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Reescribiendo la historia de la lengua española a partir de la edición de documentos

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Edited By Monica Castillo Lluch and Elena Diez del Corral Areta

En el volumen Reescribiendo la historia de la lengua a partir de la edición de documentos se dan cita historiadores de la lengua española que, en la mayor parte de los casos, ejercen también como editores de documentos de archivo con el fin de estudiar fenómenos lingüísticos que ya han sido objeto de estudio en el pasado o de explorar otros no tratados hasta aquí, a la luz de nuevos datos a menudo masivos y geolocalizados con precisión. A través de las páginas de este libro, el lector podrá descubrir cómo el conocimiento de la historia de la lengua española se ha enriquecido considerablemente durante estos últimos años en sus diferentes niveles (fonético-fonológico, grafemático, léxico-semántico, morfosintáctico y pragmático) y cómo se está reescribiendo esta historia gracias a la observación de más datos extraídos de la gran cantidad de documentos de archivo editados con extremado rigor filológico a partir del nuevo siglo.

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Capítulo 12: La correspondencia de don Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, en tierras flamencas (1567–1573): su valor para la historia del español de Flandes y del español general (Robert A. Verdonk)

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ROBERT A. VERDONK

Universiteit Antwerpen

La correspondencia de don Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, en tierras flamencas (1567–1573): su valor para la historia del español de Flandes y del español general

1. Introducción

Antes de centrarnos en el estudio de la correspondencia del III duque de Alba, conviene presentar sucintamente las principales etapas de su vida, para lo cual nos basaremos en las biografías de W.S. Maltby (1983), H. Kamen (2004) y M. Fernández Álvarez (2007).

Fernando Álvarez de Toledo nace en 1507 en Piedrahita (Castilla) como miembro de una de las grandes familias aristócratas españolas. El título más importante que su familia posee, el de duque de Alba, proviene de los dominios que tiene en Alba de Tormes. Como consecuencia de la muerte inopinada de su padre en 1510, el joven Fernando pasa a la custodia de su abuelo Fadrique, II duque de Alba. Además de una severa formación militar, recibe una cuidada educación humanística de la que se encargan su ayo, el poeta Juan Boscán, y sus sucesivos preceptores Bernardo Gentile, un monje benedictino de Messina y Severo Marini, un dominico de Piacenza. En 1531, al fallecer su abuelo, Fernando Álvarez de Toledo se convierte a los 23 años en el III duque de Alba y hereda los títulos familiares, posesiones y rentas.

Bajo el mando de Carlos I, participa en casi todas las operaciones militares llevadas a cabo por el monarca-emperador, entre otras la conquista de Túnez (1535), la expedición a Argel (1541) y la batalla de Mühlberg contra los protestantes alemanes (1547). El duque está siempre a su lado, peleando fielmente para preservar los intereses de la dinastía de los Habsburgo. Debido a sus múltiples contactos al más alto nivel del Imperio, llega a dominar ← 269 | 270 → varios idiomas: el francés, el italiano y —de manera pasiva— el alemán, además del latín.

Tras la abdicación de Carlos I en 1556, sigue al servicio de su hijo Felipe, primero como virrey de Nápoles, luego realizando una serie de misiones diplomáticas. En 1566, muy alarmado por las noticias sobre la rebelión de varios nobles y el avance del protestantismo en los Estados de Flandes1, Felipe II acaba convenciéndose de que solo una intervención militar podría conservar esos territorios para la Corona. Encarga esta operación al duque de Alba, quien en agosto de 1567 llega a Bruselas a la cabeza de un poderoso ejército2. A pesar de que sus acciones militares son constantes, el duque no logra restablecer el orden político y religioso y pide a Felipe II ser relevado de su cargo.

En 1580 Felipe II llama otra vez al duque para mandar el ejército real que se prepara a anexionar Portugal. Como premio al éxito de esta operación, el monarca le otorga el título de virrey y condestable de Portugal. Dos años más tarde, Fernando Álvarez de Toledo muere en Tomar, localidad próxima a Lisboa, a la edad de 74 años, auxiliado por fray Luis de Granada. ← 270 | 271 →

2. La correspondencia del duque de Alba en tierras flamencas (1567–1573) [corpus A]

El duque de Alba dejó una extensa correspondencia, que se halla diseminada en varios archivos, principalmente en el Archivo General de Simancas y en el Archivo de la Casa de Alba. Una gran parte de estas cartas fue publicada en 1952 por uno de sus descendientes, bajo el título Epistolario del III Duque de Alba Don Fernando Álvarez de Toledo. Esta publicación consta de tres espesos volúmenes, que contienen 2.714 misivas, escritas entre 1536 y 1581. Su transcripción es integral, excepto para las que ya se habían publicado anteriormente en los tomos 4, 37, 38 y 75 de la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, cuyo contenido solo se menciona de forma resumida. Que sepamos este Epistolario no ha sido hasta ahora objeto de ningún estudio lingüístico. Téngase en cuenta que el editor modernizó sistemáticamente la grafía de las cartas, por lo cual nos ha parecido imprescindible recurrir en cada caso al documento original en los archivos.

Nuestro estudio se centra en las 1.431 cartas que el duque escribió durante su misión en Flandes (1567–1573), pero dejando de lado las pocas que están redactadas en francés. En el Epistolario la primera lleva el número 612 y data del 30 de agosto de 1567, mientras que la última, con el número 2043, fue escrita el 2 de enero de 1574, cuando el duque estaba en el camino de vuelta hacia España. Sus destinatarios son varios, pero la mayor parte va dirigida al rey Felipe II.

Para comprender el interés lingüístico de estas cartas, conviene referirse a la organización del poder en los Estados de Flandes antes de la llegada del duque de Alba. Los sucesivos gobernadores generales que, en nombre de Carlos I y de Felipe II, dirigieron el país antes de 1567, gozaban de una relativa autonomía interna y gobernaban en colaboración exclusiva con personal político nativo de Flandes y de Borgoña. Se explica así el escaso número de españoles que desempeñaron un papel en la vida política y militar del país durante los dos primeros tercios del siglo XVI. Para las élites autóctonas no se imponía, por tanto, la necesidad de un conocimiento activo de la lengua española (Verdonk 2017: 112–113). Esta forma de gobierno cambió repentina y radicalmente como consecuencia de la llegada del duque de Alba y de sus diez mil soldados españoles a Bruselas, en agosto de 1567: «Una organización política y militar nueva, ← 271 | 272 → basada en precedentes españoles y llevada por personal español, sustituyó a las estructuras existentes y duró con pocos cambios hasta el fin de la dominación española en los Países Bajos en 1706» (Parker 1976: 145). En esta nueva organización, que duró casi siglo y medio, la influencia de los españoles en los asuntos políticos y militares fue preponderante y engendró en las altas esferas del poder político y militar una situación de lenguas en contacto entre, por una parte, el español y, por otra, las lenguas autóctonas de Flandes3.

En una primera etapa, nuestro propósito ha consistido en averiguar el impacto que ese contexto multilingüe tuvo en la correspondencia del duque, es decir hemos investigado si a partir de agosto de 1567 aparecen en sus misivas voces de origen francés o neerlandés desconocidas en su correspondencia anterior y que tampoco están atestiguadas en el corpus del Nuevo diccionario histórico del español (CDH) de la Real Academia Española antes de finales del siglo XVI.

