El diario de la marquesa de las Amarillas
Fasto y poder femenino en la Nueva España (1755-1760)
Summary
Excerpt
Table Of Contents
- Cubierta
- Página de título
- Página de derechos de autor
- Página de dedicación
- Índice
- El Diario de la virreina. Estudio introductorio
- El Diario de la virreina, una carta cortesana
- Las virreinas en la Nueva España, ostentación encapsulada
- Comunidades afectivas, redes femeninas y agentes culturales
- La marquesa de las Amarillas, mujer fuerte
- El yo poético de la Virreina y sus metáforas corporales
- La despedida
- El viaje
- El recibimiento
- Conclusiones
- Criterios de edición
- Bibliografía
- El Diario de la virreina. Edición crítica
El Diario de la virreina. Estudio introductorio1
El texto que se presenta a continuación resulta un caso sugerente para el estudio de los circuitos de producción y mecenazgo cultural femenino en la Nueva España: es un diario del viaje de la marquesa de las Amarillas y su séquito desde la salida en el puerto de Cádiz, hasta la llegada a la Ciudad de México (1755). Está escrito en verso y la autoría se atribuye a la Virreina, aunque bajo el supuesto de la mediación de su criado y secretario, Antonio Joaquín de Rivadeneira y Barrientos, quien pasó a verso el diario del borrador en prosa escrito por María Luisa del Rosario Ahumada y Vera. El texto, más allá de la firma, plantea un esquema creativo en el que la Virreina escribe una carta en verso a una amiga ausente en la corte de Madrid, contándole el viaje hasta la ciudad de México. El resultado es un artefacto literario que adopta el formato epistolar y que apunta a una performance de escritura en cuya tradición era habitual la intervención de un secretario. Como señala Fernando Bouza,
Escribir de mano propia o por mano de secretario era una opción que tenía que ver con el cumplimiento de unos estilos que reclamaban materialidades distintas, de la carta hológrafa a la impresa. Incluso puede decirse que el recurso a la mano propia llegaba a dificultar la misma comunicación, pues no son raros los testimonios en los que un corresponsal le pide a otro que le escriba por mano de secretario porque no puede entenderlo2.
Según el Diccionario de Autoridades, el secretario es la “persona a quien se encarga la escritura de cartas, correspondencias, manejo, y dirección principal de los negocios de algún Príncipe, Señor, Caballero o Comunidad”3 y “por extensión se llama el que escribe a la mano lo que otro le dicta, especialmente cartas, como que hace oficio de tal en este acto”4. Rivadeneira se presenta como criado de la marquesa de las Amarillas desempeñando la función de secretario porque transcribe la carta que le confía la Virreina, cuyo asunto no es de gobierno, sino que simula una carta de aviso del arribo a México a una amiga de la Virreina.
Lo relevante es que se publique una carta que relata el diario de viaje de la Virreina, o un diario en formato de carta, que narra el viaje transatlántico en primera persona de la Virreina y se le atribuya la autoría, pese a estar escrita y firmada por su secretario, que actúa como su escribiente de confianza. En este contexto, la atribución es un asunto menor porque en la performance material de la escritura de cartas entre las élites de la época moderna era frecuente la intervención de un secretario encargado de poner por escrito el borrador o el dictado del asunto. Así se recoge en los manuales epistolares o secretarios de papel, en los que se explicaba la preceptiva para redactar cualquier tipo de carta y se aportaban numerosos ejemplos. Gaspar de Ezpeleta y Mallol, por ejemplo, recogía en 1714 el caso de la respuesta de una señora a un capitán, en la que da acuse de recibo tras recibir noticia de la llegada después de un viaje:
Estoy celebrando la noticia de que V. E. concluyese su viaje sin accidente que perturbase la felicidad, y sobre agradecida quedo asegurada de que la atención de V. E. se mantendrá en todas partes libre de que la entibie la ausencia, ni minore la distancia. Guarde Dios a V. E. muchos años como deseo, etcétera5.
Podríamos pensar también, en la línea de Judith Butler (1993), que en este caso la autoría no implica una auténtica interioridad, sino que resulta de un efecto de prácticas reguladas por marcos culturales que determinan la voz que puede contar como legítima autora. El Diario se presenta como una correspondencia entre mujeres nobles, en la que la marquesa de las Amarillas cuenta a la amiga ausente, que ha quedado en la corte de Madrid, cómo ha sido el viaje y la noticia del posterior recibimiento a su llegada. La supuesta destinataria o ficticia corresponsal puede permanecer anónima porque su presencia parece más bien un recurso literario, la condición necesaria para cumplir con la preceptiva del género de la carta6. Pero más allá de la identidad histórica de la receptora de la carta-diario de viaje, el juego de las voces poéticas del Diario permite poner de relieve el discurso simbólico que elaboraron las mujeres de la temprana modernidad en torno al relato de sus desplazamientos transatlánticos y el establecimiento de redes de sociabilidad.
