—. Su análisis revela que para describir la variación de un término neológico como este es necesario completar el análisis del corpus inicial de textos periodísticos con otros formados por textos legislativos y documentos redactados por juristas.

El paso siguiente en este recorrido por los neologismos y la neología desde distintas perspectivas lo da ahora José Carlos de Hoyos con un artículo también sobre un ejemplo concreto (la unidad empresario en el español de los siglos XVIII ← 10 | 11 → y XIX), lo que le permite mostrarnos un acercamiento diacrónico en el que se sirve tanto de los factores lingüísticos como de los extralingüísticos, pues unos y otros contribuyen a la incorporación, la difusión y el éxito de ese neologismo en español.

Albert Morales analiza en su artículo los mecanismos neológicos empleados en varios textos legislativos, y la manera en que el carácter normativo de esas fuentes influye en la creación de léxico especializado. Organiza los neologismos formales y semánticos extraídos y analiza el comportamiento y los distintos procedimientos de inserción de estas unidades en los textos, entre los cuales son muy importantes las definiciones que con frecuencia acompañan a los términos de nuevo cuño en los textos legislativos.

A continuación, Micaela Rossi toma como eje de su artículo la metáfora en cuanto mecanismo neológico. Analiza las tipologías y los rasgos generales más destacados tanto en la creación como en la traducción de los neologismos terminológicos de carácter metafórico. Y lo hace según una perspectiva tanto cognitivo-comunicativa como sociodiscursiva e ideológica, en la que cobran gran relevancia el papel y el estatus del usuario y emisor, la relación entre las realidades conceptuales origen y meta, así como sus contrastes culturales e ideológicos, las necesidades comunicativas o las políticas nacionales de reafirmación lingüística.

Desde un acercamiento muy diferente, pero igual de acertado que el anterior, Andreína Adelstein y Julieta Straccia estudian la importancia del elemento semántico en la creación de nuevas subclases nominales dentro de los nombres abstractos. Se basan para su investigación en el modelo del Léxico Generativo y prestan atención a los elementos contextuales que favorecen la generación de neología semántica en las unidades estudiadas.

En el siguiente artículo Mercè Lorente se fija especialmente en los verbos de naturaleza neológica formados por conversión en catalán y castellano. Con los datos obtenidos del Observatori de Neologia y de sus diversas redes, lleva a cabo una descripción exhaustiva y una clasificación rigurosa de las formas verbales neológicas encontradas. Muestra así mismo cómo la conversión sintáctica es más productiva que otros recursos de formación neológica verbal, y da cuenta también de los signos que evidencian la gran influencia que tiene del inglés.

La variación entre las unidades neológicas polilexemáticas utilizadas para denominar la gripe durante dos de los brotes pandémicos mundiales en los siglos XX y XXI en la prensa internacional y en España es el tema central del artículo de María Belén Villar Díaz. En él estudia las denominaciones de esa enfermedad cuando surge en dos momentos históricos diferentes, y extrae conclusiones muy pertinentes acerca de las estrategias discursivas utilizadas en esos dos momentos para llevar a cabo las denominaciones novedosas de la enfermedad. ← 11 | 12 →

Las aproximaciones a cuestiones comunicativas del momento actual, en las que la aparición de neologismos resulta crucial, son el hilo conductor de los tres artículos que aparecen a continuación.

Mathieu Roche, Bertrand Verine, Cedric Lopez y Rachel Panckhurst exploran en su artículo algunos aspectos relacionados con la neografía en la escritura de SMS (eSMS) a partir del análisis de un corpus de mensajes de texto compuesto por más de 88000 mensajes en francés (88milSMS). La creatividad que tiene su reflejo en variantes gráficas que se alejan de la lengua estándar, a menudo de forma deliberada y lúdica, se estudia basándose en la tipología de prácticas escriturales recogida en trabajos anteriores, que aquí se aplica a los mensajes contenidos en el corpus.

Mediante una serie de ejemplos y de resultados preliminares, Ona Domènech documenta y justifica con su investigación la gran utilidad que tiene actualmente Twitter como fuente de vaciado y análisis de neologismos, en particular en la lengua catalana. Se compara con otras iniciativas de vaciados manuales y automáticos de artículos de medios de comunicación de gran difusión que ha llevado a cabo el Observatorio de Neología, y se presentan los rasgos más destacados de dichos neologismos, relacionados con la inmediatez, el contacto con el inglés, la síntesis expresiva, la completud del mensaje o la vitalidad del lenguaje informal.

Desde una perspectiva distinta, Beatriz de la Fuente hace un repaso al fenómeno neológico español procedente del formante «crowd-» en inglés, que presenta una gran diversidad denominativa. Se estudian en particular los casos de «crowdfunding» y «crowdsourcing» a partir de un vaciado realizado durante varios años. Se tienen en cuenta las diferentes acepciones que presentan en sus numerosos usos derivados de la era de internet, y se realiza una propuesta de normalización en español tanto de los hiperónimos como de sus hipónimos.

La novedad tecnológica que representa una nueva herramienta que ayuda en el trabajo a quienes nos dedicamos a seguir el pulso de las palabras nuevas de una lengua, se pone de manifiesto en el último de los artículos. En él C. Gérard, L. Bruneau, I. Falk, D. Bernhard y A.-L. Rosio presentan el observatorio de innovaciones léxicas en francés contemporáneo denominado Logoscope. Se trata de una herramienta de extracción semiautomática de nuevas unidades léxicas a partir del rastreo diario de la prensa general francesa. La principal novedad de este extractor radica en que no solo propone los candidatos a neologismos y sus contextos lingüísticos, sino que asiste al investigador en el análisis cualitativo y cuantitativo de los candidatos. Así, la interfaz de la herramienta que se presenta permite la elaboración de análisis estadísticos y la detección de la temática del texto, entre otras funciones novedosas. ← 12 | 13 →

El libro concluye con un artículo colectivo que en buena manera supone un resumen de la mesa redonda con la que el III Congreso Internacional de Neología en las Lenguas Románicas dio voz a representantes académicos de siete lenguas románicas (catalán, español, francés, gallego, italiano, portugués y rumano) con el fin de tomar el pulso a la vitalidad de los procedimientos neológicos en las lenguas románicas y tantear en esta nueva ocasión la posibilidad de actuar de una manera coordinada entre estas lenguas. El repaso por la trayectoria neológica y las actividades relacionadas con los neologismos en sus respectivas lenguas dio pie a Giovanni Adamo, Ieda M. Alves, Teresa Cabré, Xosé M. Gómez Clemente, John Humbley, Carmen Sánchez Manzanares y Cristina Varga para exponer su visión sobre esos asuntos guiada por la experiencia de su trabajo e investigaciones, pero también por el rasero de sus matizaciones personales.

No queremos que estas páginas introductorias terminen sin los agradecimientos a quienes han contribuido de una u otra manera para que este libro haya podido realizarse y ver la luz en las buenas condiciones en que ahora lo presentamos.

A quienes ofrecieron sus textos para esta publicación. Todos se sometieron al rigor de una selección concienzuda, pero los límites espaciales impidieron recalar entre estas páginas a otros muchos artículos que también habrían honrado a este libro. A los autores presentes con sus artículos y a los que no han podido estar, a todos gracias.

A las instituciones que han confiado en nuestro proyecto y han posibilitado con su contribución que un desiderandum se haya convertido en tinta impresa. A la Universidad de Salamanca, y especialmente a su Departamento de Traducción e Interpretación y su Facultad de Traducción y Documentación. A la Délégation générale à la langue française et aux langues de France (DGLFLF), también gracias.

Y así mismo a las instituciones que con el apoyo a nuestra investigación nos han permitido dedicar tiempo y esfuerzo a la preparación de este texto. A la Junta de Castilla y León y al Ministerio de Economía y Competitividad español4, finalmente, gracias.

Entre las ciudades de Salamanca, Aranjuez y Santander, en junio de 2016

Los editores


1 Tomamos este período de tiempo como referencia por haberse publicado en 1975 una de las obras que seguimos considerando como fundamentales para el estudio de la neología, La créativité lexicale de Louis Guilbert.

2 Véase Mancho, María Jesús. «La divulgación científica y técnica en castellano en la época de Cervantes». Becedas González, Margarita (ed.) La ciencia y la técnica en la época de Cervantes. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2005, pp. 17–49.

3 Cabré, María Teresa et al. (eds.) Actes del I Congrés Internacional de Neologia de les Llengües Romàniques. Barcelona: IULA, 2010, p. 17.

4 Apoyo al proyecto NeoUSAL II. Mecanismos de generación neológica y actualización léxica del español a través del estudio de la prensa castellanoleonesa, Junta de Castilla y León (SA274U13), y al proyecto NeuroNEO. Regulación de los procesos neológicos y los neologismos en las áreas de Neurociencias, Ministerio de Economía y Competitividad (FFI2012-34596).

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Ma Carmen África Vidal Claramonte

(Universidad de Salamanca)

Las palabras y el desierto de lo real1

Resumen: Se entona una oda a las palabras y al lenguaje como entidades «vivas», complejas pero ineludibles, inescapables pero fluidas; unos materiales que se componen de mucho más que significante y significado, y que están recubiertos de los ruidos, las melodías y las resonancias de otras vidas, otros textos, otras palabras, y de nosotros mismos y nuestra mirada; unos instrumentos de poder y re-presentación que aluden a muchas realidades diversas, o a ninguna en realidad: al desierto de lo real. Sabiendo lo que sabemos, por lo tanto, hemos de prestar atención a cómo otros nos representan la realidad a través de palabras distintas, a menudo desprovistas o enmascaradoras de significados, antiguos o nuevos; a la manera en que las «realidades universales» son deliciosamente «impuras» por estar mediadas por el lenguaje, con todos sus ruidos y melodías culturales; a la forma en que la traducción debe mostrarse atenta a la falsa inocencia de las palabras; y a cómo la asimetría de las lenguas también se refleja en la «necesidad» de traducción o de no traducción, cuando entender los significados no es siempre lo esencial, sino que se utilizan las palabras como armas de connotación y evocación estética. Las palabras y el lenguaje, en definitiva, son a la vez instrumentos de sometimiento y de libertad, con las que construimos, siempre provisionalmente, nuevas realidades y utopías.

Lenguaje no inocente; poder; representación de la realidad; traducción; relativismo; contexto; cultura; medios de comunicación; relación asimétrica entre las lenguas; subjetividad; connotación

…habría que volver … al hecho de que el lenguaje es el misterio que define al hombre, de que en éste su identidad y su presencia histórica se hacen explícitas de manera única. Es el lenguaje el que arranca al hombre de los códigos de señales deterministas, de lo inarticulado, de los silencios que habitan gran parte del ser. Si el silencio hubiera de retornar a una civilización destruida, sería un silencio doble, clamoroso y desesperado por el recuerdo de la Palabra. (George Steiner 1990 [1976], 18)

Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, porque creo que es ahí donde debe de estar, hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. ← 15 | 16 → Seguro que es algo parecido a las estanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar dónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. Hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua de los jarrones de flores. Dicho de otro modo, tú deberás vivir hasta el fin de tus días en tu propia biblioteca. (Haruki Murakami 2006, 57)

En su ya clásico ¿Qué significa hablar? Pierre Bourdieu afirma con toda rotundidad que no hay palabras neutras ni inocentes, que los adjetivos que consideramos más corrientes y que utilizamos todos, de una manera supuestamente universal, están revestidos de sentidos diversos según las diferentes ideologías de los hablantes. Para él la lengua puede decirlo todo, todo se construye a través de la lengua, pero el intercambio social mediante las palabras no es gratuito ni ingenuo sino que se produce a través de la relación simbólica de fuerzas entre los agentes del discurso, de discursos que según él no tienen como único objetivo ser comprendidos y descifrados sino que también son signos de autoridad destinados a ser creídos y obedecidos (Bourdieu 2008 [1985], 40). Sin duda, la relación entre las palabras y las cosas se manifiesta a través de los signos, pero también en que los signos son muy diferentes y pueden manipular la realidad.

Cabe recordar que no sólo la sociología o la lingüística sino también otros campos como el arte han utilizado el lenguaje para acceder a distintas versiones de la realidad. Así, ya los cubistas se empeñaron en mostrar la existencia en todas sus caras a la vez, aunque sería Magritte quien mejor planteara en sus cuadros la relación entre el lenguaje como sistema de comunicación y su adaptación al mundo empírico. En Esto no es una pipa relacionamos inevitablemente el texto con el dibujo, pero al mismo tiempo sabemos que existe una contradicción entre la palabra y el objeto pintado. El problema de la representación es, pues, fundamental, porque refleja toda una serie de conceptos y problemas filosóficos que han presidido el siglo XX y que siguen estando en la base de toda la argumentación filosófica del siglo XXI: por ejemplo, nos hace conscientes de que no es la realidad la que crea el lenguaje sino a la inversa; que lo real por sí mismo no existe, que lo real es aquello que nos llega una vez re-presentado a través de signos de cualquier naturaleza. Bienvenidos, pues, al desierto de lo real.

La frase está tomada del libro Cultura y Simulacro de Jean Baudrillard. En ese libro, Baudrillard insiste en la diferencia entre lo real y la realidad, o mejor las realidades, a través de las cuales cada uno entiende lo real. Lo real tiene su representación en la realidad, y esa representación la hacemos cada uno a través de los signos que elegimos en función de nuestra visión del mundo.

Ya desde las primeras páginas de ese ensayo, el autor reflexiona sobre el hecho de que algo ha cambiado en la época contemporánea, esa época de la ligereza como la llama Gilles Lipovetsky en su último ensayo (2016), esa época que es ligera porque ← 16 | 17 → se ha esfumado la diferencia entre el mapa y el territorio, la diferencia que producía simultáneamente la poesía del mapa y el embrujo del territorio, la magia del concepto y el hechizo de lo real. La curvatura del espacio ha liquidado los referentes y ha suplantado lo real por los signos de lo real, subraya Baudrillard. Y de esto precisamente se lamenta profundamente George Steiner al comienzo de Presencias reales cuando se pregunta por qué, después de Copérnico, seguimos diciendo la frase «El sol sale por el este». ¿Puede seguir el sol saliendo por el este después de haber sido sustituido el modelo ptolomeico por el copernicano? En nuestro vocabulario y en nuestra gramática se asientan metáforas vacías y gastadas figuras retóricas que están firmemente atrapadas por los andamiajes y recovecos del habla de cada día. Y de algo parecido se queja Umberto Eco cuando reflexiona sobre la frase «te quiero». En sus Apostillas al Nombre de la rosa, Eco se fija en que hoy en día ya no es posible que un hombre le diga a una mujer «te quiero» con inocencia porque él sabe que ella sabe y que ella sabe que él sabe que esas palabras contienen tanto ruido que apenas significan. Para Eco, la única solución sería decir: «Como dice Corín Tellado, te quiero», y de esa manera se habría evitado la falsa inocencia y sin embargo ambos habrían conseguido hablar de amor una vez más.

¿Cómo construimos la realidad compartida en la que habitamos? Antes de responder a esta pregunta pensemos en lo siguiente: ¿La construimos o nos la construyen? ¿Será posible que de alguna forma estemos viviendo una realidad construida por otros? En ese caso ¿Por quiénes? La construcción de la realidad es poder, entonces ¿Quiénes tienen el poder para hacernos ver la realidad «inter-objetiva» que vemos? ¿Qué sucedería si nos dejáramos llevar por la realidad que nos muestran los medios?

Seguramente ya habrá adivinado el lector quién está detrás de esta diferenciación entre lo real y la realidad que comenta Baudrillard: es Borges, claro, el gran Borges, quien en su conocido cuento sobre el mapa y el territorio nos advierte de que el mapa nunca coincide con el territorio. Es decir, que lo real nunca coincide con su representación. Pero no sólo Borges y después Baudrillard: a lo largo de la segunda mitad del siglo XX fueron muchos los autores que, desde el post-estructuralismo, reflexionaron sobre el desierto de lo real. Por ejemplo, en su magnífico libro titulado Representing Reality, Jonathan Potter entiende que hay dos maneras de representar la realidad a través del lenguaje. La primera utiliza la metáfora del espejo: explica la representación de la realidad considerando que el lenguaje es un instrumento fiable (Potter 2008 [1996], 97) que refleja cómo son las cosas a través de descripciones y representaciones. La segunda, en cambio, utiliza la metáfora del patio en construcción: considera el lenguaje como un instrumento de poder mediante el cual se construye el mundo o al menos versiones e interpretaciones del ← 17 | 18 → mundo; dicho de otro modo, desde esta perspectiva el lenguaje es un instrumento a través del cual se reescribe la realidad de muchas maneras diferentes.

Desde esta segunda forma de entender cómo se representa la realidad, el lenguaje se convierte en una manera de acceder, desde el desierto de lo real, a otras realidades, y en un instrumento de poder que se puede utilizar en uno u otro sentido para ofrecernos una visión del mundo a través de esa microfísica del poder implícita en las palabras a la que tantas páginas dedicara Michel Foucault. A través del lenguaje, pues, narramos el mundo y explicitamos maneras diferentes de entenderlo. En otras palabras, representamos lo real. Desde esta perspectiva, el significado se torna problemático, deja de ser unívoco, estable y universal para convertirse en un continuo palimpsesto, en un cúmulo de huellas que impide cualquier lectura lineal y que convierte el universo en un condensado de coexistencias, en una simultaneidad de acontecimientos. Efectivamente, en una sociedad global como la contemporánea, la quiebra de la teoría mimética y de la «ilusión referencial» es ya una realidad. Puede o no gustarnos, pero lo cierto es que desde el post-estructuralismo se ha puesto en jaque el carácter inocentemente referencial del lenguaje y, en cambio, con Michel Foucault (1987 [1970], 52) hemos empezado a preguntarnos «¿Qué hay de peligroso en el hecho de que la gente hable?».