Lo primero que nos ha llamado la atención es que en su gran mayoria se trata de galicismos. No hemos podido rastrear muchas influencias del neerlandés. Esto se puede explicar por el hecho de que el francés no solo se hablaba en toda la parte meridional de los Estados de Flandes, sino que también lo practicaban las clases altas de la parte septentrional del país, donde el pueblo hablaba una de las variedades del neerlandés. Además, el duque de Alba dominaba el francés y se puede suponer que es en esta lengua en la que se comunicaba con sus interlocutores autóctonos.

En el marco de este capítulo nos proponemos presentar los resultados obtenidos a partir del estudio exhaustivo de una muestra de siete galicismos que hemos encontrado a lo largo de su correspondencia en tierras flamencas; para cada uno de ellos nos limitamos a citar un ejemplo:

AUDIENCIER ‘primer secretario de Estado, es decir jefe de los secretarios que trabajaban en la Cancillería de Bruselas’ (4 apariciones).

despues lo que requiere mucho tiempo es que en estos payses se gouiernan por placartes y costumbres que del derecho scripto no se curan y los placartes (hasta que yo lo he mandado) ningun registro tenia el audiencier de quantos se han despachado ni en tiempo de V. Md. ni de Su magestad çesarea ni de sus anteçessores (Alba al Rey, Amberes, 5-5-1570; Archivo General de Simancas, Estado 544–126). ← 272 | 273 →

Tomado del francés audiencier, que aparece en el siglo XIV con la forma audienchier (DHLF s/v audience).

CRANA ‘grúa, instrumento para levantar pesos’ (1 aparición).

yo embarque aqui El Artilleria con la mayor diligençia que se pudo aunque no fue tan grande como la que yo quisiera por no ser la crana tan fuerte para sufrir tan gran pesso como el de los cañones que se traen (Alba al Rey, Nimega, 19-11-1572; Archivo General de Simancas, Estado 552–75).

Tomado del francés de Flandes crane ‘grúa’, que está documentado desde 1269 hasta 1572 y es, a su vez, un préstamo del antiguo neerlandés crane (FEW t. XIV: 356). La voz castiza grúa ‘instrumento para levantar pesos’, que está atestiguada en español desde el primer tercio del siglo XV (CDH), no aparece en el Epistolario del duque.

ESCHEVIN ‘teniente de alcalde’ (1 aparición).

Los alemanes altos que son hasta seisçientos, se les hara hazer juramento de no seruir mas contra V. Md., y desarmados, se echaran por la parte de Campen y Swol. Los burgeses me ha paresçido hazer prender hasta sesenta que son los Burgomaestres y escutetes, escheuines y todos los ofiçiales que hizo el Principe de Orange (Alba al Rey, Utrecht, 28-7-1573; Archivo General de Simancas, Estado 555–34).

Tomado del francés eschevin, luego échevin, que está atestiguado desde el siglo XIV y es una refección de la forma eskievin, que aparece hacia 1165. En la Edad Media designa primero al asesor de un tribunal condal y luego a un magistrado municipal (DHLF s/v échevin).

ESCLU(S)SA ‘compartimento con puertas de entrada y de salida para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel’ (5 apariciones)4. ← 273 | 274 →

He entendido que los Rebeldes […] estan rresueltos de hechar Gente en esa prouinçia y ocupar vn villaje que se llama scloterem, que tiene vna esclussa por donde passa toda la vitualla que viene de frissa al cumder (Alba a Gaspar de Robles, Nimega, 4-11-1573; Archivo de la Casa de Alba, Ca 66–35b).

Tomado del francés escluse (siglo XI), luego écluse; esta voz francesa proviene del latín tardío exclusa (aqua) ‘agua separada (por una presa)’, que es la forma femenina del participio pasado del latín clásico excludere ‘separar, cerrar el paso a una cosa’ (DHLF s/v écluse).

MOTINERÍA ‘motín’ (1 aparición).

porque cierto tal motineria como ay en toda Alemania contra la grandeza de V. md. no se ha oydo ni visto jamas (Alba al Rey, Bruselas, 18-7-1572; Archivo General de Simancas, Estado 551–163). ← 274 | 275 →

Interferencia con la voz francesa mutinerie ‘motín’, que se documenta desde principios del siglo XVI (DHLF s/v meute). En el Epistolario el duque usa en 12 ocasiones la voz castiza motín.

PARLAMENTAR ‘entablar conversaciones con el enemigo para intentar ajustar la paz o una rendición’ (3 apariciones).

dexando los soldados en Romersual los quales desde a tres o quatro dias parlamentaron con los enemigos y los echaron en Sanct Martin dicq, con sus armas y vanderas (Alba al Rey, Bruselas, 2-12-1573; Archivo General de Simancas, Estado 555–102).

Tomado del francés, donde el verbo parlementer se usa desde principios del siglo XIV con el sentido general de ‘hablar o conversar con otra(s) persona(s)’ y, desde 1382, con el sentido específico de ‘entablar conversaciones con el enemigo para intentar ajustar la paz o una rendición’ (DHLF s/v parlement).

TRAIN ‘conjunto de instrumentos, máquinas y útiles que se emplean para el transporte de la artillería’ (3 apariciones).

digo si puedo sacar las vandas, porque forçosamente se les han de dar a estos y a los tres mill soldados ordinarios çiento y cinquenta mill escudos para con que paguen alguna parte de lo que deuen […] demas del train del Artilleria, y la costa ordinaria que se tiene con toda la otra gente (Alba al Rey, Utrecht, 12-8-1568; Archivo General de Simancas, Estado 539–109).

Tomado del francés, donde la voz train, que aparece hacia 1160, designa un conjunto de cosas, por ejemplo, un convoy de animales que se desplazan conjuntamente; a partir del siglo XIII se refiere también al conjunto de criados, caballos y carros que acompañan a un señor. A raíz de esta acepción surgen varios usos que se centran en la idea de fila en movimiento, como train d’artillerie (Verdonk 2017: 119–122).

3. Autores españoles de Flandes [corpus B]

En una segunda etapa hemos investigado si estos siete galicismos que aparecen en la correspondencia del duque de Alba (1567–1573) solo pertenecen ← 275 | 276 → a su idiolecto o si vuelven a encontrarse en los escritos de otros miembros del personal político y militar español que sirvió en los Estados de Flandes. Con este fin, además de consultar el CDH, hemos constituido un corpus que contiene obras de siete autores españoles de Flandes. Se trata de B. de Mendoza (1592), Fr. Verdugo (1594), D. de Villalobos y Benavides (1612), D. Ufano (1612), A. Carnero (1625), C. Coloma (1625) y G. de la Vega (1643)5. Juntas estas obras abarcan un total de casi 1.200.000 registros, que hemos analizado exhaustivamente.

AUDIENCIER ‘primer secretario de Estado, es decir jefe de los secretarios que trabajaban en la Cancillería de Bruselas’.

