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Escribir en la universidad: elaboración y defensa de trabajos académicos -TFG/TFM-

Edited By Manuel Fco. Romero Oliva

Escribir en la universidad. Elaboración y defensa de trabajos académicos –TFG/ TFM– es el resultado de una serie de actuaciones e investigaciones referidas a la alfabetización académica de los estudiantes universitarios desde una visión multidisciplinar en la que han participado no solo departamentos académicos — Didáctica de la Lengua y la Literatura, Didáctica y Filología—, sino también unidades específicas de la Universidad de Cádiz —Servicio de Atención Psicológica (SAP), desde su Programa de Apoyo al aprendizaje; o el Área de Biblioteca, Archivo y Publicaciones, con sus cursos de búsquedas bibliográficas, difusión en abierto en repositorios…—. Todos ellos han posibilitado un manual basado en la experimentación y la reflexión conjunta en la que han intervenido más de 3000 estudiantes de diversas titulaciones a lo largo de casi diez cursos académicos.

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Capítulo 6. Las prácticas deshonestas en el contexto universitario: de las causas y las medidas de actuación preventivas (Rosa Vázquez Recio/Mónica López Gil)

Capítulo 6. Las prácticas deshonestas en el contexto universitario: de las causas y las medidas de actuación preventivas

Rosa Vázquez Recio/Mónica López Gil*

1. Introducción

La práctica deshonesta del plagio académico existe desde siempre, hay quienes incluso la datan de la Antigua Roma. No obstante, no es hasta la década de los noventa cuando surge una profunda preocupación sobre la misma materializada en las diversas investigaciones nacionales e internacionales en relación con esta actividad.

Conocer de modo más profundo la casuística que motiva este fenómeno y sus posibles soluciones es de interés de todos los agentes del ámbito académico. Las editoriales se preocupan por ofrecer textos con rigor científico y solidez intelectual; el profesorado, por formar a futuros profesionales íntegros y honestos y, el alumnado, por evitar posibles sanciones que afectarían a su trayectoria escolar o profesional.

Un buen trabajo científico requiere una sólida y amplia documentación. La búsqueda de información, inspirarse y apoyarse en producciones científicas de otras personas ayudan a afianzar nuestras propias ideas. Además de ser completamente lícito, es recomendable y necesario, pues demuestra que el trabajo final ha sido fruto de un minucioso proceso que le otorga rigor y transparencia. De hecho, Voltaire decía que “la originalidad no es nada más que una imitación juiciosa. Los escritores más originales tomaron prestado unos de otros”. Pero la información no se crea ni se destruye por sí misma. Detrás de todo dato hay, al menos, una persona que lo ha creado y puesto en disposición de otro. Así, citar, referenciar y otorgar las ideas a quienes corresponde, además de fundamentar el trabajo, es un acto de generosidad, ya que esa información no solo sirve para argumentar una idea, sino que ayuda a quienes leen el trabajo. De ahí que se ←93 | 94→configura como uno de los elementos clave para originar procesos de enseñanza y aprendizaje.

En la Sociedad de la Información y Conocimiento en la que nos situamos, compartir es un comportamiento básico y primordial para participar activamente de ella. Es por ello que ofrecer a quien nos lee las fuentes en las que se basan nuestras producciones, supone un acto de generosidad y coherencia con la situación actual. La documentación utilizada debe ser explícita, esto es, especificar de modo manifiesto las fuentes que han inspirado el escrito, otorgando las ideas a quienes la crearon. Citar a quien o a quienes corresponde la autoría, e incluir las referencias bibliográficas en las que podemos localizar las ideas que presentamos en los trabajos, es una práctica beneficiosa tanto para la riqueza del trabajo como para el uso ético de la información. En caso contrario, estaríamos cayendo en el plagio académico, ciberplagio o autoplagio académico, conceptos que definiremos más adelante.

Muchas son las investigaciones y los estudios que muestran la vigencia de la práctica del plagio académico y el ciberplagio consciente o inconsciente entre el alumnado de ESO, Bachillerato y Universidad1. Todos ellos concluyen en que la práctica del plagio sigue vigente, hecho que guarda relación con el conocimiento sobre conceptos como plagio, autoplagio, ciberplagio, cita o referencia bibliográfica; también sobre cuestiones que tienen que ver con cómo citar las fuentes. Del mismo modo, es necesario ser conocedores de los motivos por los que es importante y necesario hacer citas y referencias bibliográficas en los trabajos académicos.

Hoy, más que nunca, podemos acceder a cualquier tipo de información prácticamente desde cualquier lugar y en cualquier momento gracias a las tecnologías digitales como Internet. Podemos seguir acudiendo a la biblioteca para la consulta de libros, revistas, enciclopedias o bases de datos en formato papel (o digital), pero el acceso a Internet abre un mundo en el que se accede a todo tipo de contenidos en múltiples formatos. Por tanto, la información fluye, nace y renace de forma constante. El acceso y la democratización de la información y ←94 | 95→el conocimiento no hace más que diversificar y crear nuevas vías y herramientas que facilitan la práctica del plagio.

