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El cara a cara con el otro: la visión de lo ajeno a fines de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna a través del viaje

by Pedro Martínez García (Author)
©2015 Thesis 356 Pages

Summary

Los conceptos de alteridad e identidad han ocupado en los últimos años un espacio central en los debates académicos en torno a la multiculturalidad. Con este libro se pretende hacer una aportación novedosa al debate uniendo dos tiempos y dos espacios que habitualmente han sido estudiados por separado: el mundo europeo y mediterráneo medieval y el mundo atlántico de comienzos de la modernidad. El trabajo parte de una pregunta fundamental: ¿cómo describe el viajero al otro totalmente desconocido en comparación al extraño ya conocido o del que al menos se tienen referencias? Este interrogante dará pie a otros que permitirán al lector viajar junto a Bernhard von Breidenbach, Pero Tafur, Hieronymus Münzer, Leo von Rozmital, Jean de Béthencourt, Fernando de Magallanes o Cristóbal Colón entre otros.

Table Of Contents

  • Cubierta
  • Título
  • Copyright
  • Sobre el autor
  • Sobre el libro
  • Esta edición en formato eBook puede ser citada
  • Agradecimientos
  • Índice
  • Prólogo (Juan Carlos Martín Cea)
  • 1. Introducción Y Método: El Libro De Viajes Y El Concepto De Alteridad
  • 1.1 Relatos de viajes y literatura de viajes
  • 1.2 El concepto de Alteridad
  • 1.3 Estructura del trabajo
  • 2. El Viaje En La Baja Edad Media: Movilidad, Espacios De Sociabilidad Y Percepción Del Otro En La Europa Del Siglo XV
  • 2.1 La movilidad en época medieval
  • 2.2 Andanzas y viajes de Pero Tafur: la imagen del otro para un caballero castellano del siglo XV
  • 2.2.1 Andanzas e viajes por diversas partes del mundo avidos: breve resumen del itinerario
  • 2.2.2 Características del texto y origen de la fuente
  • 2.2.3 Estructura del relato
  • 2.2.4 Pedro Tafur: autor y personaje
  • 2.2.5 What matter who’s speaking
  • 2.2.6 El mismo Tafur como otro
  • 2.2.7 La mujer como objeto de alteridad
  • 2.3 Mirando al oeste: el “otro” ibérico
  • 2.3.1 La búsqueda de la caballería: el viaje a occidente de Georg von Ehingen
  • 2.3.2 El viaje de Leo von Rožmital: dos visiones de la Península Ibérica
  • 2.3.3 El viaje de Hieronymus Münzer
  • 3. El Viaje En El Mundo Atlántico: La Visión Del Otro A Comienzos De La Era Colonial Atlántica
  • 3.1 Criaturas monstruosas y seres fantásticos
  • 3.2 Jean de Béthencourt, Gadifer de la Salle y la conquista de Canarias
  • 3.2.1 El redescubrimiento
  • 3.2.2 Las tres traiciones de Bertin de Berneval
  • 3.2.3 Malas Tierras
  • 3.2.4 Las Islas
  • 3.3 Gigantes, caníbales y rinocerontes: la relación entre el mapa y el relato de viajes a través de Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio
  • 3.4 La invención de América y el “descubrimiento” del otro
  • 3.4.1 La dialéctica del Renacimiento
  • 3.4.2 El diario de navegación de Cristóbal Colón y el sujeto colonial
  • 3.4.3 Planificación y búsqueda de patronazgo
  • 3.4.4 Diarios y relaciones
  • 3.4.5 El Diario de a bordo y la Historia de las Indias de Bartolomé de las Casas
  • 3.4.6 La travesía atlántica: “Colón y los indios”
  • 4. Conclusiones
  • 5. Bibliografía
  • 5.1 Fuentes
  • 5.2 Bibliografía
  • 5.3 Índice de figuras

1.  Introducción Y Método: El Libro De Viajes Y El Concepto De Alteridad

1.1  Relatos de viajes y literatura de viajes

La literatura de viajes siempre ha tenido un enorme éxito entre los lectores de todas las épocas; la simple curiosidad, la necesidad de aprender o el puro afán de supervivencia han llevado a las personas desde que se recuerda a informarse sobre lo que acontece fuera de la propia burbuja vital, lo que pasa en lugares distantes y en culturas ajenas.