Nuestro corpus del español de Flandes contiene cuatro testimonios del galicismo audiencier. Los tres primeros datan de 1625 y proceden, por una parte, de la Historia de las guerras civiles que ha avido en los Estados de Flandes de Antonio Carnero (2 ocurrencias) y, por otra, de Las guerras de los Estados Baxos de Carlos Coloma (1 ocurrencia); igual que el duque de Alba estos autores se atienen a la forma francesa:

Y para ello nombro el Archiduque cinco, que fueron el Marquez Ambrosio Espinola que era la persona por cuya mano se auia encaminado esta negociacion, Iuan de Richardot Presidente del consejo priuado, Iuan de Mancicidor del consejo de guerra de su Magestad y Secretario de su Alteza, el Padre Fray Iuan Ney Comissario General de la orden de san Francisco y Luis Vereycken Audiencier y primer Secretario de su Alteza. Salieron los cinco nombrados con gran acompañamiento de Bruçelas à 29. de Henero deste año de 1608. y fueron à la Haya lugar señalado para este tratado adonde fueron resciuidos del Conde Mauricio y de todos los de su casa y de los que gouernauan los Estados (Carnero 1625: 558).

Fueron los del Archiduque Iuan de Richardot, Presidente del Consejo destado en los Payses Baxos; Iuan Bautista de Tassis, Comendador de los santos, tambien del Consejo destado; y Luis Verreyken, Audiencier y primer Secretario destado. Y los del Rey de Francia, Pomponio de Beliebre, Señor de Griñon, del Consejo destado: Nicolas Brulart, Señor de Silleri, del mismo Consejo, y Presidente en la Corte de Parlamento (Coloma 1625: 495). ← 276 | 277 →

En el cuarto testimonio, que procede de la novela picaresca Vida y hechos de Estevanillo González (1646), la forma hispanizada en -o (audienciero), la categoría gramatical (adjetivo) y el significado de esta voz son diferentes. El sintagma ministros audiencieros se refiere a las personas que ejercen como ministros inferiores de las audiencias o tribunales seculares o eclesiásticos:

no quiso que nadie se quejase de su justicia, y así me remetió al auditor general, a quien habiendole yo informado de la mucha que tenía, y que mi capitán Holofernes eran sus bienes castrenses, movibles y no raíces, y su persona portátil, le envió media docena de ministros audiencieros, a que lo hiciesen parecer a juicio o le arrestasen en la misma posada, estando todos a su costa y pensión en guardia de su persona. (CDH s/v audienciero)

CRANA ‘grúa, instrumento para levantar pesos’.

No aparece.

ESCHEVIN ‘teniente de alcalde’.

El galicismo eschevin aparece una sola vez en nuestro corpus del español de Flandes:

Maestre Pierre de Beure, Consejero de su Magestad en el Consejo de Flandes: señor Quintin de Prier, primer Escheuin de Mons en Haynault con Iuan de Peñan, assi mismo Consejero, y Presidente de la Camara de quentas de su Magestad en Brabante, su honorable Secretario de la parte de los dichos Estados de Brabante, Flandes, Artois, Haynault, &c. y Phelippe de Marnix, señor de san Aldegonde (Mendoza 1592: fol. 320).

ESCLU(S)SA ‘compartimento con puertas de entrada y de salida para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel’.

El galicismo esclu(s)sa (como nombre común)6 y sus variantes aparecen en cinco de las siete obras de nuestro corpus, con un total de 76 ocurrencias. Los dos primeros autores, Bernardino de Mendoza (25 ocurrencias) y Francisco Verdugo (5 ocurrencias), se atienen a la forma esclu(s)sa: ← 277 | 278 →

Tuuose tambien auiso que la mayor parte de la campaña y contornos de aquellas aldeas se podrian anegar abriendo las Esclusas de los Diques, que son vnos reparos de tierra que hazen en todos los Estados para la creciente de la mar, que es en veyntiquatro horas dos vezes, como en todo el mar Oceano, creciendo seys, y menguando seys, adelantandose vna hora cada dia la creciente. Y las Esclusas son vnas con puertas de madera que estan en las acequias y canales, por las quales abriendose entra la agua de la marea por la campaña quando se quiere; cosa que se impide estando cerradas (Mendoza 1592: fol. 64).

Entendiendo el camino que avia tomado el conde saque la gente que pude de la que tenia en uno destos fuertes que se hazian, y con la diligencia possible fui derecho á la esclusa y halle que la estavan batiendo, y aviendome adelantado para reconocer como estava el enemigo halle que tenia su gente de una y otra parte de la esclusa (Verdugo 1594: 105).

En los Comentarios de las cosas sucedidas en los Paises Baxos de Flandes de Diego de Villalobos (9 ocurrencias) y en Las guerras de los Estados Baxos de Carlos Coloma (8 ocurrencias), encontramos solo la forma enclusa, como en los contextos siguientes:

Quando vio que tanto los Franceses se arrimauan, cerrò las enclusas, y en muy poco espacio començo a bañar los campos el agua, principalmente tres quarteles de la caualleria el vno, y los otros dos de los Ingleses que estauan junto al rio, que los anegò el agua en mas hondo de vna pica, y ellos con priessa se mudaron, porque vieron venirseles el rio encima, que por vn dia tardo en bañar los campos, hasta que el peso y fuerça del agua rompiendo vna de las enclusas, hizo camino por debaxo del puente primero (Villalobos 1612: CXXII).

El Conde Guillermo se embarcó con su gente, y fue à dar en el Dolart, en dos enclusas que estan en la Señoria de Wede, llamadas de Devigwolde, y Belingwolde. Llegó en aquella sazon el Conde Federico con la gente que vino de Brabante, y el enemigo en medio de las dos enclusas, en una hora se fortificó de manera que era impossible acometerse, por ser la tierra pantanosa, y los diques muy estrechos (Coloma 1625: 255).

Sin embargo, para formar el diminutivo, Carlos Coloma parte de la base esclusa (3 ocurrencias):

Sintio mucho el Conde, y todo el exercito la perdida de Mos de la Mota: pero faltando su apoyo à la opinion de acometer la villa, se resolvio con facilidad el acometer el castillo, el qual, y los capitanes, y la demas gente, que asta numero de tres mil hombres se embiaron para sustentar el puesto, gastaron lo restante de la noche, en fortificarse contra la villa, y cubrirse de la artilleria enemiga: como lo hizieron. Ganado el burgo, se dio la empresa por acabada, y mas quando avisó Texeda, que ganando una esclusilla en su puesto, se podia sangrar toda el agua del fosso: como se ordenó que lo hiziese, y lo hizo (Coloma 1625: 391). ← 278 | 279 →

La Historia de las guerras civiles que ha avido en los Estados de Flandes de Antonio Carnero contiene tres formas distintas: inclusa/ynclusa (10 ocurrencias), esclusa (10 ocurrencias) y enclusa (3 ocurrencias); ejemplos:

Esta junto à este canal una inclusa pequeña por donde se vacia el agua de la tierra quando el mar baja que era puesto de donde se podia desalojar al enemigo. Y supo que no auia mas que quinientos hombres en guardia del y no fortificados que fuera facil de echarlos del (Carnero 1625: 522).

Hauido esta gran vitoria fue Verdugo à sitiar à Nieuziel. Y viendo los rebeldes que en ninguna manera la podian socorrer, acordaron de romper las ynclusas y anegar las campañas. El Coronel Verdugo fue forçado de retirarse (Carnero 1625: 168).

Este fuerte tienen muy bien guardado los Catholicos, porque ay unas esclusas por donde facilmente puede anegar la campaña hasta bien cerça de Gante y para mejor defender, le tienen otros dos fuertes pequenos en el mismo dique a la mano ysquierda, que el uno llaman la Felipina y el otro de Bouchout (Carnero 1625: 471).

