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Pioneras y colonizadoras en Hispanoamérica (siglos XIX y XX)

Habitar el espacio cultural (literatura, prensa, política)

by Almudena Mejías Alonso (Volume editor) María del Rocío Oviedo Pérez de Tudela (Volume editor)
©2026 Edited Collection 270 Pages

Summary

En el ámbito de la cultura y la prensa hispanoamericanas, hasta llegar al siglo XX, la presencia de las mujeres es excepcional. Sin embargo, su lucha comienza varios siglos antes y, paulatinamente, estas pioneras van a colonizar un espacio que les pertenece, hasta lograr el derecho al voto. Conforme avanza el tiempo, su presencia e influencia se hacen recurrentes y, en algunos casos, promueven revistas donde se recogen tanto sus reivindicaciones como sus obras. Los estudios que confi guran este volumen han sido escritos por reconocidos especialistas y abarcan Hispanoamérica en su conjunto, con especial incidencia en los casos de México, República Dominicana, Río de la Plata y Chile.

Table Of Contents

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  • Indice
  • In memoriam Almudena Mejías y Presentación del volumen
  • Con voz de mujer: Literatura y educación en el siglo XIX hispanoamericano
  • Mexico
  • Colonizar la cultura. El batallar de escritoras y docentes mexicanas a través de la prensa
  • Rosario Castellanos o la lucidez autocrítica. A propósito de los cuentos de Ciudad Real
  • Republica Dominicana
  • Pioneras del cuento dominicano (1901–1952)
  • Hacia la reestructuración del canon: Amelia Francasci (1850–1941)
  • Rio de la Plata
  • Pioneras del teatro feminista rioplatense: Laura Cortinas, Salvadora Medina Onrubia y Malena Sandor
  • Caminando por la memoria: recuperación bibliográfica de la poesía femenina en la prensa periódica argentina de la vanguardia. Los años 20
  • Ojos de adivina. Silvina Ocampo (1903–1993)
  • ¡Cómo no hemos podido librarles de la muerte! Intelectuales uruguayas ante la guerra de España
  • La poética de la exaltación. Blanca Luz Brum y la dirección de revistas literarias
  • Sara Sabor Vila: Bibliotecología e historia para la Argentina y el continente americano
  • Chile
  • La escritura violentada y el cuerpo herido de la letra en Diamela Eltit
  • Anexos
  • Anexo 1: Índice bibliográfico de poetisas que colaboraron en la prensa periódica vanguardista argentina de los años 20
  • Anexo 2: Bibliografía de Sara Sabor Vila de Folatti Tornadú

In Memoriam

Almudena fue una excelente compañera con la que he tenido el honor de compartir despacho, horas, y amistad. Fue secretaria del departamento y más tarde lo dirigió, cuando aún llevaba el nombre de Literatura Hispanoamericana. Al unirse a Literatura española coordinó nuestra “Unidad docente de Literatura hispanoamericana”, dentro del departamento de “Literaturas Hispánicas y Bibliografía”.

Fue una verdadera maestra en el más amplio sentido de la palabra. Hace apenas dos meses, en un colegio, encontré a una de sus antiguas alumnas que no había olvidado ninguna de sus clases y cuyos pasos ha procurado seguir cuando, como profesora, tuvo que enseñar. Sus PowerPoints preparados con rigor, entusiasmo y cuidado, son inolvidables para cada uno de sus alumnos. Y ha dejado un eco de seriedad y preparación en cada uno de los que han asistido a sus clases o a sus presentaciones.