El Diario se publicó en 1757, dos años después de la llegada de los marqueses de las Amarillas como nuevos virreyes de la Nueva España, sin aprobaciones, dedicatorias ni licencias, siendo el único paratexto que lo acompaña un “Romance que el autor envía”, donde Rivadeneira se excusa por el retraso en la redacción.
En este contexto resulta necesario problematizar las distintas capas que convergen en el Diario, trazar una ecología autorial7 de un texto singular, pues el único diario con unas características similares es el que escribió el marqués de Villena en 1640. Por aquel entonces, el texto respondía a la necesidad del primer Grande de España en ser nombrado virrey de contar en la corte madrileña las grandezas y el fasto asociados al cargo8. En este caso resulta necesario apuntar también que la Virreina ejerce una posición jerárquica superior, que la coloca por encima de su criado. En esta situación de poderes la Virreina ejerce claramente el control, por lo que el secretario se sitúa en un espacio de subalternidad manifiesta.
Transcurrido más de un siglo entre ambos textos, es preciso plantearse las razones por las que una virreina, una posición social sin compromisos políticos asociados, decide atribuirse o patrocinar un diario del viaje transatlántico a la capital novohispana, pero recurre a la figura intermedia del secretario como mediador para versificar su diario. O, dicho de otro modo, también podemos plantearnos por qué el secretario de la Virreina escribe un diario del viaje a la Nueva España y le atribuye la invención del borrador en prosa a la marquesa de las Amarillas, situándose él como mero intermediario de la escritura. A esta supuesta ficcionalización en el proceso autorial, se suma la recreación de otro artificio poético para enmascarar el proceso creativo, que consiste en presentar como supuesta destinataria del Diario a una amiga de la Virreina en la corte madrileña, que lo recibe impreso como una carta, siguiendo la tradición del género epistolar con la intervención de un secretario escribidor.
Además, esta primera edición crítica del texto9 ha permitido poner de relieve la posibilidad de que en la redacción del Diario de la virreina intervengan varias manos o, al menos, de que se distingan claramente dos registros autoriales. Una hipótesis que se basa en las diferencias de tono entre el yo poético que describe en metáforas corporales el dolor por la partida y la voz poética que describe la ciudad y el paisaje según tópicos de tradición clásica, muy cercanos a una poesía de academia y de circunstancias10. La descripción panegírica de ciudades se había consolidado entre la tradición barroca y la nueva poesía neoclásica. Un ejemplo de su aceptación y de cómo se había constituido en un importante reclamo es el curioso dato que ofrece Diego García Panes11, que pasó con el grado de alférez de Artillería a Nueva España y también formaba parte del séquito del virrey marqués de las Amarillas. Escribió el Diario particular del camino que sigue un virrey en México12 y se refería a Rivadeneira así:
Ya dije que Don Antonio de Rivadeneira y Barrientos, Fiscal de la Real Audiencia de México, escribió en verso el diario y entrada pública del Virrey Marqués de las Amarillas, en cuyo poema [va] haciendo una corta descripción de lo que es aquella hermosa y grande ciudad13.
Después del elogio a Rivadeneira y exponer claramente que es el autor del diario, García Panes destaca los versos que se refieren al elogio a la ciudad de México y cierra su Diario particular reproduciendo versos que entresaca del diario de Rivadeneira. En concreto, junta dos segmentos: los vv. 1188–1227 y 1132–118714. El hecho que cierre su Diario particular con los versos de Rivadeneira es una muestra clara del aprecio que le tenía y, además, del gusto por este tipo de poesía de encomio urbano. De este cruce de referencias entre los diarios que se generan alrededor de la llegada de los marqueses de las Amarillas a la ciudad de México, García Panes también recalca los versos que se refieren a la entrada pública del virrey. Se refiere al Diario como documento escrito por Rivadeneira y subraya solo dos asuntos: el panegírico a la ciudad y la entrada del virrey en la capital novohispana. Son dos circunstancias que refuerzan esta idea de que en el Diario de la virreina se superponen dos horizontes de expectativas: el que se contiene en la carta que supuestamente escribe la Virreina para su amiga en la corte y los fragmentos que eventualmente son añadidos de Rivadeneira. Estas diferencias en la enunciación poética marcarían dos eventuales instancias autoriales: el yo poético en primera persona de la virreina que describe su viaje y una voz que, en tercera persona, detalla el paisaje según tópicos clásicos.
El Diario de la virreina, una carta cortesana
En 1757 se publicó en México, en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana, el Diario notable del viaje que hizo la marquesa de las Amarillas y virreina de México desde el puerto de Cádiz hasta la referida corte, escrito por un criado de Su Excelencia. Son muchos los interrogantes que plantea su aparición y señalan el carácter extraordinario del impreso. Sin entrar en valoraciones literarias, un primer acercamiento para poner en valor el texto puede trazarse desde la tradición literaria y la genealogía en la que se inscribe.