La fácil accesibilidad y la diversidad de formatos de la información que disponemos actualmente favorecen que la apropiación de ideas creadas por otras personas, a través del "cortar y pegar", sea mucho más sencilla. A ello se le une la idea errónea de Internet como un universo tremendamente democrático y público, basado en la participación y en el compartir, hasta tal punto que podemos tomar los datos que consideremos oportunos y usarlos a nuestro parecer. El pensamiento en el que se basa es que lo que está publicado en Internet, si es de acceso público, es de todos, por lo que puedo hacer uso de ello.

A pesar de la proliferación de programas antiplagio, tales como Turnitin, Compilatio, Anti-Plagiarism, entre otros, consideramos que el mejor sistema para erradicar esta actividad es la sensibilización de la comunidad científica en relación al plagio, en todas sus versiones, a través de la formación sobre la relevancia del uso ético de la información, la gestión de los modos de citar y referenciar y la concienciación de la necesidad de estas citas y referencias en todo manuscrito académico y científico como material que lo fundamenta. Se hace imprescindible conocer las implicaciones éticas y científicas del uso de la información propia y ajena tanto en el entorno físico como en el digital.

Para ello estructuraremos este capítulo en dos grandes bloques de contenido:

Bloque conceptual: del apartado 2 al 5. En este bloque se definirán conceptos clave como plagio, ciberplagio y autoplagio; tipología de plagio académico y otras prácticas similares que se relacionan directamente con el uso no ético de la información.

Bloque de prevención e intervención: del apartado 6 al 9. Aportamos reflexiones en relación a la casuística que motiva el plagio académico, así como una serie de posibles soluciones que van desde un plano más educativo -que incide en la formación, en el sentido y en la necesidad de referenciar las fuentes de información y en su procedimiento- a un plano más técnico a través de la aportación de herramientas digitales que nos permiten la detección del plagio y ciberplagio académico. A continuación, se incluyen una serie de consejos y recomendaciones que ayudan a autoevaluar sus propios trabajos y no cometer, de forma consciente, esta práctica deshonesta.

Se incluyen, además, de las referencias bibliográficas de este escrito, que sirven de lecturas recomendadas respecto a la problemática que nos ocupa. Se especifican aquellas que consideramos oportunas para el profesorado y para el alumnado o cualquier persona que tenga interés.

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2. Aproximación conceptual: plagio, ciberplagio, autoplagio

Tres de los elementos clave para no atentar contra la integridad académica son: conocer el concepto de plagio, ciberplagio y autoplagio; la interiorización de la importancia y el valor que tiene indicar con rigor las fuentes bibliográficas empleadas, así como conocer la forma correcta de cómo citar y hacer referencias bibliográficas. Nos centramos ahora en el plano más conceptual.

Por plagio se entiende el uso copiar de forma parcial o total la obra o material creada por otras personas, dándolas como propias (RAE, 2017) y el ciberplagio académico hace referencia al uso de las TIC (Internet, sobre todo) para el desarrollo de la práctica del plagio en la realización de escritos académicos. En definitiva, todo documento académico en el que se usan manuscritos (o extractos de ellos) creados por otras personas, estén estos publicados o no y en versión digital o no digital sin que sean referenciados, se consideraría producto de plagio.

El término autoplagio quizás requiera un poco más de atención, ya que, si atendemos a las definiciones anteriores, si el plagio se comete por el uso de documentación creada por otras personas no referenciada, ¿por qué cometo plagio si las ideas que expongo en mi trabajo han sido creadas por mí y no estoy haciendo uso de ideas de otras personas? Podría resultar incluso absurdo pensar que nos "estamos robando a nosotros mismos". Al igual que vestimos con la misma camiseta en varias ocasiones, ¿por qué no hacer uso de la misma información en varias creaciones académicas?

Cometemos autoplagio o duplicación cuando intentamos publicar el mismo manuscrito en distintas revistas científicas, o cuando entregamos el mismo trabajo académico en distintas asignaturas haciéndolo pasar por inédito; es decir, el reutilizar material que ya hemos elaborado para distintos fines sin referenciar el trabajo original.

A veces se dispone de muy poco tiempo para elaborar un trabajo o un artículo; otras, el alumnado aprecia que hay solapamiento de los contenidos y objetivos de asignaturas diferentes, lo que podría incitar a la entrega del mismo texto para distintas materias o distintas revistas al mismo tiempo. En otras ocasiones, cuando tenemos cierta experiencia en la elaboración de documentos sobre la misma temática, podemos llegar a viciarnos tomando partes de distintos trabajos o publicaciones, a modo de collage, sin hacer referencia a esos trabajos anteriores (sin lo que podríamos llamar, autocitas2). Hay quienes hablan de esta práctica como duplicidad o publicación redundante, haciendo alusión, precisamente, a ←96 | 97→que, en lugar de realizar nuevas aportaciones al cuerpo del conocimiento, lo que se hace es redundar y duplicar lo que ya existe, por lo que no hay mejora o aporte alguno a la ciencia. Estos casos ejemplifican el fenómeno del autoplagio. Esta práctica, más que un delito contra la propiedad intelectual, en la medida en que nos hacemos apropiación de algo que pertenece a otro, atenta a la ética y a la integridad académica. Incluso referenciar o citar nuestros propios trabajos no sería suficiente para evitar cometer autoplagio (Spinak, 2013).