Desde el principio estuvo interesada en la escritura de mujeres como demostró con su tesis doctoral sobre Rosario Castellanos y, más adelante, con el volumen publicado en 1995, con Juana Martínez, Hispanoamericanas en Madrid (1800–1936). Una línea de investigación que, con el tiempo y con los distintos proyectos en torno al modernismo, nos reunió en intereses comunes respecto al movimiento finisecular encabezado por Darío; entre otras cuestiones, la imagen en cualquiera de sus manifestaciones artísticas y el periodismo. Poco a poco se intensificaron las colaboraciones. La primera fue la edición crítica de Don Catrín y Noches tristes (2001) de Lizardi, para editorial Cátedra. Este ámbito de la edición crítica fue uno de los que más atrajeron a Almudena Mejías, y en el que destacó, como se puede comprobar en la que realizó sobre la famosa obra, Ídolos rotos (2009), de Manuel Díaz Rodríguez, también para Cátedra. Y, precisamente, son dos volúmenes de edición crítica a los que dedicó sus investigaciones más recientes, El arte de la poética en los virreinatos de América1 (2019) y Tabaré (2023), de Juan Zorrilla de San Martín, ambas publicadas por la editorial Complutense.

Los primeros proyectos que nos reunieron se realizaron en el marco de Innovación educativa, y tuvieron como eje el Archivo Rubén Darío (Telemática y edición. Aplicaciones didácticas del Archivo Rubén Darío, 2005–2010), que coordiné, y la edición crítica de sus materiales que, previamente digitalizados, entregábamos a los alumnos. El segundo fue el famoso Catálogo de medios audiovisuales, primero dirigido por ella y, más adelante, por Cristina Bravo, en el que participamos varios de los profesores que hoy nos reunimos en este volumen de homenaje. Fruto de este trabajo fueron dos libros: El mito de Cecilia Valdés (2014) e Historias de un imperio. Maximiliano y Carlota (2016).

Así mismo participó en dos proyectos I+D, el primero dirigido por Marina Gálvez en torno al Teatro hispanoamericano (2008), y el segundo dirigido por Juana Martínez que tuvo como eje el Cuento hispanoamericano (2010–2014) y cuyos resultados se encuentran en la base de datos Cuento hispanoamericano2 y en un monográfico de la revista Inti, titulado “Fuentes para la Historia del Cuento Hispanoamericano. Siglo XX” (núms. 81/82, 2015).

Los dos últimos proyectos I+D en los que participó se gestaron en torno al Archivo Rubén Darío (2008–2013 y 2014–2018) y, sobre todo, las revistas del modernismo, cuyo origen estuvo en los números de Mundial y Elegancias (apenas cinco) que se conservaban en la Complutense. Proyectos que nos entusiasmaron a todos los participantes y permitieron la intervención de los miembros del proyecto en varios congresos internacionales3, con ponencias relacionadas que posibilitaron armar mesas redondas y publicaciones colectivas, así como investigaciones en archivos y bibliotecas. Pero también facilitó poder ahondar en las relaciones de amistad y compañerismo más allá de las aulas.

Hace cuatro años presentamos un proyecto I+D bajo la dirección de Almudena Mejías, en el que se abordaba una de sus líneas de investigación más personales: la labor de aquellas mujeres que se dedicaron a la docencia y la formación femenina desde el siglo XIX, así como su clara actuación en el periodismo. El antecedente estuvo en una publicación que se puede consultar en línea, Aproximación a un nomenclator de escritores hispanoamericanos del siglo XIX4. En él se encontraban los nombres de algunas mujeres que, en su mayor parte, fueron poetas o escritoras de ficción y cuya actividad excedió el marco privado y docente para difundirse en la creación literaria o en la fundación o colaboración en revistas. No logramos su aprobación y decidimos publicar un volumen colectivo con aquellos que nos habíamos comprometido para llevarlo a cabo. Almudena figuraba como coordinadora del volumen, nos llegaron algunos textos hace dos años, y poco a poco las circunstancias dilataron su publicación en el tiempo. Su enfermedad primero y su ausencia más tarde, muy difícil de superar cada vez que emprendía la recolección de los artículos, colaboraron a este retraso. Otros muy queridos colegas quisieron dejar el rastro de su pluma y sus investigaciones en este volumen, que se ha convertido en un homenaje a su coordinadora.