El viaje está de hecho en la propia esencia de la historia; si nos trasladamos a los orígenes míticos de la disciplina encontraremos a Hecateo de Mileto relatando en su Ges periodos sus viajes por Asia y el Mediterráneo o a Herodoto, que a lo largo de su Historia describirá tradiciones culturales y costumbres de los pueblos participantes de las guerras médicas.

Los viajes no tienen por qué discurrir en un espacio tangible para suscitar el interés del lector; conceptos espaciales como infierno o paraíso también son descritos a través del viaje en La Divina Comedia de Dante. Es a través de este que el lector llega a comprender el significado de la muerte e imagina la estructura general de la vida como camino o peregrinaje2.

De igual manera, encuentran su sitio en los viajes monstruos fantásticos o manantiales de la eterna juventud como en el caso de los viajes de John de Mandeville, o islas habitadas por caballos inteligentes y diminutas monarquías irascibles y prepotentes como en los viajes de Gulliver.

Uno de los puntos a aclarar previos al análisis académico del viaje, es que no es lo mismo la literatura de viajes que tiene como referente la ficción, que el relato de viajes, básicamente informativo y documental3 -aunque este segundo tipo también puede recurrir a elementos ficticios-. ← 17 | 18 →

En definitiva, no es lo mismo la Verdadera historia4 de Hans Staden que El Quijote, ni Alicia vio las mismas maravillas que Marco Polo, aunque coincidan en el título.

Aún con esta división aclarada, resulta difícil no pensar qué habrá de Joseph Conrad en Marlow y en Kurz o dónde se separarán en Heart of Darkness la narración autobiográfica de lo visto por el autor en el Congo colonial, de la pura fantasía derivada de otras experiencias vistas o escuchadas.

Sofía Carrizo Rueda encuentra la diferencia definitiva entre literatura y relato en la diferente solución que ambos ofrecen al lector para resolver la trama. Mientras que el relato de viajes llevará a expectativas extra textuales y bien ligadas con el mundo tangible, los desenlaces de la literatura de viajes se encontrarán en el propio texto y carecerán de un referente visible, surgiendo de la creación de un mundo imaginario textual.

A pesar de todo, será imposible no saltar de lo verdadero a lo verosímil cuando nos enfrentemos a un relato de viajes. Inevitablemente todo proceso de repensar lo vivido y de adaptarlo a lo que se quiere conseguir con el relato de los hechos, pasará por el uso de la fantasía o por la transformación más o menos interesada de lo recordado en un momento o en otro.

Por otro lado, es igualmente imposible eliminar todo rastro de verdad del viaje ficticio. Más aún cuando una parte fundamental de nuestra cultura occidental toma símbolos y justificaciones culturales de relatos de viajes que desde una óptica racional y analítica tienen más de fantasía que de verdad5.

Libros como La Odisea, La Eneida o el Cantar de Gilgamesh han tenido un claro impacto en nuestra cultura y en la forma en la que visionamos nuestras dudas trascendentes y nuestros problemas vitales -desde el origen cosmogónico del universo a la idea del parentesco o de la guerra- a través ← 18 | 19 → de símbolos y mitos comunes que han permanecido en nuestra memoria colectiva y que tienen su origen en estos relatos.