A veces es harto complicado establecer un límite entre el autoplagio y la reutilización de material de elaboración propia. A pesar de lo que venimos diciendo, tanto el alumnado como el personal investigador pueden usar sus propios trabajos para inspirarse en la escritura de otros tantos o tomarlos como antecedentes que justifican nuevas creaciones. Es el caso, por ejemplo, de investigadores que, una vez finalizan un proyecto de investigación, publican sus resultados utilizando los datos recabados desde distintas perspectivas (por ejemplo, perspectiva de género, resultados en función de la edad de los informantes, etc.) o el caso de alumnado, que a partir del análisis y de las conclusiones que han aportado en algún trabajo, justifican o argumentan nuevas ideas o reflexiones que dan lugar a nuevas creaciones. Lo más adecuado en estas situaciones es advertir, precisamente, los antecedentes de los datos a publicar con el fin de garantizar la originalidad de los mismos.

En conclusión, sin importar el medio que usemos para ello, el plagio hace referencia a "la localización, adopción y presentación de ideas, teorías, hipótesis, resultados, textos, etc., ajenos como propios en cualquier trabajo académico" (Comas y Sureda, 2007: 1). Según Jaramillo y Rincón (2014), el plagio afecta de forma muy profunda no solo a la ética del uso de la información sino también al propio desarrollo del conocimiento:

el plagio afecta la calidad del aprendizaje e impacta negativamente en los procesos cognitivos superiores. Esta conducta antiética evita que se desarrolle la capacidad de pensamiento propio y autónomo e impide que se den actividades de creación intelectual. También afecta los procesos investigativos, puesto que obstaculiza que el conocimiento, como bien social, se genere e incorpore para el beneficio de la sociedad (Jaramillo, Valbuena y Rincón, 2014: 131).

3. Tipología de plagio

3.1. La ignorancia del plagio no excusa su cumplimiento: el plagio accidental

Entendemos que el plagio académico está relacionado íntimamente con el conocimiento sobre cómo citar las fuentes y la pertinencia de incluir referencias en ←97 | 98→los escritos académicos, por lo que podríamos afirmar que existe un plagio accidental o no intencionado.

Estos dos elementos denotan la necesidad de una formación que incida en el sentido y la necesidad de referenciar las fuentes de información y en su procedimiento.

3.2. Con premeditación y alevosía: el plagio intencionado

El plagio intencionado, tal y como indica el propio término, hace referencia al uso deliberado de las ideas, los datos, los conceptos o las creaciones de otra persona haciendo creer que son propias. Aquí se incluye el parafraseo insuficiente (reescritura superficial de la idea o las palabras del original) o el parafraseo no citado (cuando expresamos con nuestras palabras conceptos, términos, categorizaciones, etc., creados por otras personas que no son citadas o referenciadas).

3.2.1. El plagio, una práctica muy diversificada

Podemos mencionar multitud de prácticas de plagio intencional, todas ellas comprendidas en dos categorías (Sureda, Comas y Gili, 2009):

a) prácticas deshonestas en el desarrollo de exámenes o pruebas de evaluación (hacer “chuletas”, copiar del examen de un compañero/a, dejarse copiar por un compañero/a, etc.);

b) prácticas deshonestas en la elaboración y entrega de trabajos académicos (presentar trabajos descargados parcial o totalmente de Internet o "heredados" de otros compañeros de cursos superiores y entregarlos como originales y propios; copiar fragmentos de Internet y/o fuentes impresas y, sin citar la autoría, presentarlos como propios; copiar fragmentos de trabajos de años anteriores y entregar el trabajo como original; entregar el mismo trabajo en distintas asignaturas o publicaciones; el parafraseo insuficiente o no citado anteriormente mencionado; facilitar a un compañero trabajos que hemos entregado en cursos anteriores o realizar un trabajo o manuscrito en su nombre, etc.).

Otras prácticas deshonestas íntimamente relacionadas serían:

La compra/descarga de trabajos académicos. La oferta de venta de trabajos (especialmente de Trabajos de Fin de Grado y Trabajos de Fin de Máster, tesis doctorales o similares) no es escasa. En cualquier red social o buscador podemos ver multitud de anuncios de personas que ofrecen sus servicios para la realización de estos trabajos o la venta de un trabajo ya evaluado y aprobado ←98 | 99→(de cursos anteriores), "listos para su entrega". Incluso se llega a ofrecer distintas tarifas en función de la calificación deseada en el trabajo a entregar. Otro ejemplo de ello sería la descarga de trabajos desde plataformas o portales como el rincón del Vago, Unibook, o similar.

Falseamiento de la bibliografía. La lectura de documentación relacionada con la temática de nuestros manuscritos nos lleva a las referencias de los mismos ampliando nuestra base de datos documental. En esos escritos se insertan citas y referencias que pueden resultar útiles para nuestros trabajos. Una actividad deshonesta en este sentido sería insertar citas o referencias como fuentes primarias de documentos que no han sido consultados.