La huella de Almudena queda no solo en estas páginas y en tantas publicaciones realizadas por ella, de las que solo hemos ofrecido un bosquejo, sino en la memoria de los que tuvimos la fortuna de compartir horas y horas en las aulas, en los congresos, en el despacho o en los pasillos de los tres o cuatro edificios de la Facultad de Filología… Su ausencia lastima día a día.

Presentación del volumen

El título del libro ha provocado ciertas disensiones. El inicial, “Colonizadoras”, que acordamos Almudena Mejías y yo, mantiene una carga de lo políticamente incorrecto. Sin embargo, estas mujeres, que tan queridas le eran a Almudena, colonizaron un espacio que tradicionalmente estaba reservado a los hombres. Y es el término que mejor define su labor, puesto que se trata no de una idea o un personaje que surge, sino de una presencia que avanza poco a poco y permanece en el tiempo. Al igual que las abejas y las hormigas de Maeterlinck se apropiaron de un lugar y se convirtieron en un ejército de influencias y de acción en defensa de sus derechos, avalado por un trabajo incansable, en ocasiones agotador.

Señalaba Franz Fanon que la colonización inflige un sistema de dicotomía cultural, que mantiene una dialéctica entre sí5. Es el caso de estas mujeres: su labor es una clara lucha por sus derechos, un discurso a veces enfrentado al discurso patriarcal, incluido el derecho a la educación sobre el que ponen en primer lugar sus objetivos. En alguna ocasión esta dialéctica se transforma en un diálogo, especialmente si viene avalado por las circunstancias políticas. En todo caso su labor se centra en llevar a cabo la colonización del espacio cultural y, en muchas ocasiones, político, a favor de la presencia y los derechos de estas mujeres que enarbolan la bandera de su propia independencia. Sin embargo, resulta sumamente curioso que, cuando se trata de obtener el logro de una determinada política, a menudo abandonan el tono sufragista en pro de los derechos de la mujer y se coaligan con los hombres en un marco de lo que podríamos calificar de “asexualidad”. Es lo mismo que ocurría en México tanto con las mujeres de la independencia como con las soldaderas porque, conscientes de su deber patriótico, priorizan la lucha por los derechos civiles, en general, antes que sus propios derechos como mujeres, lo que “justifica” el tardío logro del voto femenino, en ocasiones. Los ejemplos se multiplican; incluso, en el caso de Damiela Eltit, será más reconocida por su lucha contra la dictadura que por su lucha por los derechos de la mujer.

La época que abarca este volumen -finales del XIX y siglo XX, especialmente las primeras décadas- es un tiempo fascinante en el logro de los derechos de la mujer. El contexto abarca los enfrentamientos bélicos de las dos guerras mundiales y el triunfo del fascismo, del comunismo y de las dictaduras, lo que justifica esa prioridad de los acontecimientos sociales y políticos frente a los derechos de la mujer, factores que retrasan el logro del voto femenino. Esta situación provoca, al mismo tiempo, un reconocimiento y un olvido. Reconocimiento en el caso de Rita Cetina, comisionada por el gobierno mexicano para indagar en la educación femenina de otros países, y lucha en las afirmaciones de la dominicana Camila que defiende la enseñanza destinada a las mujeres como arma imprescindible para el logro de la independencia económica. Y con ellas otras voces que tímidamente aparecen en la Vanguardia, algunas llenas de fervor político que impulsan la lucha (la peruana Magda Portal o la peruano-uruguaya Blanca Luz Brum) o la búsqueda de una independencia cultural y enfrentada a las premisas del patriarcado, en las voces de las hermanas Luisi o de Silvina Ocampo, sin olvidar la labor pionera de María Luisa Bombal. O esa voz combinada de reivindicación femenina y lucha armada que esgrime, entre otras, Elena Poniatowska en obras como la que dedica a su soldadera en Hasta no verte Jesús mío, o esas otras voces de artistas reconocidas como Angelina Beloff, Leonora Carrington o Lupe Marín6 entre otras muchas.