Lo que visto por el enemigo abrieron una enclusa y baxo el agua al canal con tanta furia, que muchos se ahogaron. Fue uno de los mas brauos y crueles asaltos que en muchos años se a visto, y donde mas gente murio y salio herida, que los muertos pasaron de ochocientos y otros tantos heridos, y entre ellos muchos Capitanes y gente particular (Carnero 1625: 486).

En este autor es la forma inclusa la que constituye la base para la formación del diminutivo (3 ocurrencias):

Salieron de la tierra tres tropas de cauallos, y con el calor de alguna mosqueteria que tenian en su trincheron, acometieron al Capitan Don Françisco de Piquelme, que estaua en guardia de la inclusilla con solos quarenta soldados, con los quales çerro el enemigo […] Porque como oyeron tocar arma aquella parte, boluian à ver lo que era, y el enemigo los siguio hasta la inclusilla (Carnero 1625: 544).

MOTINERÍA ‘motín’.

No aparece.

PARLAMENTAR ‘entablar conversaciones con el enemigo para intentar ajustar la paz o una rendición’.

El CDH nos aporta el primer testimonio de parlamentar después del duque de Alba; procede de la Carta a Su Majestad (1580) de Bernardino de Mendoza: ← 279 | 280 →

al momento pusieron una bandera blanca los de dentro para parlamentar, y no obstante que no hacian género de resistencia, ni tiraron arcabuzazo; el Virey se detuvo en el oillos, temiendo no fuese estratagema para entretenerle, y entretanto llegase el Desmonty le tomase las espaldas, pues la cantidad de gente que habia en el fuerte, habiendo tenido dos meses para fortificalle, no era posible imaginar ningun soldado que fuesen tan para poco que no hiciesen alguna defensa (CDH s/v parlamentar).

En nuestro corpus comprobamos que, doce años más tarde, el mismo autor, en sus Comentarios de lo sucedido en las guerras de los Payses baxos, usa no solo la forma parlamentar (3 ocurrencias), sino también la variante parlamentear (2 ocurrencias); damos un ejemplo de cada forma:

Lo qual visto por los de la villa, y ser muerto su Gouernador de vn golpe de artilleria, se resoluieron de parlamentar, rindiendola, à condicion de salir della sin vanderas ni caxas, con sus armas y ropa. Y puesto guarnicion en ella se caminò à Asperen, aldea fortificada, y al castillo de Vest, que se rindieron los soldados del con las condiciones que los demas (Mendoza 1592: fol. 255).

Aquella noche Monsieur de Hierge embio à reconocer el fosso para assaltar la villa luego por la mañana, y vn soldado Frances salio à las murallas à parlamentear sobre el rendirse, que fue el dia de S. Bartolome patron de la misma villa, y à condicion de salir los rebeldes con caxas y vanderas (Mendoza 1592: fol. 278).

Francisco Verdugo utiliza también las dos formas: parlamentar (1 ocurrencia) y parlamentear (1 ocurrencia):

Fueron acometidos y rotos y siguiendo nuestros soldados la victoria los encerraron en el fuerte grande adonde poniendoles algunas piezas y començandoles á tirar, no obstante que avia dentro buena cantidad de gente con quatro banderas, vinieron á parlamentar y los soldados á cerrar con el fuerte y entrando en el tomaron las quatro banderas matando algunos enemigos y los demas se echaron á la mar adonde avia algunos navios del enemigo que con barquillas los recibian (Verdugo 1594: 11).

Al fin, viendo los nuestros que no avia nueva de socorro y que los enemigos estavan tan adelante en el terrapleno, muchos de los nuestros heridos y todos generalmente cansadissimos del trabajo y pelear, tornaron á parlamentear con el enemigo á quien, al cabo, rindieron la tierra, y uno de los articulos fue que saliessen deste pais, passassen el Ryn y en seis meses no pudiessen volver á él (Verdugo 1594: 138).

En Antonio Carnero la forma parlamentar es mayoritaria (11 ocurrencias) frente a parlamentear (1 ocurrencia):

El Conde Carlos que (como queda dicho) estava sobre Rimbergue y la tenia apretada sin que pudiese entrar ni salir persona, constriñio al Capitan Mons de Dorth que era ← 280 | 281 → Governador de la plaça a que tratase de parlamentar, visto que las muniçiones se les yvan acavando, y que no tenian nuevas de otro socorro (Carnero 1625: 241).

Lo qual visto por el Governador y que la armada de su socorro se avia retirado, y que no le quedava esperança de otro, y perdido la mitad de su gente y muchos heridos, y à su enemigo casi sobre la muralla, se resolvio de haçer señal para parlamentear. Lo qual visto por el Duque se conçiertò que saliesen con sus armas, bagaje, banderas, caxas y cuerdas (Carnero 1625: 218).

Carlos Coloma utiliza solo la forma parlamentear (10 ocurrencias):

cuya guarnicion viendose rodeada por todas partes, y que puesto que intento el Conde de Solm, socorelle con barquillas en la plena mar, no avia podido arrimarseles ninguna; visto ya hecha la bateria, y temiendo el assalto, parlamentearon à los veynte, concediendoseles el sacar sus vanderas, armas, y bagaje: con tal que no bolviesen à entrar en la villa, sino que se retirasen à la armada Holandesa; como lo hizieron, saliendo al pie de 800. hombres, casi toda mosqueteria (Coloma 1625: 404).

TRAIN ‘conjunto de instrumentos, máquinas y útiles que se emplean para el transporte de la artillería’.

En nuestro corpus el galicismo train aparece por vez primera en los Comentarios de lo sucedido en las guerras de los Payses Baxos (1592) de Bernardino de Mendoza (1 ocurrencia); su grafía es idéntica a la del duque de Alba:

Estas barcas se ataron vnas con otras por las frentes, de manera que se hizo con mucha facilidad vn puente, y muy seguro […]. Por esta puente passo el train ò aparato y carruage de la artilleria, que se desembarco en Moeck, lleuandola por tierra a Nimeguen, y alli se tornò a embarcar para lleuarla por el Wal rio arriba hasta entrar en el Rheno viniendo a Aernhem (Mendoza 1592: fol. 171).

Sin embargo, en su Theórica y práctica de guerra, que sale pocos años más tarde, el mismo autor utiliza dos formas diferentes:

A las pieças de artillería siguen los carros del carpintero y herrero, y luego los de la pólvora y plomo, y a ellos los de la cuerda, viniendo tras estos carros los que llevan las picas y lanças y después los que traen las balas, a cuyas espaldas caminan los carros del general de la artillería y oficiales y tras estos todas las demás municiones del traýn de la artillería. Después van los carros de las vituallas y hospital y luego los de Vuestra Alteza (CDH s/v trayn; 2 casos).

Quando V.A. tendrá a punto la cauallería e infantería, municiones y artillería y el traýno seguido d’ella, que avrá mandado levantar para la empresa, y sabido con puntualidad ← 281 | 282 → el número de toda la gente, con las muestras que en diversos puestos se avrán tomado, por no cargar demasiadamente el paýs en uno, ordenará Vuestra Alteza por el mismo respeto caminen, haziendo diferentes caminos, la buelta de las fronteras y confines del reyno, donde Vuestra Alteza hallará ser mas conveniente juntar el campo (CDH s/v trayno; 1 caso).