En nuestra era global, cuando más se habla de paz en los organismos internacionales, los grandilocuentes discursos de los políticos, se tornan puros significantes en una sociedad líquida que ha cambiado lo real por el desierto de lo real, un espacio en el que se construyen realidades diferentes que acaban creando en muchas ocasiones vidas desperdiciadas que el poder oculta tras palabras grandilocuentes. Con palabras nuevas, políticamente correctas, pero que ocultan las realidades viejas; o con viejas palabras que disfrazan las nuevas realidades.

Un ejemplo muy evidente de esta idea del poder del lenguaje, de que lo real no existe por sí mismo sino en función de los signos que lo constituyen y de que construimos la realidad con las palabras, son los medios de comunicación. Fijémonos en un ejemplo que es, como mínimo, llamativo. Durante el larguísimo y todavía inconcluso caso Noos, mientras se dirimía si la infanta Cristina era o no imputada, las maneras de construir esa realidad variaron enormemente según el periódico que se eligiese: se la denominó desde simplemente «Cristina» (Público) hasta «la ciudadana Cristina de Borbón y Grecia» (El País), pasando por «la infanta Cristina» o «la hija del Rey» (ABC). En este, como en tantos otros casos, elegir una palabra y no otra nos delata, porque construimos con las palabras nuestra realidad.

La idea de que el lenguaje es simplemente referencial, unidireccional e inocente es algo en lo que hemos dejado de creer: sabemos que los hechos se van construyendo con discursos parciales, con signos diferentes en las diferentes ← 18 | 19 → culturas. No deberíamos olvidar nunca, advierte Bourdieu, que la lengua, debido a su infinita capacidad generativa es el soporte por excelencia del sueño de poder absoluto (Bourdieu 2008 [1985], 17). Y es que no es lo mismo, recuerda un novelista nigeriano como Gabriel Okara, decir «buenas noches» que «Ojalá vivamos para vernos mañana», o «Espero que llegue el amanecer», que es como en igbo se dan las buenas noches, una expresión tan «universal». Y por eso tampoco es lo mismo expresar la tristeza con el adjetivo triste que con otros como melancólico, malenconioso, doliente o pensativo, ni tampoco referirse al acto de dormir simplemente con la palabra sueño o, por el contrario, como hace Gamoneda, con dormir «con los ojos abiertos ante un territorio blanco abandonado por las palabras» (cf. Pascual 2013, 22–24). Cada palabra saborea el contexto presente, pero también huele a los contextos en los que ha vivido y hace gala de las cicatrices que la marcan.

Es curioso, por ejemplo, que mientras el vulgo se divorcia, hay parejas que anuncian un «cese temporal de la convivencia», y, más recientemente, se justifican las infidelidades porque la relación anterior estaba «maritalmente inactiva». Hay una gran diferencia en el significado que le llega al lector si los civiles muertos en un acto violento se hace referencia a ellos con «daños colaterales», «muertos», «insurgentes», «mártires» o «víctimas», sentidos todos ellos que aparecen en los diferentes protocolos de las distintas visiones del mundo, desde la de Estados Unidos hasta la de al-Qaeda, entre otras (Tymoczko 2009, 190). Igualmente, vienen a la cabeza los numerosos ejemplos que ofrece Mona Baker en su libro Translation and Conflict (2006), especialmente el que hace referencia a las dificultades de traducción de algunas palabras árabes en ciertos juicios, donde la traducción de esas palabras puede hacer variar radicalmente el resultado final. Así, Baker destaca que palabras como «Jihad» tienen varios significados en árabe, dependiendo del contexto. Debido a que sus narrativas de partida eran totalmente diferentes, las interpretaciones de los abogados defensores y de los fiscales en juicios como el 11S fueron dispares, y las consecuencias de esa diversidad de lecturas tremendas, tanto que de ellas se derivaba la condena o no del acusado.

Lo mismo ocurre con ciertos sustantivos: ¿qué diferencia real existe entre conflicto armado y guerra, a no ser por el hecho de que en países como España la elección del primero permite al gobierno evitar el control parlamentario? ¿Qué significa en realidad harassment si diferentes reglamentaciones jurídicas y diferentes mentalidades no han sido capaces de ponerse de acuerdo? Entonces, ¿cómo traducirlo? Los ruidos existentes en torno a una expresión española tan habitual como inmigrantes ilegales son diferentes de los que rodean a una expresión acuñada más recientemente, inmigrantes indocumentados. Y sería interesante recordar la carga machista, tan denostada por la «Jurisprudencia feminista», en una expresión ← 19 | 20 → como sus labores, utilizada en el campo jurídico-administrativo para referirse a una mujer que «sólo» trabaja en casa y que por lo tanto no cotiza.

Las palabras, nos enseñaron alguna vez, son significado y significante. Pero en realidad son mucho más: son palimpsestos que nos llegan cargadas de historias, de ecos, de ruidos, de melodías, de resonancias. Por eso las palabras no garantizan el significado, o su significado, o el significado que tienen para nosotros cuando las emitimos. Comunicamos, claro está, información, pero las emociones que disparan las palabras son inimaginables, porque nuestra existencia misma es una constante lectura del mundo, un ejercicio continuado de desciframiento de aquellos ecos que nos transmiten sin cesar infinidad de mensajes semióticos (Steiner 2016 [2015], 12). Tal vez por eso autores tan distantes y tan distintos como John Keats o Ludwig Wittgenstein asegurasen, cada uno con sus palabras, que la esencia del significado radica en el silencio que rodea a las palabras, o en los ruidos que no se separan ni un minuto de ellas desde el momento en el que las producimos. Son esas melodías no audibles, es lo que en apariencia no se dice, lo realmente importante, porque ahí esconde el ser humano lo mejor y lo peor de su alma, sus verdaderas intenciones, ese silencio que ensordece.

Las palabras nos construyen, nos llenan, nos permiten acercaros a los demás, pero también nos alejan del otro. Como el protagonista de la novela de Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa, somos jarras llenas de palabras que podemos convertir en agua viva o agua muerta:

Por eso, sigue diciendo este personaje que vive de y para los libros y las palabras, por eso los inquisidores del mundo siempre desean quemar las palabras, hacer que las llamas devoren los libros, porque «las palabras y los libros siempre indican algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo» (ibid., 8). Por eso también los textos nos despiertan y las palabras nos producen escalofríos.

Las palabras nos ayudan a vivir, a seguir vivos en el sentido más profundo de esa palabra, de las palabras. Es tal vez ese el sentir más íntimo de quienes reivindican la necesidad de que las palabras signifiquen de verdad, de la vuelta a la presencia real, como diría Steiner. Y el peligro de que la palabra esté en peligro, advierte Todorov (2009, 17): «Si hoy me pregunto por qué amo la literatura, la respuesta que de forma espontánea me viene a la cabeza es: porque me ayuda a vivir. Ya no le pido, como en la adolescencia, que me evite las heridas que podría sufrir ← 20 | 21 → en mis contactos con personas reales. Más que excluir las experiencias vividas, me permite descubrir mundos que se sitúan en continuidad con ellas y entenderlas mejor. Creo que no soy el único que la ve así. La literatura, más densa y más elocuente que la vida cotidiana, pero no radicalmente diferente, amplía nuestro universo, nos invita a imaginar otras maneras de concebirlo y de organizarlo».

Las palabras, la literatura diría Todorov, amplían nuestro universo, nos invitan a imaginar otras maneras de concebirlo, nos abren la mente a otras opiniones, a la interacción con los otros, a enriquecernos por tanto. Nos ofrecen sensaciones insustituibles pero también pueden abrir el camino a abrir y causar heridas que, una vez dichas con las palabras, quedarán en muchos casos para siempre en el subconsciente de quien ha recibido esas palabras como dardos que iban dirigidas directas al corazón. Con las palabras podemos poner en práctica nuestra vocación de seres humanos o hacer estallar nuestro yo más rastrero, sacar a la luz nuestros rencores más profundos que sólo con palabras pueden llegar a hacer tanto daño. El lenguaje lo permite todo: «Es algo espantoso en lo que no solemos reparar: se puede decir de todo, nada corta nuestra respiración cundo decimos algo monstruoso. El lenguaje es infinitamente servir y no tiene —a eso se debe su misterio— límites éticos» (Steiner 2016, 24).

Las palabras, por tanto, nos ayudan a dar sentido y también a sentir; son aquello mediante lo cual decimos lo que sabemos pero también aprendemos, «el conocimiento que nos atraviesa» (Gándara 1998, 12). De esa forma las palabras sirven para hacer visible el espacio y para configurar lo que otra forma sería una vasta exterioridad sin forma (ibid., 19). Cada palabra que emitimos es una manera de leer el mundo, una manera que no es nunca inocente: «Las palabras se ven y se leen sólo mediante distorsión … Leemos con lágrimas de emoción y salimos de la lectura con las manos manchadas, no intactos, no aupados por encima del mundo, ni soplando como pequeños dioses sobre él. Salimos más cargados de mundo que antes, es más: con el mundo en las manos» (ibid., 33). La unidad semántica nunca es «del todo neutral ni del todo ‘inocente’ … Toda explicación, toda proposición crítico-interpretativa, es otro texto … prevalece lo ilimitado … un acto de significación riguroso —verbal, visual, tonal— es inagotable en su recapitulación interpretativa … Las posibilidades de variación, de mutación, son formalmente infinitas. Como también lo son las de la recepción y la respuesta explicativas» (Steiner 1998 [1997], 32–37).

En esa misma línea, en la lección inaugural que pronunció en la cátedra de semiología lingüística del Collège de France en 1977, Barthes (1993 [1977]) insiste en que sólo se puede hablar recogiendo lo que se arrastra en la lengua. El lenguaje es para él «un inmenso halo de implicaciones, efectos, resonancias, vueltas, revueltas, ← 21 | 22 → contenciones»; es un instrumento que «asume la tarea de hacer escuchar a un sujeto a la vez insistente e irreparable, desconocido y sin embargo reconocido según una inquietante familiaridad: las palabras ya no son concebidas ilusoriamente como simples instrumentos, sino lanzadas como proyecciones, explosiones, vibraciones, maquinarias, sabores … Las palabras tienen sabor … para que las cosas se conviertan en lo que son, lo que han sido, hace falta este ingrediente: la sal de las palabras» (ibid., 126, 127).

Las palabras no son tanto un remedio para nuestra ignorancia cuanto una cura para nuestro «egotismo», dice Rorty (2001), para nuestra ilusión de autosuficiencia. Con las palabras nos encontramos con los otros, y cuando esos otros menos se parecen a nosotros, cuando sus palabras nos introducen en lenguas y culturas ajenas a la nuestra, más se ampliará nuestro horizonte y por lo tanto mayor será nuestro enriquecimiento.

Por eso Babel no es una maldición sino todo lo contrario. El monolingüismo está siempre al servicio del imperialismo. En cambio, la polifonía y el multilingüismo son una suerte extraordinaria:

Por eso Derrida, en su magnífico ensayo, titulado significativamente «El monolingüismo del otro», insiste en que todas las lenguas necesitan al otro (igual que no existe la semejanza sin la diferencia, lo Mismo sin lo Otro ni la presencia sin la ausencia), porque habitamos, casi sin quererlo, la lengua del otro, que en realidad es la única que hablamos, muchas veces con una obstinación monolingüe, intentando que permanezca distante, desierta e inhabitable; una lengua del otro que sentiremos, exploraremos y reinventaremos sin itinerario ni mapa, sino rizomáticamente (Derrida 1997, 38). Una lengua es siempre muchas lenguas: «there are, in one linguistic system, perhaps several languages or tongues … There is impurity in every language» (Derrida 1985 [1982], 100). Por eso hablar

El lenguaje, así utilizado, es una forma de traspasar fronteras, porque refleja el carácter trasnacional del mundo intercultural:

La inclusión de la diferencia a través de las palabras nos convierte, sin duda, en seres humanos más ricos, porque nos permite acceder a nuevas maneras de ver el mundo que no poseíamos. Por eso Kant ya advertía en un capítulo de su Crítica del juicio que debemos pensar poniéndonos en el lugar de los demás seres humanos. Por eso Steiner (2016, 27–28) asegura que decir «Sólo puedo amar a los que son como yo» es propio de almas innobles. Hitler despreciaba al Luftmensch, a aquel que flota en el aire, y prefería el arraigo, la pureza, el odio racial. Porque el miedo al otro y a quien dice palabras cuyo significante y cuyo significado no entendemos nos obliga a la vida en común. El lenguaje nos lleva al otro. Por eso el miedo al otro y a sus palabras no puede ser sino una obscenidad.

Somos, dice Heidegger, los invitados de la vida. No elegimos nuestro lugar de nacimiento ni nuestras circunstancias. Y tampoco la lengua que nos emocionará, las palabras con las que emocionaremos. Nos encontramos geweorfen, arrojados a la vida. Lo más inteligente es aprovechar la fusión de horizontes, el ser-en-el-mundo, nuestro Dasein. Ser Casandra puede llegar a ser terrible (Steiner 2016 [2015], 35).

Tal vez por eso George Steiner (2011 [2006]) advierte en El silencio de los libros que los déspotas nunca acogen de buena gana el desafío y las contradicciones de quienes les retan con palabras. Y tal vez la manera más elegante que tenemos de suscitar la contradicción sea a través de la palabra escrita.

La palabra, cada palabra, es un ser vivo marcado por las heridas cicatrizadas (o no) de historias pasadas, que arrastra sedimentos, que desprende olores de aquellos espacios anteriores que ha habitado y sonidos de los lugares por donde se ha movido. Cada palabra es un palimpsesto porque en ella se han escrito y borrado y reescrito historias que cada uno de nosotros ha compartido con esa palabra. Por eso Gabriel García Márquez no dejaba de describir la vida, no como la que uno vivió, sino como la que uno recuerda y cómo la recuerda para después contarla. ← 23 | 24 → La pasión de contar. La pasión por representar el mundo, nuestro mundo, a través de las palabras. «Hay un momento, asegura Gabo, en el que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir».

Bibliografía

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1 Este artículo es parte del Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad FFI2012-35000, titulado «Traducción, medios de comunicación y opinión pública».

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María Teresa Cabré i Castellví

(Institut d’Estudis Catalans)

Principios y parámetros en una teoría de los neologismos

Resumen: El aspecto mejor desarrollado de la neología ha sido hasta ahora su vertiente aplicada. Se trata de un trabajo sistemático que, a pesar de implicar el desarrollo de una serie de fundamentos, no ha llevado emparejada la correspondiente estructuración de esos fundamentos ni la articulación de los distintos aspectos de la neología teniendo en cuenta que se trata de un fenómeno complejo. En este artículo nos interesa explorar por qué la neología es un campo para el que no se ha intentado construir una teoría suficientemente flexible y amplia que diera cuenta en su totalidad de los neologismos como objeto de conocimiento. De lo que se trata en definitiva es de contestar a la pregunta de si se puede construir una teoría sobre un objeto central que es al mismo tiempo complejo y relativo.

Neologismos; neología

1 Presentación

El tema central de este texto, que constituye una línea de investigación sobre neología del grupo IULATERM, parte de las dos preguntas siguientes:

¿Es necesaria una teoría de los neologismos (y no de la neología)?

¿Es posible la construcción de dicha teoría?

Porque, a pesar de que es algo reconocido por todos los especialistas que la neología es al mismo tiempo una disciplina y un campo de trabajo aplicado, se ha profundizado poco sobre sus fundamentos como campo de conocimiento y menos aún sobre las posibilidades de disponer de una teoría marco que dé cuenta de los neologismos en su globalidad.

El aspecto mejor desarrollado de la neología ha sido hasta ahora su vertiente aplicada. Como ámbito aplicado se ha analizado con bastante profundidad:

La metodología de reconocimiento o detección de neologismos y de clasificación de los mismos, con todas las contradicciones que presentan los criterios establecidos.

Las posibilidades de aplicación (terminología, vigilia neológica, planificación lingüística aplicada a la modernización del léxico, e incluso el análisis de la evolución cultural o sociológica a través de los neologismos). ← 27 | 28 →

Se han realizado también muchos trabajos prácticos de recogida de neologismos de tal o cual sector o temática y se han caracterizado estos neologismos desde uno u otro punto de vista.

Y hay un hecho que parece evidente: si se realizan trabajos aplicados en neología, necesariamente detrás de ellos hay fundamentos, pues de otra manera no podría ser un trabajo sistemático. Ahora bien, a pesar de ello, estos fundamentos no están suficientemente estructurados ni tampoco articulan los distintos aspectos de la neología teniendo en cuenta que se trata de un fenómeno complejo.