De la misma manera, obras claramente ficcionales, como Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, han dejado en nuestra cultura global contemporánea varios elementos muy reales y tangibles. Nosotros hemos querido, al contrario de lo que plantea la profesora Carrizo Rueda, que la solución a la trama de este relato no quedara en las páginas del libro. De esta forma hemos dado un valor simbólico virtual a muchos de los elementos que aparecen en el texto. Si tomamos por ejemplo el concepto Yahoo que Swift utiliza para denominar a los humanos idiotizados que viven sometidos a caballos intelectualmente mucho más desarrollados, comprobaremos cómo en nuestro mundo contemporáneo Yahoo es una palabra de uso común en inglés a la hora de denominar a una persona controlable y no muy inteligente. El concepto ha ido de hecho más allá llegando a convertirse en el nombre de uno de los buscadores de Internet más conocidos, herramientas que por lo demás funcionan como faros y guías a lo largo de nuestros viajes por la red o ese Gran Otro al que se refiere Zizek cuando habla de Matrix6.

En este trabajo me centraré en una parte muy específica del estudio del viaje: precisamente en la percepción del otro.

Esta es una categoría de estudio que en principio puede encerrar todo tipo de contenidos, desde la descripción que los viajeros hacen de flora y fauna desconocidas hasta la percepción de áreas culturales recién contactadas. Dentro de este enorme espacio mi interés se centrará específicamente en la forma de ver a otros seres humanos, en el sentido más levinnasiano, es decir cómo se percibe al otro ser en el primer cara a cara, cómo se entiende y se valora la presencia de un extraño tras un primer encuentro. En definitiva, cómo se cuenta sobre el Otro en el relato de viajes.

La pregunta será planteada en un contexto muy concreto y las fuentes analizadas serán relatos de viajes reales, aunque en ocasiones como digo, será complicado distinguir entre lo real, lo simbólico y lo imaginario.

Este libro es en parte la consecuencia de una pregunta que surgió tras pasar un tiempo estudiando las Andanzas y viajes de Pero Tafur: en este relato Tafur presenta ciudades como Roma o Venecia de manera similar a ← 19 | 20 → como se presentarían hoy Nueva York o Tokio, mil veces vistas y conocidas de antemano incluso antes de haberlas pisado. ¿Cuál sería la sensación del viajero medieval al confrontarse con algo radicalmente nuevo? ¿Serían las sensaciones de los primeros exploradores europeos en América muy diferentes a las de cualquiera que hoy tuviera que explorar el lado oculto de la luna o la superficie de un nuevo planeta?.

Esta duda de entrada algo inocente, derivó en una de las preguntas centrales del proyecto: ¿Cómo describe el viajero al otro totalmente desconocido en comparación al extraño ya conocido o del que al menos se tienen referencias?.

A lo largo del trabajo esta pregunta dará pie a otra: ¿Hay verdaderamente un otro desconocido para el viajero en el llamado “Nuevo Mundo”?

La cuestión de la alteridad en el relato de viajes derivará en varias preguntas más concretas: ¿Es el otro diverso y heterogéneo, o se percibe al extranjero como un individuo perteneciente a un colectivo homogéneo?, ¿qué diferencias hay entre las descripciones de los viajeros medievales y la de los primeros exploradores atlánticos? y ¿cuál es la influencia de la cosmovisión medieval en la forma de ver al otro americano en los primeros relatos de la conquista? Para contestar estos interrogantes he trabajado con varios relatos de viaje del occidente medieval, presentando en cada caso el contexto sociopolítico y cultural de cada uno de los viajeros y analizando las diferentes voces contenidas en las fuentes.

Todos los relatos utilizados en este trabajo están basados en auténticos contactos con gentes extrañas en tierras distantes a las propias ocurridos entre los siglos XV y XVI. El libro discurre entre lo que Le Goff llamó el tiempo de las campanas y el tiempo de los relojes7, entre el fin del medievo y el comienzo de la modernidad, aunque a medida que pasen los capítulos, la clásica línea divisoria entre ambas épocas y ambas formas de medir el tiempo quedará bastante difuminada.