Falseamiento de datos o resultados de investigación que cubran las expectativas de nuestra propuesta de estudios y objetivos a alcanzar.

Traducción de un documento escrito en otro idioma para encubrir el plagio. La detección de plagio es mucho más compleja si se trata de la traducción de una obra creada en otro idioma, de ahí que haya quienes cometen las prácticas mencionadas anteriormente aplicando la traducción de documentación ajena publicada en lengua extranjera.

3.3. El acceso gratuito a la información no implica su uso arbitrario: el ciberplagio

En el mundo digital y digitalizado en el que nos situamos no podíamos pasar por alto el fenómeno del ciberplagio. Según Angulo Rasco, López Gil y Vázquez Recio (2014), el alumnado tiende a copiar (plagiar) en la realización de los trabajos académicos empleando Internet como fuente principal. Una práctica que en pocos años ha sufrido un crecimiento exponencial por múltiples motivos compatibles y relacionados entre sí:

La facilidad de acceso a una cantidad ingente de información. Una información que, además de amplia, es diversa en relación al formato y a las fuentes, y de la que podemos disponer en cualquier momento y lugar. La tentación de "tomar prestados" datos que cubran nuestras necesidades informativas o académicas es muy grande, sobre todo cuando hablamos de un entorno democrático, gratuito y abierto basado en la participación activa de sus usuarios a través de aportaciones de contenido.

La creencia de que lo que está publicado en Internet, por el hecho de ser accesible a cualquier persona conectada, puede ser utilizada bajo unos intereses particulares. De hecho, la utilización de imágenes o contenidos de forma deliberada ha sido aceptada y normalizada durante mucho tiempo debido a que ←99 | 100→se ha tomado la idea de que "si no tengo que pagar para disponer esta información, entonces puedo hacer uso de ella". No obstante, y aunque uno de los principios que fundamenta la cultura digital sea la de compartir, también lo es la reciprocidad, por lo que la honestidad es un pilar básico para el buen funcionamiento del statu quo de la Red.

Derivada de la creencia anterior, procede considerar que la creación de contenido bajo un nick o apodo digital y no bajo un nombre y apellido inscritos en el Registro Civil, al considerarse que se trata de una publicación menos rigurosa, no requiere de ser citado o referenciado.

Las razones anteriores confluyen en un uso inadecuado de las TIC como recurso de aprendizaje y formación académica hacia un uso más ocioso y lúdico.

Considerar que se tiene mayor competencia digital que quienes valoran nuestros manuscritos, da la confianza en que no seremos descubiertos, ello aumenta la debilidad de caer en el plagio (Sureda, Comas y Urbina, 2005).

Falta de habilidades para gestionar el tiempo y la procrastinación o la sobrecarga académica que provoca la necesidad de acudir a este tipo de actividades para poder responder a todas las exigencias.

Razones relacionadas con el profesorado y el tipo de trabajos solicitados. Muchos estudiantes consideran que: el profesorado no siempre se lee los trabajos, así que no podrán detectar si hay plagio o no; los trabajos que solicitan suelen ser más reproductivos y no requieren de creatividad o discurso propio lo que incita a plagiar; existe gran similitud entre los trabajos que se piden en distintas materias y del que guardan una copia digital, lo que implica su instantánea accesibilidad.

El carácter de lo público y privado en la Red es una cuestión muy controvertida que preocupa tanto a usuarios (sobre todo a aquellos que hacen un uso más activo de Internet como influencers o youtubers), como a también a quienes se sitúan en el plano académico. En el espacio digital se hace muy difícil establecer límites de lo que es o no es público. Si la consulta de una página web es pública, ¿lo es el uso de la información que aparece en ella?; si puedo descargarme un archivo en formato .pdf, ¿este es público o privado?, ¿si he podido acceder a él de forma tan sencilla podré hacer uso del mismo y como lo necesite?, ¿es lícito el uso de las imágenes que aparecen en Google imágenes en mis creaciones, ya que me permite descargarlas, editarlas y difundirlas? Si alguien publica en su red social (con perfil púbico) alguna información de mi interés, ¿puedo usarla sin nombrarle? Si su perfil es público y accesible, ¿por qué no hacerlo? Lo ha puesto ahí para todos.

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A pesar de que la información que necesitemos sea de acceso gratuito o no requiera de permiso para su consulta, como es el caso de un blog o una web, se exige explicitar la autoría de los datos consultados/utilizados por cortesía, honestidad, ética y legalidad. No en vano existe un gran desarrollo del Derecho Digital con el fin de regular los efectos transversales que las tecnologías están provocando, en este caso, en los derechos de autor (digitales o no) para la protección de la propiedad intelectual en Internet como extensión de otras disciplinas más tradicionales del Derecho. Detrás de toda web, de un blog o de un perfil de una red social existe una persona que ha creado la información de la que disponemos y que, de no ser referenciada, estaríamos cometiendo un robo de su propiedad.