La voz vuelve a aparecer en el Discurso en que trata de la artillería con un tratado de fortificación (1611) de Cristóbal Lechuga, con la grafía trein (4 ocurrencias):

Item, se ordenará, assimismo, un número de conductores a pie, escogidos por el general o su teniente, que sepan leer y escribir, a los quales el contador o comissario les dará un billete que declare la munición que se llevare al campo, y en el tener la guardia, sepan que, uno con los toneleros terná la pólvora en guardia; otro las balas; otro las pieças, alavardas, lanças, cosoletes, arcabuzes, cuerdas y otras cosas que sirven a las dichas; otro el plomo, colleras y cordajes; otro los picos, palas, azadas, hachas y herramientas, y assí de las demás cosas, según avrá mucha munición y el trein fuere grande (CDH s/v trein).

En su Tratado de la Artilleria (1612), Diego Ufano usa cinco veces la voz train/trayn, como en el ejemplo siguiente:

A el seguiran los carros de la maestrança a saber herreros: y carpinteros, armeroles y mariscales, y a los tales seguiran el Preuoste del artilleria, con todo el carruage y bagaje particular vibanderos y mercaderes de la prouision del train los quales finalmente son los ultimos (Ufano 1612: 111).

A partir de 1625 encontramos la grafía actual tren, como se puede observar en los ejemplos sacados de Las guerras de los Estados Baxos de Carlos Coloma (4 ocurrencias) y del largo poema de Gabriel de la Vega (3 ocurrencias):

[…] llegado à Miaux se repartio por sus alojamientos casi à la fin de Ottubre: la Infanteria y Cavalleria Española se alojó en los burgos de Miaux, y Mos de Rona con la Corte, nueve cañones, y el tren de la artilleria, dentro de la ciudad. Camilo Capizuca con su tercio de Italianos, dos Regimientos de Walones, y la Cavalleria Italiana en Crepi (Coloma 1625: 175).

No pudiera sacar artilleria

Si envistirle y buscarle procurara

Perdiera su feliz Cavalleria

El Bagaje y el Tren se le anegara

Y su valiente y fuerte infanteria

Si una noche en Campaña se hallara ← 282 | 283 →

Siendo del tiempo la inclemencia dura

Fuera darle en salud la sepoltura (Vega 1643: 243).

En todos los testimonios citados, la voz train y sus variantes designan un ‘conjunto de instrumentos, máquinas y útiles que se emplean para el transporte de la artillería’. Sin embargo, en la novela picaresca Vida y hechos de Estebanillo González (1 ocurrencia), la voz tiene un significado diferente: se refiere a ‘todo el aparato y comitiva que lleva, o que gasta, un príncipe o un señor’; esta acepción proviene también del francés, donde train se utiliza con dicho significado desde finales del siglo XV.

Pero viéndome corrido y enfadado de que a el maestro le diesen cuchillada, me aparté por unos días de mi compañía por gozar del refrán de ‘quien se muda Dios le ayuda’, aunque me ayudó conforme a mi buena intención; y para llevar más tren y ostentación le pedí a un capitán conocido mío una carreta prestada, diciéndole no ser más que para un convoy y ofreciéndome al buen tratamiento del caballo; con la qual y el carro que llevaba me hice vivandero de verdad, habiéndolo sido hasta allí de mentira (CDH s/v tren).

4. El español general [corpus C]

En una tercera etapa de nuestra investigación hemos querido averiguar en el CDH en qué medida los siete galicismos del duque de Alba lograron trasplantarse más tarde al español peninsular, debido al continuo ir y venir de personas y documentos entre Flandes y España.

AUDIENCIER ‘primer secretario de Estado, es decir jefe de los secretarios que trabajaban en la Cancillería de Bruselas’.

En el CDH aparece un solo testimonio peninsular de esta voz, pero se refiere al contexto flamenco; figura en la Historia de Felipe II (1619) de Luis Cabrera de Córdoba, quien hispanizó la forma añadiéndole una -o:

Fueron los diputados del Archiduque el presidente Richardotto, Juan Bautista de Tassis y Luis Berrainchen, audienciero de Bravante, y los de Francia, Bellicure y el Silleri; y truxeron poderes suficientes y entraron en Vervins en el principio de febrero, los de Flandes con el Padre General y los de Francia con el legado que había de ser ← 283 | 284 → el medianero, porque con la autoridad del Pontífice y Sede Apostólica se estableciese paz útil a la Christiandad (CDH s/v audienciero).

CRANA ‘grúa, instrumento para levantar pesos’.

No aparece.

ESCHEVIN ‘teniente de alcalde’.

El CDH contiene tres testimonios peninsulares de eschevin, pero los tres se refieren al contexto de Flandes. El primero se encuentra en la Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V de Fray Prudencio de Sandoval (1604–1618):

De parte del rey. A todos nuestros lugartenientes, gobernadores, mariscales, almirantes, vicealmirantes, bailíos, senescales, prebostes, capitanes, cabezas y guiadores de gente de guerra, así de pie como de caballo, capitanes, maires y eschevines, guardas y gobernadores de buenas villas, ciudades, castillos, fortalezas, puentes, puertos, pasos, jurisdiciones y distritos, y a otras cualesquier justicias y oficiales nuestros, o a sus lugartenientes y a cada uno de ellos en sus lugares, como a cada pertenecerá (CDH s/v eschevin).

Los demás proceden de la Historia de Felipe II (1619) de Luis Cabrera de Córdoba, quien utiliza diferentes formas para el plural:

Ni se inducían a creer que el Pontífice determinase gastar tan largamente, como los coligados publicaban, en su ayuda, y recibían mayor daño del mal gobierno del Duque de Umena que de la vuelta a los Países Bajos del de Parma; porque para señorealla absolutamente procuró en todas ocasiones oprimir la autoridad que los dieciséis se habían atribuido. Quiso por esto mantener el cargo de prepósito de mercaderes al Dampier, que había elegido contra el parecer y la quexa dellos, aunque era incapaz de tanto peso. Creó todos los eschevines en desusado número sin sabiduría de los dieciséis (CDH s/v eschevin).

Presto començaron a parecer cerca algunas compañías de caballos que publicaban llegaría presto el de Bearne y el señor de Tremento había salido a ver al de Mena, y en el camino supo el trato de entregar las dos puertas para día señalado, aunque no cuáles ni quiénes eran los conjurados. Por otra vía se entendió lo mismo y Vellino, propósito de los mercantes, y los eschevinos atendieron a reforçar los muros y lugares sospechosos de más suficiente guardia que para el asedio, y esperaban con poco temor el fin del tratado (CDH s/v eschevin).