El propio García Márquez reconocía la presencia de María Luisa Bombal en la obra de Rulfo, aunque escamoteaba la lectura personal de la autora previa a la escritura de Cien años de soledad. En todo caso, este reconocimiento contribuye a afirmar el papel precursor y pionero de la autora chilena en la configuración del boom.

Estas voces llevan a cabo un largo proceso de colonización, que cuenta con la solidaria terapia del tiempo, para ir convirtiendo en costumbre la presencia de la mujer en el ámbito público y cultural. Este remedio paliativo que proporciona la cronología se une a la preferencia de Almudena por lo histórico y el contexto. Circunstancias que ocasionan la necesaria distribución de los trabajos de este volumen, ordenados de modo acorde con la gradación histórica: desde mediados y finales del XIX hasta los ochenta del siglo XX. A este orden temporal se añaden las coincidencias de los investigadores en torno a determinados países, lo que supuso un aliciente para distribuir estas investigaciones de acuerdo con su marco geográfico y, dentro de este marco geográfico, lo general precede a lo particular. En resumen, las distintas aportaciones siguen, en primer lugar, un orden cronológico, al que se suma el espacio geográfico y el contexto.

Encabeza el volumen la conferencia que presentó Almudena Mejías como proyecto de investigación de su cátedra. Es una historia que abarca toda la producción hispanoamericana de las mujeres, en relación con la cultura, desde el siglo XIX hasta comienzos del XX, con una extensa, rigurosa y abrumadora nómina de mujeres que, desde el fin de siglo y a través de la educación o las revistas, hicieron oír su voz. Ofrece un amplio panorama de la acción que llevan a cabo y su compromiso con sus compatriotas. Un extraordinario marco general que abre cauces a futuras investigaciones de un conjunto que hasta hoy ha sido marginal en la literatura y la educación hispanoamericanas.

El siguiente ensayo especifica el ámbito peculiar de México dentro de un continente que contempla cómo, poco a poco, la mujer comienza a tener su propio protagonismo en el campo de la cultura. La independencia se logra con el aporte de los ciudadanos incluidas las mujeres y, a lo largo del XIX, se hace obligada su presencia social. Rocío Oviedo, Eva Soltero y Teodosio Fernández rescatan esos nombres de mujeres olvidadas que interactúan en el periodismo, la educación y la literatura mexicanas. El mismo proceso independentista trae consigo la labor de varias intelectuales que se incorporan a la educación infantil y coinciden con los intereses institucionales de promover la enseñanza primaria obligatoria y los jardines de niños (Justo Sierra). Pese a las acciones de otros valedores como Vasconcelos, el sufragio femenino no se logra hasta la tardía fecha de 1953. Ello no impide una lucha desde la prensa y la literatura por concienciar a la sociedad de los derechos y de la igualdad laboral y social. Son verdaderas activistas como Laureana Wright, Rita Cetina, Laura Méndez, María Enriqueta Camarillo, Juana Belén Gutiérrez, Cube Bonifant, Rosario Castellanos o Elena Poniatowska, sin olvidar otra extensa nómina de escritoras mexicanas. En los Cuentos de Ciudad Real de Rosario Castellanos, Teodosio Fernández se centra en el que fuera tema de investigación de Almudena Mejías en su tesis doctoral y defiende la relación de los cuentos con la narrativa indigenista iniciada en las novelas Balún Canán y Oficio de tinieblas. Ofrece, además, algunos datos muy interesantes recogidos de periódicos y entrevistas, que permiten relacionar a la autora con figuras como Miguel Ángel Asturias y José María Arguedas, entre otros.