Debemos entender que el espacio digital es un lugar compartido entre millones de usuarios en el que el derecho a la privacidad, a pesar de ser accesible, debe ser respetado. Por tanto, no debemos dejar de lado ciertas pautas de civismo y ética como es la de referenciar a quienes crearon las ideas que inspiran o fundamentan nuestras propias creaciones.

4. Causas asociadas al fenómeno del plagio y ciberplagio

Cuando nos preguntamos por las causas que motivan la realización de prácticas deshonestas como son el plagio y el ciberplagio, comprobamos, a la luz de los resultados de las investigaciones y los estudios existentes, que no existe una única causa que motive tales prácticas. Son diversos los factores que intervienen de manera concomitante en la aparición de las mismas; factores y prácticas que no se manifiestan exclusivamente en el ámbito universitario, sino que empiezan a darse con cierta notoriedad en los estudios previos (Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato), como ya se ha indicado en algún momento de este trabajo. Un conjunto de causas que se despliegan, se desarrollan e inciden como consecuencia del impacto, ya inevitable e imparable, de la cultura digital (Gere, 2002; Weinberger, 2007; Angulo Rasco y Vázquez Recio, 2010; López-Gil, Angulo-Rasco y Vázquez-Recio, 2017), representante de la alfabetización (digital) que ha desplazado, digámoslo en estos términos, a la alfabetización letrada. Pese a este hecho, es importante tener un marco amplio en el que situar el plagio y el ciberplagio, y consecuentemente, sus causas. Este marco es el de integridad académica que aportan los trabajos de Comas, Sureda, Casero y Morey (2011), Morey, Sureda, Oliver y Comas (2013) y Sureda, Comas y Oliver (2015), y que hemos mencionado anteriormente. Este marco comprende tres niveles de conductas de deshonestidad académica: a) prácticas deshonestas en exámenes o pruebas de evaluación (como puede ser el caso del empleo de las “chuletas”); b) prácticas deshonestas en la realización de trabajos académicos (como puede ser ←101 | 102→descargar de Internet trabajos ya elaborados o copiar de artículos académicos), y c) prácticas deshonestas vinculadas con la vida cotidiana de los centros educativos (tal es el caso de dañar o romper equipamiento) (Morey, Sureda, Oliver y Comas, 2013: 226). Cuando hablamos del plagio y del ciberplagio nos estamos centrando en los dos primeros niveles de prácticas deshonestas, y son los niveles que nos interesa atendiendo a la naturaleza y las pretensiones de este trabajo.

En este escenario trazado encuadramos las causas a las que podemos atribuir la realización de prácticas deshonestas. El trabajo realizado por Comas (2009) las agrupa en: filosófico-morales, socioculturales, pedagógicas, legislativas, tecnológicas y psicológicas. Sureda, Comas y Morey (2009: 205) señalan una serie de causas que son agrupadas en tres niveles relacionados con las TIC, el alumnado y el profesorado, ordenados según mayor grado de incidencia en la comisión de prácticas deshonestas: a) facilidades aportadas por el desarrollo de las TIC; b) determinadas características, creencias o comportamientos del estudiantado (impunidad, creer que el docente difícilmente podrá averiguar que se ha copiado, mala gestión del tiempo, la saturación de trabajos, no saber cómo realizar trabajos, tienen que entregar muchos trabajos en poco tiempo, etc.), c) determinadas características o comportamientos del profesorado universitario (saturación de trabajos, clases y exámenes impuestos al alumnado, no leer con profundidad los trabajos del alumnado, se da poco peso al trabajo en la nota final, ser poco hábil en el uso de las TIC, etc.). En otro trabajo, Sureda y Comas (2010) destacan factores diversos, como los personales del alumnado, los institucionales, y aquellos que están ligados a la docencia, y externos a la práctica educativa. En el estudio realizado por Vázquez-Recio (2015) y Vázquez-Recio, Calvo-García, López-Gil, Picazo-Gutiérrez, Ruiz-Bejarano y Calvo-Gutiérrez (2016), las causas más relevantes y con mayor incidencia en la comisión del plagio y del ciberplagio eran: a) las relacionadas con las circunstancias que experimenta el alumnado: la falta de tiempo y la saturación de trabajos y hacer las cosas en el último momento; una actitud de despreocupación, falta de esfuerzo y de organización que motiva y justifica la actitud de copia; escasas habilidades para la gestión del tiempo y de prioridades; b) las relacionadas con los recursos y los medios de obtención de información, claramente relacionada con la facilidad de internet para localizar y tomar información, el logro de datos diversos, amplios y ajustados a las necesidades del estudiantado; c) las relacionadas con el profesorado y con el tipo de trabajos que solicita, como por ejemplo, el profesorado no lee los trabajos ni tampoco averigua si ha habido plagio o no (total o parcialmente), los trabajos que solicita son teóricos, complejos y carecen de una definición clara de sus objetivos, etc., y d) las relacionadas con las actitudes, las ←102 | 103→motivaciones y las percepciones del alumnado, como inadecuada planificación, falta de motivación y sobrecarga de tareas.