Uno de los aspectos que más se ha subrayado de los neologismos es su carácter relativo. Como señala A. Rey (1976) «le neologisme doit être envisagé comme une nouveauté lexicale fonctionnelle, pragmatique, et le concept dépend des jugements collectifs». Por tanto, y como podemos deducir, un conocimiento que depende de quien lo juzga no puede ser un objeto de conocimiento estable.

Pero más allá de subrayar y de poner de relieve cuán difícil es abordar un tema tan lábil, no se han dado respuestas que permitan explicar ordenadamente su relatividad. Porque, aunque se hayan establecido los aspectos o dimensiones diferentes de la neología, no se ha explicado cómo se unen y pueden tratarse teóricamente estos aspectos distintos del mismo objeto, teniendo en cuenta que, como dice Rey, los neologismos no son solo unidades lingüísticas (él las denomina semióticas) sino también unidades informativas.

En el II Congreso internacional de neología en las lenguas románicas (CINEO II) que se celebró en São Paulo en 2012 expuse las razones por las que la neología ha sido un ámbito tan poco tratado como campo de conocimiento autónomo a lo largo del tiempo y por qué razones no ha suscitado el interés de los lingüistas.

En la presente contribución me interesa explorar por qué la neología es un campo para el que no se ha intentado construir una teoría suficientemente flexible y amplia que diera cuenta en su totalidad de los neologismos como objeto de conocimiento. Creo que han sido varias las causas que lo han hecho difícil:

A. Rey se hace la pregunta de si se trata de un pseudoconcepto, porque si así fuera no tendría sentido basar un campo de conocimiento sobre un falso concepto. En consecuencia, ante este obstáculo Rey responde que se trata de un «objeto pragmático, funcional y operativo», con lo que rechaza la idea de que sea una «ficción inadecuada», pero por otro lado no le da más valor que en el plano práctico, el plano de trabajo.

Mi intención en esta ocasión es intentar ir un poco más allá tratando de responder a las siguientes preguntas:

Dar respuestas (y no solo una respuesta) a este tema es uno de los retos que me he propuesto, y para ello tendré que ir avanzando progresivamente. No pretendo en estos momentos abordar el tema en su totalidad inabarcable, pero sí me gustaría dar un paso más en la discusión de cómo debería ser una teoría que diera cuenta de los neologismos.

2 ¿Por qué he titulado este artículo «principios y parámetros en una teoría de los neologismos»?

Porque esta idea, tomada de la Gramática generativa, permite expresar muy bien a mi entender una idea muy simple que siempre me ha servido: cuando miras algo de cerca ves muchos detalles, pero a medida que te vas alejando los detalles dejan de ser importantes y dan paso a ver el conjunto. Si aplicamos esta idea a una pluralidad de objetos, solo el alejamiento permite percibir la globalidad, y con ello, los elementos comunes a todos los objetos.

Mi intención es pues formular algunos principios que permitan parametrizar la descripción de los neologismos de maneras diferentes según las circunstancias o la posición desde la que se analizan. Y en esta exposición me centraré en el Principio de poliedricidad aplicado a los neologismos, en su parametrización a través de dimensiones y perspectivas, y en sus consecuencias.

Y una última cuestión previa: ¿es rentable trabajar en una teoría de los neologismos? ¿Podemos mejorar con ella la eficiencia del trabajo aplicado?

En absoluto, pero no se trata de esto. Si llegáramos a construirla conseguiríamos: ← 29 | 30 →

Por lo menos se trata de un objetivo que se puede intentar conseguir.

La manera de ver los fenómenos está condicionada por el recorrido que se ha hecho.

Tenemos que reconocer que todos somos deudores de nuestro pasado, que nuestra trayectoria condiciona nuestra observación y nuestros análisis.

Por lo que respecta a mi trayectoria personal puedo explicitar que me formé no solo en Filología sino también en Lingüística, que prioricé la perspectiva lingüística en todos mis trabajos, que entré en la neología por el análisis del léxico en general, que me situé en el léxico con la idea fija de observar lo que une a las palabras y no lo que las distingue, que trabajé en la competencia lingüística y en la léxica, y dentro de ella en la creación de palabras nuevas por parte del hablante, y que me propuse la construcción de un lexicón (de hecho en una teoría del léxico) que, dentro de la gramática, fuera capaz de dar cuenta de:

Concretamente sobre los neologismos:

Y en el terreno aplicado puse en marcha un proyecto, el Observatorio de Neología, inspirándome en la propuesta de los Observatoires du français contemporain del INALF (creados a partir de la idea de B. Quemada) y en los trabajos del grupo de trabajo de París VII-Jussieu (Robert Perret, Claudine Juillard, y otros).

El Observatorio de Neología, hoy bien conocido entre los especialistas en este campo, se ha ido expandiendo y cuenta hoy con: ← 30 | 31 →

Mi trayectoria neológica puede describirse en seis etapas teniendo en cuenta el centro de interés que ha motivado mi trabajo:

3 La línea iniciada en CINEO II

Fue a partir de 2012 cuando empecé a interesarme por la posibilidad de construcción de una teoría. ← 31 | 32 →

3.1 El inicio de la reflexión

En un momento dado constaté que en neología y sobre la neología se repetían siempre los mismos tópicos, las mismas ideas; siempre se hacían los mismos tipos de trabajo, no se suscitaban ángulos nuevos (temas sí, pero no puntos de vista nuevos del fenómeno, con lo que se podía percibir un estancamiento bastante importante). Y fue a raíz de esta observación que me propuse un plan de trabajo y unos objetivos:

Estas relecturas y sus conclusiones fueron el contenido de mi conferencia en el encuentro CINEO II de São Paulo en 2011.

3.2 Las conclusiones de CINEO II

Los resultados de la reflexión que llevé en el congreso de CINEO de São Paulo fueron dos:

La lista de aspectos que había que retener, que en mi opinión podían ser los fundamentos sobre los que se apoyaría la reflexión, son los siguientes:

La neología es un fenómeno complejo de orden lingüístico, social y psicológico.

Para dar cuenta de la neología no podemos limitarnos a su vertiente lingüística sino que hay que contemplar además su vertiente psicológica (o mejor psicosociológica) y su vertiente sociocultural (obsérvese la presencia del formante socio-).

La neología es un fenómeno sincrónico, aunque es en diacronía donde se detecta y se delimita.

La neología no debe confundirse con el cambio lingüístico.

La neología en sentido amplio abarca fenómenos de tipo fonético (y gráfico), sintáctico, semántico, morfológico y léxico. La neología léxica es la más visible y productiva. [En este texto cuando hablamos de neologismos nos referimos a las unidades del léxico.] ← 32 | 33 →

Los neologismos se producen en el discurso (con excepción de la neología de laboratorio: la planificada) y se muestran en el discurso.

Un neologismo es siempre una unidad de forma, contenido y clase gramatical, aunque lo aparentemente nuevo sea solo la forma.

Los neologismos léxicos pueden clasificarse desde puntos de vista diferentes: cubren distintas dimensiones (lingüística [gramatical y pragmática], social y psicológica) y en cada una de ellas pueden clasificarse desde distintos puntos de vista (producción, recepción y circulación).

Finalmente, los neologismos pueden «detectarse» para el trabajo práctico. Para hacerlo existen distintos criterios, lo que no equivale a decir que «detectar» coincida con «definir».

La hoja de ruta que me tracé fue la siguiente:

Paralelamente, y dado que nuestro propósito era la construcción de una teoría, debíamos plantearnos cuestiones epistemológicas relativas a la teoría, al objeto y a sus propiedades.

4 Avanzando en la construcción de una teoría

Cuatro son las cuestiones que, en mi opinión, hay que abordar para tratar de avanzar en la construcción de una teoría de los neologismos:

4.1 Qué teoría

Para abordar esta cuestión me inspiré en mi experiencia en la propuesta de una teoría de los términos, que ha cuajado en la denominada Teoría Comunicativa de la Terminología (TCT). Aprendí de esta experiencia que una teoría no puede formularse nunca en abstracto sino que «hacemos teoría» de los objetos de conocimiento, porque es la única opción que tenemos de observarlos y sacar conclusiones sobre qué son, qué características tienen y cómo se comportan.

En efecto, necesitamos observar datos para poder decir cómo son y, en consecuencia, opté por una teoría orientada a objeto. Esta opción obliga a plantearse como primera cuestión el objeto de esta teoría. Y una vez delimitado el objeto intentar articular qué se propone explicar sobre este objeto determinado.

Sabemos que las teorías además pueden perseguir niveles de exigencia o adecuación de diferente nivel. Puede ser adecuadas:

4.2 Qué objeto

Los neologismos son, como define Rey, unidades de naturaleza léxica, son unidades del léxico. Si ello es cierto debemos poder dar cuenta de ellos desde una lingüística que contemple el léxico en su conjunto como parte de las lenguas y desde una gramática que dé cuenta del léxico como uno de sus componentes.

Pero si las unidades neológicas son unidades del léxico, la lingüística dispone ya de una lexicología cuyo objeto es el léxico. ¿Necesitamos una nueva teoría para los neologismos o con una teoría del léxico podemos ya dar cuenta satisfactoriamente de ellas?

Ahora bien, también dice Rey que, además de ser unidades semióticas, los neologismos son también unidades «informativas» que van más allá de la lingüística. Esta afirmación nos lleva a pensar que la lingüística estricta puede describirlas, sí, pero no en su totalidad. ← 34 | 35 →

4.2.1 Los neologismos, unidades del léxico: caracterización y consecuencias

Vamos a iniciar nuestra reflexión partiendo del objeto de la lingüística. Cuando nos preguntamos de qué se ocupa la lingüística respondemos que se ocupa del lenguaje desde tres aspectos:

Si proyectamos esta idea en el léxico diremos que una teoría del léxico debe dar cuenta:

Lo que sabemos del léxico se manifiesta en:

La competencia lingüística, que recoge el conocimiento estrictamente gramatical (saber usar las unidades siguiendo las reglas de la gramática) y el pragmático (saber usarlas adecuadamente según las situaciones) puede modelizarse en un constructo o modelo de léxico que abarcaría:

Dicho esto, si nos atenemos al factor TIEMPO podemos decir que todas las unidades de nuestro léxico están asociadas a este valor ya sea porque no están marcadas (una unidad atemporal en sentido sincrónico) ya sea porque están marcadas en un polo u otro del eje antigüedad-novedad. Los neologismos están asociados positivamente al polo NOVEDAD.

¿Cómo percibimos que poseemos este conocimiento nuevo? A través del análisis de la actuación de quien produce un neologismo en el discurso, de quien lo recibe y en las características que muestra:

En quien los recibe (percepción): tiempo y coste de procesamiento mayor, actitud de asombro o extrañeza, demanda directa o indirecta de repetición, mayor lentitud, etc. En suma factores que evidencian que al receptor le supone un esfuerzo complementario. Si esto es cierto, significa que en los casos de neologismos conscientes y/o voluntarios tenemos conocimiento sobre cuándo una unidad es nueva, y esto repercute en la producción; y lo mismo sucede en la recepción, podemos saber cuando una unidad se percibe como nueva.

En esta vía, los neologismos de producción pueden situarse en una escala de conciencia neológica (y no de neologicidad), de forma que hay neologismos basados en procedimientos de formación de palabras tan habituales que pasan desapercibidos para quien los produce y para quien los recibe: por ejemplo los prefijados. El grado de consciencia de neologicidad depende en gran medida del tipo de neologismo: en el caso de los neologismos construidos a través de las RFP dependería de la frecuencia del patrón morfológico, de la frecuencia de los formantes o de la distancia semántica entre el patrón de base y el patrón construido mediante reglas de formación de palabras.

¿Qué supone para el modelo de léxico mental la entrada de neologismos?

De lo dicho se deriva que si somos capaces de incrementar nuestro léxico con unidades nuevas (total o parcialmente nuevas) es porque poseemos mecanismos interiorizados de gestión de la novedad: reglas de formación de palabras de ← 36 | 37 → todos los tipos (lo que se ha denominado creatividad léxica) y mecanismos de incorporación de unidades procedentes de otras lenguas, como sería el caso de los préstamos, ya sean no construidos (por ejemplo bit, cool, etc.) o construidos (puenting, renting, leasing). En todos los casos, y con independencia de los mecanismos usados para aumentar el léxico, serían factores psicológicos o sociales los que activarían el mecanismo de neologicidad léxica.

Detrás de la novedad siempre hay razones no lingüísticas, pero en unos casos se resuelven a través de mecanismos lingüísticos, y en otros no.

En suma, si no miramos los neologismos desde un punto de vista estrictamente lingüístico, la única diferencia que podemos observar en relación a ellos y en contraste con las unidades ya incorporadas de manera estable en nuestro conocimiento léxico, es el hecho de que van asociados (y marcados positivamente) a uno de los polos del eje tiempo, el de novedad.

Este valor no es un valor tan estable como otros valores1, como por ejemplo la temática o la formalidad, sino que se inhibe cuando una unidad deja de producirse conscientemente o deja de percibirse como nueva. Si tomamos un esquema simple del ciclo de un neologismo vemos que pasa por las etapas siguientes:

surge

se usa

se instala o desaparece

si se instala va perdiendo progresivamente su condición de nuevo

se diccionariza, si cumple una serie de requisitos para ser codificado en un diccionario

y puede desdiccionarizarse si deja de usarse o de ser útil para las funciones que persigue un diccionario.

4.2.2 Los neologismos no son unidades exclusivamente lingüísticas

Además de su vertiente lingüística, que para los lingüistas es la fundamental, los neologismos poseen otras vertientes que no se explican por factores estrictamente lingüísticos. ← 37 | 38 →

En el artículo de la revista Caplletra dedicado a la neología (Cabré 2015b) distingo dos vertientes de la neología, además de la lingüística: la vertiente psicológica y la vertiente social o más propiamente sociocultural.

Como hemos comentado anteriormente, en 1976 ya afirmó Rey que «además de una unidad léxica, el neologismo era una unidad informativa» y en este último sentido no podía explicarse con argumentos y mecanismos exclusivamente lingüísticos.

¿Cómo podría explicarse lingüísticamente que una unidad neológica se produzca voluntariamente y otra sea involuntaria? ¿O cómo se explicaría el hecho de que haya unidades neológicas que surgen y desaparecen al cabo de un tiempo y otras se estabilicen en el uso y al cabo de un cierto tiempo pasan al diccionario?

Podemos explicar cuestiones de esta naturaleza por factores de tipo referencial, o social o psicoperceptivo, pero no hay argumentación lingüística posible que pueda predecirlo. Podemos incluso, estudiando una población representativa, detectar tendencias entre estabilización y estructura del neologismo, pero no son sus condiciones lingüísticas las que determinan su desaparición o su emergencia.

4.2.3 La vertiente psicológica

La vertiente psicológica de los neologismos se suele explicar en relación a algunas de las funciones que los neologismos persiguen. Así, se ha distinguido entre neologismos referenciales o denominativos y neologismos expresivos. También se han descrito las posibles intenciones que subyacen a la producción de neologismos por parte de un productor: llamar la atención, identificarse con alguien o algo, diferenciarse de alguien o algo, etc.

Como hemos dicho antes, desde la producción los neologismos pueden ser conscientes o inconscientes, voluntarios o involuntarios. Y desde la recepción pueden causar mayor o menor impacto en términos de extrañeza o de coste de procesamiento. ¿Pero son estos elementos (la consciencia, la voluntad, el impacto, el asombro) factores de tipo lingüístico?

Es cierto que podemos decir que existen tendencias en la relación entre mayor o menor impacto y tipo de neologismo, o entre el grado de consciencia neológica y el tipo de neologismo, y que existen metodologías que permiten medir el grado de impacto o la espontaneidad (pienso, por ejemplo, en técnicas como la de «eye-tracker»), pero de ahí a afirmar que son factores lingüísticos, estrictamente lingüísticos, los que explican estos fenómenos hay un buen trecho.

Déjenme reproducir un fragmento del artículo de la revista Caplletra al que acabo de referirme: ← 38 | 39 →

4.2.4 La vertiente sociocultural

La aparición de una nueva palabra en el discurso no suele ser gratuita sino motivada por factores de tipo psicológico, como ya hemos visto, y por factores de tipo social.

La aparición de una unidad nueva en el discurso puede deberse a una necesidad: denominar un objeto, servicio, grupo, acción, comportamiento, etc. nuevos, o a la transformación de un objeto existente. Lo que es cierto es que a veces los neologismos son necesarios. Entre los necesarios podríamos distinguir entre dos tipos:

Pero muchas otras veces los neologismos no tienen una justificación referencial ni social, sino que son, en alguna medida, innecesarios, si tenemos en cuenta que, aun aceptando la variación (que en algunos casos cumple una función diferenciadora), una cosa ya tiene su denominación. No vamos a ahondar ahora en el tema de si cualquier unidad concurrente introduce valores nuevos en el uso de una unidad léxica. Baste decir por el momento que los neologismos a veces están justificados y otras no lo están por razones objetivas, y en este caso obedecen a razones de tipo psicológico cultural.

Un neologismo está justificado socioculturalmente si cumple una función colectiva y es necesario si, de no existir, no podría denominarse una realidad o expresar una nueva visión de una realidad existente. Todos los neologismos son denominativos, pero no todos los neologismos son necesarios denominativamente. Observemos el caso de algunos préstamos: baguette, timing, manager. ¿Son neologismos necesarios?