Tras México, la colonización e incorporación de la mujer al predio cultural es más tardío en un país como República Dominicana. Se cuenta con los ejemplos paradigmáticos de Salomé Ureña y sobre todo de su hija Camila, hermana de los más conocidos hermanos Max y Pedro. El panorama sobre esta incorporación lo ofrece Paloma Jiménez del Campo, quien analiza minuciosamente la obra de las seis cuentistas dominicanas que estrenan el siglo XX: desde Virginia Elena Ortea, que trata de abrirse paso acorde con el canon impuesto por el patriarcado, hasta llegar a Delia Weber, quien participará en Fémina, la primera revista feminista del país y preparará el volumen Contribución para la historia del feminismo dominicano de Petronila Angélica Gómez. Aunque todavía no se ha logrado la paridad con los cuentistas varones, a lo largo del siglo XX aumenta paulatinamente el número de libros de cuentos escritos por mujeres y su inclusión en antologías. Por otra parte, es necesario llevar a cabo una labor de rescate, como señala en su interesante y riguroso estudio Eva Guerrero en torno a la dominicana Amelia Francasci (1850–1941), una mujer de escritura autodidacta que, si bien dentro de un marco tradicional, sigue su propio impulso para la realización de una obra literaria que causa cierto escándalo social, y que se inscribe con Salomé Ureña entre las pioneras de la literatura dominicana, mientras Camila lo hará como defensora de los derechos de la mujer.

La actividad literaria y cultural que se lleva a cabo en el conocido Río de la Plata, con Argentina y Uruguay como protagonistas, da lugar a un apreciable número de ensayos en este volumen. Esta sección se encabeza con ese título, acorde con el ensayo de Cristina Bravo sobre la dramaturgia femenina en la región. Una original y destacada labor de rescate de tres mujeres: Laura Cortinas (1881–1969), Salvadora Onrubia (1894–1972) y Malena Sandor (1913–1968). Son mujeres polifacéticas que retratan la sociedad de su tiempo desde distintos géneros literarios, hasta el punto de incursionar en la redacción de guiones fílmicos (Laura Cortinas), hacer compatible el activismo político con el periodismo y la poesía (Salvadora Onrubia) o bien luchar por los derechos y la igualdad, especialmente con su pugna por el sufragio universal.

Esta batalla por el reconocimiento social y literario coincide concretamente con el combate que se lleva a cabo en el espacio argentino. Isabel Díez lleva a cabo un análisis y un vaciado minucioso y puntero de revistas en la vanguardia argentina. Es una clara muestra de este proceso en el que tímidamente aterrizan los nombres de Norah Borges, Norah Lange, Adelina del Corral, o Nydia Lamarque, colaboradora de Proa. Junto a ellas, Emilia Bertolé, Sarah Bollo, las hermanas Luisi, o Esther de Cáceres colaboran ya en Inicial ya en Alfar, y, algunas como Silvina Ocampo o María Alicia Domínguez, lo hacen en Martín Fierro, en Nosotros o en Orientación. Nombres a los que se puede sumar una nómina extensa pero que, pese a su número, ofrecen un paso oscilante de la mujer en las revistas argentinas, hasta mediados del siglo XX. Entre todas, y por la influencia que posteriormente tendrá en las narradoras contemporáneas, destaca Silvina Ocampo. Dora Polakova le dedica un interesante ensayo, como autora que abandona el feminismo complaciente y lo transmuta por una sutil crueldad, de tal modo que transgrede los términos de lo femenino para establecer una asepsia sentimental. La violencia en la narración, la maldad o el doble, afirman un personaje femenino contradictorio y revolucionario respecto al concepto de la época, La otra cara de la moneda la ofrece María Victoria Grillo quien rescata una figura cuyo cometido será fundamentalmente académico y de mayor calado en la educación: la historiadora y documentalista Sara Sabor Vila. Estudiosa a la que investiga en su faceta de agente cultural; creadora de una revista, participante en publicaciones académicas y culturales de América, miembro de asociaciones, formadora de bibliotecarios, divulgadora... Su actividad viene confirmada por sus dilatadas colaboraciones en revistas que se ofrecen en un anexo.