Es un texto excepcional, puesto que en el marco de la tradición novohispana, solo hay otro texto similar que describa el viaje de un virrey desde su salida en puerto español hasta su llegada a la capital de México. Es el que escribió Cristóbal Gutiérrez de Medina en torno al trayecto del marqués de Villena, desde Escalona hasta la ciudad de México, con motivo de su nombramiento como virrey en 1640. El texto de Medina tiene una clara función política, ya que su objetivo es dar a conocer en la corte española todos los fastos y ceremoniales americanos que envolvían el puesto y con los que se le dio la bienvenida. Se trataba del primer Grande de España en ostentar el cargo que, además, estaba emparentado directamente con Felipe IV.
La ostentación y el cuidado en la organización de los fastos en torno a su llegada demuestran cómo en el siglo XVII se entendía el alcance y la entidad de la designación de un Grande de España para el cargo de virrey, y de qué manera se quería transmitir a la corte madrileña la noticia del recibimiento. Inmerso en este escenario político, el relato del Viaje responde al mismo programa de retribución simbólica por la que el elogioso retrato del marqués de Villena se reviste de un constante halo de providencialismo, piedad religiosa y generosidad. En última instancia, su fin es revelar la esperanza por un buen gobierno, de ahí que el último capítulo del Viaje insista en el carácter excepcional del nuevo virrey, quien al llegar a la ciudad de México
y ver tanta ostentación de grandeza, tanto aparato de riqueza […], mandó llamar a los comisarios de esta magnífica prevención, y con palabras afables y corteses, llenas de estimación, les dijo que toda aquella plata, curiosidades y juguetes preciosos, se recogiese todo, porque no les faltase algo, advirtiendo que de sola su plata se había de servir y no había de recibir ni un lenzuelo; que no venía a quitar, sino a dar; no a mirar por sus aumentos, sino por los del Reino; […] acción tan aplaudida como desviada de las entradas de los demás virreyes, y maña secreta de hacerse señor de todos los corazones, como se hizo, viendo que les venía un señor no a quitar, sino a dar; no por su negocio sino por el de sus súbditos, acción propia del Dios humanado, que no vino por sí sino solo a remediarnos15.
Con más de un siglo de diferencia, puede afirmarse que el Viaje del marqués de Villena y el Diario de la virreina se inscriben en una misma tradición que abren y cierran respectivamente, presentando varios rasgos en común. En ambos casos reconocen la mediación de una instancia de escritura subalterna, intermedia y subordinada al protagonista y destinatario primero de la publicación: el viaje del marqués de Villena fue escrito por Gutiérrez de Medina, que embarcó en la flota en calidad de capellán y limosnero del virrey, y el Diario notable de la virreina recoge en la portada la firma de Antonio Joaquín de Rivadeneyra Barrientos, bajo siglas y en calidad de criado de la virreina. También coinciden en el recorrido geográfico del viaje, desde la salida en el puerto de mar en España hasta la entrada en la ciudad de México.
Es curiosa la coincidencia con más de cien años de diferencia por la que el primer Grande de España en ostentar el cargo de virrey en Nueva España y posteriormente una virreina encarguen, patrocinen y protagonicen un diario de viaje hasta la capital novohispana, un relato que en ambos casos emerge como testimonio de la grandeza e importancia del cargo virreinal. Más allá del arco temporal que encuadra la evolución y vigencia de los protocolos en el recibimiento del séquito virreinal, una de las circunstancias que convierten el Diario de la virreina en un testimonio único es, precisamente, el hecho de que el texto se atribuya a una virreina.
No es tan importante que Rivadeneira como secretario pasara a verso el diario supuestamente escrito por la Virreina como borrador, sino que dicha publicación impresa se atribuya a María Luisa Ahumada y Vera, que aparece como protagonista y voz poética del texto. Lo que parece realmente trascendente es plantearse por qué Rivadeneira se apropia de la voz poética de la Virreina, en caso de que, aprovechando su condición de secretario, quisiera homenajear a la marquesa de las Amarillas. La impresión en la Biblioteca Mexicana es indicio claro de que la Virreina era conocedora de dicha publicación, lo que nos lleva a plantearnos si se trata de una iniciativa auspiciada por la Virreina que encargaría a su criado el Diario o si fue a la inversa, que Rivadeneira ofreció el Diario a La Virreina. La cuestión es relevante en tanto nos ofrece un nuevo escenario en el que replantearnos la figura de la Virreina como autora o su estatus como mecenas.
Details
- Pages
- VIII, 118
- Publication Year
- 2026
- ISBN (PDF)
- 9783034354073
- ISBN (ePUB)
- 9783034354080
- ISBN (Softcover)
- 9783034354066
- DOI
- 10.3726/b22360
- Open Access
- CC-BY-NC-ND
- Language
- Spanish; Castilian
- Publication date
- 2026 (May)
- Keywords
- virreinas viaje transatlántico fastos en la época moderna cartas femeninas poesía novohispana autoras mecenazgo femenino cultura nobiliaria
- Published
- New York, Berlin, Bruxelles, Chennai, Lausanne, Oxford, 2026. VIII, 118 p., 4 il. encolour.
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