Sean o no necesarios, es un hecho que en el uso pueden concurrir varias denominaciones con un mismo sentido, algunas veces sin consecuencia alguna, y otras ← 39 | 40 → con consecuencias cognitivas o expresivas. En la concurrencia de varias denominaciones puede darse el caso de que sean alternativas dentro de un mismo tipo, o alternativas de tipos distintos. Y pueden arrastrar más o menos expresividad: teclista-terminólogo; esteticista-esteticienne.

Su función referencial o expresiva aplicada a los neologismos hay que traducirla en términos de valores pragmáticos asociados a ellos. Cada neologismo se asocia normalmente a más de un valor, lo que no excluye que una de estas funciones predomine sobre la otra.

4.3 Qué dimensiones

Es en este punto cuando podemos hacer una síntesis de lo dicho hasta ahora en relación a los neologismos como objeto de conocimiento: se trata de unidades que poseen distintas vertientes y que para dar cuenta de ellas de manera integral hay que tener en cuenta todas estas vertientes. Los neologismos son al mismo tiempo unidades lingüísticas, unidades psicológicas y unidades socioculturales.

Así, podemos decir que desde cada vertiente existe una percepción distinta de los neologismos, o mejor dicho, desde cada vertiente se ponen en juego aspectos distintos de los neologismos.

Como unidades lingüísticas los neologismos son unidades del léxico, de carácter coyuntural en cuanto a su valor de neologicidad, asociadas positivamente al valor tiempo en el polo de la novedad. Este valor tiene consecuencias sobre la producción, la recepción y la circulación de estas unidades en el discurso.

Como unidades psicológicas, los neologismos son unidades emocionales y comportamentales, en el sentido que asocian el uso de una unidad en el plano verbal a una serie de valores ligados a la emoción, el comportamiento o la intención propios de la psicología humana. Estos valores van siempre emparejados con las unidades neológicas, y de ahí que no seamos capaces de considerar la denominatividad y la expresividad como dos valores rígidamente separados.

En tanto que unidades socioculturales, los neologismos llevan asociados valores relacionados con la jerarquización, el prestigio social o los rasgos culturales que caracterizan a un grupo o a toda una comunidad en un período determinado o a lo largo de su historia. De ahí que sea posible a través de los neologismos conocer la evolución sociocultural. De ahí también que la estabilización en el uso y la diccionarización de unidades neológicas, más allá de su necesidad referencial, puedan explicarse por factores de índole social relacionados con la concepción de la norma (para acercarse a ella o para diferenciarse de ella) como selección de usos regidos por uno u otro modelo de lengua, que es de hecho una decisión social. ← 40 | 41 →

5 Cerrando el ciclo en busca del intento de construcción de una teoría de los neologismos y a modo de conclusión provisional

Hemos tratado hasta aquí tres aspectos:

De lo que hemos expuesto se deriva que el mismo esquema de principios que nos llevó a la formulación de una teoría de los términos (Cabré 2003) puede conducirnos a la construcción de una teoría de los neologismos: se trata de un objeto poliédrico en los dos casos (y tal vez en todos).

El Principio de poliedricidad del objeto justifica que no podamos tener una teoría plana, sino que necesitemos una teoría poliédrica que permita el acceso al objeto desde concepciones distintas, siempre que estas concepciones respeten la visión plural (por no repetir poliédrica) del concepto y acepten que cada una por si sola no es capaz de dar cuenta del objeto en su totalidad.

Este principio de poliedricidad vertebra toda la teoría. Para acceder al poliedro se requiere un principio o un mecanismo previo que hemos denominado Principio de multiabordaje o de mutiacceso, según el cual se puede entrar en el objeto desde cualquiera de sus dimensiones respetando, como hemos dicho, su naturaleza poliédrica. El acceso a una de las vertientes del objeto requiere además un corpus de fundamentos, o mejor una teoría, que, en el caso de la lingüística, debería ser una teoría del léxico que incluya la variación, variación que en nuestro caso podemos parametrizar en forma de valores (tiempo, espacio, restricción de grupo, formalidad, especialidad, novedad,) representados en ejes de polaridad con tres posibilidades: positiva, negativa, y no marcada.

Y hasta aquí nuestro recorrido.

Bibliografía

Cabré, M. Teresa (2003). «Theories of terminology: Their description, prescription and explanation». Terminology, 9 (2), 163–199.

Cabré, M. Teresa (2015a). «Bases para una teoría de los neologismos léxicos: primeras reflexiones». Alves, Ieda Maria; Simões Pereira, Eliane (eds.) Neologia das Línguas Românicas. São Paulo: CAPES-Humanitas, 79–107. ← 41 | 42 →

Cabré, M. Teresa (2015b). «La neología: un nou camp a la cerca de la seva consolidació». Cabré, M. Teresa (coord.) Caplletra, 59 Tardor, 125–135. Número monogràfic La neologia lèxica: darreres recerques sobre el català.

Cabré, M. Teresa (2016). «Per què és relativament fàcil de detectar neologismes i tan complicat de definir què són: breu apunt epistemològic». Observatori de Neologia. Mots d’avui, mots de demà. Institut Universitari de Lingüística Aplicada – Documenta. 127–132.

Rey, Alain (1976). «La néologie: un pseudo-concept?». Cahiers de lexicologie 28, 3–17.


1 Hay otros factores o valores asociados al léxico que no son específicos de los neologismos como lo es el factor tiempo: género, profesión, oralidad, formalidad, generación dentro de un período, etc. Para sostener esta visión de valores asociados al léxico no podemos prescindir de la concepción de las lenguas como variadas internamente, de forma que incluyan no solo conocimiento gramatical sino también pragmático. Eso supone la introducción de la variación en la gramática.

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Jean-François Sablayrolles

(Université Paris 13 SPC / LDI UMR 7187)

Néologismes et idées reçues

Résumé: Un certain nombre d’idées reçues circulent sans être jamais questionnées et remises éventuellement en question. C’est précisément à quelques-unes de ces opinions doxales (autres que celles que j’ai abordées au colloque de Paris 8 en décembre 2014 organisé par Isabel Desmet) que je voudrais m’intéresser dans cet article en les passant au crible d’une étude raisonnée. Le fait que tous les mots d’une langue y aient été un jour ou l’autre néologiques, l’opposition entre des néologismes nécessaires et des néologismes de luxe, l’existence de création ex nihilo, l’impossibilité pour la préfixation de changer la catégorie grammaticale seront ainsi abordés avant de montrer la nécessaire distinction entre analyse morphologique et identification de la matrice lexicogénique, et cette identification doit prendre en compte le sens du néologisme pour déterminer celle qui est en cause quand plusieurs solutions sont en concurrence. Un néologisme comportant un préfixe et un suffixe n’a pas le même sens selon qu’il est construit par préfixation sur un suffixé ou par suffixation sur un préfixé. Un dernier point concernera la permanence au fil des siècles des procédés de création lexicale.

Néologie ; révision de la théorie du néologisme ; procédés néologiques ; langues romanes

1 Tous les mots ont été néologiques un jour

Que tous les mots d’une langue aient été un jour néologiques est une opinion émise et reprise par d’éminents linguistes spécialistes du domaine comme Jean-Claude Boulanger ou Bernard Quemada. Ce dernier n’écrivait-il pas en 1971 : « On ne saurait contester que l’histoire de toutes nos langues n’est, en somme, que l’histoire de leur néologie » ? (Quemada 1971)

Sur ce sujet, je ferai la réponse de Giscard d’Estaing au général de Gaulle : « Oui, mais ». Et tout est dans le mais. De fait, un très grand nombre de lexies apparaissent au cours de l’histoire de la langue et peuvent se voir attribuer une matrice lexicogénique qui les a fait apparaître à tel ou tel moment. Même s’il y a des divergences dans les datations indiquées par divers dictionnaires sur l’année ou sur la période d’apparition d’une lexie, elles sont souvent minimes. Et là n’est pas la question. Mais il faut bien prendre garde que certaines de ces datations n’indiquent pas la date de la création de la lexie dans la langue mais seulement la date de sa première attestation connue dans un document écrit. Ce qui n’est pas la même chose. Ces lexies peuvent (et doivent pour beaucoup d’entre elles) circuler ← 43 | 44 → oralement bien longtemps avant la première trace écrite, toujours susceptible de remonter dans le temps avec la découverte de nouveaux documents.

Les lexies françaises (mais il en va de même des autres langues romanes) héritées du latin n’ont en effet pas cessé d’être employées depuis l’antiquité (voire l’indo-européen, il y a plusieurs milliers d’années, pour certaines d’entre elles) et on ne peut pas dire à quelle date elles sont apparues en français. Elles y ont toujours été présentes. La date indiquée (10ème siècle pour père, par exemple) ne doit pas induire en erreur : ce n’est pas l’époque de la création, du surgissement du mot. Les unités lexicales héritées n’ont cessé de circuler, ce qui explique leur ‘usure’ phonétique. Le raccourcissement des lexies du latin au français, avec l’amuïssement de la voyelle finale, la chute de la pénultième atone, des assimilations, des simplifications, etc. sont des phénomènes bien connus et bien décrits qui se sont étalés dans le temps (avec des datations absolues plus ou moins précisément identifiables, mais une chronologie relative, c’est-à-dire l’ordre dans lequel les évolutions ont eu lieu, plus assurée).

En fait, les mots hérités étaient présents au moment même de la naissance de la langue française et même avant : il n’y a pas en effet de rupture brutale comme une naissance et la métaphore langue mère / langue fille est scientifiquement abusive ; c’est la même langue qui évolue et se diversifie, sans solution de continuité. De même que nous ne pouvons pas dire quand les lexies père, table, frêle, etc. sont apparues, de même nous ne pouvons pas leur attribuer une matrice qui les aurait fait apparaître (brutalement) à un moment donné de l’histoire de la langue française. Ce ne sont pas des dérivés, des composés, des accourcissements du type troncation ou siglaison, ni des emprunts… Les différences qu’on observe entre leur forme actuelle et leur étymon latin est le fruit d’évolutions phonétiques multiples au cours des siècles, insensibles aux oreilles des locuteurs d’une époque à la différence de l’apparition d’un néologisme, qui se fait remarquer.

Le Dictionnaire général de la langue française de Hatzfeld / Darmesteter / Thomas (1890) n’indique d’ailleurs pas de procédés de fabrication pour ces unités, comme il le fait pour toutes les autres unités lexicales, avec un renvoi au § correspondant à ce cas dans le traité de la formation des mots qui précède le dictionnaire proprement dit. Les numéros des § indiqués pour ces lexies renvoient tous à des développements de phonétique historique. Ainsi, les § 295, 404 et 291 mentionnés pour père (du latin patrem devenu padre, père) traitent-ils respectivement du a libre qui se ferme en e (ex. clavem > clé), du traitement du groupe -tr- qui soit reste tel quel, soit subit une assimilation régressive (-rr-, comme dans latronem > larron), suivie éventuellement de la simplification de la géminée (-r- et l’exemple est précisément celui de patrem > père). Tous les mots d’une langue n’ont ainsi ← 44 | 45 → pas été néologiques. Il faut nuancer l’affirmation et l’assortir d’une précision qui la restreint : sauf les mots hérités.

2 Néologismes nécessaires et néologismes de luxe

Qu’en est-il d’une autre opinion largement reçue : la dichotomie néologismes nécessaires et néologismes de luxe ? Sous plusieurs dénominations, on oppose en effet souvent des néologismes nécessaires, dénominatifs et des néologismes de luxe, stylistiques. Cette dichotomie a été examinée et en partie remise en cause par Elisabet Llopart Saumell et Judit Freixa Aymerich (2014). Il faut peut-être, sans doute, aller plus loin.

Les qualificatifs ‘de luxe’, ‘stylistique’ laissent entendre une certaine gratuité de ces créations qui ne seraient pas vraiment utiles et dont le principal mérite serait de faire joli. Mais Georges Matoré (1952, 1953) a montré que, pour ceux qui les créent, les néologismes sont utiles, indispensables. Sinon, ils ne le feraient pas. Le jugement d’inutilité est porté d’un point de vue extérieur, souvent d’un point de vue de type terminologique avec l’idée que les néonymes apparaissent pour nommer de nouvelles réalités concrètes ou abstraites et sans prendre en compte les réalités complexes des échanges langagiers où apparaissent les néologismes dans la vie quotidienne. D’un certain point de vue (celui de l’émetteur), on ne peut pas dire qu’il y ait des néologismes inutiles, même si l’existence et la pertinence de certains peuvent prêter à discussion (du point de vue de la réception). Le sidaïque de Le Pen avait des connotations négatives et racistes (par paronymie avec judaïque) qui l’ont fait condamner et non utiliser. Loin d’être gratuit, ce terme avait une autre valeur que sidatique ou sidéen, qui a été retenu (Depecker 2001, 299). Un ticket de saison double inutilement abonnement comme l’emprunt checker élimine vérifier. Mais cette inutilité n’est perçue comme telle que par ceux qui ont en tête le mot d’origine et donc la synonymie. Or, ceux qui emploient de tels néologismes le font rarement par choix délibéré : ces mots s’imposent à eux en éliminant, au moins temporairement, les mots qui existent, mais qui leur sont, du moins momentanément, indisponibles ; ils ne leur viennent pas spontanément à l’esprit et les locuteurs ont du mal à les retrouver, comme la candidate ayant créé horribilité incapable de retrouver le mot horreur ou le journaliste français incapable de retrouver pause après qu’il eut employé break (exemple pris à Pergnier 1989).

Les concepts de catachrestique / non catachrestique (Onysko / Winter-Froemel 2011) ont l’intérêt d’être neutres d’un point de vue connotatif et de mettre l’accent seulement sur l’existence d’une dénomination antérieure ou non du référent en cause. Mais, même avec une similitude de référent, des néologismes supplantant d’anciennes dénominations, donc n’étant pas catachrestiques, ne sont pas pour ← 45 | 46 → autant de luxe ou stylistiques : ils ne disent pas la même chose comme le montre nettement le remplacement de fille-mère par mère célibataire puis foyer monoparental ou famille monoparentale. Les connotations négatives attachées aux naissances hors mariage ont été gommées au profit de dénominations neutres1. Il ne s’agit pas d’une simple question d’esthétique, mais d’une mutation profonde dans les représentations mentales des membres de la société française (où les naissances hors mariage sont désormais plus nombreuses que les autres : en augmentation constante, elles ont atteint 57,4% en 2014). Les renominations de référents anciens du fait de l’apparition de nouvelles réalités s’accompagnent également d’un changement de valeur puisque le jeu des oppositions change : les appareils photos sont devenus, rétrospectivement, des argentiques avec le développement de la photo numérique. Il y a par ailleurs sans doute toujours opération de nomination, avec réglage du sens, d’un point de vue praxématique. De ce point de vue, rien n’est jamais sans raison (voir Sablayrolles [à paraître] : « Les néologismes ne naissent pas dans les choux »). Si les néologismes ont ainsi toujours une ou des raisons d’être, même si, du fait de la fuite du sens, on ne peut pas les identifier complètement, comme l’ont montré Grunig / Grunig (1985), sont-ils toujours morphologiquement motivés, ou y a-t-il des créations ex nihilo ?

3 Des créations ex nihilo ?

Nommées aussi primitives, et appelées de leurs vœux par certains linguistes, les créations ex nihilo sont en fait rares dans la langue : on n’en a pas relevé un seul cas dans l’alimentation de la base de données Neologia depuis sa création, il y a presque dix ans, et les exemples traditionnels sont toujours les mêmes et ils sont discutés. Le mot gaz serait en effet une déformation du grec chaos. Quant à Kodak, c’est un nom propre, de marque, plus ou moins onomatopéique (le bruit entendu quand la photo était prise). De fait, les noms de marques et de produits font souvent appel à des dénominations qui ne correspondent pas aux matrices traditionnellement mises en œuvre dans la création des néologismes. Ces mots, comme les noms de modèles de la gamme automobile Renault, Mégane, Koleos, Safrane, Vel Satis, Avantime, etc. ont un statut particulier : s’ils obéissent à des contraintes générales réglant la forme des unités de la langue et qu’ils partagent un certain nombre de leurs emplois (on ne peut pas les exclure, comme on l’a longtemps fait, des études linguistiques comme ne relevant pas de la langue [Leroy 2004 ; Vaxelaire 2005]), ← 46 | 47 → ils diffèrent par certains autres de leurs emplois et par leur morphologie, moins contrainte.