He seleccionado las fuentes por su interés para el estudio de la alteridad; en estos relatos la descripción de personas diferentes y de culturas ajenas son particularmente ricas y representativas de la época y del espacio que me dispongo a analizar. ← 20 | 21 →

Naturalmente el interés por el otro varía según el contexto del viaje, no es lo mismo la percepción de un embajador castellano del siglo XV en Samarcanda que la de un soldado alemán en los territorios tupís del siglo XVI. Lo que es común en ambos relatos es una ubicación ética y epistémica común; es evidente que todos los viajeros analizados tienen formas de ver la vida y personalidades diferentes entre sí, pero aún con estas obvias desigualdades, todos comparten su pertenencia a un mundo entrelazado, con un discurso greco-latino-cristiano afín8.

Este libro se centra por tanto en la visión que unos, los viajeros del occidente tardo medieval y comienzos de la edad moderna, tienen sobre otras personas que encuentran a lo largo del camino. El interés radica no en comprobar cómo musulmanes y peregrinos palmeros se describían de forma recíproca en el Jerusalén medieval o en cómo Mexicas y españoles veían al otro durante la conquista de México, sino en cómo ve el que se desplaza al que permanece estático, cómo se describe la periferia mediterránea medieval y cómo se describe la periferia atlántica antes del surgimiento del pensamiento colonial moderno.

Naturalmente los asuntos de la otredad nunca son sencillos y la identidad varía según sea la mirada del que describe. Así que esta aparente homogeneidad cultural compartida por los viajeros del occidente medieval será interrogada en cada caso, para revelar las reflexiones particulares de cada uno de ellos.

1.2  El concepto de Alteridad

En Notre Musique, Jean Luc Godard sitúa en el tramo final de la película a Judith, una de sus protagonistas, frente a un puente de Mostar en plena reconstrucción.

Con Totalité et infini de Lévinas en la mano, el personaje reflexiona sobre los conceptos yo y otro, planteando que siempre suponen el motivo principal de los enfrentamientos. El puente se reconstruye, mientras ella rodeada de Marines americanos en una playa cercana, cita al filósofo -“La ← 21 | 22 → relación entre Yo y El Otro no es simétrica. Al principio, El Otro importa poco…con respecto a mí”- en plena alegoría del paso del purgatorio al paraíso.

Godard usa a Lévinas con cierta frecuencia en otras películas, por ejemplo en Forever Mozart, donde los protagonistas viajan a Sarajevo en plena guerra de los Balcanes con varios libros del filósofo en la guantera del coche.

Ambas películas son un buen ejemplo para comprender la esencia de la filosofía de la alteridad, o ética del otro en Lévinas. A él le debemos el concepto de alteridad tal como lo entendemos hoy, como el proceso de descubrimiento del yo sobre el otro. Esto es posible porque el otro no forma parte del yo, sino que le es ajeno. La diferencia entre yo y otro se experimenta en lo que Lévinas llama la epifanía del rostro -L’épiphanie du Visage-; este dar a conocer o cara a cara con el otro sería de facto el origen de todo conocimiento, el acto que origina la razón y legitima el lenguaje9; de esta forma se pasa de un conocimiento originado en el Yo cartesiano a un conocimiento surgido del otro: yo solo soy cuando otro me nombra. El sujeto, la propia identidad, es constituida cuando se entra en contacto con el otro10.

La aplicación de este concepto de la otredad es planteada por Lévinas en una línea de compromiso ético y no tanto de posibilidades hermenéuticas, pero sirve de punto de partida para el estudio académico sobre la alteridad.

Si Godard toma para algunas de sus películas el concepto de alteridad de Lévinas como apoyo teórico en su particular demostración de que no solo es posible hacer poesía tras Auschwitz11, sino que además es necesario, ← 22 | 23 → Paul Ricoeur desarrollará la idea de la otredad en una línea hermenéutica. Partiendo de la problemática de la identidad personal12, determinará la existencia de un sí mismo, siempre marcado por las oscilaciones de mismidad (idem, sameness, Gleichheit) e ipseidad (ipse, selbhood, Selbsheit), es decir, entre lo que se es -lo permanente en el espacio y en el tiempo- y lo que se deviene. La alteridad es constitutiva de ipseidad, por lo tanto el ser está en constante diálogo con el otro de sí mismo, con la propia capacidad de iniciar algo nuevo, de completar al sí primigenio.