ESCLU(S)SA ‘compartimento con puertas de entrada y de salida para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de diferente nivel’. ← 284 | 285 →

El primer testimonio peninsular del nombre común esclusa (y de sus variantes)7 que nos proporciona el CDH procede de la novela El peregrino en su patria (1604) de Lope de Vega y se presenta bajo la forma exclusa (1 ocurrencia):

Este robusto fue un famoso soldado que habiendo en muchas ocasiones servido como un Héctor, pretendió el premio, y como el que él merecía fuese dado al más cobarde de su ejército, dio con esta imaginación en tan profunda melancolía que perdió el seso. Ha perdido la furia en la prisión, aunque algunas veces le vuelve: trata con mil desatinos del modo de formar un ejército, de sitiar un fuerte, de alojar un campo, ← 285 | 286 → de marchar la infantería; todo es exclusas, diques, contradiques, el camino de la estrange, la campaña, los barracheles, el sargento mayor, plantar la artillería, el foso, contrafoso, fajina, terrapleno, caballeros, escuadras, mangas, cañones, mosquetes, pistolas, los tudescos, los herreruelos, la milicia, el peto fuerte, coseletes, picasecas y el prior don Fernando (CDH s/v exclusa).

En la Historia de Felipe II (1619) de L. Cabrera de Córdoba es la forma esclusa la que aparece en la gran mayoría de los ocurrencias (18 sobre un total de 20 ocurrencias); unos ejemplos:

El Vitelli dixo estaban en Jeninguen, lugar abierto del condado de Enden, pero en sitio fuerte para alojamiento y defensa de cualquiera exército, y tanto más porque toda la tierra abriendo las compuertas de las esclusas podía allegar la creciente marea […]. Sancho Dávila dio en unos herreruelos y prendió por su mano uno, y le envió al Duque, y pidió quinientos arcabuceros por haber hallado en la aldea algunos infantes que abrían las esclusas y compuertas de los diques para anegar las praderías (CDH s/v esclusa).

Las formas exclusa e inclusa no aparecen más que una vez:

Don Luis de Velasco tenía la vuelta larga, llegó a las Dunas de la otra parte de Calés, entró un fuerte que defendía el camino por una exclusa, muertos los que le tenían, y le guarneció. Tenía entre su gente y Calés el braço de mar que hace su puerto, y con buena diligencia llegó al Risban (CDH s/v exclusa).

Mandó Guisa ir el tercio del exército y de la artillería por la parte del Bolonés la vuelta de las Dunas a ganar un fuerte que defendía el paso por una inclusa para ir a quitar el socorro que los navíos de Inglaterra y Flandres podían meter en la ciudad, ganando para este efeto el castillo de Risban en la punta que señorea el puerto, y guarda y defiende de aquella banda a Calés (CDH s/v inclusa).

MOTINERÍA ‘motín’.

No aparece.

PARLAMENTAR ‘entablar conversaciones con el enemigo para intentar ajustar la paz o una rendición’.

De las dos formas, parlamentar y parlamentear, que se usan en nuestro corpus del español de Flandes, solo la primera logra pasar al español de la Península y de allí al español general. En el CDH el primer testimonio peninsular de parlamentar procede de la Historia de Felipe II (1619) de Luis Cabrera de Córdoba: ← 286 | 287 →

Apretó tanto Mustafá con baterías, asaltos, minas, máquinas a Famagusta, que hallándose sin remedio de defensa por la hambre que la apretaba, sin esperança de socorro, ni aviso de que le podía haber, tendieron los cercados bandera blanca de parlamentar, y para ello dieron por rehenes a Hércules Martinengo y Mateo Colti, y Mustafá a su lugarteniente y al Agá de los genízaros (CDH s/v parlamentar).

TRAIN ‘conjunto de instrumentos, máquinas y útiles que se emplean para el transporte de la artillería’.

En el CDH el primer texto de la Península en el que está atestiguado el galicismo train o una de sus variantes se titula Noticias de Madrid (1621–1627), de autor anónimo:

Este día salió de esta Corte para Nápoles Don Diego Pimentel, hermano del Conde de Benavente, General de aquellas galeras. Salio con su mujer, con grande tren de coches, que pasaron de treinta, seis literas, cuarenta acémilas y cien mulas de silla y dos trompetas. Todas las acémilas con ricos reposteros y los criados con libreas de terciopelo carmesí y franjones de plata (CDH s/v tren).

Para los testimonios peninsulares siguientes remitimos a Verdonk (2017: 119).

5. Conclusiones

La llegada del duque de Alba a Bruselas en agosto de 1567 significa el comienzo de una nueva forma de gobierno en los Estados de Flandes, que seguirá vigente hasta el final de la dominación española, siglo y medio más tarde. Esta se caracteriza por la presencia de numerosos españoles en los puestos de mando, tanto en el plano político como en el militar, hecho que dará lugar a una situación de lenguas en contacto entre el español y las lenguas autóctonas. La correspondencia del duque en tierras flamencas nos ha permitido observar algunos resultados de esta convivencia lingüística a través de los siete galicismos que hemos estudiado.

Hemos comprobado que dos de ellos, crana ‘grúa’ y motinería ‘motín’, no vuelven a aparecer ni una sola vez en nuestro corpus del español de Flandes (corpus B) y tampoco en el CDH (corpus C). Además, en la misma correspondencia del duque se trata de hápax. Por tanto estos dos ← 287 | 288 → galicismos se pueden considerar como meras interferencias ocasionales del duque con las voces crane (francés de Flandes) y mutinerie (francés general). Por el contrario, los otros cinco galicismos, audiencier, eschevin, esclu(s)sa, parlamentar y train sí que están atestiguados, tanto en la lengua española de los autores españoles de Flandes (corpus B) como en el español peninsular (corpus C), aunque con frecuencias bastante diferentes.

Los galicismos eschevin y audiencier solo aparecen de manera ocasional en algunos autores de Flandes (corpus B) y en unos pocos de la Península (corpus C), pero únicamente para referirse al contexto flamenco.

Por el contrario, los galicismos esclu(s)sa, parlamentar y train no tuvieron una existencia efímera. Llegaron a tener una alta frecuencia de empleo en los textos de Flandes (corpus B) y se convirtieron en una parte integrante del léxico de los españoles que residían allí; por tanto, estos tres galicismos se pueden considerar como verdaderos préstamos propios de la lengua española de esos territorios. Además, como consecuencia del trasiego continuo de personas y documentos entre Flandes y la Península, llegaron a penetrar algunas décadas más tarde en el español peninsular y a formar parte del español general (corpus C).

Esta trasplantación a la Península debe de haberse realizado por distintas vías. Después de haber combatido en Flandes, a veces durante largos años, varios oficiales letrados, como Bernardino de Mendoza y Diego de Villalobos y Benavides, cuya lengua estaba ‘contaminada’ por los préstamos del español que se hablaba allí, regresaban a España y seguían utilizándolos no solo oralmente, sino también en las relaciones que publicaron sobre los acontecimientos bélicos y políticos que habían vivido en Flandes. Estos escritos tuvieron mucho éxito en la Península. Consta, por ejemplo, que Lope de Vega se inspiró en varios de ellos al escribir sus comedias que tenían las guerras de Flandes como trasfondo. Otros militares españoles publicaron en los mismos Estados de Flandes sus escritos, los cuales fueron difundidos e incluso reimpresos en la Península. Así, Las guerras de los Estados Baxos, de Carlos Coloma, publicado por primera vez en Amberes en 1625, se volvió a imprimir en Barcelona en 1627. Otro ejemplo es la novela picaresca Vida y hechos de Estevanillo González, cuya primera edición salió en Amberes en 1646 y que fue reimpresa en Madrid en 1652 y 1655. La correspondencia entre Bruselas y Madrid constituye otra vía de penetración. En el Archivo General de Simancas se conservan una gran cantidad de cartas enviadas por los jefes militares españoles a la Corte de ← 288 | 289 → Madrid. Contienen informes sobre la situación política y militar, solicitudes de dinero, planes de estrategia militar, propuestas de nombramiento, etc. Así, el área española peninsular estaba abierta de varios modos a las influencias lingüísticas procedentes de Flandes (Verdonk 1980: passim).