Un autre domaine où fleurissent des néologismes originaux, ne correspondant pas aux schémas habituels des créations lexicales, est celui de la littérature. Rimbaud qui accordait à la langue un pouvoir important (Voir « Voyelles » : A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu, voyelles, / Je dirai quelque jour vos naissances latentes) a créé bombiner pour le bourdonnement des mouches qui volent. Plus près de nous des auteurs comme Alfred Jarry ou Valère Novarina révolutionnent la langue (Arrivé [à paraître] ; Klein [à paraître] ; Klein / Yuriko 2011), par exemple, « Nous mangeons du bruscol, du néoptol, du cercion, de la mate, de la dalamitre, du carataphon, de la vendrue, de la paluge, du brujet, de la monarde, du salubi » (Klein / Yuriko 2011, 120). Certaines créations de Rabelais (il débezillait) ou, plus près de nous, de Frédéric Dard ne correspondent pas non plus aux procédés connus de fabrication de mots nouveaux. Mais ces créations littéraires, très individuelles même si elles sont lues ensuite par un grand nombre de lecteurs, tranchent avec les créations relevées dans la vie quotidienne, que ce soit dans des conversations, dans des articles, etc. Mis à part les emprunts, nécessairement non motivés dans la langue cible mais interprétables par ceux qui ont une bonne connaissance de la langue source, les néologismes ont un sens compositionnel quand ils sont construits selon les procédés de la morphologie grammaticale, et un sens en partie déductible de certains de leurs éléments quand ils relèvent de la morphologie extragrammaticale (Fradin et al. 2009). Bref, ils sont toujours totalement ou partiellement (semi)motivés. Il faut remarquer aussi qu’il est difficile de fabriquer spontanément des néologismes ex nihilo, même hors contexte, avec ce seul objectif de se montrer démiurge et de créer à partir de rien : ce qui vient à l’esprit est quasiment toujours peu ou prou motivé et s’appuie sur du matériel lexical existant. Ce n’est guère qu’en se remettant au hasard (tirage au sort de lettres ou de syllabes, quel que soit le procédé utilisé) qu’on est sûr de créer véritablement ex nihilo, mais on n’est plus alors dans le fonctionnement normal de la langue commune.

4 La préfixation ne change pas la catégorie grammaticale

L’affirmation de l’impossibilité pour la préfixation de faire changer la catégorie grammaticale est une autre idée reçue encore largement présente dans des grammaires anciennes et même récentes comme celle de Béchade : « leur incapacité [aux préfixes] à faire changer cette base de classe grammaticale » (Béchade 1994, 50) ou dans des ouvrages de lexicologie, comme celui de Gardes-Tamine ← 47 | 48 → (1990, 63)2 : « La préfixation n’entraîne jamais la création d’un nouveau mot dont la classe morphologique différerait de celle de la base », qui reproduisent telles quelles des conceptions antérieures sans les questionner. Les exemples de transcatégorisation par préfixation sont pourtant nombreux et variés. On peut transformer des noms en adjectifs comme le nom char qui devient l’adjectif antichar dans roquette antichar. Les préfixés adjectivaux en anti- sur base nominale sont nombreux et appartiennent à une catégorie ouverte.

De tels cas suffisent à ruiner la validité de l’idée reçue, mais il faut aller plus loin. Si la reproduction de cette idée reçue, passant outre l’existence des cas évoqués ci-dessus, pouvait se comprendre dans le temps, on ne peut qu’être surpris de la voir subsister dans des ouvrages récents, postérieurs aux travaux de Corbin (1987) et de la morphologie constructionnelle (Fradin 2003 ; Fradin et al. 2009). Ces approches, comme celles de la morphologie naturelle — et aussi celles de la grammaire traditionnelle qui n’a pas su en tirer toutes les conséquences ! — font la différence entre les marques flexionnelles (indicatrices de catégories grammaticales de voix, mode, temps, personne, genre et nombre essentiellement… pour les différentes formes que peut revêtir une même lexie) et les affixes dérivationnels qui créent de nouvelles unités lexicales. Ainsi, beaucoup de prétendus parasynthétiques sont-ils simplement créés par préfixation.

On peut transformer en verbes des adjectifs beau (sous sa variante bel) > embellir, gros > engrosser ou des noms (Mars > amarsir ; comète > acométir). Le problème principal vient, dans ces derniers cas, de l’assimilation des marques d’infinitif présent actif (-er, -re, -ir, -oir) à des affixes dérivationnels et aussi de l’identification du verbe à sa forme d’infinitif sous prétexte que c’est, en français, le lemme, la forme sous laquelle on cite le verbe. On fait comme si le verbe c’était l’infinitif, alors que ce n’est qu’une des multiples formes sous laquelle un verbe peut apparaître, sans compter que c’est faire bon marché des trois autres formes d’infinitif en français : actif passé (avoir aimé), et passif présent (être aimé) et passé (avoir été aimé). Ce n’est qu’au prix de cette double confusion qu’on affirme que la préfixation ne change pas la catégorie grammaticale et qu’un grand nombre de formes sont analysées à tort comme des parasynthétiques (créés par l’ajout simultané d’un préfixe et d’un suffixe).

Notons en passant que, si la terminologie linguistique est parfois pléthorique, elle est aussi parfois lacunaire (Sablayrolles 2006). Ainsi, il n’y a pas de terme spécialisé pour dire le changement de catégorie grammaticale d’un néologisme ← 48 | 49 → par rapport à la base sur laquelle il est construit, indépendamment de la matrice qui opère ce changement. La conversion (appelée aussi de la dénomination peu heureuse de ‘dérivation impropre) n’est qu’une des matrices opérant ce changement, celle qui n’ajoute ni n’ôte aucun affixe dérivationnel, se contentant de doter la lexie des marques flexionnelles éventuelles de sa catégorie d’arrivée (sévère adjectif > adverbe ‘il m’énerve sévère’ ou auditer1 à partir du nom audit). On sait que la suffixation peut remplir ce rôle (statue > statuesque) ainsi que la dérivation inverse (auditer2 dans un auditeur sachant auditer où le verbe est créé par suppression du suffixe -eur). Et on vient de voir que, contrairement à la doxa, la préfixation pouvait le faire aussi. Encore moins connu est le rôle des prépositions (culottes courtes, nom, > en culottes courtes, adjectif qualifiant la démocratie, des spectacles, après avoir qualifié de prétendus « gastronomes en culottes courtes », etc.3). Je propose donc, depuis des années, que soit nommée transcatégorisation l’opération de changement de catégorie grammaticale quelle que soit la matrice qui ait cet effet : conversion, préfixation, suffixation, dérivation inverse, ‘prépositionnalisation’…

5 Morphologie et matrice

Outre les analyses indues en parasynthétiques de lexies fabriquées par préfixation (voir supra), des lexies comprenant un préfixe et un suffixe dérivationnel sont souvent analysées aussi comme formées par parasynthèse. Peut-être est-ce parfois le cas, mais ce type d’analyse a été récusé par Corbin (1987), avec une argumentation convaincante. Très souvent en effet, il y a une confusion entre l’aspect d’une lexie et son origine. Doit en effet être opérée une distinction fondamentale entre l’analyse morphologique d’une unité lexicale (mais il peut y avoir des évolutions à ce sujet en fonction des compétences linguistiques des membres de la communauté4) et l’identification de la matrice lexicogénique (le procédé de création) qui l’a fait apparaître à un moment précis de l’histoire de la langue, plus ou moins facilement et précisément datable. Deux séries d’exemples serviront d’illustration à la nécessité de cette distinction. ← 49 | 50 →

5.1 Lexies à la fois préfixées et suffixées

Dans la lignée des analyses de Corbin (1990) et de sa logique homonymique illustrée avec les exemples insensibilisable et antialcoolique, on peut penser qu’il y a autant d’homonymes que de sorties possibles de l’application des règles de construction des mots (RCM) aboutissant à un signifiant identique puisqu’à chaque RCM est associée une interprétation sémantique. Sans entrer dans le détail complexe de ce modèle « associatif et stratifié », je me contenterai de montrer qu’il y a, au moins, deux adjectifs asexualisant et que le contexte permet de décider duquel il s’agit et que le sens du néologisme de Saussure indécorable conduit à dire qu’il est créé par préfixation sur un suffixé et non par suffixation sur un préfixé. Cet adjectif indécorable est applicable à un nom de lieu ou de personne « qui ne peut pas être décoré » (où décoré a le sens de « enjolivé » pour un lieu et « honoré » pour une personne) plutôt que « qui peut ne pas être décoré », encore que ce sens ne soit pas exclu dans certaines circonstances (un lieu nu qui peut rester tel quel et n’a pas besoin d’être décoré). Le premier sens qui paraît plus plausible implique une fabrication par préfixation négative (in-décorable) dont le schéma serait [(in) f[[[décor]N]V (able)af]A]A plutôt que par suffixation en -able sur °indécorer non attesté et peu régulier dans la mesure où la préfixation en in- crée surtout des adjectifs et des participes passés.

En revanche l’adjectif asexualisant peut être créé par préfixation ou par suffixation, mais avec des sens non équivalents. Dans le contexte, il s’agit de vêtements portés par une troupe de danseurs et de danseuses. Leurs tuniques asexualisantes ne permettent pas de faire le départ entre les hommes et les femmes. Si l’adjectif était créé par préfixation, il signifierait « qui ne sexualise pas », mais cela impliquerait que les êtres dont il est question sont des êtres par nature asexués / asexuels, ce qui n’est pas le cas. Créé par suffixation, l’adjectif signifie « qui rend asexués / asexuels » des êtres implicitement sexués / sexuels naturellement. La réalité de danseurs et danseuses dont la tunique gomme leur appartenance sexuelle naturelle indique que l’adjectif a bien été créé par suffixation. Les contraintes morphologiques (les règles de création des mots effectivement existantes) et les sens associés à l’application des différentes règles permettent de décider de la matrice en action et de ne pas se contenter de remarquer que le néologisme a un préfixe et un suffixe, par exemple.

Se pose d’ailleurs le problème, déjà évoqué, de l’existence ou non des parasynthétiques, mots créés par l’ajout simultané d’un préfixe et d’un suffixe. Ce concept, qui se fondait sur l’attestation des mots et pas sur le système morphologique, est dû à Hatzfeld / Darmesteter / Thomas (1890). Ainsi, Corbin (1987) récuse l’analyse en parasynthétique au profit de plusieurs étapes successives, dont les résultats ← 50 | 51 → sont conventionnellement attestés ou non (avec la marque ° devant ces mots possibles non attestés, qui servent d’intermédiaires dans une chaîne dérivative). Les suffixés en -ure se font sur base verbale (souder / soudure) ; cela implique que la lexie encablure a été créée sur une base possible non attestée conventionnellement °encabler, fabriquée elle-même par préfixation sur cable.

5.2 Lexies tronquées d’origine étrangère

Un autre type de cas difficiles est celui de lexies tronquées d’origine étrangère. Le problème est simple : s’agit-il d’un emprunt d’une lexie déjà tronquée dans la langue source ou s’agit-il de la troncation, dans la langue cible, d’un emprunt ‘entier’ à une langue source. Et il y a sans doute des cas indécidables. Ce n’est pas en effet parce que la lexie existe sous une forme pleine et sous une forme tronquée dans la langue source que c’est nécessairement la forme tronquée qui a été empruntée dans la langue cible, surtout si y sont aussi attestées les formes pleines. La troncation peut aussi bien avoir lieu dans la langue cible.

Blog vient de la troncation de weblog dans la langue source, et les langues cibles ont emprunté cette forme tronquée, sans qu’y soit utilisée couramment la forme longue. Des phénomènes inverses s’observent dans la réduction d’un composé d’origine étrangère à un seul de ses éléments dans la langue cible. Les mots français parking, dancing représentent la première partie des lexies qui circulent en anglais et qui ne connaissent pas de réduction : parking area, dancing hall, etc.5

Quant aux allogénismes, ce sont des lexies créées dans une langue avec des formants pris à une langue étrangère sans que le résultat existe dans cette langue prétendument source. Camping car « autocaravane », tennisman « joueur de tennis » sont des cas d’allogénismes. Notons que, dans le cas des hybrides, la création autochtone n’est pas discutable comme dans one meuf show « spectacle en solo d’une femme », meuf étant la forme verlanisée de femme. ← 51 | 52 →

6 La permanence des procédés de création des néologismes

On lit parfois que le français (mais on doit le dire aussi pour d’autres langues) a créé et crée des mots selon plusieurs procédés : dérivation et composition essentiellement. Cette assimilation du présent au passé signifie qu’il n’y aurait pas d’évolution dans les procédés et que ce seraient toujours les mêmes qui seraient utilisés. S’il est vrai que la préfixation, la suffixation et divers types de composition sont utilisés tout au long de l’histoire de la langue, il faut aussi noter l’apparition de nouveaux modes de formation ainsi que des variations de productivité de certains éléments au cours des siècles. Sur ce dernier point, qui ne met pas en cause fondamentalement le système, on voit que des affixes qui ont été productifs ne le sont plus (-ance, -ure, par exemple) et qu’inversement des suffixes donnés comme morts et n’existant qu’à l’état résiduel, peuvent ressusciter et redevenir productifs, comme -issime (gravissime, soldissime…) ou -esque (statuesque, charlatanesque…).

Plus importantes que ces variations de productivité de tel ou tel élément sont les apparitions de nouveaux modes de formation des unités lexicales. Benveniste (1974[1966]) en avait identifié deux dans son célèbre article « Formes nouvelles de la composition nominale » : la synapsie et les mots savants. Dans le premier cas, il s’agit d’unités lexicales fabriquées de plusieurs noms reliés par des joncteurs (à et de le plus fréquemment mais pas exclusivement ; comme canon à patate de Vian) et dans le second cas, c’est le recours à des formants dits savants tirés du latin et surtout du grec comme philanthrope (1370 hapax, rare avant le XVIIème s. dans Le Petit Robert) ou graphologue (1891). Notons au passage qu’il ne faut pas confondre ces éléments avec des affixes, comme on le voit trop souvent. Placés pour beaucoup d’entre eux indifféremment en première ou en deuxième position du composé, ils appartiennent à des classes ouvertes : celles des noms, adjectifs, verbes, adverbes dont ils ont la signification lexicale pleine. Toutes ces propriétés différencient les formants savants des affixes et font relever les unités créées avec eux de la composition (et pas de la dérivation, où les affixes s’adjoignent à une base).

Relèvent aussi de la composition —au sens large— de nouvelles formes, apparues plus récemment. Si les mots-valises existent depuis longtemps (sorbonagre se lit sous la plume de Rabelais, donc au XVIème siècle), la compocation, décrite par Cusin-Berche (2003 [1999], 34) est un procédé qui associe deux fragments d’unités lexicales pour en former une nouvelle : héliport combine héli de hélicoptère et port de aéroport, par exemple. Ce procédé de formation est récent et, par souci d’économie, se développe d’une manière importante, surtout dans les domaines spécialisés, sans doute sous l’influence de l’anglais où il y en a beaucoup, et auquel le français a peut-être emprunté le procédé. Les cas de fractocomposition, différents du cas précédent dans la mesure où un seul des deux constituants est tronqué ← 52 | 53 → (comme télé de téléspectateur valant pour télévision) se sont multipliés récemment. Il y a donc au fil du temps des innovations dans la manière de créer de nouvelles unités lexicales (Sablayrolles 2003 ainsi que Rey / Rey-Debove 1993, 16).

7 Conclusion

La néologie nous oblige à toujours nous remettre à l’ouvrage du fait du renouvellement permanent des néologismes mais cet afflux permanent ne doit pas nous faire oublier de questionner les fondements théoriques sur lesquels se fait le travail d’extraction et d’analyse des néologismes. La tendance à considérer comme acquis ce qui se dit ordinairement et à le perpétuer sans remise en question est humaine, comme le philologue Jean Bollack l’avait montré pour des erreurs transmises depuis des générations dans les éditions de textes grecs antiques. Mais une erreur ancienne reste une erreur et ne se mue pas en vérité pour autant. Nous devons donc nous efforcer d’avoir un recul critique sur nos pratiques et leurs soubassements implicites.

Bibliographie

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1 Notons que l’appartenance au genre masculin ou féminin est gommée dans foyer (ou famille) monoparental et que famille monomaternelle qui existe dans certaines langues n’est pas employé en français, comme l’atteste l’unique exemple trouvé à l’aide de Google, le 23 octobre 2015, à propos d’un personnage de fiction d’une série télévisée.

2 Niklas-Salminen (1997, 60) se montre plus prudente en écrivant : « Les préfixes ont très rarement pour effet de modifier la classe de celles-ci [bases] ».

3 Pour ce rôle de la préposition, consulter Gross / Prandi 2004, 173. La suite « gastronome en culottes courtes » figurait dans un slogan publicitaire pour un fromage industriel sans aucun intérêt gustatif.

4 Une formation « classique » fait reconnaître entre des lexies des éléments communs et des parentés, que ceux qui n’en ont pas bénéficié ne voient pas.

5 Sur ce point, nous renvoyons à un article de Humbley (2016, 42–43): « Les troncations camping, dancing, happy end, parking ont tous un modèle facilement identifiable en anglais (camping area, dancing hall, happy ending, parking area), et les formes relevées en français, en italien, voire en danois, en constituent la réplique, telle que Haugen la définit. La modification a eu lieu soit au moment de l’emprunt, soit par la suite, et seule une recherche documentaire au niveau des premières attestations permet de trancher. Il en est de même pour la plupart des emprunts avec modification sémantique : mailing, pressing ont bien des modèles de langue anglaise, mais le sens actuellement constaté en français a divergé depuis le moment de l’emprunt. Il s’agit donc très majoritairement de vrais emprunts ayant subi différentes modifications soit au moment de l’emprunt, soit depuis ».