Los tres últimos artículos del volumen abordan la actividad política y social en Uruguay y Chile, aunque la figura errante de Blanca Luz Brum establece también su paisanaje con Lima. Acorde con la línea temporal, el primero de los ensayos es un interesante análisis de la situación de las intelectuales uruguayas en el momento que estalla la Guerra Civil española. La sugestiva reflexión de Niall Binns indaga en la personalidad de estas escritoras ante la conmoción del conflicto armado. Las hermanas Luisi, Sofía Arzarello, Blanca Luz Brum, Paulina Medeiros y Laura Cortinas, entre otras, muestran un “idealismo sin freno” y una “exaltada indignación” con la esperanza “de cambiar la historia o contribuir, al menos, a que triunfara la República en España”. Este idealismo que Arzarello secunda, con el paso del tiempo cae en una la decepción con que más adelante lo contemplan escritores como Onetti, marcado por el desencanto que finalmente le produjo el comunismo. Entre todas estas escritoras destaca una de las más señaladas por su activismo político, pero menos estudiadas desde la perspectiva literaria, pese al reconocimiento de Mariátegui: Blanca Luz Brum. Laura Martínez sorprende con el análisis de una faceta casi olvidada y sumamente original: su actividad como directora de revistas. Da sus primeros pasos con una publicación que permite su vinculación con la vanguardia peruana: Guerrilla (Lima, 1927), a la que se suma un suelto del diario comunista Justicia, con un título muy vallejiano, “El arte por la revolución” (Montevideo, 1928–1929), y otra revista que conecta de nuevo con la guerra civil española y su postura a favor del bando republicano, Sobre la marcha. Cartel mural de cultura para las masas (Santiago de Chile, 1936–1938). Algunas escritoras de origen español como Josefina Pla (Fuerteventura, Canarias), casada con el artista paraguayo Andrés Campos (seud. Julián de la Herrería), activan el feminismo en Hispanoamérica y serán consideradas como parte de la literatura nacional en sus países de residencia.

Esta colaboración activa, como creadoras de opinión en los conflictos armados, abre el paso a la lucha por las libertades sociales en el siglo XX, especialmente en el contexto de las dictaduras. Es el caso de la escritura de Diamela Eltit, cuya obra aborda Esperanza López con un riguroso trabajo en el que recoge la acción y el gesto de la autora chilena, especialmente en Lumpérica, como reacción ante la dictadura de Pinochet, al tiempo que transmite un recuerdo imborrable de la violencia. Esta acción política a través de la literatura establece nexos con las precedentes escritoras uruguayas delineadas por Niall Binns y Laura Martínez.

Details

Pages
270
Publication Year
2026
ISBN (PDF)
9781433195600
ISBN (ePUB)
9781433195617
ISBN (Softcover)
9781433195143
DOI
10.3726/b22935
Language
Spanish; Castilian
Publication date
2026 (April)
Keywords
Siglo XX Hispanoamérica Escritura de mujeres Educación Literatura Revistas
Published
New York, Berlin, Bruxelles, Chennai, Lausanne, Oxford, 2026. 270 p., 2 il. blanco/negro, 1 tabla/s.
Product Safety
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Biographical notes

Almudena Mejías Alonso (Volume editor) María del Rocío Oviedo Pérez de Tudela (Volume editor)

Almudena Mejías Alonso (1957–2023) fue catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid, especialista en el siglo XIX y autora, entre otros estudios, de la edición crítica de Tabaré, Ídolos rotos y El arte de la poética en los virreinatos de América. Coordinó libros colectivos como Historias de un imperio, centrado en la fi gura de Maximiliano en México. María del Rocío Oviedo Pérez de Tudela es catedrática emérita de la Universidad Complutense de Madrid, doctora en Literatura y Periodismo. Especialista en modernismo hispanoamericano, es autora de la edición crítica de Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, Poesías de J.A. Silva y de la biografía Rubén Darío, La vida errante (con J. Vélez y C. Bravo). Ha publicado varios libros de poesía y cuentos. Es académica correspondiente de la RAE.

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