5. La Universidad de Cádiz ante el plagio: ¿Acciones suficientes?

La expansión de la práctica deshonesta del plagio académico en sus diferentes maneras de ser ejecutada ha llevado a que las universidades, tanto a nivel nacional como internacional, tomen medidas y lleven a cabo acciones que la prevengan, pero especialmente, dada la existencia de la misma, que permitan detectarla y actuar consecuentemente para paliar sus efectos negativos. Sin duda alguna constituye un tema de urgente atención, en el sentido de que no es solo una cuestión de carácter académico, sino también es un asunto lleno de dilemas éticos y morales que sitúan al plagio en un marco de acción legal. Desde el momento en el que nos referimos al plagio en términos de delito, de fraude intelectual, de acto fraudulento y de sanciones, y a lo intelectual o científico, en cuanto contenido de la práctica deshonesta, pasa a ocupar un lugar secundario. Es decir, la preocupación en sí no se sitúa en el contenido que ha sido copiado -y, por tanto, plagiado-, dado que este ha perdido todo valor desde que ha sido sometido a esta práctica, sino en cómo actuar ante la detección o la sospecha de la realización de la misma (no siempre el plagio es detectable de manera inmediata en el momento de su ejecución).

A raíz de la aprobación de la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades (LOMLOU), se estableció como uno de los principios de acción facilitar la participación del alumnado y para ello se contemplaba la necesidad del desarrollo del Estatuto del Estudiante. De hecho, dicho estatuto adquiere rango normativo con su aprobación, tal y como aparece contemplado en el Real Decreto 1791/2010, de 30 de diciembre (B.O.E. nº 318, viernes de 31 de diciembre de 2010). Atendiendo a la problemática que nos ocupa, en el artículo 13. d., del Estatuto del Estudiante Universitario y dedicado a los deberes, se indica que el estudiantado debe “abstenerse de la utilización o cooperación en procedimientos fraudulentos en las pruebas de evaluación, en los trabajos que se realicen o en documentos oficiales de la universidad” (Real Decreto 1791/2010: 109360). La Universidad de Cádiz, tomando en consideración el mencionado Real Decreto, ha desarrollado el marco normativo dirigido al alumnado. Entre las diversas regulaciones, destacamos el Reglamento por el que se regula el régimen de evaluación de los alumnos de la Universidad de Cádiz (13 de julio de 2004), que ha experimentado varias modificaciones desde su aprobación, siendo la más reciente la del 2016, versión que se mantiene vigente. Es importante destacar al respecto ←103 | 104→que en lo relativo a las cuestiones que tienen que ver con el plagio o con una práctica entendida como fraudulenta no aparecen consideradas hasta la última revisión del Reglamento. Bien es cierto que la preocupación en el contexto español por el plagio empieza a tomar presencia en el año 2004 -con trabajos como los de Urbina (2004) y Sureda y Comas (2004)3-, año en el que sale a la luz el Reglamento de la Universidad de Cádiz. No obstante, y como queda constancia en este trabajo, las investigaciones sobre esta práctica deshonesta reciben un gran impulso a partir de este momento, y, curiosamente, no pasa a ser objeto de cierta preocupación hasta el 2016 en el contexto universitario de Cádiz; hablamos de un intervalo temporal de doce años. La referencia al plagio aparece contemplada en el Capítulo II, “Celebración de pruebas y exámenes”, en el artículo 11 en el punto 2 y especialmente en el 3, en el que se hace mención a “actuaciones fraudulentas”, referidas estas al uso por parte del estudiantado de “material no autorizado [entendiéndose por este] textos escritos, calculadoras, audífonos, teléfonos móviles o cualquier otro dispositivo electrónico que sea programable, con capacidad para el almacenamiento de voz y/o datos o transmisión de los mismos, incluido el uso de relojes que aporten algunas de las prestaciones equivalentes a las señaladas, sin perjuicio que estos pudieran ser expresamente autorizados por el profesor responsable” (Art. 11.2.). Más allá de esta consideración normativa, nada más se indica en el Reglamento en relación a la copia o al plagio. No obstante, esta indicación es una muestra de que la Universidad de Cádiz es consciente de la realización de este tipo de prácticas, pues como señala Acale Sánchez (2014, 2015), esta constancia de malas prácticas deviene como consecuencia del modelo universitario vigente; un sistema instaurado a partir del Plan Bolonia en el marco del Espacio Europeo de Enseñanza Superior.

Esta modificación y actualización del Reglamento en el año 2016 que supone la inclusión de una llamada de atención sobre prácticas fraudulentas, esto es, plagio, encuentra cierto respaldo justificativo, o al menos así lo deducimos, en la memoria anual de la defensoría universitaria de la Universidad de Cádiz, correspondiente al periodo de octubre de 2015 a septiembre de 2016. En dicha memoria, en el punto dedicado a informes presentados durante el curso académico 2015–2016, se solicita la consideración de un “Protocolo de Actuación para la prevención de la copia y vigilancia en los exámenes escritos” (p.38)4. Pese a esta solicitud, y a fecha actual, no se dispone del protocolo ni de otro documento que ←104 | 105→atienda a las medidas a adoptar en caso de prácticas deshonestas. Existe, podríamos decir, un vacío notorio al respecto.