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Gloria Guerrero Ramos

(Universidad de Málaga)

Nuevas orientaciones en la percepción de los neologismos: neologismos de emisor y neologismos de receptor o neologismos de receptor

Resumen: El interés por la neología en las lenguas románicas no es reciente. De hecho, data de la segunda mitad del siglo pasado. Sin embargo, ha sido en los últimos años cuando se ha producido un proceso de evolución muy acelerado en la investigación en neología. Es ahora cuando la situación actual de la neología permite hablar de nuevas orientaciones que están obligando a una revisión de los parámetros utilizados hasta el momento en el reconocimiento y detección de neologismos. Es sabido que en los últimos años se han alzado voces que ponen en tela de juicio no solo el concepto de neologismo sino también los mencionados parámetros de identificación del mismo, sobre todo, por las limitaciones que presenta el denominado corpus de exclusión, y se está volviendo a priorizar el sentimiento neológico. En consecuencia es necesaria una revisión del propio concepto de neologismo, mediante análisis más cualitativos que cuantitativos, que concluya con una teoría de la neología y del neologismo que nos permita trabajar con rigor científico.

Neología; neologismos; parámetros; nuevas orientaciones; revisión; análisis cualitativos; teoría de la neología y del neologismo

1 Introducción

En los últimos años la investigación en neología ha sufrido un proceso de evolución muy acelerado. Prueba de ello es el interés suscitado por el III Congreso Internacional de Neología en las lenguas románicas, celebrado en Salamanca del 22 al 25 de octubre de 2015. De ser en épocas pasadas un tema que no suscitaba gran interés, sino más bien cierto menosprecio, ha pasado a ser fundamental, ya que, como hemos dicho en otras ocasiones, es la principal manera que tenemos de medir la vitalidad de las lenguas. De hecho, podemos afirmar que una lengua que carece de neología puede ser considerada una lengua muerta.

Si hacemos un poco de historia podemos comprobar que el interés por la neología en las lenguas románicas data de la segunda mitad del siglo pasado. En el mundo francófono el primer coloquio de neología fue organizado en París en 1971 por el Conseil International de la Langue Française. Allí fue donde B. Quemada ← 57 | 58 → señaló la necesidad de asentar la neología de manera institucional. Conocido es por todos el famoso número publicado en 1974, el 36, de la revista Langages dedicado a la neología, donde participan figuras como Guilbert, Gardin, Mortureux, Lefèvre, etc. En el ámbito teórico destacan los trabajos publicados en 1976 por Rey y en seguida nacen las redes en neología, redes que se han extendido por todo el mundo y, con especial cultivo y éxito, por el hispánico.

En este mundo, en el hispánico, precisamente, la palabra neologismo no se registra en el diccionario académico hasta la edición de 1843 como un neologismo procedente del francés y en su definición se percibe esa actitud despectiva a la que aludíamos: «vicio que consiste en introducir voces nuevas en un idioma». Ante esta situación es lógico que para académicos como Mora, según podemos leer en su discurso de entrada el 10 de diciembre de 1848 en la Real Academia Española, el neologismo sea un «mal» al que hay que sentar, como «reo de profanación de cosas santas», en el «banquillo» del severo tribunal académico. En 1869 la institución desechó la citada definición y propuso la que con ligeras matizaciones sigue manteniéndose hoy en día: «vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua. Generalmente se dice de los que se introducen sin necesidad». Poco después, en 1899, Cortázar afirma, en su discurso de ingreso en la RAE, que para el desarrollo y riqueza de una lengua es preciso dotarla de las voces que pidan las necesidades diarias y que el caudal de las lenguas vivas se aumenta con las palabras nuevas procedentes de las ciencias puras y aplicadas. Esta apreciación pone de manifiesto la necesidad de adaptar la lengua a la evolución que sufre la sociedad, con especial hincapié en que ahora han de ser las ciencias las que proporcionen el aumento de caudal léxico de las lenguas vivas.

Sin embargo no será hasta un siglo después cuando Esteban Terradas en su disertación, Neologismos, arcaísmos y sinónimos en Plática de Ingenieros, leída el 13 de octubre de 1946 con motivo también de su entrada en la RAE, proponga que sean los especialistas las autoridades encargadas de sancionar los neologismos mediante la creación de asociaciones técnicas que celebren reuniones anuales o congresos «para llegar a conclusiones sobre el lenguaje y propuestas de adopción de neologismos necesarios». Estamos ya ante la figura del especialista como el único capaz de producir términos nuevos y, por tanto, ante la estrecha relación entre neología y terminología.

No obstante, en España el estudio y recogida de neologismos no se inicia hasta 1989, fecha en la que Mª Teresa Cabré crea el Observatorio de neología en Barcelona, cuya sede desde 1994 está en el Institut Universitari de Lingüística Aplicada (IULA), en la Universidad Pompeu Fabra (observatori.neologia@upf.edu). A partir de ese momento y gracias a la labor coordinada del Observatorio se avanza mucho ← 58 | 59 → en la investigación en neología tanto en el ámbito teórico como en el aplicado. En este sentido no debemos olvidar uno de los primeros proyectos en neología del español, coordinado por Manuel Alvar Ezquerra, del que formamos parte como investigadora, y que concluyó con la publicación del Diccionario de voces de uso actual en 1994. Pero será la creación de las distintas redes neológicas, a las que nos referíamos más arriba, surgidas en el seno del Observatorio: Antenas Neológicas (variedades latinoamericanas), Neorom (red de observatorios de todas las lenguas románicas con sus variedades), Neoxoc (variedades de la lengua catalana) y Neoroc (variedades peninsulares), lo que suponga el impulso definitivo para el estudio y recogida de neologismos no solo en español sino en las demás lenguas románicas que forman parte de dichas redes.

Todos los grupos que formamos parte de tales redes trabajamos indistintamente con neología de la lengua común o de los lenguajes especializados. Pero la mayoría de los corpus que se extraen están basados en la prensa más representativa de cada uno de los lugares en los que se ubican dichas redes. Por tanto, lo lógico es que los neologismos extraídos pertenezcan al ámbito de lo que se conoce como neología general y espontánea. Se sigue una metodología común que asegura el intercambio de información entre las distintas redes. Para ello se tienen en cuenta una serie de parámetros que permiten identificar un neologismo como tal. Tales parámetros son: a) La diacronía: una unidad es neológica si ha aparecido en un período reciente, b) La lexicografía: una unidad es neológica si no aparece en los diccionarios, c) La inestabilidad: una unidad es neológica si presenta signos de inestabilidad formal (morfológicos, gráficos, fonéticos) o semántica y d) La psicología: una unidad es neológica si los hablantes la percibimos como una unidad nueva. De ellos en nuestros vaciados se ha priorizado el criterio lexicográfico.

Ahora bien, la situación actual de la neología permite hablar de nuevas orientaciones que están obligando a una revisión de dichos parámetros y, en consecuencia, es necesaria también una revisión del concepto de neologismo, mediante análisis más cualitativos que cuantitativos, que concluya con una teoría de la neología y del neologismo que permita trabajar a los distintos grupos con rigor científico.

Es sabido que en los últimos años se han alzado voces que ponen en tela de juicio no solo el concepto de neologismo sino también los mencionados parámetros de identificación del mismo, sobre todo, por las limitaciones que presenta el denominado corpus de exclusión, y se está volviendo a priorizar el sentimiento neológico del que hablaran Gardin et al. (1974) y, posteriormente, Sablayrolles (2013), si bien desde otro punto de vista, o más recientemente Sánchez Manzanares (2013).

Necesidad de crear neologismos que designen nuevos conceptos, nuevas realidades hay y ha habido siempre. Su rechazo o aceptación depende de múltiples ← 59 | 60 → factores que, en la mayoría de los casos, nada tienen que ver con la lingüística. En realidad, los criterios utilizados para detectar un neologismo no son excluyentes entre sí. Sin embargo aunque la combinación de todos parece la mejor opción para decidir si nos encontramos ante una palabra nueva o no, en la situación actual pensamos que las nuevas orientaciones en neología se deben basar en una serie de principios que consideramos imprescindibles, teniendo en cuenta que el punto de partida debe ser siempre el sentimiento neológico, ya que sin dicho sentimiento por parte del hablante no podríamos hablar de neologismos. Son los siguientes:

2 Neologismos y diccionario

Debemos reconocer que, aún con las limitaciones a las que nos hemos referido ya en otras ocasiones (Guerrero Ramos 2015), es el criterio lexicográfico el que, al menos hasta el momento, permite medir con cierta objetividad la neologicidad de una voz. Ahora bien, es verdad que toda actividad humana es siempre un poco subjetiva. La inclusión de un neologismo en los diccionarios siempre depende de una o varias personas, es decir del equipo que conforme la redacción del diccionario y cada una de esas personas tiene su propia ideología y su propia competencia lingüística. No obstante, es cierto que los lexicógrafos han de mostrar mucha cautela ante la aceptación del neologismo. Una vez fijados los criterios de dicha aceptación, suelen mantenerlos en todas las palabras consideradas, lo que permite cierta homogeneidad, cierta objetividad en la selección. Por otra parte hemos de ← 60 | 61 → tener en cuenta que el diccionario desde el punto de vista social es reconocido por una comunidad lingüística como institución, es decir, trasciende su carácter descriptivo de la lengua y se constituye en autoridad prescriptiva. Los usuarios presuponen que el diccionario recoge las palabras existentes en su lengua. De este modo, los diccionarios influyen de forma determinante en la aceptación y difusión de los neologismos que en ellos se incluyan. Existe la sensación generalizada entre los hablantes de que la presencia de una palabra en el diccionario es síntoma de que ha dejado de ser neologismo. Hay, en cierto modo, un sentimiento de desneologización por parte del receptor que al ver la palabra ya registrada en el diccionario adquiere fundamento científico. En definitiva, la difusión, aceptación y pervivencia de los neologismos está estrechamente ligada al diccionario3.

Si hacemos un breve recorrido por los diccionarios del español y comenzamos, como es lógico, por el primer diccionario con el que cuenta nuestra lengua, el diccionario de Nebrija, podemos observar que la actitud es prácticamente la misma que mantiene el equipo de lexicografía de la RAE: registra aquellos neologismos que considera estrictamente necesarios, bien porque no hay una palabra que designe la realidad a la que se refieren, bien porque su uso en determinados sectores de la sociedad se impone. Además se prioriza el criterio de formación a partir de elementos existentes en la propia lengua en lugar de la aceptación de palabras extranjeras. Podemos leer en el prólogo del Diccionario latino-español que Nebrija afirma lo siguiente:

Nuevas son las palabras que los autores mui aprovados osaron sacar a luz no aviendo las en antes: por aquella notable regla de oracio. Fue licito y siempre sera sacar nombre del cuño que se usa. Assi tulio de beatus hizo beatitas y beatitudo: delos cuales el uno fue desechado y el otro recebido. Assi en nuestros dias Francisco filelfo hizo stapeda: por aquello que en castellano dezimos estribo. Al osadia del cual aunque todos los mas reclamaron: puede se escusar: por que ningun nombre latino hallo por el cual diesse a entender lo que queria: no siendo aquella cosa entre los antiguos Assi lo mesmo enesta parte ose muchas cosas: delas cuales entre tanto me parece que deven usar: hasta que por otros se hallen otras mejores.

Ante tales afirmaciones es lógico que la mayoría de los neologismos registrados por Nebrija sean sacados, como él mismo indica, del cuño que se usa, como cardenaladgo, compadre, compadradgo, empanada, o prestamera, documentados todos por primera vez en español según el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (DCECH) en nuestro autor. Otros también documentados por primera vez en Nebrija pero no sacados del cuño que se usa son: escabiosa o rendajo. Se ← 61 | 62 → trata de voces necesarias para las que no encuentra otra denominación posible, pero muy acertadas, ya que las han seguido recogiendo sus seguidores y se mantienen en la actual edición del diccionario académico conformando el caudal léxico de la lengua española, a excepción de prestamera que, aunque aparece en DRAE 2014 viene como «desus.».

A pesar de todo, somos conscientes de que es muy difícil que los lexicógrafos compartan una opinión unánime sobre qué neologismos se deben usar, es decir decidir qué entienden por neologismos necesarios y qué por neologismos superfluos. Como para cualquier receptor, lo que para unos es necesario para otros no lo es. Además hemos de tener en cuenta que los diccionarios no pueden recoger todo. De ahí las críticas que solemos hacer en el sentido de que no se recogen los derivados o compuestos. Hay casos, sin embargo como el de tuit admitido ahora con todos sus derivados: tuitear, tuiteo, tuitero, tuitera y retuitear, según podemos ver en la última edición del diccionario académico, cuando, en realidad, no sería necesario. Sabemos que tanto la derivación como la composición son procesos de formación muy productivos en español y quizá, precisamente por ello, no tengan que estar todas esas formaciones presentes en los repertorios lexicográficos. Para ello sería suficiente con contribuir de algún modo «a la actualización de entradas de sufijos, prefijos, circunfijos, elementos compositivos (formantes, en general), de los diccionarios generales, así como a la información que, referida a estos elementos formativos, figura en gramáticas y estudios monográficos específicos de formación de palabras» (Díaz Hormigo 2015, 13).

Lo que sí parece claro es que, en la aceptación y difusión de una palabra nueva, influyen factores extralingüísticos (sociales, culturales, políticos y económicos) y que, cuando un hablante utiliza una palabra nueva, lo hace con conciencia neológica. El hablante elige una palabra nueva, bien porque necesita referirse a un nuevo concepto o bien simplemente porque quiere matizar el cambio que ha sufrido un concepto ya existente, con lo cual es, en realidad, un nuevo concepto, pero no una nueva palabra, como demostrara Pelletier (2012) en su tesis doctoral. En esa situación estamos haciendo un uso neológico de palabras ya existentes en la lengua. Hay muchas razones por las cuales un hablante acude al neologismo, pero casi siempre en su decisión pesan razones de prestigio, de novedad o de necesidad.

En realidad, la propuesta hecha por Pelletier (2012) cuando bajo la etiqueta de dominio neológico como genérico incluye lo que denomina dominio renovador, dominio resistente y dominio de actualidad, subdividido este último en neologismo conceptual y neologismo referencial, coincide con la que desde hace años venimos proponiendo cuando distinguimos entre neologismo strictu sensu y uso neológico por un lado y neologismos de emisor y de receptor por otro. Para esta autora ← 62 | 63 → neologismos en toda regla serían solo los pertenecientes al dominio renovador y al dominio resistente o neologismos procedentes de préstamos de otras lenguas y en cambio los conceptuales o referenciales dependerían de lo que perciban los hablantes como nuevo en un momento dado según factores sociales, políticos, económicos e, incluso geográficos. Muchas veces simplemente se trata de reactualizaciones. Pensemos, por ejemplo, en las tres palabras utilizadas para un mismo concepto, correr: footing, jogging (recogidos ambos en DRAE 2014) y running. En realidad, solo es nueva la última, que no ha sido todavía recogida por la Academia, y ninguna es necesaria porque en español tenemos correr. De hecho, durante un tiempo tanto footing como jogging decayeron ante la variante española correr. No obstante, en los últimos tiempos parece imponerse running y es que además para quien practica este deporte el concepto al que se refiere cada una de ellas es diferente:

En definitiva es la aceptación en el uso de una palabra sea general o especializada por parte del receptor lo que permite hablar de neologismo. No hay necesidad de que sea un neologismo formal o semántico, sino simplemente que el receptor en un determinado contexto, en una determinada situación lo sienta como nuevo.

3 Neologismos especializados y prensa

Dentro de esa aceptación, la situación es distinta cuando los considerados neologismos necesarios se refieren al ámbito científico y tecnológico. Esta consideración nos lleva a establecer la necesaria relación entre neología, o, al menos, neología especializada y terminología. Los expertos de la ciencia o de la tecnología o de cualquier ámbito que se enfoque con una perspectiva especializada precisan de términos para expresar sus conocimientos. Así pues, podemos decir que no existe especialidad alguna que no posea unidades específicas, es decir, términos, que denominen sus conceptos. Parece obvio que si se inventa o descubre algo se hace imprescindible otorgarle un nombre, la difusión del vocablo dependerá en este caso de la suerte del invento o el descubrimiento. Al respecto Clavería (2010, 206) ha dicho: «Existe, además, un vínculo entre neologismo y léxico especializado por cuanto en múltiples ocasiones una palabra se difunde en una lengua a través de un lenguaje de ← 63 | 64 → especialidad». Es, por tanto, dicha divulgación en una lengua, fuera de su contexto especializado, la que nos permite hablar de nuevas orientaciones en la percepción de neologismos. En el ámbito de los lenguajes especializados hay que tener en cuenta, como hemos puesto de manifiesto en multitud de ocasiones (Guerrero 2008, 2015), que las voces que pueden resultar novedosas para un hablante común, pueden no serlo para un especialista en el tema. En realidad, pretendemos demostrar que el uso de léxico especializado en contextos banalizados, en fuentes de divulgación, como la prensa, es una variable que mide la neologicidad de las palabras. Partimos de la concepción de que el grado de neologicidad de una misma unidad puede variar según los usuarios del texto en que aparece. Así, una unidad léxica que no es nueva en un texto entre especialistas, puede ser considerada por el receptor como una nueva unidad en un texto de aprendizaje o en un texto de divulgación dirigido al público en general. Dichas unidades, al igual que otras muchas, son percibidas como neológicas por el receptor porque las desconoce, aunque existan desde hace décadas en un circuito que no es el suyo, sea por motivos generacionales o culturales. De ahí que nuestra propuesta sea la de diferenciar entre neologismos de emisor y receptor, por un lado, y neologismos de receptor, por otro, lo que nos permitirá distinguir ente neologismos propiamente dichos y usos neológicos. Hoy nos llegan noticias controvertidas, que son objeto de debate desde muchos puntos de vista (médico, psicológico, ético, etc.), como puede ser, por ejemplo, el tema de las células madre, con toda la terminología que conlleva. Se trata de una nueva realidad que hay que nombrar y no es posible hacerlo de un modo diferente por parte de unos y otros. Dichas noticias sufren un proceso divulgativo en el que «se lleva a cabo una reformulación de un discurso primario, científico (discours source), en un discurso secundario, divulgativo (discours second) en función del receptor y de la nueva situación comunicativa» (Mappelli 2003, 130). De ahí que la figura del receptor se nos presente fundamental a la hora de delimitar si estamos ante unidades especializadas y si le resultan nuevas o no. Así si un término como AIT (Accidente Isquémico Transitorio) se difunde a través de la prensa, es decir trasciende el ámbito temático y se trasvasa a la lengua común en esta se recibirá como neologismo. Lo mismo ocurre cuando se leen noticias acerca de la bromhidrosis o la superhidrosis que padece cierto jugador, y tantos otros de los que ya nos hemos ocupado en varias ocasiones. El último que hemos tenido ocasión de estudiar es stiletto, préstamo del italiano recién implantado en la lengua común, procedente del ámbito de la moda y, no ajeno por tanto, a los especialistas en ese terreno: diseñadores de zapatos. De su uso, de su difusión se encarga la prensa y en ese sentido podemos afirmar que cumple una labor de propagación de neologismos tanto comunes como especializados nada desdeñable. ← 64 | 65 →

Para ello la labor que venimos realizando los distintos grupos en el vaciado automático o, mejor, semiautomático de neologismos es fundamental. Muestra las tendencias de cada momento, pero creemos necesario volver a los vaciados manuales de discursos tanto orales como escritos que nos permitan reconocer todo tipo de neologismos, semánticos, sintagmáticos, conceptuales, etc., que hasta el momento las herramientas actuales no consiguen.