El otro es para el viajero el origen de todo el relato; a través del otro se crea el yo; el yo viajero y el yo narrador. Es el otro el que me nombra y es a través de él que existo.

El conquistador extremeño Hernando de Soto se presentaba a los amerindios de Florida y Mississippi como un dios inmortal, hijo del Sol. Y tras poner un espejo frente a la cara de los nativos, les advertía que no podían ocultarle nada por que de lo contrario el rostro allí reflejado le revelaría a él sus pensamientos ocultos13.

Este episodio de la conquista es solo un ejemplo de la importancia de la mirada del otro en la conformación de la propia identidad a través de la alteridad. De Soto ya había estado con Pizarro en el Perú antes de embarcarse en su aventura norteamericana; podemos suponer que su experiencia previa junto a la adquirida a través de la lectura de otros viajeros y exploradores le llevó a conformar un sí mismo para el otro adecuado para las circunstancias. Una identidad producto de la oscilación entre el Yo-de Soto y la nueva ipseidad surgida del otro: el Yo-hijo del Sol.

Por su parte, el otro-amerindio se ve a sí mismo traicionado por el propio rostro. Es el reflejo de la propia cara, la representación de sí mismo que tiene ante sí, la que revela sus pensamientos al otro invasor.

Este proceso de adueñarse del rostro del otro será constante en el proceso de adaptación de la propia episteme europea a un “nuevo mundo”, a ← 23 | 24 → un territorio inventado poco a poco14. El indio por su parte será objeto de una mutación, de forma que cuando el conquistador empuñe su espejo su rostro se modificará hasta convertirse en una máscara tan blanca como la del invasor, en un nuevo ser confrontado forzosamente con nuevas tonalidades y con nuevos reflejos15.

El hecho de que el Adelantado use un espejo para engañar al otro da una pista del peso que daban los españoles a la propia imagen. Fernández de Oviedo afirma en su Historia general de las Indias: “Atribuyen la invención de los espejos a Esculapio, hijo de Apoline. Tampoco hobieron menester los indios esta invención”16.

Esta particular percepción de sí misma de la administración española será la que lleve a lo largo de la dominación colonial a convertir al americano en “español de otro hemisferio”17 y a su territorio en una “Nueva España” o en una “Nueva Granada”.

La existencia de un mundo binario, dividido en centro-periferia, en salvaje-civilizado o en negro-blanco, donde se destaca la superioridad cultural del Yo sobre un Otro siempre en el margen18 -en sí misma paradójica, ya que como digo sin el Otro el Yo ni si quiera existe- no es algo exclusivo del siglo XVI. El hecho de que cada 12 de octubre se siga debatiendo sobre el valor del “descubrimiento de América” o se celebre el “día de la Raza” o día de la hispanidad, da buena muestra de que la colonialidad sigue teniendo presencia en nuestro mundo, al menos en la forma de espacios de ← 24 | 25 → memoria y de celebraciones simbólicas que no siempre están libres de una profunda carga ideológica.

Details

Pages
356
Publication Year
2015
ISBN (Softcover)
9783631659793
ISBN (PDF)
9783653054507
ISBN (MOBI)
9783653972559
ISBN (ePUB)
9783653972566
DOI
10.3726/978-3-653-05450-7
Language
Spanish; Castilian
Publication date
2015 (May)
Keywords
Relatos de viaje Identidad Alteridad Percepción del otro Literatura de viajes
Published
Frankfurt am Main, Berlin, Bern, Bruxelles, New York, Oxford, Wien, 2015. 356 p., 2 il. en color, 44 il. blanco/negro
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Biographical notes

Pedro Martínez García (Author)

Pedro Martínez García es doctor en Historia. Ha desarrollado su labor investigadora y docente entre la Universidad de Valladolid (España) y la Universidad de Bayreuth (Alemania).

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