Se ha de tener en cuenta, además, que tanto el Reglamento que regula el régimen de evaluación del alumnado como la memoria de la defensoría universitaria hacen referencia únicamente a los exámenes. Sin embargo, hemos de tener presente que ya no solo se evalúa al alumnado mediante exámenes, sino en el sistema universitario actual se contempla toda una diversidad de actividades (ensayos, revisiones teóricas, monografías, trabajos de fin de grado y máster, etc.) para las que el alumnado recurre a diferentes procedimientos con los que terminan incurriendo en la práctica del plagio y también del ciberplagio5. Al respecto, podemos aportar algunos resultados obtenidos a partir de una investigación realizada en la Facultad de Ciencias de la Educación en el curso académico 2014–2015 centrado en los Grados en Educación Infantil y Educación Primaria6, contando con un estudio piloto previo (Vázquez-Recio, 2012). El alumnado participante7 es conocedor de esta práctica deshonesta y el porcentaje referido al plagio como consecuencia del empleo de internet es elevado; por tanto, hay que contemplar la modalidad de ciberplagio como una práctica que precisa de atención y respuestas. Además, el estudiantado estima moralmente reprochable el plagio y el ciberplagio, bien cuando se copia de un trabajo realizado por otra persona (56 %), se copia de otra persona durante un examen (38.4 %), se copie de Internet (47.7 %) o pagar a alguien para que te haga el trabajo (41.4 %) (Vázquez-Recio, 2015). Otro dato relevante que arroja luz sobre la consistencia del problema es que el 46,8 % del alumnado dice conocer la normativa APA, pero solo la mitad de la población de estudio dice saber citar; la otra mitad, pese a la formación que pueda recibir, no cita de manera correcta. Asimismo, el estudio aporta que al 39.95 % del estudiantado nunca se le ha enseñado a realizar trabajos académicos, o, aunque llega a saber cómo se cita, finalmente opta por copiar, debido a que no comprende cómo se ha ←105 | 106→de realizar trabajos de esa índole (Vázquez-Recio, 2015; Vázquez-Recio et al., 2016; Vázquez-Recio y López-Gil, 2016). El plagio y el ciberplagio existen, y estos resultados aportados referidos exclusivamente a una facultad de la Universidad de Cádiz no son una excepción; hemos de estimarlo como un ejemplo entre los muchos que podríamos considerar si ampliásemos el estudio al resto de facultades.

La sensibilidad hacia la problemática del plagio explica que desde el año 2016 la Universidad de Cádiz facilitó una herramienta, hasta el momento sin precedente, para la detección del mismo e incorporado en la plataforma del Campus Virtual. Dicha herramienta es el software Compilatio que tiene como función “analiza archivos subidos por los estudiantes en foros, tareas o talleres y genera un informe sobre las similitudes detectadas en Internet, revistas científicas y en su propia base de datos”8. Al margen de estas medidas que se están tomando, queda mucho trabajo por hacer al respecto, atendiendo a cuestiones como: una actualización del Reglamento que regula la evaluación del alumnado; la elaboración de un protocolo de actuación dirigido a toda la comunidad universitaria (no solo al estudiantado como agente directo de las prácticas deshonestas); la realización de acciones preventivas y de concienciación del valor del conocimiento, tales como generar procesos formativos no solo vinculados a las asignaturas sino también a las actuaciones a desarrollar por los propios centros universitarios que permitan, entre otros aspectos, la mejora de las competencias informacionales del estudiantado. La constatación de esta problemática exige concienciar a toda la comunidad universitaria (centro, profesorado y alumnado), porque las causas son muchas y los factores diversos (Vázquez-Recio, 2015), pero especialmente hay que prestar atención al profesorado porque tiene una labor muy importante en el proceso de concienciación del alumnado sobre la necesidad de probidad en las actuaciones académicas de este. El nuevo sistema universitario ha incidido, como bien sabemos, en las metodologías docentes, ampliando el espectro más allá de clases expositivas y exámenes. Sin embargo, también sabemos que este cambio no se ha producido de pleno y siguen dándose situaciones de incongruencia (López-Gil y Vázquez-Recio, 2017). Se hace cada vez más conveniente y urgente asumir la necesidad de crear en las instituciones educativas (universitarias y de otro nivel de enseñanza) una “cultura de la honestidad e integridad” (Lathrop y Foss, 2005).

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6. Tips para el autocheking

A continuación, se incluyen una serie de consejos y recomendaciones que puedes seguir tras la realización de algún documento.

Tabla 1: Autochecking para el plagio

ALGUNOS CONSEJOS

Pon una X

1. He atribuido todas las ideas que he tomado de otras personas a su autor/a correspondiente a través de citas o parafraseos tanto en el discurso como en el apartado de referencias.