4 Neologismos y disponibilidad léxica

Pero además de la prensa como medio eficaz para la extracción de neologismos creemos que ha llegado el momento de estudiar la neología desde otras perspectivas, aprovechando, por ejemplo, el marco teórico y la metodología que brindan los estudios sobre la disponibilidad léxica. En un estudio llevado a cabo por José Rubén Trujillo en su trabajo fin de máster que tuvimos ocasión de dirigir aplicamos la metodología que se lleva a cabo en el ámbito de la disponibilidad y extrajimos resultados muy interesantes que corroboran nuestra hipótesis de neología de receptor. La mayoría de voces que allí se obtuvieron son propias de la lengua común. Proceden casi en su totalidad de dos centros de interés 04. La ropa y 07. Alimentos y bebidas. También se obtuvo un número importante de voces nuevas en 01. Colores y 10. Medios de transporte. Algunos de ellos son:

En realidad, al llevar a cabo dicho estudio hemos comprobado que muchas de las voces que los alumnos encuestados han empleado son neologismos en sentido estricto, pero otras son simplemente usos nuevos de la lengua, reactualizaciones de palabras empleadas hace décadas, pero que por distintos motivos son percibidos por el receptor como neologismos. Es el caso, por ejemplo de chapulina, término del ámbito rural que pese a no venir en los repertorios dialectales ha sido utilizada en algunas partes de Andalucía hace mucho tiempo. En la actualidad la crisis ha hecho que muchas familias que dejaron el campo para instalarse en la ciudad trabajando en fábricas o en la construcción, se hayan visto obligadas a volver, con lo que gracias a un sentimiento de novedad tales términos se reactualizan pasando a ser considerados neológicos. Se nos plantea, pues, la cuestión de preguntarse si los dialectalismos han de ser considerados como neologismos. Nuestra respuesta es afirmativa: si las palabras que se originan en una determinada zona geográfica conquistan territorios foráneos, se convierten en nuevas palabras que designan realidades nuevas. Ejemplos de ello podrían ser tinglao, chapulina o pescaíto.

5 Conclusión

En resumen, pensamos que la neología es un fenómeno lingüístico que permite, a través de las palabras, analizar la evolución cultural, científica, económica, política, ideológica, que una sociedad ha experimentado a lo largo de su historia. Además es necesario tener en cuenta que no es lo mismo abordar el estudio de los neologismos desde la perspectiva del hablante que desde la perspectiva del oyente con las implicaciones pragmático-discursivas que ello conlleva.

Por tanto es necesario plantear nuevos retos, nuevas orientaciones en el estudio de la neología y de los neologismos. Tales retos deben girar en torno a la consideración de la neología como una disciplina lingüística pero interdisciplinar, por un lado y por otro, en torno a la consideración del neologismo como un producto también interdisciplinar y, por tanto, abordable desde los diversos puntos de vista objeto de su interdisciplinariedad. Al respecto Díaz Hormigo (2012) ha señalado que la neología léxica es un dominio interdisciplinar y no solo

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1 Entendemos neologicidad tal como aparece definido en Pelletier (2012, 161): «Degré de nouveauté d’un néologisme, basé sur l’étude d’une période déterminée, et le sentiment de nouveauté ressenti par un locuteur, et permettant d’identifier un mot comme étant un néologisme en fonction de critères précis (datation, lexicalisation, analyse conceptuelle et référentielle)».

2 Véase al respecto la tesis doctoral de Sánchez Ibáñez (2013).

3 Véase al respecto el Trabajo fin de máster presentado por María Santos, bajo nuestra dirección en la UMA, en 2013.

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Pascaline Dury

(Université Lumière Lyon 2)

Aurélie Picton

(Université de Genève)

La néologie officielle en français et sa capacité à concurrencer les emprunts à l’anglais : analyse descriptive en diachronie courte

Résumé: L’article ci-dessous a pour objectif principal d’observer, en corpus, la capacité de quelques néologismes officiels à concurrencer les emprunts à l’anglais déjà implantés dans l’usage de deux domaines spécialisés : l’urbanisme et l’architecture. Il s’agit là d’un travail de recherche descriptif, effectué en diachronie courte, couvrant une période allant de 1990 à 2015 et portant plus exactement sur les termes officiels publiés entre 1998 et 2011. Après un rappel de ce qu’est un terme officiel et des étapes amenant à sa création dans le cadre du dispositif d’enrichissement de la langue française, l’article propose quelques définitions préliminaires, notamment en ce qui concerne les emprunts et plus particulièrement les emprunts à l’anglais. Les résultats issus de l’analyse des corpus sont ensuite présentés et permettent d’observer, dans le détail, les cas où les néologismes officiels ont été en mesure de concurrencer, voire de remplacer les emprunts à l’anglais déjà présents dans l’usage ainsi que les cas où les termes officiels, au contraire, ne se sont pas implantés dans les lexiques à l’étude. A l’aide de ces résultats, nous mettons en lumière quelques pistes non exhaustives de réflexions possibles sur l’implantation de la néologie officielle, et qui concernent notamment la place de la connotation, la prise en compte des termes issus de l’usage et des variantes terminologiques.

Néologie officielle ; emprunt à l’anglais ; corpus diachronique ; urbanisme ; architecture

1 La néologie officielle et le dispositif d’enrichissement de la langue française

Les recherches présentées dans cet article s’appuient sur les travaux du dispositif d’enrichissement de la langue française et notamment sur la publication au Journal officiel de la République française d’un vocabulaire de spécialité français destiné « à servir de référence, compte tenu des besoins exprimés, notamment ← 69 | 70 → dans la vie économique, les travaux scientifiques et les activités techniques et juridiques » (rapport annuel de la Commission générale de terminologie et de néologie 2013, 8). Ce dispositif, mis en place par décret le 03 juillet 19961

est l’un des instruments principaux d’une politique linguistique qui vise à garantir l’emploi du français dans les diverses circonstances de la vie citoyenne, à faciliter l’accès du plus grand nombre aux savoirs spécialisés dans un monde dominé par la technologie, et à préserver la diversité linguistique et culturelle comme une composante essentielle du monde actuel. (Ibid., 7)

La coordination et l’animation du dispositif est assurée par la Délégation générale à la langue française et aux langues de France (DGLFLF)2 qui s’appuie entre autres sur la Commission d’enrichissement de la langue française, composée de membres qualifiés, pour la plupart nommés par les différents ministères, ainsi que de représentants de l’Académie française, de l’AFNOR, de l’Organisation internationale de la francophonie et du Conseil supérieur de l’audiovisuel. Cette commission se réunit régulièrement et fonde ses travaux sur les propositions de termes et de définitions faites par 20 collèges d’experts qui couvrent les principaux domaines scientifiques et techniques (par exemple affaires étrangères, justice, sciences et techniques spatiales, chimie et matériaux, agriculture et pêche, etc.). Les experts de ces collèges, tous spécialistes du domaine concerné, sont chargés de repérer les besoins de création néologique a) lorsqu’un concept nouveau apparait et qu’il faut compléter le vocabulaire français pour dénommer ce nouveau concept et b) lorsqu’un terme en langue étrangère est utilisé de façon jugée abusive et qu’il faut proposer un concurrent en français. Le travail présenté ci-dessous s’intéresse plus particulièrement à ce deuxième cas de figure.

Une fois ces besoins identifiés, les experts proposent des termes, accompagnés de leur définition, qui sont soumis à un premier examen de la Commission d’enrichissement de la langue française. Lorsqu’il y a validation, éventuellement après proposition de modification(s), par cette commission, les termes et leur définition sont ensuite transmis à l’Académie française pour un examen final, examen qui conduira éventuellement à des demandes de modification(s) supplémentaire(s) des définitions et, parfois, des termes eux-mêmes. Le tout est alors de nouveau soumis ← 70 | 71 → pour étude aux collèges d’experts avant de parcourir une nouvelle fois les étapes citées ci-dessus. Lorsque l’Académie, en fin de processus, donne son accord, le terme accompagné de sa définition est publié au Journal officiel de la République française, ainsi qu’au Bulletin officiel du ministère de l’Education nationale et devient donc un terme « officiel », dont l’utilisation est obligatoire dans les correspondances et documents émanant des ministères et des établissements publics de l’Etat. L’usage de ces termes est recommandé, mais pas obligatoire, pour le grand public et dans tout lieu d’exercice professionnel ne dépendant pas de l’Etat.

L’étude présentée ici, à caractère essentiellement descriptif, s’appuie sur les termes publiés au Journal officiel entre 1998 et 2011 dans le domaine de l’urbanisme (28 termes) et de l’architecture (25 termes), soit 53 termes au total.

2 Rappel des objectifs et définitions préliminaires

2.1 Les emprunts qui font l’objet d’une recommandation officielle

Cet article vise à présenter les résultats d’une exploration en corpus spécialisés, afin d’observer la capacité d’un certain nombre de néologismes officiels à concurrencer des emprunts à l’anglais déjà implantés dans les lexiques étudiés : nous nous sommes donc arrêtées ici à l’observation des seuls emprunts à l’anglais pour lesquels les collèges d’experts compétents ont jugé utile de proposer des concurrents terminologiques en français et avons écarté de notre analyse les emprunts à l’anglais présents dans les corpus analysés, mais qui n’ont pas fait l’objet d’une recommandation officielle (par exemple le desk sharing ou le just-in time office dans le domaine de l’architecture, ou encore les clusters dans le domaine de l’urbanisme). Par ailleurs, ce travail n’a pas pour ambition de mesurer exhaustivement la place et l’importance des emprunts à l’anglais dans les domaines choisis pour l’étude, mais bien seulement d’observer le comportement, en corpus, de néologismes français supposés concurrencer certains de ces emprunts. L’objectif ici est de lier l’étude d’un certain type de néologismes (les néologismes officiels) à celle des emprunts à l’anglais, dans un contexte de discours spécialisé.

Le phénomène de l’emprunt, et notamment de l’emprunt à l’anglais par la langue française, a fait l’objet d’un certain nombre de travaux (parmi les articles consultés pour ces recherches, on peut citer Humbley 1974 ; Picone 1992 ; Grigg 1997 ; Steuckardt 2006 ; et Chesley 2010), mais la grande majorité de ces travaux portent sur la langue générale plutôt que sur la langue spécialisée et tous ne s’accordent pas sur comment il convient de nommer ce type d’emprunt, sur le degré d’adaptation au système de la langue française qui fait qu’un emprunt cesse de ← 71 | 72 → l’être, sur les stades de lexicalisation (par exemple, un terme anglais qui entre dans la nomenclature d’un dictionnaire de langue générale peut-il être considéré comme intégré à la langue française ?), ni même sur la typologie qu’il convient d’adopter pour classer ces emprunts (selon les auteurs, les typologies choisies mettent diversement l’accent sur les faux emprunts, les faux anglicismes, les calques, les emprunts externes directs, les emprunts sémantiques, morpho-sémantiques, morphologiques, syntactico-sémantiques, etc.).

Étant donné l’objectif que nous nous étions fixé d’une étude essentiellement descriptive, le classement choisi ici pour distinguer les emprunts présents dans les corpus analysés est volontairement simplifié. Nous le considérons en effet comme un outil opérationnel d’observation et de repérage des éléments morphologiques et sémantiques propres à la langue anglaise, qui sont présents dans les corpus à l’étude avant et après 1998.

Nous avons donc considéré, pour ce travail, qu’un emprunt à l’anglais désigne un terme dont tout ou partie de la forme et/ou du sens provient de l’anglais sans qu’il y ait eu adaptation morphologique ou orthographique à la langue emprunteuse. Nous nous appuierons donc sur la différence entre :

les emprunts directs (les termes anglais qui sont repris tels quels en français, sans que la forme ait été modifiée),

les emprunts hybrides3 (c’est-à-dire les termes composés d’un élément ou de plusieurs éléments propres à la langue française et de un ou plusieurs éléments —formels ou sémantiques— provenant de la langue anglaise),

et les emprunts sémantiques (qui correspondent à l’introduction d’un sens nouveau provenant de l’anglais, pour un terme français existant déjà mais avec un autre sens).

Il nous semblait cependant intéressant d’observer aussi les emprunts à l’anglais du point de vue de l’énonciateur et de leur mise en discours par les experts, aussi avons-nous décidé de faire la différence entre :

les emprunts « autonomes », qui s’utilisent tels quels dans les corpus, sans marque typographique (guillemets ou italiques) particulière et qui ne font pas l’objet d’une explication ou d’une définition, en français, lorsqu’ils sont employés par les auteurs,

et les emprunts « glosés », qui à l’inverse, font systématiquement l’objet d’une reformulation ou d’une explication en français, souvent immédiatement à la suite, entre parenthèses. Nous considérons en outre que l’utilisation d’emprunts ← 72 | 73 → glosés dans un texte peut indiquer une prise de distance de l’auteur qui manifeste ainsi sa conscience linguistique que le terme n’est pas ou plus adapté. Il sera particulièrement intéressant d’observer, d’un point de vue diachronique, si certains emprunts à l’anglais passent du statut d’emprunt autonome à celui d’emprunt glosé au fil du temps, marquant ainsi une certaine « fragilisation » dans l’emploi du terme par les experts. Il sera également intéressant d’observer si cette « fragilisation » correspond, au moins chronologiquement, à l’introduction dans le lexique d’un néologisme officiel.

2.2 Officialisme versus terme officiel et emprunt à l’anglais versus anglicisme

Nous l’avons déjà souligné : ce travail se concentre sur les termes validés par la Commission d’enrichissement de la langue puis par l’Académie française et publiés au Journal officiel de la République française. Nous appellerons ces termes des termes officiels ou des néologismes officiels plutôt que des officialismes, terme que l’on rencontre parfois pour les désigner, car ce dernier nous semble porteur d’une connotation péjorative qui ne correspond pas aux objectifs de ce travail : il ne s’agit pas ici d’évaluer ou de porter un jugement sur le succès, la productivité ou les manquements du dispositif d’enrichissement de la langue française, mais bien de présenter les résultats chiffrés de recherches essentiellement descriptives. De la même façon, nous n’avons pas pour objectif d’évaluer l’importance ou de commenter la place occupée par la langue anglaise dans les langues de spécialités à l’étude, aussi, préférons nous parler d’emprunt à l’anglais plutôt que d’anglicisme, un terme lui aussi porteur d’une connotation péjorative, qui ne correspond pas à l’esprit de cette étude. Nous rejoignons d’ailleurs sur ce point Renner :

3 Les corpus analysés et la méthodologie mise en place

3.1 Corpus diachroniques et outils d’analyse

Un corpus à visée diachronique, dans le domaine de l’architecture et de l’urbanisme, a été constitué pour les besoins de cette recherche, et a été divisé en deux sous-corpus, eux-aussi diachroniques : un premier sous-corpus rassemblant des documents publiés dans le domaine entre 1990 et 1998, permettant de détecter ← 73 | 74 → la présence d’emprunts à l’anglais dans les lexiques à l’étude, et ce avant la publication des termes officiels sélectionnés, et un second sous-corpus contenant des textes publiés entre 1999 et 2015, utilisé pour observer les mouvements du lexique et plus précisément les modifications éventuelles intervenues après publication des néologismes officiels.