En nuestro corpus de textos escritos por españoles en los Estados de Flandes a finales del siglo XVI y durante la primera mitad del XVII (corpus B) hemos podido comprobar que, después del regreso del duque de Alba a España, surgieron otros préstamos que, al igual que esclu(s)sa, parlamentar y train, se generalizaron en la lengua española de Flandes: calibre, convoy, dro(s)sart(e), marraço, petar(do), pleyta, recluta, etc. Sin embargo, no todos lograron pasar a la Península y de allí al español general, porque, al relacionarse con la situación geográfica o la organización política propia de los Estados de Flandes, algunos carecían de utilidad en el español fuera de estos territorios, y desaparecieron forzosamente a comienzos del siglo XVIII, cuando terminó en Flandes la presencia política y militar de España y, por consiguiente, la lengua española. Este es el caso de dro(s)sart(e) ‘determinado tipo de oficial de justicia en Flandes’, marraço ‘tierra pantanosa’ y pleyta ‘barco de poco calado para el transporte fluvial en Flandes’.

En las páginas que preceden creemos haber demostrado el valor que la correspondencia del duque de Alba en tierras flamencas (1567–1573) tiene, no solo para la historia del español de los Estados de Flandes, sino también para la del español general. Por eso es por lo que opinamos que sus cartas merecerían editarse según los criterios de la red CHARTA.

Fuentes

CORPUS A

Correspondencia del duque de Alba

Duque de Alba (1952), Epistolario del III Duque de Alba Don Fernando Álvarez de Toledo, 3 vols., Madrid.

Co.Do.In. = Varios editores (1847–1895), Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, 112 vols., Madrid, varias editoriales. ← 289 | 290 →

CORPUS B

Español de Flandes

Carnero 1625 = Antonio Carnero (1625), Historia de las guerras civiles que ha avido en los Estados de Flandes desde el año 1559 hasta el de 1609 y las causas de la rebelion de dichos estados, Bruselas, Juan De Meerbeque. In-f°, 4 ff., 565 pp., 3 ff.

Coloma 1625 = Carlos Coloma (1625), Las guerras de los Estados Baxos desde el año de M.D. LXXXVIII hasta el de M.D. XCIX, Amberes, Pedro y Juan Bellero. In-4°, 8 pp., 579 pp.

Mendoza 1592 = Bernardino de Mendoza (1592), Comentarios de Don Bernardino de Mendoça de lo sucedido en las Guerras de los Payses baxos desde el Año de 1567 hasta el de 1577, Madrid, Pedro Madrigal. In-4°, 8 ff., 336 ff., 12 ff.

Ufano 1612 = Diego Ufano (1612), Tratado de la artilleria y uso della platicado por el capitan Diego Ufano en las guerras de Flandes, Brusselas, Juan Momarte. In-4°, 9 ff., 423 pp., 1 p., 4 ff.

Vega 1643 = Gabriel de la Vega (1643) La feliz campaña y los dichosos progressos que tuvieron las armas de su Magestad Catolica el Rey Don Phelipe quarto en estos Payses Bajos el anño de 1643, siendo governadas por el Exmo Señor Don Francisco de Mello, Marques de Tordelaguna. Sin lugar. In-4°, 6 ff., 253 pp. (erróneamente 259)

Verdugo 1594 = Francisco Verdugo (1594), Commentario del coronel Francisco Verdugo de la guerra de Frisa en XIIII años que fue governador y capitan general de aquel estado y exercito por el rey D. Phelippe II, nuestro Señor [Ed. de Henri Lonchay, Bruxelles, Kiessling, 1899, 1–191].

Villalobos 1612 = Diego de Villalovos y Benavides (1612), Comentarios de las cosas sucedidas en los Paises Baxos de Flandes, desde el año de mil y quinientos y noventa y quatro, hasta el de mil y quinientos y noventa y ocho, Madrid, Luis Sánchez. In-4°, 159 ff.

CORPUS C

Español general

CDH= Real Academia Española, Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del Español <http://www.rae.es> [15/12/2017]. ← 290 | 291 →

Bibliografía

DAut = Real Academia Española (1726–1739), Diccionario de la lengua castellana, Madrid, Imprenta de Francisco del Hierro-Herederos de Francisco del Hierro [Reimpresión facsímil, Diccionario de Autoridades, Madrid, Gredos, 1990].

DCECH = Juan Corominas y José Antonio Pascual (1980–1991), Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos.

DHLF = Alain Rey (1992), Dictionnaire historique de la langue française, Paris, Dictionnaires Le Robert.

DRAE = Real Academia Española (2014), Diccionario de la lengua española, Madrid, 23ª ed.

Fernández Álvarez, Manuel (2007), El duque de hierro: Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, Madrid, Espasa Calpe.

FEW = Walther von Wartburg (1929 sig.), Französisches Etymologisches Wörterbuch, Bonn, Klopp.

Janssens, Gustaaf (1993), Don Fernando Álvarez de Toledo, tercer duque de Alba, y los Países Bajos – Don Fernando Alvarez de Toledo, derde hertog van Alva, en de Nederlanden, Bruselas – Brussel, Ministerio de la Comunidad Flamenca – Ministerie van de Vlaamse Gemeenschap.

Kamen, Henry (2004), The Duke of Alba, New Haven and London, Yale University Press.

Leloup, Ward y Vannieuwenhuyze, Bram (2013), «Damme en Sluis: de oorsprong en vroege stadsontwikkeling van twee middeleeuwse Zwinstadjes», Handelingen van het Genootschap voor Geschiedenis te Brugge, 150, 13–56.

Maltby, William S. (1983), Alba. A biography of Fernando Álvarez de Toledo, Third Duke of Alba (1507–1582), Berkeley, University of California Press.

Parker, Geoffrey (1976), El Ejército de Flandes y el Camino Español, 1567–1659. La logística de la victoria y derrota de España en las guerras de los Países Bajos, Madrid, Revista de Occidente [Traducción española por Manuel Rodríguez Alonso].

Verdonk, Robert A. (1980), La lengua española en Flandes en el siglo XVII: contribución al estudio de las interferencias léxicas y de su proyección en el español general. Prólogo de A. Zamora Vicente, Madrid, Insula. ← 291 | 292 →

Verdonk, Robert A. (2017), «La aportación de la lengua española de Flandes al léxico del español general a finales del siglo XVI y durante el siglo XVII», Scriptum digital, 6, 112–126.


1 Los Estados de Flandes abarcaban un territorio que coincide más o menos con el que ocupan hoy los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y gran parte del norte de Francia. Constaba de unas diecisiete provincias, cuyo proceso de unificación, iniciado casi dos siglos antes por sus antepasados, había sido llevado a cabo por Carlos I y sellado en la Pragmática Sanción de 1549. A estas provincias unificadas se las solía llamar Países Bajos, tanto en francés (Pays-Bas) y en neerlandés (Nederlanden) como en la mayor parte de los idiomas europeos. Sin embargo, muchos españoles e italianos tenían la costumbre de dar a los Países Bajos el nombre de una sola de sus provincias, el Condado de Flandes (Fiandra), que era la más importante de todas. De la misma manera, empleaban el término de flamencos (fiamminghi) para referirse a todos los habitantes de este territorio, tanto a los que hablaban una de las variedades del neerlandés como a los que hablaban el francés estándar o una de las variedades románicas del país (picardo y valón). Seguiremos este uso a lo largo de este capítulo.