2. Dispongo de todos los datos necesarios para poder citar de forma adecuada las fuentes de información.

3. He guardado un registro de las fuentes de información utilizadas para facilitar la gestión de las referencias.

4. He revisado que aparecen todas las referencias de las citas realizadas.

5. He citado/referenciado solo aquella documentación que he leído.

6. He revisado que todas las citas y referencias siguen las normas de citación correspondiente (APA, ISO, GOST, etc.) y en coherencia con las normas de la editorial o de la entidad a la que voy a entregar mi trabajo.

7. Existe uniformidad en el modo de citar las fuentes y las he colocado por orden alfabético y con sangría francesa.

8. He usado comillas para indicar que una cita es directa (o textual) y he indicado el número de la página donde aparece dicha cita en su documento original.

9. He parafraseado ideas de otras personas, pero he citado la fuente.

10. No he copiado fragmentos de escritos o páginas webs sin citarlos.

11. No he entregado este trabajo o parte del mismo a otra asignatura.

12. Cuando he tenido dudas sobre cómo citar, he consultado las normas según el estilo que necesito (Por ej. APA https://normas-apa.org) o he utilizado gestores bibliográficos (Mendeley, Refworks, Zotero, etc.).

13. He utilizado distintas fuentes para obtener diversidad de contenido y contraste sin pecar de exceso de referencias e incluyendo discurso propio.

14. He tenido cuidado de usar fuentes publicadas bajo procesos que ofrecen credibilidad y veracidad (evaluación a ciegas, plataformas digitales en las que pueda denunciar plagio) y, en el caso de fuentes no editadas como puede ser un blog, he citado a quienes tienen credibilidad por su trayectoria, prestigio o experiencia en la temática.

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7. Conclusiones

Sin duda alguna, las prácticas deshonestas forman parte de nuestros entornos educativos y ello nos exige que tomemos medidas que garanticen que las producciones académicas, de la índole que sean, cumplan con las exigencias éticas para tener así la certeza de que el conocimiento que se ofrece y la información que se emplea para la elaboración del mismo responden a los principios de originalidad, creatividad, confiabilidad, credibilidad y probidad. Demasiados fantasmas meritocráticos, impulsados e invocados por una sociedad del conocimiento que parece valorar cada vez menos el conocimiento, están provocando que la justificación del alcance de la excelencia se realice desde la consideración de aplicar los mecanismos, sean cuales fuera, para conseguir los resultados esperados y deseados. Todo ello con la paradoja de que se está tomando el camino erróneo, dado que se están fomentando estrategias para poder dar respuestas a exigencias que carecen al final de valor, tanto para la propia persona que elabora la producción académica o científica como la producción en sí.

Bien queda constancia de las actuaciones que las universidades, entre ellas la de Cádiz, vienen asumiendo en pro de preservar la calidad y la ética en la elaboración de los trabajos académicos, pero estamos en ese estadio en el que vale decir que hemos dado un paso, pero no es suficiente. Es necesario tomar medidas no solo resolutivas o sancionadoras sino especialmente preventivas que ayuden al alumnado a reconocer la importancia y el valor del conocimiento.

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* Universidad de Cádiz, España. Correos electrónicos: rmaria.vazquez@uca.es/monica.maria@uca.es

1 Podemos mencionar algunas como la de Sureda, Comas, Casero y Morey (2011); Sureda y Comas (2004, 2006, 2007; 2008), Sureda, Comas y Morey (2008, 2009), la investigación El plagio académico entre el alumnado de ESO en Andalucía (EDU2009-14019-C02-02. Dirección General de Investigación y Gestión del Plan Nacional I+D+i.), liderado por el Catedrático Félix Angulo de la Universidad de Cádiz, el proyecto de Actuaciones Avaladas Diagnóstico y Evaluación del plagio académico en los Grados en Educación Infantil y Educación Primaria: conocer la realidad para mejorarla (sol-201400048278-tra) del curso académico 2014/15 liderado por la profesora Rosa Vázquez; también otros como los de Gullifer y Tyson (2010), Hongyan et al. (2007), Park (2003), Sisti (2007).

2 La autocita no está del todo bien considerada en el mundo editorial, pues se entiende que podría utilizarse como estrategia para dar visibilidad a nuestras propias creaciones.

3 Hay un trabajo previo sobre el ciberplagio a cargo de Miguel (2002). En esta línea, es interesante el reciente trabajo de Sureda-Negre, Cerdà-Navarro, Calvo-Sastre y Comas-Forgas (2020).

4 http://oficinadefensor.uca.es/wp-content/uploads/2017/04/15-16.pdf

5 De ahí la importancia del concepto de integridad académica que apuntábamos anteriormente.

6 El estudio se realizó bajo el proyecto de actuaciones avaladas “Diagnóstico y Evaluación del plagio académico en los Grados en Educación Infantil y Educación Primaria: conocer la realidad para mejorarla”, durante el curso académico 2014–2015, y bajo la coordinación de la docente e investigadora Rosa Vázquez de la Universidad de Cádiz.

7 El cuestionario, instrumento empleado para el estudio, fue aplicado a una muestra representativa (n = 539), siendo el total de alumnos matriculados en los Grados de 745, y con un nivel de confianza del 95 %.

8 https://campusvirtual.uca.es/uca/es/show/inicio/compilatio_es