Tous les textes sélectionnés pour la constitution des corpus sont des textes spécialisés, chapitres d’ouvrages, de thèses ou de revues scientifiques, rédigés par des experts francophones des domaines à l’étude pour d’autres experts francophones. Le premier corpus (1990–1998) compte 309 384 occurrences et le second corpus (1999–2015) en compte 451 191.

Les deux corpus ont été analysés à l’aide de TermoStat Web 3.04 (Drouin 2003) et Antconc5 (Anthony 2005), deux outils disponibles gratuitement sur internet, qui ont été utilisés ici pour l’extraction des termes et des contextes.

Nous gardons présent à l’esprit que les résultats présentés dans cet article correspondent à une exploration de corpus qui ont une taille relativement réduite, et qui ne peuvent donc être utilisés pour tirer des conclusions d’ordre général sur les langues de spécialité concernées. Il s’agit en outre de corpus écrits, d’articles et de chapitres d’ouvrages destinés à être publiés, et il faut prendre en compte le fait que les auteurs des ces textes ont peut-être pratiqué une certaine autocensure linguistique en évitant d’utiliser trop de termes anglais dans leurs écrits, termes anglais qu’ils utilisent par ailleurs fréquemment à l’oral, dans leur pratique quotidienne professionnelle. Il ne faut donc pas écarter la possibilité qu’un certain nombre d’emprunts à l’anglais couramment employés dans le domaine de l’architecture et de l’urbanisme n’apparaissent pas du tout dans le corpus, ayant été rejetés par le filtre du passage à un écrit publiable. Nous reviendrons sur ce point en conclusion.

4 Des résultats contrastés

4.1 Les cas où les emprunts à l’anglais sont concurrencés dans l’usage

Parmi les 53 termes officiels publiés entre 1998 et 2011 dans les domaines à l’étude, 15 ont retenu notre attention, car ils correspondent à des emprunts à l’anglais (tels que nous les avons définis plus haut : emprunts directs, emprunts hybrides ou emprunts sémantiques) présents dans le premier corpus (1990–1998) : ← 74 | 75 →

Tableau 1 : Termes officiels publiés entre 1998 et 2011 et leurs concurrents terminologiques empruntés à l’anglais présents dans le premier sous-corpus

Terme officiel publié entre 1998 et 2011 Emprunt à l’anglais correspondant présent dans le premier sous-corpus (1990–1998)
bureau combiné combi-office
création architecturale design architectural
décoration urbaine design urbain
galerie marchande shopping mall
kiosque de piscine pool house
maison mobile mobil(e)6 home
mise en scène d’intérieur home staging
plateau open space
prestations intégrées contrat/prestation in-house
pseudopole edge city
résidence protégée gated community
salle de séjour living room
silhouette urbaine skyline
stockage en libre-service self-storage
tissu urbain fabrique urbaine

Parmi ces 15 termes officiels, six ont une fréquence numérique brute supérieure à l’emprunt à l’anglais correspondant dans le second corpus (1999–2015) analysé, ce qui peut laisser penser qu’il existe un lien, au moins chronologique, entre leur publication et l’utilisation décroissante de l’emprunt à l’anglais dans les lexiques observés.

Ainsi, le terme création architecturale apparait plus souvent dans le second corpus que dans le premier (77 occurrences contre 29 occurrences), et supplante ainsi numériquement l’emprunt hybride design architectural (pas plus que 31 occurrences dans le second corpus). Le terme stylisme architectural, en revanche, noté comme synonyme officiel de création architecturale et publié dans la même fiche au Journal officiel, n’apparait ni dans le premier, ni dans le second corpus.

Les termes salle de séjour (41 occurrences dans le premier corpus et 133 dans le second) et tissu urbain (43 occurrences dans le premier corpus contre 71 dans le second) remplacent assez nettement, dans le second corpus à l’étude, les termes ← 75 | 76 → concurrents living room (qui passe de 67 occurrences dans le premier corpus à 10 dans le second) et fabrique urbaine (17 occurrences dans le premier corpus et cinq dans le second).

Enfin, le terme prestations intégrées (qui passe d’une occurrence dans le premier corpus à 43 dans le second) semble concurrencer efficacement l’emprunt in-house, puisque la combinaison de termes contrat in-house et prestation in-house apparait 11 fois dans le premier corpus mais disparait totalement du second :

Tableau 2 : Termes officiels ayant une fréquence d’apparition brute plus élevée que l’emprunt à l’anglais dans le second corpus

Terme officiel (emprunt à l’anglais) Nbre d’occurrences dans le premier corpus (1990–1998) Nbre d’occurrences dans le second corpus (1999–2015)
création architecturale (design architectural) 29
52 (2)7
77
31 (17)
salle de séjour (living room) 41
67 (10)
133
10
tissu urbain (fabrique urbaine) 43
17 (1)
71
5 (4)
prestations intégrées (prestation/contrat in-house) 1
11 (4)
43
0

Nous remarquons ici que dans trois des six cas relevés ci-dessus (création architecturale, salle de séjour et tissu urbain), le terme officiel apparait déjà un certain nombre de fois dans le premier corpus (respectivement 29, 41 et 43 fois) et qu’à la date de la publication officielle de ces termes (en 2000 pour les deux premiers et en 1998 pour le dernier), ils ne sont plus, à proprement parler, des néologismes. Nous reviendrons sur ce point en conclusion.

Nous soulignons également que dans deux de ces cas, lorsque l’emprunt à l’anglais est encore utilisé dans le second corpus, il est plus systématiquement glosé que dans le premier corpus, ce qui indique sans doute qu’il y a « fragilisation » de son emploi par les auteurs, qui ressentent le besoin de reformuler ou d’expliquer un terme qui n’est plus le terme privilégié ou en cours d’usage. On trouve ainsi, dans le premier corpus et pour le terme design architectural, de nombreux contextes non glosés : ← 76 | 77 →

Alors que de nombreux contextes issus du second corpus montrent que le terme s’utilise dans un plus grand nombre de cas suivi d’une glose de reformulation : « […] l’importance de la prédiction de la lumière naturelle pour les étapes conceptuelles du ‘design architectural’ (autrement dit la création architecturale) ». (Corpus 2, 2004)

Deux termes empruntés, gated community et shopping mall, enfin, présentent un intérêt tout particulier, car ils correspondent à des cas où l’emprunt à l’anglais est certes concurrencé numériquement par le terme officiel correspondant, mais ce dernier n’est pas le terme apparaissant le plus fréquemment dans le corpus observé : dans ces deux cas, c’est un autre terme français, issu de l’usage, qui a le nombre d’occurrences le plus important. Ainsi, le terme officiel galerie marchande (aucune occurrence dans le premier corpus, mais 23 occurrences dans le second) s’impose t’il bien face à shopping mall (29 occurrences dans le premier corpus, une seule dans le second), mais il est lui-même supplanté numériquement par le terme centre commercial, très fréquent dans le second corpus (79 occurrences). De la même façon, le terme officiel résidence protégée (13 occurrences dans le second corpus) apparait-il plus fréquemment que l’emprunt gated community (19 occurrences dans le premier corpus, dont 15 glosées et six —glosées uniquement- dans le second), mais il compte moins d’occurrences que les termes concurrents complexe résidentiel fermé (aucune occurrence dans le premier corpus mais 17 dans le second) et ensemble résidentiel fermé (aucune occurrence dans le premier corpus mais 29 dans le second).

Tableau 3 : Les termes officiels et leurs concurrents issus de l’usage

Emprunt à l’anglais Néologisme officiel * Néologisme issu de l’usage Nbre d’occurrences dans le premier corpus (1990–1998) Nbre d’occurrences dans le second corpus (1999–2015)
gated community
résidence protégée *
complexe résidentiel fermé
ensemble résidentiel fermé
19 (15)
5
0
0
6 (6)
13
17
29
shopping mall
galerie marchande *
centre commercial
29 (20)
0
20
1 (0)
23
79 ← 77 | 78 →

4.2 Les cas où les emprunts à l’anglais résistent à l’introduction de néologismes officiels

Si les chiffres extraits du corpus indiquent que dans certains cas, les termes officiels arrivent à concurrencer nettement les emprunts à l’anglais déjà installés dans le lexique tel qu’il peut-être observé par le biais des deux corpus compilés, ils montrent également que dans un certain nombre d’autres cas, l’emprunt à l’anglais reste nettement dominant numériquement.

Ainsi, le terme officiel bureau combiné est-il totalement absent du premier corpus, et n’apparait que deux fois dans le second corpus, alors que le terme concurrent emprunté un combi-office passe de 16 à 28 occurrences, non glosées, du premier au second corpus.

De la même façon, le terme officiel maison mobile passe de deux à 14 occurrences du premier au second corpus, mais le terme emprunté correspondant mobil(e) home passe de 22 à 125 occurrences, non glosées, dans les mêmes corpus. On trouve ainsi, dans le second corpus, des contextes du type :

Le néologisme kiosque de piscine n’est présent ni dans le premier, ni dans le second corpus, alors que le terme emprunté pool house passe de 20 à 43 occurrences autonomes du premier au second corpus.

Le néologisme officiel décoration urbaine, quant à lui, bien que de plus en plus utilisé dans les corpus observés (neuf occurrences dans le second corpus contre deux dans le premier), reste moins employé que design urbain, un emprunt hybride qui apparait 27 fois dans le premier corpus et 31 fois dans le second, également de façon autonome. Il est en outre intéressant ici de souligner que le terme design, présent dans deux termes anglais à l’étude (architectural design et urban design) est, dans nos corpus, concurrencé efficacement par le terme création (architecturale), mais pas par celui de décoration (urbaine). Nous touchons là sans doute à une difficulté propre à la néologie induite par la présence d’un terme étranger : celle de trouver des termes français suffisamment précis et justes pour désigner des concepts anglais finalement singuliers et assez complexes, comme c’est le cas de design, mais nous reviendrons sur ce point-là un peu plus loin.

Enfin, le terme home staging reste numériquement nettement dominant dans l’usage du second corpus (35 occurrences non glosées contre 15 dans le premier), le néologisme officiel mise en scène d’intérieur n’apparaissant pas dans le premier ← 78 | 79 → corpus et apparaissant seulement cinq fois dans le second, suivi en outre, systématiquement et entre parenthèses du terme anglais home staging.

Tableau 4 : Emprunts à l’anglais avec un nombre d’occurrences brutes supérieur dans le second corpus

Emprunt à l’anglais (néologisme officiel) Nbre d’occurrences dans le premier corpus (1990–1998) Nbre d’occurrences dans le second corpus (1999–2015)
combi-office
(bureau combiné)
16 (0)
0
18 (0)
2
mobil(e) home
(maison mobile)
22 (0)
2
125 (0)
14
pool-house
(kiosque de piscine)
20 (0)
0
43 (0)
0
design urbain
(décoration urbaine)
27 (0)
2
31 (0)
9
home staging
(mise en scène d’intérieur)
15
0
35 (0)
5

Dans les cas qui viennent d’être évoqués, l’emprunt à l’anglais prédomine très nettement dans l’usage des corpus, il est toujours utilisé de façon autonome, et il n’a pas été possible, pour aucun de ces emprunts, de repérer la présence de termes français éventuellement concurrents pour désigner la même notion.

Dans les cas qui suivent, même si l’emprunt à l’anglais reste numériquement dominant dans le second corpus, il apparait plus fréquemment accompagné d’une glose que les emprunts cités précédemment et il existe en outre des termes français, souvent issus de l’usage, qui s’utilisent parallèlement, même si moins fréquemment, à ce terme emprunté.

Ainsi, l’emprunt skyline (14 occurrences —dont huit glosées- dans le premier corpus, 70 —dont 60 glosées- dans le second) est parfois remplacé (ou glosé) par silhouette de la ville (7 occurrences dans le premier corpus, 34 dans le second). On trouve ainsi dans le second corpus :

Le néologisme officiel silhouette urbaine n’est pas absent de nos corpus, il apparait huit fois de 1990 à 1997 et 22 fois de 1998 à 2015. ← 79 | 80 →

Le terme edge city passe de 18 à 26 occurrences —dont 20 glosées- du second au premier corpus, mais on trouve aussi parfois le terme ville lisière (qui passe de 1 à 16 occurrences du premier au second corpus). Le néologisme officiel pseudopole, quant à lui, est absent du premier, comme du second corpus.

Enfin, l’emprunt à l’anglais open space domine nettement l’usage reflété dans le premier comme dans le second corpus (18 occurrences entre 1990 et 1997 et 51 occurrences — dont 41 autonomes- entre 1998 et 2015), mais on trouve également le terme concurrent, toujours employé au pluriel, de bureaux ouverts (une occurrence entre 1990 et 1997 et 21 occurrences entre 1998 et 2015). Le néologisme officiel plateau est utilisé 5 fois dans le premier corpus et 12 fois dans le second, mais le nombre d’occurrences augmente lorsque son sens est précisé par un adjectif : plateau ouvert (absent du premier corpus), apparait ainsi 19 fois dans le second corpus.

Tableau 5 : Les termes officiels et leurs concurrents issus de l’usage

Emprunt à l’anglais
néologisme officiel *
néologisme issu de l’usage
Nbre d’occurrences dans le premier corpus (1990–1998) Nbre d’occurrences dans le second corpus (1999–2015)
edge city
pseudopole *
ville lisière
18 (6)
0
1
26 (20)
0
16
open space
plateau *
bureaux ouverts
plateau ouvert
18 (1)
5
1
0
51 (10)
12
21
19
skyline
silhouette urbaine *
silhouette de la ville
silhouette
14 (08)
8
7
5
70 (60)
22
34
9

Enfin, le dernier terme étudié correspond à un cas particulier : en effet, le néologisme officiel stockage en libre service ne s’est pas implanté dans les corpus observés (il est absent du second comme du premier corpus), et le terme équivalent anglais self-storage, bien qu’apparaissant 16 fois dans le premier corpus, disparait complètement du second corpus. Il y est remplacé par un terme hybride, le self-stockage, assez fréquent dans notre second corpus (29 occurrences), alors qu’il est totalement absent du premier. ← 80 | 81 →

Tableau 6 : Le cas du néologisme officiel stockage en libre service

Emprunt à l’anglais néologisme officiel * néologisme issu de l’usage Nbre d’occurrences dans le premier corpus (1990–1998) Nbre d’occurrences dans le second corpus (1999–2015)
self-storage
stockage en libre service *
self-stockage
8
0
0
0
0
12

5 Réflexions et conclusions

Trois remarques, déjà faites ailleurs et inspirées de travaux similaires (Dury, à paraître), s’imposent : la première porte sur la place de la connotation, encore trop peu étudiée pour les termes spécialisés, mais qui, de toute évidence, occupe une place déterminante en matière d’implantation des néologismes, y compris des néologismes officiels. L’emprunt anglais pool house, dominant dans l’usage de nos corpus, par exemple, nous semble-t-il donner une idée plus positive que le terme officiel concurrent kiosque de piscine, moins enclin à susciter l’impression de luxe et de farniente. De même, on peut penser que la présence de pseudo- dans pseudopole, qui est absent de nos corpus, colore le terme d’une légère péjoration qui ne se trouve pas dans l’emprunt edge city. Thoiron, Iwaz et Zaouche le faisaient déjà remarquer en 1997 dans les conclusions d’une étude d’implantation des arrêtés de terminologie dans le domaine de la santé et de la médecine : les termes présentant des connotations peu valorisantes ou étant perçus comme trop peu techniques par les experts sont ceux dont l’implantation est globalement mauvaise.

La seconde remarque porte sur la difficulté de rendre compte adéquatement, en français, de la complexité et de la singularité de certains concepts, comme nous l’avons évoqué plus haut au sujet du substantif design qui désigne, dans le contexte qui nous intéresse, à la fois l’acte de création, le résultat artistique, et l’agencement de détails et d’éléments dans un ouvrage d’art afin de produire un effet esthétique. Ainsi, le terme décoration urbaine qui ne s’est pas imposé dans nos corpus face à design architectural est-il peut-être perçu par les experts comme réduisant trop le sens véhiculé par l’emprunt, mieux rendu par le terme création. Renner indique d’ailleurs au sujet des termes sightseeing et resort, dans le domaine touristique, que :

La dernière remarque porte sur l’importance, lorsqu’il s’agit de créer un terme officiel, de tenir compte de l’usage existant : en effet, parmi les six termes officiels ayant réussi à concurrencer efficacement les termes empruntés dans nos corpus, trois (création architecturale, tissu urbain et salle de séjour) apparaissaient déjà fréquemment dans notre premier corpus ; le paradoxe étant qu’un néologisme officiel a peut-être plus de chance de s’implanter s’il n’est en réalité pas un terme nouveau et qu’il est déjà utilisé par les spécialistes.

Biographical notes

Joaquín García Palacios (Volume editor) Goedele De Sterck (Volume editor) Daniel Linder (Volume editor) Nava Maroto (Volume editor) Miguel Sánchez Ibáñez (Volume editor) Jesús Torres del Rey (Volume editor)

Joaquín García Palacios, Goedele De Sterck, Daniel Linder, Nava Maroto, Miguel Sánchez Ibáñez y Jesús Torres del Rey son investigadores del Grupo ATeNeo-NeoUSAL de la Universidad de Salamanca. Su trabajo se centra en la investigación sobre neología y terminología, especialmente cuando estas disciplinas se relacionan con la traducción. Encargados de la organización en 2015 del III CINEO.

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Title: La neología en las lenguas románicas