2 Para una evaluación de la actuación del duque de Alba en los Estados de Flandes, remitimos a Janssens 1993.

3 La correspondencia del duque de Alba contiene también unos cuantos préstamos directos del alemán, lo que se explica por la presencia de caballeros mercenarios alemanes en el Ejército de Flandes.

4 En la correspondencia del duque de Alba encontramos también 12 ocurrencias del nombre propio La Esclu(s)sa, que es la forma hispanizada del topónimo L’Escluse (en francés) y Sluus (en neerlandés). Este topónimo se creó a partir de los nombres comunes escluse (en francés) y sluus (en neerlandés), que están atestiguados desde el siglo XI. Actualmente L’Ecluse / Sluis es un modesto municipio, situado en la provincia de Zeelanda (Países Bajos), pero en la Edad Media era un puerto de gran importancia comercial y militar, ubicado en el estuario del Zwin, en la costa de Flandes. Su fundación, en 1280, por el Conde de Flandes Juan I se debe a los problemas cada vez más acuciantes con que se enfrentaba el gran puerto de Brujas, como consecuencia de la progresiva sedimentación del canal que lo unía al mar. La función de L’Escluse / Sluus era la de ser una especie de antepuerto en el que los barcos procedentes del Mar del Norte pudieran descargar sus mercancías destinadas a Brujas (Leloup y Vannieuwenhuyze 2013: 41–52). Debido al intenso comercio marítimo que existía en la Edad Media entre las costas de Castilla y Brujas, no extraña que la forma hispanizada del topónimo, La Esclusa, aparezca ya en tres textos peninsulares de la Edad Media. Citamos un ejemplo de cada texto:

E partio dende con su flota, e fue a Flandes; e quando llego a la Esclusa de los flamencos, salieron lo a rresçebir con grande alegria (CDH: Anónimo, Gran crónica de Alfonso XI, c1348–1379; 1 caso).

Esta armada fizo él a un puerto de una villa de Flandes que llaman el Esclusa. Allí estuvo ocho meses, ya todas sus gentes juntas, e todas sus cosas prestas (CDH: Díaz de Games, Gutierre, El Victorial, 1431–1449; 4 casos).

En este lugar del Esclusa estuve dos días con el Capitan della é bolvíme á Brujas (CDH: Tafur, Pero, Andanças e viajes, c1457; 9 casos, de los que 2 se refieren al nombre del barco).

El florecimiento comercial de La Esclusa duró hasta mediados del siglo XV, momento en que empezó a declinar como consecuencia de la progresiva sedimentación del estuario del Zwin. No obstante, el puerto y su castillo conservaron una importancia estratégica durante las guerras de Flandes. La Esclusa cayó en manos de los rebeldes holandeses, pero en 1587 fue reconquistada por Alejandro Farnesio, Duque de Parma. El 26 de mayo de 1603 se disputó cerca de La Esclusa un combate naval en el que la flota española fue derrotada por la holandesa. Al año siguiente las tropas de Mauricio de Nassau asediaron el puerto y el 19 de agosto de 1604 la guarnición española de La Esclusa tuvo que capitular. Esta pérdida tuvo una enorme resonancia en España.

5 Vid. al final las fuentes bibliográficas. De entre estos autores, Bernardino de Mendoza y Carlos Coloma llegaron a alcanzar un gran prestigio literario, como se puede deducir del hecho de que sus nombres figuran en la Lista de los autores elegidos por la Real Académia Españóla, para el uso de las voces y modos de hablar, que han de explicarse en el Diccionario de la Léngua Castellana (DAut., t. I, 1726, p. LXXXV).

6 Las formas con que los autores de nuestro corpus de Flandes transcriben el topónimo son variadas. En B. de Mendoza hallamos La Esclu(s)sa (4 casos); en D. de Villalobos La Enclusa (1 caso); en C. Coloma La Inclusa (4 casos), La Esclussa (2 casos) y La Enclusa (2 casos); en A. Carnero La Enclusa (88 casos) y La Esclusa (5 casos). El CDH menciona también la forma La Exclusa (1 caso) en la Carta a su Majestad de 1580 de B. De Mendoza y La Esclusa (1 caso) en el Discurso en que trata de la artillería con un tratado de fortificación de 1611 de C. Lechuga.

7 A continuación de los testimonios medievales (14 casos, en 3 documentos, mencionados en la nota 3), el CDH nos proporciona más testimonios peninsulares del topónimo La Esclusa para el periodo que abarca los últimos años del siglo XVI y los primeros del XVII: provienen de Andrés de Poza, Hydrografía, la más curiosa que hasta aquí ha salido a luz, 1585 (10 casos); Fray Prudencio de Sandoval, Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V, 1604–1618 (1 caso) y Fray José Sigüenza, Tercera parte de la Historia de la orden de San Jerónimo, 1605 (1 caso).

Sin embargo, para el mismo periodo, el CDH ofrece también tres variantes del topónimo: La Exclusa (Alonso de Villegas, Fructus sanctorum y quinta parte del Flossanctorum, 1594; 1 caso), La Enclusa (Francisco de Quevedo y Villegas, Poesías, 1597–1645; 1 caso) y La Inclusa (Conde de Villamediana, «Soneto a la muerte de Don Felipe de Tarsis, que murió en el cerco de la Inclusa» en Poesías, 1599–1622; 1 caso).

En 1614, la forma La Inclusa aparece otra vez en un texto anónimo en que se alude no solo a la pérdida de ese importante puerto flamenco, sino también al hecho de que, después de la capitulación, un soldado español trajo de allí una imagen de la Virgen y la colocó en la Iglesia de la Casa de Expósitos de Madrid:

El mismo rescate hizo otro soldado Español en Flandes en la perdida de la Inclusa, por trato de un traidor, de otra imagen que llevaua un herege al fuego, que oy con apellido de nuestra Señora de la Inclusa es venerada y visitada de sus deuotos en Madrid, en la Iglesia de los niños de la cuna, haziendo inumerables milagros, y no es el menor venir por su medio el sustento muy abundante de mas de tres mil niños que alli se crian hasta edad de seruir, de prender oficio, o que alguno los prohije, siendo cierto, que antes por muchos y poca renta, se criauan con trabajo. Este soldado vino a Madrid a pretender, murio, y heredólo su huespeda, […] da noticia al Administrador de la dicha Casa su confessor, y dasela para su Iglesia, adonde fue llevada con gran solenidad y fiesta (CDH: Anónimo, «Milagros de la Virgen de los Remedios del convento de la Merced», Actos públicos en Madrid, 1614).

Allí esta imagen empezó a venerarse bajo el nombre de Nuestra Senora de la Inclusa y con el tiempo la Casa de Expósitos de Madrid pasó a llamarse simplemente la Inclusa. Tanto el Diccionario de la lengua española de la RAE como el DCECH de Corominas y Pascual confirman esta etimología.